La insoportable levedad del Excel

Varios días con dolor de estómago.

Y toca viajar, pero no pasa nada, porque has viajado otras veces con dolor de estómago. Y deberías pasarte por la acampada, pero vives a tomar por culo y no paran los dolores, pero no pasa nada, ya irás, ya podrás participar. Lo que cuenta es la intención, aunque sabes que es una mentira y que no estás donde tendrías que estar, porque mientras la gente pone el cuerpo en cambiar las cosas políticamente, yo estoy escribiendo a mi médico para pedirle medicación, me hago pruebas en las que no tengo nada y relleno un Excel del trabajo.

Y tengo mucha suerte porque, a cambio de poder trabajar desde casa y dedicar el día a mi prueba médica y a descansar aquello que sea que tengo en el estómago, que lejos está de ser un bebé y más cerca de un virus/bacteria/bicho inmundo de un alimento al que soy intolerante pero no me enteré que estaba comiendo, a cambio de eso, solo tengo que rellenar un Excel.

Y así paso el día.

Hay pendiente de un decreto de vivienda que puede empezar a suavizar una situación insostenible en términos capitalistas, la gente ha salido a las calles a protestar contra los rentistas. Y estoy rellenando el Excel.

Se habla de revolución, de una huelga general. Y sigues rellenando el Excel.

Te vas a hacer unas pruebas, y no te quitas de la cabeza lo importante que es ahora más que nunca, no dar discursos bonitos, sino poner el cuerpo. Como las palabras están perdiendo significado en valor de los hechos. Como no tiene ninguna importancia lo que digan unos parlamentarios rentistas y ajenos a la realidad en comparación con lo que está llevando a cabo una población que, si es considerada disidente, es porque no se les ha dado ninguna alternativa. Porque la alternativa neoliberal sobre el esfuerzo, se la tendríamos que empezar a meter por algún orificio, porque si tienes esas ventajas, contactos, facilidades, te venían de fábrica. Y si ha sido tu destino, podrías al menos no dedicarte a empeorar la vida de aquellos que han tenido menos gente que tú, aquella gente a la que echas de su casa y aquella que viene de lugares que han sido expoliados y buscan una oportunidad. No hay derecho a estar del lado del que aprovecha sus privilegios para perjudicar a las clases trabajadoras asfixiadas por este mundo.

Pero no debería pensar en todo eso, porque tengo un Excel que rellenar, y porque el dolor de estómago me va a tener en casa toda la tarde. Porque mi cuerpo no quiere ponerse al servicio de nada. Mi cuerpo está mucho más tranquilo rellenando un Excel. Sobre todo un Excel de esos interminables, de los que parecen no acabar nunca, mientras entran otro montón de tareas pequeñas que tampoco puedes dejar para mañana, pero has de acabar ese Excel.

A una revolución de la que tu cuerpo te excluye, sumas una convocatoria que también te excluye. Una de esas negativas, uno de esos momentos en los que alguien te recuerda que quizá no eres tan buena escribiendo, que hay miles de personas como tú y que, con o sin Excels que rellenar, se merecían mucho más estar seleccionados.

Pero sólo quieres acabar el Excel y salir a la calle. O salir a la calle y dejar el Excel. Pero estás en uno de esos momentos de parálisis, en las que todo te abruma tanto que piensas «otro día», como si la revolución te esperara al día que te viniera bien, como si pudieras ubicarlo entre otras actividades.

Y quizá lo haga, quizá consiga ubicarlo entre otras actividades, como sea. Quizá las medicinas hagan efecto.

Quizá consiga salir a la calle y sueñe con el Excel que no acabé.

Y que escriba una obra sobre una mujer que tiene un dolor de estómago tan grande como un bebé, y como teme que se haga humano. Una obra sobre cómo ella no quiere traer bebés a un mundo que sólo consigue explicarse desde el pesimismo más rotundo.

Es mucho más fácil quedarnos y rellenar un Excel.

Por favor, no lo hagamos.


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