Es verdad, puedes (A LO MEJOR) ser madre.
Quizá tu cuerpo, economía, recursos y conexiones te permitan ejercer el rol de madre.
Y total, tampoco vas a ser ya la primera mujer en visitar el Tíbet. Esa mujer ya ha existido.
Aunque puede que no quieras serlo. Madre, digo. O visitar el Tíbet, quizá ese tampoco es tu rollo.
Pero volviendo a lo de no ser madre.
Si no quieres serlo y te despiertan pensamientos intrusivos por la noche con frases de tu cuñado, la vecina del segundo derecha, o Instagram como: «Pero, ¿y si no eres madre qué vas a hacer con tu vida?».
Pues hay muchas opciones y cosas que puedes hacer. Y siempre fue así.
Puedes hacer cosas mundanas, agradables, sencillas.
Pero si no te quieres quedar con lo mundano y lo que buscas es lo extraordinario, no eres la única.
Este fue el caso de Alexandra David-Néel.
Ella fue muchas cosas, y ninguna de ellas, madre. Pero, pese a no cumplir las expectativas del cuñado o la vecina del segundo derecha, Alexandra ha pasado a la historia como la primera mujer occidental a la que se le permitió visitar el Tíbet en el año 1924.
No está mal, ¿no?
Pero no adelantemos acontecimientos.
Se ha contado la historia de Alexandra varias veces (no mil, aunque perferctamente pudiera hacerse), y siempre se habla de sus múltiples oficios, pasiones y talentos: cantante de ópera, autora, periodista, exploradora, anarquista, feminista, budista y espiritualista.
Siempre que hay una figura femenina que se ha salido un poco del molde más normativo socialmente hablando, tengo la sensación de que se le añaden un montón de adjetivos para reivindicar que NO TUVO UN MOMENTO DE DESCANSO EN SU VIDA. Quizá por ello la vida de una madre no encajaba con ella, porque mira la de cosas que hizo…
Aunque la historia de Alexandra realmente necesita muchos adjetivos y relata muchas aventuras, creo que poner esa responsabilidad en mujeres y hombres que, simplemente no quieren dedicarse a la paternidad de aquí al resto de su vida, no es justo.
Creo que solamente padres y madres arrepentidos, abuelos sumidos en la frustración o aburrimiento, o gente también sumida en la misma frustración y aburrimiento, pondrían esa carga en personas que no tienen hijos, pero bueno… Sigamos con Alexandra, que ella no tuvo un momento como para reflexionar sobre esto.
Sobre lo que sí reflexionó durante mucho tiempo fue sobre el orientalismo. Y no es de extrañar, viniendo de la casa de la que vino.
Por un lado, su madre, católica, por otro, masón (que alguien me explique cómo acabaron estos dos casados y criando una hija), querían llevarla a los extremos más absolutos en su educación. Ganó el padre, anarquista, por goleada, dado que decidió que algo que podía educar correctamente a su hija era ser público de los últimos fusilamientos de la Comuna de París em 1871. Si así no se gana el premio a mejor padre del año por generar un trauma de manera voluntaria e indirecta a tu hija, no sé qué más se puede hacer.
Sin embargo, él era padre y yo no, y mira la vida tan interesante que tuvo su hija así que, ¿yo qué sabré? No había móviles, ni Tik Tok y quizá Alexandra era insoportable cuando se quedaban mucho rato seguido en casa y dijo «bueno, pues acompáñame, que hoy tengo que hacer unos recados».
En fin, yo qué sé.
Pasados los fusilamientos, Alexandra hizo lo que cualquier niña de 15 años (quizá solo yo) hubiera hecho en su situación: escaparse de casa e irse a Gran Bretaña.
Vale, lo de escaparse de casa es mi percepción, pero es cierto que se encontró con la prohibición parental ya que era poco decente que una mujer (no solo menor de edad, mujer en cualquier caso) viajara sola.
Por suerte Alexandra no tuvo que seguir en esa casa mucho tiempo y pudo irse a recorrer la India y Túnez, incluso España, dejando todo atrás, salvo las ideas anarquistas de su padre, que esas sí se las llevó (en serio, cualquiera las iba a olvidar… ).
Allí comienzan sus aventuras, pero esta aventurera no solo se dejó llevar por el mundo como una traveller de Instagram publicando fotos «aquí sufriendo» o haciendo camping al lado de unas jirafas en peligro de extinción, sino que, para ella, todo tenía un cauce, un sentido, algo mucho más profundo. Estaba más cerca de lo espiritual que de lo corporal.
Por suerte para ella, en aquella época ya estaba empezando a despuntar la Sociedad Teosófica fundada en Nueva York en 1875 por Helena Blavatsky entre otros y Alexandra pudo iniciarse en el Orientalismo. Lástima que después fueran acusados de fraude, Krishnamurti abandonara la sociedad y, a día de hoy, sea un mito la existencia de estas logias y ramas posteriores… Pero el caso es que a Alexandra le vino muy bien para escribir su primera novela con 30 años y comenzar a viajar de manera incansable por la India y Nepal con el primer gran objetivo de su vida: conocer al Dalai Lama.
Pero no nos adelantemos, porque antes de eso, Alexandra se casó.
Vaya Plot Twist, ¿no?
Conoció a su marido, Philippe Néel, cuando ya se había dado cuenta de que a las mujeres solteras no se las tomaba en serio y era mejor que vinieran acompañadas con un apellido y un señor con bigote que bebiera brandy.
¿Salió bien?
Depende.
Se separaron, eso sí.
El matrimonio le dio a Alexandra parte de lo que ella soñaba, porque es cierto que ya podía dedicarse a escribir, e incluso hacía viajes en ferry y tren por el norte de África, donde residían.
Pero… Esa no era la vida que quería.
Y según he leído, Philippe tenía intención de tener descendencia pero ella no.
Y tampoco pasa nada, a veces las parejas no se ponen de acuerdo en ese tema y eso hace que comiencen vidas separadas en las que, cada uno, cumple sus objetivos. No siempre gana uno para miseria del otro.
Alexandra quería una cosa, Philippe quería otra.
Y tampoco es que el punto de vista de Philippe no sea el más común, en el 2023 la mayor parte de hombres que conozco se sienten incómodos con mujeres que dicen de entrada que no quieren ser madres. Incluso hay hombres que las ignoran en Tinder, PERO ESA ES OTRA HISTORIA PARA OTRA ENTRADA.
Si Alexandra no se veía en el mismo país, ciudad, con su marido, escribiendo, viajando y haciendo un poco una vida tranquila pero libre, lo de tener hijos ya tuvo que ser el punto y final e inició un viaje de 18 meses en India…. que acabó en 14 años.
Pero que nadie se preocupe por lo importante, Philippe la perdonó y se siguieron escribiendo cartas. No vaya a ser ahora que Alexandra sea mala gente y, aparte de no tener hijos, nos vaya a caer mal.
No.
Simplemente, pese a todo, ella tenía claro que quería otra cosa.
Ya os lo he dicho: ella quería conocer al Dalai Lama.
Cosa que consiguió en 1912, yendo desde Madrás hasta Nepal. Que están como a esta distancia.

El viaje pudo ser más o menos este. Con elefantes ya en Nepal, según se cuenta, ya que tenía contacto con el marajá, pero el resto… ¿A pie? ¿En tren?
Hay muchos elementos en la vida de Alexandra que se completan con sus libros, ya que escribió una treintenta cuando acabó volviendo a vivir en Francia, habiendo pasado una vida entera entre viajes.
En sus libros habla de sus colaboraciones como periodista, sus experiencias como cantante de ópera e, incluso, como cuando se convirtió al orientalismo, llegó a crear un TULPA, un fantasma corpóreo que decidió visualizar semejante a un budha pero que finalmente fue algo que tardó tiempo en conseguir apartar de su mente. Y es que no todo era positivo, Alexandra llevaba las cosas hasta el final, sintiéndose siempre capaz de lograrlo todo.
¿Y acaso eso es malo? Quizá lo del fantasma se le fue un poco de las manos, pero a base de insistir, consiguió conocer al Dalai Lhama, quien nunca daba audiencias a mujeres y, más aún, entrar en el territorio prohibido a los extranjeros de Lhasa.
Cabezonería y valentía por bandera, Alexandra, con un ayudante que tuvo durante años, se disfrazó de mendiga, se pintó la cara, se ensució, pasó semanas, casi meses sin comer (su ayudante también, pero bueno, Wikipedia o National Geographic no entran mucho en el bienestar de los segundos de a bordo) pero, finalmente, gracias a una tormenta de arena, pudo entrar.
Y lo logró.
Entró en Lhasa. Territorio prohibido.
Se convirtió en la primera mujer que, en su conexión con el orientalismo, decidió ir lo más lejos posible: hasta la ciudad en la que no se podía entrar.
Hay apenas cuatro viajeros en todo el mundo que hayan sido capaces de ir tan lejos.
Volvió entonces a Francia para comenzar a escribir y contar sus historias.
Su marido ya no estaba y lamentó su muerte pero nunca lamentó haber elegido sus aventuras. Simplemente, eran lo que le esperaba a ella, eran su cometido, y lo más valioso que podía aportar a su vida.
Y es que no había barrera, cerradura ni cerrojo que pudieran imponer a la libertad de su mente.
La de Alexandra.
Y la nuestra.
No digo que vayamos a Lhasa o que vayamos a la India pero, ya veis que hay muchas más cosas con las que soñar si tu sueño no es el de ser madre.
Si es ese es tu caso, no hay por qué limitarse.
De hecho, Alexandra murió a los 100 años, poco después de renovarse el pasaporte.
Por si acaso.
Así que, por si acaso, soñemos a lo grande.
Tanto como Alexandra o como sea el tamaño de nuestros sueños.
2 respuestas a “La primera mujer en visitar el Tíbet”
La vida de Alexandra es muy inspiradora. Hay otras posibilidades al plan que el patriarcado establece para las niñas. Aunque lo cierto es que en los últimos años se ha hecho más fuerte la reacción. Hemos de construir una alternativa frente a ella. Quienes no vivimos del modo en el que el sistema patriarcal esperaría, tenemos que estar más unidxs, ser poderosxs y proyectar una imagen de fuerza, pero para ello tenemos que dejar atrás el individualismo exacerbado que ha marcado los últimos años. Debemos organizarnos mejor, al menos de un modo tan eficaz como aquel de la gente que se encuentra todos los fines de semana en sus diferentes templos. En torno a una nueva religión no dogmática, atea/agnóstica (o por lo menos no teísta), que luche contra la supremacía blanca, el sistema patriarcal y el racismo, que sea ecologista y esté a favor de los derecho de LGBTIQ+ lo estaríamos, y podríamos conseguir que se estableciesen comunidades de mujeres, hombres y personas de géneros no binarios en muchos lugares, autogestionadas y con fuertes relaciones de cuidados entre sus integrantes. En el blog infinito5.home.blog escribo sobre ella.
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Muy interesante la reflexión, me pasaré por tu blog. ¡Gracias por compartirlo por aquí y por comentar la entrada!
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