Lo prometido es deuda y dije que escribiría, o haría un video sobre mi reflexión acerca de Barbie. Han pasado unos cuantos días y entradas del blog pero intento ser una persona de palabra.
Va a ser muy diferente lo que escribiré que lo que pensé nada más salir de la película. Obviamente todo eso se debe a la opinión mediática, el trabajo de diversos medios de comunicación, cuentas, amigas, y una cosa que intentaré evitar es algo que veo con todo el mundo, que es, instrumentalizar la película para su propio discurso.
Empezaré por decir que, para mí, Greta Gerwig está al nivel de las y los grandes directores de cine de Hollywood, y que espero que se la recompense en la misma medida ya que ha sido ignorada tras haber dirigido la preciosa Lady Bird y, para mí, la mejor adaptación que se ha hecho de Little Women. Gerwig sabe narrar, tiene un universo claro y un modo de presentar personajes y universos que ya es muy suyo. No es casualidad que empecemos con un homenaje BRILLANTE a 2001: Una odisea en el espacio acompañado con la voz en off de Helen Mirren. Este tono que va entre lo profundo, lo sesudo, lo clásico y lo divertido nos acompañará durante toda la película. Y qué gusto encontrarlo durante toda la película. Greta Gerwig será uno de los nombres que las futuras directoras podrán utilizar como referentes, abandonando a Bergman o Allen.
Sin embargo, cuando leí que Margot Robbie producía, y Greta dirigía, la película sobre Barbie, no pude sentir menor interés.
Cuando se comentó que Ryan Gossling interpretaría a Ken, tampoco hubo un llamamiento a ver la película.
Realmente estaba convencida de que no sería de la gente que iría a verla. ¿Por qué?
Porque yo no tenía Barbies.
Yo jugaba con las Barbies de mi prima. Nunca hubo una en mi casa. No sé si porque realmente fue algo relacionado con venta, consumo de los 80 en España, ya que mi prima y muchas de mis compañeras de colegio sí tuvieron Barbies, pero no fue una imagen que se instalara en mi subconsciente, que viviera conmigo, que me acompañara. De hecho, ni siquiera me sentía identificada con ella, pero cuando jugaba con mi prima, sus Barbies y Kens me daban la oportunidad de relatar historias, hacer nuestras películas, con enfrentamientos, romances, viajes, coreografías.
Ciertamente Barbie ha sido un referente en la vida de las niñas, aunque no lo fuera para mí, de modo que entiendo la expectación.
Pero todo cobró sentido cuando vi el tráiler y escuché a Margot Robbie decir:
Do you guys ever think about dying?
Ahí recordé quién era Greta Gerwig, recordé que había coescrito la película con su propio Ken, Noah Baumbach, y que, realmente, podía prometer algo excepcional.
La película, muy femenina, o al menos en lo que creo que es la creación más femenina, hace que todos los personajes tengan importancia. Greta da espacio para los arcos de todos los personajes y hace que tanto el mundo real como Barbieland se nos prometan auténticos y definitivos. El viaje que Barbie hace de su felicidad, pasando por su depresión hasta su empoderamiento, gracias por una Sancho Panza MAGNÍFICA como es América Ferrera es sublime y muy inteligente, porque no solo te está hablando de la historia de una muñeca, te está hablando de la relación de las mujeres con la vida, con nuestras crisis, con nuestro aburrimiento, nuestra creatividad.
Gloria es todas las mujeres, y Barbie es todas las mujeres, y ambas, junto con todas las Barbies, nos muestran un mundo de hombres tomando decisiones ridículas y trabajando en puestos para los que no se sienten preparados (porque no lo están). He de decir también que aquí el desarrollo del personaje de Ken es fantástico, su descubrimiento de lo que es el heteropatriarcado, su intento de levantamiento contra las Barbies en una época en la que Trump aún amenaza en el horizonte y en Europa tenemos una ultraderecha soplándonos la nuca desde hace 5 años como poco, es casi demasiado real y hubo momentos en los que no me podía reír.
Es cierto que ha habido algún momento que se me ha hecho largo o que las introspecciones de los personajes, tan imprescindibles para el leit motiv, que encajan en el ritmo, que funcionan, a mí , personalmente, se me hacen largas (ya me pasaba en Frances Ha o en Lady Bird).
Y en el apartado menos fan, también diré que el final para Will Ferrell y CEOS me supo a poco. Esos inútiles que seguirán gobernando Mattel, sin que haya ningún intento ni posibilidad de destronarles, me parece que pasa tan desapercibido como los micromachismos, y estamos con uno brutal. Y por mucho que entre la creadora de Barbie, cuyo tono tampoco me acababa de convencer demasiado, me dejó un poco fría, PERO no me parece mal. Al fin y al cabo ES UNA PELÍCULA, la responsabilidad de acabar con el patriarcado no es del cine, es de la sociedad.
Pero eso es otra historia.
La película me ha encantado, sin duda.
Y Margot Robbie y sus Barbies consiguen, casi casi, hacer una representación global de las mujeres del mundo en la que todas nos vemos allí.
Y aquí llega el momento de la verdad.
¿Es Barbie un símbolo para las mujeres sin hijos?
No lo sé, Greta Gerwig no deja fuera a las madres de esta historia, y busca un espacio de unidad entre mujeres que sea bello, sanador y empoderador.
Sin embargo aquí entran las redes sociales y la instrumentalización social de cualquier contenido para lanzar propagana. Y Barbie no se libra de la gente obsesionada con el Marketing y consumo comprando Barbies, camisetas y cosas de color rosa, e incluso de los pronatalistas.
Porque, SPOILER, ya sabéis que la última escena y última frase de Barbie ha dado muchos posibles mensajes.
Barbie, ahora Bárbara Handler, al final de la película, vive en el mundo real, lleva Birkenstock (Go Barbie) y va a… Su ginecóloga.
No se ha hecho esperar la cantidad de teorías buscando la idea de que Barbie cambia Oz por Los Ángeles porque, al ver a Gloria, quiere ser madre, quiere crear vida, encuentra su misión.
Aunque podría ofenderme y volver a mi ser y decir – NO TODAS LAS MUJERES QUEREMOS SER MADRES Y BARBIE NUNCA TUVO HIJOS, LOS TUVO SKIPPER Y MIDGE, ¿VALE? – no lo haré. ¿Qué necesitas creer que Barbie también quiere ser madre? Pues bien.
Lo que me molesta es la percepción que causa esa escena.
Y me temo que hemos protegido demasiado a los hombres y personas que no visitan al ginecólogo. Creo que es un tema tan tabú del que nunca se habla y, por tanto, los hombres que están entendiendo que Barbie va al ginecólogo porque quiere tener un hijo, realmente no tienen ni idea del cuerpo femenino ni de lo que hacemos allí. Y quizá nosotras también tengamos algo de ver al no normalizar el período, las ETS, las infecciones, los dolores menstruales, los ciclos.
Una vez más, las mujeres tiramos hacia adelante y nuestras visitas anuales al ginecólogo pasan desapercibidas para la sociedad (la sociedad aquí son los hombres, una mujer es muy consciente de que va a la ginecóloga no solo cuando está embarazada).
Pero Barbie… Barbie dos minutos antes de esa escena estaba en Barbieland y no tenía vagina. Lleva dos minutos en la película con una, ¿A NADIE SE LE HA OCURRIDO PENSAR QUE IGUAL TIENE QUE SABER PARA QUÉ SIRVE Y QUE HACE CON ELLA? La hemos visto descubriendo que cae agua de los vasos en el mundo real treinta minutos antes pero, antes de saber cómo masturbarse, o de tener relaciones sexuales, antes de saber lo que hay allí y lo que conlleva, ¿YA ME SALÍS CON EL INSTINTO MATERNAL?
No lo negaré categóricamente. Igual hay algo de ello.
Pero que la visión masculina asuma que por una frase en la que una mujer dice “vengo a ver a mi ginecóloga” lleve a la maternidad, supone un error de base. Supone que una gran parte de la sociedad es ajena a los ciclos menstruales, higiene genital, bultos, angiomas, quistes, desgarros, citologías, mamografías, infecciones, ETS’s, medicación anticonceptiva, REVISIONES, con revisiones ya tenemos una visita anual fija desde los 18 años (en Venezuela me contaron ayer que una amiga empezó a ir tras su primer período, con 13 años; en España creo que en mi época no íbamos hasta los 18, o quizá fue cosa de mi madre, ¿cómo fue vuestro caso?)…
En fin, son un montón de posibilidades que nada tienen que ver con los embarazos y experimentamos la mayoría de las mujeres que tenemos una vagina.
Pero tenemos, una vez más, que asumir que la palabra “ginecóloga” se asocie a “embarazo”.
Diré que no lo asumo. Y que no es culpa de la película, sino de la mediática alrededor, que cogen cualquier chiste para justificar discursos conservadores y ajenos a muchas más realidades que la que les conviene. Y que no cuela.
Porque aquí yo soy mi Barbie. Y Barbie puede ser quien ella quiera.