Miss Bates

Me ENCANTA la última versión de Emma.

Es mi favorita.

Hay algo reconfortante en esas historias de Austen de encontrar el amor de tu vida leyendo libros por la campiña inglesa y dar respuestas ingeniosas llevando vestidos de flores con corsés que no nos permitirían dar las réplicas escritas en los guiones.

Pero lo cierto es que no quiero que hablemos de Emma. A Emma ya la conocemos, ¿no? Emma es la heredera adinerada que, al no necesitar el dinero de nadie, y no haber sucumbido al amor, decide que no va a casarse. Ni tendrá hijos.

O sí, puede cambiar de idea, pero eso no importa.

No importa porque ya hemos hablado de cómo Jane Austen era una mujer con algo de discurso antinatalista (dentro del contexto histórico) y cómo no se sentía a gusto con nacimientos y mujeres con hijos. Es normal que sus novelas, entonces, se convirtieran en un espacio para la crítica, el amor y el té.

Lo que me lleva al personaje dramático de la historia, la loca de los gatos de la historia: Miss Bates.

Hablemos de Miss Bates.

El personaje de Miss Bates es un ejemplo perfecto sobre lo que la sociedad regente y buena parte de la sociedad tecnofeudal actual considera como una mujer fracasada: la solterona.

Pero vayamos al origen, porque el hecho de haber permanecido soltera está intrínsecamente relacionado con el primero de los fracasos: no haber tenido dinero como para ofrecer una dote.

A día de hoy, no hay dotes en lo que es España, nadie se casa o deja de casar porque la chica provea una dote o no. Si no, me iban a explicar por qué todas mis amigas de clase trabajadora se han casado con informáticos que ganan un dineral; en aquel entonces, al informático le hubieran casado con condesas, marquesas, o los padres de las chicas de clase trabajadora hubieran tenido que sacar el dinero de donde fuera u ofrecer a la hija de una manera más que persuasiva.

En cualquier caso, la dote ha desaparecido pero el prejuicio no.

Siempre hay solteronas en las novelas de Austen, ya sean Anne, Charlotte o aquí Miss Bates, porque Emma, por su clase social y belleza todavía es casadera, pero no Miss Bates.

Miss Bates vive con su madre, que es la viuda de un sacerdote, en una casa pequeña, con muy pocas comodidades y dependiente de la bondad de familiares y vecinos.

Esto es muy importante. Ver que forman parte del grupo de un modo caritativo, básicamente, que tienen una red basada en la compasión hacia su clase social.

Aunque aparecen en varias escenas con Emma y Mister Knightley, queda claro que, en su sociedad, son personajes que no están en el mismo rango social y económico que el resto.

Para nada.

Son dos mujeres. Mujeres que están solas.

Y, por tanto, mujeres sin recursos.

Debemos recordar que es bastante reciente la capacidad de las mujeres por tener propiedades o cuentas bancarias. Sin ir más lejos, ya era más del 1985 cuando mi madre pudo abrir una cuenta de ahorro sin su marido para ella y su hija.

Miss Bates y Mrs Bates, los Dupon Dupon de la historia, son personajes risibles, graciosos, muy parlanchines y que causan risa. Pero, sobre todo, se retratan así porque su condición social y económica las sitúa en el último lugar de la cadena alimenticia, como fuente de críticas y bromas bienintencionadas por el grupo.

Pero bromas que se hacen a las espaldas porque, al fin y al cabo, son todos caballeros y esos comentarios podrían resultar ofensivos si se los dijeran a la cara. De hecho, el único motivo de conflicto viene porque, en un momento determinado, en una de esas peroratas de Miss Bates, Emma se burla de ella (como cualquier pija del instituto a la empollona que contesta a una pregunta del profesor) delante de todo el mundo y su love interest le llama la atención por ser clasista y maliciosa en su humor, dos cosas que definen muy bien a Emma y, pese a todo, el motivo por el que nos leemos el libro y vemos la película. (Y los decorados, y Johnny interpretando a Mister Knightley).

A partir de ahí, y sólo porque se lo dice alguien que le importa, Emma se arrepiente y se vuelve caritativa, llevándole comida a ambas mujeres, y sin sacar el tema, por no ofenderlas, claro, y porque no vaya a ser que se disculpe.

No, no es así.

En realidad no lo hace porque ese personaje ridículo y absurdo, que es la solterona y pobre del grupo, es mucho mejor persona que ella y es consciente de lo que supone para alguien de clase social disculparse con alguien como ella, y hace la vista gorda.

Ya en Emma, Jane Austen nos hablaba de que el mejor destino para las mujeres sin hijos, sin pareja y sin dinero, era la caridad y aceptación de los demás, como un esfuerzo, por tanto, de los mismos, ya que aceptar a ese tipo de mujeres, ¡qué mala imagen daría!

Bueno, pues a día de hoy, pese a no existir la dote, que las mujeres trabajen, se emancipen, puedan trabajar, tengan familia, amigos y hobbies, si no tienen pareja e hijos, siguen siendo miradas con tristeza e incluso algo de desdén.

La gente se plantea por qué estarán así, qué tendrán de malo, y buscan elementos negativos para justificar por qué no han hecho un check en esos apartados. O intentan juntarla con esos amigos solteros que aún quedan en el grupo.

A la vez que estamos viviendo una transgresión en los modelos de vida y de familia, y abandonamos el modelo Disney de parejas, las corrientes más conservadoras que dan dinero a medios de derechas, siguen manteniendo ese mensaje y lo potencian y hacen llegar lejos; los Incels detestan, insultan y amenazan a las mujeres que no quieren nada con ellos; incluso algunas mujeres con pareja e hijos miran a sus amigas solteras con una profunda tristeza.

Sus amigas solteras que, a día de hoy, deberían poder mantenerse por sí solas pero el capitalismo ya se asegura de que nada sea accesible sin una pareja.

Y hacen auténticos esfuerzos económicos para vivir solas y tener una vida en la que no dependan de nadie. Y, por supuesto, en muchos casos, no tienen hijos y, en vez de ser admiradas por su independencia y resolución, se intenta que mantengamos la visión de la época del Regency en vez de elogiar la independencia económica y social que consiguen, de admirarla y de, incluso, pensar en qué modos de subsistencia podríamos tener que no tuvieran que ver con el capitalismo extremo para poder vivir con amigas. Siguen pareciendo las cooperativas una ficción, pero ¿lo son? ¿O son una medida que no nos permiten soñar como algo deseable, igual que la independencia?

No puedo decirle a Miss Bates que quien ríe el último ríe mejor, porque no fue esa su historia, y sus circunstancias y época histórica no lo permiten, y está justificada la tristeza, verborrea al vivir solo con su madre, y el hecho de sentirse inferior a sus amigos ricos.

Sin embargo, me gustaría animar a todas las solteras sin hijos, a que valoren sus vidas ajenas a los mensajes de marketing y a aquella gente que, por encajar en valores tradicionales, creen que lo tienen todo solucionado.

La vida puede no ser perfecta, y esas parejas con hijos ideales no saben si de aquí a unos años van a separarse, van a tener que empezar sus vidas de nuevo, van a acabar hasta las pelotas de un modelo de vida ficticio e impuesto por medios de comunicación y no van a poder consumir al ritmo que les exigen.

No es oro todo lo que reluce, y a día de hoy, muchas mujeres están descubriendo que están mucho mejor sin un hombre que les hace mansplaining o que cree que porque gana más dinero tiene derechos y su mujer solo deberes.

Nada es al 100% y ninguna vida es perfecta. Y tenemos unas redes sociales lideradas por gente como Zuckerberg o Musk diciéndonos que tenemos que volver a los valores tradicionales PORQUE A ELLOS LES VIENE BIEN. Y a la vez, estamos en una crisis económica que nos ha hecho casi imposible emanciparnos, de manera que podamos siquiera vivir solas.

Lo tenemos francamente difícil y es importante que nos unamos contra los oligarcas y fondos buitre, y dejemos de mirar a las Miss Bates a nuestro alrededor como si todas fuéramos Emma.

No todas somos Emma.

Pero todas, TODAS, podemos ser en algún momento de nuestra vida Miss Bates y que se rían de nosotras por nuestra mala suerte y nuestra verborrea incansable.

Un abrazo a las Miss Bates. Se lo merecen.

Ojalá nos encontremos en una casa de cooperativa a los 60. Incluso antes.

Estoy deseando conoceros.


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