«A palabras necias, oídos sordos»

«El sacrificio merece la pena»

«Te cambiará la vida»

«Te arrepentirás cuando seas vieja»

No quiero repetirme como el ajo, pero sigue siendo una conversación común entre mujeres sin hijos (ahora puedo decirlo, que estoy en un grupo de WhatssApp y tengo un grupo de amigas en progreso que no queremos ser madres BIEEEEN- sigo conservando a mis amigas madres, por cierto) el hecho de cómo frases como estas se te repiten, se te clavan e interceden en tu día a día como si no hubiera habido nada más para la mujer que su destino a convertirse madre.

Pero estas tres frases, estos tres zascas, memes o GIFS no suelen dejar espacio para la discusión. Aunque deberían. De hecho, deben. De hecho, me gustaría contestarlos de una vez.

Estos tres zascas y, prácticamente, todo el diseño de las interacciones en redes sociales no parecen estar diseñadas para establecer un diálogo natural. No son un chat, ni Telegram, sino que son un lugar público de venta en el que compartir todo aquello que te representa y te interesa representar.

No vienes a ser respondido, vienes a sembrar doctrina, dogma, a dar un sermón como si fueras tu propio predicador.

La verdad es que cada una de estas tres frases se representan ante mí como un tipo de predicador, twitchero o youtuber que te anuncia este futuro aterrador del que solo la verdadera fe puede salvarte. Esta imagen, subida en un púlpito, con toga, sin pelo y anunciando la llegada del hombre del saco… No debería ser quien opinara sobre las mujeres.

Es cierto, también hay madres que opinan que todas las mujeres deberían tener hijos.

Y luego está el caso de Karla Tenorio, cuya entrevista en el País se hizo viral en Navidad.

Por si no estáis al tanto, salió un perfil de Karla, actriz sudamericana, que hablaba de cómo sentía dolor y arrepentimiento ante su decisión de haber sido madre, de cómo, pese a sentir amor, se veía ahora en un lugar en el que se sentía una extraña y en el que no dejaba de pensar en lo que habría sido de su vida si no hubiera decidido ser madre.

Hubo algo que me violentó sobre esta noticia y no sabía qué era.

Podía tratarse de que sentía envidia por su visibilidad, ¿no?

O porque obtuviera mucha más comprensión y que las madres dijeran «HEY, TIENE RAZÓN»… Pero no, porque razón tenía, y lo sabemos.

¿Qué podía ser?

Que ella había experimentado el sacrificio.

Que la maternidad le cambió la vida.

Que hizo algo de lo que no arrepentirse, y se arrepintió.

Entonces lo supe.

Una vez más, se hablaba de la no maternidad poniendo a LA MADRE en el centro.

Eso era.

La única mujer que puede acceder al altavoz para hablar de no maternidad es una madre.

Porque, ¿cómo debe acceder a ese altavoz? Habiendo pasado por el sacrificio, el cambio y el arrepentimiento.

Porque así, se pierde el mensaje que a mí me interesa: No todas las mujeres sienten el pulso de tener hijos. No todas tenemos este deseo.

Y hemos de tenerlo. Hemos de experimentar el sufrimiento para que nos dejen el altavoz… Un rato.

Porque tampoco nos engañemos, este altavoz que se le da a Karla, que se le dio ya en 2021 en el ABC, la primera vez que salió su perfil, contando casi la misma historia, dura nada y menos.

El día en que Karla quiera manifestarse y pedir ayudas para madres trabajadoras, en el que critique al capitalismo de una manera radical como puedan hacer figuras actuales como Juana Dolores, ahí no lo tendrá.

Y no se lo quitarán en ese momento. Ya se lo habían quitado.

Esto me deja una sensación amarga de que, si yo no siento el deseo de participar, si yo no quiero ser madre, si mi experiencia viene de la ausencia del deseo, mi punto de vista es prescindible.

No hay un altavoz para este mensaje.

Si no he sufrido, si no he parido, si no he pasado noches sin dormir, si no he visto cómo ha afectado la maternidad a mi vida social, familiar y de pareja, si no he vivido un cambio en mi cuerpo que me ha cambiado para siempre… Si no he pasado por todo ese sacrificio ritual imprescindible… No tengo voz.

Mi mensaje, mi ausencia del deseo debe quedar en el vacío, en el invisible, que es donde deben estar esas mujeres que no sienten el deseo de tener hijos porque NO ES NATURAL.

Y ya sabemos que lo más importante es ser normal, ¿no?

Y sin embargo, llega Karla Tenorio y pensamos… Ojo, qué chungo va a ser… Pero, ¿acaso se mueve la noticia alrededor del «oye, y si no lo haces»?

No.

¿Lo hacía acaso el mismo perfil que salió de Karla Tenorio en el ABC en el 2021?

No.

¿Hay algún tipo de perspectiva en la que se comente que hay todo un mundo de mujeres que no quieren experimentar ese sacrificio, cambio y no se crean el dogma del arrepentimiento?

No.

Solo está el mensaje de la madre arrepentida, de la que no decepciona al sistema y al capitalismo, menos mal. Que sufra, pero que nos de gente, que no pida mucho, porque es su deber.

Hay muchas mujeres vulnerables, rodeadas de estos mensajes, que no quieren/no pueden tener hijos, y estas tres frases se repiten a su alrededor como una pesadilla interminable.

Y ninguna es verídica. Solo está en el imaginario colectivo del que lo dice.

Si no se siente esa pulsión, seguramente, no se querrá pasar por ese sufrimiento ni el cambio. Seguramente no tengas hijos porque «huy, no lo he hecho nunca».

Y seguramente, después de leer esto, busques en Internet modos de ir reservando e, incluso, invirtiendo dinero en tu residencia de ancianos. Lugar donde acabarás, sin ninguna duda, con tus amigas con hijos.

O puede que busquéis un co-living.

Hay muchas cosas que podemos hacer, pese a que haya gente empeñada en repetirnos estos tres zascas que conllevan más veneno y peor intención de la que se considera.

Ojalá pudiéramos poner en el centro el «a palabras necias, oídos sordos».

Yo voy a empezar a hacerlo. A ver si funciona.


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