Cuando leas esto ya habrá pasado todo el jaleo del Goya a la mejor actriz revelación, Laura Weissmahr por la película Salve María.
Aunque ya anteriormente se habían hecho eco de esta película.
Aunque poco.
En realidad puede que llegues a este blog con poco interés en el cine, menos aún en el cine español, menos aún en una película que parece hablar de maternidad, tras unos cuantos años de muchas películas, series, libros y artículos que nos vinculan a la maternidad de una manera inevitable pero, en ocasiones, también insoportable.
No es el caso de Salve María.
Aquí esta película ha cumplido con todos los checks del denominado peliculón. Desde luego, para mí.
¿Creo que la película puede herir sensibilidades?
Claro.
A día de hoy parece que la ofensa por lo que interpretamos de los contenidos es algo que se destaca mucho más que la ofensa que suponen las políticas o decisiones en lugares de poder.
Las miradas disidentes con fines artísticos en temáticas consideradas intocables se miden con una vara mucho mayor de la que mediríamos cosas como las políticas hacia el medio ambiente.
En fin, me lío. Lo que quiero decir es que parece que una publicación o escrito de una mujer que no cumpla las normativas esperadas, siempre generará polémica y molestar en algunos sectores. Así que, sí, esta película también lo hará.
Y hace bien en hacerlo.
Y me atrevería a decir que eso mismo es lo que la hace tan buena, que se ha hecho sin miedo y sin límite. Y con una fuerza de la naturaleza.
Matías G. Rebolledo comentaba que esta película suponía aire fresco a un cine español en el que las mujeres están demasiado acostumbradas al rol de redentoras y no puedo más que, primero, darle la razón, segundo, llevarlo a mi propio terreno tanto en la vida como en lo que se espera que escriba como mujer.
Empecé a escribir el blog en 2022 y eso significa que pasé unos dos años buscando películas, libros, contenidos en Internet (apenas encontraba cosas en Reddit) en los que se hablara de la no maternidad por elección y encontré relativamente poco, o más bien, entre POCO y NADA.
Sin embargo, encontraba muchísimo contenido sobre la maternidad desde la santidad, la idealización e, incluso, desde la reivindicación, pero con ese mensaje que indica que es algo inevitable e ineludible, de lo que nunca podrás escapar. Pero de buen rollo, porque, claro, en el fondo «todas las mujeres queremos lo mismo, que es eso».
Miles de películas, búsquedas, lecturas que apuntalaban en esa dirección. Y si había algo en relación a la no maternidad, te pasaba algo y era un problema que deberías solucionar antes de que fuera tarde.
Y las historias sobre las madres venían con un halo de reivindicación en las comedias y santidad en los dramas. Como si solo existieran esas experiencias. Y creo que por eso hay que reivindicar esta película. Lanza un mensaje distinto, único, y, le pese a quien le pese, no es falso, no ha inventado algo que no se haya visto jamás.
Se prefiere que no se cuenten esas historias en las que las madres no conectan con sus hijos, o en las que hay una aversión, o en las que la maternidad genera un rechazo o dolor incontrolable. No queremos que existan.
No queremos ver Persona, ni leer Madres arrepentidas, y queremos ocultar una de las mejores películas de Ken Loach, Ladybird Ladybird en las que se habla de cómo una mujer pierde a TODOS SUS HIJOS por su situación social, económica y precaria en Inglaterra.
No queremos porque, igual, de repente decimos «pues eso me puede pasar también y… pues no tengo tantas ganas de ser madre».
No deberíamos evitar esos contenidos o sólo consumir aquellos en los que todo sale bien, y no digo por ello que no veamos feel-good movies o veamos cosas que nos hagan felices, pero que al final parezca que todo el contenido sobre maternidad es para ensalzarla o romantizarla no nos coloca en un lugar realista y no nos cuenta cosas que pueden pasar. Y el cine no es barato y hay decisiones, desafortunadamente, de empresas y empresarios que tienen muchos más intereses políticos que artísticos. No nos engañemos.
No creamos que hay millones de películas con bebés preciosos y jovenes embarazadas por accidente que descubren que eso era lo que les haría felices porque es la única realidad de la maternidad.
Algún día me gustaría sacar un listado en la línea de lo que dijo Andrea Ros de Madremente en un podcast, que habló de aspectos nada positivos de la maternidad y afirmó que era importante no mentir a las mujeres y que pudieran tomar su decisión con datos, experiencias y sin falsos testimonios.
Deberían haber más películas sobre no maternidad, más contenidos, más mamíferas, más películas sobre ficciones en las que no ensalzamos las vidas más conservadoras.
Y, en ese aspecto, «Salve Reina» surge como una obra maestra que nos cuenta algo que no se quiere ver, pero es inevitable.
Es inevitable que surja, entre tanto falso brilli brilli, una película que hable de la maternidad de una manera tan oscura.
Hacía tiempo que no veía una película que tuviera una visión tan única sobre el tema y que la narración, tan poética, esté tan bien a todos los niveles y me gustaría que la vierais.
Eso sí, si estáis preparadas para ver una película que rompe el mito de la conexión inmediata entre madre y criatura y nos habla de una maternidad que no va como te dicen que va y que desemboca en algo realmente oscuro y aterrador. Y a la vez, realista y, en algunos casos, inevitable.
El personaje de María podría parecer tremendamente complejo, y lo es, pero, me temo, y temo que eso asuste a esas mentes colmena que solo conocen una verdad, que no es un caso tan aislado y tan extremo como podría contarse. Más que nada porque entonces Orna Donath no habría escrito «Madres arrepentidas» ni Katixa Agirre habría escrito «Las madres no», el libro en el que se basa, muy ligeramente, la película.
María es una mujer joven, una escritora, que está viviendo los primeros meses de su maternidad desde el aislamiento y la soledad. No tiene un mal entorno, pero sus amigas la han dado espacio, su pareja intenta estar ahí para ella pero María, simplemente, no está en ese lugar en el que mágicamente nos cuentan que llegan las madres. Ella vive una maternidad en la que no es capaz de hablar con su hijo, ni ser como las demás madres, ni hacer las cosas como ellas, y cuando conoce a madres precarias, tampoco encuentra la conexión, tampoco está allí.
Y el lugar en el que conecta, en el que entra, es en la psicosis de la historia de una completa desconocida que ha ahogado a sus dos gemelos. Una mujer a la que no conoce pero con quien, en cuanto ve que pueda haber cualquier conexión, genera un vínculo ficticio y se convierte en la persona más importante de su imaginario.
María, como escritora, vive en la ficción y se va a esta historia porque se ve, desafortunadamente, más cerca de conectar con esa historia, que con las maternidades que ve a su alrededor.
Y es horrible.
Y vive auténticas pesadillas, dolor, desesperanza, pero lo que más angustia al personaje, no es solo el hecho de verse reflejada en esa persona y pensar en si podría hacer algo así, sino esa culpabilidad por no haber entrado en esa nueva personalidad que le decían que aparecería.
Evidentemente, la historia también habla del miedo, de incluso el sentir que cuidas más a la criatura alejándote de ella porque sientes que eres un peligro para ella (no es la primera historia que se puede leer en sucesos sobre una madre en estado psicótico), y, truculenta, poética y dura, tiene un espacio para perdonar a esa mujer.
Porque María no tiene la transformación que queremos siempre, esa redención que buscamos invariablemente en las mujeres, y yo la entiendo, y entiendo que eso, igual que una mujer puede tener una criatura y amarla por encima de todas las cosas, eso también puede pasar.
También os diré una cosa.
No he conseguido que nadie quiera ver la película a raíz de recomendarla y, por supuesto, he recibido alguna mirada de soslayo de aquel que considera que, como me ha gustado una película aterradora, disidente, y que habla de las madres desde un lugar nada idílico, tengo un problema.
¿Por qué las películas han de dar un mensaje concreto y optimista?
¿Por qué debemos entender las cosas cuando no hacemos ningún ejercício activo por entenderlas?
¿Por qué no buscamos cosas distintas?
Supongo que cuando encajas en todos los mandatos sociales y has hecho un check en todo lo que aprueba el capitalismo, es mejor ver contenidos culturales que asienten esa sensación de comfort y aceptación. Y alejarte de cualquier cosa que pueda tambalear esa falsa sensación de seguridad.
Yo creo que no.
Yo creo que la balsa no está fija, y que por eso es una balsa.
Y no me preocupa ni no tener hijos ni que me guste Salve María, Persona o Madres arrepentidas.
O el libro Las madres no, en el que basaron Salve María.
Pero esa es otra historia.
Recomendadme historias, películas, libros, podcasts sobre no maternidad, al final no llego a todo y me gusta enterarme.
Y gracias por leerme.
Siempre, gracias por leerme.