A veces la mentira es más simple que la verdad.

No siempre, me explico.

Ante la pregunta: ¿quieres tener hijos? – una respuesta negativa puede llevar a discusión e incomodidad, una respuesta positiva solo puede llevar a fotos de niños, alegría y momentos muy íntimos.

Quizá demasiado.

Quizá no se debería preguntar en la pausa del café, pero se hace.

Eso no lo podemos cambiar, aunque nos gustaría.

Solo podemos revisar qué decir y plantearnos si esa pausa del café merece más la pena escuchando un podcast que sentadas con José Luis.

Es cierto, decir que «sí», aunque sea mentira, es más fácil.

A mí me es más fácil.

Pero no hay que cogerle el gusto a mentir, porque acabas perdiendo el foco. Puede que, de tanto mentir y decir que sí, haya personas que hayan cambiado de opinión en cosas incluso como la maternidad, aunque no tiene por qué… ¿Alguna psicóloga en la sala? ¿Esto puede pasar?

Es mucho más profundo que decir que te gusta el tiramisú cuando no te gusta y fingir un dolor de barriga cada vez que te ofrecen.

Pero un simple «sí» requiere menos matices, menos contexto, menos preguntas y miradas.

¿Qué es lo peor que puede pasar?

Pues lo que pasa, acabar en otra conversación más que no nos interpela, en la que no tenemos mucho por lo que hablar y que, todo lo que podríamos decir, o no es cierto o no nos interesa pero… El mundo debe seguir adelante.

¿No es acaso mejor hablar de los niños de los demás que de la iniciativa de #STOPROSEBANK para acabar con los vertidos en los océanos? ¿No es mejor ver el mural que han hecho al bebé en la habitación que las imágenes que nos llegan de Palestina?

La mentira también puede ser un salvavidas.

E incluso, la mentira, puede ser inconsciente.

Puedes acabar llegando a un lugar en el que no te das cuenta de que estás mintiendo.

A mí me pasa.

Suele venir con la falta de autoestima y las ganas de encajar, pero eso es muy básico, en realidad, es que tanto las mentiras como las verdades están llenas de matices, no son tan concretas.

Y puede que alguna parte de nuestra mentira, sea verdad.

No me refiero a, por ejemplo, cuando alguien te viene a pedir un euro y dices que no llevas nada porque, normalmente no llevas nada, y luego recuerdas que te dieron suelto por aquel café en la pausa del curro… No me refiero a una mentira involuntaria.

Los sentimientos, por ejemplo. Los sentimientos están llenos de mentiras.

Y las preguntas llenas de trampas.

Y con la maternidad hay que analizar estas trampas. Y sus verdades o sus mentiras, y las condiciones con las que vienen.

No todo es blanco o negro, no es una película de Bergman ni un tablero de ajedrez.

Por ejemplo:

  • Si te gustan los niños no tiene por qué convertirte en madre; lo bueno podría ser convertirte en cuentacuentos, profesor de infantil, psicólogo infantil, canguro, enfermero o médico especializado en neonatos y los más pequeños. Te pueden gustar los niños, pero no el tuyo, o no en lo que se convierta, o tu vida con él. Hay muchos matices en los que pensar.
  • No quieres morir solo. Pero es que nadie quiere morir solo… Nadie tiene muy claro que le parezca bien morirse ni parece que podamos elegir, pero eso tampoco parece cambiar el paradigma.
  • Quieres pensiones. ¿Y no has pensado salir a manifestarte o votar partidos que protejan las pensiones? ¿Tienes que dejarle el problema a alguien que no sabe atarse los cordones de los zapatos? ¿O quieres enseñarle a atarse los cordones e intentar que pueda optar a pensiones ya que le has traído a este mundo?
  • No quieres que te acusen de ser egoísta. Pues mira, shit happens. En el colegio nos llamaron cosas peores y hemos sobrevivido. Piensa bien en quién te está acusando y cuándo fue la última vez que se planteó el bienestar de alguien que no fuera él mismo o sus propios hijos. El término suele venir de gente poco generosa. Como dice bien el dicho: «el que lo huele, debajo lo tiene».
  • Tus padres serían unos abuelos estupendos. Tus padres seguro que socializan muchísimo mejor que tú, ya que vienen de una generación en la que no se pasaban la vida pegados al móvil presos de un narcisismo enfermizo y se relacionaban con los demás, seguro que hablan con los peques del cuarto… Y de no ser así, ¿por qué debería ser tu problema? No hay un contrato de pertenencia del útero a tus padres, que yo sepa.
  • Nunca has conocido el amor antes. Pues háztelo mirar, porque yo sí.

Todo lo que contestamos puede ser malinterpretado, modificado y llevado a lo contrario por alguien suficientemente hábil con el lenguaje. Hay montones de espadachines del lenguaje por las redes sociales, y en las mesas navideñas, del café y del bar. Quizá solo tengamos que ir encontrando respuestas más ingeniosas que esas preguntas de manual, no parece tan difícil.

Pero habría que abandonar la farsa.

En este tema, tendríamos que dejar de mentir.

No solo dejar de opinar por lo que hace el otro, sobre todo cuando te ves empoderado en el lugar ganador y aprovechas tu condición para hundir a otro.

Tu prima sin hijos no tiene por qué ser más egoísta que tú, ni menos normal, ni más fea, no sé… Déjala en paz, céntrate en lo tuyo.

No pasa nada porque algún día cambiemos de opinión, no tenemos por qué decir lo que muchos quieren escuchar, porque callados, en una esquina, hay muchos que pueden estar deseando decir que les importa un pimiento las pensiones porque la economía está en declive de todos modos, y nuestra honestidad puede darles coraje.

Además, es importante que llegue el mensaje para contrarrestar ciertos mantras posteriores a las preguntas que he planteado, que son el: «cambiarás de opinión» o «te arrepentirás».

Solo creen que hay un sí tras el no.

Por eso insisten, y por eso justifican tanta tristeza hacia mujeres sin hijos, porque asumen que es una cuestión de tiempo el arrepentimiento y la soledad. Y si ellas no lo confesan, no pasa nada, porque ya habrá alguien encargado y activo de gestionar esta narrativa en la que las mujeres giramos alrededor de nuestro útero.

Por eso es más fácil mentir.

Pero, ¿sabéis qué?

Que hay que abandonar la farsa porque EN REALIDAD LES DA IGUAL.

Igual que nuestros amigos con hijos no nos dicen nada al respecto porque entienden que no hay ningún juicio sino vidas plurales, entrar en ello solo dice algo de estas personas a las que les molesta que no quieras tener hijos: Que nadie les ha dicho nunca antes dónde se pueden meter y dónde no.

Porque no entrarían a discutir absolutamente nada más, pero esto, como es algo en lo que nadie les pidió opinión, se sienten atacados y ven que no pueden influir, eso, eso sí lo pelean.

El silencio y la mentira que ha llevado a ocultar el «no quiero tener hijos», lo han entendido como un espacio más para su propio discuso, pero no lo es.

Les da igual tu respuesta, tus motivos, solo quieren sentir que nadie va a tomar decisiones que no estén aprobadas por ellos.

La natalidad se ha entendido durante demasiado tiempo como algo democrático para los hombres, cuando solo es nuestra decisión y nuestro cuerpo los que nos lleven a esa decisión.

No lo permitamos más.

Incluso las madres saben que no todas las mujeres quieren ser madres. Incluso las que te dicen que es lo mejor que les ha pasado en la vida, están más cerca de entender el límite.

La mentira y sus prejuicios no deben ganarnos terreno.

Por incómodo que sea tu deseo, no tiene por qué serlo.

Se acabó la farsa.


Una respuesta a “La farsa”

  1. Este argumento de que las mujeres tengamos que tener más hijos para que haya pensiones, me parece simplista. Se puede obtener pensiones de otros lados, teniendo un sistema económico más sano, digo yo. Ciertamente, no se puede hipotecar a nuestros niños, no se debería traer niños al Mundo esperando que paguen las pensiones y perpetuen un sistema que no funciona. Así, se está tratando a estos seres humanos como meros instrumentos. Y, claro, son personitas, con sus derechos y sus sueños.
    En cuanto al arrepentimiento… pues la Vida está llena de elecciones. Siempre que se toma una elección, sabes que estás renunciando, automáticamente, a lo contrario, o a otras alternativas, porque el tiempo y los recursos son limitados. En el peor de los casos, si te arrepientieras, tampoco pasaría nada. No somos perfectas y nos deberíamos permitir, también, la ínfima posibilidad de arrepentirnos, y aceptarlo como parte de la Vida.
    En cuanto a los hombres que hacen esos comentarios, creo que el embarazo afecta de sobremanera a las mujeres, cosa que no te cuentan de pequeña, he allí que las madres sí puedan entender la no-maternidad. Sabes que parir duele, y piensas que te vas a poner la epidural, pero no te hablan de todos los problemas de salud que puede acarrear un embarazo (diabetes, prolapsos, diástasis…), o de que los niños son cada vez más rebeldes porque el «educar en positivo» significa que todo se tiene que conseguir con juegos y buenas palabras, y que causa ansiedad extrema en unos educadores y padres que no pueden ni perder los papeles y levantarle la voz al niño sin que le miren como si fuera un monstruo. Una cosa es tener una formación especial y estar un par de horas con ellos, y les das unas clases y luego te vas a tu casa a reponer pilas, y otra cosa es estar con ellos 24 horas, todos los días de tu vida. Eso causa mucho desgaste y hay que tener, de antemano, muy claro por qué trajiste al mundo a una criatura que, como lo dicho, no se le puede exigir que te pague la pensión. Es un gran compromiso, claro está, y me parece responsable no tomarlo si no hay una cuantas razones imperiosas para hacerlo (sea necesidad de crianza, razones espirituales, etc.)

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