Tengo un par de amigas con hijos que, recientemente, compartieron una reflexión similar en redes sociales sobre su maternidad. Era una reflexión que planteaban como una verdad absoluta pero que, desde mi punto de vista, sólo podía ser una paradoja.
Os explico, y si queréis y podéis dar más luz al asunto, seguro que a todas nos viene bien.
La reflexión era cómo, en términos generales, al tener un hijo, ya no podías entender tu vida sin él. Como no podías plantearte la vida sin él. Como, pese a que todo fuera mal, ya era una situación que estaba completamente fuera de tu imaginación y cábalas sobre otras vidas.
Quizá definirlo como paradoja, como algo contradictorio en sí mismo, no sea suficiente, porque lo que me rechina de esa afirmación categórica y generalista, es que no es cierta.
Al menos a nivel general.
Si planteamos que ese imaginario no existe, que ese «Y si…» desaparece automáticamente, dejamos de lado todas las vivencias de las madres que no conectan con sus criaturas, aquellas que viven en la más absoluta precariedad y que van continuamente a escenarios mentales imaginarios en los que viven otra vida, o aquellas que, sí, digámoslo, se han arrepentido. Orna Donath no se inventó su libro «Madres arrepentidas», sino que se basó en relatos de no pocas madres que, aunque no querían hacer desaparecer a sus hijos, eran capaces de imaginarse sin ellos y podían incluso fantasear con otros tipos de vidas. Madres cuyo testimonio, hasta ese libro, había sido silenciado.
Y hay muchas cosas que me desmontan esa verdad absoluta. Entre ellas, discursos, precisamente, de madres. Mujeres con criaturas que ponderan sobre todo aquello que estás haciendo mal en tu vida sin hijos. ¿Cómo pueden saberlo si ellas no han elegido esa vida y son incapaces de imaginarse sin ellos?
En muchos casos, la vida childfree tiene que tener ciertas cosas:
Privilegio de clase: si no me puedo permitir irme de escapadas continuamente a lo largo del año, algo estoy haciendo mal con mi SMI. Por cierto, ¿cómo sigo cobrando un SMI? ¿Por qué no tengo un trabajo mejor? ¿Por qué no soy de una clase social alta? ¿Por qué mi clase media, si es que la puedo llamar así, no llega a los niveles aspiracionales de las influencer childfree?
FOMO: No tengo hijos así que tengo que hacerlo TODO. No solo tengo que ir a tomar Gildas continuamente y conocer todos los restaurantes de mi zona, sino que tengo que hacer muchísimas actividades, ir a todas las actividades culturales, hacer todos los deportes, hornear mi propio pan, reformar mi casa con mis propias manos, estudiar dos idiomas, escribir un libro, tener un podcast… Y eso son las cosas que se me han ocurrido a mí que soy un pelín antisistema, imaginaos cuando entran las mentalidades de maternidades neoliberales.
Éxito: Más vale que no tener hijos sea algo que pueda vender en redes sociales y crear envidia entre las madres porque, si no, ¿para qué he hecho el sacrificio?
Pero, claro, alguien que dice que es imposible imaginar una vida sin hijos pero es capaz de imaginar todas las vidas que viven sus amigas sin hijos, puede que tenga difícil entender que no ha sido ningún sacrificio. Que, para algunas, las más afortunadas, ha sido una elección.
Que aunque no hayamos podido ir aún a Japón, no gocemos de privilegio de clase ni seamos la envidia de todos nuestros amigos, nuestra vida, para nosotras, sigue mereciendo la pena ser vivida, y que vamos encontrando nuestro camino.
Con menos referentes y con una narrativa neoliberal en contra de lo que aportamos al mundo. Con muchísimo juicio sobre nuestros hombros. Encontrando la paradoja donde un mensaje de redes sociales te da una verdad absoluta.
Pensaba, honestamente, que nos iríamos encontrando más, que nos comprenderíamos más, pero a veces en redes sociales pienso que nadie quiere leer y escuchar, que todos necesitamos gritar. Que todas necesitamos gritar. Y que estas amigas con hijos solo quieren hacerse valer, hacerse escuchar, destacar. Ni siquiera son conscientes de lo neoliberales que son, de lo sesgado de esa narrativa, o de que no hace falta solo mirarse a sí misma, de lo importante que es mirar al grupo.
Las mujeres están cargando con la maternidad en un 90% en la mayoría de los casos, y sufriendo todas las consecuencias, mientras tienen que seguir dando un 100% en el mercado laboral, y aguantar las presiones sociales y familiares. Por favor, no decidáis con qué cosas pueden o no soñar.
No todo eres tú y tus hijos.
En el mundo también hay madres que no están en el mismo punto que vosotras.
Y hay hasta mujeres que no se cambiarían por vosotras pese a vivir esta maternidad neoliberal con privilegio de clase, de economía y de status. Mujeres que prefieren lo que tienen.
No ponderes ni juzgues.
Un día puedes ser tú a la que sometan a juicio.
Y eso sí que es una verdad absoluta. No hay nada que garantice que a ti no te vaya a pasar nunca, que nunca te vayan a juzgar, que nunca te vayas a arrepentir, que nunca vayas a soñar con vidas ajenas. Por mucho que te creas esa falacia como una verdad absoluta. Nada está fijo.
Vaya paradoja, ¿eh?