Beatrix, Peter, Benjamin y la naturaleza

Cada vez que quiero escribir sobre un personaje real e histórico pienso en lo mucho que desconecto con las biografías y los datos de nacimiento.

¿Son realmente relevantes?

¿Es lo primero que quieres leer de una persona cuando lees sobre ella?

¿Es lo primero que queréis saber de Beatrix Potter? ¿Dónde nació?

Que es muy válido en realidad, solo se trata de una percepción personal. De hecho, os diré que Beatrix Potter nació en Londres, en el barrio de West Brompton. Pero entonces, claro, no era el barrio que es ahora y Londres no era el mismo Londres. En 1866, el año en que nace Beatrix, se encontraban en el Victorianismo Medio y Londres vivía una estabilidad económica que no duraría mucho tiempo, ya que los obreros se rebelarían y comenzarían los problemas con Irlanda…

Pero ese no era el contexto de Beatrix. Ella era, como todas las niñas de familias adineradas, una pequeña reclusa de mansión e institutriz, sin amigos y sin ningún tipo de conexión social durante su infancia. Por muy bonita que fuera su mansión, fue cuando empezaron a veranear en Escocia, en Near Sawrey, cuando se gestó el destino de Beatrix.

Pero, ¿por qué vengo a hablar de ella hoy precisamente? ¿Acaso leía a Beatrix Potter de pequeña? ¿Soy una de esas niñas fascinadas por el cuento de la oca Carlota o el conejito Benjamín?

En absoluto, en mi casa sólo se leían los clásicos de los Grimm o, si nos poníamos muy contemporáneos, la sopa de pollo con arroz de Sendack.

Hoy hablamos de Beatrix Potter porque, en mi crianza, en mis años jóvenes, cuando me estaba formando, cuando estaba decidiendo que, de mayor, querría ser escritora y no tendría hijos, me hablaron de figuras como Anais Nin o Virginia Woolf, gente que me quedaba muy lejos, personas que eran figuras relevantes en la literatura pero de las que siempre se cuestionó su salud mental o su sexualidad… Fuera de la época de Internet e hijos de una dictadura, los intelectuales de los 70, ¿cómo iban a estar pensando en Beatrix Potter? ¿Qué importancia tiene que ella fuera de las pocas escritorias sin hijos y que hiciera una carrera exitosísima?

No estábamos en la época que es ahora, Internet llegó a mi vida para traerme el trailer de «El señor de los anillos». Beatrix Potter no se estudiaba en filología hispánica… Ni inglesa…

Beatrix Potter no llegó a mi casa en Carabanchel, pero llegó a muchas casas, sobre todo, por lo que más la diferenciaba: sus preciosos dibujos de acuarela.

En los 80 y 90 leíamos Mafalda, Astérix, las tiras dominicales… Los niños crecíamos con la poción mágica, la torpeza de Mortadelo, la agudez de Mafalda.

Fuimos criadas por Lumen y Bruguera.

Debate Editorial fue quien trajo los cuentos de Beatrix Potter, en una línea en la que se quería apostar por autoras feministas como Rosa Montero, pero trayendo también a Graham Greene o Ernest Hemingway. Fue fundada en 1977 y ha aguantado más de 40 años, siendo ahora propiedad de Penguin. Yo no conocía Debate. Los editores conocen Debate, que se preocuparon en traer a Beatrix Potter porque, realmente sus dibujos, no tenían comparación. Las personas de la época recuerdan a los personajes de Potter como algo de una calidad excepcional.

Pero Beatrix Potter no solo fue una gran autora y dibujante infantil, no sólo abrió camino a las Flavita Banana, Agustina Guerrero, Lola Vendetta, Rosemary Valero O’Connell, entre otras, de hoy.

Beatrix Potter fue una activista medioambiental.

En una Inglaterra en la que la figura monárquica no disimulaba un machismo legislativo, judicial, económico, político y social, Beatrix Potter empezó a editar libros y sucedió algo que nadie esperaba: se hizo de oro.

De repente, Beatrix Potter no necesitaba la aprobación de nadie, ni de sus padres, ni de un marido (aún, no se casó hasta los 47, pero eso tampoco es importante), ni siquiera apenas de sus editores. Beatrix era la persona que empezó a poner las reglas, era la persona con más poder en la habitación (in the room where it happens… como lloraba Burr en Hamilton) y podía decidir.

Al encontrarse con esa capacidad, pudiendo retirarse a Near Sawrey, Escocia, que tampoco era la Escocia que es ahora, Beatrix Potter no sólo se dedicó a escribir y dibujar, lo cual hubiera sido lógico y comprensible. ¿Qué mujer no habría simplemente aprovechado la ocasión para vivir con independencia y desahogadamente y ya está?

Y aquí es cuando Beatrix Potter, a sus 47 años, da un paso más allá por su comunidad en Near Sawrey y se hace filántropa y activista: como granjera y autora infantil. (también se casó con su abogado pero, llegadas a este punto… ¿A qué no es tan interesante?)

Beatrix Potter se convirtió en granjera, empezando a trabajar en criar ovejas y dedicando su fortuna (SÍ, FORTUNA) a proteger la naturaleza. Compró terrenos que luego cedería al National Trust, protegiendo los espacios naturales de la especulación urbanística.

Sin embargo, no todo fue reconocimiento para Beatrix, ya que la sociedad científica le puso la barrera definitiva. A ver, ¡no iban a permitir que una mujer en los 50, sin hijos, adinerada, autora, filántropa, ecologista, encima tuviera un reconocimiento académico!

Años después la misma sociedad científica reconocería su error y valorarían su trabajo sobre los líquenes, en el que descubría que son una relación simbiótica entre algas y hongos. Pero no mientras vivía, no mientras cuenta.

La figura de Beatrix Potter, si has leído hasta aquí, es prácticamente inalcanzable a día de hoy. Y aún así, habrá gente con hijos que dirá «claro, si no tenía hijos, tenía tiempo…».

Si, como es mi caso, lees la historia de Beatrix Potter y sientes que lo que hizo ella es una cosa inalcanzable para ti y te abruma, es normal. No olvidemos que los casos de mujeres que cuestionan y vencen al patriarcado suelen venir de familias acomodadas son un 1% (este dato no es fehaciente), y que vivimos en un 2023 en el que hemos vendido nuestro tiempo e información a cambio de un consumo y horarios imposibles (esto no es un dato, pero es fehaciente).

Si cuento la historia de Beatrix Potter es porque, para mí, marca un referente como mujer sin hijos precioso, idílico y lleno de bondad y consideración hacia su comunidad.

El destino de Beatrix no fue tener hijos, sino contar historias. También con su vida.

Todos nos podemos leer sus historias. Siempre.

No todas las NO MO tenemos que aportar a las crianzas de NADIE, ni escribir, y no por ello nuestra elección debe cuestionarse.

Pero, claro, yo que siempre quise ser una Beatrix Potter, descubrirla, me ha dado mucho.

Porque ahora tengo un referente más. Una mujer sin hijos que hizo, para mí, todo.

Una de tantas.

Solo tenemos que encontrarlas.

Seguro que están más allá de los cuentos de Benjamin, Peter y Near Sawrey.


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