Orna fucking Donath

La primera vez que escuché algo sobre el libro «Madres arrepentidas» vivía en Berlín. Eran principios del 2011.

Tenía 27 años y todavía no había comenzado a salir el tema de la maternidad.

En mi círculo de amistades, todos estábamos todavía muy centrados en encontrar trabajo, ideal o no, terminando la carrera, o no, haciendo un posgrado, estudiando idiomas para añadir al currículum, buscando el amor, intentando no depender económicamente de nuestros padres, vivir nuestra vida.

No todo era un éxito ni mucho menos, pero en esa época, tuvimos la oportunidad de irnos a malvivir a Berlín.

Si ya en Madrid no era un tema ni el momento, en Berlín ni os cuento.

A día de hoy, se sigue hablando de Berlín como una ciudad perfecta para no tener hijos. Aunque yo creo que, a día de hoy, esa ciudad, ese Berlín, no existe. Y que la idea se mantiene por el concepto de ser una ciudad de paso y por su fuerte pasado anticapitalista.

Pero es todo ficción y perspectiva.

Y lo cierto es que, allí, en Ostbanhoff, conocí a mi primera pareja de amigos que eran padres.

Eran una anomalía, por el momento y el lugar. Y también lo era Orna Donath.

Para mí, era pronto. Quizá las ayudas a la maternidad que se dan en Alemania hace que se pueda tomar esta decisión antes, y que se viva todo con una precariedad menor que la que se vive en España.

Pero no era una norma, ni un dogma. Solo eran esa pareja de amigos que habían dado ese paso. No llegaba a imaginarme que, en el futuro, esa opción cogería el impacto y mensaje que tiene actualmente, enfrentando puntos de vista como si tuvieran que estar enfrentados.

Y es ahí cuando un amigo le habla a mi pareja del libro «Madres arrepentidas» de Orna Donath.

Pero fue diez años después cuando, realmente, necesité leerlo. Cuando necesitaba encontrar ese «no estás sola», cuando todo lo que encontraba de mujeres que no querían tener hijos eran comentarios fugaces, falta de vínculo y anécdotas de gente que nunca me ayudaban a construir.

¿A construir el qué?

Pues a construir mi vida sin hijos en un mundo que decía que no había muchas más opciones. Y que la gente que elegía esas opciones, también tenía hijos.

Me dio pena acabar el libro porque Orna me acompañó y me dio fuerzas. No estaba mi testimonio, es así, pero encontré unas páginas que hablaban de personas que no habían tenido hijos, de cómo no tenían ese instinto y construían una vida sana, constructiva y válida, e incluso con un valor colaborativo y fundamental para la sociedad.

En cierto modo, Orna Donath hablaba de lo que yo quería.

Lo que no sabía es que, en parte, también estaba hablando de ella.

Y no lo he sabido hasta esta semana, cuando escuché el DINKY podcast en el que ella era entrevistada y hablaba de su libro Regretting Motherhood y de sus proyectos actuales.

Y, francamente, encontrar su punto de vista, me parece imprescindible para tomar aire entre las oleadas de polarización, desinformación y narcisismo incontrolado.

Hace meses, en el podcast de Ruby Warrington, hablaba de que su siguiente proyecto era hablar sobre abuelas arrepentidas.

La base de esta idea es que, uno de los argumentos que atacan a aquellas mujeres que dicen no querer tener hijos es «a la larga, harás las paces con esta vida» o «te alegrarás cuando tengas nietos», así que llega mi socióloga favorita y dice ¿AH, SÍ? y comienza a entrevistar abuelas que no se sienten en paz con la decisión que tomaron en su día, la vida que han tenido y lo que les espera en sus últimos años.

¿Y por qué eso es bueno? ¿Critica madres? ¿La toma con las abuelas?

NO.

Orna Donath explica de una manera ejemplar, tanto en sus escritos como en el directo (se nota que también es profesora y tallerista), que para ella no se trata de enfrentarse con las madres, o de que se abandone la idea de la maternidad o se abandone a los infantes, sino más bien aportar diferentes opciones en la vida de las mujeres.

Cree firmemente en dar el espacio para que se vea que existe diversidad en las vidas y tomas de decisiones y que eso consiga evitar que las mujeres que no han querido tener hijos no se encuentren aisladas, estigmatizadas, juzgadas y, peor aún, fuera de los cánones de la sociedad.

La sociedad ha de tener espacio para todos y Donath es una mujer que, precisamente por vivir bajo las estrictas normas en cuanto a maternidad de un estado como Israel, un estado de dudosa legitimidad democrática, también en lo que se refiere a la maternidad y «sus» mujeres, lo tiene muy claro.

Que saliera Orna Donath de allí no es casualidad, porque allí hay una media de 3,9 hijos por familia. Es decir, si tienes uno, la presión es para que tengas más, y cómo te atreves a tener menos.

El proyecto de Orna Donath es que, con todas nuestras diferencias, todas nos sintamos en comunidad, y en libertad para hacer lo que sea.

Dicho esto, como no estoy escribiendo una biografía de Donath, quiero centrarme en dos detalles esenciales de sus intervenciones, que interpelan a la no maternidad por elección.

Una de las entrevistas que ella tuvo para escribir «Madres arrepentidas» fue con una mujer que, al abrir la puerta de su casa, estaba visiblemente embarazada. Y además, no era la primera vez, este era su tercer hijo. Su relato y confidencia en aquel momento fue que, ya que ella no había podido elegir, que la presión social y familiar habían sido más fuertes que ella.

Por este motivo, había llegado a tener un primer hijo. Hecho esto, según ella, ya no había marcha atrás, así que lo único que podía hacer era dar una gran familia a este hijo. No era su deseo, pero ya no podía hacer más que lo correcto, que era proporcionarle hermanos, una familia, un soporte, una red.

Esta mujer hubiera preferido no tener ningún hijo, le decía, pero ya que había sacrificado sus deseos, por lo menos lo haría de una manera pragmática e inteligente.

¿Cómo debe ser eso? ¿Conocéis algún caso?

Siguiendo con lo que cuenta Orna, aparece en su relato, un órgano de poder en Israel que desconocía: los comités de terminación, en inglés «Pregnancy Termination Board».

En Israel, en un lavado de imagen más, en su web en Wikipedia indican que el aborto es legal allí, que debe realizarse con un ginecólogo y en un quirófano PERO antes ha de ser sometido el caso al comité.

No hace falta que leáis la wikipedia porque Orna Donath nos da el dato definitivo: el 98% de estas solicitudes se rechazan.

De ahí que Israel se vanaglorie de una gran tasa de natalidad, de familias bien estructuradas y de apenas una tasa de 9 de cada 1000 mujeres que abortan al año, menor que en Inglaterra y en Estados Unidos. Eso significa una inseguridad tremenda para las mujeres en sus embarazos, partos y POR SUPUESTO en la nula posibilidad que tienen de tomar cualquier decisión contraria a la que imponga su gobierno.

Orna Donath, residente en Tel Aviv, escribe sobre las madres arrepentidas y no tiene hijos bajo un gobierno totalitario que la desprecia.

Ha creado una comunidad de mujeres sin hijos y madres arrepentidas, rodeada de mujeres que tienen prácticamente 4 hijos por familia.

Ha dicho que el instinto maternal no existe en un lugar en el que el instinto maternal es un dogma de fe.

Imparte talleres, da conferencias y participa en manifestaciones feministas en un lugar, y en un mundo, en el que las propias mujeres aceptan su destino reproductivo de manera automática.

Y lo hace porque cree firmemente en que hay tanta gente que, por propia lógica, todos tenemos que ser distintos, todos tenemos que tener vidas diferentes, puntos de vista enfrentados, maneras de gestionar nuestro libre albedrío y, con eso y con todo, estamos invitados de manera inapelable a convivir como una sociedad plural.

Porque lo que más me ha gustado de la entrevista no solo ha sido todo lo que os he dicho.

Orna Donath, socióloga, autora, conferenciante, profesora, activista y rockstar, dice que ella no es quien para opinar sobre la vida de nadie.

Ella, que tiene base, conocimiento, argumentos, inteligencia y fundamento de sobra, es capaz de entender que, si ella le dijera a alguien que no debe tener hijos, si ella se metiera en su decisión, no estaría haciendo las cosas bien.

Y dice lo siguiente, y perdonad que lo parafrasee:

«si yo hiciera eso, si yo aprovechara mi posición para decirle a alguien que no debe tener hijos, para coartar una decisión tan importante en su vida, sería tan mala como es el patriarcado»

Ojalá Orna Donath os suene tan fucking amazing como a mí.

Porque lo es.

Por cierto, si alguien quiere ampliar lecturas, conocer a Orna Donath más allá de Madres arrepentidas y aguantar los tres años que quedan hasta que llegue su nuevo libro (dice dos, pero en hebreo, así que hasta que se traduzca a inglés o castellano, pues haced números) tiene este otro libro que podéis leer: Ser o no ser madre. Maneras de estar en el mundo.

Aunque no sea así, ese libro, en parte, está escrito para mí.

Para darme ideas y generarme preguntas.

Para ganar un referente.

Me alegro de poder leer y escribir sobre ella, y de tenerla como faro para sea cual sea el camino que venga.

Da igual lo que pase.

Si ella puede, nosotras podemos.


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