Hoy es el último día del 2023 y todo el mundo tiene algo muy importante que decir.
Todos los creadores de contenidos escribirán un texto en el que parezca que se abren el canal contando lo mínimo posible sobre sus vivencias (sin embargo parecerá muy humano y personal) y lanzando un mensaje motivador que te haga seguir teniendo ganas de conseguir sus metas…
Y sobre todo, de seguir sus canales, porque, es el mercado, amiguis.
Yo es que veo muy complejo analizar el 2023, o cualquier año, como un todo.
Por un lado está lo que te ha pasado a ti.
Por otro lado, lo que ha pasado en tu círculo/comunidad/colectivo/grupo de amigos/ familia/ trabajo/ sindicato/ comunidad de vecinos, que, sin duda, ha repercutido en el «yo» mucho. Muchísimo. Más de lo que pensamos. Lo vemos muy claro en colectivos minoritarios el hecho de cómo parece funcionar uno de los indicativos principales en un buen baile en pareja «un pasito palante, María, un, dos, tres, un pasito patrás».
Por otro lado, lo que ha pasado en tu barrio.
Luego, lo que ha pasado en tu ciudad.
Tu comunidad.
Tu país.
Tu continente.
Otros continentes.
O…
En las redes sociales si es donde tienes concentrada la energía.
Si hiciéramos un análisis que englobara todos estos núcleos para valorar nuestro bienestar…
Vamos, a ver, el año no sale PRECISAMENTE MUY BIEN si valoramos todo.
Por eso es importante para mucha gente valorar su núcleo y su gente más cercana, tanto si ha ido bien como si ha ido mal.
Sin embargo, también es importante que, aunque este año haya sido un año de una desigualdad acojonante, podamos intentar quedarnos con cosas positivas, con cosas que nos ayuden a salir adelante. Con cosas que ayuden a encender un motor de cambio.
Y, si aún es posible, que nos unan más allá de las redes sociales.
O que nos hagan sentir unidos, al menos. No sé.
A mí es lo que más me ha mostrado el 2023: la necesidad del colectivo. Pensaba que podía ir más en relación a la no maternidad, y, aunque también sea así, es la búsqueda de la unidad y de hablar de aquellas cosas que me afectan, me preocupan y a las que dedico el tiempo, son importantes para otros, y mucho más allá de un vídeo de 1 minuto de Instagram.
Las conversaciones, las terrazas, la profundidad del ser, imagino.
¿Soy una intensa? ¿Una pesada? ¿Alguen que no sabe vivir la dejadez, el pasotismo, las amistades a medias?
¿Soy alguien que busca agradar a gente que no tiene ningún interés en mí? ¿Gente que no quiere que forme parte de su comunidad?
A veces parece que es porque hay un frente común de las madres, para dejar fuera a las no madres.
Hay algo de eso, pero ninuna de mis amigas serviría para confirmar esta teoría.
Algo bueno del 2023 ha sido confirmar a mis amigas, y su amistad, con dificultades, cambios, pero que ahí están.
Ellas quedan en la vida de antes, la de siempre.
Pero la vida sigue.
Está en movimiento.
Y tengo que encontrar un lugar.
Será por un efecto post-neo-modern-millennial, Gen Z, no sé.
Es una fiesta en la que ya no conozco a nadie, ni la música, ni hablo el idioma.
Quizá una de las cosas en las que noto más diferencia con gente más joven es que no consigo tener energía para el mundo. El mundo se ha hecho transparente, me interesan mil cosas y no llego a todas.
No me entero de nada, básicamente.
Estoy suscrita a un periódico, no borro X, veo las noticias, tengo conversaciones con gente más joven que me hacen de perro Lazarillo en todo lo que no soy capaz de enfocar…
Pero no, no estoy al día.
Es imposible, para mí.
No he intentando ni Tik Tok, ya no estoy en Youtube ni como colaboradora, ni consigo hacer grandes avances en Instagram o Threads, Facebook es viejuno, BlueSky está casi vacío, ¿qué queda? ¿Forocoches?…
Y, aún así, pienso en cambios para el año que viene, metiéndome en cosas que no tengo ni idea de cómo hacer…
Pero la vida sigue y nadie espera por la inquisición española, así que, el 2024 seguiré dedicándome a este tema de la no maternidad intentando ver muchas cosas en relación al mismo, o a las que yo encuentro conexiones apasionantes al menos.
Pero lo que sí me gustaría cambiar es la actitud.
Cuando empecé a escribir el blog, lo hice con ganas, con pasión por aprender, con intención de conectar, pero también con todo el escepticismo de toda una vida que me decía que no soy una de esas personas que consiguen las cosas que se proponen.
Pues así acabamos y empezamos.
Mi texto es «2023 o el año del fin del escepticismo tóxico».
Porque, si consigo empezar el próximo año y mandar a tomar por saco a toda la gente dañina y todos mis pensamientos intrusivos, pues quizá, quizá me vaya mejor.
Total, he conseguido que nadie me pregunte en los últimos seis meses si quiero tener hijos. No es que me pregunten mucho PERO es que eso es para la gente especial. Y no todo el mundo lo va a ser.
Eso también me lo quedo.
Y dejo fuera la soledad. La mala. La dolorosa. No la guay, la que nos lleva a escribir, a pintar, a crear, la que nos une a Justine, Beatrix, Virginia, Anais Nin entre otras.
La de la marginalidad.
Esa se va fuera.
Eso va a cambiar.
Ojalá en el 2024 no nos sintamos solas ni alienadas ni raras, en negativo,
Feliz año.
Yo también tenía algo importante que decir(me).
Gracias por escuchar.