Podría ser muy breve con este artículo e ir a la base de la tesis. Una serie que habla de los límites incontrolables de la masculinidad tóxica desde una adolescencia precoz, desde un sistema machista incontrolable, y unas dinámicas habituales que siguen permitiendo hacer una excepción de una violencia machista cada vez más joven y cada vez más salvaje, y como las instituciones y padres no saben cómo hacerle frente… Una serie así nos interesa a todos Y PUNTO.
Para empezar porque muchas personas que estamos en los 40 no entendemos las dinámicas de los nuevos adolescentes. Nos alejamos de ellos, incluso sus padres, alienados y precarizados por sus horarios y sueldos.
No les dedicamos espacio y análisis para entender si está yendo todo bien, porque, ¿por qué va a ir mal?
Venimos de discursos de bien y mal, de moralejas de cuentos, de una vida mayormente sin Internet, y no entendemos que los adolescentes se han criado con un Internet descontrolado en el que los mensajes machistas y beligerantes, no solo campan a sus anchas, sino que son promovidos por empresas financiadas por grupos de ultraderecha que necesitan mantener una figura masculina alejada del feminismo y enfrentada a las mujeres todo lo posible.
Y ya me he pasado con la introducción.
Y me he puesto política.
Pero es así.
Además, en este punto, ya todo el mundo ha dicho lo que tenía que decir sobre esta serie, que si valorar o no el plano secuencia, que es necesaria, que es dura, que lo vives de una manera como padre, que si lo vives de una manera como docente, como vecinos…
Pero, ¿cómo lo viven los hombres y los mujeres?
El hecho de que esta serie se haya grabado en plano secuencia es positivo, como me dijo una amiga, ya que muchos hombres la están viendo por el tema de la virguería audiovisual y no han tenido más remedio que darse de bruces con la historia y sentirse interpelados.
Pero a mí lo que más me ha zarandeado es cómo los personajes masculinos y femeninos viven la situación.
Los únicos hombres que se sienten interpelados son padres. Los padres de chicos que pueden estar participando de esto. Y puede que en parte por la atrocidad de que se haya acabado con la vida de una niña, pero mayormente por evitar que sus hijos se conviertan en asesinos.
Hay mil cosas que llaman la atención de la serie, y, centrándome en algo que nos concierne, que es el no tener hijos y relacionarse con las infancias desde la no maternidad, ¿nadie más se ha fijado en cómo los personajes femeninos padecen, pelean y se implican para sobrevivir al dolor?
No lo evitan, quizá porque es lo que deciden los guionistas pero todos los personajes femeninos se implican en la historia, desde la amiga de la niña a la que matan, pasando por las profesoras, la policía y la psicóloga.
El policía, de hecho, se lamenta con su compañera cómo se debe sentir ella ante esta situación y deja clarísimo lo lejos que esta de verlo como ella. Él está pendiente de encontrar un culpable, pero también del bienestar de su hijo. Y aunque tenga esa intervención en el primer capítulo hablando de la madre a quien le han arrebatado a su hija, la serie es muy sincera al mostrar toda esa distancia en la que los hombres se relacionan con la violencia que otros hombres ejercen sobre las mujeres.
Mismo caso, el profesor de historia, que escurre el bulto, y que en un contexto como el asesinato de una menor está tan ajeno como sus alumnos, y sólo se preocupa por dejar claro que él no puede hacer nada.
Nadie puede hacer nada.
¿La serie habla de cosas que pueden llegar a hacer los hombres porque no hay nada que puedan hacer los hombres para evitarlo?
Igual no es eso. O sí.
Estoy pensando mientras escribo.
Y pienso en cómo los personajes femeninos lo enfocan de un modo distinto. Completamente. No es que sean más responsables que los hombres, que no lo son, pero desde luego adquieren mucha más responsabilidad y cuidado en su gestión.
Una niña asesinada por un niño tiene a varios hombres que no saben que hacer y a varias mujeres que se unen porque se sienten desprotegidas. Todas. La madre del niño que asesina no se ve capaz de reaccionar, pero el resto de los personajes femeninos de la serie sin hijos son profesoras, psicólogas y vecinas y su rol se ve perfectamente claro a la hora de relacionarse con la situación. Parece que somos las únicas que necesitamos que esto cambie, no sólo como madres, si no como participantes de la sociedad y como espectadoras de la atrocidad.
Por supuesto, queda clarísimo en el capítulo de la psicóloga, que, por si no lo estábamos pasando mal viendo a la mejor amiga de la asesinada yéndose sola y castigada a su casa, nos acaba de dejar clara la postura del patriarcado, ya desde los trece años. Un patriarcado beligerante propiciado por Internet y la ausencia de una masculinidad más frágil, menos violenta. Y en el que las mujeres no tenemos un rol de autoridad ni cuando lo tenemos.
Siempre estamos expuestas a la violencia.
Pero… Tampoco es literalmente eso, ¿no?
Tenemos un padre preocupado, que no sabe cómo ha pasado, y al que sentimos cercano, porque los espectadores tampoco entendemos cómo ha pasado, aunque pase cada día, aunque lo veamos en las noticias, porque siempre nos dijeron que era así.
Qué tuviéramos cuidado, que bajáramos la vista, que no provocaramos una situación.
Hay un responsable, y todo un sistema, y toda una ideología, y toda una tradición en el feminicidio. Y esta serie quiere contarlo de manera en que aquellos que deberían responsabilizarse, no puedan mirar a otro lado.
Pero, ¿están mirando?
A la hora de pensar en escribir sobre la serie pregunté a amigos. Con o sin hijos.
Desafortunadamente, todos estamos preocupados.
Todos tenemos dudas.
Ninguno sabe qué hacer seguro.
Todos sabemos que algo tiene que cambiar, que es intolerable, y que los adolescentes necesitan menos pantallas y una supervisión, pero la sociedad debe dejar de aceptar los bulos y la violencia machista y clasista por mucho clickbait que genere.
Desafortunadamente, detrás de esa manosfera que apenas sale en la serie, porque habla mucho más del personaje de Stephen Graham, y de la necesidad de una nueva figura paternal que aleje a los jóvenes de esa manosfera que les refuerza el odio que sienten, no solo hay jóvenes solos y desamparados sin buenos referentes, hay hombres que no son monstruos, y que no sienten pudor ni vergüenza al odiar a las mujeres y al desear que estas no tengan ningún poder ni agencia.
Y si esto no nos afecta a todos, y si esto no debería ponernos las pilas, ¿qué lo hará? ¿Gaza? ¿Trump? ¿una pandemia? ¿Putin? ¿Mazón? ¿El capitalismo?
Ojalá esto no nos de únicamente un debate del que creamos que vayamos a salir mejores.
Ojalá tengamos valor para salir mejores.
Ojalá tengamos valor para que los hombres se impliquen en los cuidados y dejen de ser ejemplos de ausencia, de toxicidad, de virilidad, de beligerancia y de pasotismo.
Si Eneas pudo dejar la guerra para llevar en brazos a su padre, ellos pueden educar a sus hijos para abandonar todos esos mensajes que les enseñan a odiar a las mujeres.