DESMONTANDO A JOEY

Siempre he sido una fan de Woody Allen.

Siempre he pensado que representaba como nunca a las mujeres.

Siempre he agradecido que me iniciara en la escritura del guión.

Pero el otro día pude darle la vuelta y entender que, aunque haya significado tanto para mí, había algo envenenado que no había entendido.

Lo he entendido ahora.

Soy menos fanática desde hoy.

Y no lo siento.

Perdonad si soy lenta y si todas os habíais dado cuenta antes.

Pero el otro día, viendo Interiores, lo vi claro.

Es fácil entenderlo cuando ves una obra que es, probablemente, de sus peores, y en la cual, su única preocupación es complacer a su maestro, Ingmar Bergman, con un guión que no le pega nada y que, además, tiene un montón de agujeros y perspectivas masculinas algo erróneas sobre las mujeres.

A día de hoy, la historia, para mí, se podría haber escrito con el Chat GPT pidiéndole una historia adaptada de Chejov e Ibsen, dejando claro que el personaje femenino importante es Diane Keaton.

Una película que, de entrada, no me interesaba, pero con un tono (sí, lo sé, Bergman, Ibsen… Tenía que pasar) de teatro nórdico con ese toque intelectual y ajeno a lo mundano.

Antes sentía que, viendo estas películas, entraba en esa burbuja en el que el mundo era hablar de libros, artículos, procesos creativos, academias, que eso me acercaba a que se convirtiera en mi propia vida… Pero, si mi vida se pareciera a la de las mujeres en Interiores, quizá tendría un problema…

Y eso es lo que pasa con el personaje de Joey.

Joey tiene un problema.

Joey es una de las tres hermanas de la película. Está casada aunque no acaba de ser feliz con un posible futuro familiar y en el que no pueda escribir ni honrar el talento que siempre le dijeron que tendría… Joey no quiere tener hijos y su pasión o necesidad por la escritura van primero.

Esta es Joey y, hasta ahora, todo bien.

Lina Meruane habla de cómo las mujeres escritoras que viven en esta era, normalmente llevan a cabo este trabajo mientras tienen otro en el que ganan dinero para su vida.

Es normal que se elija.

Es normal que Joey, si lo que quiere es ser escritora, quiera darle prioridad.

Pero tal y como es representada, no quiere ser escritora, sino ser reconocida como escritora. Quiere que le llegue su caja con libros, presentarlos en un Barnes&Noble y que su padre y su hermana reconozcan que tiene talento, que es buena, que es una autora.

Ya está.

Pero… No hay mucho más en este personaje, ni en esta interpretación que sacar del personaje, probablemente porque Woody Allen escribía desde su propio punto de vista en el que siempre se ha declarado contrario a la idea de procrear como buen depresivo.

Joey es una representación femenina de Allen, queriendo escribir, evitando tener hijos y viviendo deprimida.

¿Es esa la condición de la mujer escritora que no quiere tener hijos? ¿Somos siempre unas mujeres deprimidas, de familia medio bien, con flequillo y gafas y vestidas en tonos beige?

Es una pena que Joey, o cualquiera de sus hermanas, carezcan de matices en esta historia. Eso es lo que Allen no pilló de Bergman, la manera en la que Liv Ullmann y sus personajes daban tanto, tenían tanta profundidad…

Renata, Flynn, Eve y Pearl tienen matices que hacen que parezca que tienen algo de profundidad…

Pero no Joey.

Joey es tan analítica, tan fría, tan seca, que no parece una mujer auténtica.

Que yo recuerde, a las mujeres no se nos ha permitido vivir ensimismadas en nuestras neurosis. No elegías, simplemente, hacías todo. Y si tenías que elegir, empezabas por lo necesario. Incluso estando mal. Sobre todo, estando mal.

Tenemos esa idea de las autoras depresivas como Woolf, Plath o Alfonsina Storni, idealizadas, romantizando sus muertes como si fueran mujeres transparentes… Cuando en realidad todas ellas trabajaban duro, eran activas y vivían, en algunos casos, vidas paralelas a su escritura y su neurosis.

Sabían ser prácticas. Y sabían lo que implicaba serlo.

Los personajes intelectuales y autorales de esta película están en la línea de la representación del ego masculino.

Y es una lástima, porque la representación de Joey como referente que no quiere la maternidad, se me queda muy corto y artificial. Joey es una intelectual, favorita del padre, enfrentada con su madre, casada con un activista/autor político (si alguien se siente identificado leyendo esto, que se tome un chupito, porque yo todo el rato pensaba en qué poco se parecía mi vida, como hija de intelectuales, a la de estas chicas) que no sabe si trabajar en publicidad o escribir relatos.

En serio, como representación de la neurosis y bloqueo artístico, me creo más a la Valeria de Elisabet Benavent.

Joey cree haberse quedado embarazada y habla con su marido. Él dice que podrían tenerlo, que no sería el fin del mundo, y ella insiste en que:

  1. No quiere
  2. Tiene que hacer algo más con su vida antes de dar el paso
  3. No entra en sus planes
  4. Da a entender unos problemas emocionales por la relación con su madre de primer encuentro terapéutico

¿Y cómo se representa?

Con una mujer nerviosa que solo busca la aprobación de su hermana y de su padre y que sufre por no tener talento, una meta en la que vuelca toda su vida arrastrando a todos y sufriendo por el nuevo matrimonio de su padre.

Aunque pueda sentirme identificada en algunas cosas, Joey me parece que es una referencia algo envenenada.

Me gusta que haya una mujer que no quiera tener hijos, pese a estar casada, que tenga otras prioridades, que priorice escribir… Pero al final estamos con un personaje narcisista, obsesionado con el talento, torturada y sin intereses…

Aparte de ser frágil, insegura, triste y valorada a su alrededor como alguien que lo tiene todo pero quiere justo lo que no tiene.

Una mujer puede pasar una depresión, sin duda.

De hecho, hacemos bastante más terapia, ganamos menos dinero que los hombres y nos trabajamos mucho más en el aspecto emocional, pero volviendo al tema…

Joey puede, sin duda, deprimirse, y vivir todos esos estados, pero creo que todo se cuesta bajo un prisma bastante masculino en el que este personaje queda completamente desempoderado.

Y además, esta opinión se diluye en el concepto que todos tienen de ella, y se da a entender lo que nos temíamos: es alguien de quien todo el mundo espera, finalmente, QUE CAMBIE DE OPINIÓN.

Tiene la conversación, pero nadie lo ve definitivo.

Sólo es una etapa.

Todo forma parte de ese estado en el que aceptará que no tiene talento y se compromerá con un trabajo y vida estables.

Está claro que Woody Allen es una persona que trata mal a las personas, o que ha tratado mal y de maneras cuestionadas por la ley y la moral, a las mujeres, a las personas.

Es inocente pensar que las malas personas serán canceladas y las buenas serán recompensadas en el arte. Que Woody Allen sea un hombre que trató mal a las mujeres de su vida, y a sus hijos adoptivos, no le anulará la carrera. No se convertirá todo su cine en un borrón mal hecho carente de reconocimiento.

Pero nuestro juicio crítico actual, podrá encontrar y necesitar referentes menos enfermizos.

Porque claro, si lo pensamos bien, si yo me siento remotamente identificada con el discurso de Joey, o más bien:

Si no tengo referentes de personajes femeninos que no quieren ser madres, ¿no buscaré semejanzas con cualquier posible representación? ¿Soy realmente esa intelectual narcisista presa de la depresión de la que todo el mundo piensa que cambiará de idea?

¿Somos las mujeres que no queremos hijos figuras débiles y enfermizas en busca de una solución?

¿El ego nos aleja de la maternidad?

¿Este tipo de mujeres existen y, tal y como se ve en la película, quedan lejos de otras mujeres?

Ni una ni otra.

Y no es culpa de Woody Allen.

Hay muchas mujeres, como Orna Donath y Lina Meruane, que escriben sobre no tener hijos.

Muchas mujeres deseando contar una historia que no tenga nada que ver con lo convencional.

Y que no están enfermas por la falta de reconocimiento, ni han sido escritas por un hombre que nos entendió del mismo modo en que se entendía a sí mismo.

El arte es así, subjetivo.

E incómodo.

Y complejo.

Y por eso Joey merecía complejidad, porque es complejo ser mujer. Y había espacio para la complejidad de sobra en esta película.

Pero tampoco hemos perdido una oportunidad, porque Woody Allen no estaba buscando representar a mujeres que no quieren tener hijos.

Se estaba, como siempre, representando a sí mismo, a una parte de sí mismo.

Ahora nos toca a las mujeres que escribimos, representarnos a nosotras mismas.

Y hacerlo bien.

Es hora de ponernos a escribir y dar nuestro propio portazo.


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