Me gustaría mucho decir a la gente que no celebro la Navidad, sino la Saturnalia. Que, para completar este personaje de esta bruja moderna de metro y medio, la gente pensara que me abandono a ritos paganos anticapitalistas de lujuria y descontrol mientras grito borracha «Io Saturnalia» como si fuera el mismísimo Dionisios.
Ojalá.
Nunca había sido una persona que disfrutara la Navidad, las cenas navideñas o momentos navideños. Podía gustarme tener la oportunidad de coincidir con algunos familiares pero, en general, me daba bastante igual el concepto navideño.
No me avergüenza reconocer que creo que la Navidad cristiana es mero marketing de la propia religión.
Habiendo evidencias de que en Roma se celebraba, muy anteriormente, la Saturnalia, que el año nuevo chino tiene otras fechas, el calendario azteca otras y que nunca se ha hecho una sola broma sobre el horóscopo de Jesús y su madre, es curioso que la figura de un niño en un pesebre pueda congregar generación tras generación a gastar y comer por encima de nuestras posibilidades, para celebrar el nacimiento de una ficción, ni siquiera de nuestro propio cumpleaños.
Como dicen muchos ateos, es una buena ocasión para un día de vacaciones, tener la idea de que hay un nuevo comienzo en la vida y tener discusiones absurdas con miembros de tu familia a los que tienes bloqueados en redes sociales.
Y, sin embargo, me encantan ciertos ritos navideños.
Poner el árbol.
Hornear galletas de jengibre.
Decorar.
Los villancicos swing.
Las maratones de películas navideñas. Todas norteamericanas, que ya he visto más de una y dos veces pero que me sigue gustando ver una vez al año. No me canso nunca de ver «Cuando Harry encontró a Sally» (por cierto, en la peli, ni ellos ni sus amigos tienen hijos, ni los mencionan; vale que son parejas monógamas y establecerán familias, seguramente, conservadoras, no hay evidencias ni datos, QUE CONSTE).
Además, cuando eres parte de una pareja sin hijos, puedes permitirte hasta las excentricidades de la Saturnalia porque, llegado a un punto, nadie espera nada de ti y, en mi caso, solo esperan que no saque el tema de la liberación de la mujer, ni de la no maternidad, Luigi Mangone, el blog o cualquier cosa semejante que me interese mucho.
Ya llevaba varias Navidades escapándome con mi pareja pero, este año, las fechas señaladas van a ser momentos navideños.
Momentos en los que nos congregaremos alrededor de los niños de nuestros familiares y amigos porque son los que más disfrutan de estas fiestas, y porque todos nos uniremos en familias para hacer regalos y tener conversaciones livianas y alegres en las que nadie salga escaldado.
Y, como leí el otro día a Sabina Urraca, tenemos dos maneras de llevarlo, una como persona que va a vivir esta situación en la que se va a sentir ignorada, invisible o silenciada por ser disidente, querer hablar de algo incómodo o, simplemente, a nadie le interesa nada de lo que tengo que decir, o bien puedo mentalizarme de que voy a asistir en calidad de documentalista.
En realidad ella sólo habla de ir en calidad de documentalista, pero quiero que podáis comprobar que, si también va a ser un momento en los que vuestra confianza y autoestima puede flaquear, veáis una opción alternativa que puede funcionar muy bien.
Nunca sabréis si acabaréis escribiendo unas memorias, tendréis un blog o haréis un podcast, así que, podéis dedicaros a tomar notas. Mentales, con el móvil o, si no os da ningún corte y ya vais a lo loco, llevad una libreta y tomad notas mientras vuestro cuñado os dice cómo las mujeres jodemos la vida de los hombres con nuestros pantallazos en Instagram.
Además, pensad bien en lo que es a nivel de tiempos. Una comida y dos cenas no duran nada. Y además hay epidemias de Covid, gripe, neumonía, gastrointeritis y catarros, siempre podéis iros pronto o fingir una lipotimia.
Y cuando hayáis abandonado esos espacios incómodos y tóxicos para vosotras, podéis concentraros en una de las cosas más estúpidas que no dejamos de hacer cada año: los propósitos de año nuevo.
Nuevamente la contradicción: hago una no sólo cada año. La hago cada mes.
Y además, cada año las elaboro más titánicas e imposibles. Antes de tener el blog, porque me sentía tan insuficiente comparada con las madres que sentía que tenía que compensar mis carencias. Ahora, simplemente por la diversión de ver en la lista cosas que no haré, pero que definen parte de mi carácter. Es un buen ejercício de autoconocimiento.
Sin embargo, me apetece compartiros una lista. Y, si queréis, podéis compartir la vuestra.
Me vais a perdonar, pero cada cosa viene con turra.
- Viajar: MENOS. Tengo ganas de ir a conocer sitios, pero no tengo ganas de coger más de dos vuelos y, si puedo, quiero aprovechar mi ubicación actual para hacer escapadas locales por mis alrededores. Este punto ha cambiado mucho a lo largo de los añs, en los que siempre tenía mucho complejo por haber viajado menos o de un modo más comedido. Por suerte, llegó a mi rescate Azahara Alonso con Gozo y cierto trabajo mediático que apoya el hecho de cómo viajar ahora no abre la mente, cómo es algo capitalista completamente descontrolado y que tiende a perjudicar más los espacios, en vez de beneficiarlos económicamente, tal como cree todo el mundo. Tras varios años en Barcelona, puedo afirmar, que el nivel de turismo es francamente excesivo y no reporta tanto dinero en la ciudad como el que luego necesita en arreglar pavimento y transportes (el centro de Barcelona está continuamente en obras y se ven nubes negras desde el mar, que son los autobuses y taxis que vienen del puerto). ¿Qué propongo? Pues nada, pero puede no fascinarme ya el elemento aspiracional de algo que he visto condenar ciudades y a la clase trabajadora, y no tengo porque avergonzarme de ello, ¿no?
- Estudiar un idioma: Vale, esto me gustaría mucho pero no sé si sacaré el tiempo necesario para hacerlo bien. Y es que en realidad no es sólo bloquear un rato para hablar con una persona en otro idioma, también está el estudiar, repasar, leer y entender el aprendizaje, y eso requiere tiempo. Ya comencé un curso de inglés para prepararme el C2 nada más mudarme y salió mal. Tengo varias opciones que me gustarían, pero puede que, simplemente, lo diga a varias personas y eso ya genere la ilusión suficiente. O no. O prueblo de nuevo Duolingo, una aplicación adictiva y completamente inútil para aprender nada relevante en relación a un idioma (salvo si eres mi amigo Pau, pero eso es otra historia).
- Disfrutar las cosas pequeñas. ¿Como las plantas? ¿Darme un baño? ¿Hornear galletas? ¿Hacer listas de cosas que no haré?
- La PEOR DE TODAS y, por tanto, la que más necesito: hacer más ejercício. Y esto es verdad, y no es como con un idioma, necesito realmente sacar una hora más a la semana para hacer baile, Pilates… algo así.
- Organizar cosas en el grupo de MEETUP: Con esto YA DEBERÍA PONERME. Creé un grupo de MeetUp nada más mudarme cerca de Madrid (pero no tan cerca) y, salvo un evento en Octubre, no he vuelto a hacer nada. Esto debería ir con exclamaciones y subrayado.
- Aceptarme más aunque otras personas no lo hagan (esto lo dicen todas las terapeutas con las que haya trabajado en mi vida; y me parece bien intentarlo, aunque sea complicado)
- Llamar a los amigos que ya no viven cerca y seguir al tanto de sus vidas.
- Escribir
Escribir el blog.
Más.
Podría poner más cosas, como vestir con colores distintos, o leer la edición de Lord of the Rings que me compré hace dos meses pero creo que ya me lo he puesto suficientemente difícil y todavía no han llegado esas fechas navideñas en las que voy a ejercer de documentalista o detective reuniendo material.
Empezaremos con las cenas de Navidad entre amigos.
Y eso es algo que puede ir exactamente igual que con los propósitos de año nuevo…
¿Qué puede salir mal?
En cualquier caso, si pasáis unas malas navidades, si os da todo pereza y no tenéis ganas ni motivación para nada, leed sobre las Saturnalias romanas y recuperad las ganas de vivir.
IO SATURNALIA.