Hace poco alguien escribió que la maternidad hace que estés en los relatos de más personas, y cómo la familia marca todas las tramas y todas las historias.
Bueno, Louisa May-Alcott no tuvo hijos y está en todos nuestros relatos, de todas nuestras historias, gracias a haber escrito una de las obras más únicas y famosas de todos los tiempos: Little Women.
Sin haber tenido hijos propios, consiguió crear la familia de nuestra vida: la familia March.
Quizá no sea común, pero tengo entendido que el principal sueño de las hijas únicas es el de tener hermanos. Al menos ese era el mío.
Y Louisa May-Alcott, que tuvo una infancia con otras tres hermanas: Anna, Abigail y Elizabeth supo retratar sus vivencias de un modo que, no sólo le generó éxito, sino que es una obra que ha quedado para la más absoluta posteridad.
No hay novela que se haya comentado, discutido, elogiado o aparecido de refilón en una conversación como Little Women.
Y tiene su gracia, ya que no fue su iniciativa, sino de su editor.
Es decir, a lo mejor Louisa, tras haber sido enfermera en tiempos de guerra, habiendo trabajado como institutriz, entre otras labores, para dar apoyo económico a su familia, tenía ganas de hablar de sus hermanas y de contar las anécdotas que han llenado nuestras navidades ya fuera en televisión, cine o papel, pero no fue hasta 1868, tras un encargo de su editor habitual, el año en que Little Women llegó a las imprentas y librerías.
Este hombre, empresario, vio cómo las lectoras jóvenes necesitaban un entretenimiento después de la guerra, al menos aquellas que habían conservado su fortuna. Y eso le traería dinero.
Y aunque le rondara la cabeza esta historia de una gran familia durante la guerra de secesión en Connecticut, tampoco parece que viniera con libertad creativa; que a Louisa le encargaran semejante empresa no era un voto de confianza, ella ya llevaba publicando literatura juvenil desde 1851, cuando le publicaron su primer poema.
Su primer libro «Fábulas de flores» se publicó en 1854 bajo el pseudónimo de Flora Fairfield, y siguieron varios, que compaginó siendo enfermera, entre otros trabajos, no solo para llenar su alma con su arte, sino para ayudar económicamente a su familia.

Esto lo llevó a su novela.
La familia March pasa por limitaciones económicas casi toda su vida y en la mayor parte del libro, y a través de Jo, entendemos cómo ella no sólo buscaba escribir, sino publicar, ser relativamente reconocida, tener un empleo, un empleador y una remuneración económica.
Little Women, sin embargo, no parece una novela de encargo, sino un relato clásico, casi mitológico, algo que ya estaba ahí antes de que se escribiera, algo que se escribió a sí mismo, con unos personajes vivos, y con unas historias que ya existían antes de que se contaran…
Pero no seamos ambiguas, por favor.
Esta novela ha conseguido llegar a ser el legado de Louisa May-Alcott porque toca el corazón generación tras generación y eso solo es PORQUE ES MUY BUENA.
Y si existe esta novela, no fue por magia, fue porque Louisa May-Alcott puso su tiempo, talento, labor y esfuerzo a que Jo, Amy, Meg y Beth llegaran al mundo.
Hay una parte de mí que quiere pensar que las mujeres talentosas pueden alcanzar la grandeza en todo lo que hagan y que los únicos que ponen limitaciones al respecto son los hombres.
Bueno, ni todos los hombres ni todas las mujeres.
Pero Louisa alcanzó la grandeza… Una pequeña parte de su vida.
Louisa consiguió ver que Little Women se convirtió en un superventas.
Durante 20 años.
20 años después Louisa sufrió un infarto. Tenía 55 años.
Escribió uno de los grandes éxitos literarios de todos los tiempos con 35 años. Lo completaría pocos años después, con la segunda parte de Mujercitas.
Sin embargo, pese a que fuese un éxito, también hay diversos elementos heteropatriarcales que, según se ha leído posteriormente, no venían tanto de la autora como del editor. Por ejemplo, según parece, no quería casar a Jo con Fritz (de hecho, hay una parte del final en el que intenta dar mucha menos importancia a esa narración que a la de la reunificación familiar de los March) y, lo que mantuvo, fue dejarles sin descendencia.
Jo no tiene hijos. Como Louisa.
Como yo.
El éxito que cosechó la novela tras la muerte de Louisa, ha sido algo fuera de lo común.
Y yo me planteo si Louisa May-Alcott estuvo aguantando, con todo el legado que iba a traer, que le dijeran constantemente que por qué no se casaba y tenía hijos.
Su obra ha sido adaptada 6 veces al cine, traducida a todos los posibles idiomas, que cuenta incluso con un anime en sus adaptaciones…
Consiguió que la gente fuera en masa a ver a Katherine Hepburn, cuando era conocida por ser «veneno para la taquilla» y todas sus películas un fracaso comercial…

Es la novela que marca un antes y un después a Joey en Friends…
Seguro que hasta ha salido en los Simpsons… Y sin embargo, tengo la sensación de que, el hecho de no tener hijos, le trajo alguna que otra duda sobre qué estaba haciendo con su vida.
Si sus hermanas la tendrían protegida para que pudiera escribir, o si vendrían algunos juicios más desde casa.
Y pienso mucho como ahora una madre no solo puede ser una madre, sino que también, con los hijos a cuesta puede y debe convertirse en una de las grandes autoras norteamericanas de todos los tiempos.
Ser escritora es difícil.
Ser una escritora con hijos, lo es más.
¿Cómo se hace? Si se hace… Pues no es un milagro, pero requiere de ciertas cosas milagrosas que no están al alcance de todas: dinero, una habitación propia, una abuela abnegada, dinero para un canguro, salud.
Una mujer puede aportar tesón, todo y más. Pero, si se logra, es porque hay cierto PRIVILEGIO debajo de la alfombra.
De no ser así, únicamente somos esclavas de la escritura, hijos, tareas domésticas y el patriarcado.
Porque es este último quien nos la ha colado.
Se ha de sucumbir al FOMO.
Se ha de hacer todo.
Se ha de tener un hijo/a y escribir una novela. Tus novelas. Tus poemarios. Tus obras. Tus hijos. Tus responsabilidades. Tus sueños. Tus deberes.
Yse debe.
No vaya a ser que se pierda algo por el camino.
No vaya a ser que falte algo.
Y puede que falten muchas cosas, como estabilidad, tranquilidad, seguridad, igualdad, fraternidad, comunidad… Pero te dirán que es un hijo lo que falta.
No quiero pensarlo, pero a día de hoy una Louisa May-Alcott escribiendo Mujercitas estaría en grupos de NOMO, o quizá habría sucumbido a la presión.
Una mujer que en 1868 publicó una de las mayores novelas de todos los tiempos en vez de criar una familia hoy se vería sobrepasada por esta idea, por este capitalismo que no te permite escoger, que solo te permite sacrificar. No puedes dejar de hacer esto de tu lista, así que simplemente añadiremos cosas y te diremos que es normal, que no tienes por qué renunciar a nada, que simplemente lo haces porque no estás a la altura.
Y no podríamos escondernos detrás de Flora Fairchild para, simplemente, elegir.
Yo agradezco que Louisa May-Alcott nos diera este legado.
Todas se lo agradecemos, creo yo, madres, hijas y abuelas. Todas hemos llorado que Jo se cortara el pelo, que Amy fuera a Europa, que Meg no pudiera comprarse un vestido, la muerte de Beth…
Si Louisa May-Alcott pudo elegir, tuvo que tenerlo difícil también, aunque puede que a día de hoy hayamos caído en una trampa que nos hemos puesto nosotras mismas. O más bien, que nos han puesto y hemos aceptado como propia.
Yo prefiero elegir.
Mi privilegio va a ser el de elegir.
Y seguro que no tengo el legado de Louisa May-Alcott pero…
Quizá algunas mujeres sin hijos estemos haciendo algo importante (o no) mientras pensáis que no estamos a la altura del conservadurismo rancio.
Pero quizá vuestro conservadurismo rancio que solo ve maternidad en las mujeres, cuando tenemos y somos tanto, sea el que no está a nuestra altura.
Quizá esta medida se está acabando.
Quizá me quiero quedar con el final de la última versión de Mujercitas: Jo viendo cómo se imprime su libro.
Ojalá ese sea mi legado.
Una respuesta a “Louisa: una mujer(cita) sin hijos”
Gran ejemplo el de Louisa May Alcott. La realidad actual es que vivimos en un mundo con más de 8.000 millones de personas donde se fomenta la reproducción, al tiempo que se colabora con el cambio climático, se contamina la naturaleza y se sobrepasan sus límites. Necesitamos un cambio de paradigma. Quienes no vivimos del modo en el que el sistema patriarcal esperaría, tenemos que estar más unidxs, ser poderosxs y proyectar una imagen de fuerza, pero para ello tenemos que dejar atrás el individualismo exacerbado que ha marcado los últimos años. Debemos organizarnos mejor, al menos de un modo tan eficaz como aquel de la gente que se encuentra todos los fines de semana en sus diferentes templos. En torno a una nueva religión no dogmática, atea/agnóstica (o por lo menos no teísta), que luche contra la supremacía blanca, el sistema patriarcal y el racismo, que sea ecologista y esté a favor de los derecho de LGBTIQ+ lo estaríamos, y podríamos conseguir que se estableciesen comunidades de mujeres, hombres y personas de géneros no binarios en muchos lugares, autogestionadas y con fuertes relaciones de cuidados entre sus integrantes. En el blog infinito5.home.blog escribo sobre ella.
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