POOR THINGS

No tenía grandes expectativas al ir a ver Poor things.

Sin embargo, algo ha hecho que me interese hablaros de ella hoy. Y eso es Bella Baxter/Victoria Blessington.

Ambas, cada una en su historia, reflejan roles opuestos de la mujer en la sociedad. Siendo la misma mujer, el mismo cuerpo, la misma persona… Emm… No, no la misma persona. Bella lo deja claro, su historia y la de Victoria no son la misma, pero es ,que claro, aunque sean el mismo cuerpo, tienen distintas mentes y aprendizajes, lo que hace que todo cambie.

¿Eso también cambia la vida de las mujeres fuera de la ficción? Puede ser.

Por supuesto, aunque estemos en una historia fantástica -que es prácticamente una revisión de Frankenstein que reivindica la figura de la mujer y su libertad- a mí lo que me interesa recalcar es cómo estos personajes rechazan, como mujeres, la maternidad, pero no sólo eso, sino la vivencia y sensación del instinto maternal.

Hay un artículo de Sarah Gibbens en National Geographic de 2018 pero, si no quieres datos concretos, volvamos a la ficción distópica y fantasiosa.

Poor things no me parece la película del año, ni siquiera la película feminista definitiva, pero rebosa preguntas, dudas y cuestiones feministas cada vez que Bella abre la boca. Pero no son solo sus palabras las que mueven un discurso libre y sin tapujos, también sus actos.

Y eso es porque Bella es un experimento. Es una mujer con el cuerpo de un bebé, experimento llevado a cabo por un científico.

Hecha ya semejante barbaridad en nombre de la ciencia, la «crianza» por así llamarla de Bella, es de interior, limitada a una casa grande, a compañías individuales y muy limitadas, y sin plantearse integrar a Bella en la sociedad sino, simplemente, que ella vaya aprendiendo a su ritmo y que vaya descubriendo el mundo.

¿Cómo sería una persona si no tuviera ninguno de sus condicionantes, una persona que ha vuelto de entre los muertos para ser un experimento en activo? ¿Os suena Frankenstein?

Pues ya tocaba ver qué pasaba con Elsa, la novia de Frankenstein, creada para no ser la novia de nadie, sino para ver qué hace. Y claro, qué puede hacer una mujer que no necesita encajar en unos moldes, que no se compara con otras mujeres, a quien no se enseña a agradar o a complacer y que, simplemente, es.

Ya sabéis qué le pasa a Frankenstein, pero, ¿y a una mujer?

Las personas, aquí en la película sobre todo los hombres, son unas pobres criaturas inmovilizadas por el capitalismo, el heteropatriarcado, víctimas y verdugos del mismo, sometidos a su llamado, condiciones, condicionantes y todo lo que hemos aprendido de los mismos… Y por eso me parece tan interesante encontrar un personaje como el de Bella Baxter, quien, sometida a un experimento científico (DE LO MÁS CUESTIONABLE), que la tiene aislada, en cuanto puede, se escapa.

Obviamente esta Rapunzel moderna, se escapa de su torre a la primera ocasión que tiene que hacerlo, se ve atrapada y es capaz de obrar de manera aguda, maliciosa y carente de escrúpulos.

Lo primero es su vida, su libertad, su experiencia.

¿Y quién es nadie para encerrarla en una torre además?

Todos los Jose Luises del mundo tiemblan ante una mujer que sale al mundo en posesión de su libre albedrío.

A partir de aquí, Bella vive todos los despertares típicos de una narrativa femenina, casi como si estuviéramos en los diarios de Anais Nin (quién, por cierto, no tuvo hijos): el sexual, el de conocimiento, el de la injusticia social, política y económica. Y, ya os digo, me dejo cosas seguro.

Dentro de este cuento de hadas feminista en el que nuestra heroína hace un viaje propio de la Odisea de Homero, ella es Ulises, buscando aventuras.

Se ha dicho que es radical y enfermiza.

Sin embargo que en las obras clásicas griegas, los hombres salgan a buscar sangre, conquistar territorios, robar, violar, para luego lloriquear mientras vuelven a casa (y en ese camino de vuelta, se dedican a hacer lo mismo porque boys will be boys) es parte de la naturaleza humana. Normalizamos la guerra y apuntamos con el dedo a la mujer.

Y el que Bella Baxter no tenga hijos, y que Victoria Blessington prefiriera encontrar la muerte antes que parir al suyo, las convierte en radicales y enfermizas.

Pero a ver.

¿No son ellas también consecuencia de su entorno? ¿No son sus actos un reflejo del mismo?

Bella Baxter es un experimento que sale mal, porque, como tal, ha resultado en una mujer libre a todos los niveles y esto incomoda y asusta a todos los hombres de la película. Mientras que ella, ni comparte este miedo, ni siente que esté indefensa ante el mundo.

¿Os imagináis como seríamos si no nos sintiéramos indefensas en un callejón de noche?

¿Os imagináis cómo seríamos si no nos sintiéramos obligadas a caer bien y agradar?

¿Os imagináis cómo seríamos si no tuviéramos prejuicios?

¿Os imagináis cómo seríamos si nuestra sexualidad no se instrumentalizara, capitalizara y explotara para el sistema?

Aquí, a mí me ha llamado mucho la atención la no maternidad de Bella, pero no se puede negar la fascinación cinematográfica por mostrar la liberación de la mujer a través del sexo.

Y no es solo algo de esta película del 2024, sino de antes, con obras de escritoras como Nin o pintoras como Hilary Harkness.

Esta es, al tiempo, un arma de doble filo, al ser uno de los roles en los que es más fácil culpabilizar a una mujer, el de su libertad sexual.

Queda claro con Bella y a través del viaje del personaje de Mark Ruffallo, quien deja claro que ni el mayor de los libertinos es capaz de aceptar la libertad sexual de las mujeres. Él no lo permitiría y, en vez de aceptarla, queda clarísimo narrativa y visualmente cuánto la desea, y persigue con intención de encerrarla.

¿Os suena? A mí sí.

Por suerte, esta no es esa historia.

Aquí Bella elige ser una mujer libre, a través de su sexualidad, su no maternidad, su residencia, incluso elige ser su propio medio de producción y, en caso de vivir precariedad, salir adelante como pueda.

Un hombre libre, se ha visto en la historia que (aunque NOT ALL MEN), llega a las guerras, las traiciones, la violencia, el asesinato, el robo, el chantaje… Se normalizan todas estas acciones en una sociedad occidental, aun cuando sean ilegales e inmorales. Y sin embargo hay lugares en los que no se juzgan estas acciones pero una mujer puede ver juzgada (y arrebatada) su vida, por el mero hecho de no limitar su sexualidad y no elegir un compañero de vida al que darla.

Bella Baxter es el compendio de todas las cosas que molestan al patriarcado de las mujeres.

Victoria Blessington es el antes de Bella Baxter, la historia que acabó con su suicidio en lo que, podría ser, por lo que he leído, un homenaje definitivo a Mary Wollstonecraft.

La autora de «Vindicación de los derechos de las mujeres» vivió un primer embarazo en el que, su bebé, fue repudiado y no reconocido por el padre y, llevada por la desesperación, se tiró por un puente.

Aquí sobrevivieron madre e hija.

Cuando nació Mary Shelley, 11 días después, Mary Wollstonecraft murió. No llegó a ver cómo su hija superó en talento a su marido Percy Shelley y a su amigo Lord Byron, creando al monstruo definitivo de la historia de la literatura.

E imagino que tanto Allastair Gray como Yorgos Lathimos están de acuerdo conmigo, ya que han decidido traer el monstruo de Mary Shelley a, lo que va a ser, una de las películas con un mensaje feminista más contundente de la década. O no, estoy deseando ver más, que lleguen más, que se llene el cine de Bellas y Victorias.

No acabaré sin decir que la película hay que verla con pinzas, que hay muchas cosas que no me han convencido y que son muy incómodas, que no deja de haber una mirada masculina anhelando el desnudo femenino, que falta una parte política importantísima de la novela, y que todo el entramado de Mary Shelley y Mary Wollstonecraft (e incluso Godwin, padre de la primera y marido de la segunda) solo llega a través de leer mil artículos como el de Ita María en Volcánicas.

Y no todas somos Bella.

Pero, de nuevo,

¿quién seríamos si no nos importara cumplir ninguna expectativa?

¿Haríamos un mundo peor de lo que ahora es? ¿O mejor?


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