«Un bebé siempre queda bien»

No es ni la primera ni la última vez que leerás o escucharás una frase similar. Por supuesto, está sacada fuera de contexto, exagerada, dramatizada y tiene unos tintes profundamente caricaturescos dentro de lo que nos permite la gramática del presente simple.

La idea, obviamente, es demostrar que algo es absurdo ridiculizándolo un poco. Quizá no estáis muy familiarizadas con ello, con la sátira o la ironía, y no os culpo porque esto es cosa mía. Ya con dieciséis años el sarcasmo y la ironía, aunque nos gustaban mucho en Chandler Bing en Friends, no solían hacernos ninguna gracia en nuestra compañera nerd del colegio y me trajo alguna que otra enemistad.

Con esto quiero pedir disculpas, o no, o simplemente decir que esto es lo que hay aquí y que podéis dejar de leer en este mismo momento.

¿Vale?

Puedes parar de leer aquí.

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O aquí.

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Pues sigamos.

El pasado domingo iba en el autobus cuando una familia miraba una fotografía y una mujer dijo «es que la bebé le queda de bien…» a lo que todos asintieron con una afirmación contundente porque, claro, es una afirmación sin fisuras: los bebés siempre quedan bien.

Supongo que el hecho de que sus padres los hayan limpiado, alimentado, tranquilizado, abrazado, calmado, vuelto a limpiar, hecho dormir, vestido y arreglado no tiene nada que ver. Los bebés siempre quedan bien y siempre son así de bonitos.

Los bebés siempre huelen «a bebé».

Estoy encantada de afirmar que, entre mis amigos, ninguno me ha hecho pasar por ese momento tan incómodo que me han contado otras personas. Ese momento en el que te dicen «¿has visto lo bien que huele? HUELE SU CABEZA».

La cabeza de los bebés tiene un olor dulce que, seguramente, te coloque en un trance mágico.

Uno de esos trances que hacen que el instinto materno se apodere de tu cuerpo. Ya sabéis, como en «El exorcista».

Esta idea de que los bebés son elementos favorecedores y preciosistas juega un papel fundamental en el «marketing» que nos vende la maternidad en un paquete con lazo y musiquita adorables, y que nos convencen de que esa es la maternidad: jugar con un Baby Fever que siempre huele bien y que quedará precioso contigo en las fotos.

¿Cuántas fotos podéis encontrar en Instagram de madres vestidas igual que sus bebés, bebés con un lazo en la cabeza que te hacen pensar que la fotografía de Annie Leibovitz es realista?

No soy ajena, y nadie debería serlo, al negocio que supone la publicidad y fotografías de la infancia en redes sociales. Seguro que hay gente que lo hace con todo el amor de su corazón hacia sus peques, y otras personas que aprovechan la coyuntura para llevarse una pasta.

Fuera de eso, ¿no están todos los padres padeciendo unas jornadas olímpicas sin horas de sueño precisamente para que, cuando su hijo aparezca en sociedad parezca un bebé ideal, tranquilo, bueno, limpio y adorable? ¿O acaso tenéis muchos amigos que hayan sacado fotos de sus bebés al lado de su pañal lleno de excrementos, u otras en las que les han vomitado encima o esas en las que su bebé lleva tres horas llorando y ya no saben si está rojo o morado, si ya es agobio, un ataque o se va a quedar siempre así como una berenjena?

Esas personas que asumen, no solo las del otro día, todos, que los bebés son accesorios que quedan bien, que siempre son así de bonitos, como si fueran un bolso, dejan a un lado toda la vivencia de la maternidad, con todo su sacrificio y precariedad, por una visión romántica y preciosista que apoya ese único mensaje con el que se sigue intentando educar a la población: Todas las mujeres quieren ser madres.

Habría que ver las caras de la gente cuando los padres enviaran las fotografías de sus hijos rodeados de vómito, la basura llena de pañales, los estractos bancarios de su recién iniciada vida parental, los análisis de sus relojes inteligentes que ya piensan que los padres no duermen porque son vampiros… Me gustaría ver si el mensaje se mantiene o si, tal como creo, la gente realmente se lanzaría a la maternidad porque ven más allá del bebé.

Porque la maternidad incluye la etapa del bebé. Una etapa en la que un bebé crece y florece como ser humano, a costa de muchísima salud mental y física de su madre (algunos padres también os estáis implicando, pero sabéis quienes estáis dando el 100% en la medida de lo posible y quienes no) y se convierte en una persona.

El bebé da paso a una persona.

Una persona a la que no puedes ya etiquetar como algo que queda bien en una foto.

Una persona a la que no cosificas por su olor o la ternura que despierta.

Pero un bebé, por monísimos que sean, por sanos, rosados y cuidados que sean, componen una etapa mínima en la vida de una persona.

Te dicen que hay que darlo todo ahí pero, ¿no hay que darlo todo en todas las etapas de su vida? ¿O sólo cuando queda bien, es bonito y le huele la cabeza a Nenuco?

¿Qué pensáis?

Gracias por haber leído hasta ahí. Y si de repente has recordado todas las veces que alguien te ha pedido que huelas la cabeza de su recién nacido, no te preocupes, está normalizado y todos lo haríamos por salir del paso. Y si no hueles a nada, no te metas en líos y di que sí.

Total, nadie te creería.


2 respuestas a “«Un bebé siempre queda bien»”

  1. gran artículo ! Pues pienso que , uno de los motivos por lo que soy ni seré madre , es porque soy consciente de que ese maravilloso bebé algún día crecerá y las obligaciones serán mucho mayores que cambiar un pañal o limpiarle la papilla de su Preciosa carita.

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