Siempre que llega el día de las escritoras me pilla desprevenida. Por un lado porque coincide con el cumpleaños de mi pareja y por otro, por esa cosa triste del pudor que siento al considerarme, o no, escritora.
Pero hoy no voy a hablar de eso, por suerte, porque creo que hay que aprovechar este día para ensalzar a esas escritoras que no tuvieron hijos y que dedicaron (y dedican su vida) a la escritura de sus historias y a ganar el nombre que siempre se ha dado a los hombres y que las mujeres han tenido que pelear por lograr.
Esta frase me haría pensar en las primeras tres escritoras de la lista: Charlotte, Emily y Anne Brontë.

Obviamente, al haber muerto tan pronto de tuberculosis tanto Emily como Anne, siempre habrá mucha teoría (masculina) sobre si llegaron o no a pensar en tener pareja, hijos y familia.
Teorías y machismos aparte, estas tres hermanas pasaron a la historia de la literatura con sus obras y gracias a publicar con los pseudónimos de los hermanos Bell, los cuales me siguen fascinando como juego, acuerdo de honor y manifiesto de hermanas, siendo Currer Bell (Charlotte), Ellis Bell (Emily) y Acton Bell (Anne).
Hay montones de estudiantes de literatura que saben muchísimo más que yo sobre la obra y vida de estas tres hermanas, sus conflictos, sus intereses creativos y el hecho de que no tuvieran una dote demasiado interesante para que su padre pudiera casarlas. Como con casi toda la Regency y tiempos previos a las sufragistas, revisitamos hipotéticamente las vidas de las tres y les damos paradigmas y desenlaces para acercarnos a ellas.
Y, desafortunadamente para los académicos machistas de la actualidad que no soportan ensalzar figuras femeninas en la literatura, tanto Jane Eyre como Cumbres borrascosas y La inquilina de Wildfeld Hall han pasado a la historia y no se han podido hacer bajar de las alturas de la academia. Os recomiendo, no solo leer las tres (aunque yo tenga mis reservas hacia la toxicidad de algunos romances de las dos primeras) sino, si tenéis ocasión, ver en el National Theatre la obra Underdog, que habla sobre la relación de las tres hermanas, especialmente el conflicto por el éxito que «hubo» entre Charlotte y Anne. Lo pongo entre comillas no porque no lo crea, sino porque no lo sé, y porque no sé si hay cartas, evidencias o datos que atestigüen que Charlotte se aprovechó de notas de Agnes Grey en su beneficio para crear Jane Eyre y, sobre todo, publicarla antes…
Pero no quiero, de repente, romper el clan Bell, pero me gusta pensar que eran seres creativos que coexistían, que se inspiraban unas a otras y que su vida podía ser la pluma…
Igual que pasaba con Jane Austen.


Aquí el retrato estereotípico de Jane Austen y una foto de mi estantería con el libro de Lucy Worsley, Jane Austen at Home, que me fue tremendamente útil hace un año, al escribir la entrada sobre la autora.
Como ya he hablado mucho de ella, me he hecho todos los tests de Buzzfeed para saber qué personaje de sus novelas soy (estoy entre Marianne de Sentido y sensibilidad, Lizzie y Emma Woodhouse) y creo que todos la vamos a tener hasta en la sopa ya que van a adaptar OTRA VEZ Orgullo y prejuicio para OTRA SERIE, paso a nuestra siguiente autora sin hijos.
Emily Dickinson


Nuevamente, hay muchos más filólogos ingleses y estudiosos que saben más de la poeta que yo (dadme tiempo porque sueño con estudiar filología inglesa algún día), y todas sabemos sobre la ambivalencia de su personalidad (huraña y prácticamente agorafóbica, a una persona muy sociable con una interminable correspondencia con sus amigos) hay dos cosas que quiero destacar por encima de su persona.
Para empezar, el estudio de la ciencia y las plantas que, en su época, la convirtió en una de las primeras autoras que cuestionaban la fe y que, pese a su entorno y compañías, se negaba a disimular su faceta agnóstica o atea ya que, consideraba, era peor engañar a los demás. Una poeta que aprovechó esto para escribir sobre los elementos, las plantas y sus cualidades.
Y para continuar, el hecho de que, durante su vida, haya teorías contradictorias sobre si quería publicar o no, y lo poco que publicó en vida, pero como, convirtió a su grupo de amigos en sus lectores. Parecía darle mucha más importancia a que sus amigos la conocieran de verdad y que fueron ellos quienes pudieran disfrutar de su poesía por encima de los editores. La idea de una escritora de comunidad, atea y que nunca nadie tuvo claro el punto intermedio entre sus amistades y sus encierros… Me fascina.
¿Estamos además, a día de hoy, más cerca de ser una Dickinson que nunca? Os lo pregunto antes de pasar a la siguiente autora, aquella de la que siempre se habla, aquella que nos hizo plantearnos el género antes que nadie, aquella que habló de comprar nuestras propias flores como gesto feminista y que nos hizo darnos cuenta de la importancia de un cuarto propio.


¿Es necesario citar a Virginia Woolf en un listado como este?
No lo sé. Sólo sé que no he sido capaz de dejarla fuera.
En una ocasión estuve unos días ingresada en el hospital. Había tenido un susto muy grande y pasé días completamente drogada en lo que, me parecía, era una nave espacial. Y conforme pasó el miedo, fueron viniendo las amigas de visita. Y me regalaron Una habitación propia de Virginia Woolf.
Este libro, que se ha considerado desde un clásico hasta un imprescindible, pasando por un sobrevalorado e incluso un libro menor en comparación con otros libros de la autora, tuvo un significado muy especial para mí, ya que, la autora me estaba contando el lugar al que yo iría, la habitación que me esperaba tras aquella habitación de hospital en la que me había salvado. Había un futuro, un después.
Y siempre agradeceré que llegara ese libro para decirme que había algo más que el miedo y la tragedia.
Y a día de hoy, en mi cuarto propio en el que tengo la fortuna de escribir, al que voy dando forma desde hace poco, Virginia se convierte en la autora que estuvo ahí cuando pude volver a empezar, y agradezco que estuviera dedicada a escribir y a traer estos libros para nosotras, en lugar de estar haciendo cualquier otra cosa.
Y creo que es de recibo que, por lo que significó para mí, acabe con ella hoy.
Y que siga mañana con más escritoras sin hijos.
No tengo claro cuántas partes tendrá esta entrada pero ha sido divertido escribirla que, espero, sean muchas.
Gracias por leerme.
Y si conoces a alguna escritora sin hijos que me quieras descubrir, escríbeme por favor.