algo (más) personal

¿Alguna vez habéis reparado en los comentarios que hace la gente cuando comienzan una nueva relación?

Cuando empezamos una relación, todo lo que vemos y pensamos se sale absolutamente de madre. Sometidos al enamoramiento, vemos a esa persona como catalizadora de todos los posibles cambios en nuestra vida, la vemos en el presente como una flor que se abre en slow motion con Vivaldi de fondo, la echamos de menos en las anécdotas del pasado, le compartimos nuestros planes y pensamientos más ocultos y la vemos automáticamente a nuestro lado en todos los eventos que podemos imaginar de cara al futuro.

Y tenemos esta expresión: la madre de mis hijos/ el padre de mis hijos.

Tampoco hace falta conocer a la persona ideal, tampoco hay que estar enamorado, probablemente con estar cachondo baste. El padre/madre de tus hijos puede ser desde aquel woke que dió aquel discurso tan bueno hasta Loki o Thor, o Tori Tsui, da igual.

En el 2010 era un comentario que estaba bastante en boca de todos mis amigos cuando conocían a alguien. Empezaban a tener relaciones que podían funcionar, empezaban a querer asentarse cerca de la treintena, incluso empezaban a asomar ciertos síntomas de conformarse con cosas, como la amiga que empieza a salir con ese chico «que no le acaba de convencer» pero de repente es el amor de su vida.

En la oficina escuchaba a gente hablar de ese novio que tenían y que era un futuro padre ideal, aunque en el momento solo pensara en acostarse con su mejor amigo, o aquel chico que habían conocido con gemelos de futbolista y que le querían de padre para sus hijos, como sinónimo de que querían hacer grandes cosas horizontal o verticalmente.

Quizá podría haberme dado cuenta ya entonces de que la maternidad no entraba en mis planes de manera definitiva, ya que, aquella frase, jamás ha salido de mi boca.

¿Os dais cuenta de cómo hay gente que utiliza unas expresiones y otras no? Como cuando alguien dice «si Dios quiere», «llueve sobre mojado», «la gota que colmó el vaso», «como el que oye llover», cuando alguien se refiere a otro alguien como «la madre de tus hijos» no nos define como persona, no nos ubica en un lugar de nuestra ideología necesariamente, ni siquiera confirma que tengamos un interés en la maternidad….

¿O sí?

Yo creo que eso tiene mucho más que ver con las propias expresiones que utilizaba la persona que nos acompañó mayormente durante la crianza, pero igual el lenguaje tiene más carga de la que yo considero.

Igual es un condicionante.

Igual no.

Igual el que haya escuchado a muchas mujeres decir «el padre de mis hijos» y a casi ninguno de mis amigos «la madre de mis hijos» no tenga nada que ver, ninguna relevancia, ninguna importancia, nada que ver.

Pero ahí está.

Porque desde la universidad, escuché a muchas chicas refiriéndose a sus love interest como un potencial padre de sus futuros hijos. Ya estaba integrado. Estábamos en un primer año de una carrera universitaria y nuestro lenguaje e imaginario ya estaban forjados en hierro para convertirnos en algo, y para asociar la figura masculina a conseguir ese objetivo ineludible.

¿Y sabéis qué?

Que creo que yo nunca lo he dicho.

Creo que nunca he utilizado la expresión. Ni siquiera en broma.

No significa nada, obviamente. Tampoco uso la expresión «llueve sobre mojado» pero la entiendo en un contexto y no me resulta ajena.

Pero es cierto que esa expresión me chocaba.

A día de hoy, quizá al haberme visto rodeada de mujeres en el final de los 30, haber vivido en un entorno más en pro de ejercer la maternidad, y al haber poca conversación entre mujeres que no quieren tener hijos, o al ser estas conversaciones muy recientes para mí, en los últimos años lo he escuchado aún más. Pero ya no como algo hipotético, sino como una realidad o un proyecto inmediato.

La verdad es que nunca vi a nadie como el padre de mis hijos.

Cuando imaginaba posibles escenarios románticos en la adolescencia, nunca teníamos hijos.

Nunca me imaginaba llevando un carrito y a él corriendo por el parque para que no se subiera en un tobogán. No imaginaba una casa con juguetes que habría que recoger en algún momento.

No.

Nos imaginaba paseando por Nueva York, la verdad, saliendo del teatro, leyendo juntos, de picnic, yendo juntos a clases de idiomas, comiendo con palillos, llevando lasagnas a la casa de unos amigos, aparte de diversos escenarios más subidos de tono. Y hablando. Nos imaginaba hablando de todo aquello que nos importara.

Y, si preferiblemente, podía parecerse al hermano mediano de los Hanson o a Kurt Cobain y tocar la guitarra, mejor.

Y recuerdo la primera de mis amigas en quedarse embarazada cuando, con 30, me dijo que «cuando estás con la persona adecuada lo sabes». Y me hizo dudar de si estaba con la persona adecuada.

Porque es fácil que tú misma te cuestiones a ti misma, tus deseos, tus anhelos, tus instintos, cuando alguien te dice cosas cargadas de «yo antes era así» porque esa frase, que se dice para conectar, desconecta de manera automática.

Esa frase te lleva al «pero ahora ya no, y por suerte».

Porque la maternidad… «Yo antes era como tú pero menos mal que he descubierto la maternidad».

Y es cierto, menos mal por ella, por ellas, por todas las que han dicho eso sin reparos, las que se sienten reforzadas con su elección.

Menos mal para ellas.

Pero hay una cosa en ese mensaje.

Que nunca entenderán que también había otra opción. Y que es voluntaria. Y que fue consciente, igual de definitiva e igual de plena.

Y que yo, además, tuve la gran suerte de conocer a mi guitarrista y de haber evolucionado en la misma dirección hacia la no maternidad.

Todas las parejas tienen sus conflictos, sus diferencias irreconciliables, pero si alguno hubiera flaqueado en esta decisión, no podríamos haber seguido adelante, lo tenemos claro. Y, de haberlo hecho, uno de los dos estaría viviendo una vida que no eligió, solo por complacer a la otra persona.

Habrá gente que piense que esto es parte de la vida, aceptar que otra persona elija por ti.

Yo pienso que hay mucha soledad en no elegir lo que elige todo el mundo, mucho juicio y mucho prejuicio.

Pero, para mí, merece la pena.

Y hoy celebro mi aniversario con ese guitarrista con el que, aunque no siempre he estado de acuerdo en todo, nunca ha habido ese conflicto.

Un año más celebrando nuestra vida juntos sin ser padre ni madre de nadie.

Felicidades, Carlos.


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