A lo mejor has empezado a leer este blog porque necesitas que alguien te diga que no pasa nada por no tener hijos, porque es así, realmente no pasa nada. Tu familia puede encontrar otras motivaciones en la vida si no tienen nietos ni sobrinos, tus amigos encontrarán nuevas personas con la que llevar a los hijos al parque y tú podrás encontrar un amor incondicional, si es lo que quieres, sin que haya salido necesariamente de tu útero o haber experimentado una cesárea. De verdad, no hace falta.
De hecho, es importante que llegues aquí porque, una vez que has decidido esto y has pasado ese corte en tu vida, la cosa no se pone fácil. Sigues teniendo que vivir, que trabajar, elegir amistades, pagar facturas, cuidar de tu salud (que puede estar en un estado mejor o peor) o de la de alguien que esté a tu cargo, discutir por cosas importantes para tu vida, trabajar tu sentido crítico, aprender y, un concepto que no me gusta emplear mucho, pero estar presente.
¿Por qué si no hay una criatura que depende de ti? ¿Por qué no puedo disociar con el móvil y simplemente dejar que pasen los días?
Bueno, puedes.
Yo no.
Ya no.
Porque creo que es importante saber lo que necesitas, y el haber abandonado el camino de la maternidad, solo es un paso más en el camino, porque tienes un universo de posibilidades y oportunidades (en base a tus capacidades e intereses, claro está) que no siempre se alinean ni se muestran como en una ensoñación.
Por supuesto, en cuentas childfree casi siempre te dirán que te dediques a ti misma, que viajes, que sueltes, que vayas con la corriente y gastes el tiempo y dinero en ti.
En mi opinión, si todo lo que se enseña últimamente como positivo tiene que ver con el dispendio económico, no es una solución. No debería ser un privilegio exclusivo de gente con una renta alta o un capital más que generoso, pero lo parece. Parece que una mujer de clase trabajadora no pueda permitirse no tener hijos porque su sueldo no le da, pero tampoco le da para dejarlo todo e irse a recorrer Europa con una caravana y vivir de su trabajo freelance. O puede que no quiera, que encuentre comodidad en su barrio, sus vecinas, sus amigos, su vida alrededor.
Parece que la vida solo empieza cuando sales de la rutina y eso es muy traicionero. Hay que saber vivir con ella, y saber qué es mejor para ti en ella. Y lo verás claro cuando vuelvas de ese viaje y, antes de soltar las maletas, ya estés pensando en el siguiente porque no te puedes enfrentar al día a día.
Y lo entiendo, a veces el día a día no me gusta a mí tampoco, pero soy consciente de que vivo ahí, y de que el universo no tiene un plan para nadie, y en este día a día y la persona que soy, me he dado cuenta de que necesito cosas muy sencillas para seguir adelante con mi camino.
Para empezar, necesito más tiempo para escribir, de modo que me he cerrado las cuentas de Instagram al menos hasta el 20 de marzo, cuando tengo una convocatoria importante.
Tengo que salir a caminar más.
Mis relaciones personales son importantes para mí, pero he pasado muchos años de mi vida intentando adaptarme a todo el mundo, borrando cosas de mí por el mero hecho de agradar, diciendo cosas para encajar, sin compartir quién era realmente por miedo al rechazo. Seguramente no sea la única y ya hayas visto que, te acaban rechazando igual, y que acabas teniendo algunas amistades que te hacen sentir una basura y que no te respetan y, en parte, tú has sido la primera en no respetarte. Llevo unos meses trabajando en eso. Si a ti también te pasa, es difícil y hay que evitar hacer ghosting a toda costa, pero es bueno poner límites y espacio cuando lo necesites. Y esto no solo va por «amigas madre», va por todas esas personas que te hacen sentir mal contigo misma por tener ritmos o aspiraciones distintas.
Tengo que leer más y de una manera más placentera. No leer los libros que «debería» sino los que quiera.
Recuperar la escritura de los diarios. (Sí, a veces digo journaling, pero utilizar anglicismos continuamente es algo que intento dejar)
Volver a estudiar.
Visitar más a mis amigos.
¿Tú qué necesitas?