Mi girl power fue Justine Frischmann.
Pintora residente en Estados Unidos y ex-fundadora de Suede y Elastica. Aunque quizá si me quedo con eso, nadie sabe quién es.
¿Y si ponemos una foto?

¿Os suena su pelo corto, chaqueta de cuero, tocando la guitarra en un grupo de punk inglés en el que habían tres chicas y un chico?
¿No?
¿Y aquí?

Si digo, la novia a la que Damon Albarn dedicó Tender, quizá os suena más.
Era una de mis ídolos durante la adolescencia, aunque era algo que ocultaría, para no generar rechazo. Ser invisible y sobrevivir a los espacios con bullying era una prioridad. Era bajita, enclenque, repipi, sabelotodo y no tenía muchas amigas. Sin duda era un blanco fácil y me escondía todo lo que me era humanamente posible. Si mis amigas escuchaban a las Spice Girls y los Backstreet Boys, yo también.
Ahí empiezas a fingir, a mentir, sobre tus gustos, tus anhelos, la maternidad…
Al final te acostumbras, te mimetizas con el ambiente y nadie sabe quién eres, ni siquiera tú misma. Solo sabes que no eres una ermitaña y que no te gusta el conflicto, y si consigues eso, ya vamos bien.
Por suerte, Justine no tenía miedo de ser quien era, ni de decir quien era.
A Justine, simplemente, no la escucharon.
Su historia ha sido contada por otros.
Y hoy, la contaré yo.
Por si no sabéis quién es Justine Frischmann, os diré que se hizo famosa en los 90, pero no por las cosas que deberían importar.
No se hizo tan famosa por ser la líder de una de las bandas de punk con un 75% de mujeres en el grupo.
Ni por fundar Suede.
Ni por tener un tema en la película TRAINSPOTTING.
Ni por las letra de Stutter (la canción con la que se hicieron famosos).
Ni por llegar al número uno.
Ni por hacer gira mundial.
Ni siquiera llegó muy lejos su conflicto con Stranglers por un posible plagio o por tener un carácter dictatorial propio de los hermanos Gallagher de Oasis…
No.
Por supuesto, lo que trajo a Justine Frischmann a las portadas de todas las revistas del mundo fue SU VIDA AMOROSA.
Mucha gente ya sabía quién era por haber aparecido del brazo de Brett Andersson, líder de Suede, y, posteriormente, Damon Albarn, líder de Blur, como habéis visto más arriba.
Justine había entrado en el salón de la fama como una simple +1.
Cuando sacó el album de Elastica en 1994 y llegaron a ser la mejor banda votada por los lectores de NME en los premios Brit, no aparecía en los medios como la «fundadora de Suede», sino como la novia de Damon Albarn.
Todo eso después de haber pasado años siendo la causa de enfrentamiento entre Brett Andersson y Damon Albarn, llenando revistas culpándola a ella por un conflicto de EGOS entre los dos líderes de las bandas.
La Helena de Troya del Brit Pop, Damon Aquiles y Brett Menelao.
Y picamos: ¿QUIÉN ERA ESA TÍA INCREIBLE QUE ROMPIÓ EL CORAZÓN A BRETT POR DAMON?
Todas queríamos ser ella.
La novia del músico, la musa…
Por supuesto, no sabíamos que era arquitecta, ni que llevada por la fama, acabó con una adicción a la heroína bastante seria.
Ni nos importaba, porque las revistas de entonces nos contaban que, o eras una Spice Girl, o eras la novia de un músico.
Y nos perdimos a Justine, entre tantas otras, por esa necesidad de complacer a los Damon y los Brett.
Era una tormenta perfecta en la que la maternidad puso la guinda definitiva para denostar a Justine: en ambas relaciones, Justine Frischmann manifestó su deseo de no ser madre.
Tenía alrededor de 21 años cuando era la pareja de Brett y 27 cuando era la pareja de Damon… Era Londres, en los 90, eran todos adictos perdidos a la heroína y a la fama… ¿Y de verdad querían traer una criatura al mundo?
¿O más bien querían tener una madre y un juguete esperando en casa?
Tanto Brett como Damon eran líderes, estrellas, y lo querían y merecían todo: y también una familia.
Bueno, una mujer que les gestionara la familia.
Y Justine… ¿Qué otra cosa podría querer?
Y así continuamente se ha escrito la historia de Justine, desde la visión y las necesidades de sus ex-parejas famosas.
Estamos más que acostumbrados a que eso suceda, que el deseo femenino y nuestras decisiones se hayan contado a través de un prisma externo a nosotras, y eso ha hecho que haya una Verdad Única para controlarnos a todas y dejarnos en las tinieblas: si Justine Frischmann no quería tener hijos ni con Brett Andersson ni Damon Albarn, tenía que tener un problema.
Y sí, lo tenía.
Tenía el problema de que todos eligieron a Damon y Brett. Aunque ella fuera joven, tuviera problemas de adicción, y SOBRE TODO, no quisiera poner su cuerpo, tiempo, salud, dinero y vida al servicio de una criatura, la narrativa que se ha escrito no es comprensiva con ella, sino destructiva.
Pobres Brett y Damon…
Pobre Damon, que se acaba de separar ahora en el 2023…
Nunca nos ha importado Justine.
Ni siquiera a las que éramos sus fans. Las que estábamos en la sombra, las que no queríamos decir que «hey, yo quiero ser ella» para que no la tomaran con nosotras.
Y eso… Trae consecuencias.
A Justine se las trajo.
Tras ser acusados de plagio por Stranglers, y seguramente por muchísimos conflictos en los que Justine no fuera ninguna santa o víctima, la banda se separó.
En España apenas llegaron las noticias. Solo fotos de ella con Damon hasta 1998, año en el que se separaron y Blur lo empezó a petar.
Y Justine desapareció.
¿Desapareció?
No. Y sí.
Porque lo que dejó es de ser famosa a costa de otros.
Se marchó a Estados Unidos, a Colorado, a tener una vida un poco más tranquila.
Se marchó para hacer un master de artes visuales en una escuela con ideales budistas y liberales.
La chica que había sido «novia de» se marchaba a un lugar donde no la conocía nadie a comenzar de cero.
¿Y sabéis qué?
Que parece ser que le vino bien.
https://www.justinefrischmann.net/
Resulta que la rockera andrógina en blanco y negro que había llenado revistas, tenía una vida propia, unos intereses y una personalidad.
Resulta que la rompecorazones que no quería ser madre de los hijos de Damon Albarn, no estaba rota por dentro y era capaz de ser feliz sin la heroína, sin Damon ni la música.
Resulta que lo que todo el mundo había elegido como su felicidad, era erróneo.
Justine Frischmann a día de hoy vende sus cuadros online, en galerías, y en ferias. Y, por lo que dicen, cuando le preguntan si es la cantante de Elastica, dice que les miente, que «siempre se lo dicen» o «se parece mucho».
Porque Justine no quería ser famosa.
Y lo sabe porque lo fue.
Y eso la convierte en la villana definitiva, ¿no? Eligiendo la tranquilidad por encima del estrés, el arte por encima de la familia…
Y pensaréis: LO PUDO TENER TODO.
Pues si hay algo que me ayuda a entender la historia de Justine es que el «todo» no es, PARA NADA, importante. Sino lo suficiente.
Por el momento, y a sus casi 60 años, parece que Justine Frischmann es feliz con esa vida tranquila y suficiente. Y somos nosotros los que la hemos puesto en portadas y roles imposibles porque, si hubiéramos mirado dentro de lo que era ella, dentro de lo que era su vida, no nos hubiera sorprendido nada su destino.
No hay ABSOLUTAMENTE NINGÚN plot twist aquí.
Carismática pero concreta, seca e, incluso poco comunicativa en las entrevistas. Esquiva en las fotos.
Todo cantaba a una persona no convencional. Y todos la quisimos meter en un saco y la odiamos porque no entrara.
Porque su historia cuestiona el heteropatriarcado y el «TENERLO TODO» como concepto.
Irene, ya estás otra vez no hablando de no maternidad.
Bueno, pues vuelvo, es que para una vez que hablamos de Justine, como tal, con sus logros y vida, me despisto.
Justine Frischmann no quiso ser madre a los 20-25, en la cresta de la ola, con dinero, fama, recursos… Quizá la adicción no ayudaba, pero treinta años después… No ha cambiado de parecer.
Ella ha seguido dejando la maternidad fuera de su camino.
Ella que tuvo todo… Tiene todo lo que quiere.
Porque deberíamos mirar las cosas no como si pasásemos las pantallas de un videojuego, como si la vida fuera una sucesión de misiones.
Porque no pasa nada si pasas del «todo». Porque si hay alguien que te ataca por no elegir el todo, el problema es de esa persona, y no tuyo.
Porque, seguramente, sabes lo que quieres mejor que todos los demás, ¿no?
Porque eso te ha llevado a una vida, y quizá haya cosas que cambies, y quizá tu decisión de no tener hijos, si ha sido así, no es una de las cosas que cambiarías.
Y acabaré sintiendo un poco de compasión hacia mi adolescente y Justine.
Porque me merecía haber ido al instituto con una cazadora de cuero (falso y de segunda mano) y una camiseta de Elástica, y haber aprendido a tocar la batería, y haberme querido tal y como era.
Me merecía haber querido más a Justine y menos a sus novios.
Nos merecíamos todas haber tenido una adolescencia en la que nos pusiéramos en el centro, dado que toda la narrativa nos pone en el adorno, en la pasividad, en una destinación conservadora.
Y quizá, no sea para todas.
Para Justine no lo fue.
Para mí no lo es.
Justine se hizo este autorretrato que podéis ver en su página de Wikipedia.

¿Tú qué pondrías en tu autorretrato?