Cosas sobre las que podría haber escrito

Un mes sin actualizar un blog es algo preocupante.

Da la sensación de que ha habido un abandono. En una sociedad sometida a la producción, a la demostración, a la exposición y a la participación constante, un mes de parón es un defecto.

Y lo peor es que ni siquiera yo me he estado dando cuenta de mi ausencia.

En efecto, nadie me ha escrito preguntando si he dejado de publicar. Simplemente, se asume que, ya que es una columna o un blog como el de un periódico, ya publicaré cuando me venga en gana, me apetezca algo o se disolverá entre miles de esos proyectos que desaparecen sin que nadie vuelva a acordarse de ellos.

Lo que ha pasado no ha sido una catástrofe, ni un bloqueo, sino un encuentro que me ha hecho pensar en lo que tenía que ser mi participación en este mundo excesivo, ruidoso y constante de contenidos.

Hace poco tuve una interesante conversación con alguien que parecía estar interesada en mi labor con el blog. Hablábamos de nuestras perspectivas, experiencias y opiniones.

Y ahí llegó.

Me preguntó qué es lo que hacía con mi comunidad. Qué más hacía.

QUÉ MÁS.

Qué era lo que yo estaba ofreciendo.

En el momento no tuve ningún problema en admitir que me consideraba, en la actualidad, una bloguera, exclusivamente, una bloguera y que, a lo sumo subía contenidos en Instagram, aparte de, dejar claro, que yo no tenía una comunidad.

Tras esta conversación empezó una época de mucho trabajo. También me dedico a la escritura teatral y, recientemente, he empezado a recoger unos frutos de mi trabajo que, como tendréis claro, se convierten en MÁS TRABAJO. Aparte de ello, estoy pasando de un trabajo a otro y eso me ha llevado a estar varios fines de semana en la feria del libro de Madrid, y volviendo cada Lunes a mi trabajo de Lunes a Viernes en Barcelona.

De modo que tenía claro que el blog, al menos este mes, iba a tener que pasar a un segundo plano.

Y del segundo plano, pasé al tercero.

Y cada vez que intentaba escribir una entrada, me parecía que no era lo suficiente buena como para publicarla. Y cada vez que encontraba un tema nuevo, me parecía lo mismo, algo indigno de salir.

Os diré que detesto que me pase, yo siempre intento acabar textos, películas y libros (sólo Anna Karenina se quedó en la página 301, cosa que pienso remediar este año), y el blog no era una excepción. Pero esas palabras sobre lo que yo estaba ofreciendo con el blog realmente se quedaron en mi subconsciente, inconsciente y consciente.

QUÉ ESTABA HACIENDO

QUÉ ESTOY HACIENDO

QUÉ ESTÁS HACIENDO

Pero eso no es lo que esas palabras quieren decir.

Esas palabras esconden qué más debería hacer, qué es lo que no estás haciendo y deberías hacer.

QUÉ ES LO QUE NO ESTÁS HACIENDO Y DEBERÍAS HACER EN VEZ DE LO QUE ESTÁS HACIENDO

De repente, no solo los temas no eran buenos, es que el blog, en sí, no era suficiente, no tenía sentido que lo siguiera haciendo.

Tendría que hacer otra cosa…

Algo que se haga ahora.

Un club de lectura.

Un cinefórum

Un grupo de Meet-Up

Un podcast

Y de repente todo me parecía mejor.

Y así he pasado dos meses casi de enfrentarme a esta pantalla y no acabar ninguna de mis entradas.

Se me pasó una entrada sobre Mónica Seles en el aniversario de su apuñalamiento, una mujer que fue campeona del mundo de tenis y que, a día de hoy, dejó su carrera de tenis, se convirtió en una empresaria de éxito y parece que no le va demasiado mal.

También se me pasó hablar de hijos, comuniones y bautizos y todos estos eventos relacionados con la religión que hay que celebrar como si fueran ley, mientras que un proyecto artístico, rara vez se celebra fuera del grupo de tres amigos bohemios que no se han convertido a la izquierda cuqui y que quieren la revolución, pero tranquilita y sin molestar.

Y finalmente, se me pasó hablar el 28 de Junio de cómo una pareja heterosexual, el mismo día que inicia una relación, es vista por toda la sociedad como posibles padres, y cómo eso no pasa con parejas lesbianas y parejas gays. Y cómo, sin embargo, si entramos en eso, vienen cosas como la gestación subrogada, e intervenciones médicas en las que, las mujeres, siempre salen perdiendo. Y cómo hay parejas no heterosexuales mucho más preparadas para la paternidad que muchos padres en activo y no se les ve el potencial. ¿Por qué?

En fin, todo eso ha sido el último mes.

Espero que sea el último espacio de tiempo tan largo sin escribir.

Viene una época de muchos cambios.

Pero sí, sigo sin querer tener hijos.


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