Hace unos meses tuve una charla con alguien que habla de no maternidad por circunstancias para participar en un coloquio. Y aunque todo fue muy bien, preparando la intervención, me hizo una pregunta que sigue conmigo.
«¿Qué más haces con tu comunidad?»
Viniendo de haber empezado a escribir un blog, de haber sido hija única y de encontrarme en una crisis en la que me sentía sola, pensé que no entendía qué me quería decir.
¿Qué comunidad?
Y además, ¿qué es lo que tengo que hacer?
En realidad lo entendí entonces y lo entiendo ahora.
Si quieres ser profesional y que tus contenidos te den beneficios, debes hacer algo más que escribir un blog y poner posts random en Instagram. Era el momento de decidir ir un paso más allá…
Sin embargo, durante muchos meses estuve pensando y machacándome por cuál debía ser ese paso más allá, qué quería esa supuesta comunidad, qué podía hacer, qué era lo que tenía que dar.
Pensaba en otras personas.
Pensé en los formatos de podcasts… Yo vengo del audiovisual, a veces me ocupo de hacer intervenciones en video por mi trabajo y, según dicen, no tengo mala voz para locutar. Aún así… ¿Era eso lo que quería?
Luego pensé en los grupos y eso sí cobró forma.
Nada más mudarme a Madrid organicé un grupo de mujeres en meetup y hemos tenido dos encuentros, pendientes de tener más. Es difícil cuadrar horarios, pero merece la pena. Era una opción que sí me podía apetecer, pero no para sacar algo a cambio.
No me parece mal que los terapeutas cobren por hacer terapia, ni que las creadoras de contenido aspiren a cobrar por el mismo, pero me di cuenta de que ese no era mi caso. No éramos lo mismo.
Yo no tenía nada que tuvieran por lo que pagar. Si algún día escribo una obra, o publico un libro, o me abro un Patreon para poner artículos más elaborados o contenidos más profesionales, desde luego querré que se me pague por ese trabajo, pero no por juntarme con un grupo de mujeres para ir a tomar algo y hablar de nuestro lugar en el mundo. Igual que hago con mis amigas, pero con más gente y, por tanto, no como un trabajo remunerado. Y esto solo puede organizarse con voluntad, posibilidad y disponibilidad.
Y si hay poca disponibilidad, pues habrá poca posibilidad… Aunque estamos «trabajando en ello».
Pero hoy lo he visto claro.
Hoy he visto claro por qué no quería ir un paso más allá como creadora de contenidos ni publicidad.
Hoy se ha publicado una viñeta en redes sociales con un fuerte interés incendiario centrado en conseguir likes y en confrontar mujeres: madres contra no madres. La pelea habitual, el yo contra ti, el tú contra mí.
Y aunque he visto y consumido mucho contenido de este tipo, hoy me ha resultado francamente decepcionante.
Y para explicarlo, tengo que ponerme intensa, descriptiva y exhaustiva, algo que no se lleva en las redes sociales de consumo rápido y que hace que todos compremos un discurso único, polarizado y limitado. Y no lo digo porque no se pueda ir a un extremo, lo digo porque llegamos a un extremo desde lugares equivocados.
Gracias a las redes sociales, algunas entráis a leer este blog, he conseguido tener cierta sensación de comunidad, hablar con gente y, sobre todo, sentirme confiada con mis decisiones, e incluso elaborar un manual de pregunta respuesta para personas indiscretas con el tema por si me queréis consultar.
Pero no las voy a romantizar ni engañarme con ellas, porque a día de hoy las redes sociales alimentan a un algoritmo que es peor que un alien o la planta carnívora de la Pequeña tienda de los horrores. Es debido a las redes sociales que mucha gente ha empezado a creer en mensajes tremendamente nocivos como las personas vitamina o la psicología positiva en la que acaban pensando que son el centro del mundo y que todo lo que no esté a su gusto, es culpa de otros. Que no te digo yo que no, pero falta algo de autocrítica por parte de todos.
A veces un restaurante puede estar hasta arriba y ni llegar a las demandas de todos sus clientes, y a veces un trabajador puede tener un mal día, o la comida puede venir en mala calidad por un problema del proveedor, o ese día no te encontrabas bien o estabas incómodo, pero la crítica en YELP poniendo a parir el restaurante es la primera opción. Lo primero es alimentar de información a Internet. Pensar en la situación es algo que no se plantea como una opción, tú dilo, que te lo mereces, porque tu experiencia es la que más importa.
Todo tiene una gama de grises que flipas (no todo, como el fascismo y el problema enorme que supone este neoliberalismo capitalista y los oligarcas, entre otras cosas) y no lo digo porque no quiera tomar partido por madres o no madres, es que tampoco se debería.
He tenido amigas madres a las que no he seguido viendo, pero no ha sido por temas relacionados con sus hijos, sino entornos, coincidencias y falta de lugares comunes, eso puede pasar; y he tenido amigas sin hijos que me han hecho ghosting de buenas a primeras porque sí (aunque luego bien que lees mi blog, ¿eh?), de modo que yo no puedo posicionarme, el espectro es muy amplio, y eso también teniendo en cuenta que, en mis relaciones, también tengo una parte activa y una responsabilidad.
Y es que la vida cambia, los tiempos cambian y las responsabilidades cambian, e, incluso antes de eso, nuestra persona no debería ocupar el centro del mundo de la vida de nadie, y si lo hace, no es bueno.
Creo en las amistades, las amistades íntimas, profundas y cómodas. Y creo que pueden durar. Pero también creo que una amistad no te coloca en el centro de la vida de una persona. No te convierte en su prioridad y sus problemas, por duro que sea, deberán ser solucionados antes que los tuyos, todo sea dicho, problemas en los que tú también estás trabajando y no esperas que llegue a solucionarlos, ¿no?
Hay muchas amistades dependientes, muchos adultos que creen que siguen estando en el grupo de Stand by Me y que cuando la vida se mete de por medio, cuando llegan criaturas, trabajos, horarios, problemas de salud, nuevas parejas, responsabilidades y destinos distintos, no quieren aceptar esos cambios y culpabilizan a la otra persona por haber alterado su vida.
Eso tiene más que ver con nuestro egoísmo personal que con el abandono de esa amistad, y con el narcisismo creciente que nos ha hecho creer que somos el centro del mundo y que, si nosotros no cambiamos, nadie debería y es todo responsabilidad de otros.
Y hay una parte aún peor en esto. Hay gente que está sacando mucho dinero de nuestro malestar.
Los creadores de contenido pueden llegar a sacar dinero de sus contenidos, y a veces es una buena parte del motivo por el que los crean, es su trabajo. No solo es el impulso artístico, la necesidad de comunidad o el narcisismo en el peor (y mayor) de los casos, en cuentas ya con muchísimos seguidores, lo más importante será obtener clickbait.
Y, para mí, esta semana, la cuenta en cuestión ha decidido abogar por las madres y eso ha generado muchísimo malestar entre no madres que han salido a gritar cómo ellas son las auténticas perjudicadas.
A ver, es verdad que una mujer que tiene hijos se encuentra en una soledad brutal en muchos casos y sometida a juicios en todo momento. Le han vendido el palacio de Disney, le dicen que es la reina del castillo y, sin embargo, se ve encadenada y prisionera. Ya sé, ya sé que tengo una visión muy negativa, pero es que esto también se tiene que contar, no todo son flores, ilusión y piel con piel, y un discurso de Marketing para controlarnos a todas y atarnos en las tinieblas.
Como yo no me creo el dogma del amor condicional, diré que las mujeres sin hijos, podemos encontrarnos muchos puntos positivos en nuestra elección a nivel de libertad o económicos, sino tenemos otras cargas o un trabajo increíblemente precario; lo que es verdad es que el discurso rancio sobre el problema que suponemos no parece irse a ninguna parte.
Seguimos siendo un problema. Porque somos lo que dice la viñeta, fiesteras, egoístas, pasotas e incapaces de adaptarnos.
Bueno, haberlas las habrá, pero a día de hoy, los contenidos que buscan generar enfrentamiento me parecen faltos de honestidad. Quieren complacer a unos y enfadar a otros, sin mayor interés que en posicionarse en redes y conseguir que haya muchos comentarios, alimentar, de nuevo, al monstruo. Da igual que unas le deis las gracias y otras le digais que WTF, le da lo mismo, estamos una vez más, gritando al vacío y alimentando el algoritmo.
Y lo peor, es que lo necesitamos.
Yo necesitaba gritar al mundo que me sentía sola porque todas mis amigas empezaban a tener hijos mientras el Marketing de la sociedad Post-COVID volvía a un mensaje único santificado sobre la maternidad, y decidí aprovechar que podía escribir.
Mucha gente necesita llegar a ese post y gritar al mundo que están SOLAS. Y si hay algo común en los comentarios es que todas nos sentimos SOLAS, ABANDONADAS y desoídas. Y en muchos casos será cierto, y en muchos casos habremos sido responsables, y en otros las redes sociales te recuerdan que ERES LA MEJOR y que LA CULPA ES DE LOS DEMÁS.
Tu amiga con hijos es el problema.
Tu amiga sin hijos es el problema.
Eso es fácil, y es un mensaje que genera malestar, y nos aleja una vez más del verdadero problema, que es que no estamos preparadas para la vida de hoy, y que estamos solas y bien fastidiadas. Porque es demasiado complejo criticar el sistema, pero es fácil criticar a esa amiga del instituto; porque es complejo criticar el consumo y el nivel de exigencia, pero es fácil enfadarse porque tu amiga no va al parque contigo.
Sería mucho mejor darnos cuenta de que los mensajes ABSOLUTOS no funcionan y estamos cayendo en una narrativa que solo nos daña.
Por supuesto nadie que no tenga hijos va a ir al parque todos los días con sus amigas con hijos, pero puede ir alguno y puede ir decidiendo, ahora que ha llegado este cambio, enfocar su amistad con las herramientas que tengan ahora; Por supuesto una madre no puede salir ya todos los fines de semana, pero se puede repartir la carga con su pareja y, cuando haya pasado la adaptación del post-parto, igual le apetece salir. Y puede que tarde, que es que nadie te habla de lo puñetero que puede ser el post-parto…
AMBAS harán el esfuerzo SI QUIEREN.
Lo que está claro, o debería, es que todo cambia, y el problema es que el camino de las madres parece estar muy claro (aunque lleno de espinas que nadie contó, o que prefirieron ignorar) pero el de las mujeres sin hijos no, porque lo que está lleno es de maldiciones, amenazas de países como Rusia por no tener hijos, y rechazo…
Y es duro.
Pero no deberíamos buscar enfrentamientos entre nosotras. Perdemos el tiempo y el foco.
(Eso sí, si tenías una amiga y durante su no maternidad o maternidad, te has dado cuenta de que no tenéis nada en común o ves que se rompe el vínculo, desde luego, enfádate, desde luego puedes tener razón, desde luego puedes ser la única en grupos de amigas madres, o la única sin hijos entre amigas no madres, y es cierto que recibimos rechazo, y que no nos lo merecemos. )
Así que estaría bien que no generemos el conflicto nosotras mismas.
Así que no.
No todo vale por el clickbait.