¿No tienes más ideas?

Pues a veces no tengo muchas ideas sobre la no maternidad.

A diferencia de terapeutas, psicólogas y autoras que han encontrado un tema sobre el que centrarse al 100%, a mí no me acaba de pasar.

Me interesan muchas cosas aparte de reivindicar la no maternidad, desde ese lugar en el que quiero contar cómo no todas las mujeres queremos ser madres.

Pero es cierto que hay cosas que me acercan al bloqueo.

Y es un buen momento para recordarme por qué empecé con el blog y por qué me pareció importante.

Normalmente para escribir ideas necesito un cuaderno, el ordenador, y muchos muchos muchísimos días. A veces algunas ideas llegan a algún lugar y otras veces no.

Aunque esto empezó como un proyecto con otra persona, un proyecto más de hablar, de comunicación, más en la línea de todo lo que se está haciendo ahora, cuando me senté a apuntar ideas, todo cobró sentido de inmediato.

Todavía tengo 25 entradas pendientes de publicar, de ideas que encontré, gente a la que leí, ideas que me vinieron a la cabeza, necesidad de señalar la diferencia, de acusar cómo aunque se pretenda que todas las personas vivimos lo mismo, sentimos lo mismo y queremos lo mismo, no siempre es verdad.

Porque no iba sobre acusaciones. Iba sobre dejar de ser invisibles para que una sociedad conservadora, consumista y represora no nos intente cortar las alas ni meternos en una caja. Porque para aquellas personas que no quieren tener hijos, que no creen que les vaya a traer la vida que quieren, que sienten que EN NINGÚN CASO ES SU CAMINO esa es una caja, una cárcel y una cueva.

Y me da igual que me digan que «eso te cambia» o que «luego».

Cuando tienes ese discurso es porque, en realidad, te daba lo mismo tenerlos o no tenerlos, y tú no eres la persona que se va a sentir representada con lo que yo te diga.

El problema es que pienses que todo el mundo es como tú.

Y es lo que veo en los medios, la publicidad, los podcasts, los blogs y las conversaciones de mujeres que no quieren pensar que haya algo más.

Y yo entiendo que, por otro lado, las madres necesitan sus espacios, que tienen.

Y las mujeres que no han podido tener hijos y querían, los necesitan también. Y los tienen.

Y también las mujeres que no quieren tener hijos y deciden que les da igual plantarse y no seguir adelante con las expectativas de nadie. Porque hay una idea preconcebida sobre todas nosotras y, por tanto, hay una narrativa y una moralidad.

Hay una narrativa y moralidad creadas mayormente por hombres privilegiados sobre lo que deberían hacer las mujeres con sus cuerpos, sus vidas y su consumo. Y no deberíamos aceptarla porque sí.

No acepto que un hombre llegara a crear el término del «reloj biológico» tal como se explica en el documental My so-called selfish life.

Ni tampoco acepto que, cuando nuevas generaciones se plantean la maternidad como una posibilidad y no una obligación, los titulares lo cuenten como «una tendencia creciente».

Las sociedades cambian, aprenden, supuestamente, y evolucionan. Y el hecho de que haya un decrecimiento en una maternidad que está tocando niveles altísimos y que plantea las dificultades que tendrán en el futuro para tener trabajos, recursos y oportunidades, no debería suponer un problema más que para aquellos que necesitan mano de obra.

Ayer mismo unos amigos con hijos se planteaban si podrán, en el futuro, acceder a una casa en el campo ya que, seguramente, su hijo, no pueda irse de alquiler ni comprar una casa propia. Era una broma. Por el momento.

Que haya gente que deba aparecer, que haga que las tradiciones se vuelvan opcionales, que se empiece a ver como una vivencia y no una carencia, no debería suponer un problema para nadie.

¿Sabéis a quién veo que le supone un problema?

Al primero que ha tenido hijos y quiere que sus amigos vayan con él y sus amigos al parque, ¿qué es eso de que viva la paternidad yo solo? ¿Tengo acaso que hacerme amigo de otros padres?

Tampoco le vendrá muy bien a las parejas en las que la discrepancia, si uno quiere tener hijos y el otro no, acaba en manipulación, y en cómo la vida deseada de uno se convierte en la vida de los dos. Por cierto, en estos casos a todo el mundo le parece una opción casi normal, imponer la maternidad es positivo en el 100% de los casos y una ruptura en la que uno no quiere tiene un claro perdedor de cara a la sociedad.

Tampoco le viene muy bien a los que promueven políticas parentales que luego no dan plazas suficientes en espacios públicos, no ayudan a familias uniparentales o con sueldos mínimos; si la gente deja de darles trabajadores y, ya que está, empieza a dejar de tener miedo a lo diferente y empieza a darse cuenta de cómo hay gente que REALMENTE se beneficia de su esfuerzo (y no la gente más pobre), ¿qué será de ellos?

Tampoco le viene muy bien a las redes sociales, en las que tantos padres sacan dinero de las imágenes de sus hijos y son valorados como las familias del año.

Y ya no te quiero ni contar a los concesionarios de coches, deseando que necesites un coche más caro para tu familia porque, ¿a dónde vas sin coche? España no es Berlín o Amsterdam, por favor.

¿No os parece todo bastante absurdo?

A mí sí.

Sobre todo porque hay gente que lee lo que escribo y piensa que por qué no cambio de idea, que por qué no cedo, que total, ellos tampoco querían al principio, que no tengo derecho.

No tengo derecho a opinar.

No tengo derecho a no desear.

Aunque todo sea absurdo y contradictorio, siempre será mejor.

Pues no.

Esta maternidad absurda en la que los festivales donde la gente se droga, bebe y vomita promueven actividades infantiles y en la que Disney tiene el día del adulto ES ABSURDA Y EL DEBATE NO DEBERÍA IR DE ESO.

Y mira, han salido ideas.

Y las seguiré encontrando.

Total, todo el mundo tiene bloqueos.

Hasta las personas sin hijos.


4 respuestas a “¿No tienes más ideas?”

  1. Felicidades por tu post.

    Yo solo añadiría que la idea de que hay un «problema de natalidad» es básicamente una idea racista, porque lo que realmente quiere decir es que no nace tanta gente blanca como le gustaría.

    Es imposible (para alguien que no haga distinciones entre blancos, negros, chinos, indios, mestizos, etc) decir que nacen pocos niños, pues es un hecho comprobado que la población mundial sigue creciendo.

    El «problema de natalidad» es única y exclusivamente un «problema» para los que piensan que el «linaje bueno» de la humanidad es el eurodescendiente.

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