No tener hijos no es el único modo de decepcionar a tus padres

Puede que tengas unos padres fantásticos que te quieran tal y como eres, acepten tus decisiones de vida y sean tus mayores admiradores, que sepan cuando tienes una entrevista de trabajo, que te hagan tuppers cuando estás mala, que un día quieran ir contigo de viaje, que quieran enseñarte cómo avanzan en el Duolingo o mostrarte su nueva afición… Y puede que no.

Puede que les hayas comenzado a decepcionar el mismo día de tu nacimiento, que el hecho de que te parecieras más a uno u otro fuera determinante en esas carencias emocionales que han condicionado toda tu vida, aunque todos hayáis intentando disimularlo.

Puede que llevara más tiempo, y que dejaras de gustarles en la adolescencia, cuando empezaste a escuchar Extremoduro y te dio aquella época por bailar, sin talento, o cuando tuviste aquel grupo de amigos con el que empezabas a beber o fumar o ir a sitios con un DNI falso (como ellos también hicieron), o aquella primera vez en la que quisiste cambiar de carrera y te convencieron para que siguieras porque era lo que querían que hicieras y no te consideraban suficientemente inteligente para saber lo que querías. (Por cierto, igual es cierto que no sabías qué hacer con tu vida pero errar es humano, ¿no?)

Puede que tu pareja, o todas las parejas que has tenido, les parezca una decepción conforme a ese príncipe de Dinamarca al que pensabas que tendrías acceso desde tu colegio público de Hospitalet. Que no les haga ninguna gracia, cuyo trabajo no entiendan, y cuya ropa critiquen. Puede que hasta le hayan puesto un mote que desconoces, y que, si algún día descubres, sólo quede como un chiste menor sin importancia. Puede que el día que rompas con esa pareja y para ti sea el final de tu vida hasta que te recuperes, no solo no sepan que decirte, sino que a escondidas intercambien veinte euros, ya que uno apostó que no llegaríais juntos a los 40 desde aquella vez que vino con una sudadera a la cena de Navidad.

Puede que sea por ese corte de pelo que no entienden que te guste, o ese barrio en el que te puedes permitir vivir con ese sueldo precario al que puedes acceder pese a todos los esfuerzos que hicieron por darte un futuro mejor y que, obviamente, has malgastado teniendo este presente de mierda. No hay crisis, no es que haya un futuro poco prometedor, has sido tú y todas esas malas decisiones que ellos no te hubieran permitido tomar, y que, probablemente, hayan minado y criticado durante años, de modo que nunca te hayas sentido segura para emprender nada por ti misma.

Puede que sea porque tu color favorito no es el que esperaban. O porque ahora solo comes verduras porque te ha dado por esa tontería de salvar a los animales, o porque gastas tu tiempo en apuntarte a un curso de cerámica o aprender inglés cuando nunca se te dio bien. Todo empezó en aquel trabajo, con aquella persona, o viajando a aquel sitio…

Simplemente, no has sido suficiente.

Porque los hijos no son suficiente para cubrir frustraciones personales. Por eso los nietos parecen un remedio infalible… Pero eso no te obliga a nada.

Y es que es verdad que puede que la mayor decepción de todas sea esa, sí, que no hayas tenido hijos, que no les hayas dado nietos.

Pero, ¿acaso no es su plan el que ha fracasado y no el tuyo? ¿No viene de ahí la decepción?

Piénsalo así, si la base del plan se basaba en que tú hicieras tu vida bajo su mandato, en cuanto salimos al mundo, ya tambalea, ya es difícil, y quizá… ¿Quizá hagas otra cosa?

El que su plan falle les indica, muy convenientemente, que has echado por tierra todos los planes que tenían para tu vida y, por tanto, sus vidas, condicionadas por y para ti, han sido en vano. Es una manera de decepción, sí, pero, ¿es tuya o suya?

¿Ellos se sienten decepcionados? ¿Y tú no? ¿No nos sentimos todos decepcionados?

El sistema nos ha decepcionado A TODOS.

Que nuestros padres vieran con cincuenta años o en su jubilación que eran prescindibles y se sintieran invisibles en el mundo no era algo que tú tuvieras que arreglar.

Que el que hubiera un ciclo sin fin en el que entraron teniendo un hijo o hija, significase que tú tenías que seguir adelante, cuando tenías la opción de decir que no. Ellos también pudieron, ¿no?

La cuestión que intento abordar con cierto humor catastrófico no es meterme con los padres de nadie, o sí, pero sobre todo es mirar con perspectiva el hecho de que quizá les prestemos demasiada atención porque se nos ha enseñado a prestarles demasiada atención.

(algunos) dependemos enfermizamente de su opinión, de su aprobación, y dejad que os diga una cosa, la gente más admirable ha decepcionado enormemente a sus padres. Ha habido trifulcas familiares, artistas que abandonaron toda relación familiar, enfrentamientos, fin de palabra. Y quizá simplemente podríamos dejar un poco de distancia para respirar.

Quizá lo más importante sea aceptar que no somos lo que ellos querían, que nuestra vida tampoco lo será y que el problema es mayormente suyo. Porque el que te dieran a luz y te criaran no te convierte en una posesión, sino que eres un individuo libre e independiente dentro de una colectividad, y ahí tienes voz, voto y libertad para ser aquello que seas, les parezca bien o no.

Así que no te sientas mal porque tus padres están decepcionados porque no has tenido criaturas… Probablemente hay otra cosa que no estás pensando en la que también les decepcionarías. Probablemente es nuestro sino, no ser perfectos para ellos, incluso no gustarles, pasar por esa etapa en la que nos miran y dicen «no me puedo creer que sea mía/o (no lo somos)».

Piensa en cómo está el mundo ahora y en la capacidad de maniobra que tienes, y en todas las cosas que tenemos por hacer. No tenemos tiempo para hablar con nuestros padres acerca de cómo nos hemos decepcionado todos en la vida, y seguramente ellos sean demasiado mayores para la terapia.

Y otra cosa, por si no lo habías pensado.

¿Acaso no te están decepcionando ellos a ti?


Deja un comentario