WORMS: O la necesidad de «matar al padre»

Antes de escribir un blog, escribía teatro.

Antes de escribir teatro, escribía guiones.

Antes de escribir guiones, escribía poesías.

Y antes de todo, tararaeaba canciones.

Es que soy hija única.

Pero es verdad que la escritura siempre fue mi modo de conectar con los demás. Algo tan privado, tan personal, y sin embargo, para mí, tan comunitario. Siempre he querido escribir para que otros lean, y alguien escuche.

Quizá por eso, me encanta escribir teatro aunque la gente no suela ir a ver obras, aunque la propia palabra «teatro» se asocie con «aburrido» e, incluso, y peor, aunque se crea que el teatro tiene el deber de darte la mano y decirte lo que tienes que pensar, sin darte preguntas, sin que puedas sacar conclusiones propias, sin que se genere un debate.

Por supuesto, si yo pensara eso de la escritura teatral, haría eso con lo que siempre amenazo con cada año de vida: dejaría de escribir.

Cada año escribo una obra, o la empiezo, al menos. Y si no, escribo algo breve, un diálogo al menos, o algunos monólogos, y siempre SIEMPRE siempre, amenazo con dejarlo.

Pero es verdad que, año tras año, le sigo encontrando el sentido. Y es que a veces la escritura de teatro es la salvación de tu cordura. Porque gracias a tener el teatro y escribirlo, encuentro respuestas o consuelo a cosas que no entiendo, o a cosas que sufro por entender.

Por otro lado, hoy es el día del padre.

Y si gracias a alguien empecé a escribir, fue gracias a mi padre. También gracias a él y a su inalcanzable nivel de crítica he estado a punto de dejarlo varias veces, pero es verdad que me ayudó bastante a sembrar este germen.

Él mismo considera un regalo que hoy, 19 de Marzo, día del padre, tengamos una muestra del trabajo que estamos haciendo con mi obra WORMS, una obra cuyo espacio es el entierro del padre como catalizador a la pérdida de los personajes.

Pilla la ironía. No lo harán todos.

Dos hijas que se buscan a sí mismas mientras despiden a su padre.

Amelie Nothomb escribió Matar al padre bajo la idea NO LITERAL de eliminar esa figura autoritaria de nuestra mente.

Solo a través de un enterramiento figurado de la figura paterna conseguimos ser nosotros mismos, o crearnos a nosotros mismos, no sé, tampoco es que hable de ello de manera filosófica, no es Nietzsche (y menos mal, con uno acabando con figuras retóricas autoritarias ya tenemos bastante).

En cualquier caso, debemos acabar con ese nivel de influencia que nos ha perseguido durante toda la vida. A veces no me acaban de gustar sus libros y, precisamente, este libro no es uno de mis preferidos (si queréis disfrutar de la Nothomb que me gusta, leed Estupor y temblores), pero ese germen me parece de lo más interesante, aunque no certero. No definitivo. Y mucho menos algo que tomarse de manera literal.

También Ruby Warrington habla mucho de la relación con los padres, sobre todo con la madre, para analizarnos a nosotros mismos, y la necesidad de cortar ese cordón umbilical para terminar de independizarnos. En ese sentido ella hablaba de cómo una conversación con su madre le sirvió para reconciliarse de manera definitiva con la idea de no tener hijos y de quitarse esa visión idealizada de la madre que la había perseguido durante toda su vida.

Yo no escribí WORMS porque quiera matar la figura del padre.

Ni la estrenamos hoy porque haya algo simbólico detrás.

Quizá lo único que quería contar es la sensación absoluta de pérdida y abandono que sentiría en ese momento, al perder a mi padre. O cómo sentiría que he perdido una parte importante de mi vida, de mi memoria, de mí misma. Y quizá de la necesidad que hay de independizarse de esta figura para ser uno mismo.

O quizá solo quería escribir sobre dos personajes perdidos, dos mujeres, mis dos Estragon y Vladimir esperando a alguien que nunca llega. Mi homenaje imperfecto, femenino y dramático a una de las grandes obras de la literatura dramática.

Y sin embargo, lo que más conmemoraría este día, no es la figura del padre, sino la figura de la mujer ante la pérdida. Porque la obra habla de cómo la ausencia del padre, une a madre e hijas, cómo las mujeres en equipo sanan, curan y sobreviven una y otra vez.

Y queman cosas.

Porque eso es lo que he vivido en el proceso de ensayos con Gemma, Paula y Eva, el equipo de las Clitorianas, tres actrices, con la dirección de Gemma Charines, quien vio mi obra en una lectura dramatizada y me dijo que ella podría dirigirla. Un regalo del verano de 2022 que no podré agradecer lo suficiente.

Porque he tenido la suerte y el privilegio de haber visto a tres mujeres arder, y hoy tendremos una muestra en la que un público será testigo del proceso. Hoy tenemos invitados para que vean este aquelarre. Perdón, obra.

Y es que este proceso dura más que la propia escritura de la obra. Hemos ensayado, leído, cambiado cosas, visto evolución, entendido cosas que no habíamos entendido antes y, ahora, y solo ahora, podemos empezar a recolectar frutos de lo que han sido dos años de trabajo, que es empezar a enseñarla.

Y acabo este artículo a punto de irme al ensayo general con las tres mujeres que han dado vida a una obra que no deberá quedar relegada a la idea de acabar con el padre o ensalzar al mismo, sino a la unión que han sido estas tres mujeres en mi vida para ir mucho más allá que su origen.

Porque mi padre me pudo dar la semilla, pero gracias a estas mujeres y su apoyo, nos hemos puesto a trabajar y sembrar. Y eso es lo que más celebro hoy, haber sido capaz de crecer, crear y trabajar más allá de mis figuras autoritarias.

Ah.

¿Que pensábais que iba a hablar de los padres y del día del padre?

¿Que iba a hablar de cómo el sistema capitalista condena a las mujeres a los cuidados y a los hombres a ser proveedores? ¿Y cómo celebramos un día en el que los padres siguen ejerciendo menos de la mitad de los cuidados pero son ensalzados por abrazar la meritocracia y la cultura del esfuerzo en vez de apuntarse a un comité de empresa para protestar e intentar crear un futuro mejor a sus hijos en vez de condenarles a pasar lo mismo? ¿O de que están todos demasiado cansados…

No, no.

Yo he venido a hablar de mi obra.

Y de mi padre.

Y de mis compañeras Gemma, Paula y Eva, en el proceso de WORMS.

Y de Beckett, Ruby Warrington y Amelie Nothomb, ya que os ponéis.

Pero ya.


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