Parece un chiste pero no lo es, como cuando lees antiguas portadas del ABC que comentan cómo figuras como Hitler y Mussollinni iban a traer la paz a Europa en 1938… Quizá exagero, pero tal y como me siento ahora ante las noticias, intereses y ciertas conversaciones que se encuentran en el centro de esta película distópica llamada «presente», ver que hoy era el día internacional de la tolerancia me ha parecido una broma pesada.
No diré que cualquier tiempo pasado fue mejor pero deberíamos reconocer que esta época, salvo para gente con muchos privilegios, no está siendo la más fácil de llevar.
La clase obrera quiere alejarse de la mano de obra migrante para favorecer a los milmillonarios, por los que sienten más respeto que por los que podrían ser sus compañeros en la pelea por sus derechos laborales y, por qué no decirlo, fundamentales.
Todos los trabajadores están haciendo formaciones en IA y ninguno habla o se cuestiona el hecho de que estas inteligencias vengan de empresas de estos mismos milmillonarios, en un mercado no regulado por los Gobiernos, que dice que se puede regular a sí mismo aunque rara vez lo hace (os recuerdo los más de 7000 millones de euros que se dieron a los bancos en la crisis de 2008 para que ahora tengan casas cerradas al «mercado» para así ayudar a que la vivienda suba), y creamos que nos estamos adaptando en vez de cuestionar estas decisiones mercantiles y que nos vuelven, si cabe, aún más individualistas.
Las tradwives como modelo de la mujer emancipada cuando, es evidente, que si una mujer tiene un canal de negocio y accede a sus propios medios de producción, ni es una mujer sometida a su marido (ni social ni económicamente) ni tampoco está gestionando su casa ni a sus hijos, sino que, mientras está grabando esos videos perfectos, retocados y estéticos, hay otras mujeres gestionando su casa. ¿Quieren las tradwives que otras mujeres las imiten porque eso las ayudará a liberarse o promueven un discurso rancio y casposo que viene, nuevamente, del interés de que las mujeres se queden en casa en vez de tener un rol en la sociedad, la economía y la política?
Gaza, Sudán… Y ahora se descubre, a través del trabajo de un escritor, que el argumento de la purga no es tan ficticio como se pensaba.
¿Y se supone que hoy celebramos el día de la tolerancia? ¿Es hoy el día en el que todo el mundo se vuelve más tolerante y empieza a entender más a sus semejantes, o es, otro día más del calendario para crear una sensación de seguridad o de control para que, realmente, no salgamos a la calle a intentar cambiar las cosas?
Escribo esto desde el absoluto cinismo y desencanto, porque no creo que salir a la calle cambie ya nada. Menos aún las redes sociales. Sin duda, menos aún cualquier medida o producto que venga de un super rico cuya inversión luego se hace materia en drones para atacar a civiles en Gaza.
Cualquier tiempo pasado no fue mejor, pero también dicen que a partir del 2011, de la llegada de los smartphones, los índices en depresión han subido, se habla mucho más de la salud mental porque está por los suelos, y con los smartphones llegó mucho más el mensaje de la psicología positiva que nos hace pensar en el esfuerzo individual, el ascensor social y en no responsabilizar de nada a un mercado sin regular, políticos que abrazan ideologías neonazis, millonarios avariciosos, pero ¿qué tendrán ellos de importancia, cuando lo único que importa para tu bienestar es que hagas 50 burpees a las 5:00 de la mañana antes de una ducha fría? O después, la verdad es que no lo sé.
¿Y qué decir de nosotras? Las mujeres con hijos y las mujeres sin hijos se toleran. Sí, pero las mujeres con hijos han descubierto el amor de verdad… Ya, pero las mujeres sin hijos pueden abandonarse al consumo extremo y hacer 8 viajes en avión al año o más… Ya, pero las mujeres con hijos tendrán a alguien que esté para ellas cuando sean viejas… Ya, pero las mujeres sin hijos pueden ir a un festival en el último momento sin tener que pensar en canguros… Ya, pero las mujeres con criaturas verán crecer a sus pequeños y convertirse en adultos… Ya, pero las mujeres sin criaturas no tendrán una depresión post-parto y podrán seguir yendo a trabajar…
Estamos en una dicotomía en este aspecto todas las mujeres con cuál es el factor que nos manipula.
A las mujeres con hijos es el amor verdadero, la estabilidad, la familia, la validación, el apoyo institucional DE BOQUILLA, la seguridad, ¿hemos dicho ya el amor verdadero? Las cuentas de mamis influencers en Instagram utilizan términos absolutos e incontestables para aquellos idealistas de las películas románticas de los 90 (como si las mujeres sin hijos no hubiesen visto Dirty Dancing o Cuando Harry encontró a Sally). ¿Qué más hay? Evidentemente digo que el apoyo institucional es de boquilla porque hay muchas campañas que animan a tener hijos pero luego las ayudas que se gestionan en las comunidades autónomas son de puta risa. Y viviendo en una Comunidad Autónoma como Madrid ya es para reírse a carcajadas con la tolerancia, cuando es una comunidad responsable de muertes en la pandemia y, a día de hoy, de que no se puedan interrumpir embarazos de riesgo y no den los registros de los médicos que son objetores de conciencia bajo el lema de «que se vayan a abortar a otra parte». Un tiempo pasado no fue mejor, pero una mujer que no puede continuar con su embarazo por el motivo que sea no debería sufrir este tipo de negligencias, y como me ponga con lo de los cribados de cáncer, esto no acabaría nunca…
A las mujeres sin hijos nos atraviesan con otra terminología en las redes sociales. No hablamos tanto de lo que dice Simone de Beauvoir acerca de la libertad de que se pueda elegir y las circunstancias que se dan, sino que nos venden una libertad basada también en conceptos capitalistas. El algoritmo, si no vas a tener criaturas, te propondrá que compres cosas, te hablará de las cosas que te mereces, y te premiará cuanto más activa seas y hagas (y pagues) más cosas. Si no, que vivas una vida en los márgenes, que no te asientes en un ciudad, que seas libre, que viajes a todas partes, que llegues a todos los lugares, que te enorgullezcas de tu decisión, que no molestes en los espacios comunes donde hay familias y vayas a darles ideas raras…
Aunque hay una parte que comparto, creo que es una manera también de idealizar y vender un estilo de vida que no siempre es sostenible. Pero claro, no todos los childfree tienen interés en la sostenibilidad. No todos se plantean lo horrible que es el mundo para las criaturas, o que no tengan apoyos. Con o sin hijos, los seres humanos y nuestros deseos son bastante únicos, contradictorios, positivos, vergonzosos y, en definitiva, inevitables.
Pongámoslo de un modo simple: hay personas que quieren y que no quieren, y yo soy de las que no.
Y quizá el hecho de traer criaturas o no a este mundo debería ser algo en lo que trabajar en este día de la tolerancia (y ya si la gente fuera más tolerante con los migrantes, las mujeres maltratadas, los países en vías en desarrollo que nuestros gobiernos han expoliado, los millones de personas que no tienen hogar por un genocidio, las víctimas de una DANA o de una pandemia en residencias, sería ya mucho, pero oye…).
Volviendo a nuestro tema, y perdonad que me vaya por otros derroteros, (es el día de la tolerancia, toleradme):
Yo entenderé que quieras tener hijos y los tengas tú entenderás que yo ni los tenga ni los quiera. Y tú no pensarás que estoy muerta por dentro y yo no pensaré que tú estás teniendo hijos en el apocalipsis…
Hay que entenderse, hay que buscarse, y apoyarse, y hacer equipo.
Tenemos cosas en contra que tenemos que regular, y en las que deberíamos poner mayor esfuerzo que en moralizar nuestras decisiones de cara a otras mujeres.
Creo.
Creo que los problemas realmente son otros y habría que encararlos como sociedad pero, qué voy a saber yo, solo soy una mujer que no quiere tener hijos y que seguramente esté muerta por dentro…
Así que, feliz día de la tolerancia.
A ver si hoy nadie os pregunta por qué no tenéis hijos o no os dice qué estáis haciendo mal con los vuestros.