El momento antes del momento.
¿Qué viene después?
¿Qué hubo antes?
Estas palabras no son mías, son de Isabel Coixet, y las decía Andrew McCarthy en Cosas que nunca te dije, una de mis películas favoritas desde que era pequeña.
Y eso que la primera vez que la vi no entendí muchas cosas.
Por ejemplo, una mujer que lloraba junto al congelador de un supermercado porque se había quedado sin su helado favorito. La protagonista de la película, Lili Taylor, le ofrecía de su propio helado y eso dejaba a la mujer más sumergida en las lágrimas aún… En el momento ella no lo entiende, pero, según avanza la película lo acaba entendiendo.
Yo también lo entiendo ahora.
Dependemos de cosas muy pequeñas para nuestra felicidad. Pequeñas cosas que compramos, vemos, tenemos cerca. No tienen por qué ser una gran carrera, hijos, familia… Puede ser un helado que tomas los Viernes para no echarte a llorar por la frustración que te ha generado la semana.
Tengo esa película como uno de esos grandes referentes ya que NI UNO SOLO DE LOS PERSONAJES tiene hijos y no hay una sola conversación acerca de tener hijos.
En una película de 1996 una mujer dirigía una película en la que la protagonista, una mujer, atravesaba una crisis existencial e intentaba acabar con su vida tras un desengaño amoroso. Pero lo que contaba muy bien era cómo era mucho más que ese desengaño, sino el caso de una mujer que deja a un lado sus sueños y proyectos para estar con su pareja. ¿Os suena?
A veces no se plantea una cómo las mujeres podemos sentirnos perdidas por encontrarnos en desventaja ante las oportunidades laborales, metas y sueños en la vida. Y como a veces, nos encontramos en un lugar en el que no estamos bien, no podemos seguir adelante con nuestros proyectos (incluso los descartamos y los olvidamos) pero, bueno, TICK, tenemos esa pareja.
Y cuando la pareja desaparece, todo se tambalea.
Eso le pasa a este personaje en concreto, pero tenemos muchos más arcos en la película. El de McCarthy enamorándose de la primera mujer que le hace caso al sentirse tremendamente solo, el de un padre que no ha sabido generar vínculos con su hijo y que no puede estar con su mujer y solo busca un abrazo, el de una mujer trans que ve cómo su pareja la repudia tras el cambio que ha hecho en su cuerpo, el de un hombre que stalkea a su vecina, el de un suicida, el de una compañera de trabajo que nos parece estúpida…
Todos los personajes se mueven alrededor de sus vidas sin mirar hacia el futuro, sino pensando en solucionar su presente. Y el presente se les hace bastante bola. Quizá era algo muy del cine norteamericano de los 90. Quizá es algo de los treintañeros en los 90.
Pero esa película me acompaña y me conforta en esa idea que tengo de una sociedad plural, entrelazada, común, en la que la gente se responsabiliza de los otros e, incluso, la relación con los otros les salva de sí mismos.
Además, antes de volver a la frase del principio, diré que es una película visionaria de cara a Youtube y las redes sociales, ya que el consuelo del personaje de Ann (Lili Taylor) es grabarse en video diciendo al novio todas las cosas que nunca le dijo e, incluso, cómo, a través de esta ruptura, ha entendido la falta de conexión que había entre ellos.
1996. OJO.
Y volvamos al momento antes del momento. ¿Qué viene después? ¿Qué hubo antes?
Mañana es el 8 de Marzo.
Y yo llego con una contradicción en forma de yunque atado a mi cuerpo. Por un lado estoy tan cansada, tan triste, tan vapuleada por ver tanto marketing, y tanta falta de unidad entre nosotras, tanto intento propagandístico por vender que las mujeres no podemos hacer equipo…
Y por otro lado tengo tantas ganas e ilusión al ver los mensajes de amigas y conocidas que van a quedar para ir a la manifestación. Que sienten que ese espacio puede generar una comunión entre ellas, una unidad, que puede ser una excusa más para crear la comunidad que todos necesitamos.
Madres y no madres, disidentes… Todos.
Todos necesitamos el antes del 8, y el después.
Todos nos necesitamos.
Ciertamente, llegamos agotadas, o es que quiero pensar que no soy solo yo. Porque creo que nada se trata únicamente de mí, sino de nosotras, que somos un colectivo reprimido y que estamos cada día más cerca de darnos cuenta de que todo lo que no nos une es una falacia, y de que tenemos cierta responsabilidad hacia nosotras, sobre todo a las que tienen mucho por perder, sobre todo hacia las menos privilegiadas.
Y por eso cada día es bueno reunirse con las amigas y protestar ante lo que es injusto.
Soy consciente de que la historia ha sido escrita siempre por los ganadores, sobre todo blancos, sobre todo hombres.
Pero, ¿quién nos dice que este no pueda ser nuestro día?
O antes.
O después.
En cualquier caso, abrazad muy fuerte a vuestras amigas y tened cerca a vuestra comunidad, ya que solo con ellas haremos grandes cosas. O pequeñas.
Quizá, para empezar nuestra revolución colectiva, solo nos baste con estar juntas, comer helado y ver Cosas que nunca te dije.
O quizá llegue antes.
Un abrazo.