«Labour» de Paris Paloma: el comienzo de todo

Era el 24 de marzo de 2023 cuando mi amiga Laia me mandó un link a una canción con el mensaje de: «creo que este tema te va a flipar». No hay nada que me llame más a que una buena amiga me mande un link sobre algo y me diga que le hizo pensar en mí (soy así de ególatra, qué le vamos a hacer).

Creo que ella no ha llegado a saber nunca cómo ese momento dio inicio a todo.

Por lo que estoy viendo, abrí el Instagram del blog el 19 de marzo de 2023. El 28 de marzo escribí un post sobre la canción, cuando ya llevaba cuatro días obsesionada con ella y ya me sabía las letras de comienzo a fin. Aún me la sé. Por suerte, Labour aparece en todas las playlists del trabajo y tiene una presencia más o menos continuada en mi vida, porque creo que no ha habido una canción que explique mejor la condición de la mayoría de las mujeres en la pareja, y como madres y cuidadoras. Pero no solo eso, sino que no ha habido una canción que haya creado más comunidad entre las mujeres que esa.

No entremos aún en el madres o no madres, porque esta canción tiene para todas.

Si hay algo que a todas nos acerca a una idea falsa sobre la maternidad, ha sido, previamente, la falsa idea de la pareja. Creo que habrá pocas mujeres que no recuerden de pequeñas esas preguntas a los 5 años sobre sus novios, sobre si sus muñecos eran sus bebés, o sobre si estaban al cuidado de algo. No nos pasa solo a nosotras, incluso pequeñas a mi alrededor ya han asumido desde el propio juego el rol de la madre. Está instaurado en la sociedad y, en ocasiones, aunque no venga desde tu propia casa, viene desde la casa de un amigo, unos vecinos o unos familiares.

Labour significa «trabajo». Pero Paris Paloma no eligió este título al azar, ya que labour también significa «parto». No eligió «chores» que también tiene esta connotación de las labores domésticas. Y es que la letra de esta canción es pura poesía y merece la pena ir analizándola frase por frase, no solo para que entendamos la canción por completo, sino para que veamos dónde duele, dónde toca, y dónde se convierte en nuestra canción.

Durante muchos años pensé que el click para empezar a escribir el blog fueron unos amigos diciéndome que «ellos tampoco querían tener hijos pero era lo que tocaba», sin embargo, por suerte, me he dado cuenta de que fue esta canción.

Esta canción que reflejaba perfectamente el futuro y presente que estaba ahí en la vida de las madres, en la vida de las mujeres. Esa pretensión constante e invariable de que estábamos al servicio de los hombres, de que debíamos sostener, de que debíamos cuidarlo todo para que él no tenga que mover ni un dedo. Estar a todos los niveles, y también para escuchar.

¿Nunca os habéis planteado qué rol tenéis en vuestras relaciones? ¿Qué se os exige en la pareja o incluso en relaciones de amistad?

Terapeuta, madre, criada, ninfa, virgen, enfermera, apéndice, máquina de bebés 24 horas al día.

¿Quién puede hacer todo eso?

Sin duda, una mujer puede hacer todo eso, es capaz. Ha sido entrenada, tiene recursos.

Eso no significa que quiera hacerlo.

Ni que tenga por qué hacerlo.

Y que, si se ve obligada a hacerlo, quizá se arrepienta.

Quizá quiera escapar.

Y quizá tenga miedo, no sólo por ella, sino por aquellas que vienen. En concreto, en la canción, por el futuro que le espera a su hija.

El otro día Jessica Valenti, de Abortion Everyday, hablaba de cómo ella está criando a una hija adolescente en la actualidad en los Estados Unidos que tiene menos derechos que ella en estos momentos de la historia. ¡E incluso menos derechos de los que tenía su abuela!

En medio de toda esta labor constante e inacabable, las madres son las únicas responsables de intentar que sus hijas no vivan sometidas a la obsesión por el cuerpo y el agradar que vivimos en los 90, o la de vivir sometidas económicamente, como pasaba previamente, aunque sigue pasando ahora. ¿Cómo? ¿Cómo trabajar cuarenta horas semanales, hacer las tareas del hogar sin apenas y división y preparar emocionalmente a una criatura/ adolescente para un mundo en el que apenas ellas pueden aguantar?

Pero, claro, no sólo vale con hacer una canción increíble, crear conexión entre miles de mujeres y acabar siendo telonera de Florence and the Machine. ¿Es que nadie va a pensar en los niños y aquellas mujeres a los que no les pasa lo que a la mujer de la canción?

Podría, simplemente, decir que si no han escrito una canción sobre ti, no lo van a hacer porque tú la reclames (o puede que no salga como querías).

Aquellas mujeres que no se ven superadas por las labores de la maternidad o patriarcado, y vivan ajenas a él, no suele ser porque se lo hayan currado más. En la mayoría de casos, ya sea previamente o por contrato marital, pertenecen a una clase social más acomodada, con cierta libertad e independencia económica, y que han delegado los cuidados y la limpieza a trabajadoras domésticas. No digo que no haya que contratar profesionales, pero no veo que, en las parejas acomodadas, él se plantee los cuidados y ella la carrera profesional en un porcentaje equitativo a la de mujeres que abandonan todo por los cuidados. O que alguien tenga una conversación acerca de subir el sueldo a aquella mujer contratada de asistenta o nanny, de hecho a veces no se las contrata porque «cobran una barbaridad» (esto lo he oído más de una vez).

Como decía Caryl Churchill en Top Girls, no hay una liberación de las mujeres hasta que todas las mujeres disfruten de la libertad, y estamos más que lejos de ello. Las trabajadoras domésticas que son contratadas para hacer todo eso que no quieren (o no pueden) hacer sus empleadores, suelen estar en situaciones precarias, en muchos casos no son dadas de alta en la seguridad social. Por cierto, ese relato sobre cómo ellas no quieren que se las dé de alta, tampoco es en la mayoría de los casos, y puede que se deba a una realidad en la que dicha gestión va a imposibilitar que consiga una segunda labor (mal suelo, escaso, y sin posibilidad de una jornada que combine otra) que le ayude a llegar a fin de mes o que consiga otra labor precaria para intentar llegar a fin de mes. Por supuesto, sin plantearse la posibilidad de cotizar o de tener jubilación. ¿Quiero que las trabajadoras domésticas tengan mejores condiciones laborales? Evidentemente, y si no, las mujeres seguimos cargando con todo el «labour» como indica precisamente la canción. Y si no es a cambio de nada dentro de una pareja y familia, es a cambio de poco en un trabajo precario para una estructura familiar.

Pero no es de eso de lo que va la canción.

Porque la canción rompe esa idea romántica del matrimonio, del compromiso, y ubica a la mujer en un rol de servidumbre cíclico que sólo se puede romper de un modo brusco y desagradable. Y qué feas somos las mujeres cuando nos ponemos bruscas y desagradables, ¿verdad?

Tres años y medio después, esta canción resuena como un himno, y me alegra que haya habido millones de mujeres escuchando esta canción y quedándose con esta idea, con esta rebelión cada vez menos silenciosa que traemos al mundo.

Muchas mujeres descubren esta canción cada día, o están a un minuto de descubrirla.

Muchas mujeres están a un minuto de descubrir que ese happily ever after sólo está reservado a aquellos con el poder social y económico y que, en muchos casos, no quieren soltarlo ni compartirlo.

Estamos descubriendo que podemos romper ese linaje que no nos han contado, y que, incluso, podemos evitarlo.

Y Paris Paloma nos lo cuenta de un modo único e incomparable.

Porque, es así, teniendo en cuenta todo esto: If our love died, would that be a bad thing?

Pensadlo.

Escuchad la canción.

Y pensadlo de nuevo.

Aún me alegro de haber visto el vídeo en aquel momento y haberme decidido a tener este espacio para contaros cosas y que, de vez en cuando, me las contéis a mí.


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