Mi privilegio: nadie me lo pregunta ya ¿por qué?

Voy a haceros una pregunta.

Llevo con el blog varios años.

Surgió con la idea de reivindicarme ante el mensaje general del mundo de que me veía como una mujer de menor categoría al no haber tenido hijos, pero aún, por no haber querido hacerlo siquiera.

Hace puede que un año que nadie me pregunte eso sin que mi respuesta sea firme, llena de convicción y tranquila. Y no solo eso, sino que no tengo a nadie que me responda o que me presente argumentos o que tenga algo que decirme en contra.

¿Sigo escribiendo o no?

He establecido un nuevo espacio.

Si soy juzgada, genero un miedo o rechazo suficientes para que nadie tenga nada que rebatir.

Eso está muy bien pero, la verdad, no sé cómo lo he conseguido. Y si estás leyendo esto y te sigues rodeando de gente que te juzga por no haber tenido hijos, no tengo ni idea de cómo puedes conseguir que la gente te deje en paz.

¿Entiendo que este privilegio viene dado por varios elementos que me han situado en un lugar inalcanzable para esas críticas?

No tengo un mal trabajo, aunque no llegan los mensajes de todas las posibles mejores que podría hacer en mi carrera.

Tengo muchos planes que no puedo hacer a la vez, aunque no tenga hijos, no tengo clones que puedan estudiar varios idiomas, carreras o ejercer varios oficios a la vez, además de hacer deporte, leer, escribir, ver a mi pareja, familia y amigos o desplazarme… Y quiero hacer todo eso, y no puedo, así que tampoco estoy en el culmen cumpliendo todos mis objetivos.

Tengo un lugar donde vivir que no nos da demasiados dolores de cabeza y que empieza a gustarnos, pese a habernos ido lejos de lo que ha sido nuestro hogar durante diez años. Es un buen lugar, una buena casa, aunque experimentamos muchas críticas por la «elección» de vida, como si pudiéramos elegir entre varios lugares de la capital de España en la que la media de pisos de alquiler no baja de 1000 euros al mes, incluso en lugares periféricos.

¿Cómo lo he hecho?

Pues es que no lo he hecho yo… El sistema lo ha hecho por mí.

Porque el sistema capitalista está hundiendo a las familias nucleares de clase trabajadora.

Lo que ha sucedido es, simplemente, que todas esas parejas que conocía y que podían sentirse en un status mayor al tener hijos, han visto desestabilizadas sus expectativas y posibilidades. La economía familiar les ha hundido, han perdido la ilusión, están quemados por su trabajo, por la falta de horas de sueño, por la imposibilidad de pensar en mejorías, por las noticias, la falta de esperanza en el mundo… Muchas de ellas, o esas parejas, obviamente, t»ienen mucho en lo que preocuparse y ya no les sale decir «¿Y tú para cuándo?» porque, claro, ¿por qué iba a querer eso?

No fui más lista por no tener un instinto que, en realidad, no existe, es aprendido y educado a las niñas, pero, desde luego, viendo lo que veo a mi alrededor, siento que he esquivado una bala.

Porque, aunque nos lo imaginábamos, el amor no está sobreviviendo al capitalismo. Y en una época en la que la gente se permite no identificarse con la clase trabajadora para llamarse clase aspiracional, es normal que los modelos se rompan, y que nadie esté a la altura y que todos queramos escapar.

También siento la necesidad de huir, esconderme de todo lo que nos rodea a veces, y de aprovechar el amor de mi pareja y amigos, porque, lo crean los defensores de la familia tradicional o no, ese amor también es incondicional.

Siento que, la mayor de las suertes, ha sido el no hacerme viral, el no perseguir el darme a conocer en las redes sociales.

En dos ocasiones me han escrito y llamado para salir en televisión. Las dos dije que no.

En ambos casos, me parecía menos relevante salir en televisión para ser atacada por unos medios de ultraderecha y predicar en el desierto que cualquier otra cosa que estuviera haciendo.

Para aquellos que buscan la familia tradicional, ignorantes de que las familias tradicionales requerían de una comunidad que no hemos podido sostener a día de hoy, residiendo en espacios aislados, en familias nucleares y con un grado de individualismo preocupantes, soy invisible.

Como si llevara el anillo mágico.

A mis 42 años aquellos que me detestarían y que creen que soy responsable, o las mujeres como yo, de esta caída del capitalismo y patriarcado inevitables, no saben ni que existo.

Y ese es mi auténtico privilegio.

¿O no lo es?

¿O debería caer en el fango?

Os diré lo que voy a hacer a partir de ahora.

Pienso seguir escribiendo por aquí.

Pienso seguir hablando de mujeres que no han tenido hijos para demostraros que se puede, y que siempre ha habido.

Pienso seguir contestando emails y, quizá, me plantee hacer algunas conversaciones grabadas con otras mujeres en nuestra situación. Pienso seguir averiguando e indagando.

Pero voy a mantener el privilegio de no hacerlo bajo las doctrinas capitalistas, no tengo interés ni en monetizarlo ni en conseguir una repercusión que no me interesa.

Y si creamos un poco de comunidad ajena a estas doctrinas capitalistas de las familias nucleares que se hunden a nuestro alrededor, pues mira tú qué bien.

Y si consigo que también a vosotros os lo dejen de preguntar, si encontramos entre todos la clave, será otro éxito.

Así que, aunque os haya preguntado si sigo escribiendo, y me gustaría saber lo que opináis, lo pienso seguir haciendo. Porque no me interesa nada más que tener esta narrativa, y hablaros de que ser una mujer sin hijos no es ese cuento de terror que nos quieren hacer creer.

Estaré encantada si alguien contesta.

Y también de hablar de una mujer sin hijos la próxima semana.

Nos leemos.


2 respuestas a “Mi privilegio: nadie me lo pregunta ya ¿por qué?”

  1. Me gustan tus publicaciones. Mucho ánimo y ¿qué más da que nos conozca poca gente? Ayer 14 de julio publiqué en mi entrada una cita en la que filósofa Marta Tafalla reflexiona sobre la exigencia de maternidad para las mujeres.

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