¿Sabes qué deberíamos hacer? Deberíamos montarnos en tu coche ahora mismo y, simplemente, marcharnos. Encontrar un lugar nuevo y empezar una nueva vida, de cero.
Enid Coleslaw dice estas palabras en Ghost World. Y es una frase que, aunque venga de unpersonaje ficticio norteamericano nada más cumplir 18 años, creo que es un pensamiento que nos es común a todos, con 18 o 47.
No hay muchas similitudes entre Enid, Thora Birch y yo misma a primera vista. Thora Birch no ha hecho ningún tipo de declaración sobre su actual no maternidad, yo estoy en plena crisis de los 40 y Enid…
¿Qué sabemos de Enid?
Hace poco volví a ver Ghost World, la película de los 90 en la que Thora Birch interpretaba a Enid Coleslaw, una norteamericana disidente que presencia sus últimos días como adolescente antes de empezar su vida adulta, con el vértigo, el aburrimiento y el bloqueo que puede generar un paso tan grande.
Está bastante bien.
Aunque eso no es lo importante.
Ya he hablado muchas veces por aquí de la madurez, y eso se debe a que es uno de los pasos inevitables a dar en la vida. Sin embargo, se nos enseña que hay una guía de comportamiento básica en la edad adulta de la que no podemos huir. O sí, pero con todas sus consecuencias.
No podríamos contar una historia así sin una némesis de Enid, que es Rebecca, su mejor amiga, quien ha sido otra disidente como ella, otra pringada de instituto pero que ve la edad adulta como la oportunidad de vivir su vida por fin, de empezar, de ganar su dinero, de tener sus cosas, de entrar en la sociedad que, aunque Enid y ella hayan criticado millones de veces frente al televisor, tampoco le parece tan mal.
Ghost World es un cómic de Daniel Clowes, quien luego adaptó su propia obra con Terry Zwigoff, el director de la película.
La película y el cómic hablan de esta ruptura de la amistad entre dos mujeres, que es algo que muchas no imaginábamos que nos pasaría. Creciendo en los 80 y 90, el auténtico tema debería ser si Rebecca o Enid se enrollan o no con Josh o por qué Enid decide no seguir adelante una relación con Seymour… Ha sido genial ver en algunas páginas algo más modernas, como la narración de los personajes femeninos de Clowes dice mucho más que él y su miedo hacia las mujeres que de ellas mismas. Porque, aunque haya cosas muy honestas en esa relación, o elementos con los que se es fácil de congeniar, siempre ha habido algo que se me quedaba inconcluso, tanto al leer el cómic como al ver la película.
SPOILER
(A ver, si pensáis ver o leer Ghost World, voy a mencionar la última escena de la película y el análisis irá un poco por ahí)
La idea del título de «mundo fantasma» es porque Enid, un personaje inadaptado, desencantado, que se niega a doblegarse a lo que parece que es la vida adulta, descorazonada ante las perspectivas de vivir con su mejor amiga, de buscar un trabajo, de tener o una amistad con un hombre al que apenas conoce, ella busca una huida.
En el cómic hay un momento que le dice a su mejor amiga que se siente incómoda con ella porque quiere ser una persona completamente distinta, y cuando ella le pregunta qué tiene que ver con eso, Enid le dice algo por lo que hemos pasado todas con alguna mejor amiga: que es que ella recuerda todo lo que ella quiere olvidar.
Una amiga quiere cambiar.
Su amiga quiere cambiar… Pero no del modo que habían planeado.
Enid no puede tener otro final que no sea el de ser fiel a sí misma y coger el autobús al mundo fantasma.
FIN.
Vale.
Entonces…
¿Qué pasa con Enid?
Nos hacemos una idea con Rebecca, se va a vivir al piso donde hay una tabla de planchar en la pared, tendrá el trabajo en la cafetería hasta que busque algo mejor, será novia de Josh, se casarán, tendrán hijos, o no… Pero es hacia allá a donde nos llevan Terry y Daniel.
Pero, ¿y Enid?
Podemos darle toda la magia que queramos, pero no me extrañaría que se contara la historia hasta allí porque ¿qué sabrían ellos donde puede acabar una disidente como Enid? Mejor la subimos al autobús y que la gente se imagine lo que quiera.
Cuando no tienes hijos, y no quieres tenerlos, eres un lienzo en blanco. Te has subido a un autobús y vives en un mundo fantasma del que nadie te pregunta.
¿No os pasa? A mí a veces me pasa.
Gente que en vez de preguntar qué haces asume que haces cosas. Asume que has ido a un sitio y no a otro. Que has cenado una cosa y no otra.
La verdad es que algunas personas con hijos tienen mucha más imaginación para mi vida cotidiana que yo.
Quizá ellos tengan muchas más ideas que yo acerca de lo que pudo ser de Enid.
El caso es que el metacine lo complica.
Thora Birch, la actriz que interpretó a Enid, era una de las grandes promesas de los Estados Unidos. Hizo esta película, la nominaron a varios premios, e hizo American Beauty. Era una actriz relevante, única, en la línea de Christina Ricci, tenía algo interesante, oscuro y daba esa imagen que siempre hablan de «vecina de al lado» antes de ponerle un moño despeinado a Elle McPherson.
Iba a ser famosa.
Como Scarlett Johansson, que interpretaba a Rebecca.
¿Y qué ha sido de Thora Birch?
Cuando buscas información sobre ella, encuentras una entrevista en una convención, un proyecto que no salió, un telefilme, una pieza que dirigió, y algunos artículos sobre cómo no era una persona fácil (en Hollywood ser una persona difícil puede ir desde ser Russell Crowe hasta haber rechazado un proyecto por incompatibilidad de horarios, depende de cómo caigas).
Thora Birch no hizo las cosas que se esperaban de ella. No se compró una casa en Malibú, no cogió aquel trabajo que se decía, quizá no tuvo una pareja que la asentara, quizá ella buscaba otra cosa…
¿Tomó Thora su propio autobus a un mundo fantasma?
Cuando eres la disidente de la historia, tu final puede ser tan difícil para el autor, que, lo mejor que puede hacer es dejarte vagando en un autobús.
Y eso fue lo que pensé al volver a ver la película.
De repente, el final me molestó.
Volví a mirar el cómic y no había muchas diferencias. Apenas la premonición de un personaje sobre el futuro de Enid, en el que hay «oscuridad y sufrimiento».
Vale, Daniel, me lo pones un poco difícil para dejar de sentirme molesta. Pasado el relato de la ruptura de la amistad con tu mejor amiga, que la mejor solución para una mujer, pongamos «un poco distinta», es escaparse e irse a un mundo fantasma.
Pero, ¿qué le voy a decir a Daniel Clowes cuando hay montones de artículos e investigaciones sociológicas sobre la soledad en la era post COVID? Cuando vivimos en una época de comunidades online cuando, con 16 años, simplemente llamabas a la puerta de la casa de tu amiga, sin planes, decidiendo sobre la marcha cómo pasaríais la tarde.
En la disidencia, la nostalgia aparece más de lo que quisiéramos, pero gracias a identificarla, a sentir lo que he perdido, me he reconciliado con el final de Clowes (aunque si me pusiera a escribir algún día lo que pienso de algunos de sus cómics, me llamarían radical).
Como autor, creó a Enid, le dio una vida, una historia, un final y un futuro incierto, pero no sólo por desconocimiento, sino porque el final ya no le pertenecía a él: me pertenecía a mí.
Tal y como sucede en todas las novelas, películas, canciones, cómics que sentimos que hablan de nosotras, estas obras cogen nuestra voz. Y al estar en un momento de incertidumbre, de intentar encontrar ese lugar en el mundo como mujer sin hijos, verme en un autobús vagando y mirando una sociedad en la que no encajo, me sentó un poco mal.
Pero es solo una manera de verlo, porque aquellas que vayamos en el autobús, aquellas que hayamos elegido el mundo fantasma, encontraremos a Thora, Enid y a todas las demás.
Quizá les presentemos a nuestras Rebeccas, o quizás no. Pero aparecerán.
Y será entonces, cuando nos bajemos del autobús y hayamos llegado a casa.