Mariana Enríquez

Cuando vi que Mariana Enríquez firmaba en Madrid ya era tarde. Tenía planes y no me daba tiempo a ir al evento editorial en el Matadero de Madrid.

Cuando vi que firmaba en Barcelona, ya no quedaban  entradas para ir a la firma de la reedición de su libro «Cómo desaparecer completamente» en Finestres, Barcelona.

Mentiría si dijera que Mariana Enríquez es mi autora preferida. No soy una gran lectora de historias oscuras, personajes límite o historias de terror, en el sentido de que no es mi género favorito, pero, más allá de su escritura, eléctrica y directa, hay algo solo en su personalidad, en aquella que podemos ver en la persona virtual que resulta tremendamente encantador. A diferencia de esta generación narcisista de síndrome del protagonista constante, me encanta que Mariana, quizá por venir de un mundo más analógico, quizá por no sentirse conectada con el narcisismo, dedica su Instagram a hablar de todo lo que le gusta: Nick Cave, Lana del Rey, amigos, editores, películas que le gustan, discos que le encantan, todavía recuerdo todas las publicaciones que hizo sobre Nosferatu el año pasado. Mantiene el espíritu de los fotologs, MySpace, la idea de emplear Internet para compartir gustos sin mayor pretensión que ensalzar aquello que ama y que le motiva.

Pero, ojo, que ni es ajena a su persona, ni a su trabajo, y mucho menos a sus admiradores. Es solo que, como dice ella, para algunas cosas, ya se hizo grande. Entre ellas, para tener hijos, pero quizá, entre otras muchas, para atender todo aquello que es innecesario.

No sé mucho más sobre Mariana Enríquez, y a la vez sí, porque el miércoles pasado, en un momento de scroll, lo vi: se habían liberado entradas para ir a la firma en Barcelona.

Una imagen vale más que mil palabras.

Eso no quita que deje unas cuantas palabras más.

Mi amiga Gema fue la primera persona a la que avisé de que había entradas y que podíamos conseguirlo e ir juntas a la firma.

Y así llegamos a Finestres a las seis y media el sábado 20. Bueno, Gema a las 17:45 y yo a las 18:30 por esta incapacidad que tengo de estar en un sitio e ir a otro lugar. Cuando llegué, la cola era larga pero no imposible y me animé, compré el libro y me puse a esperar.

Las chicas que estaban delante de mí, fan y amiga, hablaban. Una pensaba en todas las cosas que quería decirle a Mariana, en lo mucho que la admiraba, lo mucho que sus libros la inspiraban… Y le contaba a su amiga que sería incapaz de decirle nada, lo que fue cierto. Su amiga les hizo unas cuantas fotos, decepcionada tras una hora animándola a hablar con su autora favorita, y se marcharon. Os entiendo a ambas.

Gema consiguió su firma, segunda firma, y constató que Mariana la recordaba, lo que animó aún más su sábado por la tarde y, como buena amiga, me acompañó hasta que conseguí mi firma.

Hablamos de migrañas, remedios, bodas, consejos editoriales, problemas con autores, vestidos, podcasts, librerías a las que no hemos ido aún, cosas que no volveríamos a hacer, recibimos a su amiga Lara, la tercera en nuestra tarde de fila en una librería, un tipo de plan que nos encajaba bastante a las tres… Hasta que llegué frente a Mariana Enríquez.

Y en aquel momento, pasaron dos cosas a la vez, aparte de dos fotos, una de Lara, otra de Gema, al mismo tiempo que no sabía qué decir a esta mujer rock star increíble, le di las gracias por unas declaraciones que hizo hace años sobre cómo era una persona sin hijos. Le comenté que tenía un blog y que debía haber compartido esa entrevista diez veces.

Poco esperaba que me mirara y me dijera: «¿La gente aún se molesta porque no tengas hijos?».

A lo que añadió que, como ella ya era grande para eso, no le pasaba. Pude decirle que sí, que aún había algo, y que a veces pensaba que la gente buscaba huecos en los que atacar, que no estaban bien y que, simplemente no querían que estuvieran bien.

Es curioso cuando una persona a la que admiras te escucha, te sonríe y forma parte de un pensamiento en voz alta. Por una vez no leía sobre una autora de hace siglos, de una figura etérea, de una estatua en la plaza de una ciudad.

Mariana, con esa juventud que la acompaña, su oscuridad y luz, sus preciosos zapatos y gafas de sol, comentó que aquello que escribía, quizá no era lo mejor para animarse.

Pero yo creo que sí.

Y espero que ella sepa que, en tiempos inciertos, la oscuridad de su relato hace mejor la vida de todas sus lectoras. Y que le da carne, voz y honestidad a la disidencia.

Por eso la queremos y por eso volvemos a esa cola dos veces, por eso Gema vuelve siempre, porque necesitamos verla y saber que es real.

Si no estuviste el sábado, te lo aseguro: es real.

Esta mujer que es una de las grandes autoras de la literatura actual también es una mujer tranquila y divertida que porta una hoguera casi sin darse cuenta.

Y todo lo que fuera aquello que viviera por no tener hijos quedó muy atrás, como algún día nos quedará a las demás.

Ánimo.

No es tarde para que todo quede atrás.

Y muchas gracias, Mariana.


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