Es más importante que nunca tener amigas.
Y aún es más importante que ese grupo de amigas hagáis cosas juntas, y tengáis cosas que hacer juntas, y proyectos, y ganas de que vengan cosas y las paséis juntas, ya sea un viaje, compartir un meme, ir juntas a clase, tomar un café online a la semana, o en persona, hablar de traumas, de sueños, contaros chistes, enseñaros las letras de una canción o compartir un panel de Pinterest.
Las amigas son importantes.
Porque ellas, si las dejas, no solo te dirán la verdad, sino que te intentarán proteger con ella.
Porque las mujeres somos feroces aunque no nos lo permitan, y defendemos a las nuestras con uñas y dientes. Y si supiéramos de que hay alguien haciendo daño a una amiga, nos perderían las formas y los actos.
Las buenas amigas haríamos todo lo posible por escucharte y por sacarte de una casa en llamas.
Lo malo es cuando no las tienes.
O cuando sientes que no las tienes.
O cuando alguien, en una relación romántica, te condiciona con las amigas que tienes y te hace creer que no son tan buenas, que te utilizan, potencia sus defectos hasta que, finalmente, te aisla de ellas.
Y, en muchos casos, las has perdido y te has quedado sola. Y da miedo verte en una situación en la que las amigas no están.
Creo que hay un momento en la vida, no solo como no madre, sino como mujer, en el que necesitas ese grupo contigo. En el que necesitas, en vez de ser validada por una relación romántica made in Disney, a las amigas.
Y cuando te falta, no veas si se nota.
Y no veas lo que sana hablar con una amiga. Lo que sana que alguien te diga que te ve, que te entiende, que sabe que no estás bien, que te acepta, que te quiere, o que simplemente te manda una canción porque le recuerda a ti.
Nos han creado una narrativa en la que éramos enemigas y el príncipe azul nos salvaría y, en algunos casos, el enemigo era él.
Desde 2003, ha habido 1285 hombres que se han cobrado como víctimas a aquellas mujeres a las que decían que amaban. Eso sin contar todas las mujeres que viven aisladas, aterrorizadas, solas, temerosas y sintiéndose responsables de esos destinos.
Hace un tiempo que muchas mujeres trabajan en crear narrativas y en hablar de cómo las amigas las salvan, las cuidan y las acompañan. Mujeres creando cooperativas para envejecer juntas.
Incluso aunque tengas el mejor de los compañeros de vida, necesitas amigas. Quizá no las veas todos los días, quizá te pase como a mí y ahora mismo estés conociendo gente nueva mientras tienes el corazón roto de lo muchísimo de menos que echas a tus amigas.
Pero el objetivo debe ser ese. Estar unidas.
No sé si eso acabará con la violencia machista, pero es que ese debería ser el trabajo de los agresores y aquella gente que vea que necesita educarse y entender que vivimos en una sociedad machista que no entiende la igualdad de una manera sana. Que es educacional. Y que ahora hay padres que quieren volver a encerrar a las mujeres en la cocina.
Ese trabajo es vuestro. No es nuestro.
El nuestro es tener a nuestras amigas. Y cuidarlas.
Y recomponer tu corazón y salir a hacer nuevas amigas. Y llamar a antiguas puertas. A esas amigas a las que hace tanto que no ves, que no llamas, que te caían tan bien…
A veces, no irá bien. A veces, sí.
Por eso hay que intentarlo.
Gracias por leerme.
Espero que tengas un grupo de amigas a las que puedas escribir un mensaje después de leer esto.
Y, si no, no te preocupes. Simplemente, empieza a buscarlas.