¿Por qué he vuelto a escribir? ¿Por qué lo dejé?

Es posible que no te hayas dado cuenta porque, obviamente, no ocupo un lugar en tu vida tan importante como para que te hayas dado cuenta de mi ausencia.

Cuando un blog no se actualiza, se actualizan más de 100 al día.

Estamos saturados de contenidos. Si tu bloguera childfree de confianza no ha subido cosas, hay otros muchos intereses que poner en práctica. Hay cosas para vender en wallapop. Hay noticias interminables en las que hacer scroll para, finalmente, no sacar ninguna conclusión. Hay, en el mejor de los casos, amigas. Hay, en otro mejor de los casos si practicas la monogamia y has conocido a alguien, una pareja. Hay planes. Hay libros. Hay películas. Hay series. Hay deportes. Hay que comer todos los días. Hay que limpiar tu lugar de residencia. Tienes muchas más cosas de las que necesitas y, de vez en cuando, debes tirar algunas. Hay que dormir. Hay que pensar.

De modo que si has llegado a leer alguna vez el blog, te lo agradezco. Hay millones de estímulos previos antes de llegar a este espacio que requiere tanta atención y en el que la pausa es imprescindible.

Y por eso ha habido un tiempo en el que, te hayas dado cuenta o no, he dejado de escribir.

Desde fuera no he recibido presión alguna, pero en ciertas ocasiones se me ha «motivado» a hacer más cosas. A llevar grupos. A hacer un podcast. A actualizar más el Instagram para hacer contenidos más atractivos. Ojalá fueran esos mis intereses, o estuvieran dentro de mis posibilidades. Pienso mucho en qué más cosas me gustarían. Pienso en grabar estas entradas por si alguien quiere escucharme de camino al trabajo, o en escribir un libro o un texto de ficción sobre la no maternidad (sobre todo después de leer OK Days y Olive y darme cuenta de que todo busca una tonalidad parecida a la autoayuda con la excusa de una historia) pero no le veo ningún interés a publicar en redes sociales.

Un motivo para dejar todo fue la llegada del Substack. Como cualquier cosa que se pone de moda, ya no era lo suyo tener un wordpress, sino publicar en Substack, estar en esa red social de blogueros. Siento decepcionaros diciendo que, no solo me creé uno, sino que lo he dejado aún más abandonado que este blog. No tengo ni la más remota idea de qué hacer con él. Y ha habido veces que el clima actual me ha hecho sentir que no sabía qué hacer aquí tampoco.

La idea de empezar a hablar del derecho de ser una mujer y no asumir el instinto maternal como un imperativo estaba perdiendo fuerza con el fascismo en aumento que se ha vivido a lo largo de 2024-2025 (y eso por no ir atrás con las situaciones que se llevan viviendo en Sudán, Irán y Palestina entre otros lugares y que, a día de hoy, están fuera de control), la caída brutal de la izquierda, la falta de coalición de los disidentes, la desconexión que provoca que perdamos cualquier sentido crítico, entre otras cosas.

¿Cómo iba a hablar de la vida de otra mujer blanca que se arriesgó a ser juzgada por no tener hijos? De repente me sentía ridícula. Yo, que había superado los juicios, que ya me reía en la cara de los críticos conservadores, que podía salir airosa de cualquier conversación al respecto, ¿qué tenía por aportar yo?

Por un lado, el hecho de que el mundo esté lleno de este tipo de noticias y sintamos miedo y frustración, no me animaba a escribir.

Por otro lado, al mudarme, he perdido el día a día con mis mejores amigos y eso ha sido difícil de sobrellevar y más difícil aún el crear nuevas conexiones. Por suerte, se ha ido haciendo y ya hemos priorizado nuevas amistades y hemos limitado contactos que nos hacían sentir mal.

Y es que me sentía peor como antifascista o anticapitalista que como mujer sin hijos. Sentía que, al haber superado esta etapa de crítica, entraba en otra nueva, y que tenía que enfrentarme a ella o tomar partido. Pero, en realidad, ni todo estaba ganado ni todo está perdido.

Lo cierto es que, aunque a veces las cuentas pro-maternidad y de no-maternidad parecen un combate a muerte por ver «quién vive la mejor vida», merece la pena seguir escribiendo al respecto.

Entrar en el debate y meterme a discutir en redes sociales no me interesa, y es parte del precio que pagar para tener una comunidad. Hay que entrar al trapo en una telaraña de argumentos, preguntas, respuestas y cuestiones que están guiando algoritmos e IAS y carecen, por completo, de sentido crítico. Además solo se establece un debate de manera capitalista y clasista para complacer al algoritmo.

Sin embargo, entrar aquí y contaros la vida de Debbie Harry, leer vuestros mails, investigar a Eleanor Marx (sigo en ello) o a las pintoras expresionistas, es un gusto y he pensado que no tengo por qué quitármelo.

Y quién sabe si llegaré a más cosas.

Sólo necesito a alguien que lea y ganas de escribir.

Y pondría que también tengo que creer en mí misma, pero la sola idea de entrar en un tono parecido al autoayuda va en contra de mis principios.

Un día os lo cuento.

Tenemos tiempo.


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