Mucho antes de escribir este blog me hice Twitter.
Después lo borré.
En 2019 hice un curso sobre guión en comedia y me lo volví a abrir.
No escribo comedia, pero sí uso Twitter. No mucho. O sí.
Normalmente comparto cosas de amigos y cosas que me parecen interesantes pero, casi todo el tiempo, escribo y borro/publico (borro más que publico) comentarios en los que saco todo mi sentido crítico, comentando cosas que ya han comentado 100 personas antes y que no suelen ser, ni muy controvertidos, relevantes o comentados.
Por eso quizá borro tantos en vez de sacarlos a la luz.
Pero hubo una vez en la que uno de mis Tweets, tampoco muy comentados, tuvo que ver con la maternidad.
Fue hace casi un año, en verano, y cuando la idea del blog solo era una posibilidad más.
Lo compartía Gerardo Tecé @gerardotc en Twitter y lo había sacado del ABC de Sevilla.

Yo decidí que era mi oportunidad de meter mi propio chascarrillo como mujer que no quería tener hijos. Quería ocupar mi lugar en Twitter. Era el momento de dar mi opinión.
Un like y una respuesta de un amigo, que criticaba a los runners.
Pues claro, ¿qué esperaba yo? ¿Hordas de lectores riendo mi chiste? ¿Alguien que dijera «ah, claro, has cogido una parte de la crítica para hacer como si las otras cosas fueran verdad pero lo otro no» qué graciosa?
Con la rapidez que hay en Twitter, si nadie se quedó solo a mirar mi foto, a ver si me conocía, o la foto de Gerardo, o miró el periódico, o le llamaron la atención mis puntuaciones o el uso enfático de los «pero»… De no suceder nada de eso, ese Tweet estaba, por supuesto, condenado al olvido.
Aún así, que esas declaraciones en el ABC en el que han visto «El cuento de la criada» y piensan que las criadas son los malos, amenazando a la buena sociedad cristiana, no pasen al olvido y se implanten en el inconsciente colectivo es un problema.
Que sientan «pasmo» ante unas mujeres que no van a gestar por múltiples condicionantes sociales, como por ejemplo, la capacidad de decisión si no es lo que buscan en su vida, es un problema.
Que les hayan metido en la cabeza que somos nosotras quienes tenemos la cabeza seca cuando ellos solo buscan milagros en los que nosotras no existamos, es un problema.
Primero que habla de una «sociedad en la que las mujeres» como si las mujeres fueran gobernantas y piezas clave de la misma. Se sabe que, actualmente, en esa sociedad de la que habla, aunque haya habido un incremento de mujeres en puestos de responsabilidad política y de jefatura en las empresas, no se ha obtenido, ni de lejos, ni paridad ni igualdad ni cercanía en números con el número de varones en esos puestos de responsabilidad y de poder. Así que, ¿desde dónde gobernamos? ¿Desde casa? ¿Desde la cocina y las listas de la compra?
Esto me lleva a lo segundo, que al parecer esas mujeres ya tenían una labor, según Fernando, quien escribe este texto, una labor que ya venía predeterminada, una labor en la que debían ser femeninas, obedientes y cuidadoras, tanto de la casa, como del marido y los hijos. Fernando, quien seguramente haya conocido realmente mujeres mucho más preocupadas en sus perros, su carrera, el deporte y los tatuajes que en él, se plantea que, sin duda, el problema son ellas.
Si él no es capaz de encontrar una mujer sumisa en Sevilla que quiera cuidar de sus hijos, llevar su casa y a él mismo, el problema es de Fernando.
Porque Fernando quiere que le adopten.
No hay nada en el texto de Fernando en el que hable de la soledad, de la falta de alguien en su vida para tener una familia, cuidar una casa, tener un proyecto. Fernando quiere que venga alguien y lo haga todo por él.
Porque Fernando quiere a su mamá.
No me extraña, porque si la mamá de Fernando le trató tan bien que considera que se debe juzgar a TODA una sociedad ficticia en la que todas las mujeres se niegan a sacarle las castañas del fuego e incluso algunas priorizan la estética, los animales y su salud física, el problema ya es de él y de su madre. Y lo siento, Fernando, pero, al igual que la mayoría de los hombres, igual no es fácil encontrar una mujer que te quiera tanto y te ponga por delante de todas sus prioridades como seguramente hizo tu madre.
Tu madre, que dejó aficiones, sueños, horas de descanso, dinero y autonomía para darte una prioridad que, por lo que escribes, debió ser total, porque no parece que fuera de tu crítica a la sociedad, tengas nada que ofrecer. Y si lo tienes, no lo parece, y culpar a las mujeres no te va a traer muchos Matchs en Tinder.
¿Y sabes qué pasa además, Fernando? Que hay muchas mujeres deseando tener hijos, que no tienen tatuajes, a las que no les gustan los perros, que no van al gimnasio.
Pero ellas también pasan de ti.
Y no creen ni en el viento gélido de Dios ni en los milagros. O igual sí, pero prefieren a alguien para tener una familia que tenga algo que aportar que no sea una crítica injustificada con una base en un artículo en el ABC.
Si toda tu base es un artículo del ABC Sevilla porque te publicaron esta columna que tienes enmarcada en casa, te diría que amplies un poco horizontes. Que sigas suscrito si quieres, pero hay más periódicos, más visiones, más posibilidades en la vida. Pero tienes que poner algo de tu parte.
Y quizá no lo hagas.
Pero quizá eso no sea lo que más importa en este caso porque esta entrada no va dedicada a ti.
Hoy va dedicada a todas las que habéis huido de un Fernando.
Y a todas las que os habéis hecho tatuajes, tenéis perro y vais al gimnasio y la opinión de Fernando no os puede importar menos.
Pero también a las lectoras con hijos o que quieren tener hijos. Porque ya sabéis que esto va de que todas podamos elegir y de que no haya más Fernandos decidiendo por nosotras.