Pues sí, el 1 de Agosto fue la celebración de este día.
Tras llevar meses escribiendo el blog, defendiendo lo importante que considero que las mujeres no solo se valoren por su capacidad reproductiva y con el plus de haber encontrado referentes y lecturas de gente sin hijos en todo el mundo, pensaba que me haría más ilusión, que me daría algo nuevo, o al menos, mucho ánimo para seguir adelante.
Pero ha pasado lo que me temía: que soy una escéptica total y le he encontrado tres pies al gato. Y ni siquiera el día internacional sin hijos se libra de las contradicciones de este concepto celebratorio.
Si celebramos un santo, es porque alguien fue sacrificado por el bien de una deidad cuya existencia no ha sido, probablemente, demostrada, y que ha supuesto muertes poco agradables a personas jóvenes, cuyos deseos no conocemos. Igual no les apetecía morir sacrificados a los veinte, no sé.
Si celebras el día de la madre, aunque tu madre se emocione con los obsequios y los ya mencionados marcos de fotos con macarrones, ya sabemos que quien sale mejor posicionada es la marca en cuestión, y en mucho menor medida la madre, precarizada y sometida a nuestra infancia, adolescencia y vida adulta en la que el 90% de nuestras decisiones suelen traerle disgustos.
Si celebras el día del padre, ¿felicitamos a los hombres por tener un día cuando difícilmente son responsables de menos de un 40% de la crianza de sus hijos? ¿Les damos la enhorabuena por el éxito que han tenido con el patriarcado?
El caso es que en 1973 la Organización de Personas sin hijos de Nueva York organizaba un desfile y una fiesta para conmemorar este día y su elección de vida. Entonces, Anna Silverman, autora de The case against having children, ganaba en la competición a la mejor persona sin hijos. Sin duda, Silverman, solo con su libro, ya había aportado su granito a la arena a la causa y se posicionó de un modo claro y conciso.
Pero entonces, el desfile, la celebración, la festividad y, probablemente, el hype se desvanecieron, ¿por qué? ¿Fue acaso un desastre de convocatoria? ¿Hubo revueltas? ¿Qué pasó?
En 1974 quizá la crisis por el petróleo, o el Watergate con la dimisión de Richard Nixon, hicieron que esta sociedad norteamericana, siempre mucho más preocupada en organizar festividades que en buscar soluciones a los problemas estructurales de su país, estuviera a otras cosas.
El caso es que no es hasta 2013 cuando se retoma la celebración.
Esta vez es gracias a Laura Carroll, autora y experta conferenciante acerca de la ética de la reproducción y la libertad de elección en cuanto a la maternidad, que volvemos a celebrar este modelo de vida como si fuera lo más normal del mundo.
Y es que Laura Carroll estaba muy metida en el tema. En el momento que retomó este día como reivindicativo y momento de unión, ya había escrito The Baby Matrix, Familias de dos y Cómo la sobrepoblación está acabando con el mundo, tuvo a bien reunir a más gente como ella y empezar a crear una comunidad. ¿Por qué ella y no otro? ¿Por qué no Flaubert? ¿Y por qué no?
Dicho esto, subo una publicación en IG, pongo unos memes, comento un par de entradas y leo los contenidos, y videos de personas celebrando esta elección.
Veo a personas solas.
No debería sorprenderme dado que las redes sociales son una reivindicación del “yo” a base de selfies y de falso empoderamiento pero… ¿Y las fotos del desfile? ¿Y la gente? ¿Y la sensación de grupo?
El hecho de ver a personas que hablaban de lo felices que son en su vida, en la soledad de su dormitorio, dirigiéndose a completos desconocidos con los que no queda claro si han compartido tiempo en persona, no ha sido exactamente lo que yo quería.
Ver a personas que quieren tarjetas de felicitación del día internacional sin hijos no es lo que yo quería.
Ver a una pareja promocionando su comunidad online A LA QUE TE PUEDES APUNTAR POR UN MÓDICO PRECIO (¿cómo íbamos a ser los únicos en no lucrarnos con la soledad de los otros?), no es lo que yo quería.
No me veo conectándome a un evento online, hablando con gente que no conozco, no sé qué me pasa pero siento que hay algo que no me interpela. Y de repente, sin entender por qué, no siento que tenga nada que celebrar en este día. Siento que ellos tienen algo que celebrar, que son felices, que tienen razones para ser felices, que entiendo el camino que han elegido, pero, sin embargo, me siento fuera de sitio, casi en la línea con el fraude.
Pero, sobre todo, me siento engañada.
Cuando busco en Internet la celebración del día sin hijos, fotos de la celebración, imágenes, no encuentro nada. Me aparecen bastantes imágenes de Reddit y de lugares estadounidenses en los que van a prohibir a personas sin hijos. Encuentro el desfile del Pride, manifestaciones proTrump, grupos de unión en apoyo a las mujeres de Irán, fotos del Primavera Sound… Reviso la búsqueda y los resultados no cambian, y no lo entiendo.
¿Dónde están las imágenes de ese desfile?
¿Por qué no encuentro ni una sola imagen de esa comunidad junta, de ese grupo de gente chocando vasos, hablando cerca, acortando distancias?
Y me golpea.
Me da un golpe en la cabeza como si me hubiera caído un ladrillo.
Es 2023.
Se trata de una comunidad online.
No es que no haya habido fotos, las hay.
No es que no haya plataformas, las hay.
Es que mi mundo analógico ha desaparecido.
Lo que yo conocía, los grupos, la conexión, la sensación de unidad es algo que no está ni siquiera allí. Bueno, sí, en los festivales de música, donde la gente está más pendiente de grabarse con el móvil que de ver a Blur (estoy generalizando para llegar a una conclusión, no os preocupéis, sé que no todo el mundo es así).
Cuando miro en la página de Facebook veo montones de páginas, un montón de referentes aislados de la comunidad sin hijos, fotos de personas en solitario sonriendo, completamente ajenos al sentimiento que experimento, y confirmo lo que temo.
Que sí, que somos muchos. Y que estamos todos aislados.
Betty White no era amiga de Dolly Parton. Diane Morgan no ha trabajado nunca con Lily Tomlin. Parece que Bernadette Petters y Christopher Walken no hicieron migas después de rodar Centavos del cielo en 1981.
Existimos, y hemos creado espacios online en los que comunicarnos. Igual que hemos hecho Apps, igual que compramos ropa por Vinted, igual que nos vendemos muebles de segunda mano en Wallapop, igual que comentamos videos en Youtube y Twitch, igual que tenemos gente en un club de lectura en el que no conocemos a nadie en persona.
Los individuos se han aislado.
Nos llamamos “comunidad”.
Y somos una comunidad.
Supongo.
Porque somos un grupo de gente que queremos lo mismo, vivimos lo mismo, sentimos cosas parecidas…
Pero seguimos solos en lo que son nuestros grupos y entorno, el único sin hijos en el trabajo, en la familia, en el grupo de amigos, pero como tengo un canal online, parece que eso está bien.
¿Está bien?
¿Soy yo y mi incapacidad para encajar una vez más o es que creo que no es suficiente con el online, que tras años de aislamiento voluntario el ser humano habría vuelto a las comunidades con los brazos abiertos?
Porque si me he dado cuenta de algo en base a este día, es que no sólo soy una persona que no quiere tener hijos. No solo tengo un problema como mujer y porque no se valore mi decisión como algo real y auténtico.
También tengo un problema estructural con las relaciones actuales.
Qué leches, con el mundo. Tengo un problema con el mundo.
Tengo un problema con el individualismo y el aislamiento, y siento que deberíamos tenerlo.
Es que es un problema. Es un problema que aceptemos términos que vinieron de boca de alguien como Thatcher y hayamos aceptado ser individuos que han abandonado la sociedad colectiva en pro del yo.
Ojo que no va en contra de valorar el yo. Para nada.
Va en contra de vivir en la absoluta soledad, sin apoyos, sin tejido, sin abrazos.
¿Se entiende?
Es que es un problema si ya nadie siente el cuerpo, si hemos abandonado a los otros por el yo. Porque el yo es suficiente para el amor propio, pero no para la sociedad. Thatcher no debería tener razón, no hemos acabado con una sociedad colectiva, ¿o sí?
Y tengo un problema con las teorías de Liv Strömquist y Eva Illouz que he leído en No siento nada. Tengo el problema de que dos mujeres que, obviamente, saben de sociología, estructura, economía y psicología tengan razón y, en el mundo actual, estamos perdiendo el nosotros por el yo.
Y lo sé. Sé que tienen razón.
Tienen mucha razón y por eso me estoy leyendo No siento nada y Happycracia, libros de dos mujeres sin hijos que me están gustando mucho… ¡Pero no quiero que la tengan!
No puedo aceptar que la tengan porque…
Porque yo lo siento todo.
Porque quiero pensar que fuera de mi casa, del espacio para mi selfie, y de mi pareja, hay más personas que se sienten solas, desamparadas y que necesitan algo más que el yo digital. Las hay, ¿no?
Lo siento todo.
Incluso la tristeza de celebrar un día que pensaba que sería motivo de unión y solo parece una excusa más para hacerme un selfie y subir memes a Internet.
¿Y tú? ¿Qué sientes?
2 respuestas a “Día Internacional Sin Hijos”
Las hay, claro que las hay…
Y quería que supieras que hoy me siento un poquito más feliz, más acompañada y menos desamparada. He encontrado este blog buscando redes y espacios (no virtuales) de mujeres no madres, y al menos, aunque sea a través de la pantalla, al leerte, he sentido que encajo un poco más. Gracias por eso, y a seguir buscando el abrazo físico.
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¡Muchas gracias por tu comentario! Un abrazo.
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