Lectura de terror: 1 de noviembre

Hoy es 2 de noviembre de 2025 y estoy consiguiendo ver por primera vez una serie de terror.

Dado que soy tremendamente aprensiva, cada vez que empiezo con una película, serie o lectura, tengo muchas pesadillas.

Hay una parte muy interesante de la estética del terror, de Halloween, del trauma y lo oscuro que puede resultar muy atrayente, pero, una vez más, es un terreno que no deja alejadas a las mujeres.

No es normal que las mujeres sintamos interés por el terror.

No es normal que trabajemos el género, que germinemos la semilla.

Lo normal es que las mujeres huyamos del terror, seamos víctimas y vivamos aterrorizadas ante las posibles catástrofes que suceden.

Se está demostrando en los últimos años que las mujeres están más que capacitadas para trabajar el género y que, quizá, ese costumbrismo al que les han llevado las labores del hogar, las ha llevado a que el terror pueda ser aún más inevitable y terrorífico, porque salga directamente de tus peores pesadillas y tus rincones más cercanos.

Julia Ducournau ganó una palma de Oro en Cannes en 2021 con Titane. Alice Lowe, Ana Lily Amirpour, Anna Biller, Jennifer Kent, Karyn Kusama, Jacqueline Castel, Leigh Janiak o Coralie Fargeat son algunos nombres de creadoras del género a las que seguir la pista.

¿Tienen hijos? ¿Son nomo?

De muchas no viene esa información en Internet.

Al igual que con las escritoras. No tengo ni idea de si Zin E. Rocklyn, Justina Ireland o Rachel Harrison tienen hijos.

Sin embargo de las creadoras más clásicas, sí que lo podemos saber.

Por ejemplo, Mary Shelley, autora de Frankenstein tuvo un hijo a quien llamó Percey, como su padre.

Y Shirley Jackson tuvo cuatro.

Anne Rice tuvo dos y Stephanie Meyer tres.

Sin embargo, siempre puedes encontrar alguna autora sin hijos. Siempre hay en la estadística una mujer que quizá no pudo, quizá no quiso, pero en definitiva trabajó en su labor artística y no en su labor maternal.

En esta situación encontré a dos autoras clásicas:

Sophia Lee

Ann Radcliffe

Sophia Lee fue dramaturga y escritora, comenzando su carrera artística joven ya que su padre era un famoso actor de teatro, cosa que igual le abrió las puertas para escribir textos dramáticos, quizá no le hizo interesarse por labores más domésticas.

Por otro lado, Ann Radcliffe prueba perfectamente mi punto.

Escribiendo una novela The Castles of Athlin and Dunbayne  que era de estilo gótico y de terror a finales del siglo XVIII, no despertó ningún interés entre los lectores.

No solo ahora el terror no es cosa de chicas (de hecho en continuas ocasiones se menosprecia a Mary Shelley en grandes tertulias varoniles, y eso que ningún otro escribió Frankenstein).

Sin embargo, cuando comenzó a trabajar en la novela histórica, ahí inició una carrera mucho más aceptada e interesante de cara a los lectores, siendo parodiada incluso por Jane Austen.

Pero en cuanto al terror, nada.

Yo intenté escribir terror.

Escribí mi primer libro, El perro de ojos amarillos, en una edición bilingüe, como una historia de terror ilustrada por mi amiga Carmen Gonzalo, pintora y diseñadora gráfica.

Y no…

Pero que yo no fuera capaz, no significa que en la noche de Halloween todos los contenidos, libros, películas, sueños, vengan de una mente masculina y nosotras seamos las víctimas de sus fantasías más ocultas.

Nosotras también podemos crearlas.

Y debemos.

Tengamos o no hijos.

Porque necesitamos a la próxima Shirley Jackson.

Alguien que demuestre que La maldición de Hill House no fue una excepción. Y que las pesadillas son mucho más que payasos y asesinos con máscaras.

Las pesadillas pueden estar entre tus vecinos.

Y en tu casa.

Y en tu gobierno. O tu empresa. O tu jefe.

Y vamos a contarlo.

Con el lenguaje que no nos atribuyen porque también nos pertenece.


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