Vaya por delante que soy una fan absoluta, o lo era, de la serie Las chicas Gilmore.
La creadora de la serie Amy Sherman-Palladino se ganó el corazón de todas las adolescentes de los 2000 con la historia de Lorelei y Roree Gilmore y sus historias amorosas en Stars Hollow. Siguiendo una premisa de lo más común, que una madre soltera pida dinero a sus padres para ayudar a su hija a ir a un colegio de pago y estos le hagan el chantaje de “retomar el contacto”, Las chicas Gilmore llegó a contar la adolescencia de Roree hasta acabar la universidad en siete temporadas con un éxito arrollador.
A día de hoy, Las chicas Gilmore ha vuelto a Netflix y chicas de 13 años están, no solo repitiendo el look de los 90, sino repitiendo conversaciones que teníamos en los 2000 como “¿quién te gusta más Jess, Dean o Logan?” y, con los ojos de ahora, me doy cuenta de lo profundamente enfermiza y tóxica que es la relación madre e hija entre Lorelei y Emily.
Aunque no sólo Emily. Cada figura maternal que aparece en esta serie está a un nivel preocupante de indiferencia, inmadurez y, desafortunadamente, maltrato psicológico injustificable.
Pero solo voy a hablar de Emily.
Antes de despotricar contra una de nuestras series favoritas, diré que era muy divertida, que no ha habido otro lugar como Stars Hollow en la historia de la televisión (salvo Washington Depot, el lugar en el que se basa realmente) y que, Lorelei era una madre de ensueño.
Pero aquí, es aquí donde empieza lo tóxico, porque el hecho de que Lorelei viviera con su madre un abuso psicológico hasta el punto de escapar de su casa, hace que, cuando su propia hija abandona la infancia y pasa a la temidísima adolescencia, tenga reacciones y actitudes algo inmaduras pero que quede claro que vienen de un lugar extraño, triste y solitario. Del miedo que vivió de pequeña.
Y es que, de haber sido criados como Lorelei, nos pasaría a todos.
¿Intentaríamos todos vivir un cuento de hadas de cara a nuestra maternidad? ¿Arreglar todo lo que fue mal de pequeños? ¿Intentaríamos hacernos mejores amigos?
Pues no.
Tu madre no va a ser tu mejor amiga.
Y, preferiblemente, tampoco debería ser Emily Gilmore.
Las personas que han vivido con unos progenitores abusivos, y que han podido señalar la vivencia en una sesión de terapia, reconocerán el caso en cada momento que Emily Gilmore abre la boca para dirigirse a Lorelei, y en como intenta pasar por encima de cara a su hija, intentando hacerla quedar mal y humillarla siempre que tiene ocasión.
Hay un vídeo de Youtube de Kierra Loves TV que dedica dos entradas a la manipulación y abuso emocional que ejerce Emily Gilmore en CADA CAPÍTULO. Sin exageraciones y sin efectos, el personaje no es un arquetipo, aunque lo pueda parecer, ni un estereotipo plano de la madrastra de los cuentos de hadas, sino que nos encontramos ante un personaje complejo, narcisista y centrado en sí mismo que tuvo una hija como causa efecto de un matrimonio y un status social, pero que nunca ha manifestado el más mínimo interés por su vida y por su relación. Y diréis “eso no pasa exactamente así”, y diré que, quizá no exactamente, pero las señales, muchas, están ahí, y son dolorasamente evidentes y claras.
He leído en Reddit también sobre cómo Emily Gilmore vivió el embarazo de su hija, su escapada, y cómo su hija le negó cualquier tipo de relación con su nieta y cómo justifican que, probablemente, eso tuvo mucho que ver. Aunque hay millones de artículos sobre ella, que son muy interesantes.
Os digo una cosa: las personas abusivas, aunque suelan venir de entornos abusivos, crueles y competitivos y hayan vivido sus propias experiencias, esto, en vez de enfocarse como una justificación, es un rasgo, una característica de la persona que ya tenía previamente a esa experiencia con la que todo el mundo la justifica. En el caso de Emily, si veis los flashbacks de cuando Lorelei era adolescente, veréis a una madre que nunca escucha a su hija, que critica su cuerpo en la adolescencia abiertamente, la desprecia, insulta y, para compensar, nunca recuerda haber infringido el más mínimo daño. Siempre es la víctima, nunca la perpetradora.
Si alguien ha vivido esto con su madre o padre, verá muchos elementos en los que vivieron luz de gas, en los que negaron hechos traumáticos de su infancia, o bien explicando una perspectiva diferente o cambiando de tema para despistar, restando importancia a los sentimientos, y culpabilizando al hijo de cualquiera de las situaciones que se expongan. ¿Os imagináis cómo debe ser vivir pensando en escapar de tu casa, en irte aunque sea a un puente, en coger cualquier trabajo que te permita poner tierra de por medio?
Pero no me voy a poner en plan psicóloga, aunque si has vivido esto, no harás mal, en el momento en que puedas, en hacer terapia. Una serie no es un manual de psicología, y una comedia en la que se habla de las relaciones madre e hija desde el prisma “¿es tu madre tu mejor amiga?” no tenía por qué hacer absolutamente nada más que lo que hizo. No tenía por qué contar nada distinto ni suavizar el abuso de Emily, o señalarlo, ni el de la señora Kim con Lane, ni la lamentable paternidad de los padres de Paris o Logan, o incluso Christopher o Luke, PERO, ¿de verdad, en siete temporadas, se puede hacer las paces con un progenitor que fue tu maltratador psicológico?
Porque, seamos honestas, Emily nunca acaba de entender a Lorelei, apenas se pone de su lado cuando necesitaría apoyo en sus propios problemas con su hija, solo acepta participar de su vida y ayudarla económicamente chantajeándola para meterse en sus asuntos de nuevo y critica todas y cada una de las decisiones que toma en su día a día.
Y, sin embargo, hacia el final de la serie, Lorelei, supongo que sumida en la mierda que ha sido criar una hija hasta su adolescencia y darse cuenta de que NO, tu hija no podía ser tu mejor amiga porque en algún momento, ese castillo de naipes se caería, acaba “entendiéndose” con su madre.
Quizá cada uno, incluso Amy Sherman-Palladino tiene una relación distinta con el dolor. Quizá un Acuario es capaz de perdonar más fácilmente que un Cáncer, o un eneatipo número 5, pero que al final Emily y Lorelei hagan las paces viene única y exclusivamente de que LA HIJA acepte que ha sido maltratada por su madre, asuma su parte de culpa por haber sido un escollo en su vida y dé las gracias por el tiempo que han compartido juntas…
¿EN SERIO?
Y con esto no le pido explicaciones a la autora, ni al público, sino que me doy el espacio, y quisiera que conmigo lo tuviera más gente, para reconocer que igual no seríamos tan generosas como Lorelei, que haríamos cualquier cosa que estuviera en nuestra mano para no depender jamás de un progenitor abusivo, y que no dejo de pensar una y otra vez: ¿Por qué quiso esta persona traer hijos al mundo?
¿Por qué tiene una hija Emily Gilmore?
No tiene instinto maternal, amabilidad, paciencia o educación y solo piensa en sí misma y su marido.
¿Por qué decidió añadir a una hija si nunca querría compartir ese espacio?
Porque, a veces, parece que lo que le molesta no es que se escapara, (que tenga su casa y no esté con ella no le ha impedido hacer su vida, vacaciones y participar en obras de caridad con sus amigas republicanas) sino que lo hiciera de una manera pública que trajo tantas consecuencias sociales… Sean cuales fueran porque, tal y como se cuenta en la serie, no les pasó nada ni a ella ni a Richard, y siguieron teniendo amigos, trabajo y vacaciones.
Un personaje del estatus social de Emily ha de tener por lo menos un hijo y ha de cumplir unas normas sociales férreas, y como buena general de la alta sociedad, cumple con todos los encargos, y condena al ostracismo a cualquiera que se oponga a ellos.
Tenemos una gran cantidad de madres en aquella época que veían a sus hijas como unas Nancy a su imagen y semejanza, dóciles y complacientes (como se recuerdan ellas) y temerosas del castigo que conlleva cuestionar a los progenitores. Pero, SORPRESA: adolescencia. Las hijas no vienen a imagen y semejanza, y eso también debe ser un duro golpe para alguien como Emily, porque también entiendo que una persona no puede siempre cambiar de personalidad, incluso aunque entienda que sea dañina para los otros. En la vida real, se podrá sentir mal, podrá querer cambiar, podrá hacer terapia…
¿Podrá? ¿Sí? ¿No? ¿A veces? ¿Tendrá días buenos y malos?
¿Quién sabe?
Una maternidad abusiva como esta, no funciona para las criaturas, pero es cierto que permite crecer y mantener este tipo de sociedad clasista neoliberal americana…
¿Y eso es lo único que podemos esperar?
¿No podría haber permitido la sociedad una Emily sin hijos?
¿Merecía la pena por tener a Lorelei?
Pues yo creo que no.
Es decir, que sí. 😉
Es maravilloso encontrar una serie como esta y poder pensar en ello, y poder reconocer conductas en algo tan popular y que todo el mundo podrá ver, pero quiero que, la próxima vez que vea Las chicas Gilmore, realmente la gente piense en si todas las personas deberían tener hijos, si todas las personas son emocionalmente capaces de criar, cuidar y proteger a una criatura, y si no es así, ¿cuál es el objetivo?
Porque no hablamos de que no exista Lorelei Gilmore, quien no existe, por otro lado, ya que es un personaje de ficción. Ya existe. Ya lo tenemos.
Hablamos de que mujeres que no sienten un deseo maternal, no tengan hijos, y del peligro de que algunas personas que se ven en la situación, se conviertan en maltratadores psicológicos.
Quizá a nadie más le preocupe.
Quizá no tenga por qué existir la madre perfecta.
Quizá Emily tampoco quisiera ser una madre abusiva.
Pero quizá, una mujer como Emily, que no quiere tener hijos, podría ser consciente de que no tiene por qué tenerlos.
Y quizá eso haría que mucha gente se quedara sin nietos, vale.
Pero también haría que muchos adultos no se vieran indefensos frente a sus relaciones y tardaran años en entender problemas de autoestima, confianza y miedo a la intimidad. Porque todo eso sucede.
Porque todos vivimos en el planeta y sería fantástico que intentáramos dañar lo menos posible a los demás. Y si eso supone que alguien como Emily Gilmore no tuviera hijos, firmo.
Aunque seguramente vuelva a ver Las chicas Gilmore pasando a doble velocidad sus intervenciones.
Otro día podríamos hablar de Mrs Kim, otro grandísimo ejemplo de madre abusiva.