Tu lugar no está aquí, leyendo sobre otras vidas y buscando referentes para enfrentarte a juicios de amigas que no te comprenden o familias que temen tu soledad.
Tu lugar no está en una red social compartiendo contenidos de otros ni haciendo scroll.
Tu lugar está en tu día a día, en todo lo que te moviliza, en todo lo que haces, lo que dices, lo que tocas, lo que sientes.
Tu lugar debe estar fuera de Internet porque aquello que empezó a hacerte daño, ya estaba fuera.
Escribo esto porque, cuanto empecé a escribir este blog, sentía que tenía algo que demostrar, que encontrar, que buscar. Me sentía dolida ante el juicio y la incomprensión, y sobre todo, me sentía sin recursos para hacerle frente. Gracias a documentarme y a escribir, pude hacerlo. He llegado a mucha gente a decirles lo poco que me importa su opinión acerca de que yo no quiera tener hijos.
He hablado con amigas que sentían que las juzgaría por querer tener hijos, y eso ha abierto muchas nuevas conversaciones, muchos prejuicios, muchas realidades.
Mucho empezó con Labour, pero otro tanto empezó con amigas con frases de taza «cuando conoces a la persona adecuada, lo sabes» o «en el fondo todas queremos lo mismo» y, sobre todo, la que no ha dejado nunca de ser mi favorita «yo tampoco quiero, pero es lo que toca», un testamento que, a día de hoy, me está dando más la razón a mí. A nosotras.
Pero si algo me está animando estos días son las palabras de Lucrecia Martell «tenemos que recuperar la calle» y el 26S que surge con una acampada en Sol.
Las redes deben ser el lugar en el que contemos lo que sucede en la calle. Pero la calle es el lugar en el que todo comienza, es el lugar donde está el cuerpo y la vida, y una mujer sin hijos siempre va a querer conocer otras mujeres en su situación, siempre va a necesitar alguien en carne y hueso para no sentirse sola.
Y lo merecéis.
Porque vuestra vida no es online, no debéis vivirla desde el teléfono y necesitáis algo más claro, algo más tangible.
Y si yo no colaboro en esto, os estoy haciendo un flaco favor.
Os pido perdón.
Y lo voy a arreglar.