El día de la madre: Anna Jarvis y los regalos

Nunca me ha gustado la celebración del día de la madre, ni siquiera cuando era niña.

Recuerdo cómo, en mi colegio, los días antes del domingo que se celebraría el día de la madre, sabía que llegaría el momento de hacer una manualidad para celebrar el día de la madre. Vivía ese momento con el mayor de los temores. Tendría menos de 2 horas, durante la asignatura de “Labores del hogar”, para hacer una manualidad con pegamento, macarrones, papel, cartulina y rotulador que reflejara el amor y el sentimiento de agradecimiento hacia mi madre. Pegamento, macarrones, papel, cartulina y rotulador para homenajear a una profesora titular universitaria de historia que compraba toda su ropa en Serrano, una de las calles más caras de Madrid. ¿Qué podría salir mal?

Sí, sé lo que estáis pensando: labores del hogar.

Lo creáis o no, sí, en los 80 y 90 en mi colegio esta era una asignatura que dábamos por las tardes. ¿Por qué aprendíamos los ríos de España y esto por la tarde después de comer? Por si acaso alguien se escandaliza con este concepto de labores de hogar, diré que era bastante normal en los 80 encontrar colegios concertados con esta asignatura, y que también venían niños a esta clase (Juan Carlos, si es que realmente te llamas así, compañero de mi clase durante años con el que no hablaba, siempre me acordaré de cómo la profesora alucinaba con tu capacidad para coser y para hacer bordados, espero que seas el que cose en tu casa).

Volviendo al día de la madre ya que estamos en esta semana de homenaje a una de las funciones más precarizadas y más valoradas de puertas para afuera, pero menos sostenidas de puertas para adentro, me gustaría que pensáramos en nuestra madre, y en la persona que cumplió el rol de madre. Porque si has nacido en España en los 80 o 90, igual te pasó lo mismo que a mí, que durante mi infancia, adolescencia y vida adulta, yo tuve dos madres: mi madre y mi yaya, siendo criada por ambas figuras femeninas. Esto creó en mi cabeza dos referentes que no podían tener menos en común y que vivían en un conflicto constante. No podría, ni nadie debería, negar la crianza de ninguna de las dos, ya que sus roles fueron fundamentales siempre para mí. Entonces, ¿por qué no hacía dos manualidades? ¿Por qué mostraba el agradecimiento en forma de objeto deforme manual únicamente a una de las dos?

Empezábamos mal esta relación con el día de la madre.

Si algo recuerdo claramente de la celebración del día de la madre era el estrés y la incomprensión. Yo tenía claro de que, al entrar en aquella clase, tendría que salir con algo para mi madre (aunque no para mi abuela), algo que indicara lo mucho que la quería, lo agradecida que estaba por todo lo que me daba y, tal y como decía la profesora que teníamos “para cuando seáis las siguientes”.

Ahí estaba el kit de la cuestión, con esa pieza deforme y absurda hecha con papel y elementos no biodegradables, había de demostrar las ganas que sentía por el momento en el que yo fuera ella, anhelando ser la siguiente en ocupar ese rol que me correspondía por ser una hija y, por tanto como asistente a una clase de labores de hogar, aprendiz de madre.

A mí se me dan mal las manualidades. No soy mañosa. He sido un aprendiz mediocre en lo que se refiere a cualquier arte manual, ya fueran música, dibujo, escultura. He estropeado cualquier indicio de belleza en cualquier proceso creativo que tocara en ese aspecto, cualquier labor plástica que haya empezado no se ha finalizado o ha acabado siendo una pérdida de material, tiempo y espacio. Pido disculpas por ello, sobre todo a mis compañeros de universidad. Siento mucho aquella época en la que me dio por pensar que sabía hacer collages y llené vuestras casas con mis creaciones en vez de poner unos euros para comprar algo que os hiciera la más mínima ilusión. Si acaso habéis conservado algo por pura educación, os animo a que lo tiréis, y si habéis aprovechado alguna de vuestras mudanzas para deshaceros de despropósitos semejantes, que sepáis que lo entiendo perfectamente.

Y cada vez que hacía una creación pensaba lo mismo: A mi madre no le va a gustar. ¿Y sabéis qué? Que tenía razón. Que siempre conservamos los regalos por la ilusión que les hacen pero, en el 2023, con el tamaño de los pisos, la precariedad, el cansancio y el nulo espacio en una casa de 50 metros cuadrados, ¿de verdad no hay una sola madre acumulando dibujos horrendos y cajas pegajosas medio pintadas en las estanterías de las que se acuerde, no para bien, cada vez que tiene que limpiar?

¿Sabéis que no fallaba casi nunca en el día de la madre cuando yo era pequeña? Las medias. Los pendientes. Los collares. Los anillos. Los bolsos. Una cartera. No pasaba nada porque yo hiciera algo horrendo y lamentable en el colegio, porque no era lo que se vendía, el regalo, el de verdad, el que viene bien a las empresas venía y viene de fuera: de los maridos. Los maridos. Ellos eran los que, a nivel de consumo, tenían que hacer algo para dar las gracias a esas mujeres que sostenían sus familias mientras ellos daban el 50% de su vida, a cambio del 150% de la de ellas.

Las campañas del día de la madre, como cualquier campaña relevante en una gran empresa, se preparan con más de 4 meses, y los contenidos también. Hay cosas que hay que vender, hay cosas que hay que vender y pueden encajar, y que les harán ilusión. Además, ahora que el modelo de madre PUEDE HACERLO Y TENERLO TODO, no nos quedemos solamente con el consumo ajeno para celebrar, ahora la madre también tiene derecho a darse un capricho, y lo puedes conseguir con un objeto random al que se ha subido el precio durante un mes para luego bajarlo durante esa semana y que parezca un descuento, una oferta, UN REGALO.

Un regalo para celebrar, para reconocer, para compensar… ¿Cómo podemos pensar siquiera que lo va a compensar? ¿Cómo va a ser suficiente?

¿Cómo llegamos, como sociedad, a considerar válida la compra de regalos que no necesitamos, que en realidad rara vez queremos, y que siguen elaboradas campañas de Marketing, a cambio de vivir una vida precarizada y sometida a cualquier obligación o norma que se ha impuesto de manera aleatoria?

¿Acaso nos salva el consumismo?

Si fuera que no, ¿de qué nos sirve? ¿Y si no sirve, por qué está centrado sobre todo en las mujeres? ¿Por qué estamos deliberadamente más sometidas al sistema?

Evidentemente no siempre siguió los mismos derroteros, los orígenes de este día tenían un sentido, un significado, un momento de reunión y comunión entre mujeres con hijos para hablar, desahogarse, colaborar… Hasta que alguien decidió que era mejor darnos cosas y que permaneciéramos sola, aisladas y, si era posible, tristes e inseguras con nosotras mismas.

Parece ser que el origen de las celebraciones del día de la madre viene de los homenajes a Rea, madre de Zeus, Poseidón y Hades. Rea, ¿recordáis esa figura que protegió a todos sus hijos y que se fue hinchando de piedras hasta reventar? Ese era el padre y Rea, la primera madre de la humanidad.

Luego llegaron los romanos y cambiaron el nombre de Rea por Hilaria, y en vez de una única celebración, comenzó a ser una celebración que duraba tres días. Al ser originaria de Madrid, se me ha hecho curioso el hecho de que se celebrara el 15 de Marzo en el Templo de Cibeles. Claro, la plaza de Cibeles en Madrid es el lugar en el que se celebran todos los eventos deportivos y donde hay una absoluta pasividad frente al desorden público y vandalismo dado que, son cosas de chicos y el fútbol ha de celebrarse. Me gustaría saber qué haría actualmente la policía si un grupo de madres se pusiera a hacer una rave en la Cibeles el 15 de Marzo, ellas no han ganado un partido, pero sí que han gestado a todos los policías que las llevaran detenidas, ¿no tienen acaso más derecho a celebrar su día en Cibeles? Históricamente, dado que se eligió esta escultura para instalar y nombrar esta plaza, tendría todo el sentido. Vale que no es la del Monte Palatino pero entonces cuando policías y futbolistas digan “viva la madre que me parió” que digan también qué le regalaron en el último día de la madre, o incluso, qué hacen diariamente para honrarlas, celebrarlas y compensarlas por todos los años que estuvieron a su lado.

No os preocupéis que esto sigue siendo un blog NO MO y habrá muchas personas, incluso futbolistas y policías, a las que el día de la madre se les atragante mucho más que a mí. Hay muchas personas que este día no tienen nada que celebrar, nadie a quien darle nada, nada que conmemorar y un porrón de recuerdos dolorosos que les bloquean en su día a día. Y eso en algunos casos viene de su infancia, otros son por su propio proceso de haber sufrido esterilidad o de no llegar a fin de mes y dejar esta fase tan “natural” de la vida sin estrenar.

¿Sabéis qué pasaba en la celebración de las Hilarias? Seguro, seguro, no lo sabemos ninguno porque no estamos allí, pero por lo que se cuenta, celebraban nacimientos, o cualquier día escogido por el emperador en el que la alegría ERA OBLIGATORIA.

Posteriormente llegó el cristianismo para volver a Rea, pero que fuera la Virgen María esta vez. Una iniciativa que surgió en Inglaterra vino de cómo, ese domingo de las madres, se daba el día libre al servicio para ir a visitar a sus madres y llevarles un regalo.

Y ahora quiero ir hacia lo que me resulta más molesto del tema. A raíz de la Guerra de Secesión, dos activistas, Julia Ward Howe y Ann Jarvis, comenzaron a organizar reuniones de madres para discutir y buscar soluciones a raíz de la guerra. Eran varios días y la idea principal era reconciliar las partes que estuvieran en conflictos. ¿Sabéis cuando dicen que las mujeres acabarían con las guerras si estuvieran en el poder? No me cabe ninguna duda.

Pero, ¿qué pasó? Llegó el presidente de los Estados Unidos a oficializar el asunto, a crear el Día de la Madre. Un día para celebrar a las madres, para comprarles cosas, dejarse el dinero y evitar discutir las condiciones por las que pudieran pasar las familias, ya fueran económicas o sociales. Esta persona que dio el día y nombre oficiales era Woodrow Wilson, quien, aparte de crear este día para “celebrar a las mujeres” era segregacionista y abierto partidario del Ku Klux Klan.

Aunque ambas siguieron trabajando en los derechos de las mujeres y se abrieron a colectivos más extensos, el día de la madre tuvo que ser rescatado, ni más ni menos que por Anna Jarvis, hija de la segunda, que se quejaba de cómo se había comenzado a instrumentalizar el día de la madre para una comercialización excesiva y de cómo los intereses del presidente, con quien habían estado trabajando durante 7 años y, tanto ella, como su hermana Ellsinore, se dejaron un dinero para crear manifiestos y organizar eventos protestando contra el espíritu consumista sobre el día de la madre. Podéis hacer click para ver el artículo de 2019 de Kendall Trammell que habla del gasto que supone el día de la madre, solo en Estados Unidos.

En 2019 era de 23 millones de dólares en todo Estados Unidos.

Mientras escribo esto, prácticamente acabo de descubrir algo que me ha volado la cabeza y así lo voy a compartir:

Anna Jarvis, la mujer responsable del día de la madre, la mujer que conmemoró a su madre y a todas las madres, no tuvo hijos.

Después de pasar un rato leyendo sobre ella, ni me lo he llegado a plantear, pero sí, Anna Jarvis no tuvo hijos pero decidió que el día de la madre era algo que había que celebrar para honrar a las mujeres que habían sido responsables de su vida. Simplemente, creía que lo que las mujeres necesitaban era algo más que diamantes y regalitos, pero es mucho más fácil congregar a la gente hacia el consumo y lo puntual que los cambios estructurales.

Escribo esto un siglo y 3 años después de que Anna Jarvis dijera los pensamientos que tuvieron mi madre y mi abuela sobre el día de la madre; así a grandes rasgos “todo muy bonito, pero ¿el Lunes qué?”.

Si nuestras madres y abuelas pasaban el domingo con las lentejas en remojo, descongelando la comida, cuidando del niño, mirando las facturas, tendiendo la colada, cuidando del niño, abriendo los regalos, saliendo en la foto, comiendo una tarta (puede que por una vez no fuera ella quien fuera a comprarla), barriendo el suelo, haciendo las camas, limpiando los zapatos, recogiendo la ropa, doblando la ropa, metiendo la ropa en el armario, abrazando a sus hijos mientras les cuentan su vida y disfrutando cinco minutos de ese regalo para que al día siguiente no signifique ningún cambio estructural, la estructura está rota.

Anna Jarvis creía que las madres se merecían más que unas flores.

Y vivió toda su vida reivindicando su rol desde su no maternidad.

Así que, aquí acabo esta entrada, celebrando el día de las mejores madres, las que tuve: mi madre y mi yaya, que ya nos dejó hace 7 años.

Y dejo el poema de Julia Ward, que es lo que realmente merecían:

¡Levántense, mujeres de hoy! ¡Levántense todas las que tienen corazones, sin importar que su bautismo haya sido de agua o lágrimas! Digan con firmeza: ‘No permitiremos que los asuntos sean decididos por agencias irrelevantes. Nuestros maridos no regresarán a nosotras en busca de caricias y aplausos, apestando a matanzas. No se llevarán a nuestros hijos para que desaprendan todo lo que hemos podido enseñarles acerca de la caridad, la compasión y la paciencia’. Nosotras, mujeres de un país, tendremos demasiada compasión hacia aquellas de otro país, como para permitir que nuestros hijos sean entrenados para herir a los suyos. Desde el seno de una tierra devastada, una voz se alza con la nuestra y dice ‘¡Desarma! ¡Desarma!’ La espada del asesinato no es la balanza de la justicia. La sangre no limpia el deshonor, ni la violencia es señal de posesión. En nombre de la maternidad y la humanidad, les pido solemnemente que sea designado un congreso general de mujeres, sin importar nacionalidad, y que se lleve a cabo en algún lugar que resulte conveniente, a la brevedad posible, para promover la alianza de diferentes nacionalidades, el arreglo amistoso de cuestiones internacionales.

Rea, Hilarias, Julia, Ana y Anna no querían labores del hogar, figuras de papel, regalos o tarjetas. Nos querían juntas.

A lo mejor empiezo a tomármelo como el día de Anna Jarvis y empieza a gustarme este día.


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