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  • Mundos paralelos

    enero 14th, 2026

    El otro día leí la reflexión de una mujer que no había tenido hijos, en la que recurría a la multitud de vidas, o al conocido recurso cinematográfico o literario de los mundos paralelos, esa vida que otra tú está teniendo a la vez que está sucediendo tu vida.

    Lo vimos en aquella película Sliding doors en la que Gwyneth Paltrow llevaba uno de mis cortes de pelo favoritos mientras practicaba un perfecto acento reflexivo británico (supongo que ya habría hecho Shakespeare in love y lo tendría bastante fácil): Gwyneth entra en el metro y tiene una vida pero, al mismo tiempo, pierde el metro, y su vida toma un rumbo completamente distinto.

    No perdáis el tiempo con la película, no es buena.

    Y os diría que tampoco perdáis el tiempo con lo de los mundos paralelos. Honestamente me parece un recurso más para que exitosos capitalistas sin mundo interior te digan cómo estás malgastando tu vida y tus oportunidades. Últimamente hay muchísimas cosas que me molestan, como todo lo que está sucediendo en el mundo orquestrado por el hombre naranja y colegas, pero a un nivel más íntimo y cercano, no consigo tolerar la condescendencia y crítica velada de esta epidemia de gente hiperactiva, gente que hace millones de cosas sin ningún criterio o preferencia, solo por hacerlas, y que considera que el resto del mundo es vago, incapaz, inadaptado y son responsables de todas sus propias miserias. Incluso cuando veo en las cuentas childfree esta exaltación de la hiperactividad y el hiperconsumo, me enerva. De verdad que no puedo más con ello y, por ese motivo, lo dejo aquí.

    Porque esta persona a quien leí hacía una interesante reflexión muy propia de mensajes de autoayuda sobre «seguir tu propio destino» y «tu vida también importa», pero realmente se trataba de alguien con un mensaje profundo e interesante, no de una venta en redes sociales a través de una IA. Hablaba de cómo sucesos relacionados con la pérdida y el duelo le llevaron a caminos en su vida, rupturas, problemas financieros, nuevas parejas, retos laborales, y como ellos la habían llevado a una vida que, a mi juicio, es más que buena. Su trabajo, aunque inestable, le apasiona, está en una relación en pareja que le hace feliz, es independiente, lleva una vida sostenible, y vive en una zona que le encanta, además de tener un soporte de amigos muy estable.

    Pese a ello, es capaz de ver esas múltiples opciones, qué hubiera pasado si hubiera continuado esa vida que tenía antes, qué hubiera pasado si no se hubiera marchado de aquel sitio en el que vivió un período de tiempo… Y sus historias llevaban a cómo ahora era una persona sin hijos pero, en un mundo paralelo, seguramente le hubiera encantado, y seguramente su pareja y ella habrían sido la mar de felices en esa situación, pero como también lo son ahora.

    Obviamente, puede que en un mundo paralelo, pienses en un mini yo con peto que te trae una flor o te hace un dibujo por el día de la madre, pero me gustaría decir que no hace falta limitarse a ello. O que, incluso, puede que entre tus mundos paralelos, sea el menos apetecible o que, oh sorpresa, ni siquiera esté entre todas las opciones que se te ocurran.

    En mis mundos paralelos nunca hubo descendencia, más que nada porque en mis mundos paralelos sigo siendo yo, con mi crianza, antecedentes, deseos, sueños y vida. ¿Es posible que hubiera querido tener hijos si hubiera dejado el mundo del cine antes? ¿Es posible que si me hubiera quedado en Berlín y hubiese comenzado a dar clases allí, teniendo en cuenta que el estado allí gestiona la maternidad de un modo mucho más humano, podría habérmelo planteado? (Reconozco que hay una parte práctica de la maternidad allí o en otros países que me parece mucho más viable que en España, o en una ciudad como Madrid)

    ¿Qué más?

    ¿Y si fuera una de esas personas que van en moto? (no lo soy, pero en otro mundo paralelo tendría una vespa)

    ¿Y si hubiese tenido algún mínimo talento para el baile, tal y como deseaba de pequeña? ¿Hubiese podido ser bailarina y profesora de baile?

    ¿Y si me hubiese ido a vivir a Dublín?

    ¿Y si hubiera estudiado japonés?

    ¿Y si hubiese resultado ser una capitalista convencida?

    ¿Y si no hubiera sobrevivido a un aneurisma? ¿Y si no lo hubiese tenido?

    ¿Y si nunca me hubiesen dado trabajo como profesora de inglés?

    ¿Y si nunca hubiese ido a aquellos cursos de la sala Beckett donde conocí a mis mejores amigas?

    ¿Y si nunca hubiese sido profesora de castellano? ¿Habría visitado entonces Bristol y Bath?

    ¿Y si nunca me hubiera enamorado de un vasco con quince años en Howth?

    ¿Y si hubiera dicho a mis amigas que no quería ir de discotecas y que en casa escuchaba Blur, Suede y Tori Amos?

    ¿Y si mi primer concierto hubiese sido otro?

    ¿Y si los padres de aquella amiga no me hubiesen llevado a ver «La venganza de don Mendo»?

    ¿Y si la gente que he querido que murió pronto hubiera podido estar más tiempo conmigo?

    Hay múltiples escenarios.

    Múltiples posibilidades.

    Un FOMO más para frustrarnos, para conectarnos más aún con el fracaso. Y aunque yo tampoco pueda escapar de él, no lo recomiendo. Aconsejaría evitar mucho ese pensamiento de «en otra vida» porque… Porque ¿no hay otra?

    E incluso si te reencarnas o tienes a otra tú viviendo en otra dimensión, no sabes qué es, quién hace ni qué quiere.

    Y no vendré con un carpe diem o seize the day. Hacemos lo que podemos.

    Somos muy complejos, y nuestro deseo no se rige por la lógica en todo momento, o de manera lineal y continua, y puede que deseamos un millar de cosas que se contradigan. Y puede que en un universo paralelo, de repente, te hayas visto con una familia con trillizos, pero si no, no pasa nada.

    Si ni en universo paralelo te visualizas sin hijos, no pasa nada. Y si tienes hijos y en un mundo paralelo te visualizas sin ellos, tengo unas cuantas amigas con las que te puedo poner en contacto.

    Y si en este, no quieres tenerlos, y no quieres estar sometida a las expectativas de todo el mundo que no sabe parar un momento, no te preocupes, y no te sientas mal. Lo estás haciendo lo mejor que puedes y si tan importante es para los demás lo que tú hagas, primero que no es verdad, y segundo que se busquen un hobby que dure más que tachar un ítem de una lista.

    Mira, yo también sé escribir notas positivas después de todo y con todo el panorama que tenemos. Y no he necesitado un mundo paralelo.

  • No tener hijos no es el único modo de decepcionar a tus padres

    enero 7th, 2026

    Puede que tengas unos padres fantásticos que te quieran tal y como eres, acepten tus decisiones de vida y sean tus mayores admiradores, que sepan cuando tienes una entrevista de trabajo, que te hagan tuppers cuando estás mala, que un día quieran ir contigo de viaje, que quieran enseñarte cómo avanzan en el Duolingo o mostrarte su nueva afición… Y puede que no.

    Puede que les hayas comenzado a decepcionar el mismo día de tu nacimiento, que el hecho de que te parecieras más a uno u otro fuera determinante en esas carencias emocionales que han condicionado toda tu vida, aunque todos hayáis intentando disimularlo.

    Puede que llevara más tiempo, y que dejaras de gustarles en la adolescencia, cuando empezaste a escuchar Extremoduro y te dio aquella época por bailar, sin talento, o cuando tuviste aquel grupo de amigos con el que empezabas a beber o fumar o ir a sitios con un DNI falso (como ellos también hicieron), o aquella primera vez en la que quisiste cambiar de carrera y te convencieron para que siguieras porque era lo que querían que hicieras y no te consideraban suficientemente inteligente para saber lo que querías. (Por cierto, igual es cierto que no sabías qué hacer con tu vida pero errar es humano, ¿no?)

    Puede que tu pareja, o todas las parejas que has tenido, les parezca una decepción conforme a ese príncipe de Dinamarca al que pensabas que tendrías acceso desde tu colegio público de Hospitalet. Que no les haga ninguna gracia, cuyo trabajo no entiendan, y cuya ropa critiquen. Puede que hasta le hayan puesto un mote que desconoces, y que, si algún día descubres, sólo quede como un chiste menor sin importancia. Puede que el día que rompas con esa pareja y para ti sea el final de tu vida hasta que te recuperes, no solo no sepan que decirte, sino que a escondidas intercambien veinte euros, ya que uno apostó que no llegaríais juntos a los 40 desde aquella vez que vino con una sudadera a la cena de Navidad.

    Puede que sea por ese corte de pelo que no entienden que te guste, o ese barrio en el que te puedes permitir vivir con ese sueldo precario al que puedes acceder pese a todos los esfuerzos que hicieron por darte un futuro mejor y que, obviamente, has malgastado teniendo este presente de mierda. No hay crisis, no es que haya un futuro poco prometedor, has sido tú y todas esas malas decisiones que ellos no te hubieran permitido tomar, y que, probablemente, hayan minado y criticado durante años, de modo que nunca te hayas sentido segura para emprender nada por ti misma.

    Puede que sea porque tu color favorito no es el que esperaban. O porque ahora solo comes verduras porque te ha dado por esa tontería de salvar a los animales, o porque gastas tu tiempo en apuntarte a un curso de cerámica o aprender inglés cuando nunca se te dio bien. Todo empezó en aquel trabajo, con aquella persona, o viajando a aquel sitio…

    Simplemente, no has sido suficiente.

    Porque los hijos no son suficiente para cubrir frustraciones personales. Por eso los nietos parecen un remedio infalible… Pero eso no te obliga a nada.

    Y es que es verdad que puede que la mayor decepción de todas sea esa, sí, que no hayas tenido hijos, que no les hayas dado nietos.

    Pero, ¿acaso no es su plan el que ha fracasado y no el tuyo? ¿No viene de ahí la decepción?

    Piénsalo así, si la base del plan se basaba en que tú hicieras tu vida bajo su mandato, en cuanto salimos al mundo, ya tambalea, ya es difícil, y quizá… ¿Quizá hagas otra cosa?

    El que su plan falle les indica, muy convenientemente, que has echado por tierra todos los planes que tenían para tu vida y, por tanto, sus vidas, condicionadas por y para ti, han sido en vano. Es una manera de decepción, sí, pero, ¿es tuya o suya?

    ¿Ellos se sienten decepcionados? ¿Y tú no? ¿No nos sentimos todos decepcionados?

    El sistema nos ha decepcionado A TODOS.

    Que nuestros padres vieran con cincuenta años o en su jubilación que eran prescindibles y se sintieran invisibles en el mundo no era algo que tú tuvieras que arreglar.

    Que el que hubiera un ciclo sin fin en el que entraron teniendo un hijo o hija, significase que tú tenías que seguir adelante, cuando tenías la opción de decir que no. Ellos también pudieron, ¿no?

    La cuestión que intento abordar con cierto humor catastrófico no es meterme con los padres de nadie, o sí, pero sobre todo es mirar con perspectiva el hecho de que quizá les prestemos demasiada atención porque se nos ha enseñado a prestarles demasiada atención.

    (algunos) dependemos enfermizamente de su opinión, de su aprobación, y dejad que os diga una cosa, la gente más admirable ha decepcionado enormemente a sus padres. Ha habido trifulcas familiares, artistas que abandonaron toda relación familiar, enfrentamientos, fin de palabra. Y quizá simplemente podríamos dejar un poco de distancia para respirar.

    Quizá lo más importante sea aceptar que no somos lo que ellos querían, que nuestra vida tampoco lo será y que el problema es mayormente suyo. Porque el que te dieran a luz y te criaran no te convierte en una posesión, sino que eres un individuo libre e independiente dentro de una colectividad, y ahí tienes voz, voto y libertad para ser aquello que seas, les parezca bien o no.

    Así que no te sientas mal porque tus padres están decepcionados porque no has tenido criaturas… Probablemente hay otra cosa que no estás pensando en la que también les decepcionarías. Probablemente es nuestro sino, no ser perfectos para ellos, incluso no gustarles, pasar por esa etapa en la que nos miran y dicen «no me puedo creer que sea mía/o (no lo somos)».

    Piensa en cómo está el mundo ahora y en la capacidad de maniobra que tienes, y en todas las cosas que tenemos por hacer. No tenemos tiempo para hablar con nuestros padres acerca de cómo nos hemos decepcionado todos en la vida, y seguramente ellos sean demasiado mayores para la terapia.

    Y otra cosa, por si no lo habías pensado.

    ¿Acaso no te están decepcionando ellos a ti?

  • 20 días para Navidad y por qué se me ocurre ahora un calendario de adviento…

    diciembre 5th, 2025

    Esta semana en el trabajo empezamos a publicar el calendario de adviento. Cada día una publicación con un libro… Ya sabéis cómo va, tenemos calendarios de adviento por encima de nuestras posibilidades, campañas navideñas que han comenzado en Black Friday y ahora las fotos familiares y las estampas navideñas quedan a una semana vista. Pronto llegarán las felicitaciones navideñas de los amigos con hijos, todos con uno de los jerseys más feos del mundo que venden como «ugly Christmas sweater» en cualquier tienda de fast fashion o con unos jerseys beige al lado del árbol, como si ese momento y esa fotografía es el premio de cara a la galería por años de discusiones por la repartición de los cuidados, decisiones sobre los niños, conversaciones con el cole, dudas sobre sus amigos, su adolescencia cuando tú quieres vivir una segunda adolescencia… En fin, todo aquello que dicen que nadie cuenta sobre la maternidad pero, de algún modo, aquellos que no tenemos hijos sí sabíamos y nos ha convertido en un incómodo elemento que forma parte de la sociedad, también en Navidades.

    Y es que si para nosotras las Navidades suponen un rollo a nivel de cumplimentar todos los eventos festivos, ser perfecta en todas las conversaciones, aportar todos los datos estadísticos, narrativos y socioeconómicos en la cena de Navidad como si estuvieras en una entrevista en Carne Cruda, pues quizá os sorprenda, pero nosotras también somos muy molestas.

    Y esto, va a ser nuestro poder.

    Desde luego, este consejo, si eres alguien que querías tener hijos y las circunstancias no te lo han permitido o, incluso, has decidido abandonar ese proyecto, este consejo quizá no sea el mejor para ti. Pero lo daré de todos modos.

    Las personas sin hijos somos un agente del caos en las celebraciones navideñas. Pensadlo bien, aquellas personas con una vida más clásica y viviendo en la muerte del capitalismo sosteniendo una familia nuclear, lo que es francamente difícil rozando el imposible, llegan a estas fiestas saturadas, estresadas, molestas y, a no ser que vengan de una clase social desahogada en la que su crianza es compartida por una canguro o abuelos la mayor parte del tiempo, tienen estas fiestas como una validación a su elección de vida.

    Las reuniones familiares son una celebración con los más pequeños, su ilusión, miramos hacia el futuro de un nuevo año, celebram que han contribuido con tiempo, dinero y genitalia, al futuro de la vida, a nuestras pensiones, al bienestar…

    Imagino que mantener esa fachada de vida familiar ideal es mucho más difícil de mantener en vivo y en directo que en las fotos de Instagram.

    ¿Sabéis la amenaza que supone nuestra presencia en esas cenas familiares?

    Llegamos a desestabilizarlo todo, a sembrar el caos, a hablar de otros modelos distintos de vida, a fardar de todas nuestras horas de sueño, a molestar, o eso es lo que piensan, cuando en realidad lo que la mayoría quieren es que nadie les pregunte por su decisión (porque saben que no son preguntas honestas o que vienen con un dardo preparado justo después) sin ignorarles, y acabar la cena en paz, hablando de cosas vanales, celebrando el tiempo juntos y comiendo una cena que, esperemos, haya merecido la pena.

    Así que, si en teoría, vas a ser un agente del caos: Sé un agente del caos.

    Piensa que, si no quieres tener hijos y has llegado a analizar que la tristeza que puede haber en tu vida, no es por esa decisión, sino por otras, tenlo muy claro cuando llegues a esos lugares.

    Cuando no has tenido hijos, te das cuenta de la de cosas que pueden hacer tambalear tu vida, como cambios de residencia, de amistades, problemas familiares, de salud, del entorno, de pareja, incluso puede que decidas ser más partícipe de temas sociales, económicos y políticos en tu entorno, o que hayas decidido estudiar.

    Pues bien, no es culpa tuya que haya personas que hayan elegido el modelo más común de familia nuclear y que estas no tengan ni idea de las demás opciones que existen. Tú seguramente sabes mucho sobre maternidad por tu entorno y, aún así, has probado otra cosa, y te felicito, y ese es el mood que tenemos que llevar. Quizá tu vida no sea un camino de rosas, pero recuérdate que el no haber tenido niños no es tu problema. Si lo traen a la mesa te animo a poner esta cara:

    En serio, si piensan que vas a incomodar, te animo a que lo hagas.

    Si es una pregunta ridícula, no tengas problema en demostrar lo ridícula que es. Si van a juzgarte, que lo hagan.

    El problema es de ellos, si no han aprendido más temas de conversación.

    Probablemente no te pregunten porque ni se planteen la posibilidad de que con más 40 años y un útero prístino en lo que se refiere a parir criaturas pienses en otras cosas, como en apuntarte a clases de pintura, un club de lectura, mejorar el inglés, hacer un master sobre algo que siempre quisiste estudiar, aprender a tocar un instrumento o que, te plantees hacer todo eso sin tener una criatura que lo haga todo mucho más difícil, complejo e incómodo.

    De hecho, este ha sido el año en el que más amigas con hijos me han hablado de las ganas de recuperar su vida anterior, de tener hobbies, de hacer otras cosas, tener otras conversaciones, y afirman que esa supuesta validación navideña no significa absolutamente nada y que, pese al amor incondicional, echan de menos dedicarse a sí mismas.

    Eso significa que no se nos está escuchando a las mujeres, en general, cuando hablamos de nuestros anhelos y deseos fuera del núcleo. ¿¡Qué sorpresa, verdad!?

    Te animo a que llegues con la respuesta preparada, con bromas, con la mejor actitud y analices toda la banalidad, superficialidad y ridiculez patriarcal que suponen esas preguntas en ese contexto.

    Come hasta que te canses y, si puedes, date un capricho también a la hora de beber.

    Y, ya que estamos, si sobra comida, insiste en que no se tire y que se reparta en tuppers o se lleve a algún centro social. Mientras vivimos situaciones incómodas y ridículas en nuestras casas, hay gente que pasa hambre a menos de 500 metros de distancia.

    Y si quieres llevar el jersey navideño o un traje de chaqueta beige e, incluso, te quieres hacer una foto junto al árbol para enviarla como felicitación, hazlo. La cosa es que no te quedes fuera de todo lo que, simbólicamente, puede hacerte feliz en la época navideña.

    Nolite Te Bastardes Carborundorum

    ¿Por qué he dicho lo del calendario de adviento?

    Porque he pensado, tarde como siempre, que hubiera estado bien haber hecho un calendario de: 24 respuestas a las preguntas incómodas navideñas sobre la maternidad.

    Pero más vale tarde que nunca y dejo una hoy:

    Puedes dejar qué dirías tú.

    Y qué piensas hacer.

    Por cierto, si no quieres ir, si prefieres no ir y si prefieres estar a tu rollo en fechas señaladas, recuerda que en realidad es una celebración potenciada por calendarios de compras y fechas contradictorias de la Biblia y una celebración por el nacimiento de un refugiado, cuando ninguno de los gobiernos del planeta está salvando a los refugiados de ninguno de los genocidios y guerras que están pasando en la actualidad.

    Nosotras, a una cena de Navidad, no le debemos nada.

  • Día internacional de la tolerancia

    noviembre 16th, 2025

    Parece un chiste pero no lo es, como cuando lees antiguas portadas del ABC que comentan cómo figuras como Hitler y Mussollinni iban a traer la paz a Europa en 1938… Quizá exagero, pero tal y como me siento ahora ante las noticias, intereses y ciertas conversaciones que se encuentran en el centro de esta película distópica llamada «presente», ver que hoy era el día internacional de la tolerancia me ha parecido una broma pesada.

    No diré que cualquier tiempo pasado fue mejor pero deberíamos reconocer que esta época, salvo para gente con muchos privilegios, no está siendo la más fácil de llevar.

    La clase obrera quiere alejarse de la mano de obra migrante para favorecer a los milmillonarios, por los que sienten más respeto que por los que podrían ser sus compañeros en la pelea por sus derechos laborales y, por qué no decirlo, fundamentales.

    Todos los trabajadores están haciendo formaciones en IA y ninguno habla o se cuestiona el hecho de que estas inteligencias vengan de empresas de estos mismos milmillonarios, en un mercado no regulado por los Gobiernos, que dice que se puede regular a sí mismo aunque rara vez lo hace (os recuerdo los más de 7000 millones de euros que se dieron a los bancos en la crisis de 2008 para que ahora tengan casas cerradas al «mercado» para así ayudar a que la vivienda suba), y creamos que nos estamos adaptando en vez de cuestionar estas decisiones mercantiles y que nos vuelven, si cabe, aún más individualistas.

    Las tradwives como modelo de la mujer emancipada cuando, es evidente, que si una mujer tiene un canal de negocio y accede a sus propios medios de producción, ni es una mujer sometida a su marido (ni social ni económicamente) ni tampoco está gestionando su casa ni a sus hijos, sino que, mientras está grabando esos videos perfectos, retocados y estéticos, hay otras mujeres gestionando su casa. ¿Quieren las tradwives que otras mujeres las imiten porque eso las ayudará a liberarse o promueven un discurso rancio y casposo que viene, nuevamente, del interés de que las mujeres se queden en casa en vez de tener un rol en la sociedad, la economía y la política?

    Gaza, Sudán… Y ahora se descubre, a través del trabajo de un escritor, que el argumento de la purga no es tan ficticio como se pensaba.

    ¿Y se supone que hoy celebramos el día de la tolerancia? ¿Es hoy el día en el que todo el mundo se vuelve más tolerante y empieza a entender más a sus semejantes, o es, otro día más del calendario para crear una sensación de seguridad o de control para que, realmente, no salgamos a la calle a intentar cambiar las cosas?

    Escribo esto desde el absoluto cinismo y desencanto, porque no creo que salir a la calle cambie ya nada. Menos aún las redes sociales. Sin duda, menos aún cualquier medida o producto que venga de un super rico cuya inversión luego se hace materia en drones para atacar a civiles en Gaza.

    Cualquier tiempo pasado no fue mejor, pero también dicen que a partir del 2011, de la llegada de los smartphones, los índices en depresión han subido, se habla mucho más de la salud mental porque está por los suelos, y con los smartphones llegó mucho más el mensaje de la psicología positiva que nos hace pensar en el esfuerzo individual, el ascensor social y en no responsabilizar de nada a un mercado sin regular, políticos que abrazan ideologías neonazis, millonarios avariciosos, pero ¿qué tendrán ellos de importancia, cuando lo único que importa para tu bienestar es que hagas 50 burpees a las 5:00 de la mañana antes de una ducha fría? O después, la verdad es que no lo sé.

    ¿Y qué decir de nosotras? Las mujeres con hijos y las mujeres sin hijos se toleran. Sí, pero las mujeres con hijos han descubierto el amor de verdad… Ya, pero las mujeres sin hijos pueden abandonarse al consumo extremo y hacer 8 viajes en avión al año o más… Ya, pero las mujeres con hijos tendrán a alguien que esté para ellas cuando sean viejas… Ya, pero las mujeres sin hijos pueden ir a un festival en el último momento sin tener que pensar en canguros… Ya, pero las mujeres con criaturas verán crecer a sus pequeños y convertirse en adultos… Ya, pero las mujeres sin criaturas no tendrán una depresión post-parto y podrán seguir yendo a trabajar…

    Estamos en una dicotomía en este aspecto todas las mujeres con cuál es el factor que nos manipula.

    A las mujeres con hijos es el amor verdadero, la estabilidad, la familia, la validación, el apoyo institucional DE BOQUILLA, la seguridad, ¿hemos dicho ya el amor verdadero? Las cuentas de mamis influencers en Instagram utilizan términos absolutos e incontestables para aquellos idealistas de las películas románticas de los 90 (como si las mujeres sin hijos no hubiesen visto Dirty Dancing o Cuando Harry encontró a Sally). ¿Qué más hay? Evidentemente digo que el apoyo institucional es de boquilla porque hay muchas campañas que animan a tener hijos pero luego las ayudas que se gestionan en las comunidades autónomas son de puta risa. Y viviendo en una Comunidad Autónoma como Madrid ya es para reírse a carcajadas con la tolerancia, cuando es una comunidad responsable de muertes en la pandemia y, a día de hoy, de que no se puedan interrumpir embarazos de riesgo y no den los registros de los médicos que son objetores de conciencia bajo el lema de «que se vayan a abortar a otra parte». Un tiempo pasado no fue mejor, pero una mujer que no puede continuar con su embarazo por el motivo que sea no debería sufrir este tipo de negligencias, y como me ponga con lo de los cribados de cáncer, esto no acabaría nunca…

    A las mujeres sin hijos nos atraviesan con otra terminología en las redes sociales. No hablamos tanto de lo que dice Simone de Beauvoir acerca de la libertad de que se pueda elegir y las circunstancias que se dan, sino que nos venden una libertad basada también en conceptos capitalistas. El algoritmo, si no vas a tener criaturas, te propondrá que compres cosas, te hablará de las cosas que te mereces, y te premiará cuanto más activa seas y hagas (y pagues) más cosas. Si no, que vivas una vida en los márgenes, que no te asientes en un ciudad, que seas libre, que viajes a todas partes, que llegues a todos los lugares, que te enorgullezcas de tu decisión, que no molestes en los espacios comunes donde hay familias y vayas a darles ideas raras…

    Aunque hay una parte que comparto, creo que es una manera también de idealizar y vender un estilo de vida que no siempre es sostenible. Pero claro, no todos los childfree tienen interés en la sostenibilidad. No todos se plantean lo horrible que es el mundo para las criaturas, o que no tengan apoyos. Con o sin hijos, los seres humanos y nuestros deseos son bastante únicos, contradictorios, positivos, vergonzosos y, en definitiva, inevitables.

    Pongámoslo de un modo simple: hay personas que quieren y que no quieren, y yo soy de las que no.

    Y quizá el hecho de traer criaturas o no a este mundo debería ser algo en lo que trabajar en este día de la tolerancia (y ya si la gente fuera más tolerante con los migrantes, las mujeres maltratadas, los países en vías en desarrollo que nuestros gobiernos han expoliado, los millones de personas que no tienen hogar por un genocidio, las víctimas de una DANA o de una pandemia en residencias, sería ya mucho, pero oye…).

    Volviendo a nuestro tema, y perdonad que me vaya por otros derroteros, (es el día de la tolerancia, toleradme):

    Yo entenderé que quieras tener hijos y los tengas tú entenderás que yo ni los tenga ni los quiera. Y tú no pensarás que estoy muerta por dentro y yo no pensaré que tú estás teniendo hijos en el apocalipsis…

    Hay que entenderse, hay que buscarse, y apoyarse, y hacer equipo.

    Tenemos cosas en contra que tenemos que regular, y en las que deberíamos poner mayor esfuerzo que en moralizar nuestras decisiones de cara a otras mujeres.

    Creo.

    Creo que los problemas realmente son otros y habría que encararlos como sociedad pero, qué voy a saber yo, solo soy una mujer que no quiere tener hijos y que seguramente esté muerta por dentro…

    Así que, feliz día de la tolerancia.

    A ver si hoy nadie os pregunta por qué no tenéis hijos o no os dice qué estáis haciendo mal con los vuestros.

  • ¿Por qué un día la tomé con el tataki?

    septiembre 29th, 2025

    Hace más o menos un año, estaba en un conflicto personal enorme porque, una de las cosas que me puedo permitir gracias a no tener hijos, y que tú puedes permitirte también es la de darle demasiadas vueltas a las cosas.

    Y, la verdad, no lo recomiendo. Te recomiendo mucho más que hagas ese viaje increíble que recomiendan muchas publicaciones childfree en las que el mayor mérito de nuestra elección de vida es la capacidad de gastar más dinero que otros. Si puedes permitirte ese viaje para dar en las narices a todos esos fantasmas del colegio e instituto que te dijeron que no llegarías a nada, adelante. Si las sesiones de terapia a 60 euros la hora no han funcionado, seguramente sacar 1000 euros de tu cuenta corriente sean la solución.

    Si estás pensando que le doy demasiadas vueltas a las cosas es debido a que tengo mucho tiempo libre, no te equivoques, no lo tengo. Aunque critique mucho el FOMO, ya que me parece un modo de justificar el capitalismo más cuqui y benevolente como si no estuviera arruinando el mundo, lo confieso: yo también lo tengo.

    Hago o intento hacer mil cosas a la vez.

    Me interesa aprender prácticamente todo, sin filtros, no sé si para saber de todo, para mantenerme ocupada o si tengo una curiosidad infinita. No sabría decirlo claro porque, al darle demasiadas vueltas a todo, he sacado diferentes variantes y todas tienen a día de hoy el mismo nivel de plausibilidad.

    El caso es que no me detengo.

    Lleno la agenda de actividades, me apunto a nuevas iniciativas, miro información de clases de idiomas (en plural, varios, a la vez), miro cursos, de todo, información de convocatorias teatrales, de clases, laboratorios, encuentros, eventos a los que no puedo acudir, tengo ideas que esbozo, anoto y desarrollo sin tiempo para sentarme a desarrollarlas, organizo conversaciones de proyectos a las que llego al borde de la improvisación.

    ¿Y por qué haces eso?

    ¿Por qué hacemos eso?

    ¿Y por qué lo rechazo?

    Y, sobre todo, ¿por qué me enfadé con los tatakis?

    Contestando las primeras preguntas, lo tengo bastante claro. Durante años estuve persiguiendo un tipo de industria y trabajo que me deterioró bastante la cabeza. Tuve amigas cuyos estilos de vida no encajaban con el mío así que hice por encajar yo, llevando a tener ciertas crisis de identidad bastante importantes que me hicieron escribir cosas como la obra de teatro de worms.

    Pero… Le voy a dar un tiempo a todo esto.

    Y celebro que, en este momento, estas gestiones emocionales y estos cambios puedan llegar sin tener a nadie que dependa de mí, nadie que me necesite y para quien deba estar a toda costa. Hay gente que lo tacha de egoísta, pero saber que mis problemas no van a afectar a nadie más, me da mucha paz.

    Actualmente no estamos en un buen momento para ningún tipo de disidencia y es más importante que nunca ser consciente de que no estamos solos. Que, en realidad, no pasa nada si no quieres seguir haciendo eso que has hecho siempre, que no tienes por qué ir a ese lugar al que no quieres ir, y no tienes que darte prisa por convertirte en otra persona, que no pasa nada si vas perdiendo ciertos contactos por la maternidad, o por otros motivos. Lo cierto es que hay una profundidad mucho mayor que lo que se cuenta en las redes. Yo creo que he acabado desconectando más de amistades conservadoras que por el mero hecho de ser madres, simplemente, nuestras dinámicas ahora son muy distintas, pero en la rueda del mundo digital todo acaba en un lugar muy plano, en el que básicamente eres una persona que comes tataki o no, no que desarrolle acerca de su relación con la clase en base a gustos culinarios, o que se cuestione pagar un precio desorbitado por una hamburguesa cruda aplastada con un huevo por encima (sé que eso es un tartar).

    Sin embargo un día la tomé con un tataki, y me disculpo con el tataki.

    No eres responsable de que yo tenga que tomar decisiones con mi vida. No eres responsable de que las redes busquen enfrentamientos, ni de que algunas personas se vayan de tu vida. Gracias a eso, otras llegan.

    Celebro que pronto llegue Octubre. Que pronto sea una época en la que replantear cosas y buscar nuevas ideas, y en la que trabajar con el pensar demasiado y, quizá, perdonar al pobre tataki.

    Así que, desde aquí, me doy y os doy ánimos para estas nuevas etapas, hago un llamamiento para saber qué os gustaría que abordase por aquí, si veis necesidad de cambios en el formato o si hay algún tema que os interesaría que investigara.

    Siempre os leo.

    Gracias por leerme.

  • Mariana Enríquez

    septiembre 22nd, 2025

    Cuando vi que Mariana Enríquez firmaba en Madrid ya era tarde. Tenía planes y no me daba tiempo a ir al evento editorial en el Matadero de Madrid.

    Cuando vi que firmaba en Barcelona, ya no quedaban  entradas para ir a la firma de la reedición de su libro «Cómo desaparecer completamente» en Finestres, Barcelona.

    Mentiría si dijera que Mariana Enríquez es mi autora preferida. No soy una gran lectora de historias oscuras, personajes límite o historias de terror, en el sentido de que no es mi género favorito, pero, más allá de su escritura, eléctrica y directa, hay algo solo en su personalidad, en aquella que podemos ver en la persona virtual que resulta tremendamente encantador. A diferencia de esta generación narcisista de síndrome del protagonista constante, me encanta que Mariana, quizá por venir de un mundo más analógico, quizá por no sentirse conectada con el narcisismo, dedica su Instagram a hablar de todo lo que le gusta: Nick Cave, Lana del Rey, amigos, editores, películas que le gustan, discos que le encantan, todavía recuerdo todas las publicaciones que hizo sobre Nosferatu el año pasado. Mantiene el espíritu de los fotologs, MySpace, la idea de emplear Internet para compartir gustos sin mayor pretensión que ensalzar aquello que ama y que le motiva.

    Pero, ojo, que ni es ajena a su persona, ni a su trabajo, y mucho menos a sus admiradores. Es solo que, como dice ella, para algunas cosas, ya se hizo grande. Entre ellas, para tener hijos, pero quizá, entre otras muchas, para atender todo aquello que es innecesario.

    No sé mucho más sobre Mariana Enríquez, y a la vez sí, porque el miércoles pasado, en un momento de scroll, lo vi: se habían liberado entradas para ir a la firma en Barcelona.

    Una imagen vale más que mil palabras.

    Eso no quita que deje unas cuantas palabras más.

    Mi amiga Gema fue la primera persona a la que avisé de que había entradas y que podíamos conseguirlo e ir juntas a la firma.

    Y así llegamos a Finestres a las seis y media el sábado 20. Bueno, Gema a las 17:45 y yo a las 18:30 por esta incapacidad que tengo de estar en un sitio e ir a otro lugar. Cuando llegué, la cola era larga pero no imposible y me animé, compré el libro y me puse a esperar.

    Las chicas que estaban delante de mí, fan y amiga, hablaban. Una pensaba en todas las cosas que quería decirle a Mariana, en lo mucho que la admiraba, lo mucho que sus libros la inspiraban… Y le contaba a su amiga que sería incapaz de decirle nada, lo que fue cierto. Su amiga les hizo unas cuantas fotos, decepcionada tras una hora animándola a hablar con su autora favorita, y se marcharon. Os entiendo a ambas.

    Gema consiguió su firma, segunda firma, y constató que Mariana la recordaba, lo que animó aún más su sábado por la tarde y, como buena amiga, me acompañó hasta que conseguí mi firma.

    Hablamos de migrañas, remedios, bodas, consejos editoriales, problemas con autores, vestidos, podcasts, librerías a las que no hemos ido aún, cosas que no volveríamos a hacer, recibimos a su amiga Lara, la tercera en nuestra tarde de fila en una librería, un tipo de plan que nos encajaba bastante a las tres… Hasta que llegué frente a Mariana Enríquez.

    Y en aquel momento, pasaron dos cosas a la vez, aparte de dos fotos, una de Lara, otra de Gema, al mismo tiempo que no sabía qué decir a esta mujer rock star increíble, le di las gracias por unas declaraciones que hizo hace años sobre cómo era una persona sin hijos. Le comenté que tenía un blog y que debía haber compartido esa entrevista diez veces.

    Poco esperaba que me mirara y me dijera: «¿La gente aún se molesta porque no tengas hijos?».

    A lo que añadió que, como ella ya era grande para eso, no le pasaba. Pude decirle que sí, que aún había algo, y que a veces pensaba que la gente buscaba huecos en los que atacar, que no estaban bien y que, simplemente no querían que estuvieran bien.

    Es curioso cuando una persona a la que admiras te escucha, te sonríe y forma parte de un pensamiento en voz alta. Por una vez no leía sobre una autora de hace siglos, de una figura etérea, de una estatua en la plaza de una ciudad.

    Mariana, con esa juventud que la acompaña, su oscuridad y luz, sus preciosos zapatos y gafas de sol, comentó que aquello que escribía, quizá no era lo mejor para animarse.

    Pero yo creo que sí.

    Y espero que ella sepa que, en tiempos inciertos, la oscuridad de su relato hace mejor la vida de todas sus lectoras. Y que le da carne, voz y honestidad a la disidencia.

    Por eso la queremos y por eso volvemos a esa cola dos veces, por eso Gema vuelve siempre, porque necesitamos verla y saber que es real.

    Si no estuviste el sábado, te lo aseguro: es real.

    Esta mujer que es una de las grandes autoras de la literatura actual también es una mujer tranquila y divertida que porta una hoguera casi sin darse cuenta.

    Y todo lo que fuera aquello que viviera por no tener hijos quedó muy atrás, como algún día nos quedará a las demás.

    Ánimo.

    No es tarde para que todo quede atrás.

    Y muchas gracias, Mariana.

  • Volvamos

    septiembre 1st, 2025

    ¿Cómo ha sido tu verano?

    ¿Has cumplido con todo el listado de las cosas Childfree que se indican en los blogs y los perfiles de los influencers?

    ¿Ya tienes perros o gatos a los que has puesto nombres y dices que son como tus hijos?

    ¿Ya has organizado tus cuatro o cinco viajes por el mundo o has abandonado tu vida aburrida para convertirte en un nómada digital?

    ¿Has puesto traveler en tu bio?

    ¿Tienes una red de apoyo de un montón de amigas y amigos que estarán para ti y habéis empezado a ahorrar para un co-housing?

    ¿Ya buscas autoras sin hijos como Vivian Gornick, Mariana Enríquez, Orna Donath o Lina Meruane para tener referentes y enseñar su libro a modo de «ellas también hicieron algo»?

    O bien…

    ¿Has tenido otra conversación incómoda con miembros de tu familia a los que no reconocerías por la calle en la que te han vuelto a insistir en la importancia de la familia nuclear?

    ¿Has pasado un verano sin un duro sintiéndote mal porque no cumples ni con las expectativas tradicionales ni con las del mundo digital de la gente sin hijos?

    La clase, amigas, la clase.

    Ayer vi un video de una mujer llamada Anna Bocca que os recomiendo mucho si os interesa ver el capitalismo de una manera más crítica, o si os interesa ver cómo hemos llegado hasta aquí en términos de políticas económicas. (esta es una de esas cosas que hago como mujer sin hijos y es mi blog, chica, si quieres que te hablen de los jerseys Merino que puedes comprar en lo que te ahorras por no tener hijos, no es de lo que yo hablo)

    Ayer habló de una campaña que hubo en Estados Unidos para fomentar el consumo de tabaco entre las mujeres. Se llamó Antorchas de la libertad y empleaban las figuras de las flappers y actrices importantes de la época con imágenes llenas de glamour bajo la idea de la igualdad, el empoderamiento y la «revolución».

    Un señor llamado Edward Bernays fue el creador de esta campaña.

    El 31 de marzo de 1929 contrató a varias mujeres para que aparecieran fumando en el desfile del domingo de Pascua del 31 de marzo de 1929. Lo que se vio como una idea de empoderamiento, ya que las mujeres que fumaban eran consideradas prostitutas o mujeres de mala vida. Fue un gran paso para la liberación de las mujeres, ¿no?

    ¿Creéis realmente que Edward Bernays era un aliade sufragista o una persona interesada en que las mujeres fueran consumidoras de tabaco? El consumo pasó en poco tiempo del 5% al 33%. Es una persona que a día de hoy se ha hecho muy reconocida por su labor en propaganda con casos como el de Chiquita, desacreditando gobiernos y uniones de trabajadores como socialistas o comunistas, una palabra que ya sabéis que da mucho miedo en ciertos Gobiernos.

    ¿Qué tiene que ver esto?

    Para mí, el hecho de no tener hijos, no debería venir asociado a los privilegios de clase, al hecho de «todo aquello que ahora puedes pagar», e igual que las Antorchas de la libertad, fomentó que las mujeres incrementaran su consumo en el tabaco y no hicieran otras cosas que les podrían haber venido mejor a largo plazo, como formar una unión de trabajadoras, analizar su situación, ver dónde hay problemas. Las antorchas de la libertad se disfrazó de publicidad empoderadora pero SORPRESA, no hay tal.

    A las empresas de turismo que te animan a cumplir tus sueños les da exactamente igual que lleves desde los cinco años queriendo ir a Japón, solo te van a ofrecer precios hinchados para ganar dinero y financiar cosas que preferirías no saber.

    Que tengas muchas mascotas tampoco es obligatorio. Igual eres alérgico, igual no te gustan, no eres menos childfree por ello.

    Igual no tienes una red de apoyo enorme y eres una persona más bien solitaria, y te cuesta, y el mundo online no lo pone fácil. No es culpa tuya, no caigas tampoco en que la culpa es de los demás y no creas a chamanes online que, DE NUEVO, sólo quieren venderte cosas.

    Me planteo mucho mi lugar en Internet porque me molesta que desde el espectro childfree haya tanto marketing, tanta venta aspiracional, tantas perspectivas que igual no te puedes permitir, no te interesan o no estás en un buen momento para nada de eso.

    Las campañas de venta son solo eso.

    Los hashtags y definiciones de las redes son solo eso.

    Lo que quiero decir es que, como disidente, entiendo muy bien no encajar del todo con todas las etiquetas que te imponen desde fuera y dentro de Internet. Y cuesta, porque queremos encajar y que nos quieran, pero, en realidad, no se lo debemos a nadie.

    Si no eres traveler, ni tienes mascotas con nombres, ni conoces a autoras o autores childfree, ni tienes dinero para tener las vidas lujosas que se anuncian desde algunas cuentas, no eres menos. Nadie es menos.

    (bueno, sí, los oligarcas, dictadores, machistas, racistas, bullies, gente hijaputa, mala y aprovechada… esos sí son MUY menos, pero eso es otra historia)

    Tú también vales.

  • Tener un hijo no es algo igualitario (lo dicen las madres)

    agosto 4th, 2025

    No sé si esta entrada se va a centrar solo en esta pregunta, va a ser una reflexión o qué vamos a sacar de ella, honestamente, pero la semana pasada una conversación con una amiga madre me generó un malestar y una serie de dudas que, una vez más me colocan en ese lugar incómodo de: ¿POR QUÉ SEGUIMOS ACEPTANDO ESTO?

    Os pongo en contexto.

    Una amiga comentaba acerca de cómo se ha alargado el permiso de paternidad, y lo comentaba no sin cierta molestia, y no sin cierta alusión a que las relaciones entre bebés y padres, al menos durante los primeros meses, no son ni remotamente comparables con las de las criaturas recién nacidas y las madres. De hecho, aunque montones de padres (menos de los que lo claman) intentan implicarse en su paternidad desde el minuto uno, la propia biología precipita su desvinculación. De ahí que haya tantos padres ausentes o pasivos, o, simplemente, lo que siempre se ha considerado un «padre normal».

    Un padre, en cualquier caso, aunque no pueda dar de mamar, puede despertarse por la noche a darle el biberón, puede sustituir a la madre en esos momentos en los que necesite dormir, darse una ducha o desconectar cinco minutos de esta relación de dependencia para la que nadie le preparó.

    Pues, por si no fuera poco esto, tras una experiencia como el parto, no tienes una baja médica.

    Me explico, sí la tienes. Tienes la baja de maternidad, y comienza tu período de baja por maternidad, que ya pueden ser 16 semanas, o las que sean dependiendo del lugar donde vivan.

    Sin embargo, no hay ninguna baja relacionada con la operación quirúrgica que supone el parto.

    Esa cirugía no conlleva una baja y, después, el permiso. El permiso ya forma parte de la baja por maternidad.

    Es decir, cualquier operación en la que hay una cirugía genera una baja. Ya hubo un debate alrededor de ello al respecto de las operaciones estéticas y se llegó a la conclusión de que sí, había derecho a la baja, aunque fuera de poco tiempo, al estar en una situación en la que no se puede cumplir con las demandas de la empresa.

    Lo que hay es un permiso de maternidad y un permiso de paternidad, de mismo espacio de tiempo, mismas condiciones, pero sólo una de las dos personas ha sometido su cuerpo durante nueve meses y luego ha padecido una operación quirúrgica siendo, después, la principal responsable del bienestar del recién nacido.

    Lo suyo sería que, durante todo ese tiempo, en que se escucha a algunos padres hablar de «descanso» o «vacaciones»o que eligen tomar en otro momento porque, así se turnan…

    Una vez más, pese a quien pese, y aunque sea como se hizo siempre, no es, no ha sido y nunca será una experiencia equitativa y con medidas así, no estamos fomentando la igualdad. Menos aún cuando estamos en pleno momento reaccionario machista con muchos hombres que quieren volver al feudalismo y a régimenes totalitarios.

    ¿Deberíamos acaso sentirnos tranquilas porque cada vez hay más padres que asumen responsabilidades o deberíamos sentirnos escandalizadas por tener que dar las gracias ante unas condiciones y circunstancias profundamente desiguales que dejan a las mujeres abandonadas, solas, sin recursos y en un proceso físico del que nadie se responsabiliza?

    Se habla de lugares en los que la madre tiene un mes entero para recuperarse del parto y, después, empezar a estar con su criatura (sin abandonarle, simplemente, ayudada por cuidados sociales y su pareja) como si fuera una utopía inalcanzable en el estado del bienestar, porque claro, el estado del bienestar se construye a través del bienestar de unos a cambio del prejuicio y sacrificio de otros.

    ¿Tan difícil sería, pregunto sin tener ni idea, tener en cuenta meramente que existe un proceso quirúrgico en la mayoría de partos para dar una baja de unos días a la madre, unos días en los que los bebés estuvieran en el Kinder, cerca de sus madres, una época en la que los padres les visitaran, acompañaran, ayudaran y pudieran encontrar un rol de cuidados en ese proceso? ¿No tienen acaso un permiso de paternidad para ejercerla? ¿En qué se basa entonces la paternidad?

    Ante todas estas dudas, y ante mi falta de conocimiento, os animo a que me escribáis, me contéis, me digáis por qué esto es así, por qué no puede cambiar y, volviendo al tema del que más hablo en el blog: sabiendo todo esto ¿POR QUÉ DEBERÍAMOS HACERLO?

    Igual lees esto y crees que exagero, que me lo invento, que eso no es así, y quizá piensas que tu familia estará allí para ti, o que tienes suficiente dinero para gestionarlo mejor o, mi favorita, que algo así a ti no te podría pasar.

    Pero esto puede pasar y está muy lejos de ser una ficción que la foto con un bebé venga con una luz y lágrimas de felicidad con un paisaje lleno de desolación, abandono e injusticia.

    Incluso esas amigas a las que les ha ido mejor, aquellas que han tenido la mejor experiencia, la mejor pareja y el mejor soporte, han vivido aquello de lo que me hablan mis amigas. La soledad, la insistencia por la familia, una situación inesperada que les hace quedarse solas con su bebé durante un mes sin mayor ayuda que el miedo, Internet y algún médico que está disponible y que es una medida de salvación para el bebé pero, ¿y para ella?

    Las iniciativas para fomentar la maternidad NUNCA parecen ir de la mano de mejorar las condiciones de las madres.

    Las iniciativas que fomentan la implicación de los padres en el proceso NUNCA van de un manual o de una educación en la que se fomente su participación, su colaboración, su implicación, además que la respuesta social ante una colaboración del 50% siempre será de un optimismo desmedido e injusto de cara a las madres. Hay muchos padres que suelen moverse en la disidencia, que suelen ser excepciones, que se implican y que alcanzan colaboraciones más que considerables. Y se les debe elogiar en igual o menor medida que a las madres, tengámoslo en cuenta. Ellos también eligieron formar parte de esa familia, y ellos le deben esa familia no a los nueve minutos de coito, sino a los nueve meses y consecuentes horas de parto en las que no han participado ni siquiera de manera indirecta.

    ¿CÓMO NO ESPERAN QUE BAJE EL NÚMERO DE GENTE QUE QUIERA TENER HIJOS?

    Las iniciativas sociales deben ayudar, colaborar y fijarse en las condiciones y vivencias de las madres.

    A día de hoy hay muchos podcasts y muchas iniciativas privadas o disidentes de tribus, grupos de amigos, pero el estado tiene que participar de un modo más realista si quiere seguir teniendo nacimientos de clase alta, media y obrera. Hay que acabar con sus mensajes de persuasión y exigir mejoras auténticas.

    Creo.

    No sé.

    ¿Tú qué crees?

    (que si… que no todo el mundo… que a ti te ha ido super bien… que no generalice…)

    Anotado.

    Por cierto, si me quieres contar más cosas acerca de las bajas médicas, por maternidad, etc, tienes mi email.

  • Mi privilegio: nadie me lo pregunta ya ¿por qué?

    julio 13th, 2025

    Voy a haceros una pregunta.

    Llevo con el blog varios años.

    Surgió con la idea de reivindicarme ante el mensaje general del mundo de que me veía como una mujer de menor categoría al no haber tenido hijos, pero aún, por no haber querido hacerlo siquiera.

    Hace puede que un año que nadie me pregunte eso sin que mi respuesta sea firme, llena de convicción y tranquila. Y no solo eso, sino que no tengo a nadie que me responda o que me presente argumentos o que tenga algo que decirme en contra.

    ¿Sigo escribiendo o no?

    He establecido un nuevo espacio.

    Si soy juzgada, genero un miedo o rechazo suficientes para que nadie tenga nada que rebatir.

    Eso está muy bien pero, la verdad, no sé cómo lo he conseguido. Y si estás leyendo esto y te sigues rodeando de gente que te juzga por no haber tenido hijos, no tengo ni idea de cómo puedes conseguir que la gente te deje en paz.

    ¿Entiendo que este privilegio viene dado por varios elementos que me han situado en un lugar inalcanzable para esas críticas?

    No tengo un mal trabajo, aunque no llegan los mensajes de todas las posibles mejores que podría hacer en mi carrera.

    Tengo muchos planes que no puedo hacer a la vez, aunque no tenga hijos, no tengo clones que puedan estudiar varios idiomas, carreras o ejercer varios oficios a la vez, además de hacer deporte, leer, escribir, ver a mi pareja, familia y amigos o desplazarme… Y quiero hacer todo eso, y no puedo, así que tampoco estoy en el culmen cumpliendo todos mis objetivos.

    Tengo un lugar donde vivir que no nos da demasiados dolores de cabeza y que empieza a gustarnos, pese a habernos ido lejos de lo que ha sido nuestro hogar durante diez años. Es un buen lugar, una buena casa, aunque experimentamos muchas críticas por la «elección» de vida, como si pudiéramos elegir entre varios lugares de la capital de España en la que la media de pisos de alquiler no baja de 1000 euros al mes, incluso en lugares periféricos.

    ¿Cómo lo he hecho?

    Pues es que no lo he hecho yo… El sistema lo ha hecho por mí.

    Porque el sistema capitalista está hundiendo a las familias nucleares de clase trabajadora.

    Lo que ha sucedido es, simplemente, que todas esas parejas que conocía y que podían sentirse en un status mayor al tener hijos, han visto desestabilizadas sus expectativas y posibilidades. La economía familiar les ha hundido, han perdido la ilusión, están quemados por su trabajo, por la falta de horas de sueño, por la imposibilidad de pensar en mejorías, por las noticias, la falta de esperanza en el mundo… Muchas de ellas, o esas parejas, obviamente, t»ienen mucho en lo que preocuparse y ya no les sale decir «¿Y tú para cuándo?» porque, claro, ¿por qué iba a querer eso?

    No fui más lista por no tener un instinto que, en realidad, no existe, es aprendido y educado a las niñas, pero, desde luego, viendo lo que veo a mi alrededor, siento que he esquivado una bala.

    Porque, aunque nos lo imaginábamos, el amor no está sobreviviendo al capitalismo. Y en una época en la que la gente se permite no identificarse con la clase trabajadora para llamarse clase aspiracional, es normal que los modelos se rompan, y que nadie esté a la altura y que todos queramos escapar.

    También siento la necesidad de huir, esconderme de todo lo que nos rodea a veces, y de aprovechar el amor de mi pareja y amigos, porque, lo crean los defensores de la familia tradicional o no, ese amor también es incondicional.

    Siento que, la mayor de las suertes, ha sido el no hacerme viral, el no perseguir el darme a conocer en las redes sociales.

    En dos ocasiones me han escrito y llamado para salir en televisión. Las dos dije que no.

    En ambos casos, me parecía menos relevante salir en televisión para ser atacada por unos medios de ultraderecha y predicar en el desierto que cualquier otra cosa que estuviera haciendo.

    Para aquellos que buscan la familia tradicional, ignorantes de que las familias tradicionales requerían de una comunidad que no hemos podido sostener a día de hoy, residiendo en espacios aislados, en familias nucleares y con un grado de individualismo preocupantes, soy invisible.

    Como si llevara el anillo mágico.

    A mis 42 años aquellos que me detestarían y que creen que soy responsable, o las mujeres como yo, de esta caída del capitalismo y patriarcado inevitables, no saben ni que existo.

    Y ese es mi auténtico privilegio.

    ¿O no lo es?

    ¿O debería caer en el fango?

    Os diré lo que voy a hacer a partir de ahora.

    Pienso seguir escribiendo por aquí.

    Pienso seguir hablando de mujeres que no han tenido hijos para demostraros que se puede, y que siempre ha habido.

    Pienso seguir contestando emails y, quizá, me plantee hacer algunas conversaciones grabadas con otras mujeres en nuestra situación. Pienso seguir averiguando e indagando.

    Pero voy a mantener el privilegio de no hacerlo bajo las doctrinas capitalistas, no tengo interés ni en monetizarlo ni en conseguir una repercusión que no me interesa.

    Y si creamos un poco de comunidad ajena a estas doctrinas capitalistas de las familias nucleares que se hunden a nuestro alrededor, pues mira tú qué bien.

    Y si consigo que también a vosotros os lo dejen de preguntar, si encontramos entre todos la clave, será otro éxito.

    Así que, aunque os haya preguntado si sigo escribiendo, y me gustaría saber lo que opináis, lo pienso seguir haciendo. Porque no me interesa nada más que tener esta narrativa, y hablaros de que ser una mujer sin hijos no es ese cuento de terror que nos quieren hacer creer.

    Estaré encantada si alguien contesta.

    Y también de hablar de una mujer sin hijos la próxima semana.

    Nos leemos.

  • Disidencia

    junio 25th, 2025

    Cuando era pequeña, no soñaba con ser madre. Nunca soñé con ser madre. Aunque podría haberlo hecho y haberme desencantado por el camino.

    Podría haber sido madre. Podría haber tenido hijos y ahora estar desencantada o preocupada por lo que está pasando en el mundo.

    Podría estar feliz.

    Aunque a día de hoy, no estaría feliz porque, en líneas generales, veo francamente difícil permitirme la felicidad en vez de una preocupación y miedo por este mundo que conocemos y que se desmorona.

    Aunque deberíamos admitir que ya se desmoronaba y que un período de entreguerras no podía llegar más lejos y que hemos empobrecido otros territorios gracias a nuestros falsos estados del bienestar (solo para unos pocos), pero bueno…

    A día de hoy, lo único que soy es algo que no te enseñaban de pequeña.

    A ser disidente.

    A señalar aquello que está mal y a desear aquello que crees que está bien y que deseas, a obrar desde otro lugar.

    Porque no aprendí a ser madre pero tampoco a que, el no convertirme en una, me convertiría en disidente.

    Me hubiera gustado entender que el capitalismo no me haría feliz y que solo me crearía falsos intereses y conversaciones vacías en las que intentaría agradar a personas con las que no tenía nada en común.

    Me hubiera gustado entender que aquella vez en la que se rieron de mí porque era radical en mi pensamiento, no es que me faltara razón o que eso fuera lo importante, es que me faltaba valor para asegurarme. Me hubiera gustado entender que los radicales y los disidentes nunca tenemos suficientes argumentos para complacer a las personas que encajan. Qué podremos pasar la vida explicando a nuestros amigos normales por qué algo no nos interesa o por qué se aquellos principios que nos mueven.

    O por qué tenemos contradicciones en algunas cosas ajenas al lujo o al consumo (no os pasa que se justifican las contradicciones siempre que haya un consumo detrás). O por qué la inacción a veces gana.

    La disidencia no es agotadora de por sí, la gente la hace agotadora.

    No tener hijos es tan normal como tenerlos, y más aún en este momento en el que el mundo está inestable a todos los frentes y tenemos a diversos desequilibrados en puestos de poder, financiados por gente aún más desequilibrada.

    Gente que, por tener dinero, crea las normas. Crea las religiones, los credos, las modas y decide en nuestras éticas.

    Nunca me había sentido tan disidente.

    Pero no por el tema de no tener hijos, ahí empiezo a ver más mujeres como yo. Mujeres que salen, que hablan, que crean, y que crecen, que son legión.

    Empiezo a verlas.

    Mientras algunos gobernantes intentan conquistar nuestros cuerpos, mentes y capacidades, crecemos.

    Aunque nos programaran para ser madres, muchas mujeres hacemos lo que elegimos con nuestro cuerpo.

    Y nos llaman disidentes porque no entienden que tengamos una agenda fuera de su norma.

    Pero algunas la tenemos.

    Incluso aquellas con hijos no acaban de encajar con otras voluntades.

    Nadie me enseñó a ser disidente, a ninguna, y lo somos.

    Así que, ¿para qué fingir?

    ¿Para qué agradar, por qué negarlo?

    Alicia Valdés habla en su libro «Política del malestar» de cómo desear cosas fuera del capitalismo es visto como algo extraño (confirmo) y Caroline Magennis en «Arpías» habla de cómo nadie entiende que no quieras lo que ellos quieren.

    Visto desde todos los ángulos, eso es la disidencia. Suena serio y muy político, y puede llegar a serlo, pero puede que seas tú mismo un disidente.

    No te ocultes.

    Al final, no merece la pena.

    Pd: que sí, que hay madres disidentes en su crianza. Puedes leer sobre ellas en Madremente, su podcast y su refugi de les mares en Barcelona. Hay millones de eventos, podcasts, libros, películas y contenidos en Internet. Yo no tengo por qué darles más voz aunque entienda, acepte y aprecie su existencia y naturaleza.

  • ¿La idea era hacer un club de lectura o vernos?

    mayo 25th, 2025

    Hace tres meses, Caroline Magennis, en un gesto inesperado y muy considerado, hizo que su editorial, me enviase una copia de la versión en castellano de «Harpy: A manifesto for Childfree Women».

    Ser de las pocas mujeres en España que pone cara y nombre a la no maternidad no suele tener muchos regalos u obsequios a cambio, pero claro, cuando los hay, te los llevas. Y no os imaginais la ilusión que me supuso que llegara un paquete a mi nombre desde Irlanda con un libro para que lo compartiera con mi comunidad. WTF?

    Nadie me pidió nada a cambio, obviamente pero, ¿no os pasa que a veces cuando os hacen un regalo sentís que tenéis que hacer algo para corresponder al detalle? Puede que no, pero a mí me pasa. No puedo dejar simplemente que suceda el detalle, hacer un vídeo dando las gracias a la editorial, a Caroline y recomendándolo.

    No.

    Vivo en una sociedad capitalista que no me gusta, y en parte es porque vivo con intensidad esa sensación de que tengo que hacer algo más, de que me estoy perdiendo algo, de que esto que tengo delante es una oportunidad que tengo que aprovechar, que todo va mucho más allá que este momento y este regalo.

    ¿Una oportunidad de qué? pensaría una persona más tranquila y madura, y se plantearía opciones, pensaría, pasearía y no decidiría hacer un club de lectura en el momento en el que llega el libro. No decidiría que va a hacer todo lo posible para que este libro sea leído por toda aquella con quien pueda hablar. No se haría a sí misma una voz de algo que… Chica, que no hace falta.

    ¿Aires de grandeza o inseguridad milenial?

    De modo que el día que abro el paquete, una amiga me graba en video, lo edito y comparto, en vez de leer el libro, dar las gracias a Caroline y la editorial, y luego buscar un lugar en la estantería, decido que tengo que hacer algo más.

    Lo explico así porque, aunque a veces quieras hacer algo, sabes que no estás con la energía, pero lo haces de todos modos.

    Y… ¿Está bien eso? ¿Es como debe ser?

    Por un lado me apetecía muchísimo tener una excusa para poder quedar con las mujeres sin hijos que había conocido en MeetUp y algunas de las que he conocido por Instagram, así que fue un momento perfecto y una excusa ideal. Me hizo mucha ilusión crear el grupo, poner los detalles y recibir confirmaciones de asistencia.

    Y por otro lado, era consciente de que estaba demasiado cansada y haciendo demasiadas cosas como para hacerlo. Dejo claro que nadie me pidió nada, las mujeres del grupo tienen agencia para quedar sin mí, para escribirse, para organizar cosas, la editorial tampoco me dijo nada, Caroline por supuesto me agradeció que hiciéramos el encuentro pero, seamos sinceras, nadie me dijo que tenía que ponerme a la espalda organizar un club de lectura en este momento de mi vida.

    Podría haber esperado unos días. Unos meses. Podría incluso no haberse hecho.

    Aunque menos mal que se hizo porque mereció la pena.

    Y, a la vez, no era el momento.

    Pero, lo hago. Y lo hago porque una parte de mí está deseando conocer a estas mujeres, compartir momentos con ellas, incluso generar un grupo, tener un grupo de amigas como en Sex in the city, o en el instituto.

    Y también lo hago porque una parte de mí tira de donde solo hay cansancio y tristeza para hacer esto. Pero no por hacer un club de lectura.

    Ayer lo vi claro.

    Porque hablamos poquísimo del libro (aunque si me lee la editorial, que sepan que se lo compraron cuatro personas para el encuentro, y si me lee Caroline, es un libro que nos gustó mucho).

    Y hablamos poquísimo del libro porque ninguna estábamos allí solo porque nos lo hubiesemos leído. Estábamos allí porque queríamos conocernos, queríamos estar con más mujeres, conocer a más personas.

    Eso es lo que prevalece, la necesidad de conexión.

    El club de lectura fue un buen punto de partida para juntarnos, pero creo que estará bien simplemente vernos. Porque creo que es lo que necesito en este momento, investigar sobre el tema, escribir, y conocer más amigas con las que conectar en esto.

    Una barrera que sucede con las amigas con hijos es que, por sus propios horarios, quedar solo para cenar o tomar un vermut y contarnos la vida ya no es posible. La conexión espontánea ha desaparecido.

    Ahora de vuelta en Madrid me doy cuenta de que hay muchas personas capaces de improvisar un encuentro en el mismo día, y otras tantas que dan audiencia con dos semanas, y otras que no te contestarán porque, en este momento, no les viene bien conectar contigo. Y otras que te dicen que sí y cinco minutos después recuerdan que tenían un plan.

    La conexión y las amistades se han vuelto tan complejas que siento que los clubs de lectura o encuentros para escritura, ir al cine, teatro, escalada, etc, son los nuevos cursos de idiomas, las nuevas universidades, esos momentos de la vida que, para aquellos que nos sentimos más solos, nos dan la esperanza de que aún podemos conectar, que no hemos sido rechazados ni por el tema de las criaturas o por cualquier otro. Que aún podemos formar parte de algo.

    Y esa esperanza bien vale la pena el cansancio.

    Ojalá vuelva la conexión espontánea y las cenas sin un plan detrás.

    Hay una frase que me resuena de «Arpías», que es «La gente quiere que quieras lo mismo que ellos».

    Me parece importante porque puedes ser la persona que no quieres lo mismo, o puedes ser la gente, que no se plantea hasta que punto sea invasiva o expansiva con sus deseos.

    ¿Tú cuál eres?

    Gracias por leerme, porque siendo una mujer sin hijos que no os cuenta lo maravillosa que es su vida, que no viaja a todos los continentes para demostrar mi nivel de vida, que no va de nada especial, aún así entráis a leer.

    Y lo agradezco más aún porque cada vez siento que hay que compartir menos en lugares como Instagram o Facebook. Las redes sociales empiezan a ser un pozo neoliberal en el que no hablo el lenguaje y, además, siento que no merece la pena hablarlo.

  • Miss Bates

    mayo 4th, 2025

    Me ENCANTA la última versión de Emma.

    Es mi favorita.

    Hay algo reconfortante en esas historias de Austen de encontrar el amor de tu vida leyendo libros por la campiña inglesa y dar respuestas ingeniosas llevando vestidos de flores con corsés que no nos permitirían dar las réplicas escritas en los guiones.

    Pero lo cierto es que no quiero que hablemos de Emma. A Emma ya la conocemos, ¿no? Emma es la heredera adinerada que, al no necesitar el dinero de nadie, y no haber sucumbido al amor, decide que no va a casarse. Ni tendrá hijos.

    O sí, puede cambiar de idea, pero eso no importa.

    No importa porque ya hemos hablado de cómo Jane Austen era una mujer con algo de discurso antinatalista (dentro del contexto histórico) y cómo no se sentía a gusto con nacimientos y mujeres con hijos. Es normal que sus novelas, entonces, se convirtieran en un espacio para la crítica, el amor y el té.

    Lo que me lleva al personaje dramático de la historia, la loca de los gatos de la historia: Miss Bates.

    Hablemos de Miss Bates.

    El personaje de Miss Bates es un ejemplo perfecto sobre lo que la sociedad regente y buena parte de la sociedad tecnofeudal actual considera como una mujer fracasada: la solterona.

    Pero vayamos al origen, porque el hecho de haber permanecido soltera está intrínsecamente relacionado con el primero de los fracasos: no haber tenido dinero como para ofrecer una dote.

    A día de hoy, no hay dotes en lo que es España, nadie se casa o deja de casar porque la chica provea una dote o no. Si no, me iban a explicar por qué todas mis amigas de clase trabajadora se han casado con informáticos que ganan un dineral; en aquel entonces, al informático le hubieran casado con condesas, marquesas, o los padres de las chicas de clase trabajadora hubieran tenido que sacar el dinero de donde fuera u ofrecer a la hija de una manera más que persuasiva.

    En cualquier caso, la dote ha desaparecido pero el prejuicio no.

    Siempre hay solteronas en las novelas de Austen, ya sean Anne, Charlotte o aquí Miss Bates, porque Emma, por su clase social y belleza todavía es casadera, pero no Miss Bates.

    Miss Bates vive con su madre, que es la viuda de un sacerdote, en una casa pequeña, con muy pocas comodidades y dependiente de la bondad de familiares y vecinos.

    Esto es muy importante. Ver que forman parte del grupo de un modo caritativo, básicamente, que tienen una red basada en la compasión hacia su clase social.

    Aunque aparecen en varias escenas con Emma y Mister Knightley, queda claro que, en su sociedad, son personajes que no están en el mismo rango social y económico que el resto.

    Para nada.

    Son dos mujeres. Mujeres que están solas.

    Y, por tanto, mujeres sin recursos.

    Debemos recordar que es bastante reciente la capacidad de las mujeres por tener propiedades o cuentas bancarias. Sin ir más lejos, ya era más del 1985 cuando mi madre pudo abrir una cuenta de ahorro sin su marido para ella y su hija.

    Miss Bates y Mrs Bates, los Dupon Dupon de la historia, son personajes risibles, graciosos, muy parlanchines y que causan risa. Pero, sobre todo, se retratan así porque su condición social y económica las sitúa en el último lugar de la cadena alimenticia, como fuente de críticas y bromas bienintencionadas por el grupo.

    Pero bromas que se hacen a las espaldas porque, al fin y al cabo, son todos caballeros y esos comentarios podrían resultar ofensivos si se los dijeran a la cara. De hecho, el único motivo de conflicto viene porque, en un momento determinado, en una de esas peroratas de Miss Bates, Emma se burla de ella (como cualquier pija del instituto a la empollona que contesta a una pregunta del profesor) delante de todo el mundo y su love interest le llama la atención por ser clasista y maliciosa en su humor, dos cosas que definen muy bien a Emma y, pese a todo, el motivo por el que nos leemos el libro y vemos la película. (Y los decorados, y Johnny interpretando a Mister Knightley).

    A partir de ahí, y sólo porque se lo dice alguien que le importa, Emma se arrepiente y se vuelve caritativa, llevándole comida a ambas mujeres, y sin sacar el tema, por no ofenderlas, claro, y porque no vaya a ser que se disculpe.

    No, no es así.

    En realidad no lo hace porque ese personaje ridículo y absurdo, que es la solterona y pobre del grupo, es mucho mejor persona que ella y es consciente de lo que supone para alguien de clase social disculparse con alguien como ella, y hace la vista gorda.

    Ya en Emma, Jane Austen nos hablaba de que el mejor destino para las mujeres sin hijos, sin pareja y sin dinero, era la caridad y aceptación de los demás, como un esfuerzo, por tanto, de los mismos, ya que aceptar a ese tipo de mujeres, ¡qué mala imagen daría!

    Bueno, pues a día de hoy, pese a no existir la dote, que las mujeres trabajen, se emancipen, puedan trabajar, tengan familia, amigos y hobbies, si no tienen pareja e hijos, siguen siendo miradas con tristeza e incluso algo de desdén.

    La gente se plantea por qué estarán así, qué tendrán de malo, y buscan elementos negativos para justificar por qué no han hecho un check en esos apartados. O intentan juntarla con esos amigos solteros que aún quedan en el grupo.

    A la vez que estamos viviendo una transgresión en los modelos de vida y de familia, y abandonamos el modelo Disney de parejas, las corrientes más conservadoras que dan dinero a medios de derechas, siguen manteniendo ese mensaje y lo potencian y hacen llegar lejos; los Incels detestan, insultan y amenazan a las mujeres que no quieren nada con ellos; incluso algunas mujeres con pareja e hijos miran a sus amigas solteras con una profunda tristeza.

    Sus amigas solteras que, a día de hoy, deberían poder mantenerse por sí solas pero el capitalismo ya se asegura de que nada sea accesible sin una pareja.

    Y hacen auténticos esfuerzos económicos para vivir solas y tener una vida en la que no dependan de nadie. Y, por supuesto, en muchos casos, no tienen hijos y, en vez de ser admiradas por su independencia y resolución, se intenta que mantengamos la visión de la época del Regency en vez de elogiar la independencia económica y social que consiguen, de admirarla y de, incluso, pensar en qué modos de subsistencia podríamos tener que no tuvieran que ver con el capitalismo extremo para poder vivir con amigas. Siguen pareciendo las cooperativas una ficción, pero ¿lo son? ¿O son una medida que no nos permiten soñar como algo deseable, igual que la independencia?

    No puedo decirle a Miss Bates que quien ríe el último ríe mejor, porque no fue esa su historia, y sus circunstancias y época histórica no lo permiten, y está justificada la tristeza, verborrea al vivir solo con su madre, y el hecho de sentirse inferior a sus amigos ricos.

    Sin embargo, me gustaría animar a todas las solteras sin hijos, a que valoren sus vidas ajenas a los mensajes de marketing y a aquella gente que, por encajar en valores tradicionales, creen que lo tienen todo solucionado.

    La vida puede no ser perfecta, y esas parejas con hijos ideales no saben si de aquí a unos años van a separarse, van a tener que empezar sus vidas de nuevo, van a acabar hasta las pelotas de un modelo de vida ficticio e impuesto por medios de comunicación y no van a poder consumir al ritmo que les exigen.

    No es oro todo lo que reluce, y a día de hoy, muchas mujeres están descubriendo que están mucho mejor sin un hombre que les hace mansplaining o que cree que porque gana más dinero tiene derechos y su mujer solo deberes.

    Nada es al 100% y ninguna vida es perfecta. Y tenemos unas redes sociales lideradas por gente como Zuckerberg o Musk diciéndonos que tenemos que volver a los valores tradicionales PORQUE A ELLOS LES VIENE BIEN. Y a la vez, estamos en una crisis económica que nos ha hecho casi imposible emanciparnos, de manera que podamos siquiera vivir solas.

    Lo tenemos francamente difícil y es importante que nos unamos contra los oligarcas y fondos buitre, y dejemos de mirar a las Miss Bates a nuestro alrededor como si todas fuéramos Emma.

    No todas somos Emma.

    Pero todas, TODAS, podemos ser en algún momento de nuestra vida Miss Bates y que se rían de nosotras por nuestra mala suerte y nuestra verborrea incansable.

    Un abrazo a las Miss Bates. Se lo merecen.

    Ojalá nos encontremos en una casa de cooperativa a los 60. Incluso antes.

    Estoy deseando conoceros.

  • «Adolescence» es para todos. Pero es bueno que los padres la vean con un bloc de notas.

    abril 1st, 2025

    Podría ser muy breve con este artículo e ir a la base de la tesis. Una serie que habla de los límites incontrolables de la masculinidad tóxica desde una adolescencia precoz, desde un sistema machista incontrolable, y unas dinámicas habituales que siguen permitiendo hacer una excepción de una violencia machista cada vez más joven y cada vez más salvaje, y como las instituciones y padres no saben cómo hacerle frente… Una serie así nos interesa a todos Y PUNTO.

    Para empezar porque muchas personas que estamos en los 40 no entendemos las dinámicas de los nuevos adolescentes. Nos alejamos de ellos, incluso sus padres, alienados y precarizados por sus horarios y sueldos. 

    No les dedicamos espacio y análisis para entender si está yendo todo bien, porque, ¿por qué va a ir mal?

    Venimos de discursos de bien y mal, de moralejas de cuentos, de una vida mayormente sin Internet, y no entendemos que los adolescentes se han criado con un Internet descontrolado en el que los mensajes machistas y beligerantes, no solo campan a sus anchas, sino que son promovidos por empresas financiadas por grupos de ultraderecha que necesitan mantener una figura masculina alejada del feminismo y enfrentada a las mujeres todo lo posible.

    Y ya me he pasado con la introducción.

    Y me he puesto política.

    Pero es así.

    Además, en este punto, ya todo el mundo ha dicho lo que tenía que decir sobre esta serie, que si valorar o no el plano secuencia, que es necesaria, que es dura, que lo vives de una manera como padre, que si lo vives de una manera como docente, como vecinos…

    Pero, ¿cómo lo viven los hombres y los mujeres?

    El hecho de que esta serie se haya grabado en plano secuencia es positivo, como me dijo una amiga, ya que muchos hombres la están viendo por el tema de la virguería audiovisual y no han tenido más remedio que darse de bruces con la historia y sentirse interpelados.

    Pero a mí lo que más me ha zarandeado es cómo los personajes masculinos y femeninos viven la situación.

    Los únicos hombres que se sienten interpelados son padres. Los padres de chicos que pueden estar participando de esto. Y puede que en parte por la atrocidad de que se haya acabado con la vida de una niña, pero mayormente por evitar que sus hijos se conviertan en asesinos.

    Hay mil cosas que llaman la atención de la serie, y, centrándome en algo que nos concierne, que es el no tener hijos y relacionarse con las infancias desde la no maternidad, ¿nadie más se ha fijado en cómo los personajes femeninos padecen, pelean y se implican para sobrevivir al dolor?

    No lo evitan, quizá porque es lo que deciden los guionistas pero todos los personajes femeninos se implican en la historia, desde la amiga de la niña a la que matan, pasando por las profesoras, la policía y la psicóloga.

    El policía, de hecho, se lamenta con su compañera cómo se debe sentir ella ante esta situación y deja clarísimo lo lejos que esta de verlo como ella. Él está pendiente de encontrar un culpable, pero también del bienestar de su hijo. Y aunque tenga esa intervención en el primer capítulo hablando de la madre a quien le han arrebatado a su hija, la serie es muy sincera al mostrar toda esa distancia en la que los hombres se relacionan con la violencia que otros hombres ejercen sobre las mujeres.

    Mismo caso, el profesor de historia, que escurre el bulto, y que en un contexto como el asesinato de una menor está tan ajeno como sus alumnos, y sólo se preocupa por dejar claro que él no puede hacer nada.

    Nadie puede hacer nada.

    ¿La serie habla de cosas que pueden llegar a hacer los hombres porque no hay nada que puedan hacer los hombres para evitarlo?

    Igual no es eso. O sí.

    Estoy pensando mientras escribo.

    Y pienso en cómo los personajes femeninos lo enfocan de un modo distinto. Completamente. No es que sean más responsables que los hombres, que no lo son, pero desde luego adquieren mucha más responsabilidad y cuidado en su gestión.

    Una niña asesinada por un niño tiene a varios hombres que no saben que hacer y a varias mujeres que se unen porque se sienten desprotegidas. Todas. La madre del niño que asesina no se ve capaz de reaccionar, pero el resto de los personajes femeninos de la serie sin hijos son profesoras, psicólogas y vecinas y su rol se ve perfectamente claro a la hora de relacionarse con la situación. Parece que somos las únicas que necesitamos que esto cambie, no sólo como madres, si no como participantes de la sociedad y como espectadoras de la atrocidad.

    Por supuesto, queda clarísimo en el capítulo de la psicóloga, que, por si no lo estábamos pasando mal viendo a la mejor amiga de la asesinada yéndose sola y castigada a su casa, nos acaba de dejar clara la postura del patriarcado, ya desde los trece años. Un patriarcado beligerante propiciado por Internet y la ausencia de una masculinidad más frágil, menos violenta. Y en el que las mujeres no tenemos un rol de autoridad ni cuando lo tenemos.

    Siempre estamos expuestas a la violencia.

    Pero… Tampoco es literalmente eso, ¿no?

    Tenemos un padre preocupado, que no sabe cómo ha pasado, y al que sentimos cercano, porque los espectadores tampoco entendemos cómo ha pasado, aunque pase cada día, aunque lo veamos en las noticias, porque siempre nos dijeron que era así.

    Qué tuviéramos cuidado, que bajáramos la vista, que no provocaramos una situación.

    Hay un responsable, y todo un sistema, y toda una ideología, y toda una tradición en el feminicidio. Y esta serie quiere contarlo de manera en que aquellos que deberían responsabilizarse, no puedan mirar a otro lado.

    Pero, ¿están mirando?

    A la hora de pensar en escribir sobre la serie pregunté a amigos. Con o sin hijos.

    Desafortunadamente, todos estamos preocupados.

    Todos tenemos dudas.

    Ninguno sabe qué hacer seguro.

    Todos sabemos que algo tiene que cambiar, que es intolerable, y que los adolescentes necesitan menos pantallas y una supervisión, pero la sociedad debe dejar de aceptar los bulos y la violencia machista y clasista por mucho clickbait que genere.

    Desafortunadamente, detrás de esa manosfera que apenas sale en la serie, porque habla mucho más del personaje de Stephen Graham, y de la necesidad de una nueva figura paternal que aleje a los jóvenes de esa manosfera que les refuerza el odio que sienten, no solo hay jóvenes solos y desamparados sin buenos referentes, hay hombres que no son monstruos, y que no sienten pudor ni vergüenza al odiar a las mujeres y al desear que estas no tengan ningún poder ni agencia.

    Y si esto no nos afecta a todos, y si esto no debería ponernos las pilas, ¿qué lo hará? ¿Gaza? ¿Trump? ¿una pandemia? ¿Putin? ¿Mazón? ¿El capitalismo?

    Ojalá esto no nos de únicamente un debate del que creamos que vayamos a salir mejores.

    Ojalá tengamos valor para salir mejores.

    Ojalá tengamos valor para que los hombres se impliquen en los cuidados y dejen de ser ejemplos de ausencia, de toxicidad, de virilidad, de beligerancia y de pasotismo.

    Si Eneas pudo dejar la guerra para llevar en brazos a su padre, ellos pueden educar a sus hijos para abandonar todos esos mensajes que les enseñan a odiar a las mujeres.

  • Creo que Emma Goldman no se refería a esto

    marzo 8th, 2025

    En un día como hoy me he despertado con una sensación de angustia, tristeza y desamparo.

    La zona en la que vivo tiene avisos por lluvia, viento, niebla y, posiblemente, nieve, y no podría identificarme más con esta sensación.

    Según iba leyendo a lo largo de la semana sobre todos los eventos que iban a suceder en la sierra, volvía a la misma sensación que llevo sintiendo hace años con respecto a este día: se ha comercializado.

    Ahora es un día en el que hay eventos, reuniones, diversión, tardeo, celebración. Queremos que sea un día en el que celebrar ser mujeres y estar en grupo. Y desafortunadamente no todas estamos invitadas a la fiesta. No porque se hayan olvidado de nosotras, o porque no queramos ser felices. A veces el entorno lo ocupa todo, y no puedes evitar llegar a esa angustia, tristeza y desamparo con los que me he despertado y que serán mis compañeros a lo largo de un día «tan especial».

    Recuerdo cuando leí por primera vez la famosa frase de Emma Goldman en una pancarta, en una manifestación por el 8M en Barcelona: «Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa».

    Me gustó muchísimo obviamente, pero creo que se ha ido de madre, y creo honestamente que Emma no quiso dar el significado que se ha cogido para las fiestas, tardeos y eventos que tienen lugar a día de hoy. Incluso viniendo con la mejor de las intenciones, es un lema de marketing a día de hoy, se ha convertido en una excusa para relajarnos, divertirnos y convencernos de que no deberíamos salir a quemar el patriarcado.

    Es francamente triste ver cómo a día de hoy, en el que creo que el mercantilismo es obvio, en el que los colores son obvios, en el que el discurso es pretendidamente optimista, en el que se habla de la comunidad, pero a modo más de burbuja, protección y nada de confrontación con la realidad, palabras como «machismo» y «heteropatriarcado» se ven tan rechazadas y fuera de lugar.

    Emma Goldman no quería eso.

    Y lo demostró con sus actos, no sólo con sus frases, que es algo que estamos perdiendo y es francamente preocupante.

    Emma Goldman ha formado parte de nuestro imaginario actual con su frase más liviana en un meme, y eso, aunque nos pueda llevar a interesarnos por su persona, parece que el tecnofeudalismo (voy a utilizar el término de Varoufakis hasta que se ponga de moda) ha sabido cómo apropiarse de él y que feministas de alta cuna que reniegan de los derechos de las mujeres trans, las mujeres migrantes y racializadas, puedan comprarse una camiseta y sentir que participan de una lucha feminista que se hace, comodamente, con memes y cañas de tardeo, en sus casas de campo.

    Pero ella fue mucho más que un meme.

    Goldman participó en iniciativas anarquistas revolucionarias en las que puso cuerpo y mente desde que fue muy joven, llegando hasta España para participar en la Guerra Civil por puras convicciones políticas y sociales.

    Estuvo en la cárcel en numerosas ocasiones, se enfrentó ante personas muy poderosas y vio cómo intentaban vulnerar sus derechos y el de las mujeres, y no se echó atrás. Participó en todo aquello que veía justo e imprescindible para todas en la calle, en los juzgados, en la política, y cuando hubo que apoyar las medidas anticonceptivas, también lo hizo.

    Por supuesto, siempre se intenta hablar de la parte menos «agradable» de Goldman, pero es que las revoluciones no son agradables, y enfrentarse a gobiernos totalitarios en la época de Goldman, tampoco. Y no gustaban nada sus opiniones y, fijaos qué casualidad, sus frases.

    La frase del baile y la revolución ha trascendido porque es lo que queremos oír, ver, queremos pensar que la revolución será entre flores, bailes y cañas, y aunque merezcamos todo eso, la revolución difícilmente será un camino de rosas, bailes y cañas. Y claro, eso hará que mucha gente prefiera quedarse en casa.

    ¿Propongo una solución acaso?

    No lo sé, no lo creo. Pero empezaría por leer a Emma Goldman, por empezar a leer a esta mujer que encarnó con hechos todas las luchas que a día de hoy nos da miedo decir en voz alta, todas esas cosas que los Jose Luises y oligarcas quieren reprimir y ella ya confrontó entonces.

    Quiero recordarla porque ella abrió caminos (y muchas más) y aunque sea considerada una radical, lo fue porque tenía mucho por lo que pelear, igual que las mujeres, todas, a día de hoy tienen mucho por lo que pelear, y se nos quiere hacer creer que hemos trascendido, pero si lees los trabajos de Goldman, veréis que no es así, que aún estamos lejos de que se blinden medidas que ella proponía entonces.

    Ya hablaba entonces de cómo el capitalismo sobrevivía a base de oprimir a los trabajadores, de los derechos de las personas no blancas, de los estados controlando a la población.

    A día de hoy, recomiendo leer a Emma Goldman porque, cualquier frase que digas que se pueda relacionar con el anarquismo, la revolución y la violencia, y por la cual serías tachado de radical (especialmente por gente que no quiere que las cosas cambien en absoluto), ya la dijo ella. Y la dijo en espacios donde podía ser desde acompañada y tener seguidores, hasta ser abucheada y echada por sus propios compañeros.

    La lucha por la que abogaba Emma Goldman era tan completa que no llegó a todo, pero llegó a mucho, y llegó a muchas cosas con las que quizá no estaría de acuerdo, pero me hacen pensar, me hacen reflexionar sobre lo que necesito y lo que quiero.

    Y en el día de hoy, en el que llueve a cántaros, se han anulado las marchas en la sierra y sacar el coche está poco recomendado por la AEMET, prefiero que mi día sea, o bien salir con un bidón de gasolina, o leer a Emma Goldman y pensar en qué cambios quiero y buscar los espacios en los que pueda pensar igual, lejanos del Marketing y de las consignas.

    Sé que igual puedo no ser consecuente, puedo parecer radical y poco agradable, pero todo eso ya le pasó a Emma Goldman e hizo muchas más cosas por todas nosotras.

    Por cierto, aparte de la frase del baile, dijo otras muchas:

    Requiere menos esfuerzo intelectual el condenar que el pensar.

    Un cambio social real nunca ha sido llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción.

    El anarquismo es la única filosofía que aporta al hombre la conciencia de sí mismo, que sostiene que Dios, el Estado y la sociedad son inexistentes, que sus promesas son nulas y sin valor, ya que sólo pueden cumplirse a través de la subordinación del hombre.

    La corrupción de la política no tiene nada que ver con la moral, o la laxitud de la moral, de diversas personalidades políticas. Su causa es meramente material.

    La política es el reflejo de la actividad comercial e industrial del mundo.

    Intentad poner alguna de estas frases en una camiseta.

    No, pero en serio, Emma Goldman fue mucho más que un meme y siento que debería servir de inspiración para el cambio, para motivarnos a que días como este tengan el sentido revolucionario que debería tener.

    Sin él, solo es un día de fiesta, de ofertas comerciales, de morado, de símbolos en redes sociales en el que seguimos igual de sometidas al heteropatriarcado pero preferimos olvidarlo.

    Emma Goldman nunca lo olvidó.

    Gracias por leerme y siento mucho si esperabas leer un texto más inspiracional y optimista en un día como hoy. Tienes cientos en cualquier red social.

    Aunque si ya me has leído otras veces, quizá sabías lo que podías esperar.

    Así que, en cualquier caso, gracias.

  • Todo por el Clickbait

    marzo 3rd, 2025

    Hace unos meses tuve una charla con alguien que habla de no maternidad por circunstancias para participar en un coloquio. Y aunque todo fue muy bien, preparando la intervención, me hizo una pregunta que sigue conmigo.

    «¿Qué más haces con tu comunidad?»

    Viniendo de haber empezado a escribir un blog, de haber sido hija única y de encontrarme en una crisis en la que me sentía sola, pensé que no entendía qué me quería decir.

    ¿Qué comunidad?

    Y además, ¿qué es lo que tengo que hacer?

    En realidad lo entendí entonces y lo entiendo ahora.

    Si quieres ser profesional y que tus contenidos te den beneficios, debes hacer algo más que escribir un blog y poner posts random en Instagram. Era el momento de decidir ir un paso más allá…

    Sin embargo, durante muchos meses estuve pensando y machacándome por cuál debía ser ese paso más allá, qué quería esa supuesta comunidad, qué podía hacer, qué era lo que tenía que dar.

    Pensaba en otras personas.

    Pensé en los formatos de podcasts… Yo vengo del audiovisual, a veces me ocupo de hacer intervenciones en video por mi trabajo y, según dicen, no tengo mala voz para locutar. Aún así… ¿Era eso lo que quería?

    Luego pensé en los grupos y eso sí cobró forma.

    Nada más mudarme a Madrid organicé un grupo de mujeres en meetup y hemos tenido dos encuentros, pendientes de tener más. Es difícil cuadrar horarios, pero merece la pena. Era una opción que sí me podía apetecer, pero no para sacar algo a cambio.

    No me parece mal que los terapeutas cobren por hacer terapia, ni que las creadoras de contenido aspiren a cobrar por el mismo, pero me di cuenta de que ese no era mi caso. No éramos lo mismo.

    Yo no tenía nada que tuvieran por lo que pagar. Si algún día escribo una obra, o publico un libro, o me abro un Patreon para poner artículos más elaborados o contenidos más profesionales, desde luego querré que se me pague por ese trabajo, pero no por juntarme con un grupo de mujeres para ir a tomar algo y hablar de nuestro lugar en el mundo. Igual que hago con mis amigas, pero con más gente y, por tanto, no como un trabajo remunerado. Y esto solo puede organizarse con voluntad, posibilidad y disponibilidad.

    Y si hay poca disponibilidad, pues habrá poca posibilidad… Aunque estamos «trabajando en ello».

    Pero hoy lo he visto claro.

    Hoy he visto claro por qué no quería ir un paso más allá como creadora de contenidos ni publicidad.

    Hoy se ha publicado una viñeta en redes sociales con un fuerte interés incendiario centrado en conseguir likes y en confrontar mujeres: madres contra no madres. La pelea habitual, el yo contra ti, el tú contra mí.

    Y aunque he visto y consumido mucho contenido de este tipo, hoy me ha resultado francamente decepcionante.

    Y para explicarlo, tengo que ponerme intensa, descriptiva y exhaustiva, algo que no se lleva en las redes sociales de consumo rápido y que hace que todos compremos un discurso único, polarizado y limitado. Y no lo digo porque no se pueda ir a un extremo, lo digo porque llegamos a un extremo desde lugares equivocados.

    Gracias a las redes sociales, algunas entráis a leer este blog, he conseguido tener cierta sensación de comunidad, hablar con gente y, sobre todo, sentirme confiada con mis decisiones, e incluso elaborar un manual de pregunta respuesta para personas indiscretas con el tema por si me queréis consultar.

    Pero no las voy a romantizar ni engañarme con ellas, porque a día de hoy las redes sociales alimentan a un algoritmo que es peor que un alien o la planta carnívora de la Pequeña tienda de los horrores. Es debido a las redes sociales que mucha gente ha empezado a creer en mensajes tremendamente nocivos como las personas vitamina o la psicología positiva en la que acaban pensando que son el centro del mundo y que todo lo que no esté a su gusto, es culpa de otros. Que no te digo yo que no, pero falta algo de autocrítica por parte de todos.

    A veces un restaurante puede estar hasta arriba y ni llegar a las demandas de todos sus clientes, y a veces un trabajador puede tener un mal día, o la comida puede venir en mala calidad por un problema del proveedor, o ese día no te encontrabas bien o estabas incómodo, pero la crítica en YELP poniendo a parir el restaurante es la primera opción. Lo primero es alimentar de información a Internet. Pensar en la situación es algo que no se plantea como una opción, tú dilo, que te lo mereces, porque tu experiencia es la que más importa.

    Todo tiene una gama de grises que flipas (no todo, como el fascismo y el problema enorme que supone este neoliberalismo capitalista y los oligarcas, entre otras cosas) y no lo digo porque no quiera tomar partido por madres o no madres, es que tampoco se debería.

    He tenido amigas madres a las que no he seguido viendo, pero no ha sido por temas relacionados con sus hijos, sino entornos, coincidencias y falta de lugares comunes, eso puede pasar; y he tenido amigas sin hijos que me han hecho ghosting de buenas a primeras porque sí (aunque luego bien que lees mi blog, ¿eh?), de modo que yo no puedo posicionarme, el espectro es muy amplio, y eso también teniendo en cuenta que, en mis relaciones, también tengo una parte activa y una responsabilidad.

    Y es que la vida cambia, los tiempos cambian y las responsabilidades cambian, e, incluso antes de eso, nuestra persona no debería ocupar el centro del mundo de la vida de nadie, y si lo hace, no es bueno.

    Creo en las amistades, las amistades íntimas, profundas y cómodas. Y creo que pueden durar. Pero también creo que una amistad no te coloca en el centro de la vida de una persona. No te convierte en su prioridad y sus problemas, por duro que sea, deberán ser solucionados antes que los tuyos, todo sea dicho, problemas en los que tú también estás trabajando y no esperas que llegue a solucionarlos, ¿no?

    Hay muchas amistades dependientes, muchos adultos que creen que siguen estando en el grupo de Stand by Me y que cuando la vida se mete de por medio, cuando llegan criaturas, trabajos, horarios, problemas de salud, nuevas parejas, responsabilidades y destinos distintos, no quieren aceptar esos cambios y culpabilizan a la otra persona por haber alterado su vida.

    Eso tiene más que ver con nuestro egoísmo personal que con el abandono de esa amistad, y con el narcisismo creciente que nos ha hecho creer que somos el centro del mundo y que, si nosotros no cambiamos, nadie debería y es todo responsabilidad de otros.

    Y hay una parte aún peor en esto. Hay gente que está sacando mucho dinero de nuestro malestar.

    Los creadores de contenido pueden llegar a sacar dinero de sus contenidos, y a veces es una buena parte del motivo por el que los crean, es su trabajo. No solo es el impulso artístico, la necesidad de comunidad o el narcisismo en el peor (y mayor) de los casos, en cuentas ya con muchísimos seguidores, lo más importante será obtener clickbait.

    Y, para mí, esta semana, la cuenta en cuestión ha decidido abogar por las madres y eso ha generado muchísimo malestar entre no madres que han salido a gritar cómo ellas son las auténticas perjudicadas.

    A ver, es verdad que una mujer que tiene hijos se encuentra en una soledad brutal en muchos casos y sometida a juicios en todo momento. Le han vendido el palacio de Disney, le dicen que es la reina del castillo y, sin embargo, se ve encadenada y prisionera. Ya sé, ya sé que tengo una visión muy negativa, pero es que esto también se tiene que contar, no todo son flores, ilusión y piel con piel, y un discurso de Marketing para controlarnos a todas y atarnos en las tinieblas.

    Como yo no me creo el dogma del amor condicional, diré que las mujeres sin hijos, podemos encontrarnos muchos puntos positivos en nuestra elección a nivel de libertad o económicos, sino tenemos otras cargas o un trabajo increíblemente precario; lo que es verdad es que el discurso rancio sobre el problema que suponemos no parece irse a ninguna parte.

    Seguimos siendo un problema. Porque somos lo que dice la viñeta, fiesteras, egoístas, pasotas e incapaces de adaptarnos.

    Bueno, haberlas las habrá, pero a día de hoy, los contenidos que buscan generar enfrentamiento me parecen faltos de honestidad. Quieren complacer a unos y enfadar a otros, sin mayor interés que en posicionarse en redes y conseguir que haya muchos comentarios, alimentar, de nuevo, al monstruo. Da igual que unas le deis las gracias y otras le digais que WTF, le da lo mismo, estamos una vez más, gritando al vacío y alimentando el algoritmo.

    Y lo peor, es que lo necesitamos.

    Yo necesitaba gritar al mundo que me sentía sola porque todas mis amigas empezaban a tener hijos mientras el Marketing de la sociedad Post-COVID volvía a un mensaje único santificado sobre la maternidad, y decidí aprovechar que podía escribir.

    Mucha gente necesita llegar a ese post y gritar al mundo que están SOLAS. Y si hay algo común en los comentarios es que todas nos sentimos SOLAS, ABANDONADAS y desoídas. Y en muchos casos será cierto, y en muchos casos habremos sido responsables, y en otros las redes sociales te recuerdan que ERES LA MEJOR y que LA CULPA ES DE LOS DEMÁS.

    Tu amiga con hijos es el problema.

    Tu amiga sin hijos es el problema.

    Eso es fácil, y es un mensaje que genera malestar, y nos aleja una vez más del verdadero problema, que es que no estamos preparadas para la vida de hoy, y que estamos solas y bien fastidiadas. Porque es demasiado complejo criticar el sistema, pero es fácil criticar a esa amiga del instituto; porque es complejo criticar el consumo y el nivel de exigencia, pero es fácil enfadarse porque tu amiga no va al parque contigo.

    Sería mucho mejor darnos cuenta de que los mensajes ABSOLUTOS no funcionan y estamos cayendo en una narrativa que solo nos daña.

    Por supuesto nadie que no tenga hijos va a ir al parque todos los días con sus amigas con hijos, pero puede ir alguno y puede ir decidiendo, ahora que ha llegado este cambio, enfocar su amistad con las herramientas que tengan ahora; Por supuesto una madre no puede salir ya todos los fines de semana, pero se puede repartir la carga con su pareja y, cuando haya pasado la adaptación del post-parto, igual le apetece salir. Y puede que tarde, que es que nadie te habla de lo puñetero que puede ser el post-parto…

    AMBAS harán el esfuerzo SI QUIEREN.

    Lo que está claro, o debería, es que todo cambia, y el problema es que el camino de las madres parece estar muy claro (aunque lleno de espinas que nadie contó, o que prefirieron ignorar) pero el de las mujeres sin hijos no, porque lo que está lleno es de maldiciones, amenazas de países como Rusia por no tener hijos, y rechazo…

    Y es duro.

    Pero no deberíamos buscar enfrentamientos entre nosotras. Perdemos el tiempo y el foco.

    (Eso sí, si tenías una amiga y durante su no maternidad o maternidad, te has dado cuenta de que no tenéis nada en común o ves que se rompe el vínculo, desde luego, enfádate, desde luego puedes tener razón, desde luego puedes ser la única en grupos de amigas madres, o la única sin hijos entre amigas no madres, y es cierto que recibimos rechazo, y que no nos lo merecemos. )

    Así que estaría bien que no generemos el conflicto nosotras mismas.

    Así que no.

    No todo vale por el clickbait.

  • SALVE María

    marzo 1st, 2025

    Cuando leas esto ya habrá pasado todo el jaleo del Goya a la mejor actriz revelación, Laura Weissmahr por la película Salve María.

    Aunque ya anteriormente se habían hecho eco de esta película.

    Aunque poco.

    En realidad puede que llegues a este blog con poco interés en el cine, menos aún en el cine español, menos aún en una película que parece hablar de maternidad, tras unos cuantos años de muchas películas, series, libros y artículos que nos vinculan a la maternidad de una manera inevitable pero, en ocasiones, también insoportable.

    No es el caso de Salve María.

    Aquí esta película ha cumplido con todos los checks del denominado peliculón. Desde luego, para mí.

    ¿Creo que la película puede herir sensibilidades?

    Claro.

    A día de hoy parece que la ofensa por lo que interpretamos de los contenidos es algo que se destaca mucho más que la ofensa que suponen las políticas o decisiones en lugares de poder.

    Las miradas disidentes con fines artísticos en temáticas consideradas intocables se miden con una vara mucho mayor de la que mediríamos cosas como las políticas hacia el medio ambiente.

    En fin, me lío. Lo que quiero decir es que parece que una publicación o escrito de una mujer que no cumpla las normativas esperadas, siempre generará polémica y molestar en algunos sectores. Así que, sí, esta película también lo hará.

    Y hace bien en hacerlo.

    Y me atrevería a decir que eso mismo es lo que la hace tan buena, que se ha hecho sin miedo y sin límite. Y con una fuerza de la naturaleza.

    Matías G. Rebolledo comentaba que esta película suponía aire fresco a un cine español en el que las mujeres están demasiado acostumbradas al rol de redentoras y no puedo más que, primero, darle la razón, segundo, llevarlo a mi propio terreno tanto en la vida como en lo que se espera que escriba como mujer.

    Empecé a escribir el blog en 2022 y eso significa que pasé unos dos años buscando películas, libros, contenidos en Internet (apenas encontraba cosas en Reddit) en los que se hablara de la no maternidad por elección y encontré relativamente poco, o más bien, entre POCO y NADA.

    Sin embargo, encontraba muchísimo contenido sobre la maternidad desde la santidad, la idealización e, incluso, desde la reivindicación, pero con ese mensaje que indica que es algo inevitable e ineludible, de lo que nunca podrás escapar. Pero de buen rollo, porque, claro, en el fondo «todas las mujeres queremos lo mismo, que es eso».

    Miles de películas, búsquedas, lecturas que apuntalaban en esa dirección. Y si había algo en relación a la no maternidad, te pasaba algo y era un problema que deberías solucionar antes de que fuera tarde.

    Y las historias sobre las madres venían con un halo de reivindicación en las comedias y santidad en los dramas. Como si solo existieran esas experiencias. Y creo que por eso hay que reivindicar esta película. Lanza un mensaje distinto, único, y, le pese a quien le pese, no es falso, no ha inventado algo que no se haya visto jamás.

    Se prefiere que no se cuenten esas historias en las que las madres no conectan con sus hijos, o en las que hay una aversión, o en las que la maternidad genera un rechazo o dolor incontrolable. No queremos que existan.

    No queremos ver Persona, ni leer Madres arrepentidas, y queremos ocultar una de las mejores películas de Ken Loach, Ladybird Ladybird en las que se habla de cómo una mujer pierde a TODOS SUS HIJOS por su situación social, económica y precaria en Inglaterra.

    No queremos porque, igual, de repente decimos «pues eso me puede pasar también y… pues no tengo tantas ganas de ser madre».

    No deberíamos evitar esos contenidos o sólo consumir aquellos en los que todo sale bien, y no digo por ello que no veamos feel-good movies o veamos cosas que nos hagan felices, pero que al final parezca que todo el contenido sobre maternidad es para ensalzarla o romantizarla no nos coloca en un lugar realista y no nos cuenta cosas que pueden pasar. Y el cine no es barato y hay decisiones, desafortunadamente, de empresas y empresarios que tienen muchos más intereses políticos que artísticos. No nos engañemos.

    No creamos que hay millones de películas con bebés preciosos y jovenes embarazadas por accidente que descubren que eso era lo que les haría felices porque es la única realidad de la maternidad.

    Algún día me gustaría sacar un listado en la línea de lo que dijo Andrea Ros de Madremente en un podcast, que habló de aspectos nada positivos de la maternidad y afirmó que era importante no mentir a las mujeres y que pudieran tomar su decisión con datos, experiencias y sin falsos testimonios.

    Deberían haber más películas sobre no maternidad, más contenidos, más mamíferas, más películas sobre ficciones en las que no ensalzamos las vidas más conservadoras.

    Y, en ese aspecto, «Salve Reina» surge como una obra maestra que nos cuenta algo que no se quiere ver, pero es inevitable.

    Es inevitable que surja, entre tanto falso brilli brilli, una película que hable de la maternidad de una manera tan oscura.

    Hacía tiempo que no veía una película que tuviera una visión tan única sobre el tema y que la narración, tan poética, esté tan bien a todos los niveles y me gustaría que la vierais.

    Eso sí, si estáis preparadas para ver una película que rompe el mito de la conexión inmediata entre madre y criatura y nos habla de una maternidad que no va como te dicen que va y que desemboca en algo realmente oscuro y aterrador. Y a la vez, realista y, en algunos casos, inevitable.

    El personaje de María podría parecer tremendamente complejo, y lo es, pero, me temo, y temo que eso asuste a esas mentes colmena que solo conocen una verdad, que no es un caso tan aislado y tan extremo como podría contarse. Más que nada porque entonces Orna Donath no habría escrito «Madres arrepentidas» ni Katixa Agirre habría escrito «Las madres no», el libro en el que se basa, muy ligeramente, la película.

    María es una mujer joven, una escritora, que está viviendo los primeros meses de su maternidad desde el aislamiento y la soledad. No tiene un mal entorno, pero sus amigas la han dado espacio, su pareja intenta estar ahí para ella pero María, simplemente, no está en ese lugar en el que mágicamente nos cuentan que llegan las madres. Ella vive una maternidad en la que no es capaz de hablar con su hijo, ni ser como las demás madres, ni hacer las cosas como ellas, y cuando conoce a madres precarias, tampoco encuentra la conexión, tampoco está allí.

    Y el lugar en el que conecta, en el que entra, es en la psicosis de la historia de una completa desconocida que ha ahogado a sus dos gemelos. Una mujer a la que no conoce pero con quien, en cuanto ve que pueda haber cualquier conexión, genera un vínculo ficticio y se convierte en la persona más importante de su imaginario.

    María, como escritora, vive en la ficción y se va a esta historia porque se ve, desafortunadamente, más cerca de conectar con esa historia, que con las maternidades que ve a su alrededor.

    Y es horrible.

    Y vive auténticas pesadillas, dolor, desesperanza, pero lo que más angustia al personaje, no es solo el hecho de verse reflejada en esa persona y pensar en si podría hacer algo así, sino esa culpabilidad por no haber entrado en esa nueva personalidad que le decían que aparecería.

    Evidentemente, la historia también habla del miedo, de incluso el sentir que cuidas más a la criatura alejándote de ella porque sientes que eres un peligro para ella (no es la primera historia que se puede leer en sucesos sobre una madre en estado psicótico), y, truculenta, poética y dura, tiene un espacio para perdonar a esa mujer.

    Porque María no tiene la transformación que queremos siempre, esa redención que buscamos invariablemente en las mujeres, y yo la entiendo, y entiendo que eso, igual que una mujer puede tener una criatura y amarla por encima de todas las cosas, eso también puede pasar.

    También os diré una cosa.

    No he conseguido que nadie quiera ver la película a raíz de recomendarla y, por supuesto, he recibido alguna mirada de soslayo de aquel que considera que, como me ha gustado una película aterradora, disidente, y que habla de las madres desde un lugar nada idílico, tengo un problema.

    ¿Por qué las películas han de dar un mensaje concreto y optimista?

    ¿Por qué debemos entender las cosas cuando no hacemos ningún ejercício activo por entenderlas?

    ¿Por qué no buscamos cosas distintas?

    Supongo que cuando encajas en todos los mandatos sociales y has hecho un check en todo lo que aprueba el capitalismo, es mejor ver contenidos culturales que asienten esa sensación de comfort y aceptación. Y alejarte de cualquier cosa que pueda tambalear esa falsa sensación de seguridad.

    Yo creo que no.

    Yo creo que la balsa no está fija, y que por eso es una balsa.

    Y no me preocupa ni no tener hijos ni que me guste Salve María, Persona o Madres arrepentidas.

    O el libro Las madres no, en el que basaron Salve María.

    Pero esa es otra historia.

    Recomendadme historias, películas, libros, podcasts sobre no maternidad, al final no llego a todo y me gusta enterarme.

    Y gracias por leerme.

    Siempre, gracias por leerme.

  • DEMONIOS

    febrero 5th, 2025

    La definición de «demonizar» es la siguiente: Atribuir a alguien o algo cualidades o intenciones en extremo perversas, incluso diabólicas.

    Al parecer, esta nueva ola de mujeres que escribimos o hablamos en redes sociales sobre nuestra vida sin hijos estamos demonizando la maternidad.

    Como no se hace esperar, cada vez que se toca un tema sagrado, sean las creencias o la maternidad, hay un grupo de personas que deciden acatar el problema y hacer lo siguiente:

    1. Buscar/Encontrar contenido de esos demonios
    2. Invalidar los mensajes, criticar y fingir ofensa
    3. Incluso intentar que se retiren los contenidos
    4. (y el peor, hecho todo esto ya) Definir el enemigo

    En muchas ocasiones, encontramos el perfil de José Luis, pero últimamente también tenemos el de algunas madres. Y sus comentarios son los menos fáciles de digerir y los que más duelen porque queremos pensar que las mujeres podemos hacer equipo, que podemos evitar esa necesidad tan masculina de competir, de chocar, de confrontar…

    Pero no es así.

    Y la red QUE ES INMENSA, y que tiene el algoritmo dividido entre hacerte consumir productos que no necesitas y cabrearte para que pases horas alimentándole a base de scroll, está llena de absolutamente todas las personas que buscan llenar huecos, pero sobre todo, vacíos.

    Y es un problema, porque desde el vacío es mucho más difícil construir comunidad, pero no entraré en eso hoy porque no es del humor en el que estoy.

    El humor no es bueno.

    Y el humor no es bueno porque, en general, estamos viviendo una época de muy malas noticias, propiciada en su mayoría por oligarcas déspotas que han decidido ir más allá que Alejandro Magno, y parece que en vez de crear un imperio, lo que quieren es ser los causantes del fin de la humanidad a base de guerras, desplazamientos, apoyo militar y persecución a la ciudadanía.

    Creo que podríamos (o deberíamos incluso) estar todos de acuerdo en quiénes son los enemigos, qué estamos perdiendo, la necesidad de crear vínculos, de no estar solo ante este neoliberalismo en el que todos vivimos en un sistema feudal digital y todos somos siervos. Todas las personas.

    No sé quién leerá esto, pero seguramente sí, tú también.

    Y si no quieres leer esto es momento de irse, porque no se pone mejor.

    Bueno, sí, porque ahora volveré a hablar del demonio.

    Y de demonizar la maternidad.

    A ver…

    «Hablar de que no quieres tener hijos es demonizar la maternidad»

    ¿Por qué? Si no la incluyes en tus planes de vida, no puedo estarla demonizando. Demonizo muchísimo más a los políticos de mi comunidad autónoma, empresarios, empresas y celebrities cada día ya que son ejemplos nefastos de cómo nos vamos al garete, y cómo lo hago, hablando de ello. ¿Y sabéis dónde no lo suelo hacer en demasía?

    En sus redes sociales.

    Porque…. No tenemos tiempo para ponernos a hablar con ellos. ¿De qué? ¿De que están destrozando el mundo con su codicia? Como si no lo supieran…

    Pero sí, volvamos a demonizar.

    «Nunca he querido ser madre»

    Al parecer, es una frase que demoniza a las madres. Y me pregunto si es que las madres han sido todo lo que han querido ser, si no se han dejado nada, o si han elegido cosas para no hacer otras.

    Parece que no hay una elección ahí, sólo puedes desearlo y ya está. O CALLARTE, porque es de mala educación decirlo.

    Tengo mucha suerte, al escribir estas líneas, sabiendo que tengo amigas con hijos, que han vivido mejores o peores maternidades, y que no tienen ningún problema con que las mujeres planteen otras vidas, otras existencias y que la no maternidad pueda dejar de ser una disidencia para ser una elección más como cualquier otra.

    Me doy cuenta de como hay muchas personas, madres o no, que eligen las redes sociales para evitar este horrible contagio de la capacidad de elección, y como lo hacen desde un lugar mezquino y ruhín, porque da la sensación de que algunas personas no pudieron elegir, y no pueden tolerar que otro lo haga.

    Y ya que no pueden evitar que más mujeres se lo piensen dos veces (o que decidan parar después de mucho tiempo intentándolo y decidan, simplemente, que pueden vivir sin ser madres), lo único que pueden hacer es… Huy… ¿demonizarnos?

    Cada día más gente critica que las mujeres hablen de que quizá no sean madres porque está empezando a ser una conversación, está empezando a ser una decisión, empieza a coger espacio… Y lo hacen porque, como con todas las disidencias, si puedes amenazarlas y destruirlas al principio, es más fácil que no avancen.

    Pero es que la maternidad no es la única cosa que está establecida en la normalidad y hay montones de maneras de ser madre.

    Y muchas se encuentran, siendo madres, con un sin fin de rechazo y de dificultades, para no recibir una medalla ni un pin por haber traído una criatura al mundo.

    Sería mejor que no nos enfrentásemos entre nosotras.

    Y además, el demonio como insulto.

    Hay una novela llamada «El Maestro y Margarita» de Mikhail Bulgákov en la que el personaje del demonio se ocupa de ser el ángel vengador del protagonista de la historia.

    Y casi acaba siendo el protagonista.

    Sin duda, es uno de los mejores personajes. Tiene poder, determinación e inteligencia.

    Si lo pensamos bien, el término «demonio» es incluso un halago.

    Así que, muchas gracias.

  • Apropiarse de la narrativa

    enero 24th, 2025

    Como mujer que no quiere tener hijos, soy de las personas más afortunadas.

    Si le ha supuesto un problema a mi familia directa, nadie me lo ha dicho, tengo a mi pareja en mi equipo y no he vivido situaciones incómodas de invisibilidad o ridiculización en los últimos años.

    Aunque, como dicen, lo mejor siempre está por llegar y los oligarcas están entrenando a sus acólitos para odiar a mujeres como yo. Pero eso es otra historia y esa gente no merece un hueco en nuestros espacios.

    Sin embargo, viviendo parte de la vida en el entorno digital, leo muchas veces a mujeres con hijos, y a hombres con o sin hijos, molestos ante esta decisión.

    Así que, en muchas ocasiones, me hago la pregunta.

    Pero, ¿qué les molesta?

    Si pienso en el por qué, solo puedo pensar en esas relaciones adolescentes en las que nos convertíamos en fans de las Spice Girls o los Backstreet Boys buscando lo que no sabíamos que era, un sentido de comunidad.

    No nos juntábamos porque nuestro gran sueño fuese ser Geri Halliwell (el mío sí), sino porque ya habíamos conectado de manera no consciente con el vacío existencial de la adolescencia, ese primer momento en el que no somos niños y sentimos una ausencia, una carencia, y nadie se sentaba contigo a explicarte el por qué de esa tristeza, el por qué de esa angustia, y cada uno hacía lo que podía, si podías apoyarte en tus padres, hermanos, genial, si no, en tus amigas, si no, en nuestros ídolos…

    Pero búscabamos la comunidad.

    Y las comunidades de madres/padres han estado en alza en los últimos cuatro años. Gente que vivía la maternidad en grupo, que se apoyaba y en el que nadie se quedaba solo.

    Aunque eso, siempre, en el mejor de los casos.

    Muchos años y terapias después, descubres que el cuerpo crece pero el alma no, como dijo Pablo Messiez en Las Canciones, y te das cuenta de que hay nuevas actividades y horarios para llenar el vacío existencial, y que incluso gracias al consumo, puedes también aguantarlo.

    Estaréis pensando que creo que la gente tiene hijos por llenar ese vacío existencial y no es así. Al menos, no todo el mundo lo hace por eso, aunque habrá casos, y, estadísticamente, también existen, ¿no?

    Están aquellos que querían maternar, aquellos que querían un bebé, aquellos que lo han hecho por presión familiar o social, otros por creencias religiosas, otros por creencias económicas, y, SÍ, también aquellos que lo han hecho para sobrellevar el vacío existencial.

    De modo que esta elección, no solo se ve única, sino que, el hecho de no tomarla, hay gente que lo ve como un desafío al Status Quo.

    Puede serlo, aunque yo soy, ya que he mencionado las creencias, de la creencia que siempre tiene que haber alguien desafiando al status quo, discutiendo ante la falsa estabilidad y señalando incomodidades.

    Si no soy yo, celebro que sea otra persona.

    La disidencia es una parte importantísima de la diversidad.

    Igual no estás de acuerdo pero, entonces, ya que no nos conocemos en persona en muchos casos, mi pregunta es:

    ¿QUÉ TE IMPORTA?

    Honestamente.

    Cuando hay madres y padres que entran en redes sociales, que buscan expresamente grupos, conversaciones y eventos de gente que no tiene hijos por elección, ¿QUÉ ESPERAN ENCONTRAR?

    Yo no busco grupos de maternidad en los que escribir a madres y decirles que su vida sería mucho mejor sin sus hijos. Primero porque no lo pienso y segundo porque no tengo tiempo más que para mi propia vida como para meterme en la de otros.

    De modo que mi teoría es que ese desahogo ruhín, desagradable y de adolescente agresivo de instituto, es un discurso más que forma parte de mirar el vacío existencial y dejar que te arrastre.

    Y eso hace que, para estas personas, que haya gente que haya desafiado las convenciones, estén bien y quieran hablar de ellos, sea intolerable.

    No quieren que exista la narrativa.

    No quieren que haya mujeres trabajando en nuevas narrativas, nuevas vidas y desenlaces para las mujeres que no han tenido hijos, ya sea porque no han querido, e incluso, porque no hayan podido.

    Y les resulta tan intolerable y molesto, que buscan la narrativa para destruirla.

    Por si no tuviéramos bastante con Putin sancionando discursos de gente sin hijos en Rusia, a Trump en Estados Unidos definiendo a mujeres y hombres como gente que aporta células en la concepción y JD Vance con lo de las mujeres-gato, también tenemos que aceptar que entre gente resentida y con ganas de pelear a nuestros espacios.

    Y poner nuestra mejor sonrisa.

    Y aceptar que nuestra narrativa importa menos.

    ¿Y por qué debemos nosotras aceptar algo tan limitado y conservador? ¿Por qué debemos vivir nuestra única vida de la misma manera en la que la viven los demás?

    Hay una cosa que debería quedarte muy clara si estás leyendo esto y eres una persona convencida de que tener hijos es la única vida posible para una mujer y que mi discurso es intolerable:

    Estás en el lugar equivocado.

    Y si has llegado hasta aquí, lo has hecho por propia voluntad.

    Yo no te he invitado a hacer scroll y leer hasta aquí.

    Y si tienes algo que decirnos es porque tú nos estás buscando y tú eres quien invades el espacio que no te pertenece.

    Porque este espacio es mío y le pertenece a las mujeres que buscan una narrativa sin hijos con la que puedan identificarse.

    Deberías plantearte por qué sientes que tienes derecho a invadir narrativas que no son tuyas.

    Y deberías alegrarte de que existan más narrativas, y que las mujeres tengan más alternativas, y que puedan elegir libremente si quieren ser madres o no.

    Por tus hijas, al menos, ¿no?

    Porque querrás que ellas tengan una narrativa y puedan hacer lo que les haga felices. No tener hijos simplemente porque sea lo que alguien espera de ellas.

    En realidad, me da lo mismo lo que alguien pueda decir o no.

    Yo estoy muy tranquila sabiendo que no estoy entrando en espacios a insultar a nadie, que no busco pelea y que, si estoy leyendo algo que no me gusta y no me interpela, puedo dejar de leer cuando quiera.

    Tú verás.

  • Fiona Apple: Criminal. Condenada y sin defensa.

    enero 13th, 2025

    Fiona Apple es una cantante y compositora que se dio a conocer a mediados de los 90 con tan solo 18 años.

    Rimbaud escribió sus mejores poemas con 18 años, Drew Barrymore tomaba drogas con diez años.

    Fiona Apple fue violada con 12 y convertida en una estrella con 18.

    A lo mejor hay gente que está preparada para eso y más (NO), aunque ese no pareció ser su caso (PORQUE NO).

    Ella con 18 años ya era una persona herida, abusada, maltratada e invisibilizada por el mundo y, cuando accedió a la fama y, simplemente, no pudo curar su dolor, fue culpada de su propia miseria.

    ¿Acaso no se ha dicho siempre que, para conseguir el éxito, hay que aguantar todo lo que te echen? ¿Acaso no nos han dicho también que, si no lo haces tú, lo hará otro? ¿Acaso no hemos descubierto hace unos años que eso ha llevado a unos abusos de poder en industrias millonarias como… no sé… la música?

    Bajo ese prisma, Fiona Apple tenía todas las papeletas para no salir viva de ahí, para sufrir todo y hundirse.

    Pero no se hundió.

    Escapó.

    Pero no convirtiéndose en una gran estrella amada por todos y con su propia legión de Fionies.

    Ese no era su destino. Y tampoco era el que quería.

    Se sabe de Fiona Apple que siempre compuso canciones, que amaba la música y que hizo diferentes demos para dar a conocer su trabajo… Aunque eso significaba interactuar con gente y eso… No le gustaba.

    En varias entrevistas, Fiona Apple se ha sincerado sobre lo poco que le gusta hacer promoción y hablar de sí misma y de su música, y de cómo se la ha tachado de tímida y borde por, simplemente, no tener personalidad de celebrity o persona que disfruta toda esa atención.

    Pero aunque se escuchaban sus canciones, a ella no se la escuchaba.

    No fue la única vez que Fiona habló de algo en una entrevista y la gente pensó que mentía, que manipulaba, que no era sincera.

    Resulta curioso que una cantante con unas letras tan honestas, tan profundas y tan sensibles, fuera tachada tan rápido como hipócrita. Es decir, ¿por qué entonces su primer disco Tidal, en 1996, se convirtió en semejante fenómeno y empezó a ganar discos?

    Ha habido mujeres de talento y éxito antes, pero sin embargo Fiona Apple fue el cabeza de turco de los 90, con la opinión dividida entre su talento y sus opiniones.

    Concretamente, una.

    Su discurso de aceptación de su primer Grammy en 1997.

    Con 19 años, éxito, belleza, delgadez y admiración, Fiona Apple decidió criticar a la industria de la música desde dentro y pedir a sus fans que no vivieran pensando en ello como un objetivo que, a todas vistas, sería decepcionante.

    Aquella chica fue acusada por la prensa de ser una auténtica hipócrita.

    Y es que no hay nada como unos medios conservadores para despotricar y hundir al que protesta, sobre todo si es una mujer, es disidente y ha mordido la mano que da de comer.

    ¿Os suena?

    Pues imaginaos si sois una chica de 19 años, habéis logrado sacar vuestro primer disco, tenéis fama, trabajo y dinero pero, por otro lado, tenéis un desorden alimenticio porque sufristeis una violación con 12 años, no estáis cómodos con la gente porque os sentís inseguros, bebéis y os drogáis, y os sentís solos porque no tenéis relaciones familiares y amistades sanas.

    En los 90, se asumía siempre la delgadez como una elección voluntaria tan sencilla y aceptable como cualquier otra. Incluso a día de hoy, se considera que es mucho mejor estar enfermo que no tener un cuerpo normativo.

    Y Fiona Apple no tenía derecho a quejarse, ya que si era joven, exitosa guapa y extremadamente delgada lo tienes todo, ¿quién se creía que era? ¿Acaso no era ella precisamente quien debería estar agradecida a ese mundo? ¿Acaso su belleza y delgadez no eran prueba de que había pasado por el aro igual que cualquiera?

    En esa denuncia, en esas palabras en las que yo entendo un grito de auxilio, en el que grita desde un vestido blanco y una vulnerabilidad honesta, una virgen que está siendo devorada por Nosferatu o Poseidón, que nos dice:

    Es todo mentira.

    Yo soy la prueba de que todo es mentira.

    Todo lo que creéis que soy es mentira.

    Pero siempre ha sido demasiado fácil desacreditar a una mujer. Sobre todo si esta es joven, sensible, vulnerable y, sobre todo, si tiene un fuerte carácter disidente.

    No se entendía, y a veces no se entiende, de que un espíritu así, una creadora así, solo quiere el espacio que da el dinero y la seguridad para componer, para trabajar en su música, para compartir con el mundo lo que quiere decir.

    Pero siempre que cumpla las condiciones de celebridad, como sucede con Beyonce o Taylor Swift.

    Ojo que no las critico, pero es gente que se debe a sus fans, que trata al público con simpatía y cariño, que las convierte en personas carismáticas, no sólo en músicas.

    Eso está bien.

    No aceptar la condición de celebridad cuando te haces así de famosa, no lo está.

    Hablar desde la música, la sensibilidad, mostrarte como un juguete roto… Eso tampoco está bien.

    Al leer sobre la historia de Fiona Apple veo claro cómo hay un deseo por la destrucción de la vulnerabilidad de las mujeres, por acabar con esas mujeres sensibles y rotas, por apartarnos de ellas y sólo ir por las opciones que nos encajen ideológicamente. Empoderamiento, belleza, fortaleza, éxito.

    Los juguetes rotos, a la basura. Como Fiona.

    Si miramos las entrevistas que le hicieron, acusarla de hipocresía me parece una jugada más que sucia.

    Si veis cualquier entrevista de Fiona Apple a día de hoy, no sé a vosotras, pero a mí me queda clarísimo que era alguien que no tenía ningún interés en las entrevistas, promoción, premios y fama, sólo en su música.

    ¿Por qué lo sé?

    Porque lo dice explícitamente.

    Pero una desacreditación como esa, vino acompañada de algo más, algo que acabara de lanzar esa imagen de falsa e hipócrita que intentaban encontrarle.

    Su videoclip, Criminal.

    Nunca ha sido una buena época para el doble sentido, la crítica velada, el subtexto y la no literalidad.

    Y este video fue aclamado y premiado, para luego ser criticado y rechazado.

    Fiona Apple fue aplaudida por hacer una canción atemporal y de una calidad incuestionable, una canción que sigue sorprendiendo casi treinta años después, pero fue much más duramente criticada por su físico, y, precisamente, también por la letra. Fue ensalzada y apedrada a la vez.

    En la letra Apple se pone la etiqueta de ser una chica mala que se aprovecha de un hombre bueno para conseguir lo que quiere. Por ello, busca su redención, y la canción es la búsqueda de lo que debe hacer para pagar sus pecados ya que, lo que ha hecho, la convierte en una criminal.

    Acusada. Juzgada. Hundida.

    ¿Habría algo de ironía en la letra? ¿Y en el vídeo? ¿Un intento de denuncia hacia esas fiestas de millonarios del cine y de la música en las que se mueven drogas y menores de las que se aprovechan, no precisamente Fiona Apple? ¿Acaso ella se culpaba y buscaba la redención pero estábamos viendo que los criminales eran otros?

    Supongo que no fui la única con la duda y eso causó mucho resquemor y mucho odio para Fiona.

    Aunque no le gustaba, se puso en el centro de nuevo, para denunciar.

    Y se volvió contra ella.

    Otra vez.

    Es triste ver cómo una mujer tan talentosa, tan sensible y trabajadora, que pudo llegar a todo el mundo con su primer disco con 18 años, sea tan fácilmente apartada de la opinión pública por no resultar agradable o simpática.

    Pero donde se lanza este mensaje de crítica hacia esta mujer disidente y no conformista, donde se intenta acusarla de problemática, manipuladora y falsa, hay información, datos y momentos en su vida que han dejado más que claros que era una persona honesta, sensible, comprometida, y que hubiera preferido vivir una vida artística menos expuesta e internacional, más centrada en la música, en componer, dar conciertos, actuar.

    Y en Fiona veo un claro patrón que se hace de las mujeres sin hijos: todo el mundo está contando una historia sobre nosotras con un altavoz de mucho más volumen hasta el punto en el que ya no se nos puede ni escuchar.

    Bueno, y de muchas mujeres.

    Por no sonreír.

    Por morder la mano que te da de comer.

    Por no darnos las gracias.

    Por no hacer lo que te decimos o, cuando lo haces, exponernos.

    Por ser bella.

    Por tener talento.

    Por ser rota.

    Pero, ¿sabéis qué?

    Que nada de esto rompió el espíritu de Fiona Apple.

    En 2020 volvió a ganar un Grammy por su último disco, Fetch the Bolt Cutters.

    Y os digo, sigue siendo una gran artista y ha encontrado un lugar en el que hacer su música.

    Huyendo lejos del centro del huracán, viviendo con una amiga, cerca de amigos, ha podido dedicarse a la música y vivir una vida tranquila.

    Y ahora ha encontrado lugares donde, al dar entrevistas, hay personas que la creen, que la dejan hablar, que dejan que cuente su historia y su punto de vista.

    Y además, ha hablado de algo en lo que nunca nadie la escuchó cuando dio su discurso de aceptación del Grammy con 18 años cuando nadie la creyó: de la fe que tiene en las mujeres músicas.

    En sus últimas intervenciones, gracias a podcasts y páginas alternativas a medios conservadores, Fiona Apple habla de nuevo de los abusos, de su soledad y de cómo, de haber recogido su Grammy, lo hubiera reventado con un martillo y hubiera animado a sus compañeras a romperlo con ella.

    Porque solo sus compañeras son el futuro de la música y no los premios.

    Quiero pensar que ahora hay más gente que escuchará a personas como Fiona, que están sus lugares en Reddit, Substack, Tik Tok, podcasts y periódicos alternativos, y que no necesitarán la fama extrema para que llegue su mensaje.

    No sé qué le deparará el futuro a Fiona Apple, residente en Estados Unidos, donde está a punto de comenzar a gobernar un auténtico criminal que nunca ha pagado por los crímenes que ha cometido, comete y cometerá.

    Pero espero que nadie vuelva a atreverse a acusarla de ser una criminal porque no lo es.

    Yo te absuelvo.

    Gracias, Fiona Apple.

  • ¿Te gustan los niños?

    enero 8th, 2025

    Confirmado.

    A la mayoría de la gente que se convierte en padres no les gustan los niños, y esto se hace evidente cuando no se involucran con más niños que los propios, cuando nunca quieren ir al parque, acompañar a actividades o recordar los nombres de sus mejores amigos del colegio.

    Vale, not all parents…

    No es que pase nada.

    A mí no me importa que no te guste pasar la tarde organizando una fiesta para los 20 amigos de tu hijo, lo entiendo, debe ser muy estresante, debe llevar muchísimo trabajo, paciencia y pasar tanto tiempo con tantos niños debe ser agotador.

    Pero entonces…

    ¿Por qué se pregunta a la gente sin hijos si les gustan los niños? Si ya sabemos que solo es una parte de la maternidad y, además, quizá de una intensidad que no queremos todos.

    ¿Por qué no se pregunta si quieres convertirte en referente, protector, proveedor y acompañante de una persona desde el principio de su vida hasta el final de la tuya? (y eso si todo va bien)

    Sabiendo esto, la pregunta puede incluir la siguiente trampa: a todos nos gustan los niños. Los niños son sagrados. Los niños deben gustar. Si alguien dice que no le gustan los niños queda mal. Si yo he tenido un hijo ya, ya no puedo quedar mal, aunque no me guste pasar tiempo con ellos. Sé que no tiene nada que ver, pero alguien tiene que quedar mal, ¿no? Y no voy a ser yo…

    Puede parecer raro, pero un amigo me dio la clave hace meses.

    Él me hablaba de cómo tiene una conexión con su hijo que es única, cómo le interesa verle crecer y estar con él pero también como, fuera de esa relación, no tenía ningún interés en otros niños. Incluso confesó que veía mi capacidad para relacionarme con niños algo poco comprensible.

    Que era normal que fuera de la paternidad, no existía el interés hacia las infancias.

    Que era anormal que hubiera un interés o afecto hacia niños que no eran tuyos.

    En mi caso tampoco es que lo entendiera, pero lo veía sincero.

    ¿Queda claro?

    A los padres les gustan SUS hijos.

    Pero son los únicos niños que están dispuestos a aguantar porque son SUYOS.

    ¿Ahora sí?

    Corregidme si me equivoco, pero eso no es que le gusten los niños. Significa que existe una relación de protección y pertenencia con la descendencia, a lo que hay quien llama amor incondicional, y a lo que se cuida, ama y protege, pero fuera de ahí, el resto de los niños son unos seres que, como he oído alguna vez en círculos cercanos «que se ocupen sus padres, que yo bastante tengo con mis hijos».

    Y como hace mucho que no me pongo feminista, ¿alguien más se ha dado cuenta cómo a un hombre no tienen por qué gustarle los niños, pero a una mujer sí? (Todos nos hemos dado cuenta)

    A un hombre no solo no se le pregunta si quiere tener hijos, o si se va a perder la experiencia de tener sus hijos, o si tiene miedo de no conocer el amor incondicional, como mucho, se le preguntará qué opina su mujer… Porque, de ella, siempre se asumirá que querrá tener hijos, que temerá no conocer el amor incondicional o perderse la experiencia de ser madre.

    Dentro de la gente que no queremos ser madres, somos todos muy distintos, hay gente que no quiere tratar con niños, hay pediatras, profesores de infantil, autores de libros infantiles, abogados, millonarios odiosos con nueve hijos…

    Que yo pueda relacionarme con niños, sea capaz de interactuar y hacer bromas es una cosa.

    No es el caso de todos…

    Ni siquiera de todos los padres.

    Y es que no importa, si ser niño dura un segundo.

    En serio, en breve, tus hijos serán adolescentes, adultos, incluso viejos, pero su comunidad, sus posibles amigos y su entorno no están entre tus intereses, estás demasiado cansado y te aislas en la experiencia con tus hijos y no te interesa absolutamente nadie más.

    ¿Por qué deberías? Si bastante tienes con lo tuyo.

    ¿Acaso el mundo no va a hacerse automáticamente mejor porque yo he tenido un hijo? ¿Acaso no ha sido suficiente esa contribución?

    Ya sabéis la respuesta.

    Mucho mensaje pasivo agresivo con odio hacia las personas sin hijos, viene de ahí, del no poder más. Y de más cosas, pero hoy me he propuesto hacer un texto breve y no tenemos tiempo para entrar en toda la basura ponzoñosa que rige la madre Tierra y ha tenido unos hijos que se convertirán en personas tan horribles como sus padres…

    La maternidad y paternidad en esta época vienen aplastadas por un sistema en el que, si se ha de trabajar para proveer de todo lo necesario, idas y venidas incluidas, estarás demasiado cansado para disfrutar ese supuesto amor incondicional y esa conexión.

    Y cada vez que lo sientas, será demasiado breve e insuficiente. ¿O nunca se ha escuchado el «éramos felices y no nos dábamos cuenta»?

    El dinero no da la felicidad, pero la precariedad y la desigualdad no permiten disfrutarla.

    A lo mejor, al no tener en concreto esa descendencia y progenie, estoy más abierta para formar unos vínculos que sean tan estrechos como elija, sin haberme involucrado en un compromiso que no quería para mí… (O no, pero puedo elegir)

    Pero tú sí lo querías, ¿no?

    Ahora en serio, no pasa nada si no te gustan los demás niños y solo te gusta tu hijo. No pasa nada si detestas los espacios de juegos y solo piensas en el día que tienes libre a la semana y tu pareja se queda con los niños mientras tú te vas de farra…

    No pasa nada porque la infancia dura poco.

    Eso sí.

    Ya verás la adolescencia.

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