La culpa de esto es mía, no me engañaré.
Hice lo que todo el mundo dice que no hace, pero que ha hecho en más de una ocasión: me busqué en Google.
Puse mi nombre con la intención de ver cuáles eran los resultados.
Es un ejercício ridículo y muy negativo para la autoestima de cualquier persona, ya que no solamente no te sientes mejor después de buscar; casi siempre te sientes peor.
Si no sales, porque no sales, por esa sensación de que no existes en la red, que ni tu Twitter, Instagram o Linkedin han llegado a ninguna parte, igual que tú, que según la escala de valores de gente privilegiada, no has conseguido nada en la vida.
Pero si sales… ¿Cómo sales?
¿Qué dice Google de ti?
Debo decir que no suelo buscarme la primera. Suelo buscar gente de la que me acuerdo, gente que me ha hecho daño (esto sobre todo, para qué engañarnos), familiares, y en muchas ocasiones, amigas y amigos que estudiaron conmigo en la escuela de cine, en el caso de aquellos que me caían bien, con la ilusión de saber que les ha ido bien, en el caso de aquellos que me parecieron imbéciles, con la esperanza de que ahora se dediquen a los seguros.
Tampoco hagáis esto, no sale bien.
Pido disculpas a toda la gente que trabaje en seguros.
Volviendo al quid de la cuestión, justificando mi necesidad de engordar un poco mi ego, me busqué en Google.
Salieron algunas fotos y, el primer enlace, la noticia de La Vanguardia que escribió Susana López Soler a mediados de año.
Pero en imágenes… Salía esto:

Esta soy yo.
Y, como podéis ver tan claramente como vi yo, pone: «tener hijos».
Que yo entiendo que quizá Google tres palabras no puede poner en el buscador, pero PRECISAMENTE UTILIZAR ESTAS es un error o condicionante casi malicioso.
Es decir, cualquiera que entre a buscarme y que pueda reconocer mi cara y diferenciarme de la exitosa jugadora de baloncesto con la que comparto el nombre, verá esta información.
Esta información que no puede ir más en contra de todo aquello sobre lo que intento escribir, porque, en un mundo de Nomos que se han ganado la duda, que podrían encajar en ese espacio gris de la tristeza, el sufrimiento, el dolor, el trauma… Yo ahí no estoy.
No todas estamos en ese dolor.
Pero claro, puede parecer que sí.
A veces leo que las compañías exitosas, los magnates, empresas colosales y grandes capitales, tienen fuertes intereses pro-natalistas. Que hay un interés muy grande en mantener índices altos de natalidad para que haya trabajadores y consumidores.
Natalidad, que no maternidad.
La «maternidad» solo la usan como lenguaje políticamente correcto, para quedar bien, para que parezca que les importan las personas que viven por y para su beneficio.
¿Puede ser?
¿No puede ser?
Os sorprendería tanto como a mí, ¿verdad?
¿Y qué hacen cuando no sale bien? Pues dos cosas me han llamado la atención.
Ver a gente como King Jon-un llorar como Calimero pidiendo a las mujeres de su país que tengan hijos, que hay pocos, y que ahora lo sabe la gente, que se tiene poco hijo en Korea del Norte. Y llora. Y pone el foco en ellas como el problema que hay en su país, COMO SI NO HUBIERA OTRO.
Pero hay otra cosa, cuando no se llora, que es hacer desaparecer el dato.
Sabemos que hay mujeres que no quieren tener hijos pero… Cuesta encontrarlas.
Es más fácil encontrar las veinte maneras de decir nieve que usan los esquimales, los eneatipos o todos los matices del verde antes que esto.
Y simplemente, es curioso que el filtro de Google se acerque más a lo tradicional, incluso conveniente, que a lo disidente.
Y no sé, igual tenemos un problema con la información, y con los buscadores. Igual no son exactamente pro-natalistas pero…
¿Por qué cuando busco películas en Netflix sobre la no maternidad elegida o por circunstancias, no encuentro nada? ¿Por qué si busco mi nombre sale asociado a «tener hijos»?
Simplifiquemos.
Del mensaje que persigo «yo no tengo hijos y quiero reivindicar a las no madres con mi blog», parece que solo puedan salir: «no hijos», algo que enfadará a madres que sientan que una decisión ajena a la suya les afecta, o «tener hijos», algo que no representará mi mensaje en absoluto.
Necesitaríamos enciclopedias y la vida entera para adquirir un conocimiento suficiente, solo para entender y poder empezar a hablar sobre todo lo que está pasando en el mundo, pero tenemos X con caracteres e hilos, Clickbait y Hashtags.
Ha de ser rápido y fácil. Si no, igual es mentira… Si no, ¿por qué no lo sintetizan?
Queremos sintetizar noticias de corte internacional, aceptar Clickbaits pero a nadie le importa que las pelis de Marvel duren tres horas.
Por suerte, los buscadores empiezan a ser solo para boomers.
La gente joven que amenaza con huelgas, con no tener hijos y con quemar el sistema en el que vivimos, usa YOUTUBE y TIK TOK.
Quizá no sean las mejores soluciones, pero nosotros tampoco lo hemos hecho tan bien tras la «transición». Ellos traerán cambios, ideas, soluciones y nuevos problemas.
Mientras tanto, ojo con los buscadores.
Otro día hablaremos de cómo cada pregunta en Google, lleva algo de la maternidad. Hoy sin ir más lejos estaba buscando «consejos para…» y, al llegar ahí, ha aparecido: «consejos para quedarme embarazada».
Mi buscador no me conoce en absoluto. O sí, y quiere molestarme. Pero eso, eso es otra historia.
¿Veis como las mujeres sin hijos a veces también tienen historias? ¿Veis cómo la maternidad no engloba todas las historias de las mujeres?
La identidad.
Ahí es donde están las historias.