Yo también lo pienso. ¿Por qué debería interesarme por las elecciones de un país en un continente distinto?
¿Por qué me tendría que importar lo más mínimo que Kamala Harris saliera elegida presidenta?
¿O por qué debería importarme que se le haga una campaña de desprestigio a una contrincante de Trump, basada en que no haya tenido hijos?
Lo cierto es que, al principio, no quise darle ninguna importancia. Pero la tiene.
La tiene porque es realmente vergonzoso ver la cantidad de dinero, esfuerzo y recursos que hay en desprestigiar a las mujeres tocando el tema de la maternidad. Lo fácil que es para los republicanos convencer a una sociedad, más allá de la norteamericana, de que no nos debemos fiar de las mujeres sin hijos.
Y ¿por qué no puede ser presidenta Kamala Harris?
Mi reflexión personal y poco profesional en política: PUEDE.
Otra reflexión es si se lo permitirán.
Precisamente, gran parte de las políticas influyentes en Europa no tienen hijos, pero es cierto que Europa a los estadounidenses les parece que es un lugar para intelectuales comunistas o nómadas digitales de vacaciones en Mallorca, así que, ¿por qué iban a ser una referente? ¿Por qué Merkel iba a servir de referente?
No son los primeros en utilizar el tema de no tener hijos como medida para desprestigiar un candidato político. Habría que recordarles que fue el lema de Le Pen para sacar a Macron de la campaña política hace años, ya que solo era padrastro de los hijos de su mujer, Brigitte, 24 años mayor que él.
Y es que cualquier relación que se salga de los patrones clásicos, será juzgada desde el inconsciente y, con la inversión adecuada, pasará de ser inusual, a peligroso.
Harris es mostrada y representada por sus contrincantes como un peligro. Igual que lo sería Ocasio-Cortez. Igual que Merkel.
Deberíamos recordarles que Le Pen perdió (también Macron es un hombre, que siempre va a ser menos revisado por no haber tenido hijos que una mujer) pero, aparte, que Margaret Thatcher tuvo hijos.
O que no es garantía de nada.
Sin embargo, en Europa no nos parecemos en nada a Estados Unidos en ese sentido, pero podríamos volver a parecernos. El progreso está desprotegido por las fake news, lobbies y ultras conservadores que no quieren pensar en lo plural que puede llegar a ser el mundo, pero ya en Europa hace años salió un artículo hablando de como en Europa un líder político sin hijos ya no era un símbolo al que desprestigiar.
¿Conseguirán hacerlo en Estados Unidos?
No quiero ser ingenua. No parece sencillo.
Kamala Harris tiene que pelear contra toda la mediática republicana que han aprovechado la incapacidad de Biden para lanzar al atril, nuevamente, a una persona cuyo carisma me resulta completamente ajeno, pero que atrae a muchos votantes en Estados Unidos. Gente que le admira y justifica de manera vehemente todas sus condenas, acusaciones y discursos racistas, machistas y clasistas, salidas de tono y faltas de educación y saber estar a todos los niveles. Gente que no entiende el peligro que supone tener a ultras en el poder y que compra todos esos discursos en los que criticamos a las culpables de todo mal: las mujeres.
Porque si tenemos gente que sigue creyendo en que somos el origen del pecado y del mal, porque su doctrina es la religión, y no son capaces de ejercer un juicio crítico más allá de las escrituras y el algoritmo, estamos jodidos.
Porque no solo se trata de que Kamala Harris merezca la oportunidad de presidir.
Se trata de aceptar como válidas esas críticas a las mujeres que no tienen hijos. Se trata de que los pronatalistas, primero nos ridiculicen y humillen en medios y redes sociales, nos aislen, no hagan discutir, nos generen malestar (que no inseguridad, a mí que haya un montón de José Luises americanos republicanos que odian a las mujeres por ser disidentes debido a lo que ellos han decidido que debe ser una mujer, ME RESBALA) hasta que, finalmente, nos invaliden de manera democrática y nos dejen fuera de la sociedad.
Siempre se hace lo mismo. Si habéis leído a Natalia Ginzburg, explica muy bien como los antifascistas fueron aislados en Europa y cómo la ultraderecha se mostró fuerte y unida para hacerles sentir, primero inseguros, después solo y, finalmente, indefensos.
Porque luego vendrán sus opiniones, sus tweets. Hay un grupo entero de medios republicanos que están evitando sacar noticias que desacrediten a alguien como su representante (que, con lo que lleva hecho y conocido a nivel delictivo, si se le juzgara en países democráticos ya estaría cumpliendo sentencia) y buscando mierda a Harris.
Y luego vendrá el «difama que algo queda» y buscarán cosas sobre su marido, sobre sus cuentas, sobre sus relaciones.
Y si no encuentran nada, ya se inventarán algo, que ahora sabemos que la prensa, cuando conviene, puede ser muy creativa.
El caso no es por qué ella no puede ser presidente.
Si no todo lo que implica aceptar que no pueda serlo.
Salga lo que salga, digan lo que digan, tengas hijos o no, espero que estés de acuerdo en que comparar a una mujer por no tener hijos con un ex-presidente con semejante currículum, es caer bajo.
¿Es lógico que lo hagan?
Probablemente.
Lo que no es lógico es que demos espacio a ese discurso, a que nos lo planteemos.
Porque aceptamos que gane aquel que tiene más dinero, y aceptamos que los movimientos ciudadanos no tienen sentido. Aceptamos ser reprimidos, ridiculizados y excluidos.
Por suerte, hay muchas mujeres que han pasado la semana ridiculizando las palabras de JD Vance y defendiendo nuestro lugar en el mundo como esas desgraciadas señoras con gatos.
Cuidado.
Los gatos arañan.
Y las señoras vamos a empezar a arañar también.
Conste que a mí no me apasionan los gatos. Les tengo algo de fobia.
Pero antes gatos que trumpistas.