Hace más o menos un año, estaba en un conflicto personal enorme porque, una de las cosas que me puedo permitir gracias a no tener hijos, y que tú puedes permitirte también es la de darle demasiadas vueltas a las cosas.
Y, la verdad, no lo recomiendo. Te recomiendo mucho más que hagas ese viaje increíble que recomiendan muchas publicaciones childfree en las que el mayor mérito de nuestra elección de vida es la capacidad de gastar más dinero que otros. Si puedes permitirte ese viaje para dar en las narices a todos esos fantasmas del colegio e instituto que te dijeron que no llegarías a nada, adelante. Si las sesiones de terapia a 60 euros la hora no han funcionado, seguramente sacar 1000 euros de tu cuenta corriente sean la solución.
Si estás pensando que le doy demasiadas vueltas a las cosas es debido a que tengo mucho tiempo libre, no te equivoques, no lo tengo. Aunque critique mucho el FOMO, ya que me parece un modo de justificar el capitalismo más cuqui y benevolente como si no estuviera arruinando el mundo, lo confieso: yo también lo tengo.
Hago o intento hacer mil cosas a la vez.
Me interesa aprender prácticamente todo, sin filtros, no sé si para saber de todo, para mantenerme ocupada o si tengo una curiosidad infinita. No sabría decirlo claro porque, al darle demasiadas vueltas a todo, he sacado diferentes variantes y todas tienen a día de hoy el mismo nivel de plausibilidad.
El caso es que no me detengo.
Lleno la agenda de actividades, me apunto a nuevas iniciativas, miro información de clases de idiomas (en plural, varios, a la vez), miro cursos, de todo, información de convocatorias teatrales, de clases, laboratorios, encuentros, eventos a los que no puedo acudir, tengo ideas que esbozo, anoto y desarrollo sin tiempo para sentarme a desarrollarlas, organizo conversaciones de proyectos a las que llego al borde de la improvisación.
¿Y por qué haces eso?
¿Por qué hacemos eso?
¿Y por qué lo rechazo?
Y, sobre todo, ¿por qué me enfadé con los tatakis?
Contestando las primeras preguntas, lo tengo bastante claro. Durante años estuve persiguiendo un tipo de industria y trabajo que me deterioró bastante la cabeza. Tuve amigas cuyos estilos de vida no encajaban con el mío así que hice por encajar yo, llevando a tener ciertas crisis de identidad bastante importantes que me hicieron escribir cosas como la obra de teatro de worms.
Pero… Le voy a dar un tiempo a todo esto.
Y celebro que, en este momento, estas gestiones emocionales y estos cambios puedan llegar sin tener a nadie que dependa de mí, nadie que me necesite y para quien deba estar a toda costa. Hay gente que lo tacha de egoísta, pero saber que mis problemas no van a afectar a nadie más, me da mucha paz.
Actualmente no estamos en un buen momento para ningún tipo de disidencia y es más importante que nunca ser consciente de que no estamos solos. Que, en realidad, no pasa nada si no quieres seguir haciendo eso que has hecho siempre, que no tienes por qué ir a ese lugar al que no quieres ir, y no tienes que darte prisa por convertirte en otra persona, que no pasa nada si vas perdiendo ciertos contactos por la maternidad, o por otros motivos. Lo cierto es que hay una profundidad mucho mayor que lo que se cuenta en las redes. Yo creo que he acabado desconectando más de amistades conservadoras que por el mero hecho de ser madres, simplemente, nuestras dinámicas ahora son muy distintas, pero en la rueda del mundo digital todo acaba en un lugar muy plano, en el que básicamente eres una persona que comes tataki o no, no que desarrolle acerca de su relación con la clase en base a gustos culinarios, o que se cuestione pagar un precio desorbitado por una hamburguesa cruda aplastada con un huevo por encima (sé que eso es un tartar).
Sin embargo un día la tomé con un tataki, y me disculpo con el tataki.
No eres responsable de que yo tenga que tomar decisiones con mi vida. No eres responsable de que las redes busquen enfrentamientos, ni de que algunas personas se vayan de tu vida. Gracias a eso, otras llegan.
Celebro que pronto llegue Octubre. Que pronto sea una época en la que replantear cosas y buscar nuevas ideas, y en la que trabajar con el pensar demasiado y, quizá, perdonar al pobre tataki.
Así que, desde aquí, me doy y os doy ánimos para estas nuevas etapas, hago un llamamiento para saber qué os gustaría que abordase por aquí, si veis necesidad de cambios en el formato o si hay algún tema que os interesaría que investigara.
Siempre os leo.
Gracias por leerme.