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  • Tener un hijo no es algo igualitario (lo dicen las madres)

    agosto 4th, 2025

    No sé si esta entrada se va a centrar solo en esta pregunta, va a ser una reflexión o qué vamos a sacar de ella, honestamente, pero la semana pasada una conversación con una amiga madre me generó un malestar y una serie de dudas que, una vez más me colocan en ese lugar incómodo de: ¿POR QUÉ SEGUIMOS ACEPTANDO ESTO?

    Os pongo en contexto.

    Una amiga comentaba acerca de cómo se ha alargado el permiso de paternidad, y lo comentaba no sin cierta molestia, y no sin cierta alusión a que las relaciones entre bebés y padres, al menos durante los primeros meses, no son ni remotamente comparables con las de las criaturas recién nacidas y las madres. De hecho, aunque montones de padres (menos de los que lo claman) intentan implicarse en su paternidad desde el minuto uno, la propia biología precipita su desvinculación. De ahí que haya tantos padres ausentes o pasivos, o, simplemente, lo que siempre se ha considerado un «padre normal».

    Un padre, en cualquier caso, aunque no pueda dar de mamar, puede despertarse por la noche a darle el biberón, puede sustituir a la madre en esos momentos en los que necesite dormir, darse una ducha o desconectar cinco minutos de esta relación de dependencia para la que nadie le preparó.

    Pues, por si no fuera poco esto, tras una experiencia como el parto, no tienes una baja médica.

    Me explico, sí la tienes. Tienes la baja de maternidad, y comienza tu período de baja por maternidad, que ya pueden ser 16 semanas, o las que sean dependiendo del lugar donde vivan.

    Sin embargo, no hay ninguna baja relacionada con la operación quirúrgica que supone el parto.

    Esa cirugía no conlleva una baja y, después, el permiso. El permiso ya forma parte de la baja por maternidad.

    Es decir, cualquier operación en la que hay una cirugía genera una baja. Ya hubo un debate alrededor de ello al respecto de las operaciones estéticas y se llegó a la conclusión de que sí, había derecho a la baja, aunque fuera de poco tiempo, al estar en una situación en la que no se puede cumplir con las demandas de la empresa.

    Lo que hay es un permiso de maternidad y un permiso de paternidad, de mismo espacio de tiempo, mismas condiciones, pero sólo una de las dos personas ha sometido su cuerpo durante nueve meses y luego ha padecido una operación quirúrgica siendo, después, la principal responsable del bienestar del recién nacido.

    Lo suyo sería que, durante todo ese tiempo, en que se escucha a algunos padres hablar de «descanso» o «vacaciones»o que eligen tomar en otro momento porque, así se turnan…

    Una vez más, pese a quien pese, y aunque sea como se hizo siempre, no es, no ha sido y nunca será una experiencia equitativa y con medidas así, no estamos fomentando la igualdad. Menos aún cuando estamos en pleno momento reaccionario machista con muchos hombres que quieren volver al feudalismo y a régimenes totalitarios.

    ¿Deberíamos acaso sentirnos tranquilas porque cada vez hay más padres que asumen responsabilidades o deberíamos sentirnos escandalizadas por tener que dar las gracias ante unas condiciones y circunstancias profundamente desiguales que dejan a las mujeres abandonadas, solas, sin recursos y en un proceso físico del que nadie se responsabiliza?

    Se habla de lugares en los que la madre tiene un mes entero para recuperarse del parto y, después, empezar a estar con su criatura (sin abandonarle, simplemente, ayudada por cuidados sociales y su pareja) como si fuera una utopía inalcanzable en el estado del bienestar, porque claro, el estado del bienestar se construye a través del bienestar de unos a cambio del prejuicio y sacrificio de otros.

    ¿Tan difícil sería, pregunto sin tener ni idea, tener en cuenta meramente que existe un proceso quirúrgico en la mayoría de partos para dar una baja de unos días a la madre, unos días en los que los bebés estuvieran en el Kinder, cerca de sus madres, una época en la que los padres les visitaran, acompañaran, ayudaran y pudieran encontrar un rol de cuidados en ese proceso? ¿No tienen acaso un permiso de paternidad para ejercerla? ¿En qué se basa entonces la paternidad?

    Ante todas estas dudas, y ante mi falta de conocimiento, os animo a que me escribáis, me contéis, me digáis por qué esto es así, por qué no puede cambiar y, volviendo al tema del que más hablo en el blog: sabiendo todo esto ¿POR QUÉ DEBERÍAMOS HACERLO?

    Igual lees esto y crees que exagero, que me lo invento, que eso no es así, y quizá piensas que tu familia estará allí para ti, o que tienes suficiente dinero para gestionarlo mejor o, mi favorita, que algo así a ti no te podría pasar.

    Pero esto puede pasar y está muy lejos de ser una ficción que la foto con un bebé venga con una luz y lágrimas de felicidad con un paisaje lleno de desolación, abandono e injusticia.

    Incluso esas amigas a las que les ha ido mejor, aquellas que han tenido la mejor experiencia, la mejor pareja y el mejor soporte, han vivido aquello de lo que me hablan mis amigas. La soledad, la insistencia por la familia, una situación inesperada que les hace quedarse solas con su bebé durante un mes sin mayor ayuda que el miedo, Internet y algún médico que está disponible y que es una medida de salvación para el bebé pero, ¿y para ella?

    Las iniciativas para fomentar la maternidad NUNCA parecen ir de la mano de mejorar las condiciones de las madres.

    Las iniciativas que fomentan la implicación de los padres en el proceso NUNCA van de un manual o de una educación en la que se fomente su participación, su colaboración, su implicación, además que la respuesta social ante una colaboración del 50% siempre será de un optimismo desmedido e injusto de cara a las madres. Hay muchos padres que suelen moverse en la disidencia, que suelen ser excepciones, que se implican y que alcanzan colaboraciones más que considerables. Y se les debe elogiar en igual o menor medida que a las madres, tengámoslo en cuenta. Ellos también eligieron formar parte de esa familia, y ellos le deben esa familia no a los nueve minutos de coito, sino a los nueve meses y consecuentes horas de parto en las que no han participado ni siquiera de manera indirecta.

    ¿CÓMO NO ESPERAN QUE BAJE EL NÚMERO DE GENTE QUE QUIERA TENER HIJOS?

    Las iniciativas sociales deben ayudar, colaborar y fijarse en las condiciones y vivencias de las madres.

    A día de hoy hay muchos podcasts y muchas iniciativas privadas o disidentes de tribus, grupos de amigos, pero el estado tiene que participar de un modo más realista si quiere seguir teniendo nacimientos de clase alta, media y obrera. Hay que acabar con sus mensajes de persuasión y exigir mejoras auténticas.

    Creo.

    No sé.

    ¿Tú qué crees?

    (que si… que no todo el mundo… que a ti te ha ido super bien… que no generalice…)

    Anotado.

    Por cierto, si me quieres contar más cosas acerca de las bajas médicas, por maternidad, etc, tienes mi email.

  • Mi privilegio: nadie me lo pregunta ya ¿por qué?

    julio 13th, 2025

    Voy a haceros una pregunta.

    Llevo con el blog varios años.

    Surgió con la idea de reivindicarme ante el mensaje general del mundo de que me veía como una mujer de menor categoría al no haber tenido hijos, pero aún, por no haber querido hacerlo siquiera.

    Hace puede que un año que nadie me pregunte eso sin que mi respuesta sea firme, llena de convicción y tranquila. Y no solo eso, sino que no tengo a nadie que me responda o que me presente argumentos o que tenga algo que decirme en contra.

    ¿Sigo escribiendo o no?

    He establecido un nuevo espacio.

    Si soy juzgada, genero un miedo o rechazo suficientes para que nadie tenga nada que rebatir.

    Eso está muy bien pero, la verdad, no sé cómo lo he conseguido. Y si estás leyendo esto y te sigues rodeando de gente que te juzga por no haber tenido hijos, no tengo ni idea de cómo puedes conseguir que la gente te deje en paz.

    ¿Entiendo que este privilegio viene dado por varios elementos que me han situado en un lugar inalcanzable para esas críticas?

    No tengo un mal trabajo, aunque no llegan los mensajes de todas las posibles mejores que podría hacer en mi carrera.

    Tengo muchos planes que no puedo hacer a la vez, aunque no tenga hijos, no tengo clones que puedan estudiar varios idiomas, carreras o ejercer varios oficios a la vez, además de hacer deporte, leer, escribir, ver a mi pareja, familia y amigos o desplazarme… Y quiero hacer todo eso, y no puedo, así que tampoco estoy en el culmen cumpliendo todos mis objetivos.

    Tengo un lugar donde vivir que no nos da demasiados dolores de cabeza y que empieza a gustarnos, pese a habernos ido lejos de lo que ha sido nuestro hogar durante diez años. Es un buen lugar, una buena casa, aunque experimentamos muchas críticas por la «elección» de vida, como si pudiéramos elegir entre varios lugares de la capital de España en la que la media de pisos de alquiler no baja de 1000 euros al mes, incluso en lugares periféricos.

    ¿Cómo lo he hecho?

    Pues es que no lo he hecho yo… El sistema lo ha hecho por mí.

    Porque el sistema capitalista está hundiendo a las familias nucleares de clase trabajadora.

    Lo que ha sucedido es, simplemente, que todas esas parejas que conocía y que podían sentirse en un status mayor al tener hijos, han visto desestabilizadas sus expectativas y posibilidades. La economía familiar les ha hundido, han perdido la ilusión, están quemados por su trabajo, por la falta de horas de sueño, por la imposibilidad de pensar en mejorías, por las noticias, la falta de esperanza en el mundo… Muchas de ellas, o esas parejas, obviamente, t»ienen mucho en lo que preocuparse y ya no les sale decir «¿Y tú para cuándo?» porque, claro, ¿por qué iba a querer eso?

    No fui más lista por no tener un instinto que, en realidad, no existe, es aprendido y educado a las niñas, pero, desde luego, viendo lo que veo a mi alrededor, siento que he esquivado una bala.

    Porque, aunque nos lo imaginábamos, el amor no está sobreviviendo al capitalismo. Y en una época en la que la gente se permite no identificarse con la clase trabajadora para llamarse clase aspiracional, es normal que los modelos se rompan, y que nadie esté a la altura y que todos queramos escapar.

    También siento la necesidad de huir, esconderme de todo lo que nos rodea a veces, y de aprovechar el amor de mi pareja y amigos, porque, lo crean los defensores de la familia tradicional o no, ese amor también es incondicional.

    Siento que, la mayor de las suertes, ha sido el no hacerme viral, el no perseguir el darme a conocer en las redes sociales.

    En dos ocasiones me han escrito y llamado para salir en televisión. Las dos dije que no.

    En ambos casos, me parecía menos relevante salir en televisión para ser atacada por unos medios de ultraderecha y predicar en el desierto que cualquier otra cosa que estuviera haciendo.

    Para aquellos que buscan la familia tradicional, ignorantes de que las familias tradicionales requerían de una comunidad que no hemos podido sostener a día de hoy, residiendo en espacios aislados, en familias nucleares y con un grado de individualismo preocupantes, soy invisible.

    Como si llevara el anillo mágico.

    A mis 42 años aquellos que me detestarían y que creen que soy responsable, o las mujeres como yo, de esta caída del capitalismo y patriarcado inevitables, no saben ni que existo.

    Y ese es mi auténtico privilegio.

    ¿O no lo es?

    ¿O debería caer en el fango?

    Os diré lo que voy a hacer a partir de ahora.

    Pienso seguir escribiendo por aquí.

    Pienso seguir hablando de mujeres que no han tenido hijos para demostraros que se puede, y que siempre ha habido.

    Pienso seguir contestando emails y, quizá, me plantee hacer algunas conversaciones grabadas con otras mujeres en nuestra situación. Pienso seguir averiguando e indagando.

    Pero voy a mantener el privilegio de no hacerlo bajo las doctrinas capitalistas, no tengo interés ni en monetizarlo ni en conseguir una repercusión que no me interesa.

    Y si creamos un poco de comunidad ajena a estas doctrinas capitalistas de las familias nucleares que se hunden a nuestro alrededor, pues mira tú qué bien.

    Y si consigo que también a vosotros os lo dejen de preguntar, si encontramos entre todos la clave, será otro éxito.

    Así que, aunque os haya preguntado si sigo escribiendo, y me gustaría saber lo que opináis, lo pienso seguir haciendo. Porque no me interesa nada más que tener esta narrativa, y hablaros de que ser una mujer sin hijos no es ese cuento de terror que nos quieren hacer creer.

    Estaré encantada si alguien contesta.

    Y también de hablar de una mujer sin hijos la próxima semana.

    Nos leemos.

  • Disidencia

    junio 25th, 2025

    Cuando era pequeña, no soñaba con ser madre. Nunca soñé con ser madre. Aunque podría haberlo hecho y haberme desencantado por el camino.

    Podría haber sido madre. Podría haber tenido hijos y ahora estar desencantada o preocupada por lo que está pasando en el mundo.

    Podría estar feliz.

    Aunque a día de hoy, no estaría feliz porque, en líneas generales, veo francamente difícil permitirme la felicidad en vez de una preocupación y miedo por este mundo que conocemos y que se desmorona.

    Aunque deberíamos admitir que ya se desmoronaba y que un período de entreguerras no podía llegar más lejos y que hemos empobrecido otros territorios gracias a nuestros falsos estados del bienestar (solo para unos pocos), pero bueno…

    A día de hoy, lo único que soy es algo que no te enseñaban de pequeña.

    A ser disidente.

    A señalar aquello que está mal y a desear aquello que crees que está bien y que deseas, a obrar desde otro lugar.

    Porque no aprendí a ser madre pero tampoco a que, el no convertirme en una, me convertiría en disidente.

    Me hubiera gustado entender que el capitalismo no me haría feliz y que solo me crearía falsos intereses y conversaciones vacías en las que intentaría agradar a personas con las que no tenía nada en común.

    Me hubiera gustado entender que aquella vez en la que se rieron de mí porque era radical en mi pensamiento, no es que me faltara razón o que eso fuera lo importante, es que me faltaba valor para asegurarme. Me hubiera gustado entender que los radicales y los disidentes nunca tenemos suficientes argumentos para complacer a las personas que encajan. Qué podremos pasar la vida explicando a nuestros amigos normales por qué algo no nos interesa o por qué se aquellos principios que nos mueven.

    O por qué tenemos contradicciones en algunas cosas ajenas al lujo o al consumo (no os pasa que se justifican las contradicciones siempre que haya un consumo detrás). O por qué la inacción a veces gana.

    La disidencia no es agotadora de por sí, la gente la hace agotadora.

    No tener hijos es tan normal como tenerlos, y más aún en este momento en el que el mundo está inestable a todos los frentes y tenemos a diversos desequilibrados en puestos de poder, financiados por gente aún más desequilibrada.

    Gente que, por tener dinero, crea las normas. Crea las religiones, los credos, las modas y decide en nuestras éticas.

    Nunca me había sentido tan disidente.

    Pero no por el tema de no tener hijos, ahí empiezo a ver más mujeres como yo. Mujeres que salen, que hablan, que crean, y que crecen, que son legión.

    Empiezo a verlas.

    Mientras algunos gobernantes intentan conquistar nuestros cuerpos, mentes y capacidades, crecemos.

    Aunque nos programaran para ser madres, muchas mujeres hacemos lo que elegimos con nuestro cuerpo.

    Y nos llaman disidentes porque no entienden que tengamos una agenda fuera de su norma.

    Pero algunas la tenemos.

    Incluso aquellas con hijos no acaban de encajar con otras voluntades.

    Nadie me enseñó a ser disidente, a ninguna, y lo somos.

    Así que, ¿para qué fingir?

    ¿Para qué agradar, por qué negarlo?

    Alicia Valdés habla en su libro «Política del malestar» de cómo desear cosas fuera del capitalismo es visto como algo extraño (confirmo) y Caroline Magennis en «Arpías» habla de cómo nadie entiende que no quieras lo que ellos quieren.

    Visto desde todos los ángulos, eso es la disidencia. Suena serio y muy político, y puede llegar a serlo, pero puede que seas tú mismo un disidente.

    No te ocultes.

    Al final, no merece la pena.

    Pd: que sí, que hay madres disidentes en su crianza. Puedes leer sobre ellas en Madremente, su podcast y su refugi de les mares en Barcelona. Hay millones de eventos, podcasts, libros, películas y contenidos en Internet. Yo no tengo por qué darles más voz aunque entienda, acepte y aprecie su existencia y naturaleza.

  • ¿La idea era hacer un club de lectura o vernos?

    mayo 25th, 2025

    Hace tres meses, Caroline Magennis, en un gesto inesperado y muy considerado, hizo que su editorial, me enviase una copia de la versión en castellano de «Harpy: A manifesto for Childfree Women».

    Ser de las pocas mujeres en España que pone cara y nombre a la no maternidad no suele tener muchos regalos u obsequios a cambio, pero claro, cuando los hay, te los llevas. Y no os imaginais la ilusión que me supuso que llegara un paquete a mi nombre desde Irlanda con un libro para que lo compartiera con mi comunidad. WTF?

    Nadie me pidió nada a cambio, obviamente pero, ¿no os pasa que a veces cuando os hacen un regalo sentís que tenéis que hacer algo para corresponder al detalle? Puede que no, pero a mí me pasa. No puedo dejar simplemente que suceda el detalle, hacer un vídeo dando las gracias a la editorial, a Caroline y recomendándolo.

    No.

    Vivo en una sociedad capitalista que no me gusta, y en parte es porque vivo con intensidad esa sensación de que tengo que hacer algo más, de que me estoy perdiendo algo, de que esto que tengo delante es una oportunidad que tengo que aprovechar, que todo va mucho más allá que este momento y este regalo.

    ¿Una oportunidad de qué? pensaría una persona más tranquila y madura, y se plantearía opciones, pensaría, pasearía y no decidiría hacer un club de lectura en el momento en el que llega el libro. No decidiría que va a hacer todo lo posible para que este libro sea leído por toda aquella con quien pueda hablar. No se haría a sí misma una voz de algo que… Chica, que no hace falta.

    ¿Aires de grandeza o inseguridad milenial?

    De modo que el día que abro el paquete, una amiga me graba en video, lo edito y comparto, en vez de leer el libro, dar las gracias a Caroline y la editorial, y luego buscar un lugar en la estantería, decido que tengo que hacer algo más.

    Lo explico así porque, aunque a veces quieras hacer algo, sabes que no estás con la energía, pero lo haces de todos modos.

    Y… ¿Está bien eso? ¿Es como debe ser?

    Por un lado me apetecía muchísimo tener una excusa para poder quedar con las mujeres sin hijos que había conocido en MeetUp y algunas de las que he conocido por Instagram, así que fue un momento perfecto y una excusa ideal. Me hizo mucha ilusión crear el grupo, poner los detalles y recibir confirmaciones de asistencia.

    Y por otro lado, era consciente de que estaba demasiado cansada y haciendo demasiadas cosas como para hacerlo. Dejo claro que nadie me pidió nada, las mujeres del grupo tienen agencia para quedar sin mí, para escribirse, para organizar cosas, la editorial tampoco me dijo nada, Caroline por supuesto me agradeció que hiciéramos el encuentro pero, seamos sinceras, nadie me dijo que tenía que ponerme a la espalda organizar un club de lectura en este momento de mi vida.

    Podría haber esperado unos días. Unos meses. Podría incluso no haberse hecho.

    Aunque menos mal que se hizo porque mereció la pena.

    Y, a la vez, no era el momento.

    Pero, lo hago. Y lo hago porque una parte de mí está deseando conocer a estas mujeres, compartir momentos con ellas, incluso generar un grupo, tener un grupo de amigas como en Sex in the city, o en el instituto.

    Y también lo hago porque una parte de mí tira de donde solo hay cansancio y tristeza para hacer esto. Pero no por hacer un club de lectura.

    Ayer lo vi claro.

    Porque hablamos poquísimo del libro (aunque si me lee la editorial, que sepan que se lo compraron cuatro personas para el encuentro, y si me lee Caroline, es un libro que nos gustó mucho).

    Y hablamos poquísimo del libro porque ninguna estábamos allí solo porque nos lo hubiesemos leído. Estábamos allí porque queríamos conocernos, queríamos estar con más mujeres, conocer a más personas.

    Eso es lo que prevalece, la necesidad de conexión.

    El club de lectura fue un buen punto de partida para juntarnos, pero creo que estará bien simplemente vernos. Porque creo que es lo que necesito en este momento, investigar sobre el tema, escribir, y conocer más amigas con las que conectar en esto.

    Una barrera que sucede con las amigas con hijos es que, por sus propios horarios, quedar solo para cenar o tomar un vermut y contarnos la vida ya no es posible. La conexión espontánea ha desaparecido.

    Ahora de vuelta en Madrid me doy cuenta de que hay muchas personas capaces de improvisar un encuentro en el mismo día, y otras tantas que dan audiencia con dos semanas, y otras que no te contestarán porque, en este momento, no les viene bien conectar contigo. Y otras que te dicen que sí y cinco minutos después recuerdan que tenían un plan.

    La conexión y las amistades se han vuelto tan complejas que siento que los clubs de lectura o encuentros para escritura, ir al cine, teatro, escalada, etc, son los nuevos cursos de idiomas, las nuevas universidades, esos momentos de la vida que, para aquellos que nos sentimos más solos, nos dan la esperanza de que aún podemos conectar, que no hemos sido rechazados ni por el tema de las criaturas o por cualquier otro. Que aún podemos formar parte de algo.

    Y esa esperanza bien vale la pena el cansancio.

    Ojalá vuelva la conexión espontánea y las cenas sin un plan detrás.

    Hay una frase que me resuena de «Arpías», que es «La gente quiere que quieras lo mismo que ellos».

    Me parece importante porque puedes ser la persona que no quieres lo mismo, o puedes ser la gente, que no se plantea hasta que punto sea invasiva o expansiva con sus deseos.

    ¿Tú cuál eres?

    Gracias por leerme, porque siendo una mujer sin hijos que no os cuenta lo maravillosa que es su vida, que no viaja a todos los continentes para demostrar mi nivel de vida, que no va de nada especial, aún así entráis a leer.

    Y lo agradezco más aún porque cada vez siento que hay que compartir menos en lugares como Instagram o Facebook. Las redes sociales empiezan a ser un pozo neoliberal en el que no hablo el lenguaje y, además, siento que no merece la pena hablarlo.

  • Miss Bates

    mayo 4th, 2025

    Me ENCANTA la última versión de Emma.

    Es mi favorita.

    Hay algo reconfortante en esas historias de Austen de encontrar el amor de tu vida leyendo libros por la campiña inglesa y dar respuestas ingeniosas llevando vestidos de flores con corsés que no nos permitirían dar las réplicas escritas en los guiones.

    Pero lo cierto es que no quiero que hablemos de Emma. A Emma ya la conocemos, ¿no? Emma es la heredera adinerada que, al no necesitar el dinero de nadie, y no haber sucumbido al amor, decide que no va a casarse. Ni tendrá hijos.

    O sí, puede cambiar de idea, pero eso no importa.

    No importa porque ya hemos hablado de cómo Jane Austen era una mujer con algo de discurso antinatalista (dentro del contexto histórico) y cómo no se sentía a gusto con nacimientos y mujeres con hijos. Es normal que sus novelas, entonces, se convirtieran en un espacio para la crítica, el amor y el té.

    Lo que me lleva al personaje dramático de la historia, la loca de los gatos de la historia: Miss Bates.

    Hablemos de Miss Bates.

    El personaje de Miss Bates es un ejemplo perfecto sobre lo que la sociedad regente y buena parte de la sociedad tecnofeudal actual considera como una mujer fracasada: la solterona.

    Pero vayamos al origen, porque el hecho de haber permanecido soltera está intrínsecamente relacionado con el primero de los fracasos: no haber tenido dinero como para ofrecer una dote.

    A día de hoy, no hay dotes en lo que es España, nadie se casa o deja de casar porque la chica provea una dote o no. Si no, me iban a explicar por qué todas mis amigas de clase trabajadora se han casado con informáticos que ganan un dineral; en aquel entonces, al informático le hubieran casado con condesas, marquesas, o los padres de las chicas de clase trabajadora hubieran tenido que sacar el dinero de donde fuera u ofrecer a la hija de una manera más que persuasiva.

    En cualquier caso, la dote ha desaparecido pero el prejuicio no.

    Siempre hay solteronas en las novelas de Austen, ya sean Anne, Charlotte o aquí Miss Bates, porque Emma, por su clase social y belleza todavía es casadera, pero no Miss Bates.

    Miss Bates vive con su madre, que es la viuda de un sacerdote, en una casa pequeña, con muy pocas comodidades y dependiente de la bondad de familiares y vecinos.

    Esto es muy importante. Ver que forman parte del grupo de un modo caritativo, básicamente, que tienen una red basada en la compasión hacia su clase social.

    Aunque aparecen en varias escenas con Emma y Mister Knightley, queda claro que, en su sociedad, son personajes que no están en el mismo rango social y económico que el resto.

    Para nada.

    Son dos mujeres. Mujeres que están solas.

    Y, por tanto, mujeres sin recursos.

    Debemos recordar que es bastante reciente la capacidad de las mujeres por tener propiedades o cuentas bancarias. Sin ir más lejos, ya era más del 1985 cuando mi madre pudo abrir una cuenta de ahorro sin su marido para ella y su hija.

    Miss Bates y Mrs Bates, los Dupon Dupon de la historia, son personajes risibles, graciosos, muy parlanchines y que causan risa. Pero, sobre todo, se retratan así porque su condición social y económica las sitúa en el último lugar de la cadena alimenticia, como fuente de críticas y bromas bienintencionadas por el grupo.

    Pero bromas que se hacen a las espaldas porque, al fin y al cabo, son todos caballeros y esos comentarios podrían resultar ofensivos si se los dijeran a la cara. De hecho, el único motivo de conflicto viene porque, en un momento determinado, en una de esas peroratas de Miss Bates, Emma se burla de ella (como cualquier pija del instituto a la empollona que contesta a una pregunta del profesor) delante de todo el mundo y su love interest le llama la atención por ser clasista y maliciosa en su humor, dos cosas que definen muy bien a Emma y, pese a todo, el motivo por el que nos leemos el libro y vemos la película. (Y los decorados, y Johnny interpretando a Mister Knightley).

    A partir de ahí, y sólo porque se lo dice alguien que le importa, Emma se arrepiente y se vuelve caritativa, llevándole comida a ambas mujeres, y sin sacar el tema, por no ofenderlas, claro, y porque no vaya a ser que se disculpe.

    No, no es así.

    En realidad no lo hace porque ese personaje ridículo y absurdo, que es la solterona y pobre del grupo, es mucho mejor persona que ella y es consciente de lo que supone para alguien de clase social disculparse con alguien como ella, y hace la vista gorda.

    Ya en Emma, Jane Austen nos hablaba de que el mejor destino para las mujeres sin hijos, sin pareja y sin dinero, era la caridad y aceptación de los demás, como un esfuerzo, por tanto, de los mismos, ya que aceptar a ese tipo de mujeres, ¡qué mala imagen daría!

    Bueno, pues a día de hoy, pese a no existir la dote, que las mujeres trabajen, se emancipen, puedan trabajar, tengan familia, amigos y hobbies, si no tienen pareja e hijos, siguen siendo miradas con tristeza e incluso algo de desdén.

    La gente se plantea por qué estarán así, qué tendrán de malo, y buscan elementos negativos para justificar por qué no han hecho un check en esos apartados. O intentan juntarla con esos amigos solteros que aún quedan en el grupo.

    A la vez que estamos viviendo una transgresión en los modelos de vida y de familia, y abandonamos el modelo Disney de parejas, las corrientes más conservadoras que dan dinero a medios de derechas, siguen manteniendo ese mensaje y lo potencian y hacen llegar lejos; los Incels detestan, insultan y amenazan a las mujeres que no quieren nada con ellos; incluso algunas mujeres con pareja e hijos miran a sus amigas solteras con una profunda tristeza.

    Sus amigas solteras que, a día de hoy, deberían poder mantenerse por sí solas pero el capitalismo ya se asegura de que nada sea accesible sin una pareja.

    Y hacen auténticos esfuerzos económicos para vivir solas y tener una vida en la que no dependan de nadie. Y, por supuesto, en muchos casos, no tienen hijos y, en vez de ser admiradas por su independencia y resolución, se intenta que mantengamos la visión de la época del Regency en vez de elogiar la independencia económica y social que consiguen, de admirarla y de, incluso, pensar en qué modos de subsistencia podríamos tener que no tuvieran que ver con el capitalismo extremo para poder vivir con amigas. Siguen pareciendo las cooperativas una ficción, pero ¿lo son? ¿O son una medida que no nos permiten soñar como algo deseable, igual que la independencia?

    No puedo decirle a Miss Bates que quien ríe el último ríe mejor, porque no fue esa su historia, y sus circunstancias y época histórica no lo permiten, y está justificada la tristeza, verborrea al vivir solo con su madre, y el hecho de sentirse inferior a sus amigos ricos.

    Sin embargo, me gustaría animar a todas las solteras sin hijos, a que valoren sus vidas ajenas a los mensajes de marketing y a aquella gente que, por encajar en valores tradicionales, creen que lo tienen todo solucionado.

    La vida puede no ser perfecta, y esas parejas con hijos ideales no saben si de aquí a unos años van a separarse, van a tener que empezar sus vidas de nuevo, van a acabar hasta las pelotas de un modelo de vida ficticio e impuesto por medios de comunicación y no van a poder consumir al ritmo que les exigen.

    No es oro todo lo que reluce, y a día de hoy, muchas mujeres están descubriendo que están mucho mejor sin un hombre que les hace mansplaining o que cree que porque gana más dinero tiene derechos y su mujer solo deberes.

    Nada es al 100% y ninguna vida es perfecta. Y tenemos unas redes sociales lideradas por gente como Zuckerberg o Musk diciéndonos que tenemos que volver a los valores tradicionales PORQUE A ELLOS LES VIENE BIEN. Y a la vez, estamos en una crisis económica que nos ha hecho casi imposible emanciparnos, de manera que podamos siquiera vivir solas.

    Lo tenemos francamente difícil y es importante que nos unamos contra los oligarcas y fondos buitre, y dejemos de mirar a las Miss Bates a nuestro alrededor como si todas fuéramos Emma.

    No todas somos Emma.

    Pero todas, TODAS, podemos ser en algún momento de nuestra vida Miss Bates y que se rían de nosotras por nuestra mala suerte y nuestra verborrea incansable.

    Un abrazo a las Miss Bates. Se lo merecen.

    Ojalá nos encontremos en una casa de cooperativa a los 60. Incluso antes.

    Estoy deseando conoceros.

  • «Adolescence» es para todos. Pero es bueno que los padres la vean con un bloc de notas.

    abril 1st, 2025

    Podría ser muy breve con este artículo e ir a la base de la tesis. Una serie que habla de los límites incontrolables de la masculinidad tóxica desde una adolescencia precoz, desde un sistema machista incontrolable, y unas dinámicas habituales que siguen permitiendo hacer una excepción de una violencia machista cada vez más joven y cada vez más salvaje, y como las instituciones y padres no saben cómo hacerle frente… Una serie así nos interesa a todos Y PUNTO.

    Para empezar porque muchas personas que estamos en los 40 no entendemos las dinámicas de los nuevos adolescentes. Nos alejamos de ellos, incluso sus padres, alienados y precarizados por sus horarios y sueldos. 

    No les dedicamos espacio y análisis para entender si está yendo todo bien, porque, ¿por qué va a ir mal?

    Venimos de discursos de bien y mal, de moralejas de cuentos, de una vida mayormente sin Internet, y no entendemos que los adolescentes se han criado con un Internet descontrolado en el que los mensajes machistas y beligerantes, no solo campan a sus anchas, sino que son promovidos por empresas financiadas por grupos de ultraderecha que necesitan mantener una figura masculina alejada del feminismo y enfrentada a las mujeres todo lo posible.

    Y ya me he pasado con la introducción.

    Y me he puesto política.

    Pero es así.

    Además, en este punto, ya todo el mundo ha dicho lo que tenía que decir sobre esta serie, que si valorar o no el plano secuencia, que es necesaria, que es dura, que lo vives de una manera como padre, que si lo vives de una manera como docente, como vecinos…

    Pero, ¿cómo lo viven los hombres y los mujeres?

    El hecho de que esta serie se haya grabado en plano secuencia es positivo, como me dijo una amiga, ya que muchos hombres la están viendo por el tema de la virguería audiovisual y no han tenido más remedio que darse de bruces con la historia y sentirse interpelados.

    Pero a mí lo que más me ha zarandeado es cómo los personajes masculinos y femeninos viven la situación.

    Los únicos hombres que se sienten interpelados son padres. Los padres de chicos que pueden estar participando de esto. Y puede que en parte por la atrocidad de que se haya acabado con la vida de una niña, pero mayormente por evitar que sus hijos se conviertan en asesinos.

    Hay mil cosas que llaman la atención de la serie, y, centrándome en algo que nos concierne, que es el no tener hijos y relacionarse con las infancias desde la no maternidad, ¿nadie más se ha fijado en cómo los personajes femeninos padecen, pelean y se implican para sobrevivir al dolor?

    No lo evitan, quizá porque es lo que deciden los guionistas pero todos los personajes femeninos se implican en la historia, desde la amiga de la niña a la que matan, pasando por las profesoras, la policía y la psicóloga.

    El policía, de hecho, se lamenta con su compañera cómo se debe sentir ella ante esta situación y deja clarísimo lo lejos que esta de verlo como ella. Él está pendiente de encontrar un culpable, pero también del bienestar de su hijo. Y aunque tenga esa intervención en el primer capítulo hablando de la madre a quien le han arrebatado a su hija, la serie es muy sincera al mostrar toda esa distancia en la que los hombres se relacionan con la violencia que otros hombres ejercen sobre las mujeres.

    Mismo caso, el profesor de historia, que escurre el bulto, y que en un contexto como el asesinato de una menor está tan ajeno como sus alumnos, y sólo se preocupa por dejar claro que él no puede hacer nada.

    Nadie puede hacer nada.

    ¿La serie habla de cosas que pueden llegar a hacer los hombres porque no hay nada que puedan hacer los hombres para evitarlo?

    Igual no es eso. O sí.

    Estoy pensando mientras escribo.

    Y pienso en cómo los personajes femeninos lo enfocan de un modo distinto. Completamente. No es que sean más responsables que los hombres, que no lo son, pero desde luego adquieren mucha más responsabilidad y cuidado en su gestión.

    Una niña asesinada por un niño tiene a varios hombres que no saben que hacer y a varias mujeres que se unen porque se sienten desprotegidas. Todas. La madre del niño que asesina no se ve capaz de reaccionar, pero el resto de los personajes femeninos de la serie sin hijos son profesoras, psicólogas y vecinas y su rol se ve perfectamente claro a la hora de relacionarse con la situación. Parece que somos las únicas que necesitamos que esto cambie, no sólo como madres, si no como participantes de la sociedad y como espectadoras de la atrocidad.

    Por supuesto, queda clarísimo en el capítulo de la psicóloga, que, por si no lo estábamos pasando mal viendo a la mejor amiga de la asesinada yéndose sola y castigada a su casa, nos acaba de dejar clara la postura del patriarcado, ya desde los trece años. Un patriarcado beligerante propiciado por Internet y la ausencia de una masculinidad más frágil, menos violenta. Y en el que las mujeres no tenemos un rol de autoridad ni cuando lo tenemos.

    Siempre estamos expuestas a la violencia.

    Pero… Tampoco es literalmente eso, ¿no?

    Tenemos un padre preocupado, que no sabe cómo ha pasado, y al que sentimos cercano, porque los espectadores tampoco entendemos cómo ha pasado, aunque pase cada día, aunque lo veamos en las noticias, porque siempre nos dijeron que era así.

    Qué tuviéramos cuidado, que bajáramos la vista, que no provocaramos una situación.

    Hay un responsable, y todo un sistema, y toda una ideología, y toda una tradición en el feminicidio. Y esta serie quiere contarlo de manera en que aquellos que deberían responsabilizarse, no puedan mirar a otro lado.

    Pero, ¿están mirando?

    A la hora de pensar en escribir sobre la serie pregunté a amigos. Con o sin hijos.

    Desafortunadamente, todos estamos preocupados.

    Todos tenemos dudas.

    Ninguno sabe qué hacer seguro.

    Todos sabemos que algo tiene que cambiar, que es intolerable, y que los adolescentes necesitan menos pantallas y una supervisión, pero la sociedad debe dejar de aceptar los bulos y la violencia machista y clasista por mucho clickbait que genere.

    Desafortunadamente, detrás de esa manosfera que apenas sale en la serie, porque habla mucho más del personaje de Stephen Graham, y de la necesidad de una nueva figura paternal que aleje a los jóvenes de esa manosfera que les refuerza el odio que sienten, no solo hay jóvenes solos y desamparados sin buenos referentes, hay hombres que no son monstruos, y que no sienten pudor ni vergüenza al odiar a las mujeres y al desear que estas no tengan ningún poder ni agencia.

    Y si esto no nos afecta a todos, y si esto no debería ponernos las pilas, ¿qué lo hará? ¿Gaza? ¿Trump? ¿una pandemia? ¿Putin? ¿Mazón? ¿El capitalismo?

    Ojalá esto no nos de únicamente un debate del que creamos que vayamos a salir mejores.

    Ojalá tengamos valor para salir mejores.

    Ojalá tengamos valor para que los hombres se impliquen en los cuidados y dejen de ser ejemplos de ausencia, de toxicidad, de virilidad, de beligerancia y de pasotismo.

    Si Eneas pudo dejar la guerra para llevar en brazos a su padre, ellos pueden educar a sus hijos para abandonar todos esos mensajes que les enseñan a odiar a las mujeres.

  • Creo que Emma Goldman no se refería a esto

    marzo 8th, 2025

    En un día como hoy me he despertado con una sensación de angustia, tristeza y desamparo.

    La zona en la que vivo tiene avisos por lluvia, viento, niebla y, posiblemente, nieve, y no podría identificarme más con esta sensación.

    Según iba leyendo a lo largo de la semana sobre todos los eventos que iban a suceder en la sierra, volvía a la misma sensación que llevo sintiendo hace años con respecto a este día: se ha comercializado.

    Ahora es un día en el que hay eventos, reuniones, diversión, tardeo, celebración. Queremos que sea un día en el que celebrar ser mujeres y estar en grupo. Y desafortunadamente no todas estamos invitadas a la fiesta. No porque se hayan olvidado de nosotras, o porque no queramos ser felices. A veces el entorno lo ocupa todo, y no puedes evitar llegar a esa angustia, tristeza y desamparo con los que me he despertado y que serán mis compañeros a lo largo de un día «tan especial».

    Recuerdo cuando leí por primera vez la famosa frase de Emma Goldman en una pancarta, en una manifestación por el 8M en Barcelona: «Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa».

    Me gustó muchísimo obviamente, pero creo que se ha ido de madre, y creo honestamente que Emma no quiso dar el significado que se ha cogido para las fiestas, tardeos y eventos que tienen lugar a día de hoy. Incluso viniendo con la mejor de las intenciones, es un lema de marketing a día de hoy, se ha convertido en una excusa para relajarnos, divertirnos y convencernos de que no deberíamos salir a quemar el patriarcado.

    Es francamente triste ver cómo a día de hoy, en el que creo que el mercantilismo es obvio, en el que los colores son obvios, en el que el discurso es pretendidamente optimista, en el que se habla de la comunidad, pero a modo más de burbuja, protección y nada de confrontación con la realidad, palabras como «machismo» y «heteropatriarcado» se ven tan rechazadas y fuera de lugar.

    Emma Goldman no quería eso.

    Y lo demostró con sus actos, no sólo con sus frases, que es algo que estamos perdiendo y es francamente preocupante.

    Emma Goldman ha formado parte de nuestro imaginario actual con su frase más liviana en un meme, y eso, aunque nos pueda llevar a interesarnos por su persona, parece que el tecnofeudalismo (voy a utilizar el término de Varoufakis hasta que se ponga de moda) ha sabido cómo apropiarse de él y que feministas de alta cuna que reniegan de los derechos de las mujeres trans, las mujeres migrantes y racializadas, puedan comprarse una camiseta y sentir que participan de una lucha feminista que se hace, comodamente, con memes y cañas de tardeo, en sus casas de campo.

    Pero ella fue mucho más que un meme.

    Goldman participó en iniciativas anarquistas revolucionarias en las que puso cuerpo y mente desde que fue muy joven, llegando hasta España para participar en la Guerra Civil por puras convicciones políticas y sociales.

    Estuvo en la cárcel en numerosas ocasiones, se enfrentó ante personas muy poderosas y vio cómo intentaban vulnerar sus derechos y el de las mujeres, y no se echó atrás. Participó en todo aquello que veía justo e imprescindible para todas en la calle, en los juzgados, en la política, y cuando hubo que apoyar las medidas anticonceptivas, también lo hizo.

    Por supuesto, siempre se intenta hablar de la parte menos «agradable» de Goldman, pero es que las revoluciones no son agradables, y enfrentarse a gobiernos totalitarios en la época de Goldman, tampoco. Y no gustaban nada sus opiniones y, fijaos qué casualidad, sus frases.

    La frase del baile y la revolución ha trascendido porque es lo que queremos oír, ver, queremos pensar que la revolución será entre flores, bailes y cañas, y aunque merezcamos todo eso, la revolución difícilmente será un camino de rosas, bailes y cañas. Y claro, eso hará que mucha gente prefiera quedarse en casa.

    ¿Propongo una solución acaso?

    No lo sé, no lo creo. Pero empezaría por leer a Emma Goldman, por empezar a leer a esta mujer que encarnó con hechos todas las luchas que a día de hoy nos da miedo decir en voz alta, todas esas cosas que los Jose Luises y oligarcas quieren reprimir y ella ya confrontó entonces.

    Quiero recordarla porque ella abrió caminos (y muchas más) y aunque sea considerada una radical, lo fue porque tenía mucho por lo que pelear, igual que las mujeres, todas, a día de hoy tienen mucho por lo que pelear, y se nos quiere hacer creer que hemos trascendido, pero si lees los trabajos de Goldman, veréis que no es así, que aún estamos lejos de que se blinden medidas que ella proponía entonces.

    Ya hablaba entonces de cómo el capitalismo sobrevivía a base de oprimir a los trabajadores, de los derechos de las personas no blancas, de los estados controlando a la población.

    A día de hoy, recomiendo leer a Emma Goldman porque, cualquier frase que digas que se pueda relacionar con el anarquismo, la revolución y la violencia, y por la cual serías tachado de radical (especialmente por gente que no quiere que las cosas cambien en absoluto), ya la dijo ella. Y la dijo en espacios donde podía ser desde acompañada y tener seguidores, hasta ser abucheada y echada por sus propios compañeros.

    La lucha por la que abogaba Emma Goldman era tan completa que no llegó a todo, pero llegó a mucho, y llegó a muchas cosas con las que quizá no estaría de acuerdo, pero me hacen pensar, me hacen reflexionar sobre lo que necesito y lo que quiero.

    Y en el día de hoy, en el que llueve a cántaros, se han anulado las marchas en la sierra y sacar el coche está poco recomendado por la AEMET, prefiero que mi día sea, o bien salir con un bidón de gasolina, o leer a Emma Goldman y pensar en qué cambios quiero y buscar los espacios en los que pueda pensar igual, lejanos del Marketing y de las consignas.

    Sé que igual puedo no ser consecuente, puedo parecer radical y poco agradable, pero todo eso ya le pasó a Emma Goldman e hizo muchas más cosas por todas nosotras.

    Por cierto, aparte de la frase del baile, dijo otras muchas:

    Requiere menos esfuerzo intelectual el condenar que el pensar.

    Un cambio social real nunca ha sido llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción.

    El anarquismo es la única filosofía que aporta al hombre la conciencia de sí mismo, que sostiene que Dios, el Estado y la sociedad son inexistentes, que sus promesas son nulas y sin valor, ya que sólo pueden cumplirse a través de la subordinación del hombre.

    La corrupción de la política no tiene nada que ver con la moral, o la laxitud de la moral, de diversas personalidades políticas. Su causa es meramente material.

    La política es el reflejo de la actividad comercial e industrial del mundo.

    Intentad poner alguna de estas frases en una camiseta.

    No, pero en serio, Emma Goldman fue mucho más que un meme y siento que debería servir de inspiración para el cambio, para motivarnos a que días como este tengan el sentido revolucionario que debería tener.

    Sin él, solo es un día de fiesta, de ofertas comerciales, de morado, de símbolos en redes sociales en el que seguimos igual de sometidas al heteropatriarcado pero preferimos olvidarlo.

    Emma Goldman nunca lo olvidó.

    Gracias por leerme y siento mucho si esperabas leer un texto más inspiracional y optimista en un día como hoy. Tienes cientos en cualquier red social.

    Aunque si ya me has leído otras veces, quizá sabías lo que podías esperar.

    Así que, en cualquier caso, gracias.

  • Todo por el Clickbait

    marzo 3rd, 2025

    Hace unos meses tuve una charla con alguien que habla de no maternidad por circunstancias para participar en un coloquio. Y aunque todo fue muy bien, preparando la intervención, me hizo una pregunta que sigue conmigo.

    «¿Qué más haces con tu comunidad?»

    Viniendo de haber empezado a escribir un blog, de haber sido hija única y de encontrarme en una crisis en la que me sentía sola, pensé que no entendía qué me quería decir.

    ¿Qué comunidad?

    Y además, ¿qué es lo que tengo que hacer?

    En realidad lo entendí entonces y lo entiendo ahora.

    Si quieres ser profesional y que tus contenidos te den beneficios, debes hacer algo más que escribir un blog y poner posts random en Instagram. Era el momento de decidir ir un paso más allá…

    Sin embargo, durante muchos meses estuve pensando y machacándome por cuál debía ser ese paso más allá, qué quería esa supuesta comunidad, qué podía hacer, qué era lo que tenía que dar.

    Pensaba en otras personas.

    Pensé en los formatos de podcasts… Yo vengo del audiovisual, a veces me ocupo de hacer intervenciones en video por mi trabajo y, según dicen, no tengo mala voz para locutar. Aún así… ¿Era eso lo que quería?

    Luego pensé en los grupos y eso sí cobró forma.

    Nada más mudarme a Madrid organicé un grupo de mujeres en meetup y hemos tenido dos encuentros, pendientes de tener más. Es difícil cuadrar horarios, pero merece la pena. Era una opción que sí me podía apetecer, pero no para sacar algo a cambio.

    No me parece mal que los terapeutas cobren por hacer terapia, ni que las creadoras de contenido aspiren a cobrar por el mismo, pero me di cuenta de que ese no era mi caso. No éramos lo mismo.

    Yo no tenía nada que tuvieran por lo que pagar. Si algún día escribo una obra, o publico un libro, o me abro un Patreon para poner artículos más elaborados o contenidos más profesionales, desde luego querré que se me pague por ese trabajo, pero no por juntarme con un grupo de mujeres para ir a tomar algo y hablar de nuestro lugar en el mundo. Igual que hago con mis amigas, pero con más gente y, por tanto, no como un trabajo remunerado. Y esto solo puede organizarse con voluntad, posibilidad y disponibilidad.

    Y si hay poca disponibilidad, pues habrá poca posibilidad… Aunque estamos «trabajando en ello».

    Pero hoy lo he visto claro.

    Hoy he visto claro por qué no quería ir un paso más allá como creadora de contenidos ni publicidad.

    Hoy se ha publicado una viñeta en redes sociales con un fuerte interés incendiario centrado en conseguir likes y en confrontar mujeres: madres contra no madres. La pelea habitual, el yo contra ti, el tú contra mí.

    Y aunque he visto y consumido mucho contenido de este tipo, hoy me ha resultado francamente decepcionante.

    Y para explicarlo, tengo que ponerme intensa, descriptiva y exhaustiva, algo que no se lleva en las redes sociales de consumo rápido y que hace que todos compremos un discurso único, polarizado y limitado. Y no lo digo porque no se pueda ir a un extremo, lo digo porque llegamos a un extremo desde lugares equivocados.

    Gracias a las redes sociales, algunas entráis a leer este blog, he conseguido tener cierta sensación de comunidad, hablar con gente y, sobre todo, sentirme confiada con mis decisiones, e incluso elaborar un manual de pregunta respuesta para personas indiscretas con el tema por si me queréis consultar.

    Pero no las voy a romantizar ni engañarme con ellas, porque a día de hoy las redes sociales alimentan a un algoritmo que es peor que un alien o la planta carnívora de la Pequeña tienda de los horrores. Es debido a las redes sociales que mucha gente ha empezado a creer en mensajes tremendamente nocivos como las personas vitamina o la psicología positiva en la que acaban pensando que son el centro del mundo y que todo lo que no esté a su gusto, es culpa de otros. Que no te digo yo que no, pero falta algo de autocrítica por parte de todos.

    A veces un restaurante puede estar hasta arriba y ni llegar a las demandas de todos sus clientes, y a veces un trabajador puede tener un mal día, o la comida puede venir en mala calidad por un problema del proveedor, o ese día no te encontrabas bien o estabas incómodo, pero la crítica en YELP poniendo a parir el restaurante es la primera opción. Lo primero es alimentar de información a Internet. Pensar en la situación es algo que no se plantea como una opción, tú dilo, que te lo mereces, porque tu experiencia es la que más importa.

    Todo tiene una gama de grises que flipas (no todo, como el fascismo y el problema enorme que supone este neoliberalismo capitalista y los oligarcas, entre otras cosas) y no lo digo porque no quiera tomar partido por madres o no madres, es que tampoco se debería.

    He tenido amigas madres a las que no he seguido viendo, pero no ha sido por temas relacionados con sus hijos, sino entornos, coincidencias y falta de lugares comunes, eso puede pasar; y he tenido amigas sin hijos que me han hecho ghosting de buenas a primeras porque sí (aunque luego bien que lees mi blog, ¿eh?), de modo que yo no puedo posicionarme, el espectro es muy amplio, y eso también teniendo en cuenta que, en mis relaciones, también tengo una parte activa y una responsabilidad.

    Y es que la vida cambia, los tiempos cambian y las responsabilidades cambian, e, incluso antes de eso, nuestra persona no debería ocupar el centro del mundo de la vida de nadie, y si lo hace, no es bueno.

    Creo en las amistades, las amistades íntimas, profundas y cómodas. Y creo que pueden durar. Pero también creo que una amistad no te coloca en el centro de la vida de una persona. No te convierte en su prioridad y sus problemas, por duro que sea, deberán ser solucionados antes que los tuyos, todo sea dicho, problemas en los que tú también estás trabajando y no esperas que llegue a solucionarlos, ¿no?

    Hay muchas amistades dependientes, muchos adultos que creen que siguen estando en el grupo de Stand by Me y que cuando la vida se mete de por medio, cuando llegan criaturas, trabajos, horarios, problemas de salud, nuevas parejas, responsabilidades y destinos distintos, no quieren aceptar esos cambios y culpabilizan a la otra persona por haber alterado su vida.

    Eso tiene más que ver con nuestro egoísmo personal que con el abandono de esa amistad, y con el narcisismo creciente que nos ha hecho creer que somos el centro del mundo y que, si nosotros no cambiamos, nadie debería y es todo responsabilidad de otros.

    Y hay una parte aún peor en esto. Hay gente que está sacando mucho dinero de nuestro malestar.

    Los creadores de contenido pueden llegar a sacar dinero de sus contenidos, y a veces es una buena parte del motivo por el que los crean, es su trabajo. No solo es el impulso artístico, la necesidad de comunidad o el narcisismo en el peor (y mayor) de los casos, en cuentas ya con muchísimos seguidores, lo más importante será obtener clickbait.

    Y, para mí, esta semana, la cuenta en cuestión ha decidido abogar por las madres y eso ha generado muchísimo malestar entre no madres que han salido a gritar cómo ellas son las auténticas perjudicadas.

    A ver, es verdad que una mujer que tiene hijos se encuentra en una soledad brutal en muchos casos y sometida a juicios en todo momento. Le han vendido el palacio de Disney, le dicen que es la reina del castillo y, sin embargo, se ve encadenada y prisionera. Ya sé, ya sé que tengo una visión muy negativa, pero es que esto también se tiene que contar, no todo son flores, ilusión y piel con piel, y un discurso de Marketing para controlarnos a todas y atarnos en las tinieblas.

    Como yo no me creo el dogma del amor condicional, diré que las mujeres sin hijos, podemos encontrarnos muchos puntos positivos en nuestra elección a nivel de libertad o económicos, sino tenemos otras cargas o un trabajo increíblemente precario; lo que es verdad es que el discurso rancio sobre el problema que suponemos no parece irse a ninguna parte.

    Seguimos siendo un problema. Porque somos lo que dice la viñeta, fiesteras, egoístas, pasotas e incapaces de adaptarnos.

    Bueno, haberlas las habrá, pero a día de hoy, los contenidos que buscan generar enfrentamiento me parecen faltos de honestidad. Quieren complacer a unos y enfadar a otros, sin mayor interés que en posicionarse en redes y conseguir que haya muchos comentarios, alimentar, de nuevo, al monstruo. Da igual que unas le deis las gracias y otras le digais que WTF, le da lo mismo, estamos una vez más, gritando al vacío y alimentando el algoritmo.

    Y lo peor, es que lo necesitamos.

    Yo necesitaba gritar al mundo que me sentía sola porque todas mis amigas empezaban a tener hijos mientras el Marketing de la sociedad Post-COVID volvía a un mensaje único santificado sobre la maternidad, y decidí aprovechar que podía escribir.

    Mucha gente necesita llegar a ese post y gritar al mundo que están SOLAS. Y si hay algo común en los comentarios es que todas nos sentimos SOLAS, ABANDONADAS y desoídas. Y en muchos casos será cierto, y en muchos casos habremos sido responsables, y en otros las redes sociales te recuerdan que ERES LA MEJOR y que LA CULPA ES DE LOS DEMÁS.

    Tu amiga con hijos es el problema.

    Tu amiga sin hijos es el problema.

    Eso es fácil, y es un mensaje que genera malestar, y nos aleja una vez más del verdadero problema, que es que no estamos preparadas para la vida de hoy, y que estamos solas y bien fastidiadas. Porque es demasiado complejo criticar el sistema, pero es fácil criticar a esa amiga del instituto; porque es complejo criticar el consumo y el nivel de exigencia, pero es fácil enfadarse porque tu amiga no va al parque contigo.

    Sería mucho mejor darnos cuenta de que los mensajes ABSOLUTOS no funcionan y estamos cayendo en una narrativa que solo nos daña.

    Por supuesto nadie que no tenga hijos va a ir al parque todos los días con sus amigas con hijos, pero puede ir alguno y puede ir decidiendo, ahora que ha llegado este cambio, enfocar su amistad con las herramientas que tengan ahora; Por supuesto una madre no puede salir ya todos los fines de semana, pero se puede repartir la carga con su pareja y, cuando haya pasado la adaptación del post-parto, igual le apetece salir. Y puede que tarde, que es que nadie te habla de lo puñetero que puede ser el post-parto…

    AMBAS harán el esfuerzo SI QUIEREN.

    Lo que está claro, o debería, es que todo cambia, y el problema es que el camino de las madres parece estar muy claro (aunque lleno de espinas que nadie contó, o que prefirieron ignorar) pero el de las mujeres sin hijos no, porque lo que está lleno es de maldiciones, amenazas de países como Rusia por no tener hijos, y rechazo…

    Y es duro.

    Pero no deberíamos buscar enfrentamientos entre nosotras. Perdemos el tiempo y el foco.

    (Eso sí, si tenías una amiga y durante su no maternidad o maternidad, te has dado cuenta de que no tenéis nada en común o ves que se rompe el vínculo, desde luego, enfádate, desde luego puedes tener razón, desde luego puedes ser la única en grupos de amigas madres, o la única sin hijos entre amigas no madres, y es cierto que recibimos rechazo, y que no nos lo merecemos. )

    Así que estaría bien que no generemos el conflicto nosotras mismas.

    Así que no.

    No todo vale por el clickbait.

  • SALVE María

    marzo 1st, 2025

    Cuando leas esto ya habrá pasado todo el jaleo del Goya a la mejor actriz revelación, Laura Weissmahr por la película Salve María.

    Aunque ya anteriormente se habían hecho eco de esta película.

    Aunque poco.

    En realidad puede que llegues a este blog con poco interés en el cine, menos aún en el cine español, menos aún en una película que parece hablar de maternidad, tras unos cuantos años de muchas películas, series, libros y artículos que nos vinculan a la maternidad de una manera inevitable pero, en ocasiones, también insoportable.

    No es el caso de Salve María.

    Aquí esta película ha cumplido con todos los checks del denominado peliculón. Desde luego, para mí.

    ¿Creo que la película puede herir sensibilidades?

    Claro.

    A día de hoy parece que la ofensa por lo que interpretamos de los contenidos es algo que se destaca mucho más que la ofensa que suponen las políticas o decisiones en lugares de poder.

    Las miradas disidentes con fines artísticos en temáticas consideradas intocables se miden con una vara mucho mayor de la que mediríamos cosas como las políticas hacia el medio ambiente.

    En fin, me lío. Lo que quiero decir es que parece que una publicación o escrito de una mujer que no cumpla las normativas esperadas, siempre generará polémica y molestar en algunos sectores. Así que, sí, esta película también lo hará.

    Y hace bien en hacerlo.

    Y me atrevería a decir que eso mismo es lo que la hace tan buena, que se ha hecho sin miedo y sin límite. Y con una fuerza de la naturaleza.

    Matías G. Rebolledo comentaba que esta película suponía aire fresco a un cine español en el que las mujeres están demasiado acostumbradas al rol de redentoras y no puedo más que, primero, darle la razón, segundo, llevarlo a mi propio terreno tanto en la vida como en lo que se espera que escriba como mujer.

    Empecé a escribir el blog en 2022 y eso significa que pasé unos dos años buscando películas, libros, contenidos en Internet (apenas encontraba cosas en Reddit) en los que se hablara de la no maternidad por elección y encontré relativamente poco, o más bien, entre POCO y NADA.

    Sin embargo, encontraba muchísimo contenido sobre la maternidad desde la santidad, la idealización e, incluso, desde la reivindicación, pero con ese mensaje que indica que es algo inevitable e ineludible, de lo que nunca podrás escapar. Pero de buen rollo, porque, claro, en el fondo «todas las mujeres queremos lo mismo, que es eso».

    Miles de películas, búsquedas, lecturas que apuntalaban en esa dirección. Y si había algo en relación a la no maternidad, te pasaba algo y era un problema que deberías solucionar antes de que fuera tarde.

    Y las historias sobre las madres venían con un halo de reivindicación en las comedias y santidad en los dramas. Como si solo existieran esas experiencias. Y creo que por eso hay que reivindicar esta película. Lanza un mensaje distinto, único, y, le pese a quien le pese, no es falso, no ha inventado algo que no se haya visto jamás.

    Se prefiere que no se cuenten esas historias en las que las madres no conectan con sus hijos, o en las que hay una aversión, o en las que la maternidad genera un rechazo o dolor incontrolable. No queremos que existan.

    No queremos ver Persona, ni leer Madres arrepentidas, y queremos ocultar una de las mejores películas de Ken Loach, Ladybird Ladybird en las que se habla de cómo una mujer pierde a TODOS SUS HIJOS por su situación social, económica y precaria en Inglaterra.

    No queremos porque, igual, de repente decimos «pues eso me puede pasar también y… pues no tengo tantas ganas de ser madre».

    No deberíamos evitar esos contenidos o sólo consumir aquellos en los que todo sale bien, y no digo por ello que no veamos feel-good movies o veamos cosas que nos hagan felices, pero que al final parezca que todo el contenido sobre maternidad es para ensalzarla o romantizarla no nos coloca en un lugar realista y no nos cuenta cosas que pueden pasar. Y el cine no es barato y hay decisiones, desafortunadamente, de empresas y empresarios que tienen muchos más intereses políticos que artísticos. No nos engañemos.

    No creamos que hay millones de películas con bebés preciosos y jovenes embarazadas por accidente que descubren que eso era lo que les haría felices porque es la única realidad de la maternidad.

    Algún día me gustaría sacar un listado en la línea de lo que dijo Andrea Ros de Madremente en un podcast, que habló de aspectos nada positivos de la maternidad y afirmó que era importante no mentir a las mujeres y que pudieran tomar su decisión con datos, experiencias y sin falsos testimonios.

    Deberían haber más películas sobre no maternidad, más contenidos, más mamíferas, más películas sobre ficciones en las que no ensalzamos las vidas más conservadoras.

    Y, en ese aspecto, «Salve Reina» surge como una obra maestra que nos cuenta algo que no se quiere ver, pero es inevitable.

    Es inevitable que surja, entre tanto falso brilli brilli, una película que hable de la maternidad de una manera tan oscura.

    Hacía tiempo que no veía una película que tuviera una visión tan única sobre el tema y que la narración, tan poética, esté tan bien a todos los niveles y me gustaría que la vierais.

    Eso sí, si estáis preparadas para ver una película que rompe el mito de la conexión inmediata entre madre y criatura y nos habla de una maternidad que no va como te dicen que va y que desemboca en algo realmente oscuro y aterrador. Y a la vez, realista y, en algunos casos, inevitable.

    El personaje de María podría parecer tremendamente complejo, y lo es, pero, me temo, y temo que eso asuste a esas mentes colmena que solo conocen una verdad, que no es un caso tan aislado y tan extremo como podría contarse. Más que nada porque entonces Orna Donath no habría escrito «Madres arrepentidas» ni Katixa Agirre habría escrito «Las madres no», el libro en el que se basa, muy ligeramente, la película.

    María es una mujer joven, una escritora, que está viviendo los primeros meses de su maternidad desde el aislamiento y la soledad. No tiene un mal entorno, pero sus amigas la han dado espacio, su pareja intenta estar ahí para ella pero María, simplemente, no está en ese lugar en el que mágicamente nos cuentan que llegan las madres. Ella vive una maternidad en la que no es capaz de hablar con su hijo, ni ser como las demás madres, ni hacer las cosas como ellas, y cuando conoce a madres precarias, tampoco encuentra la conexión, tampoco está allí.

    Y el lugar en el que conecta, en el que entra, es en la psicosis de la historia de una completa desconocida que ha ahogado a sus dos gemelos. Una mujer a la que no conoce pero con quien, en cuanto ve que pueda haber cualquier conexión, genera un vínculo ficticio y se convierte en la persona más importante de su imaginario.

    María, como escritora, vive en la ficción y se va a esta historia porque se ve, desafortunadamente, más cerca de conectar con esa historia, que con las maternidades que ve a su alrededor.

    Y es horrible.

    Y vive auténticas pesadillas, dolor, desesperanza, pero lo que más angustia al personaje, no es solo el hecho de verse reflejada en esa persona y pensar en si podría hacer algo así, sino esa culpabilidad por no haber entrado en esa nueva personalidad que le decían que aparecería.

    Evidentemente, la historia también habla del miedo, de incluso el sentir que cuidas más a la criatura alejándote de ella porque sientes que eres un peligro para ella (no es la primera historia que se puede leer en sucesos sobre una madre en estado psicótico), y, truculenta, poética y dura, tiene un espacio para perdonar a esa mujer.

    Porque María no tiene la transformación que queremos siempre, esa redención que buscamos invariablemente en las mujeres, y yo la entiendo, y entiendo que eso, igual que una mujer puede tener una criatura y amarla por encima de todas las cosas, eso también puede pasar.

    También os diré una cosa.

    No he conseguido que nadie quiera ver la película a raíz de recomendarla y, por supuesto, he recibido alguna mirada de soslayo de aquel que considera que, como me ha gustado una película aterradora, disidente, y que habla de las madres desde un lugar nada idílico, tengo un problema.

    ¿Por qué las películas han de dar un mensaje concreto y optimista?

    ¿Por qué debemos entender las cosas cuando no hacemos ningún ejercício activo por entenderlas?

    ¿Por qué no buscamos cosas distintas?

    Supongo que cuando encajas en todos los mandatos sociales y has hecho un check en todo lo que aprueba el capitalismo, es mejor ver contenidos culturales que asienten esa sensación de comfort y aceptación. Y alejarte de cualquier cosa que pueda tambalear esa falsa sensación de seguridad.

    Yo creo que no.

    Yo creo que la balsa no está fija, y que por eso es una balsa.

    Y no me preocupa ni no tener hijos ni que me guste Salve María, Persona o Madres arrepentidas.

    O el libro Las madres no, en el que basaron Salve María.

    Pero esa es otra historia.

    Recomendadme historias, películas, libros, podcasts sobre no maternidad, al final no llego a todo y me gusta enterarme.

    Y gracias por leerme.

    Siempre, gracias por leerme.

  • DEMONIOS

    febrero 5th, 2025

    La definición de «demonizar» es la siguiente: Atribuir a alguien o algo cualidades o intenciones en extremo perversas, incluso diabólicas.

    Al parecer, esta nueva ola de mujeres que escribimos o hablamos en redes sociales sobre nuestra vida sin hijos estamos demonizando la maternidad.

    Como no se hace esperar, cada vez que se toca un tema sagrado, sean las creencias o la maternidad, hay un grupo de personas que deciden acatar el problema y hacer lo siguiente:

    1. Buscar/Encontrar contenido de esos demonios
    2. Invalidar los mensajes, criticar y fingir ofensa
    3. Incluso intentar que se retiren los contenidos
    4. (y el peor, hecho todo esto ya) Definir el enemigo

    En muchas ocasiones, encontramos el perfil de José Luis, pero últimamente también tenemos el de algunas madres. Y sus comentarios son los menos fáciles de digerir y los que más duelen porque queremos pensar que las mujeres podemos hacer equipo, que podemos evitar esa necesidad tan masculina de competir, de chocar, de confrontar…

    Pero no es así.

    Y la red QUE ES INMENSA, y que tiene el algoritmo dividido entre hacerte consumir productos que no necesitas y cabrearte para que pases horas alimentándole a base de scroll, está llena de absolutamente todas las personas que buscan llenar huecos, pero sobre todo, vacíos.

    Y es un problema, porque desde el vacío es mucho más difícil construir comunidad, pero no entraré en eso hoy porque no es del humor en el que estoy.

    El humor no es bueno.

    Y el humor no es bueno porque, en general, estamos viviendo una época de muy malas noticias, propiciada en su mayoría por oligarcas déspotas que han decidido ir más allá que Alejandro Magno, y parece que en vez de crear un imperio, lo que quieren es ser los causantes del fin de la humanidad a base de guerras, desplazamientos, apoyo militar y persecución a la ciudadanía.

    Creo que podríamos (o deberíamos incluso) estar todos de acuerdo en quiénes son los enemigos, qué estamos perdiendo, la necesidad de crear vínculos, de no estar solo ante este neoliberalismo en el que todos vivimos en un sistema feudal digital y todos somos siervos. Todas las personas.

    No sé quién leerá esto, pero seguramente sí, tú también.

    Y si no quieres leer esto es momento de irse, porque no se pone mejor.

    Bueno, sí, porque ahora volveré a hablar del demonio.

    Y de demonizar la maternidad.

    A ver…

    «Hablar de que no quieres tener hijos es demonizar la maternidad»

    ¿Por qué? Si no la incluyes en tus planes de vida, no puedo estarla demonizando. Demonizo muchísimo más a los políticos de mi comunidad autónoma, empresarios, empresas y celebrities cada día ya que son ejemplos nefastos de cómo nos vamos al garete, y cómo lo hago, hablando de ello. ¿Y sabéis dónde no lo suelo hacer en demasía?

    En sus redes sociales.

    Porque…. No tenemos tiempo para ponernos a hablar con ellos. ¿De qué? ¿De que están destrozando el mundo con su codicia? Como si no lo supieran…

    Pero sí, volvamos a demonizar.

    «Nunca he querido ser madre»

    Al parecer, es una frase que demoniza a las madres. Y me pregunto si es que las madres han sido todo lo que han querido ser, si no se han dejado nada, o si han elegido cosas para no hacer otras.

    Parece que no hay una elección ahí, sólo puedes desearlo y ya está. O CALLARTE, porque es de mala educación decirlo.

    Tengo mucha suerte, al escribir estas líneas, sabiendo que tengo amigas con hijos, que han vivido mejores o peores maternidades, y que no tienen ningún problema con que las mujeres planteen otras vidas, otras existencias y que la no maternidad pueda dejar de ser una disidencia para ser una elección más como cualquier otra.

    Me doy cuenta de como hay muchas personas, madres o no, que eligen las redes sociales para evitar este horrible contagio de la capacidad de elección, y como lo hacen desde un lugar mezquino y ruhín, porque da la sensación de que algunas personas no pudieron elegir, y no pueden tolerar que otro lo haga.

    Y ya que no pueden evitar que más mujeres se lo piensen dos veces (o que decidan parar después de mucho tiempo intentándolo y decidan, simplemente, que pueden vivir sin ser madres), lo único que pueden hacer es… Huy… ¿demonizarnos?

    Cada día más gente critica que las mujeres hablen de que quizá no sean madres porque está empezando a ser una conversación, está empezando a ser una decisión, empieza a coger espacio… Y lo hacen porque, como con todas las disidencias, si puedes amenazarlas y destruirlas al principio, es más fácil que no avancen.

    Pero es que la maternidad no es la única cosa que está establecida en la normalidad y hay montones de maneras de ser madre.

    Y muchas se encuentran, siendo madres, con un sin fin de rechazo y de dificultades, para no recibir una medalla ni un pin por haber traído una criatura al mundo.

    Sería mejor que no nos enfrentásemos entre nosotras.

    Y además, el demonio como insulto.

    Hay una novela llamada «El Maestro y Margarita» de Mikhail Bulgákov en la que el personaje del demonio se ocupa de ser el ángel vengador del protagonista de la historia.

    Y casi acaba siendo el protagonista.

    Sin duda, es uno de los mejores personajes. Tiene poder, determinación e inteligencia.

    Si lo pensamos bien, el término «demonio» es incluso un halago.

    Así que, muchas gracias.

  • Apropiarse de la narrativa

    enero 24th, 2025

    Como mujer que no quiere tener hijos, soy de las personas más afortunadas.

    Si le ha supuesto un problema a mi familia directa, nadie me lo ha dicho, tengo a mi pareja en mi equipo y no he vivido situaciones incómodas de invisibilidad o ridiculización en los últimos años.

    Aunque, como dicen, lo mejor siempre está por llegar y los oligarcas están entrenando a sus acólitos para odiar a mujeres como yo. Pero eso es otra historia y esa gente no merece un hueco en nuestros espacios.

    Sin embargo, viviendo parte de la vida en el entorno digital, leo muchas veces a mujeres con hijos, y a hombres con o sin hijos, molestos ante esta decisión.

    Así que, en muchas ocasiones, me hago la pregunta.

    Pero, ¿qué les molesta?

    Si pienso en el por qué, solo puedo pensar en esas relaciones adolescentes en las que nos convertíamos en fans de las Spice Girls o los Backstreet Boys buscando lo que no sabíamos que era, un sentido de comunidad.

    No nos juntábamos porque nuestro gran sueño fuese ser Geri Halliwell (el mío sí), sino porque ya habíamos conectado de manera no consciente con el vacío existencial de la adolescencia, ese primer momento en el que no somos niños y sentimos una ausencia, una carencia, y nadie se sentaba contigo a explicarte el por qué de esa tristeza, el por qué de esa angustia, y cada uno hacía lo que podía, si podías apoyarte en tus padres, hermanos, genial, si no, en tus amigas, si no, en nuestros ídolos…

    Pero búscabamos la comunidad.

    Y las comunidades de madres/padres han estado en alza en los últimos cuatro años. Gente que vivía la maternidad en grupo, que se apoyaba y en el que nadie se quedaba solo.

    Aunque eso, siempre, en el mejor de los casos.

    Muchos años y terapias después, descubres que el cuerpo crece pero el alma no, como dijo Pablo Messiez en Las Canciones, y te das cuenta de que hay nuevas actividades y horarios para llenar el vacío existencial, y que incluso gracias al consumo, puedes también aguantarlo.

    Estaréis pensando que creo que la gente tiene hijos por llenar ese vacío existencial y no es así. Al menos, no todo el mundo lo hace por eso, aunque habrá casos, y, estadísticamente, también existen, ¿no?

    Están aquellos que querían maternar, aquellos que querían un bebé, aquellos que lo han hecho por presión familiar o social, otros por creencias religiosas, otros por creencias económicas, y, SÍ, también aquellos que lo han hecho para sobrellevar el vacío existencial.

    De modo que esta elección, no solo se ve única, sino que, el hecho de no tomarla, hay gente que lo ve como un desafío al Status Quo.

    Puede serlo, aunque yo soy, ya que he mencionado las creencias, de la creencia que siempre tiene que haber alguien desafiando al status quo, discutiendo ante la falsa estabilidad y señalando incomodidades.

    Si no soy yo, celebro que sea otra persona.

    La disidencia es una parte importantísima de la diversidad.

    Igual no estás de acuerdo pero, entonces, ya que no nos conocemos en persona en muchos casos, mi pregunta es:

    ¿QUÉ TE IMPORTA?

    Honestamente.

    Cuando hay madres y padres que entran en redes sociales, que buscan expresamente grupos, conversaciones y eventos de gente que no tiene hijos por elección, ¿QUÉ ESPERAN ENCONTRAR?

    Yo no busco grupos de maternidad en los que escribir a madres y decirles que su vida sería mucho mejor sin sus hijos. Primero porque no lo pienso y segundo porque no tengo tiempo más que para mi propia vida como para meterme en la de otros.

    De modo que mi teoría es que ese desahogo ruhín, desagradable y de adolescente agresivo de instituto, es un discurso más que forma parte de mirar el vacío existencial y dejar que te arrastre.

    Y eso hace que, para estas personas, que haya gente que haya desafiado las convenciones, estén bien y quieran hablar de ellos, sea intolerable.

    No quieren que exista la narrativa.

    No quieren que haya mujeres trabajando en nuevas narrativas, nuevas vidas y desenlaces para las mujeres que no han tenido hijos, ya sea porque no han querido, e incluso, porque no hayan podido.

    Y les resulta tan intolerable y molesto, que buscan la narrativa para destruirla.

    Por si no tuviéramos bastante con Putin sancionando discursos de gente sin hijos en Rusia, a Trump en Estados Unidos definiendo a mujeres y hombres como gente que aporta células en la concepción y JD Vance con lo de las mujeres-gato, también tenemos que aceptar que entre gente resentida y con ganas de pelear a nuestros espacios.

    Y poner nuestra mejor sonrisa.

    Y aceptar que nuestra narrativa importa menos.

    ¿Y por qué debemos nosotras aceptar algo tan limitado y conservador? ¿Por qué debemos vivir nuestra única vida de la misma manera en la que la viven los demás?

    Hay una cosa que debería quedarte muy clara si estás leyendo esto y eres una persona convencida de que tener hijos es la única vida posible para una mujer y que mi discurso es intolerable:

    Estás en el lugar equivocado.

    Y si has llegado hasta aquí, lo has hecho por propia voluntad.

    Yo no te he invitado a hacer scroll y leer hasta aquí.

    Y si tienes algo que decirnos es porque tú nos estás buscando y tú eres quien invades el espacio que no te pertenece.

    Porque este espacio es mío y le pertenece a las mujeres que buscan una narrativa sin hijos con la que puedan identificarse.

    Deberías plantearte por qué sientes que tienes derecho a invadir narrativas que no son tuyas.

    Y deberías alegrarte de que existan más narrativas, y que las mujeres tengan más alternativas, y que puedan elegir libremente si quieren ser madres o no.

    Por tus hijas, al menos, ¿no?

    Porque querrás que ellas tengan una narrativa y puedan hacer lo que les haga felices. No tener hijos simplemente porque sea lo que alguien espera de ellas.

    En realidad, me da lo mismo lo que alguien pueda decir o no.

    Yo estoy muy tranquila sabiendo que no estoy entrando en espacios a insultar a nadie, que no busco pelea y que, si estoy leyendo algo que no me gusta y no me interpela, puedo dejar de leer cuando quiera.

    Tú verás.

  • Fiona Apple: Criminal. Condenada y sin defensa.

    enero 13th, 2025

    Fiona Apple es una cantante y compositora que se dio a conocer a mediados de los 90 con tan solo 18 años.

    Rimbaud escribió sus mejores poemas con 18 años, Drew Barrymore tomaba drogas con diez años.

    Fiona Apple fue violada con 12 y convertida en una estrella con 18.

    A lo mejor hay gente que está preparada para eso y más (NO), aunque ese no pareció ser su caso (PORQUE NO).

    Ella con 18 años ya era una persona herida, abusada, maltratada e invisibilizada por el mundo y, cuando accedió a la fama y, simplemente, no pudo curar su dolor, fue culpada de su propia miseria.

    ¿Acaso no se ha dicho siempre que, para conseguir el éxito, hay que aguantar todo lo que te echen? ¿Acaso no nos han dicho también que, si no lo haces tú, lo hará otro? ¿Acaso no hemos descubierto hace unos años que eso ha llevado a unos abusos de poder en industrias millonarias como… no sé… la música?

    Bajo ese prisma, Fiona Apple tenía todas las papeletas para no salir viva de ahí, para sufrir todo y hundirse.

    Pero no se hundió.

    Escapó.

    Pero no convirtiéndose en una gran estrella amada por todos y con su propia legión de Fionies.

    Ese no era su destino. Y tampoco era el que quería.

    Se sabe de Fiona Apple que siempre compuso canciones, que amaba la música y que hizo diferentes demos para dar a conocer su trabajo… Aunque eso significaba interactuar con gente y eso… No le gustaba.

    En varias entrevistas, Fiona Apple se ha sincerado sobre lo poco que le gusta hacer promoción y hablar de sí misma y de su música, y de cómo se la ha tachado de tímida y borde por, simplemente, no tener personalidad de celebrity o persona que disfruta toda esa atención.

    Pero aunque se escuchaban sus canciones, a ella no se la escuchaba.

    No fue la única vez que Fiona habló de algo en una entrevista y la gente pensó que mentía, que manipulaba, que no era sincera.

    Resulta curioso que una cantante con unas letras tan honestas, tan profundas y tan sensibles, fuera tachada tan rápido como hipócrita. Es decir, ¿por qué entonces su primer disco Tidal, en 1996, se convirtió en semejante fenómeno y empezó a ganar discos?

    Ha habido mujeres de talento y éxito antes, pero sin embargo Fiona Apple fue el cabeza de turco de los 90, con la opinión dividida entre su talento y sus opiniones.

    Concretamente, una.

    Su discurso de aceptación de su primer Grammy en 1997.

    Con 19 años, éxito, belleza, delgadez y admiración, Fiona Apple decidió criticar a la industria de la música desde dentro y pedir a sus fans que no vivieran pensando en ello como un objetivo que, a todas vistas, sería decepcionante.

    Aquella chica fue acusada por la prensa de ser una auténtica hipócrita.

    Y es que no hay nada como unos medios conservadores para despotricar y hundir al que protesta, sobre todo si es una mujer, es disidente y ha mordido la mano que da de comer.

    ¿Os suena?

    Pues imaginaos si sois una chica de 19 años, habéis logrado sacar vuestro primer disco, tenéis fama, trabajo y dinero pero, por otro lado, tenéis un desorden alimenticio porque sufristeis una violación con 12 años, no estáis cómodos con la gente porque os sentís inseguros, bebéis y os drogáis, y os sentís solos porque no tenéis relaciones familiares y amistades sanas.

    En los 90, se asumía siempre la delgadez como una elección voluntaria tan sencilla y aceptable como cualquier otra. Incluso a día de hoy, se considera que es mucho mejor estar enfermo que no tener un cuerpo normativo.

    Y Fiona Apple no tenía derecho a quejarse, ya que si era joven, exitosa guapa y extremadamente delgada lo tienes todo, ¿quién se creía que era? ¿Acaso no era ella precisamente quien debería estar agradecida a ese mundo? ¿Acaso su belleza y delgadez no eran prueba de que había pasado por el aro igual que cualquiera?

    En esa denuncia, en esas palabras en las que yo entendo un grito de auxilio, en el que grita desde un vestido blanco y una vulnerabilidad honesta, una virgen que está siendo devorada por Nosferatu o Poseidón, que nos dice:

    Es todo mentira.

    Yo soy la prueba de que todo es mentira.

    Todo lo que creéis que soy es mentira.

    Pero siempre ha sido demasiado fácil desacreditar a una mujer. Sobre todo si esta es joven, sensible, vulnerable y, sobre todo, si tiene un fuerte carácter disidente.

    No se entendía, y a veces no se entiende, de que un espíritu así, una creadora así, solo quiere el espacio que da el dinero y la seguridad para componer, para trabajar en su música, para compartir con el mundo lo que quiere decir.

    Pero siempre que cumpla las condiciones de celebridad, como sucede con Beyonce o Taylor Swift.

    Ojo que no las critico, pero es gente que se debe a sus fans, que trata al público con simpatía y cariño, que las convierte en personas carismáticas, no sólo en músicas.

    Eso está bien.

    No aceptar la condición de celebridad cuando te haces así de famosa, no lo está.

    Hablar desde la música, la sensibilidad, mostrarte como un juguete roto… Eso tampoco está bien.

    Al leer sobre la historia de Fiona Apple veo claro cómo hay un deseo por la destrucción de la vulnerabilidad de las mujeres, por acabar con esas mujeres sensibles y rotas, por apartarnos de ellas y sólo ir por las opciones que nos encajen ideológicamente. Empoderamiento, belleza, fortaleza, éxito.

    Los juguetes rotos, a la basura. Como Fiona.

    Si miramos las entrevistas que le hicieron, acusarla de hipocresía me parece una jugada más que sucia.

    Si veis cualquier entrevista de Fiona Apple a día de hoy, no sé a vosotras, pero a mí me queda clarísimo que era alguien que no tenía ningún interés en las entrevistas, promoción, premios y fama, sólo en su música.

    ¿Por qué lo sé?

    Porque lo dice explícitamente.

    Pero una desacreditación como esa, vino acompañada de algo más, algo que acabara de lanzar esa imagen de falsa e hipócrita que intentaban encontrarle.

    Su videoclip, Criminal.

    Nunca ha sido una buena época para el doble sentido, la crítica velada, el subtexto y la no literalidad.

    Y este video fue aclamado y premiado, para luego ser criticado y rechazado.

    Fiona Apple fue aplaudida por hacer una canción atemporal y de una calidad incuestionable, una canción que sigue sorprendiendo casi treinta años después, pero fue much más duramente criticada por su físico, y, precisamente, también por la letra. Fue ensalzada y apedrada a la vez.

    En la letra Apple se pone la etiqueta de ser una chica mala que se aprovecha de un hombre bueno para conseguir lo que quiere. Por ello, busca su redención, y la canción es la búsqueda de lo que debe hacer para pagar sus pecados ya que, lo que ha hecho, la convierte en una criminal.

    Acusada. Juzgada. Hundida.

    ¿Habría algo de ironía en la letra? ¿Y en el vídeo? ¿Un intento de denuncia hacia esas fiestas de millonarios del cine y de la música en las que se mueven drogas y menores de las que se aprovechan, no precisamente Fiona Apple? ¿Acaso ella se culpaba y buscaba la redención pero estábamos viendo que los criminales eran otros?

    Supongo que no fui la única con la duda y eso causó mucho resquemor y mucho odio para Fiona.

    Aunque no le gustaba, se puso en el centro de nuevo, para denunciar.

    Y se volvió contra ella.

    Otra vez.

    Es triste ver cómo una mujer tan talentosa, tan sensible y trabajadora, que pudo llegar a todo el mundo con su primer disco con 18 años, sea tan fácilmente apartada de la opinión pública por no resultar agradable o simpática.

    Pero donde se lanza este mensaje de crítica hacia esta mujer disidente y no conformista, donde se intenta acusarla de problemática, manipuladora y falsa, hay información, datos y momentos en su vida que han dejado más que claros que era una persona honesta, sensible, comprometida, y que hubiera preferido vivir una vida artística menos expuesta e internacional, más centrada en la música, en componer, dar conciertos, actuar.

    Y en Fiona veo un claro patrón que se hace de las mujeres sin hijos: todo el mundo está contando una historia sobre nosotras con un altavoz de mucho más volumen hasta el punto en el que ya no se nos puede ni escuchar.

    Bueno, y de muchas mujeres.

    Por no sonreír.

    Por morder la mano que te da de comer.

    Por no darnos las gracias.

    Por no hacer lo que te decimos o, cuando lo haces, exponernos.

    Por ser bella.

    Por tener talento.

    Por ser rota.

    Pero, ¿sabéis qué?

    Que nada de esto rompió el espíritu de Fiona Apple.

    En 2020 volvió a ganar un Grammy por su último disco, Fetch the Bolt Cutters.

    Y os digo, sigue siendo una gran artista y ha encontrado un lugar en el que hacer su música.

    Huyendo lejos del centro del huracán, viviendo con una amiga, cerca de amigos, ha podido dedicarse a la música y vivir una vida tranquila.

    Y ahora ha encontrado lugares donde, al dar entrevistas, hay personas que la creen, que la dejan hablar, que dejan que cuente su historia y su punto de vista.

    Y además, ha hablado de algo en lo que nunca nadie la escuchó cuando dio su discurso de aceptación del Grammy con 18 años cuando nadie la creyó: de la fe que tiene en las mujeres músicas.

    En sus últimas intervenciones, gracias a podcasts y páginas alternativas a medios conservadores, Fiona Apple habla de nuevo de los abusos, de su soledad y de cómo, de haber recogido su Grammy, lo hubiera reventado con un martillo y hubiera animado a sus compañeras a romperlo con ella.

    Porque solo sus compañeras son el futuro de la música y no los premios.

    Quiero pensar que ahora hay más gente que escuchará a personas como Fiona, que están sus lugares en Reddit, Substack, Tik Tok, podcasts y periódicos alternativos, y que no necesitarán la fama extrema para que llegue su mensaje.

    No sé qué le deparará el futuro a Fiona Apple, residente en Estados Unidos, donde está a punto de comenzar a gobernar un auténtico criminal que nunca ha pagado por los crímenes que ha cometido, comete y cometerá.

    Pero espero que nadie vuelva a atreverse a acusarla de ser una criminal porque no lo es.

    Yo te absuelvo.

    Gracias, Fiona Apple.

  • ¿Te gustan los niños?

    enero 8th, 2025

    Confirmado.

    A la mayoría de la gente que se convierte en padres no les gustan los niños, y esto se hace evidente cuando no se involucran con más niños que los propios, cuando nunca quieren ir al parque, acompañar a actividades o recordar los nombres de sus mejores amigos del colegio.

    Vale, not all parents…

    No es que pase nada.

    A mí no me importa que no te guste pasar la tarde organizando una fiesta para los 20 amigos de tu hijo, lo entiendo, debe ser muy estresante, debe llevar muchísimo trabajo, paciencia y pasar tanto tiempo con tantos niños debe ser agotador.

    Pero entonces…

    ¿Por qué se pregunta a la gente sin hijos si les gustan los niños? Si ya sabemos que solo es una parte de la maternidad y, además, quizá de una intensidad que no queremos todos.

    ¿Por qué no se pregunta si quieres convertirte en referente, protector, proveedor y acompañante de una persona desde el principio de su vida hasta el final de la tuya? (y eso si todo va bien)

    Sabiendo esto, la pregunta puede incluir la siguiente trampa: a todos nos gustan los niños. Los niños son sagrados. Los niños deben gustar. Si alguien dice que no le gustan los niños queda mal. Si yo he tenido un hijo ya, ya no puedo quedar mal, aunque no me guste pasar tiempo con ellos. Sé que no tiene nada que ver, pero alguien tiene que quedar mal, ¿no? Y no voy a ser yo…

    Puede parecer raro, pero un amigo me dio la clave hace meses.

    Él me hablaba de cómo tiene una conexión con su hijo que es única, cómo le interesa verle crecer y estar con él pero también como, fuera de esa relación, no tenía ningún interés en otros niños. Incluso confesó que veía mi capacidad para relacionarme con niños algo poco comprensible.

    Que era normal que fuera de la paternidad, no existía el interés hacia las infancias.

    Que era anormal que hubiera un interés o afecto hacia niños que no eran tuyos.

    En mi caso tampoco es que lo entendiera, pero lo veía sincero.

    ¿Queda claro?

    A los padres les gustan SUS hijos.

    Pero son los únicos niños que están dispuestos a aguantar porque son SUYOS.

    ¿Ahora sí?

    Corregidme si me equivoco, pero eso no es que le gusten los niños. Significa que existe una relación de protección y pertenencia con la descendencia, a lo que hay quien llama amor incondicional, y a lo que se cuida, ama y protege, pero fuera de ahí, el resto de los niños son unos seres que, como he oído alguna vez en círculos cercanos «que se ocupen sus padres, que yo bastante tengo con mis hijos».

    Y como hace mucho que no me pongo feminista, ¿alguien más se ha dado cuenta cómo a un hombre no tienen por qué gustarle los niños, pero a una mujer sí? (Todos nos hemos dado cuenta)

    A un hombre no solo no se le pregunta si quiere tener hijos, o si se va a perder la experiencia de tener sus hijos, o si tiene miedo de no conocer el amor incondicional, como mucho, se le preguntará qué opina su mujer… Porque, de ella, siempre se asumirá que querrá tener hijos, que temerá no conocer el amor incondicional o perderse la experiencia de ser madre.

    Dentro de la gente que no queremos ser madres, somos todos muy distintos, hay gente que no quiere tratar con niños, hay pediatras, profesores de infantil, autores de libros infantiles, abogados, millonarios odiosos con nueve hijos…

    Que yo pueda relacionarme con niños, sea capaz de interactuar y hacer bromas es una cosa.

    No es el caso de todos…

    Ni siquiera de todos los padres.

    Y es que no importa, si ser niño dura un segundo.

    En serio, en breve, tus hijos serán adolescentes, adultos, incluso viejos, pero su comunidad, sus posibles amigos y su entorno no están entre tus intereses, estás demasiado cansado y te aislas en la experiencia con tus hijos y no te interesa absolutamente nadie más.

    ¿Por qué deberías? Si bastante tienes con lo tuyo.

    ¿Acaso el mundo no va a hacerse automáticamente mejor porque yo he tenido un hijo? ¿Acaso no ha sido suficiente esa contribución?

    Ya sabéis la respuesta.

    Mucho mensaje pasivo agresivo con odio hacia las personas sin hijos, viene de ahí, del no poder más. Y de más cosas, pero hoy me he propuesto hacer un texto breve y no tenemos tiempo para entrar en toda la basura ponzoñosa que rige la madre Tierra y ha tenido unos hijos que se convertirán en personas tan horribles como sus padres…

    La maternidad y paternidad en esta época vienen aplastadas por un sistema en el que, si se ha de trabajar para proveer de todo lo necesario, idas y venidas incluidas, estarás demasiado cansado para disfrutar ese supuesto amor incondicional y esa conexión.

    Y cada vez que lo sientas, será demasiado breve e insuficiente. ¿O nunca se ha escuchado el «éramos felices y no nos dábamos cuenta»?

    El dinero no da la felicidad, pero la precariedad y la desigualdad no permiten disfrutarla.

    A lo mejor, al no tener en concreto esa descendencia y progenie, estoy más abierta para formar unos vínculos que sean tan estrechos como elija, sin haberme involucrado en un compromiso que no quería para mí… (O no, pero puedo elegir)

    Pero tú sí lo querías, ¿no?

    Ahora en serio, no pasa nada si no te gustan los demás niños y solo te gusta tu hijo. No pasa nada si detestas los espacios de juegos y solo piensas en el día que tienes libre a la semana y tu pareja se queda con los niños mientras tú te vas de farra…

    No pasa nada porque la infancia dura poco.

    Eso sí.

    Ya verás la adolescencia.

  • «Io Saturnalia» como propósito de año nuevo

    diciembre 20th, 2024

    Me gustaría mucho decir a la gente que no celebro la Navidad, sino la Saturnalia. Que, para completar este personaje de esta bruja moderna de metro y medio, la gente pensara que me abandono a ritos paganos anticapitalistas de lujuria y descontrol mientras grito borracha «Io Saturnalia» como si fuera el mismísimo Dionisios.

    Ojalá.

    Nunca había sido una persona que disfrutara la Navidad, las cenas navideñas o momentos navideños. Podía gustarme tener la oportunidad de coincidir con algunos familiares pero, en general, me daba bastante igual el concepto navideño.

    No me avergüenza reconocer que creo que la Navidad cristiana es mero marketing de la propia religión.

    Habiendo evidencias de que en Roma se celebraba, muy anteriormente, la Saturnalia, que el año nuevo chino tiene otras fechas, el calendario azteca otras y que nunca se ha hecho una sola broma sobre el horóscopo de Jesús y su madre, es curioso que la figura de un niño en un pesebre pueda congregar generación tras generación a gastar y comer por encima de nuestras posibilidades, para celebrar el nacimiento de una ficción, ni siquiera de nuestro propio cumpleaños.

    Como dicen muchos ateos, es una buena ocasión para un día de vacaciones, tener la idea de que hay un nuevo comienzo en la vida y tener discusiones absurdas con miembros de tu familia a los que tienes bloqueados en redes sociales.

    Y, sin embargo, me encantan ciertos ritos navideños.

    Poner el árbol.

    Hornear galletas de jengibre.

    Decorar.

    Los villancicos swing.

    Las maratones de películas navideñas. Todas norteamericanas, que ya he visto más de una y dos veces pero que me sigue gustando ver una vez al año. No me canso nunca de ver «Cuando Harry encontró a Sally» (por cierto, en la peli, ni ellos ni sus amigos tienen hijos, ni los mencionan; vale que son parejas monógamas y establecerán familias, seguramente, conservadoras, no hay evidencias ni datos, QUE CONSTE).

    Además, cuando eres parte de una pareja sin hijos, puedes permitirte hasta las excentricidades de la Saturnalia porque, llegado a un punto, nadie espera nada de ti y, en mi caso, solo esperan que no saque el tema de la liberación de la mujer, ni de la no maternidad, Luigi Mangone, el blog o cualquier cosa semejante que me interese mucho.

    Ya llevaba varias Navidades escapándome con mi pareja pero, este año, las fechas señaladas van a ser momentos navideños.

    Momentos en los que nos congregaremos alrededor de los niños de nuestros familiares y amigos porque son los que más disfrutan de estas fiestas, y porque todos nos uniremos en familias para hacer regalos y tener conversaciones livianas y alegres en las que nadie salga escaldado.

    Y, como leí el otro día a Sabina Urraca, tenemos dos maneras de llevarlo, una como persona que va a vivir esta situación en la que se va a sentir ignorada, invisible o silenciada por ser disidente, querer hablar de algo incómodo o, simplemente, a nadie le interesa nada de lo que tengo que decir, o bien puedo mentalizarme de que voy a asistir en calidad de documentalista.

    En realidad ella sólo habla de ir en calidad de documentalista, pero quiero que podáis comprobar que, si también va a ser un momento en los que vuestra confianza y autoestima puede flaquear, veáis una opción alternativa que puede funcionar muy bien.

    Nunca sabréis si acabaréis escribiendo unas memorias, tendréis un blog o haréis un podcast, así que, podéis dedicaros a tomar notas. Mentales, con el móvil o, si no os da ningún corte y ya vais a lo loco, llevad una libreta y tomad notas mientras vuestro cuñado os dice cómo las mujeres jodemos la vida de los hombres con nuestros pantallazos en Instagram.

    Además, pensad bien en lo que es a nivel de tiempos. Una comida y dos cenas no duran nada. Y además hay epidemias de Covid, gripe, neumonía, gastrointeritis y catarros, siempre podéis iros pronto o fingir una lipotimia.

    Y cuando hayáis abandonado esos espacios incómodos y tóxicos para vosotras, podéis concentraros en una de las cosas más estúpidas que no dejamos de hacer cada año: los propósitos de año nuevo.

    Nuevamente la contradicción: hago una no sólo cada año. La hago cada mes.

    Y además, cada año las elaboro más titánicas e imposibles. Antes de tener el blog, porque me sentía tan insuficiente comparada con las madres que sentía que tenía que compensar mis carencias. Ahora, simplemente por la diversión de ver en la lista cosas que no haré, pero que definen parte de mi carácter. Es un buen ejercício de autoconocimiento.

    Sin embargo, me apetece compartiros una lista. Y, si queréis, podéis compartir la vuestra.

    Me vais a perdonar, pero cada cosa viene con turra.

    • Viajar: MENOS. Tengo ganas de ir a conocer sitios, pero no tengo ganas de coger más de dos vuelos y, si puedo, quiero aprovechar mi ubicación actual para hacer escapadas locales por mis alrededores. Este punto ha cambiado mucho a lo largo de los añs, en los que siempre tenía mucho complejo por haber viajado menos o de un modo más comedido. Por suerte, llegó a mi rescate Azahara Alonso con Gozo y cierto trabajo mediático que apoya el hecho de cómo viajar ahora no abre la mente, cómo es algo capitalista completamente descontrolado y que tiende a perjudicar más los espacios, en vez de beneficiarlos económicamente, tal como cree todo el mundo. Tras varios años en Barcelona, puedo afirmar, que el nivel de turismo es francamente excesivo y no reporta tanto dinero en la ciudad como el que luego necesita en arreglar pavimento y transportes (el centro de Barcelona está continuamente en obras y se ven nubes negras desde el mar, que son los autobuses y taxis que vienen del puerto). ¿Qué propongo? Pues nada, pero puede no fascinarme ya el elemento aspiracional de algo que he visto condenar ciudades y a la clase trabajadora, y no tengo porque avergonzarme de ello, ¿no?
    • Estudiar un idioma: Vale, esto me gustaría mucho pero no sé si sacaré el tiempo necesario para hacerlo bien. Y es que en realidad no es sólo bloquear un rato para hablar con una persona en otro idioma, también está el estudiar, repasar, leer y entender el aprendizaje, y eso requiere tiempo. Ya comencé un curso de inglés para prepararme el C2 nada más mudarme y salió mal. Tengo varias opciones que me gustarían, pero puede que, simplemente, lo diga a varias personas y eso ya genere la ilusión suficiente. O no. O prueblo de nuevo Duolingo, una aplicación adictiva y completamente inútil para aprender nada relevante en relación a un idioma (salvo si eres mi amigo Pau, pero eso es otra historia).
    • Disfrutar las cosas pequeñas. ¿Como las plantas? ¿Darme un baño? ¿Hornear galletas? ¿Hacer listas de cosas que no haré?
    • La PEOR DE TODAS y, por tanto, la que más necesito: hacer más ejercício. Y esto es verdad, y no es como con un idioma, necesito realmente sacar una hora más a la semana para hacer baile, Pilates… algo así.
    • Organizar cosas en el grupo de MEETUP: Con esto YA DEBERÍA PONERME. Creé un grupo de MeetUp nada más mudarme cerca de Madrid (pero no tan cerca) y, salvo un evento en Octubre, no he vuelto a hacer nada. Esto debería ir con exclamaciones y subrayado.
    • Aceptarme más aunque otras personas no lo hagan (esto lo dicen todas las terapeutas con las que haya trabajado en mi vida; y me parece bien intentarlo, aunque sea complicado)
    • Llamar a los amigos que ya no viven cerca y seguir al tanto de sus vidas.
    • Escribir

    Escribir el blog.

    Más.

    Podría poner más cosas, como vestir con colores distintos, o leer la edición de Lord of the Rings que me compré hace dos meses pero creo que ya me lo he puesto suficientemente difícil y todavía no han llegado esas fechas navideñas en las que voy a ejercer de documentalista o detective reuniendo material.

    Empezaremos con las cenas de Navidad entre amigos.

    Y eso es algo que puede ir exactamente igual que con los propósitos de año nuevo…

    ¿Qué puede salir mal?

    En cualquier caso, si pasáis unas malas navidades, si os da todo pereza y no tenéis ganas ni motivación para nada, leed sobre las Saturnalias romanas y recuperad las ganas de vivir.

    IO SATURNALIA.

  • El año de la familia

    diciembre 2nd, 2024

    El 2024 se ha considerado en Rusia que debía darse a conocer como «el año de la familia», propiciando un clima que trajera de nuevo los valores de la familia tradicional y animara a los ciudadanos rusos/ residentes en Rusia a tener más hijos. Pero no solo uno, preferiblemente más de uno.

    Y si no…

    Ahora que me estoy leyendo algunos artículos al respecto, siento decir que no voy a poder llevar a cabo un gran análisis histórico sobre Rusia y la serie de medidas que ha tomado desde que declaró la guerra a Ucrania, o incluso antes.

    No soy historiadora.

    Sin embargo, no hace falta ser historiadora para tener cierto contexto social y apenarse por el hecho de lo que es ahora Rusia y recordar lo que fue antes. Recordar cómo Rusia fue de los primeros países en ser más permisivos con el derecho al aborto y que ahora, llevados por las corrientes conservadoras y neoliberales, consiguen que cada vez se lleven a cabo menos abortos y poner más dificultades para que las mujeres no den hijos a la madre Rusia.

    Deberíamos recordar cómo el derecho al aborto no lo hace fácil, solo legal. No quita la carga que conlleva NI OBLIGA A NADIE A LLEVARLO A CABO.

    Un aborto se puede llevar a cabo en condiciones profundamente peligrosas para las mujeres, y hay casos en los que es ley el hecho de que las mujeres puedan decidir o no seguir adelante con un embarazo teniendo en cuenta el cómo se quedó embarazada, su salud y la del bebé.

    Hay muchos embarazos que se practican porque el bebé no va a poder sobrevivir al embarazo, o que la madre no podría… aunque queda muy claro por la narrativa más machista que este es el menor de los intereses de la sociedad… nótese la ironía y la falta de la misma a la vez. Desafortunadamente hay gente a la que el bienestar de las madres durante el embarazo y la crianza les importa un comino. Y casualmente será gente muy a favor de tener hijos, más hijos, muchos hijos).

    Decir que estamos dando un paso atrás en la libertad sexual y reproductiva de las mujeres me parece decir poco, pero ese no ha sido el motivo del titular sobre Rusia.

    No contentos con controlar que un embarazo siga adelante o no, han decidido que, en tiempos de guerra, de peligrosidad, de inseguridad, y de un absoluto terror para la población causados por ellos mismos, el peligro viene de fuera.

    El peligro no viene de un Gobierno que invade un territorio, o varios, bajo pretextos cuestionables, solo para anexionarse terreno, conseguir dinero y hacerse un hueco en el tremebundo negocio de la guerra, y ya que estamos, quitarse ciudadanos que no le gustan de en medio.

    La Duma y su presidente consideran que el peligro viene de fuera, de lugares en los que se está haciendo propaganda childfree.

    Así que, en vez de preocuparse por su población, por analizar que quizá ellos son el problema por el cual la gente no quiere tener más hijos, han decidido que, obviamente, la mejor opción es el castigo.

    Supongo que lo habéis estado leyendo a lo largo de las semanas, tengáis interés en el tema o no: se ha aprobado una propuesta de ley para multar a toda la gente que promueva contenidos que inciten a la población a no tener hijos.

    Esto fue el 13 de noviembre y fue aprobada POR UNANIMIDAD.

    Sin ser historiadora, el contexto está a un click de wikipedia. La Duma es la cámara baja de la Asamblea General Rusa y ejerce el poder legislativo de acuerdo con la constitución de 1993 (oye, han revisado la Constitución en los últimos 200 años, cuántos quisieran…).

    Se compone de 450 diputados la Duma y, apoyados por el Consejo de la Federación, solo necesitan de la aprobación de su presidente.

    Precisamente, V.P. es el que tiene más interés en que salga adelante esta ley. Ya empezó a salir en medios en España el rumor el 27 de Junio, saliendo las primeras medidas o informaciones de las cámaras alta y baja de la Asamblea General Rusa hacia mediados de Septiembre.

    Aunque fuera una sorpresa, no es una sorpresa.

    Mientras tus amigos y tus cuñados te dicen constantemente que «para qué hablas tanto de esto» o insisten en que nadie tiene ningún problema con que la gente no tenga hijos, hay países en los que esto es un comportamiento digno de multas de hasta 4000 euros y extradiciones del país a los ciudadanos no rusos que promuevan comportamientos nocivos contra los valores de la familia tradicional en redes sociales.

    Y diréis «pero es Rusia».

    Pues os recuerdo que la Rusia soviética fue el primer país en legalizar el aborto en 1920.

    En 1885 el Código Penal ruso lo definía como un «acto premeditado de asesinato» y, a raíz de la Revolución en 1917, en 1920 fue el primer país en legalizarlo.

    Que 104 años después llegue un Gobierno conservador, en guerra, y trate de reprimir a su población y asustarla con medidas económicas y violentas demuestra cosas que ya sabíamos pero que no estaría mal recordar.

    Que los derechos no están seguros en piedra.

    Que las disidencias se castigan.

    Que es importante no mirar hacia otro lado.

    Y sobre este tema en concreto, que da igual que hayas tenido cuatro hijos y fueras el hijo predilecto de V.P. No se trata solo de tu vida y tus circunstancias, ya que es un hecho basado en la casualidad. Si has nacido en un sitio en concreto, practicas una fe, tienes unas creencias y unas circunstancias no son únicamente mérito, la suerte, el entorno y las circunstancias han podido hacer más en tu favor o en tu perjuicio de lo que te gustaría.

    De modo que, igual no te gusta que haya una madrileña/barcelonesa que hable de que no quiere tener hijos porque tú querías tener cuatro, pero piensa que podrías no haber tenido ninguno, que tus circunstancias podrían haber cambiado, que algo con un efecto Dominó podría haber cambiado el camino en el que fue todo… Y que ahora mismo hay montones de mujeres en el mundo que no pueden decidir sobre su destino reproductivo.

    Y la última gota que llena el vaso es Rusia.

    Y no sabes quién imitará estas medidas si se establecen como válidas.

    Si os interesa el tema, solo conozco a Jessica Valenti hablando mucho del tema desde hace tiempo, y estas semanas especialmente preocupada por la llegada de Donald Trump y los republicanos a la Casa Blanca.

    Si tenéis más expertas en el tema, ya sea en leyes reproductivas, abogacía, derechos humanos, que pudieran estar interesadas en el tema o que quisieran hablar con alguien como yo, no dudéis en escribirnos.

    Siempre hemos vivido tiempos inciertos.

    Pero ahora con Internet no podemos ignorarlo.

  • Las amigas

    noviembre 25th, 2024

    Es más importante que nunca tener amigas.

    Y aún es más importante que ese grupo de amigas hagáis cosas juntas, y tengáis cosas que hacer juntas, y proyectos, y ganas de que vengan cosas y las paséis juntas, ya sea un viaje, compartir un meme, ir juntas a clase, tomar un café online a la semana, o en persona, hablar de traumas, de sueños, contaros chistes, enseñaros las letras de una canción o compartir un panel de Pinterest.

    Las amigas son importantes.

    Porque ellas, si las dejas, no solo te dirán la verdad, sino que te intentarán proteger con ella.

    Porque las mujeres somos feroces aunque no nos lo permitan, y defendemos a las nuestras con uñas y dientes. Y si supiéramos de que hay alguien haciendo daño a una amiga, nos perderían las formas y los actos.

    Las buenas amigas haríamos todo lo posible por escucharte y por sacarte de una casa en llamas.

    Lo malo es cuando no las tienes.

    O cuando sientes que no las tienes.

    O cuando alguien, en una relación romántica, te condiciona con las amigas que tienes y te hace creer que no son tan buenas, que te utilizan, potencia sus defectos hasta que, finalmente, te aisla de ellas.

    Y, en muchos casos, las has perdido y te has quedado sola. Y da miedo verte en una situación en la que las amigas no están.

    Creo que hay un momento en la vida, no solo como no madre, sino como mujer, en el que necesitas ese grupo contigo. En el que necesitas, en vez de ser validada por una relación romántica made in Disney, a las amigas.

    Y cuando te falta, no veas si se nota.

    Y no veas lo que sana hablar con una amiga. Lo que sana que alguien te diga que te ve, que te entiende, que sabe que no estás bien, que te acepta, que te quiere, o que simplemente te manda una canción porque le recuerda a ti.

    Nos han creado una narrativa en la que éramos enemigas y el príncipe azul nos salvaría y, en algunos casos, el enemigo era él.

    Desde 2003, ha habido 1285 hombres que se han cobrado como víctimas a aquellas mujeres a las que decían que amaban. Eso sin contar todas las mujeres que viven aisladas, aterrorizadas, solas, temerosas y sintiéndose responsables de esos destinos.

    Hace un tiempo que muchas mujeres trabajan en crear narrativas y en hablar de cómo las amigas las salvan, las cuidan y las acompañan. Mujeres creando cooperativas para envejecer juntas.

    Incluso aunque tengas el mejor de los compañeros de vida, necesitas amigas. Quizá no las veas todos los días, quizá te pase como a mí y ahora mismo estés conociendo gente nueva mientras tienes el corazón roto de lo muchísimo de menos que echas a tus amigas.

    Pero el objetivo debe ser ese. Estar unidas.

    No sé si eso acabará con la violencia machista, pero es que ese debería ser el trabajo de los agresores y aquella gente que vea que necesita educarse y entender que vivimos en una sociedad machista que no entiende la igualdad de una manera sana. Que es educacional. Y que ahora hay padres que quieren volver a encerrar a las mujeres en la cocina.

    Ese trabajo es vuestro. No es nuestro.

    El nuestro es tener a nuestras amigas. Y cuidarlas.

    Y recomponer tu corazón y salir a hacer nuevas amigas. Y llamar a antiguas puertas. A esas amigas a las que hace tanto que no ves, que no llamas, que te caían tan bien…

    A veces, no irá bien. A veces, sí.

    Por eso hay que intentarlo.

    Gracias por leerme.

    Espero que tengas un grupo de amigas a las que puedas escribir un mensaje después de leer esto.

    Y, si no, no te preocupes. Simplemente, empieza a buscarlas.

  • «Un bebé siempre queda bien»

    noviembre 18th, 2024

    No es ni la primera ni la última vez que leerás o escucharás una frase similar. Por supuesto, está sacada fuera de contexto, exagerada, dramatizada y tiene unos tintes profundamente caricaturescos dentro de lo que nos permite la gramática del presente simple.

    La idea, obviamente, es demostrar que algo es absurdo ridiculizándolo un poco. Quizá no estáis muy familiarizadas con ello, con la sátira o la ironía, y no os culpo porque esto es cosa mía. Ya con dieciséis años el sarcasmo y la ironía, aunque nos gustaban mucho en Chandler Bing en Friends, no solían hacernos ninguna gracia en nuestra compañera nerd del colegio y me trajo alguna que otra enemistad.

    Con esto quiero pedir disculpas, o no, o simplemente decir que esto es lo que hay aquí y que podéis dejar de leer en este mismo momento.

    ¿Vale?

    Puedes parar de leer aquí.

    .

    .

    .

    O aquí.

    .

    .

    Pues sigamos.

    El pasado domingo iba en el autobus cuando una familia miraba una fotografía y una mujer dijo «es que la bebé le queda de bien…» a lo que todos asintieron con una afirmación contundente porque, claro, es una afirmación sin fisuras: los bebés siempre quedan bien.

    Supongo que el hecho de que sus padres los hayan limpiado, alimentado, tranquilizado, abrazado, calmado, vuelto a limpiar, hecho dormir, vestido y arreglado no tiene nada que ver. Los bebés siempre quedan bien y siempre son así de bonitos.

    Los bebés siempre huelen «a bebé».

    Estoy encantada de afirmar que, entre mis amigos, ninguno me ha hecho pasar por ese momento tan incómodo que me han contado otras personas. Ese momento en el que te dicen «¿has visto lo bien que huele? HUELE SU CABEZA».

    La cabeza de los bebés tiene un olor dulce que, seguramente, te coloque en un trance mágico.

    Uno de esos trances que hacen que el instinto materno se apodere de tu cuerpo. Ya sabéis, como en «El exorcista».

    Esta idea de que los bebés son elementos favorecedores y preciosistas juega un papel fundamental en el «marketing» que nos vende la maternidad en un paquete con lazo y musiquita adorables, y que nos convencen de que esa es la maternidad: jugar con un Baby Fever que siempre huele bien y que quedará precioso contigo en las fotos.

    ¿Cuántas fotos podéis encontrar en Instagram de madres vestidas igual que sus bebés, bebés con un lazo en la cabeza que te hacen pensar que la fotografía de Annie Leibovitz es realista?

    No soy ajena, y nadie debería serlo, al negocio que supone la publicidad y fotografías de la infancia en redes sociales. Seguro que hay gente que lo hace con todo el amor de su corazón hacia sus peques, y otras personas que aprovechan la coyuntura para llevarse una pasta.

    Fuera de eso, ¿no están todos los padres padeciendo unas jornadas olímpicas sin horas de sueño precisamente para que, cuando su hijo aparezca en sociedad parezca un bebé ideal, tranquilo, bueno, limpio y adorable? ¿O acaso tenéis muchos amigos que hayan sacado fotos de sus bebés al lado de su pañal lleno de excrementos, u otras en las que les han vomitado encima o esas en las que su bebé lleva tres horas llorando y ya no saben si está rojo o morado, si ya es agobio, un ataque o se va a quedar siempre así como una berenjena?

    Esas personas que asumen, no solo las del otro día, todos, que los bebés son accesorios que quedan bien, que siempre son así de bonitos, como si fueran un bolso, dejan a un lado toda la vivencia de la maternidad, con todo su sacrificio y precariedad, por una visión romántica y preciosista que apoya ese único mensaje con el que se sigue intentando educar a la población: Todas las mujeres quieren ser madres.

    Habría que ver las caras de la gente cuando los padres enviaran las fotografías de sus hijos rodeados de vómito, la basura llena de pañales, los estractos bancarios de su recién iniciada vida parental, los análisis de sus relojes inteligentes que ya piensan que los padres no duermen porque son vampiros… Me gustaría ver si el mensaje se mantiene o si, tal como creo, la gente realmente se lanzaría a la maternidad porque ven más allá del bebé.

    Porque la maternidad incluye la etapa del bebé. Una etapa en la que un bebé crece y florece como ser humano, a costa de muchísima salud mental y física de su madre (algunos padres también os estáis implicando, pero sabéis quienes estáis dando el 100% en la medida de lo posible y quienes no) y se convierte en una persona.

    El bebé da paso a una persona.

    Una persona a la que no puedes ya etiquetar como algo que queda bien en una foto.

    Una persona a la que no cosificas por su olor o la ternura que despierta.

    Pero un bebé, por monísimos que sean, por sanos, rosados y cuidados que sean, componen una etapa mínima en la vida de una persona.

    Te dicen que hay que darlo todo ahí pero, ¿no hay que darlo todo en todas las etapas de su vida? ¿O sólo cuando queda bien, es bonito y le huele la cabeza a Nenuco?

    ¿Qué pensáis?

    Gracias por haber leído hasta ahí. Y si de repente has recordado todas las veces que alguien te ha pedido que huelas la cabeza de su recién nacido, no te preocupes, está normalizado y todos lo haríamos por salir del paso. Y si no hueles a nada, no te metas en líos y di que sí.

    Total, nadie te creería.

  • Lectura de terror: 1 de noviembre

    noviembre 2nd, 2024

    Hoy es 2 de noviembre de 2025 y estoy consiguiendo ver por primera vez una serie de terror.

    Dado que soy tremendamente aprensiva, cada vez que empiezo con una película, serie o lectura, tengo muchas pesadillas.

    Hay una parte muy interesante de la estética del terror, de Halloween, del trauma y lo oscuro que puede resultar muy atrayente, pero, una vez más, es un terreno que no deja alejadas a las mujeres.

    No es normal que las mujeres sintamos interés por el terror.

    No es normal que trabajemos el género, que germinemos la semilla.

    Lo normal es que las mujeres huyamos del terror, seamos víctimas y vivamos aterrorizadas ante las posibles catástrofes que suceden.

    Se está demostrando en los últimos años que las mujeres están más que capacitadas para trabajar el género y que, quizá, ese costumbrismo al que les han llevado las labores del hogar, las ha llevado a que el terror pueda ser aún más inevitable y terrorífico, porque salga directamente de tus peores pesadillas y tus rincones más cercanos.

    Julia Ducournau ganó una palma de Oro en Cannes en 2021 con Titane. Alice Lowe, Ana Lily Amirpour, Anna Biller, Jennifer Kent, Karyn Kusama, Jacqueline Castel, Leigh Janiak o Coralie Fargeat son algunos nombres de creadoras del género a las que seguir la pista.

    ¿Tienen hijos? ¿Son nomo?

    De muchas no viene esa información en Internet.

    Al igual que con las escritoras. No tengo ni idea de si Zin E. Rocklyn, Justina Ireland o Rachel Harrison tienen hijos.

    Sin embargo de las creadoras más clásicas, sí que lo podemos saber.

    Por ejemplo, Mary Shelley, autora de Frankenstein tuvo un hijo a quien llamó Percey, como su padre.

    Y Shirley Jackson tuvo cuatro.

    Anne Rice tuvo dos y Stephanie Meyer tres.

    Sin embargo, siempre puedes encontrar alguna autora sin hijos. Siempre hay en la estadística una mujer que quizá no pudo, quizá no quiso, pero en definitiva trabajó en su labor artística y no en su labor maternal.

    En esta situación encontré a dos autoras clásicas:

    Sophia Lee

    Ann Radcliffe

    Sophia Lee fue dramaturga y escritora, comenzando su carrera artística joven ya que su padre era un famoso actor de teatro, cosa que igual le abrió las puertas para escribir textos dramáticos, quizá no le hizo interesarse por labores más domésticas.

    Por otro lado, Ann Radcliffe prueba perfectamente mi punto.

    Escribiendo una novela The Castles of Athlin and Dunbayne  que era de estilo gótico y de terror a finales del siglo XVIII, no despertó ningún interés entre los lectores.

    No solo ahora el terror no es cosa de chicas (de hecho en continuas ocasiones se menosprecia a Mary Shelley en grandes tertulias varoniles, y eso que ningún otro escribió Frankenstein).

    Sin embargo, cuando comenzó a trabajar en la novela histórica, ahí inició una carrera mucho más aceptada e interesante de cara a los lectores, siendo parodiada incluso por Jane Austen.

    Pero en cuanto al terror, nada.

    Yo intenté escribir terror.

    Escribí mi primer libro, El perro de ojos amarillos, en una edición bilingüe, como una historia de terror ilustrada por mi amiga Carmen Gonzalo, pintora y diseñadora gráfica.

    Y no…

    Pero que yo no fuera capaz, no significa que en la noche de Halloween todos los contenidos, libros, películas, sueños, vengan de una mente masculina y nosotras seamos las víctimas de sus fantasías más ocultas.

    Nosotras también podemos crearlas.

    Y debemos.

    Tengamos o no hijos.

    Porque necesitamos a la próxima Shirley Jackson.

    Alguien que demuestre que La maldición de Hill House no fue una excepción. Y que las pesadillas son mucho más que payasos y asesinos con máscaras.

    Las pesadillas pueden estar entre tus vecinos.

    Y en tu casa.

    Y en tu gobierno. O tu empresa. O tu jefe.

    Y vamos a contarlo.

    Con el lenguaje que no nos atribuyen porque también nos pertenece.

  • Eco-ansiedad

    octubre 30th, 2024

    Nunca es buena idea mirar las redes sociales para comenzar el día.

    Nunca.

    Nunca pondrán algo que te haga remotamente feliz. Y el algoritmo hará todo lo posible para mantenerte alejado, frustrado, impotente pero informado. Informado de las opiniones de José Luises del mundo.

    Pero ojalá hubiera empezado enfadándome con un José Luis, porque en realidad, me he enfadado con un Carlos, y luego con un José Luis, y luego con todos los José Luises, Ayusos, Elons, Trumps del mundo que niegan el cambio climático porque no les da el dinero.

    Pero no me he enfadado tanto como me he entristecido.

    Y ha comenzado un episodio del que he leído en numerosas ocasiones al hablar de no maternidad y encontrarme con puntos de vista antinatalistas. Uno de los puntos sobre el que más he leído es el de la ansiedad climática. La pregunta de:

    ¿Cómo voy a traer a una persona a este mundo?

    A un mundo en el que tenemos una serie nueva en Netflix cada semana, en el que podemos comprar cualquier cosa y que nos la lleven a la puerta de nuestra casa, en la que, online, encontraremos casi cualquier punto de vista que nos de la razón.

    Pero en ese mundo, pasan cosas como las que anoche pasaron en Valencia.

    Y, me avergüenza reconocerlo, pero leer todos esos tweets de gente atrapada en sus coches, gente que no conseguía abrir sus garajes, gente que pudo salvar a una persona y no a dos… Eso me ha generado eco-ansiedad.

    La eco-ansiedad se explica con mucha facilidad, ya que a día de hoy, todos tenemos un master en ansiedad que justifica pésimas condiciones laborales, familiares, sociales y económicas mientras fingimos que todo va bien, la eco-ansiedad tiene los mismos síntomas que tienes con la ansiedad, pero planteándote las catástrofes medioambientales que causa el cambio climático. Eso que nadie reconoce como propio hasta que pasa en un lugar a menos de 600 kilómetros.

    Y sí, no soy mejor que nadie, y aunque me dio pena lo que sucedió con los tornados y terremotos en Estados Unidos, los tsunamis que suceden, las tormentas e inundaciones que asolaron Argelia y Marruecos hace menos de un mes, lo de esta mañana me ha generado esos síntomas de malestar y tristeza profundos que no me llevan a mucho más que pasar un mal día, estar desanimada, cagarme en todo, e intentar evadirme.

    Pero hay gente en cada rincón del mundo que no está pudiendo evadirse, sino todo lo contrario. Gente que no puede evadir la soledad, frustración y tristeza de saber que el mundo se calienta, que es imparable a día de hoy tragedias como las DANAS, y ser conscientes de que esos partidos a los que votamos no tienen ningún interés ni asumen ninguna responsabilidad ante las tragedias que se viven.

    En días como estos, el hecho de no tener hijos me supone un enorme alivio. Y lo siento por toda la gente que está viviendo semejante tragedia con una familia a la que dar apoyo. Y toda la gente que se está dando cuenta de que un día pueden ser ellos y su familia las que escriban un tweet porque nadie del 112 les contesta y están encerrados en un coche en medio de una riada.

    ¿Sabéis que, sucedido esto, el gobierno valenciano no ha anunciado aún que vaya a a reponer el servicio de emergencias que desmanteló en Noviembre del 2023?

    Y me pregunto, ¿se estarán planteando los gobiernos que también hayan desmantelado los servicios de emergencias, al ver que la crisis climática es una realidad tan atroz, restablecerlos? Aunque solo sea por quedar bien ya que están demostrando que el bienestar de sus ciudadanos no les importa.

    Yo creo que no.

    Y es una lástima sentir que no hay nadie velando por ti. Que no están los Watchmen, ni Superman, ni Batman ni los cazafantasmas. Solo una panda de neoliberales que llevan años ignorando el problema climático y que ahora ni siquiera afrontarán las consecuencias ni pagarán por ellas, que eso ya lo hacen los ciudadanos en su día a día y en una tragedia que no han provocado, de la que no son responsables pero sí víctimas.

    Dicen que se podía haber evitado.

    Gente como ExRebellion, Greta Thunberg, Lethal Crystals o Tori Tsui llevan años hablando de las tragedias por la inversión de las empresas en combustibles fósiles y la necesidad de frenar las consecuencias devastadoras del cambio climático.

    Llevan años siendo ignoradas.

    Cualquier persona que sufre eco-ansiedad también sufre el ser ignorada, ridiculizada y es motivo de burlas, y apenas encuentra espacios con su comunidad (generalmente online) en los que expresar el desaliento y plantear soluciones.

    Porque hace unos años solo planteábamos un mejor consumo, unas energías que no fueran tan devastadoras para la naturaleza, proteger trabajadores explotados por macroempresas, no lanzar vertidos en los mares…

    Y a día de hoy, se sigue pidiendo eso y se hace más claro que no hay Gobierno ni empresa que saque rédito de ello.

    Y dirás, a qué viene esto. ¿No hablabas de la no maternidad?

    Pues el hecho de que no sea madre, tiene mucho que ver. Porque sí, quizá no sea antinatalista como Flaubert, pero no me veo trayendo niños a un lugar tan lleno de desesperanza en el que una persona pide una pizza en la peor noche de una DANA en Valencia.

    Y porque la mayor parte de José Luises que odian a las mujeres que no quieren tener hijos, no creen en el cambio climático.

    Y se ha visto clarísimo hoy gracias al tweet de Alan Barroso, en el que mostraba como sólo El País y El Diario tenían la tragedia de Valencia en su portada. A La Razón y El Mundo les ha parecido mucho más importante investigar a la mujer de Sánchez.

    Es mucho más importante difamar a un bloque de izquierda cuqui (porque no nos engañemos con el PSOE, que de izquierda ya no nos está quedando nadie) que dar cobertura y apoyo a todos los habitantes de Valencia que están pasando por una situación así de dramática, precisamente por decisiones políticas y capitalistas de su Comunidad.

    Te diré una cosa, José Luis, si lees esto. El cambio climático es una realidad que te pasará por encima, a ti y a todos, y a tu mujer e hijos, y a todas las mujeres que no hayan querido tener tus hijos.

    Y todos los que un día están decidiendo que el cambio climático no existe y que tenemos que volver a la Reconquista, espero que os llegue el tifus, la peste y la disentería.

    Por cierto, como no quiero solamente generar un bajón con esta sensación y tristeza abrumadoras que tengo hoy, os recomiendo que leáis It’s not only you de Tori Tsui, un libro que habla precisamente sobre la eco-ansiedad y que, espero, me sirva un poco de guía para ver qué hago en este mundo en el que nadie va al volante.

  • EL DÍA DE LAS ESCRITORAS (SIN HIJOS): Parte 1

    octubre 14th, 2024

    Siempre que llega el día de las escritoras me pilla desprevenida. Por un lado porque coincide con el cumpleaños de mi pareja y por otro, por esa cosa triste del pudor que siento al considerarme, o no, escritora.

    Pero hoy no voy a hablar de eso, por suerte, porque creo que hay que aprovechar este día para ensalzar a esas escritoras que no tuvieron hijos y que dedicaron (y dedican su vida) a la escritura de sus historias y a ganar el nombre que siempre se ha dado a los hombres y que las mujeres han tenido que pelear por lograr.

    Esta frase me haría pensar en las primeras tres escritoras de la lista: Charlotte, Emily y Anne Brontë.

    Obviamente, al haber muerto tan pronto de tuberculosis tanto Emily como Anne, siempre habrá mucha teoría (masculina) sobre si llegaron o no a pensar en tener pareja, hijos y familia.

    Teorías y machismos aparte, estas tres hermanas pasaron a la historia de la literatura con sus obras y gracias a publicar con los pseudónimos de los hermanos Bell, los cuales me siguen fascinando como juego, acuerdo de honor y manifiesto de hermanas, siendo Currer Bell (Charlotte), Ellis Bell (Emily) y Acton Bell (Anne).

    Hay montones de estudiantes de literatura que saben muchísimo más que yo sobre la obra y vida de estas tres hermanas, sus conflictos, sus intereses creativos y el hecho de que no tuvieran una dote demasiado interesante para que su padre pudiera casarlas. Como con casi toda la Regency y tiempos previos a las sufragistas, revisitamos hipotéticamente las vidas de las tres y les damos paradigmas y desenlaces para acercarnos a ellas.

    Y, desafortunadamente para los académicos machistas de la actualidad que no soportan ensalzar figuras femeninas en la literatura, tanto Jane Eyre como Cumbres borrascosas y La inquilina de Wildfeld Hall han pasado a la historia y no se han podido hacer bajar de las alturas de la academia. Os recomiendo, no solo leer las tres (aunque yo tenga mis reservas hacia la toxicidad de algunos romances de las dos primeras) sino, si tenéis ocasión, ver en el National Theatre la obra Underdog, que habla sobre la relación de las tres hermanas, especialmente el conflicto por el éxito que «hubo» entre Charlotte y Anne. Lo pongo entre comillas no porque no lo crea, sino porque no lo sé, y porque no sé si hay cartas, evidencias o datos que atestigüen que Charlotte se aprovechó de notas de Agnes Grey en su beneficio para crear Jane Eyre y, sobre todo, publicarla antes…

    Pero no quiero, de repente, romper el clan Bell, pero me gusta pensar que eran seres creativos que coexistían, que se inspiraban unas a otras y que su vida podía ser la pluma…

    Igual que pasaba con Jane Austen.

    Aquí el retrato estereotípico de Jane Austen y una foto de mi estantería con el libro de Lucy Worsley, Jane Austen at Home, que me fue tremendamente útil hace un año, al escribir la entrada sobre la autora.

    Como ya he hablado mucho de ella, me he hecho todos los tests de Buzzfeed para saber qué personaje de sus novelas soy (estoy entre Marianne de Sentido y sensibilidad, Lizzie y Emma Woodhouse) y creo que todos la vamos a tener hasta en la sopa ya que van a adaptar OTRA VEZ Orgullo y prejuicio para OTRA SERIE, paso a nuestra siguiente autora sin hijos.

    Emily Dickinson

    Nuevamente, hay muchos más filólogos ingleses y estudiosos que saben más de la poeta que yo (dadme tiempo porque sueño con estudiar filología inglesa algún día), y todas sabemos sobre la ambivalencia de su personalidad (huraña y prácticamente agorafóbica, a una persona muy sociable con una interminable correspondencia con sus amigos) hay dos cosas que quiero destacar por encima de su persona.

    Para empezar, el estudio de la ciencia y las plantas que, en su época, la convirtió en una de las primeras autoras que cuestionaban la fe y que, pese a su entorno y compañías, se negaba a disimular su faceta agnóstica o atea ya que, consideraba, era peor engañar a los demás. Una poeta que aprovechó esto para escribir sobre los elementos, las plantas y sus cualidades.

    Y para continuar, el hecho de que, durante su vida, haya teorías contradictorias sobre si quería publicar o no, y lo poco que publicó en vida, pero como, convirtió a su grupo de amigos en sus lectores. Parecía darle mucha más importancia a que sus amigos la conocieran de verdad y que fueron ellos quienes pudieran disfrutar de su poesía por encima de los editores. La idea de una escritora de comunidad, atea y que nunca nadie tuvo claro el punto intermedio entre sus amistades y sus encierros… Me fascina.

    ¿Estamos además, a día de hoy, más cerca de ser una Dickinson que nunca? Os lo pregunto antes de pasar a la siguiente autora, aquella de la que siempre se habla, aquella que nos hizo plantearnos el género antes que nadie, aquella que habló de comprar nuestras propias flores como gesto feminista y que nos hizo darnos cuenta de la importancia de un cuarto propio.

    ¿Es necesario citar a Virginia Woolf en un listado como este?

    No lo sé. Sólo sé que no he sido capaz de dejarla fuera.

    En una ocasión estuve unos días ingresada en el hospital. Había tenido un susto muy grande y pasé días completamente drogada en lo que, me parecía, era una nave espacial. Y conforme pasó el miedo, fueron viniendo las amigas de visita. Y me regalaron Una habitación propia de Virginia Woolf.

    Este libro, que se ha considerado desde un clásico hasta un imprescindible, pasando por un sobrevalorado e incluso un libro menor en comparación con otros libros de la autora, tuvo un significado muy especial para mí, ya que, la autora me estaba contando el lugar al que yo iría, la habitación que me esperaba tras aquella habitación de hospital en la que me había salvado. Había un futuro, un después.

    Y siempre agradeceré que llegara ese libro para decirme que había algo más que el miedo y la tragedia.

    Y a día de hoy, en mi cuarto propio en el que tengo la fortuna de escribir, al que voy dando forma desde hace poco, Virginia se convierte en la autora que estuvo ahí cuando pude volver a empezar, y agradezco que estuviera dedicada a escribir y a traer estos libros para nosotras, en lugar de estar haciendo cualquier otra cosa.

    Y creo que es de recibo que, por lo que significó para mí, acabe con ella hoy.

    Y que siga mañana con más escritoras sin hijos.

    No tengo claro cuántas partes tendrá esta entrada pero ha sido divertido escribirla que, espero, sean muchas.

    Gracias por leerme.

    Y si conoces a alguna escritora sin hijos que me quieras descubrir, escríbeme por favor.

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