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  • «Io Saturnalia» como propósito de año nuevo

    diciembre 20th, 2024

    Me gustaría mucho decir a la gente que no celebro la Navidad, sino la Saturnalia. Que, para completar este personaje de esta bruja moderna de metro y medio, la gente pensara que me abandono a ritos paganos anticapitalistas de lujuria y descontrol mientras grito borracha «Io Saturnalia» como si fuera el mismísimo Dionisios.

    Ojalá.

    Nunca había sido una persona que disfrutara la Navidad, las cenas navideñas o momentos navideños. Podía gustarme tener la oportunidad de coincidir con algunos familiares pero, en general, me daba bastante igual el concepto navideño.

    No me avergüenza reconocer que creo que la Navidad cristiana es mero marketing de la propia religión.

    Habiendo evidencias de que en Roma se celebraba, muy anteriormente, la Saturnalia, que el año nuevo chino tiene otras fechas, el calendario azteca otras y que nunca se ha hecho una sola broma sobre el horóscopo de Jesús y su madre, es curioso que la figura de un niño en un pesebre pueda congregar generación tras generación a gastar y comer por encima de nuestras posibilidades, para celebrar el nacimiento de una ficción, ni siquiera de nuestro propio cumpleaños.

    Como dicen muchos ateos, es una buena ocasión para un día de vacaciones, tener la idea de que hay un nuevo comienzo en la vida y tener discusiones absurdas con miembros de tu familia a los que tienes bloqueados en redes sociales.

    Y, sin embargo, me encantan ciertos ritos navideños.

    Poner el árbol.

    Hornear galletas de jengibre.

    Decorar.

    Los villancicos swing.

    Las maratones de películas navideñas. Todas norteamericanas, que ya he visto más de una y dos veces pero que me sigue gustando ver una vez al año. No me canso nunca de ver «Cuando Harry encontró a Sally» (por cierto, en la peli, ni ellos ni sus amigos tienen hijos, ni los mencionan; vale que son parejas monógamas y establecerán familias, seguramente, conservadoras, no hay evidencias ni datos, QUE CONSTE).

    Además, cuando eres parte de una pareja sin hijos, puedes permitirte hasta las excentricidades de la Saturnalia porque, llegado a un punto, nadie espera nada de ti y, en mi caso, solo esperan que no saque el tema de la liberación de la mujer, ni de la no maternidad, Luigi Mangone, el blog o cualquier cosa semejante que me interese mucho.

    Ya llevaba varias Navidades escapándome con mi pareja pero, este año, las fechas señaladas van a ser momentos navideños.

    Momentos en los que nos congregaremos alrededor de los niños de nuestros familiares y amigos porque son los que más disfrutan de estas fiestas, y porque todos nos uniremos en familias para hacer regalos y tener conversaciones livianas y alegres en las que nadie salga escaldado.

    Y, como leí el otro día a Sabina Urraca, tenemos dos maneras de llevarlo, una como persona que va a vivir esta situación en la que se va a sentir ignorada, invisible o silenciada por ser disidente, querer hablar de algo incómodo o, simplemente, a nadie le interesa nada de lo que tengo que decir, o bien puedo mentalizarme de que voy a asistir en calidad de documentalista.

    En realidad ella sólo habla de ir en calidad de documentalista, pero quiero que podáis comprobar que, si también va a ser un momento en los que vuestra confianza y autoestima puede flaquear, veáis una opción alternativa que puede funcionar muy bien.

    Nunca sabréis si acabaréis escribiendo unas memorias, tendréis un blog o haréis un podcast, así que, podéis dedicaros a tomar notas. Mentales, con el móvil o, si no os da ningún corte y ya vais a lo loco, llevad una libreta y tomad notas mientras vuestro cuñado os dice cómo las mujeres jodemos la vida de los hombres con nuestros pantallazos en Instagram.

    Además, pensad bien en lo que es a nivel de tiempos. Una comida y dos cenas no duran nada. Y además hay epidemias de Covid, gripe, neumonía, gastrointeritis y catarros, siempre podéis iros pronto o fingir una lipotimia.

    Y cuando hayáis abandonado esos espacios incómodos y tóxicos para vosotras, podéis concentraros en una de las cosas más estúpidas que no dejamos de hacer cada año: los propósitos de año nuevo.

    Nuevamente la contradicción: hago una no sólo cada año. La hago cada mes.

    Y además, cada año las elaboro más titánicas e imposibles. Antes de tener el blog, porque me sentía tan insuficiente comparada con las madres que sentía que tenía que compensar mis carencias. Ahora, simplemente por la diversión de ver en la lista cosas que no haré, pero que definen parte de mi carácter. Es un buen ejercício de autoconocimiento.

    Sin embargo, me apetece compartiros una lista. Y, si queréis, podéis compartir la vuestra.

    Me vais a perdonar, pero cada cosa viene con turra.

    • Viajar: MENOS. Tengo ganas de ir a conocer sitios, pero no tengo ganas de coger más de dos vuelos y, si puedo, quiero aprovechar mi ubicación actual para hacer escapadas locales por mis alrededores. Este punto ha cambiado mucho a lo largo de los añs, en los que siempre tenía mucho complejo por haber viajado menos o de un modo más comedido. Por suerte, llegó a mi rescate Azahara Alonso con Gozo y cierto trabajo mediático que apoya el hecho de cómo viajar ahora no abre la mente, cómo es algo capitalista completamente descontrolado y que tiende a perjudicar más los espacios, en vez de beneficiarlos económicamente, tal como cree todo el mundo. Tras varios años en Barcelona, puedo afirmar, que el nivel de turismo es francamente excesivo y no reporta tanto dinero en la ciudad como el que luego necesita en arreglar pavimento y transportes (el centro de Barcelona está continuamente en obras y se ven nubes negras desde el mar, que son los autobuses y taxis que vienen del puerto). ¿Qué propongo? Pues nada, pero puede no fascinarme ya el elemento aspiracional de algo que he visto condenar ciudades y a la clase trabajadora, y no tengo porque avergonzarme de ello, ¿no?
    • Estudiar un idioma: Vale, esto me gustaría mucho pero no sé si sacaré el tiempo necesario para hacerlo bien. Y es que en realidad no es sólo bloquear un rato para hablar con una persona en otro idioma, también está el estudiar, repasar, leer y entender el aprendizaje, y eso requiere tiempo. Ya comencé un curso de inglés para prepararme el C2 nada más mudarme y salió mal. Tengo varias opciones que me gustarían, pero puede que, simplemente, lo diga a varias personas y eso ya genere la ilusión suficiente. O no. O prueblo de nuevo Duolingo, una aplicación adictiva y completamente inútil para aprender nada relevante en relación a un idioma (salvo si eres mi amigo Pau, pero eso es otra historia).
    • Disfrutar las cosas pequeñas. ¿Como las plantas? ¿Darme un baño? ¿Hornear galletas? ¿Hacer listas de cosas que no haré?
    • La PEOR DE TODAS y, por tanto, la que más necesito: hacer más ejercício. Y esto es verdad, y no es como con un idioma, necesito realmente sacar una hora más a la semana para hacer baile, Pilates… algo así.
    • Organizar cosas en el grupo de MEETUP: Con esto YA DEBERÍA PONERME. Creé un grupo de MeetUp nada más mudarme cerca de Madrid (pero no tan cerca) y, salvo un evento en Octubre, no he vuelto a hacer nada. Esto debería ir con exclamaciones y subrayado.
    • Aceptarme más aunque otras personas no lo hagan (esto lo dicen todas las terapeutas con las que haya trabajado en mi vida; y me parece bien intentarlo, aunque sea complicado)
    • Llamar a los amigos que ya no viven cerca y seguir al tanto de sus vidas.
    • Escribir

    Escribir el blog.

    Más.

    Podría poner más cosas, como vestir con colores distintos, o leer la edición de Lord of the Rings que me compré hace dos meses pero creo que ya me lo he puesto suficientemente difícil y todavía no han llegado esas fechas navideñas en las que voy a ejercer de documentalista o detective reuniendo material.

    Empezaremos con las cenas de Navidad entre amigos.

    Y eso es algo que puede ir exactamente igual que con los propósitos de año nuevo…

    ¿Qué puede salir mal?

    En cualquier caso, si pasáis unas malas navidades, si os da todo pereza y no tenéis ganas ni motivación para nada, leed sobre las Saturnalias romanas y recuperad las ganas de vivir.

    IO SATURNALIA.

  • El año de la familia

    diciembre 2nd, 2024

    El 2024 se ha considerado en Rusia que debía darse a conocer como «el año de la familia», propiciando un clima que trajera de nuevo los valores de la familia tradicional y animara a los ciudadanos rusos/ residentes en Rusia a tener más hijos. Pero no solo uno, preferiblemente más de uno.

    Y si no…

    Ahora que me estoy leyendo algunos artículos al respecto, siento decir que no voy a poder llevar a cabo un gran análisis histórico sobre Rusia y la serie de medidas que ha tomado desde que declaró la guerra a Ucrania, o incluso antes.

    No soy historiadora.

    Sin embargo, no hace falta ser historiadora para tener cierto contexto social y apenarse por el hecho de lo que es ahora Rusia y recordar lo que fue antes. Recordar cómo Rusia fue de los primeros países en ser más permisivos con el derecho al aborto y que ahora, llevados por las corrientes conservadoras y neoliberales, consiguen que cada vez se lleven a cabo menos abortos y poner más dificultades para que las mujeres no den hijos a la madre Rusia.

    Deberíamos recordar cómo el derecho al aborto no lo hace fácil, solo legal. No quita la carga que conlleva NI OBLIGA A NADIE A LLEVARLO A CABO.

    Un aborto se puede llevar a cabo en condiciones profundamente peligrosas para las mujeres, y hay casos en los que es ley el hecho de que las mujeres puedan decidir o no seguir adelante con un embarazo teniendo en cuenta el cómo se quedó embarazada, su salud y la del bebé.

    Hay muchos embarazos que se practican porque el bebé no va a poder sobrevivir al embarazo, o que la madre no podría… aunque queda muy claro por la narrativa más machista que este es el menor de los intereses de la sociedad… nótese la ironía y la falta de la misma a la vez. Desafortunadamente hay gente a la que el bienestar de las madres durante el embarazo y la crianza les importa un comino. Y casualmente será gente muy a favor de tener hijos, más hijos, muchos hijos).

    Decir que estamos dando un paso atrás en la libertad sexual y reproductiva de las mujeres me parece decir poco, pero ese no ha sido el motivo del titular sobre Rusia.

    No contentos con controlar que un embarazo siga adelante o no, han decidido que, en tiempos de guerra, de peligrosidad, de inseguridad, y de un absoluto terror para la población causados por ellos mismos, el peligro viene de fuera.

    El peligro no viene de un Gobierno que invade un territorio, o varios, bajo pretextos cuestionables, solo para anexionarse terreno, conseguir dinero y hacerse un hueco en el tremebundo negocio de la guerra, y ya que estamos, quitarse ciudadanos que no le gustan de en medio.

    La Duma y su presidente consideran que el peligro viene de fuera, de lugares en los que se está haciendo propaganda childfree.

    Así que, en vez de preocuparse por su población, por analizar que quizá ellos son el problema por el cual la gente no quiere tener más hijos, han decidido que, obviamente, la mejor opción es el castigo.

    Supongo que lo habéis estado leyendo a lo largo de las semanas, tengáis interés en el tema o no: se ha aprobado una propuesta de ley para multar a toda la gente que promueva contenidos que inciten a la población a no tener hijos.

    Esto fue el 13 de noviembre y fue aprobada POR UNANIMIDAD.

    Sin ser historiadora, el contexto está a un click de wikipedia. La Duma es la cámara baja de la Asamblea General Rusa y ejerce el poder legislativo de acuerdo con la constitución de 1993 (oye, han revisado la Constitución en los últimos 200 años, cuántos quisieran…).

    Se compone de 450 diputados la Duma y, apoyados por el Consejo de la Federación, solo necesitan de la aprobación de su presidente.

    Precisamente, V.P. es el que tiene más interés en que salga adelante esta ley. Ya empezó a salir en medios en España el rumor el 27 de Junio, saliendo las primeras medidas o informaciones de las cámaras alta y baja de la Asamblea General Rusa hacia mediados de Septiembre.

    Aunque fuera una sorpresa, no es una sorpresa.

    Mientras tus amigos y tus cuñados te dicen constantemente que «para qué hablas tanto de esto» o insisten en que nadie tiene ningún problema con que la gente no tenga hijos, hay países en los que esto es un comportamiento digno de multas de hasta 4000 euros y extradiciones del país a los ciudadanos no rusos que promuevan comportamientos nocivos contra los valores de la familia tradicional en redes sociales.

    Y diréis «pero es Rusia».

    Pues os recuerdo que la Rusia soviética fue el primer país en legalizar el aborto en 1920.

    En 1885 el Código Penal ruso lo definía como un «acto premeditado de asesinato» y, a raíz de la Revolución en 1917, en 1920 fue el primer país en legalizarlo.

    Que 104 años después llegue un Gobierno conservador, en guerra, y trate de reprimir a su población y asustarla con medidas económicas y violentas demuestra cosas que ya sabíamos pero que no estaría mal recordar.

    Que los derechos no están seguros en piedra.

    Que las disidencias se castigan.

    Que es importante no mirar hacia otro lado.

    Y sobre este tema en concreto, que da igual que hayas tenido cuatro hijos y fueras el hijo predilecto de V.P. No se trata solo de tu vida y tus circunstancias, ya que es un hecho basado en la casualidad. Si has nacido en un sitio en concreto, practicas una fe, tienes unas creencias y unas circunstancias no son únicamente mérito, la suerte, el entorno y las circunstancias han podido hacer más en tu favor o en tu perjuicio de lo que te gustaría.

    De modo que, igual no te gusta que haya una madrileña/barcelonesa que hable de que no quiere tener hijos porque tú querías tener cuatro, pero piensa que podrías no haber tenido ninguno, que tus circunstancias podrían haber cambiado, que algo con un efecto Dominó podría haber cambiado el camino en el que fue todo… Y que ahora mismo hay montones de mujeres en el mundo que no pueden decidir sobre su destino reproductivo.

    Y la última gota que llena el vaso es Rusia.

    Y no sabes quién imitará estas medidas si se establecen como válidas.

    Si os interesa el tema, solo conozco a Jessica Valenti hablando mucho del tema desde hace tiempo, y estas semanas especialmente preocupada por la llegada de Donald Trump y los republicanos a la Casa Blanca.

    Si tenéis más expertas en el tema, ya sea en leyes reproductivas, abogacía, derechos humanos, que pudieran estar interesadas en el tema o que quisieran hablar con alguien como yo, no dudéis en escribirnos.

    Siempre hemos vivido tiempos inciertos.

    Pero ahora con Internet no podemos ignorarlo.

  • Las amigas

    noviembre 25th, 2024

    Es más importante que nunca tener amigas.

    Y aún es más importante que ese grupo de amigas hagáis cosas juntas, y tengáis cosas que hacer juntas, y proyectos, y ganas de que vengan cosas y las paséis juntas, ya sea un viaje, compartir un meme, ir juntas a clase, tomar un café online a la semana, o en persona, hablar de traumas, de sueños, contaros chistes, enseñaros las letras de una canción o compartir un panel de Pinterest.

    Las amigas son importantes.

    Porque ellas, si las dejas, no solo te dirán la verdad, sino que te intentarán proteger con ella.

    Porque las mujeres somos feroces aunque no nos lo permitan, y defendemos a las nuestras con uñas y dientes. Y si supiéramos de que hay alguien haciendo daño a una amiga, nos perderían las formas y los actos.

    Las buenas amigas haríamos todo lo posible por escucharte y por sacarte de una casa en llamas.

    Lo malo es cuando no las tienes.

    O cuando sientes que no las tienes.

    O cuando alguien, en una relación romántica, te condiciona con las amigas que tienes y te hace creer que no son tan buenas, que te utilizan, potencia sus defectos hasta que, finalmente, te aisla de ellas.

    Y, en muchos casos, las has perdido y te has quedado sola. Y da miedo verte en una situación en la que las amigas no están.

    Creo que hay un momento en la vida, no solo como no madre, sino como mujer, en el que necesitas ese grupo contigo. En el que necesitas, en vez de ser validada por una relación romántica made in Disney, a las amigas.

    Y cuando te falta, no veas si se nota.

    Y no veas lo que sana hablar con una amiga. Lo que sana que alguien te diga que te ve, que te entiende, que sabe que no estás bien, que te acepta, que te quiere, o que simplemente te manda una canción porque le recuerda a ti.

    Nos han creado una narrativa en la que éramos enemigas y el príncipe azul nos salvaría y, en algunos casos, el enemigo era él.

    Desde 2003, ha habido 1285 hombres que se han cobrado como víctimas a aquellas mujeres a las que decían que amaban. Eso sin contar todas las mujeres que viven aisladas, aterrorizadas, solas, temerosas y sintiéndose responsables de esos destinos.

    Hace un tiempo que muchas mujeres trabajan en crear narrativas y en hablar de cómo las amigas las salvan, las cuidan y las acompañan. Mujeres creando cooperativas para envejecer juntas.

    Incluso aunque tengas el mejor de los compañeros de vida, necesitas amigas. Quizá no las veas todos los días, quizá te pase como a mí y ahora mismo estés conociendo gente nueva mientras tienes el corazón roto de lo muchísimo de menos que echas a tus amigas.

    Pero el objetivo debe ser ese. Estar unidas.

    No sé si eso acabará con la violencia machista, pero es que ese debería ser el trabajo de los agresores y aquella gente que vea que necesita educarse y entender que vivimos en una sociedad machista que no entiende la igualdad de una manera sana. Que es educacional. Y que ahora hay padres que quieren volver a encerrar a las mujeres en la cocina.

    Ese trabajo es vuestro. No es nuestro.

    El nuestro es tener a nuestras amigas. Y cuidarlas.

    Y recomponer tu corazón y salir a hacer nuevas amigas. Y llamar a antiguas puertas. A esas amigas a las que hace tanto que no ves, que no llamas, que te caían tan bien…

    A veces, no irá bien. A veces, sí.

    Por eso hay que intentarlo.

    Gracias por leerme.

    Espero que tengas un grupo de amigas a las que puedas escribir un mensaje después de leer esto.

    Y, si no, no te preocupes. Simplemente, empieza a buscarlas.

  • «Un bebé siempre queda bien»

    noviembre 18th, 2024

    No es ni la primera ni la última vez que leerás o escucharás una frase similar. Por supuesto, está sacada fuera de contexto, exagerada, dramatizada y tiene unos tintes profundamente caricaturescos dentro de lo que nos permite la gramática del presente simple.

    La idea, obviamente, es demostrar que algo es absurdo ridiculizándolo un poco. Quizá no estáis muy familiarizadas con ello, con la sátira o la ironía, y no os culpo porque esto es cosa mía. Ya con dieciséis años el sarcasmo y la ironía, aunque nos gustaban mucho en Chandler Bing en Friends, no solían hacernos ninguna gracia en nuestra compañera nerd del colegio y me trajo alguna que otra enemistad.

    Con esto quiero pedir disculpas, o no, o simplemente decir que esto es lo que hay aquí y que podéis dejar de leer en este mismo momento.

    ¿Vale?

    Puedes parar de leer aquí.

    .

    .

    .

    O aquí.

    .

    .

    Pues sigamos.

    El pasado domingo iba en el autobus cuando una familia miraba una fotografía y una mujer dijo «es que la bebé le queda de bien…» a lo que todos asintieron con una afirmación contundente porque, claro, es una afirmación sin fisuras: los bebés siempre quedan bien.

    Supongo que el hecho de que sus padres los hayan limpiado, alimentado, tranquilizado, abrazado, calmado, vuelto a limpiar, hecho dormir, vestido y arreglado no tiene nada que ver. Los bebés siempre quedan bien y siempre son así de bonitos.

    Los bebés siempre huelen «a bebé».

    Estoy encantada de afirmar que, entre mis amigos, ninguno me ha hecho pasar por ese momento tan incómodo que me han contado otras personas. Ese momento en el que te dicen «¿has visto lo bien que huele? HUELE SU CABEZA».

    La cabeza de los bebés tiene un olor dulce que, seguramente, te coloque en un trance mágico.

    Uno de esos trances que hacen que el instinto materno se apodere de tu cuerpo. Ya sabéis, como en «El exorcista».

    Esta idea de que los bebés son elementos favorecedores y preciosistas juega un papel fundamental en el «marketing» que nos vende la maternidad en un paquete con lazo y musiquita adorables, y que nos convencen de que esa es la maternidad: jugar con un Baby Fever que siempre huele bien y que quedará precioso contigo en las fotos.

    ¿Cuántas fotos podéis encontrar en Instagram de madres vestidas igual que sus bebés, bebés con un lazo en la cabeza que te hacen pensar que la fotografía de Annie Leibovitz es realista?

    No soy ajena, y nadie debería serlo, al negocio que supone la publicidad y fotografías de la infancia en redes sociales. Seguro que hay gente que lo hace con todo el amor de su corazón hacia sus peques, y otras personas que aprovechan la coyuntura para llevarse una pasta.

    Fuera de eso, ¿no están todos los padres padeciendo unas jornadas olímpicas sin horas de sueño precisamente para que, cuando su hijo aparezca en sociedad parezca un bebé ideal, tranquilo, bueno, limpio y adorable? ¿O acaso tenéis muchos amigos que hayan sacado fotos de sus bebés al lado de su pañal lleno de excrementos, u otras en las que les han vomitado encima o esas en las que su bebé lleva tres horas llorando y ya no saben si está rojo o morado, si ya es agobio, un ataque o se va a quedar siempre así como una berenjena?

    Esas personas que asumen, no solo las del otro día, todos, que los bebés son accesorios que quedan bien, que siempre son así de bonitos, como si fueran un bolso, dejan a un lado toda la vivencia de la maternidad, con todo su sacrificio y precariedad, por una visión romántica y preciosista que apoya ese único mensaje con el que se sigue intentando educar a la población: Todas las mujeres quieren ser madres.

    Habría que ver las caras de la gente cuando los padres enviaran las fotografías de sus hijos rodeados de vómito, la basura llena de pañales, los estractos bancarios de su recién iniciada vida parental, los análisis de sus relojes inteligentes que ya piensan que los padres no duermen porque son vampiros… Me gustaría ver si el mensaje se mantiene o si, tal como creo, la gente realmente se lanzaría a la maternidad porque ven más allá del bebé.

    Porque la maternidad incluye la etapa del bebé. Una etapa en la que un bebé crece y florece como ser humano, a costa de muchísima salud mental y física de su madre (algunos padres también os estáis implicando, pero sabéis quienes estáis dando el 100% en la medida de lo posible y quienes no) y se convierte en una persona.

    El bebé da paso a una persona.

    Una persona a la que no puedes ya etiquetar como algo que queda bien en una foto.

    Una persona a la que no cosificas por su olor o la ternura que despierta.

    Pero un bebé, por monísimos que sean, por sanos, rosados y cuidados que sean, componen una etapa mínima en la vida de una persona.

    Te dicen que hay que darlo todo ahí pero, ¿no hay que darlo todo en todas las etapas de su vida? ¿O sólo cuando queda bien, es bonito y le huele la cabeza a Nenuco?

    ¿Qué pensáis?

    Gracias por haber leído hasta ahí. Y si de repente has recordado todas las veces que alguien te ha pedido que huelas la cabeza de su recién nacido, no te preocupes, está normalizado y todos lo haríamos por salir del paso. Y si no hueles a nada, no te metas en líos y di que sí.

    Total, nadie te creería.

  • Lectura de terror: 1 de noviembre

    noviembre 2nd, 2024

    Hoy es 2 de noviembre de 2025 y estoy consiguiendo ver por primera vez una serie de terror.

    Dado que soy tremendamente aprensiva, cada vez que empiezo con una película, serie o lectura, tengo muchas pesadillas.

    Hay una parte muy interesante de la estética del terror, de Halloween, del trauma y lo oscuro que puede resultar muy atrayente, pero, una vez más, es un terreno que no deja alejadas a las mujeres.

    No es normal que las mujeres sintamos interés por el terror.

    No es normal que trabajemos el género, que germinemos la semilla.

    Lo normal es que las mujeres huyamos del terror, seamos víctimas y vivamos aterrorizadas ante las posibles catástrofes que suceden.

    Se está demostrando en los últimos años que las mujeres están más que capacitadas para trabajar el género y que, quizá, ese costumbrismo al que les han llevado las labores del hogar, las ha llevado a que el terror pueda ser aún más inevitable y terrorífico, porque salga directamente de tus peores pesadillas y tus rincones más cercanos.

    Julia Ducournau ganó una palma de Oro en Cannes en 2021 con Titane. Alice Lowe, Ana Lily Amirpour, Anna Biller, Jennifer Kent, Karyn Kusama, Jacqueline Castel, Leigh Janiak o Coralie Fargeat son algunos nombres de creadoras del género a las que seguir la pista.

    ¿Tienen hijos? ¿Son nomo?

    De muchas no viene esa información en Internet.

    Al igual que con las escritoras. No tengo ni idea de si Zin E. Rocklyn, Justina Ireland o Rachel Harrison tienen hijos.

    Sin embargo de las creadoras más clásicas, sí que lo podemos saber.

    Por ejemplo, Mary Shelley, autora de Frankenstein tuvo un hijo a quien llamó Percey, como su padre.

    Y Shirley Jackson tuvo cuatro.

    Anne Rice tuvo dos y Stephanie Meyer tres.

    Sin embargo, siempre puedes encontrar alguna autora sin hijos. Siempre hay en la estadística una mujer que quizá no pudo, quizá no quiso, pero en definitiva trabajó en su labor artística y no en su labor maternal.

    En esta situación encontré a dos autoras clásicas:

    Sophia Lee

    Ann Radcliffe

    Sophia Lee fue dramaturga y escritora, comenzando su carrera artística joven ya que su padre era un famoso actor de teatro, cosa que igual le abrió las puertas para escribir textos dramáticos, quizá no le hizo interesarse por labores más domésticas.

    Por otro lado, Ann Radcliffe prueba perfectamente mi punto.

    Escribiendo una novela The Castles of Athlin and Dunbayne  que era de estilo gótico y de terror a finales del siglo XVIII, no despertó ningún interés entre los lectores.

    No solo ahora el terror no es cosa de chicas (de hecho en continuas ocasiones se menosprecia a Mary Shelley en grandes tertulias varoniles, y eso que ningún otro escribió Frankenstein).

    Sin embargo, cuando comenzó a trabajar en la novela histórica, ahí inició una carrera mucho más aceptada e interesante de cara a los lectores, siendo parodiada incluso por Jane Austen.

    Pero en cuanto al terror, nada.

    Yo intenté escribir terror.

    Escribí mi primer libro, El perro de ojos amarillos, en una edición bilingüe, como una historia de terror ilustrada por mi amiga Carmen Gonzalo, pintora y diseñadora gráfica.

    Y no…

    Pero que yo no fuera capaz, no significa que en la noche de Halloween todos los contenidos, libros, películas, sueños, vengan de una mente masculina y nosotras seamos las víctimas de sus fantasías más ocultas.

    Nosotras también podemos crearlas.

    Y debemos.

    Tengamos o no hijos.

    Porque necesitamos a la próxima Shirley Jackson.

    Alguien que demuestre que La maldición de Hill House no fue una excepción. Y que las pesadillas son mucho más que payasos y asesinos con máscaras.

    Las pesadillas pueden estar entre tus vecinos.

    Y en tu casa.

    Y en tu gobierno. O tu empresa. O tu jefe.

    Y vamos a contarlo.

    Con el lenguaje que no nos atribuyen porque también nos pertenece.

  • Eco-ansiedad

    octubre 30th, 2024

    Nunca es buena idea mirar las redes sociales para comenzar el día.

    Nunca.

    Nunca pondrán algo que te haga remotamente feliz. Y el algoritmo hará todo lo posible para mantenerte alejado, frustrado, impotente pero informado. Informado de las opiniones de José Luises del mundo.

    Pero ojalá hubiera empezado enfadándome con un José Luis, porque en realidad, me he enfadado con un Carlos, y luego con un José Luis, y luego con todos los José Luises, Ayusos, Elons, Trumps del mundo que niegan el cambio climático porque no les da el dinero.

    Pero no me he enfadado tanto como me he entristecido.

    Y ha comenzado un episodio del que he leído en numerosas ocasiones al hablar de no maternidad y encontrarme con puntos de vista antinatalistas. Uno de los puntos sobre el que más he leído es el de la ansiedad climática. La pregunta de:

    ¿Cómo voy a traer a una persona a este mundo?

    A un mundo en el que tenemos una serie nueva en Netflix cada semana, en el que podemos comprar cualquier cosa y que nos la lleven a la puerta de nuestra casa, en la que, online, encontraremos casi cualquier punto de vista que nos de la razón.

    Pero en ese mundo, pasan cosas como las que anoche pasaron en Valencia.

    Y, me avergüenza reconocerlo, pero leer todos esos tweets de gente atrapada en sus coches, gente que no conseguía abrir sus garajes, gente que pudo salvar a una persona y no a dos… Eso me ha generado eco-ansiedad.

    La eco-ansiedad se explica con mucha facilidad, ya que a día de hoy, todos tenemos un master en ansiedad que justifica pésimas condiciones laborales, familiares, sociales y económicas mientras fingimos que todo va bien, la eco-ansiedad tiene los mismos síntomas que tienes con la ansiedad, pero planteándote las catástrofes medioambientales que causa el cambio climático. Eso que nadie reconoce como propio hasta que pasa en un lugar a menos de 600 kilómetros.

    Y sí, no soy mejor que nadie, y aunque me dio pena lo que sucedió con los tornados y terremotos en Estados Unidos, los tsunamis que suceden, las tormentas e inundaciones que asolaron Argelia y Marruecos hace menos de un mes, lo de esta mañana me ha generado esos síntomas de malestar y tristeza profundos que no me llevan a mucho más que pasar un mal día, estar desanimada, cagarme en todo, e intentar evadirme.

    Pero hay gente en cada rincón del mundo que no está pudiendo evadirse, sino todo lo contrario. Gente que no puede evadir la soledad, frustración y tristeza de saber que el mundo se calienta, que es imparable a día de hoy tragedias como las DANAS, y ser conscientes de que esos partidos a los que votamos no tienen ningún interés ni asumen ninguna responsabilidad ante las tragedias que se viven.

    En días como estos, el hecho de no tener hijos me supone un enorme alivio. Y lo siento por toda la gente que está viviendo semejante tragedia con una familia a la que dar apoyo. Y toda la gente que se está dando cuenta de que un día pueden ser ellos y su familia las que escriban un tweet porque nadie del 112 les contesta y están encerrados en un coche en medio de una riada.

    ¿Sabéis que, sucedido esto, el gobierno valenciano no ha anunciado aún que vaya a a reponer el servicio de emergencias que desmanteló en Noviembre del 2023?

    Y me pregunto, ¿se estarán planteando los gobiernos que también hayan desmantelado los servicios de emergencias, al ver que la crisis climática es una realidad tan atroz, restablecerlos? Aunque solo sea por quedar bien ya que están demostrando que el bienestar de sus ciudadanos no les importa.

    Yo creo que no.

    Y es una lástima sentir que no hay nadie velando por ti. Que no están los Watchmen, ni Superman, ni Batman ni los cazafantasmas. Solo una panda de neoliberales que llevan años ignorando el problema climático y que ahora ni siquiera afrontarán las consecuencias ni pagarán por ellas, que eso ya lo hacen los ciudadanos en su día a día y en una tragedia que no han provocado, de la que no son responsables pero sí víctimas.

    Dicen que se podía haber evitado.

    Gente como ExRebellion, Greta Thunberg, Lethal Crystals o Tori Tsui llevan años hablando de las tragedias por la inversión de las empresas en combustibles fósiles y la necesidad de frenar las consecuencias devastadoras del cambio climático.

    Llevan años siendo ignoradas.

    Cualquier persona que sufre eco-ansiedad también sufre el ser ignorada, ridiculizada y es motivo de burlas, y apenas encuentra espacios con su comunidad (generalmente online) en los que expresar el desaliento y plantear soluciones.

    Porque hace unos años solo planteábamos un mejor consumo, unas energías que no fueran tan devastadoras para la naturaleza, proteger trabajadores explotados por macroempresas, no lanzar vertidos en los mares…

    Y a día de hoy, se sigue pidiendo eso y se hace más claro que no hay Gobierno ni empresa que saque rédito de ello.

    Y dirás, a qué viene esto. ¿No hablabas de la no maternidad?

    Pues el hecho de que no sea madre, tiene mucho que ver. Porque sí, quizá no sea antinatalista como Flaubert, pero no me veo trayendo niños a un lugar tan lleno de desesperanza en el que una persona pide una pizza en la peor noche de una DANA en Valencia.

    Y porque la mayor parte de José Luises que odian a las mujeres que no quieren tener hijos, no creen en el cambio climático.

    Y se ha visto clarísimo hoy gracias al tweet de Alan Barroso, en el que mostraba como sólo El País y El Diario tenían la tragedia de Valencia en su portada. A La Razón y El Mundo les ha parecido mucho más importante investigar a la mujer de Sánchez.

    Es mucho más importante difamar a un bloque de izquierda cuqui (porque no nos engañemos con el PSOE, que de izquierda ya no nos está quedando nadie) que dar cobertura y apoyo a todos los habitantes de Valencia que están pasando por una situación así de dramática, precisamente por decisiones políticas y capitalistas de su Comunidad.

    Te diré una cosa, José Luis, si lees esto. El cambio climático es una realidad que te pasará por encima, a ti y a todos, y a tu mujer e hijos, y a todas las mujeres que no hayan querido tener tus hijos.

    Y todos los que un día están decidiendo que el cambio climático no existe y que tenemos que volver a la Reconquista, espero que os llegue el tifus, la peste y la disentería.

    Por cierto, como no quiero solamente generar un bajón con esta sensación y tristeza abrumadoras que tengo hoy, os recomiendo que leáis It’s not only you de Tori Tsui, un libro que habla precisamente sobre la eco-ansiedad y que, espero, me sirva un poco de guía para ver qué hago en este mundo en el que nadie va al volante.

  • EL DÍA DE LAS ESCRITORAS (SIN HIJOS): Parte 1

    octubre 14th, 2024

    Siempre que llega el día de las escritoras me pilla desprevenida. Por un lado porque coincide con el cumpleaños de mi pareja y por otro, por esa cosa triste del pudor que siento al considerarme, o no, escritora.

    Pero hoy no voy a hablar de eso, por suerte, porque creo que hay que aprovechar este día para ensalzar a esas escritoras que no tuvieron hijos y que dedicaron (y dedican su vida) a la escritura de sus historias y a ganar el nombre que siempre se ha dado a los hombres y que las mujeres han tenido que pelear por lograr.

    Esta frase me haría pensar en las primeras tres escritoras de la lista: Charlotte, Emily y Anne Brontë.

    Obviamente, al haber muerto tan pronto de tuberculosis tanto Emily como Anne, siempre habrá mucha teoría (masculina) sobre si llegaron o no a pensar en tener pareja, hijos y familia.

    Teorías y machismos aparte, estas tres hermanas pasaron a la historia de la literatura con sus obras y gracias a publicar con los pseudónimos de los hermanos Bell, los cuales me siguen fascinando como juego, acuerdo de honor y manifiesto de hermanas, siendo Currer Bell (Charlotte), Ellis Bell (Emily) y Acton Bell (Anne).

    Hay montones de estudiantes de literatura que saben muchísimo más que yo sobre la obra y vida de estas tres hermanas, sus conflictos, sus intereses creativos y el hecho de que no tuvieran una dote demasiado interesante para que su padre pudiera casarlas. Como con casi toda la Regency y tiempos previos a las sufragistas, revisitamos hipotéticamente las vidas de las tres y les damos paradigmas y desenlaces para acercarnos a ellas.

    Y, desafortunadamente para los académicos machistas de la actualidad que no soportan ensalzar figuras femeninas en la literatura, tanto Jane Eyre como Cumbres borrascosas y La inquilina de Wildfeld Hall han pasado a la historia y no se han podido hacer bajar de las alturas de la academia. Os recomiendo, no solo leer las tres (aunque yo tenga mis reservas hacia la toxicidad de algunos romances de las dos primeras) sino, si tenéis ocasión, ver en el National Theatre la obra Underdog, que habla sobre la relación de las tres hermanas, especialmente el conflicto por el éxito que «hubo» entre Charlotte y Anne. Lo pongo entre comillas no porque no lo crea, sino porque no lo sé, y porque no sé si hay cartas, evidencias o datos que atestigüen que Charlotte se aprovechó de notas de Agnes Grey en su beneficio para crear Jane Eyre y, sobre todo, publicarla antes…

    Pero no quiero, de repente, romper el clan Bell, pero me gusta pensar que eran seres creativos que coexistían, que se inspiraban unas a otras y que su vida podía ser la pluma…

    Igual que pasaba con Jane Austen.

    Aquí el retrato estereotípico de Jane Austen y una foto de mi estantería con el libro de Lucy Worsley, Jane Austen at Home, que me fue tremendamente útil hace un año, al escribir la entrada sobre la autora.

    Como ya he hablado mucho de ella, me he hecho todos los tests de Buzzfeed para saber qué personaje de sus novelas soy (estoy entre Marianne de Sentido y sensibilidad, Lizzie y Emma Woodhouse) y creo que todos la vamos a tener hasta en la sopa ya que van a adaptar OTRA VEZ Orgullo y prejuicio para OTRA SERIE, paso a nuestra siguiente autora sin hijos.

    Emily Dickinson

    Nuevamente, hay muchos más filólogos ingleses y estudiosos que saben más de la poeta que yo (dadme tiempo porque sueño con estudiar filología inglesa algún día), y todas sabemos sobre la ambivalencia de su personalidad (huraña y prácticamente agorafóbica, a una persona muy sociable con una interminable correspondencia con sus amigos) hay dos cosas que quiero destacar por encima de su persona.

    Para empezar, el estudio de la ciencia y las plantas que, en su época, la convirtió en una de las primeras autoras que cuestionaban la fe y que, pese a su entorno y compañías, se negaba a disimular su faceta agnóstica o atea ya que, consideraba, era peor engañar a los demás. Una poeta que aprovechó esto para escribir sobre los elementos, las plantas y sus cualidades.

    Y para continuar, el hecho de que, durante su vida, haya teorías contradictorias sobre si quería publicar o no, y lo poco que publicó en vida, pero como, convirtió a su grupo de amigos en sus lectores. Parecía darle mucha más importancia a que sus amigos la conocieran de verdad y que fueron ellos quienes pudieran disfrutar de su poesía por encima de los editores. La idea de una escritora de comunidad, atea y que nunca nadie tuvo claro el punto intermedio entre sus amistades y sus encierros… Me fascina.

    ¿Estamos además, a día de hoy, más cerca de ser una Dickinson que nunca? Os lo pregunto antes de pasar a la siguiente autora, aquella de la que siempre se habla, aquella que nos hizo plantearnos el género antes que nadie, aquella que habló de comprar nuestras propias flores como gesto feminista y que nos hizo darnos cuenta de la importancia de un cuarto propio.

    ¿Es necesario citar a Virginia Woolf en un listado como este?

    No lo sé. Sólo sé que no he sido capaz de dejarla fuera.

    En una ocasión estuve unos días ingresada en el hospital. Había tenido un susto muy grande y pasé días completamente drogada en lo que, me parecía, era una nave espacial. Y conforme pasó el miedo, fueron viniendo las amigas de visita. Y me regalaron Una habitación propia de Virginia Woolf.

    Este libro, que se ha considerado desde un clásico hasta un imprescindible, pasando por un sobrevalorado e incluso un libro menor en comparación con otros libros de la autora, tuvo un significado muy especial para mí, ya que, la autora me estaba contando el lugar al que yo iría, la habitación que me esperaba tras aquella habitación de hospital en la que me había salvado. Había un futuro, un después.

    Y siempre agradeceré que llegara ese libro para decirme que había algo más que el miedo y la tragedia.

    Y a día de hoy, en mi cuarto propio en el que tengo la fortuna de escribir, al que voy dando forma desde hace poco, Virginia se convierte en la autora que estuvo ahí cuando pude volver a empezar, y agradezco que estuviera dedicada a escribir y a traer estos libros para nosotras, en lugar de estar haciendo cualquier otra cosa.

    Y creo que es de recibo que, por lo que significó para mí, acabe con ella hoy.

    Y que siga mañana con más escritoras sin hijos.

    No tengo claro cuántas partes tendrá esta entrada pero ha sido divertido escribirla que, espero, sean muchas.

    Gracias por leerme.

    Y si conoces a alguna escritora sin hijos que me quieras descubrir, escríbeme por favor.

  • No quiero tener hijos está claro, pero tampoco quiero ir a cenar tataki

    septiembre 10th, 2024

    Mi mudanza está durando eternamente y me está trayendo menos alegrías de las que hubiera esperado.

    Para empezar porque, en una época en la que todo el mundo vive con un FOMO y prisas descontroladas, mi marido y yo hemos tenido que desarrollar paciencia y espera. Mucha espera.

    Y ya que nadie me lo dijo a mí, os lo digo yo: no os mudeis en verano.

    Pensaréis, como yo, que es buena idea, que en vacaciones es más fácil pero si, en un proceso tan catártico como una mudanza, has de depender de empresas de mudanza y alquiler de coches, no importa el dinero que pagues o lo que te digan, tardarán lo que decidan y, de repente, hasta el verano es una excusa. El verano tiene la culpa, y tú también por hacerlo en verano. Shame on you una vez más.

    Demasiadas sorpresas.

    Y descubrimientos.

    Estoy descubriendo más cosas de las que quisiera.


    Estoy descubriendo que puedo escribir en un autobús interurbano.

    Y que puedo prestar atención a un podcast.

    Y dormir.

    Y que estoy muy mal acostumbrada a estar en todas partes a la vez.

    Y que ya no quiero estar en todas partes a la vez.

    Estoy descubriendo el pudor de volver a estar en mi lugar de origen con todo lo que he cambiado. Como si hubiera estado jugando a ser otra persona durante diez años, como si ahora hubiera dos personas dentro de mí que necesitan coexistir para no destruirse.

    Hace unos años escribí una obra en la que un personaje decía «todo está a un paso de su propia destrucción». Casualmente, o no, también estaba haciendo una mudanza, mi segunda mudanza en Barcelona, una que anunciaba ser bastante definitiva y que me alejaría de las cosas que yo quería entonces.

    Esta mudanza me ha pillado igual, poco preparada y con el corazón que está conmigo pero no deja de apuntar hacia el mar y los amigos.

    Pero también estoy descubriendo que aquellos amigos hacia los que apunta el corazón también están a la distancia de un WhatsApp, que entienden mi tristeza tras los GIFs, que siguen ahí, que aún están.

    Y que gracias a ellos también encontré mi lugar en el mundo como amiga, como no madre, como dramaturga y compañera. Y que la nostalgia, la tristeza y la ilusión conviven, aunque parezca imposible.

    Y claro, caemos en el tema de siempre.

    Pero desde la compasión.

    He descubierto que suscito mucha compasión.

    Hay ciertos elementos tristes y vulnerables no sólo en mí, en todas. Siempre fue así, pero el capitalismo los ha acentuado. Antes podía intervenir lo sentimental. Ahora interviene la clase.

    Y qué mal.

    Qué mal por… Todo.

    Si vivo en Barcelona porque no vivo en Madrid.

    Si vivo en un pueblo porque estoy lejos.

    Si escribo teatro porque poco se gana con el teatro.

    Si no tengo hijos porque me faltan.

    Y seguramente haya mucho de mi propia inseguridad pero también la de todos aquellos lanzando sus inseguridades como una metralleta y la de todos aquellos que estamos avergonzados por nuestra propia falta de interés o de vínculo con sus aspiraciones.

    Y es que a veces es difícil, y en muchos aspectos. He conseguido que todo mi entorno respete y entienda que no quiero tener hijos, pero no que no me gusta ir a restaurantes pijos a comer tataki o que si voy al cine o un concierto no es por la «experiencia» fomistica sino porque me gusta la película o el grupo.

    Supongo que como no está bien visto decir que no tengo interés en ser madre y nunca lo estuvo, no estoy acostumbrada a opinar buscando un «¿A qué sí?».

    Pero lo voy a cambiar.

    Ya que he cambiado en tantas cosas, que sirva de algo.

    Así que no me llevéis a cenar tataki porque es un plato completamente sobrevalorado, ¿A qué sí?

  • Cuando me di cuenta de que mis guiones siempre habían sido «childfree»

    agosto 9th, 2024

    Ese momento ha sido ahora.

    Hace unos escasos segundos me he dado cuenta de que sí, de que siempre lo supe y que lo contaba en las historias que escribía.

    El inconsciente no me ha llevado a la infancia, al momento en el que empezaba a escribir poemas o relatos cortos, aunque algún día debería abrir ese melón, pero hoy donde me ha llevado, ha sido a las clases de guión cinematográfico en la Escuela de Cine de Madrid, un lugar en el que pasé todas mis mañanas durante tres años, convencida de que, algún día, escribiría películas o series.

    Mucho antes de este momento de hoy, que no llamaremos revelación, o sí, pero puede que no lo sea, pero mucho antes, supe que no sería guionista, aunque no quise darme cuenta. Creo que lo tuve claro al comenzar tercero, cuando dije, sin ningún tapujo, que tenía dudas sobre dedicarme al guión. El profesor agradeció mi sinceridad y muchos compañeros también, menos competencia.

    Sin embargo, ese mismo año escribí «El humo de Paula», mi proyecto de tercero de guión, de fin de carrera, el final a mis estudios como guionista, un largometraje que, algún día, llevaría a algún sitio… De hecho, muchos años después me encontré con el mismo profesor a la salida del cine de Moonlight Kingdom y me preguntó qué fue de ese guión. Me avergonzó decirle que no llegó a ningún sitio y que había estado intentando dirigir cortos, trabajar en rodajes, y que no llegaba ninguna oportunidad de guionista, así que creo que le mentí, le di las gracias, le dije que haría algo y simplemente me fui.

    «El humo de Paula» no trataba de una mujer que no quería tener hijos, sino de una mujer que vivía su vida y tenía una trama entera sin tocar el tema en absoluto.

    Basada en ciertas historias de mi familia, Paula vivía con su madre porque era muy mayor y había vivido mucha precariedad laboral y no se había podido permitir vivir sola. Tenía una relación con un músico, se querían mucho, pero no querían «nada serio» o habían decidido, simplemente, no vivir juntos… Eso tampoco importa mucho.

    El caso es que el detonante es la llegada de un cáncer y de su sobrina, que se ha ido de la casa de su hermano en el pueblo para buscar trabajo en la ciudad y que su tía la ayude.

    La tía la ayuda, ve en ella a una Paula joven, ambiciosa, apasionada por la música, con ganas y entereza para ser cantante, y con cierta fascinación con los hombres más mayores como SU NOVIO, quién, claro, está bastante expuesto a tener un desliz con la SOBRINA DE SU PAREJA que, además, ya es MÁS MAYOR, MENOS ATRACTIVA y, total, lo debe entender y cuando puede, también tiene otro flirteo con otro conocido (lo escribí con 25 años en el 2009, que nadie me juzgue con demasiada dureza).

    La historia de Eva al desnudo, pero en música, en los inicios de los 2000 y con conflictos familiares y denunciando los serios problemas de salud de una mujer sin hijos a la que, prácticamente, dan por perdida porque, ¿para qué? Más allá de que cuide de su madre, el mundo puede seguir adelante sin ella, ¿no?

    Pese a todo, y aunque hay cosas que a día de hoy no admitiría ni de lejos (NO A ENAMORARSE DE SEÑOROS ROCKEROS, POR FAVOR, Y SI SON PRÁCTICAMENTE TUS TÍOS, pero ¿en qué puñetas estaba pensando? ¿Qué clase de notas estaba cogiendo en esas clases por las que pagué un dineral?), me sigue gustando mucho pensar que pude escribir un largometraje entero en el que esa mujer, como en Qué bello es vivir, aunque siente que no tiene un lugar en el mundo, ve a través de los demás, cómo es necesaria e imprescindible, y aporta algo. No necesita ser demasiado trabajadora, o la cuidadora abnegada de su madre o por ser un referente para su sobrina (la cual es una némesis de la que me arrepiento y que refleja mis propias inseguridades hacia compararme con otras mujeres), sino por su propia existencia.

    Es hija, amiga, trabajadora, familiar. Y todo eso la hacía única. Y aguantaba una trama entera. Y pude contar mucha desesperanza hacia las mujeres y la enfermedad.

    Y lo hice porque, aunque tampoco me diera mucha cuenta, tenía muchos referentes de mujeres sin hijos a mi alrededor, más de los que me daba cuenta.

    Y gracias a ellas, salió el personaje de Paula.

    No sé dónde puede existir una copia de esta historia, creo que se ha perdido entre las mudanzas, y entre los pedazos y huecos de la vida misma. No creo que se recupere ni que vuelva, pero me gustaría reescribir su final y darle uno muchísimo más esperanzador.

    Darle el final que tanta gente no quiere darle, uno en el que le dan buenas noticias, y en el que mantiene esta relación que le hace feliz y en la que las convenciones no acaban de pasar filtros morales pero, ¿a ti qué te importa? y en el que su sobrina no es su némesis, solo lo parecía porque ambas estaban perdidas, pero se encuentran y celebran las buenas noticias.

    Un final en el que las tres generaciones pudieran unirse y celebrar la no linealidad de las familias, las uniones, y sus vidas, con y sin pretensiones, con y sin triunfos concretos.

    Porque el triunfo y el final feliz eran esas tres mujeres tomando el sol en una terraza. Ahora lo tengo claro.

    Pensar en ello, recordar esta historia, me ha llevado a recordar las otras, sobre las que comentaré algo en próximas entradas.

    Y sí.

    Eran historias de mujeres en las que la maternidad no tenía ningún rol.

    Eran historias escritas desde el 2006 hasta el 2018, una época en la que, estoy convencida, no había una intención tan clara por parte de la ultraderecha en volver al conservadurismo más rancio, y en el que había una menor presión a las mujeres para hacerlo TODO, tener hijos, tener carrera y ser perfectas.

    Tendré que seguir pensando en ello.

    Qué suerte ese día en el que estaba haciendo ejercicio e hice un parón para seguir leyendo Harpy de Caroline Magennis, y el capítulo cuatro me hiciera recordar ese guión, y todos los demás.

    Qué suerte tener el hueco de ponerme a escribir esto.

    Qué suerte que sea ahora mismo.

    Qué suerte que alguien pueda leerlo y, quizá, le venga bien saber que hay más gente cuya vida no gira alrededor de la maternidad.

  • Locas de los gatos, ¿por qué no?

    julio 27th, 2024

    Yo también lo pienso. ¿Por qué debería interesarme por las elecciones de un país en un continente distinto?

    ¿Por qué me tendría que importar lo más mínimo que Kamala Harris saliera elegida presidenta?

    ¿O por qué debería importarme que se le haga una campaña de desprestigio a una contrincante de Trump, basada en que no haya tenido hijos?

    Lo cierto es que, al principio, no quise darle ninguna importancia. Pero la tiene.

    La tiene porque es realmente vergonzoso ver la cantidad de dinero, esfuerzo y recursos que hay en desprestigiar a las mujeres tocando el tema de la maternidad. Lo fácil que es para los republicanos convencer a una sociedad, más allá de la norteamericana, de que no nos debemos fiar de las mujeres sin hijos.

    Y ¿por qué no puede ser presidenta Kamala Harris?

    Mi reflexión personal y poco profesional en política: PUEDE.

    Otra reflexión es si se lo permitirán.

    Precisamente, gran parte de las políticas influyentes en Europa no tienen hijos, pero es cierto que Europa a los estadounidenses les parece que es un lugar para intelectuales comunistas o nómadas digitales de vacaciones en Mallorca, así que, ¿por qué iban a ser una referente? ¿Por qué Merkel iba a servir de referente?

    No son los primeros en utilizar el tema de no tener hijos como medida para desprestigiar un candidato político. Habría que recordarles que fue el lema de Le Pen para sacar a Macron de la campaña política hace años, ya que solo era padrastro de los hijos de su mujer, Brigitte, 24 años mayor que él.

    Y es que cualquier relación que se salga de los patrones clásicos, será juzgada desde el inconsciente y, con la inversión adecuada, pasará de ser inusual, a peligroso.

    Harris es mostrada y representada por sus contrincantes como un peligro. Igual que lo sería Ocasio-Cortez. Igual que Merkel.

    Deberíamos recordarles que Le Pen perdió (también Macron es un hombre, que siempre va a ser menos revisado por no haber tenido hijos que una mujer) pero, aparte, que Margaret Thatcher tuvo hijos.

    O que no es garantía de nada.

    Sin embargo, en Europa no nos parecemos en nada a Estados Unidos en ese sentido, pero podríamos volver a parecernos. El progreso está desprotegido por las fake news, lobbies y ultras conservadores que no quieren pensar en lo plural que puede llegar a ser el mundo, pero ya en Europa hace años salió un artículo hablando de como en Europa un líder político sin hijos ya no era un símbolo al que desprestigiar.

    ¿Conseguirán hacerlo en Estados Unidos?

    No quiero ser ingenua. No parece sencillo.

    Kamala Harris tiene que pelear contra toda la mediática republicana que han aprovechado la incapacidad de Biden para lanzar al atril, nuevamente, a una persona cuyo carisma me resulta completamente ajeno, pero que atrae a muchos votantes en Estados Unidos. Gente que le admira y justifica de manera vehemente todas sus condenas, acusaciones y discursos racistas, machistas y clasistas, salidas de tono y faltas de educación y saber estar a todos los niveles. Gente que no entiende el peligro que supone tener a ultras en el poder y que compra todos esos discursos en los que criticamos a las culpables de todo mal: las mujeres.

    Porque si tenemos gente que sigue creyendo en que somos el origen del pecado y del mal, porque su doctrina es la religión, y no son capaces de ejercer un juicio crítico más allá de las escrituras y el algoritmo, estamos jodidos.

    Porque no solo se trata de que Kamala Harris merezca la oportunidad de presidir.

    Se trata de aceptar como válidas esas críticas a las mujeres que no tienen hijos. Se trata de que los pronatalistas, primero nos ridiculicen y humillen en medios y redes sociales, nos aislen, no hagan discutir, nos generen malestar (que no inseguridad, a mí que haya un montón de José Luises americanos republicanos que odian a las mujeres por ser disidentes debido a lo que ellos han decidido que debe ser una mujer, ME RESBALA) hasta que, finalmente, nos invaliden de manera democrática y nos dejen fuera de la sociedad.

    Siempre se hace lo mismo. Si habéis leído a Natalia Ginzburg, explica muy bien como los antifascistas fueron aislados en Europa y cómo la ultraderecha se mostró fuerte y unida para hacerles sentir, primero inseguros, después solo y, finalmente, indefensos.

    Porque luego vendrán sus opiniones, sus tweets. Hay un grupo entero de medios republicanos que están evitando sacar noticias que desacrediten a alguien como su representante (que, con lo que lleva hecho y conocido a nivel delictivo, si se le juzgara en países democráticos ya estaría cumpliendo sentencia) y buscando mierda a Harris.

    Y luego vendrá el «difama que algo queda» y buscarán cosas sobre su marido, sobre sus cuentas, sobre sus relaciones.

    Y si no encuentran nada, ya se inventarán algo, que ahora sabemos que la prensa, cuando conviene, puede ser muy creativa.

    El caso no es por qué ella no puede ser presidente.

    Si no todo lo que implica aceptar que no pueda serlo.

    Salga lo que salga, digan lo que digan, tengas hijos o no, espero que estés de acuerdo en que comparar a una mujer por no tener hijos con un ex-presidente con semejante currículum, es caer bajo.

    ¿Es lógico que lo hagan?

    Probablemente.

    Lo que no es lógico es que demos espacio a ese discurso, a que nos lo planteemos.

    Porque aceptamos que gane aquel que tiene más dinero, y aceptamos que los movimientos ciudadanos no tienen sentido. Aceptamos ser reprimidos, ridiculizados y excluidos.

    Por suerte, hay muchas mujeres que han pasado la semana ridiculizando las palabras de JD Vance y defendiendo nuestro lugar en el mundo como esas desgraciadas señoras con gatos.

    Cuidado.

    Los gatos arañan.

    Y las señoras vamos a empezar a arañar también.

    Conste que a mí no me apasionan los gatos. Les tengo algo de fobia.

    Pero antes gatos que trumpistas.

  • The trick is to keep breathing

    julio 11th, 2024

    Hacía muchos años que no me acordaba de lo mucho que me gustaban Garbage pero, ayer, pude recordarlo.

    Ayer cumplí 41 años y lo celebré viendo en concierto a la banda escocesa en la Razzmatazz, en Barcelona, donde hacía casi 30 años desde su último concierto. Y es que Garbage hacia 2005 desaparecieron prácticamente, y quizá es por eso que no volví a pensar en ellos. Ya había entrado en la universidad, luego en la escuela de cine, luego empecé a trabajar, y entré pisando lava en esa corriente de intentar ser como todo el mundo, pero distinta, pero que no se notara demasiado… Algo única, pero sin pasarme. Algo distinta, pero sin resultar excesiva.

    La primera vez que vi un video de Garbage fue el de Queer. Todavía no había Internet, y recuerdo buscar la palabra en un diccionario y que viniera la definición más adecuada para una niña de 13 años en una pseudo-transición al Spanish style: raro, diferente y, finalmente, gay.

    No sabía que ser queer sería algo que llegaría a representar las siglas de un colectivo reprimido por altas esferas conservadoras incluso a día de hoy, ni sabía que la canción de Garbage, pese a que el video fuera sobre cómo un chico es seducido por Shirley Manson para ser manoseado por ella y rapado el pelo, fuera una reivindicación de lo Queer.

    Lo que sí sabía es que quería ser como Shirley Manson.

    De hecho, en cuanto pude, empecé a teñirme el pelo de rojo hasta que, en la universidad, pasé al negro y al gótico puro, y abandoné un tiempo el rojo.

    No volví a ver a Shirley Manson hasta que llegó el videoclip de Only happy when it rains y, poco después, el gran temazo que supuso para mí el enamoramiento de Garbage: PUSH IT.

    En aquella época pude comprar tres cd’s, que fueron: Texas, Elástica y Garbage.

    ¿Quién me iba a decir que, años después, dos de ellas serían NOMO?

    ¿Y que vería a Shirley Manson rodeada por otras NOMO como yo en la Razzmatazz?

    ¿Y que ella, sí ella, era Nomo?

    Y es que cuando llegó la venta de entradas, yo ni siquiera estaba pensando en conciertos, pero, en un grupo de MEET-UP en Barcelona del que formo parte, una amiga compartió el link y vi que coincidía con la fecha de mi cumpleaños, me pareció una señal más que propicia.

    Era mi regalo.

    Ver a Shirley Manson era mi regalo.

    Y llegó el 9 de Julio.

    Y por la mañana, otra amiga sin hijos por elección, me pregunta si voy a ver a Garbage, porque ella va con una amiga… Otras dos del grupo de MEET-UP han quedado para ir… Un ex-compañero de la universidad va… Mi pareja y yo vamos…

    Todos, gente sin hijos.

    Casualidad, lo sé. Pero ahí estábamos.

    Nos pusimos en una esquina porque era el único lugar desde el cual un metro cincuenta y ocho como yo podía ver el escenario. Llegamos justo para su concierto, sin teloneros, sin camisetas…

    *(por cierto, 40 euros por una camiseta para un concierto se lo podéis colar a la gente ahora, yo he llegado a pagar 10 euros por una camiseta de HIM hace 20 años, no pienso pagar a euro y medio anual extra la inflación)

    …apenas cinco minutos de aposentarnos en esa esquina en la planta baja de la sala y llegaron.

    Shirley Manson provocó una revolución al entrar, con su falda larga escocesa y sus mallas de punki debajo, el pelo rubio y en una coleta tiesa como la que llevaba cuando cantaba When I grow up a finales de los 90.

    Sin embargo, a diferencia de grupos en los que hay solo una figura carismática acompañada de cuatro músicos, lo de GARBAGE es una auténtica familia de músicos. Todo el rato se hacían referencias, hablaban, se miraban, compartían el escenario, no solo entre ellos, sino con un público al que agradecían haberse mantenido fans de la banda todos estos años.

    Shirley Manson es única, y podría ser única sin su banda, pero prefiere a su equipo, a su familia, a mantenerse unidos con sus ideas sobre la música, la vida y la política.

    Y viendo a esa mujer increíblemente bella a sus casi 60 años, emocionada, feliz y enormemente agradecida a sus fans, soltando tacos casi cada vez que abría la boca, contándonos a todos como en los 90 sus productores les dijeron que estaban acabados, y reconociendo que acabaron una canción con un error, riendo y diciendo «todos la podemos cagar», pensé en que todas las mujeres sin hijos que conocía estaban allí.

    Vale, hoy en Madrid va a verles una amiga con una hija PERO, realmente si pensaba en el concierto de anoche y en aquellas que estábamos allí, todas coincidíamos, y Shirley también.

    Mi referente en la adolescencia era ayer y hoy mi referente en la actualidad.

    Shirley Manson había sido todo eso que queríamos ser toda la vida. Y nunca nos hemos planteado nada más allá de ello, la amamos y admiramos tal y como es, y, simplemente, ha resultado ser, ayer, nuestra musa.

    Y por si fuera poco escuchar todos los temas de nuestra infancia, ver a Butch, el batería, hablando para despedir a la banda, escuchar que volverían en 2025, y gritar con 200 personas el estribillo de Only happy when it rains, ayer Shirley nos dio la clave a todos.

    A las nomo también. Pero a todos.

    Al cantar su canción The trick is to keep breathing, que es una canción que habla sobre la salud mental, sobre ser capaz de sobreponerse a una caída, a un sufrimiento, a sentir que no puedes más, que no merece la pena, que no eres adecuado… Pensé que ahí Garbage fueron un paso más allá.

    No solo nos dieron la música.

    Nos dijeron que ellos eran como nosotros, que eran inadaptados, que se sentían distintos, y que, siendo GARBAGE, encontraron su comunidad. Y anoche, nosotros también lo éramos.

    Y que podíamos salir adelante.

    Que el truco, solo era seguir respirando.

    Shirley, Butch, Steve y Duck, seguiremos respirando.

    Y Shirley, si no estuviera profundamente en contra del merchandising, no solo me habría ido con una camiseta con tu cara, sino que pensaría en hacer camisetas NOMO con la frase:

    The trick is to keep breathing

    Sin embargo, lo que haremos es leer el libro de Janice Galoway, The Trick is to Keep Breathing.

    Porque si Shirley lo dice, ¿quién soy yo para cuestionar a nuestra ídola?

  • Cosas sobre las que podría haber escrito

    junio 29th, 2024

    Un mes sin actualizar un blog es algo preocupante.

    Da la sensación de que ha habido un abandono. En una sociedad sometida a la producción, a la demostración, a la exposición y a la participación constante, un mes de parón es un defecto.

    Y lo peor es que ni siquiera yo me he estado dando cuenta de mi ausencia.

    En efecto, nadie me ha escrito preguntando si he dejado de publicar. Simplemente, se asume que, ya que es una columna o un blog como el de un periódico, ya publicaré cuando me venga en gana, me apetezca algo o se disolverá entre miles de esos proyectos que desaparecen sin que nadie vuelva a acordarse de ellos.

    Lo que ha pasado no ha sido una catástrofe, ni un bloqueo, sino un encuentro que me ha hecho pensar en lo que tenía que ser mi participación en este mundo excesivo, ruidoso y constante de contenidos.

    Hace poco tuve una interesante conversación con alguien que parecía estar interesada en mi labor con el blog. Hablábamos de nuestras perspectivas, experiencias y opiniones.

    Y ahí llegó.

    Me preguntó qué es lo que hacía con mi comunidad. Qué más hacía.

    QUÉ MÁS.

    Qué era lo que yo estaba ofreciendo.

    En el momento no tuve ningún problema en admitir que me consideraba, en la actualidad, una bloguera, exclusivamente, una bloguera y que, a lo sumo subía contenidos en Instagram, aparte de, dejar claro, que yo no tenía una comunidad.

    Tras esta conversación empezó una época de mucho trabajo. También me dedico a la escritura teatral y, recientemente, he empezado a recoger unos frutos de mi trabajo que, como tendréis claro, se convierten en MÁS TRABAJO. Aparte de ello, estoy pasando de un trabajo a otro y eso me ha llevado a estar varios fines de semana en la feria del libro de Madrid, y volviendo cada Lunes a mi trabajo de Lunes a Viernes en Barcelona.

    De modo que tenía claro que el blog, al menos este mes, iba a tener que pasar a un segundo plano.

    Y del segundo plano, pasé al tercero.

    Y cada vez que intentaba escribir una entrada, me parecía que no era lo suficiente buena como para publicarla. Y cada vez que encontraba un tema nuevo, me parecía lo mismo, algo indigno de salir.

    Os diré que detesto que me pase, yo siempre intento acabar textos, películas y libros (sólo Anna Karenina se quedó en la página 301, cosa que pienso remediar este año), y el blog no era una excepción. Pero esas palabras sobre lo que yo estaba ofreciendo con el blog realmente se quedaron en mi subconsciente, inconsciente y consciente.

    QUÉ ESTABA HACIENDO

    QUÉ ESTOY HACIENDO

    QUÉ ESTÁS HACIENDO

    Pero eso no es lo que esas palabras quieren decir.

    Esas palabras esconden qué más debería hacer, qué es lo que no estás haciendo y deberías hacer.

    QUÉ ES LO QUE NO ESTÁS HACIENDO Y DEBERÍAS HACER EN VEZ DE LO QUE ESTÁS HACIENDO

    De repente, no solo los temas no eran buenos, es que el blog, en sí, no era suficiente, no tenía sentido que lo siguiera haciendo.

    Tendría que hacer otra cosa…

    Algo que se haga ahora.

    Un club de lectura.

    Un cinefórum

    Un grupo de Meet-Up

    Un podcast

    Y de repente todo me parecía mejor.

    Y así he pasado dos meses casi de enfrentarme a esta pantalla y no acabar ninguna de mis entradas.

    Se me pasó una entrada sobre Mónica Seles en el aniversario de su apuñalamiento, una mujer que fue campeona del mundo de tenis y que, a día de hoy, dejó su carrera de tenis, se convirtió en una empresaria de éxito y parece que no le va demasiado mal.

    También se me pasó hablar de hijos, comuniones y bautizos y todos estos eventos relacionados con la religión que hay que celebrar como si fueran ley, mientras que un proyecto artístico, rara vez se celebra fuera del grupo de tres amigos bohemios que no se han convertido a la izquierda cuqui y que quieren la revolución, pero tranquilita y sin molestar.

    Y finalmente, se me pasó hablar el 28 de Junio de cómo una pareja heterosexual, el mismo día que inicia una relación, es vista por toda la sociedad como posibles padres, y cómo eso no pasa con parejas lesbianas y parejas gays. Y cómo, sin embargo, si entramos en eso, vienen cosas como la gestación subrogada, e intervenciones médicas en las que, las mujeres, siempre salen perdiendo. Y cómo hay parejas no heterosexuales mucho más preparadas para la paternidad que muchos padres en activo y no se les ve el potencial. ¿Por qué?

    En fin, todo eso ha sido el último mes.

    Espero que sea el último espacio de tiempo tan largo sin escribir.

    Viene una época de muchos cambios.

    Pero sí, sigo sin querer tener hijos.

  • algo (más) personal

    mayo 13th, 2024

    ¿Alguna vez habéis reparado en los comentarios que hace la gente cuando comienzan una nueva relación?

    Cuando empezamos una relación, todo lo que vemos y pensamos se sale absolutamente de madre. Sometidos al enamoramiento, vemos a esa persona como catalizadora de todos los posibles cambios en nuestra vida, la vemos en el presente como una flor que se abre en slow motion con Vivaldi de fondo, la echamos de menos en las anécdotas del pasado, le compartimos nuestros planes y pensamientos más ocultos y la vemos automáticamente a nuestro lado en todos los eventos que podemos imaginar de cara al futuro.

    Y tenemos esta expresión: la madre de mis hijos/ el padre de mis hijos.

    Tampoco hace falta conocer a la persona ideal, tampoco hay que estar enamorado, probablemente con estar cachondo baste. El padre/madre de tus hijos puede ser desde aquel woke que dió aquel discurso tan bueno hasta Loki o Thor, o Tori Tsui, da igual.

    En el 2010 era un comentario que estaba bastante en boca de todos mis amigos cuando conocían a alguien. Empezaban a tener relaciones que podían funcionar, empezaban a querer asentarse cerca de la treintena, incluso empezaban a asomar ciertos síntomas de conformarse con cosas, como la amiga que empieza a salir con ese chico «que no le acaba de convencer» pero de repente es el amor de su vida.

    En la oficina escuchaba a gente hablar de ese novio que tenían y que era un futuro padre ideal, aunque en el momento solo pensara en acostarse con su mejor amigo, o aquel chico que habían conocido con gemelos de futbolista y que le querían de padre para sus hijos, como sinónimo de que querían hacer grandes cosas horizontal o verticalmente.

    Quizá podría haberme dado cuenta ya entonces de que la maternidad no entraba en mis planes de manera definitiva, ya que, aquella frase, jamás ha salido de mi boca.

    ¿Os dais cuenta de cómo hay gente que utiliza unas expresiones y otras no? Como cuando alguien dice «si Dios quiere», «llueve sobre mojado», «la gota que colmó el vaso», «como el que oye llover», cuando alguien se refiere a otro alguien como «la madre de tus hijos» no nos define como persona, no nos ubica en un lugar de nuestra ideología necesariamente, ni siquiera confirma que tengamos un interés en la maternidad….

    ¿O sí?

    Yo creo que eso tiene mucho más que ver con las propias expresiones que utilizaba la persona que nos acompañó mayormente durante la crianza, pero igual el lenguaje tiene más carga de la que yo considero.

    Igual es un condicionante.

    Igual no.

    Igual el que haya escuchado a muchas mujeres decir «el padre de mis hijos» y a casi ninguno de mis amigos «la madre de mis hijos» no tenga nada que ver, ninguna relevancia, ninguna importancia, nada que ver.

    Pero ahí está.

    Porque desde la universidad, escuché a muchas chicas refiriéndose a sus love interest como un potencial padre de sus futuros hijos. Ya estaba integrado. Estábamos en un primer año de una carrera universitaria y nuestro lenguaje e imaginario ya estaban forjados en hierro para convertirnos en algo, y para asociar la figura masculina a conseguir ese objetivo ineludible.

    ¿Y sabéis qué?

    Que creo que yo nunca lo he dicho.

    Creo que nunca he utilizado la expresión. Ni siquiera en broma.

    No significa nada, obviamente. Tampoco uso la expresión «llueve sobre mojado» pero la entiendo en un contexto y no me resulta ajena.

    Pero es cierto que esa expresión me chocaba.

    A día de hoy, quizá al haberme visto rodeada de mujeres en el final de los 30, haber vivido en un entorno más en pro de ejercer la maternidad, y al haber poca conversación entre mujeres que no quieren tener hijos, o al ser estas conversaciones muy recientes para mí, en los últimos años lo he escuchado aún más. Pero ya no como algo hipotético, sino como una realidad o un proyecto inmediato.

    La verdad es que nunca vi a nadie como el padre de mis hijos.

    Cuando imaginaba posibles escenarios románticos en la adolescencia, nunca teníamos hijos.

    Nunca me imaginaba llevando un carrito y a él corriendo por el parque para que no se subiera en un tobogán. No imaginaba una casa con juguetes que habría que recoger en algún momento.

    No.

    Nos imaginaba paseando por Nueva York, la verdad, saliendo del teatro, leyendo juntos, de picnic, yendo juntos a clases de idiomas, comiendo con palillos, llevando lasagnas a la casa de unos amigos, aparte de diversos escenarios más subidos de tono. Y hablando. Nos imaginaba hablando de todo aquello que nos importara.

    Y, si preferiblemente, podía parecerse al hermano mediano de los Hanson o a Kurt Cobain y tocar la guitarra, mejor.

    Y recuerdo la primera de mis amigas en quedarse embarazada cuando, con 30, me dijo que «cuando estás con la persona adecuada lo sabes». Y me hizo dudar de si estaba con la persona adecuada.

    Porque es fácil que tú misma te cuestiones a ti misma, tus deseos, tus anhelos, tus instintos, cuando alguien te dice cosas cargadas de «yo antes era así» porque esa frase, que se dice para conectar, desconecta de manera automática.

    Esa frase te lleva al «pero ahora ya no, y por suerte».

    Porque la maternidad… «Yo antes era como tú pero menos mal que he descubierto la maternidad».

    Y es cierto, menos mal por ella, por ellas, por todas las que han dicho eso sin reparos, las que se sienten reforzadas con su elección.

    Menos mal para ellas.

    Pero hay una cosa en ese mensaje.

    Que nunca entenderán que también había otra opción. Y que es voluntaria. Y que fue consciente, igual de definitiva e igual de plena.

    Y que yo, además, tuve la gran suerte de conocer a mi guitarrista y de haber evolucionado en la misma dirección hacia la no maternidad.

    Todas las parejas tienen sus conflictos, sus diferencias irreconciliables, pero si alguno hubiera flaqueado en esta decisión, no podríamos haber seguido adelante, lo tenemos claro. Y, de haberlo hecho, uno de los dos estaría viviendo una vida que no eligió, solo por complacer a la otra persona.

    Habrá gente que piense que esto es parte de la vida, aceptar que otra persona elija por ti.

    Yo pienso que hay mucha soledad en no elegir lo que elige todo el mundo, mucho juicio y mucho prejuicio.

    Pero, para mí, merece la pena.

    Y hoy celebro mi aniversario con ese guitarrista con el que, aunque no siempre he estado de acuerdo en todo, nunca ha habido ese conflicto.

    Un año más celebrando nuestra vida juntos sin ser padre ni madre de nadie.

    Felicidades, Carlos.

  • MAMÍFERA: Nuestra película

    abril 29th, 2024

    MAMÍFERA se ha estrenado el Viernes 26.

    Hace tres días.

    Sin embargo, para mí, todo empezó antes.

    Empezó hace dos años mirando en Netflix si había películas con la temática de no maternidad y encontrándome cara a cara con una película cómica sobre la gestación subrogada.

    En ese momento sentí que no solo no existían películas sobre esta temática, sino que cualquiera que buscara con estos parámetros, se daría de bruces con películas y mensajes pronatalistas, dejando claro que nadie había pensado nunca en que una mujer que no quiere tener hijos tuviera la más mínima relevancia para la ficción.

    Una película y obra de teatro, aunque se escriban, requieren un proceso largo y de mucho dinero para llevarse a cabo. Yo no tenía los medios y, quizá, tampoco la confianza, pero parecía que no había nadie más.

    Sin embargo había una cantidad ascendente de podcasts, películas y canciones que ensalzaban la imagen de las madres, y que volvían invisible a cualquier mujer en una realidad diferente. Y mientras, iba escribiendo el blog, iba encontrando libros, ensayos, autoras, algunos contenidos internacionales… Algo que también le pasaba a Liliana Torres, directora de Mamífera, quien encontró consuelo, apoyo y guía en ellas, no solo en su vida, sino en su historia.

    Hace cinco meses vi por primera vez información sobre la película de Liliana Torres. Fue un link, una publicación, algo sobre próximos estrenos y aparecía una imagen de María Rodríguez Soto y Enric Auquer. No se detenía en detalles, pero se trataba de una película que hablaba de la no maternidad.

    Sin saber absolutamente nada más sobre la película, el título de Mamífera fue algo que quedó apuntado en mi cabeza y mis redes sociales para que esta información apareciera siempre que hubiera novedades al respecto.

    Esa película iba a ser importante. Por una vez, parecía que la mujer que no queria tener hijos era la protagonista, con una actriz importante y con unas imágenes que parecían alejar al personaje del estereotipo maléfico, frío y egoísta que estábamos acostumbradas a ver.

    Y así ha sido, porque María Rodríguez Soto se me aparece como la intérprete perfecta para hacer este personaje de Lola.

    Pero esto lo sé ahora, no lo sabía entonces. Igual que tampoco sabía nada más de Liliana Torres, la directora, una mujer que llevaba años contando a través de su cine, a medias entre lo documental y la ficción. No sabía que había dirigido, hace años, por ejemplo, un documental llamado «¿Qué hicimos mal?» sobre sus rupturas con sus ex-parejas, en la que ya asoma el motivo de una mujer que no quiere tener hijos como un motivo de ruptura de pareja irreconciliable.

    Siempre ha tenido un gran interés por mostrar en el cine un tipo de mujer bastante atípica, planteando enigmas y preocupaciones que parece que siempre han estado en boca de los hombres más que en el inconsciente colectivo de las mujeres. Y, para ello, no solo escribe y dirige, sino que ella misma pone el cuerpo a la hora de interpretar. 

    Pero no sabía nada de esto el Jueves 25 cuando fui a ver Mamífera a los cines Mooby Bosque en Barcelona. Ni tampoco semanas antes, cuando, de repente, felicitando una publicación en Instagram sobre la película, ella me contestó. Entiendo que directoras, intérpretes y autores se abstengan de contestar a toda la gente que les escribirá en redes sociales, de modo que, que Liliana me contestara, me hizo mucha ilusión, aunque no supiera nada.

    Es gracias a ella que pude ir al preestreno, ya que hablando por redes, ante unos compromisos familiares, no iba a poder ir al cine el fin de semana del estreno, y ella me consiguió invitaciones.

    Lo que Liliana no sabe es que moví Roma con Santiago para poder ir, ya que yo siempre trabajo hasta las 20:30. Ni que estudié en una escuela de cine, como ella, pero que mientras ella hace películas, yo necesité hacer un break en esa carrera para dedicarme a otra cosa y no sé muy bien qué pasará con ello. Tampoco que llevo escondida diez años en Barcelona sin saber ya muy bien por qué, pero sin saber tampoco por qué debería irme. No sabe tampoco que empecé este blog porque las ficciones no acababan de salir adelante.

    Menos mal que a ella sí le salió Mamífera.

    Porque, viendo Mamífera, entiendo que mis motivos, mi imaginario, mi vida y mis objetivos no son únicos, no son malos y no me pasa nada. Hay una mente más ahí, brillante, creativa y luchadora que ha peleado durante años para que todas encontremos el personaje de Lola y nos sintamos menos solas, y menos malas.

    En una época en la que se asocia paternidad con santidad (porque si habláramos de precariedad y abandono, habría menos paternidades) es importantísimo que se vea esta película, que sirva como arma para acabar con ese patrón irreal y estereotipado en la maldad y la frialdad de las mujeres que no quieren tener hijos.

    Mamífera destroza el estereotipo por todos los flancos.

    Lola no quiere tener hijos pero todas sus amigas han tenido hijos, las que no, lo intentan, su hermana, sus amigos, y cuando se ve embarazada en los tres días de reflexión, todo su entorno se vuelve más marciano que nunca y se siente sola, abandonada y extraña.

    Y, sin embargo, no es demasiado dramática. No se regodea en las conversaciones con los médicos que todas hemos tenido, los juicios, las discusiones dramáticas, todo está lleno de vida, luz y color, y la extrañeza que siente Lola se va marcando gracias a un montaje certero, una música sencilla y expresiva y el recurso de los sueños. Hemos asociado el uso del collage en el cine a Dalí, pero siempre ha sido un elemento denostado y que hemos practicado mucho las mujeres por ser creativo, versátil y relajante. Y este recurso refleja sueños, pesadillas, dolor y soledad con recursos pictóricos que nos llevan al mito de Artémis (yo escribí una entrada sobre Artémis) y los girasoles de Van Gogh, una persona que no estaba bien, como se siente Lola, que no está bien, que quizá haya algo malo en ella.

    En un mundo de memes y de vídeos de broma en el que las mujeres sin hijos somos divertidas pero frívolas y nos burlamos de mujeres con hijos, Liliana Torres ha hecho una película sensible, tierna y honesta sobre amistad y mujeres, la resiliencia y el grupo de amigas que se sostiene.

    Y de cómo la no maternidad y maternidad son posturas irreconciliables en una pareja porque, como dice Liliana en sus entrevistas “no se puede tener medio hijo para complacer a todos”. Y aceptamos maternidades que no han sido deseadas pero no acabamos de entender que se tome la otra decisión. O que es normal que una pareja rompa si uno de los dos no quiere tener hijos, pero hay que ceder si uno de los dos quiere, y tenerlo.

    Sin embargo, Lola tiene un relato creíble, comprensible y medido. Sin caer en elaborar una mujer excesivamente buena y moral, Lola cuida y está comprometida con el mundo, tiene una perra, cuida de sus sobrinos, cuida de su pareja, de su madre, trabaja, crea… Simplemente, no quiere tener hijos.

    Pero no quiero ser yo quien recomiende una película solo porque esté de acuerdo moral o ideológicamentecon ella. Hemos tenido suerte las mujeres que no queremos tener hijos en que Liliana ha hecho una buena película.

    Y ese es el auténtico motivo por el que se ven películas, porque te hacen pensar, te trastocan ideas, te reconcilian con otras, pero sobre todo, porque te cuentan una buena historia, de una manera entretenida, con unas imágenes bellas, buena música, buen montaje y excelentes intérpretes.

    Si además, estáis como estaba yo hace dos años, buscando películas sobre esta temática en todas las plataformas, y encontrando contenidos pro-vida o profundamente machistas contando historias de mujeres sin ninguna femineidad en el contenido ni en el continente, SÍ, VEDLA. 

    Quiero que os ahorréis esas tardes perdidas que pasé frente a la pantalla buscando términos. Buscad Mamífera en los cines y tened la experiencia.

    No hay un solo elemento en esta película que no funcione como un reloj.

    Y tener a María Rodríguez Soto y Enric Auquer como Lola y Bruno, esa pareja que se ve en la diatriba de tener o no hijos, es un regalo para todos aquellos a los que representan. Están excepcionales y se llevan los mejores momentos de la película solo por estar.

    Pero no se queda solo en eso, Liliana Torres trae también una trama de una mujer que tiene dificultades para quedarse embarazada, en una adorable Ruth Llopis, y madres arrepentidas con la madre de Lola.

    Porque nuestra historia, la de las mujeres que no queremos tener hijos, no deja de ubicarse en un mundo plural en el que todos tenemos una historia, una conexión y una responsabilidad hacia otros. Y lo más probable es que, al salir de ver Mamífera, te preguntes si tienes ese grupo de amigas, o desees tenerlo si no lo tienes. O la pareja. O los collages de Lola. O ser María Rodríguez Soto. O tener una perrita como Cleo.

    Ver Mamífera para mí ha sido entrar en una ficción de la que no querría salir, como en La rosa púrpura del Cairo. Quiero que Lola me coja de la mano y me lleve con sus amigas, hagamos collages y cuidemos de Cleo.

    Y no va a ser así pero no pasa nada. Porque, con sus diferencias, esa es mi vida también.

    Y la de muchas.

    Y la de otras que son nuestras amigas que, por fin, van a ver nuestro punto de vista en la peli. Van a entender qué pensamos cuando hablamos de superpoblación, lo que vemos cuando miramos los juguetes de madera Montessori, lo que entendemos al ver los carteles de ¿Y A TI QUIEN TE CUIDARÁ?… Y, sobre todo, que todas nos necesitamos para salir adelante.

    Gracias, Liliana Torres. Espero que todas vayamos en masa a ver Mamífera.

    Con tu película, quizá nada ha cambiado pero todo ha cambiado para mí.

    Quizá escriba mi obra de teatro o vuelva a hacer collages…

    Pero esa es otra historia.

  • Mucha suerte, Mónica

    abril 12th, 2024

    Hoy se conmemoran 30 años desde que, una vez más, un hombre, con mucho poder, quiso culpabilizar a una mujer de sus propios actos.

    Y cómo, en aquel momento, lo consiguió.

    Contando con todo su poder, dinero y control mediático, encontró las maneras de salvaguardar su imagen y perjudicar la de ella hasta convertirla en una de las primeras víctimas del ciberacoso.

    Este no es otro que Bill Clinton. Y ella no es otra que Mónica Lewinsky, claro.

    Os pongo en contexto.

    Clinton tiene 47 años y Lewinsky 22. Él es el presidente de los Estados Unidos y ella entra a trabajar de becaria en la Casa Blanca.

    Tienen una totalidad de nueve encuentros sexuales en los que ella le practica sexo oral.

    Esto sucede entre 1995 y 1997. Pero es en 1998 cuando sale todo a la luz.

    Mónica, quien había ocultado el «romance» (quiero entrecomillar mucho una relación sentimental en la que hay una diferencia de 25 años y él es un líder del mundo libre casado y con hijos), es traicionada por Linda Tripp, una compañera, quien graba sus conversaciones y las filtra para publicar un libro.

    Pero eso no se debió todo al salseo, todo lo contrario. Porque, aparte de los intereses, dinero y reconocimiento, Tripp y toda la Casa Blanca estaban en plena investigación porque Paula Jones había acusado a Bill Clinton de acoso.

    Mónica, obviamente, iba a mentir en su declaración. Por amor.

    Pero claro, Linda no iba a mentir.

    Y la verdad salió a la luz.

    Y Clinton hizo lo que se esperaría de cualquier hombre casado que ha tenido una aventura: lo primero, mentir.

    Lo segundo, encontrar el modo con todo su Gabinete político para desprestigiar la imagen de ella y hundirla.

    Lo tercero, encontrar algo con lo que crear una distracción y tratar de salvar su imagen.

    Todo el mundo estaba de parte de Bill porque, ¿cómo iba esa niña objeto de deseo de un hombre como Bill Clinton?

    Ese caso hundió la carrera de Clinton.

    El demócrata de pelo blanco, seductor, encantador, el nuevo Kennedy, cae en encuestas, y el partido castiga proponiendo a su vicepresidente Al Gore en las siguientes elecciones, y que gana… Ah, no, perdón, que «ganó» George Bush. (Las comillas han venido para quedarse)

    Y claro, todos odiaron a Mónica.

    Ella había hundido la carrera de Clinton.

    Así es la sociedad del clickbait. Los crímenes contra la humanidad que puede ejercer un presidente, dando permiso y dinero para armas, guerras, invadiendo supuestas bases militares, siendo investigado por financiaciones cuestionables, se quedan en un segundo plano porque su trabajadora pudo confirmar que era su semen el que estaba en su vestido.

    Y, de hecho, ¿no fue su participación bélica lo que le hizo recuperar su posibilidad tras el «escándalo» pese a todo?

    Así que, bombardear un país, ok, adulterio, no ok.

    ¿Y qué fue de Paula Jones?

    ¿Qué fue del Whitewater en el que los Clinton fueron investigados por participar en un fraude immobiliario, uno de los motivos por los que empezaron a investigar en la Casa Blanca?

    ¿Qué fue de Irak?

    ¿Nadie recuerda que una buena cortina de humo para el escándalo que llegaron a llamar el Monicagate fueron los ataques a Irak? ¿A nadie le preocupa que la invasión de un territorio lave la imagen de un presidente? ¿Vale más el adulterio que la invasión?

    Esto ubica a Mónica Lewinsky como la Helena de Troya del siglo XX, justificando la guerra entre Esparta y Grecia.

    Nos sirve su imagen, su caso y su idea para ver cómo, de cara a la galería, no importan los horribles que sean los actos del hombre, no importa lo sanguinario de sus decisiones ejecutivas políticas, lo que importa es su moral sexual.

    Y lo que vino de Estados Unidos, se lo comió la prensa internacional y nacional, ignorando por completo el asunto bélico para priorizar la moral de la relación del presidente y su mujer, porque parecía que eso sería la ruptura de los Brangelina de la política: ¿cómo podía pasar eso entre Hillary, que nos gustaba tanto, y Bill, que nos gustaba aún más?

    Era importante que, esta mujer, Mónica Lewinsky, nos gustara mucho menos.

    Sus «malas artes» eran una buena excusa para sacar los tanques a la calle, que debían estar cogiendo polvo con la de petróleo que había por allí; pero no podíamos quedarnos solo en eso, había que desprestigiarla, como ya se hizo con Helena, insultar su sexualidad, su moral, su conveniencia y, ya que estábamos en los comienzos de Internet, su imagen.

    En 2014 Mónica Lewinsky reconoció, y fue reconocida, como la paciente cero del ciberacoso. Pero hasta 2014 lo que vivió Mónica Lewinsky fue la imposibilidad de tener una vida normal.

    Clinton intentó culpabilizarla de todo aunque mucho tiempo después reconociera que estuvo ahí. Lo cual sucedió ya con la prueba de ADN que demostraba su participación en esas relaciones sexuales, unas relaciones QUE HABÍA NEGADO incluso en juicio.

    Y aunque fuera así, el daño hacia Mónica ya estaba hecho.

    Desde 1998 hasta 2014, Mónica Lewinsky, intentó dedicarse al trabajo, intentó centrarse en su trabajo como cualquier mujer abandonada por su amante, solo que este amante le lanzó a la prensa y la opinión pública de los conservadores norteamericanos, y del mundo.

    Y ni siquiera pudo.

    Años después, se ha sabido que no pudo acceder a diversos puestos de trabajo en Marketing, que su línea de bolsos apenas pudo salir adelante y que, sobre todo, sufrió un escarnio a nivel mediático y también personal.

    Se marchó de Washington, se puso a estudiar, intentando vivir casi a escondidas durante años estudiando en Londres.

    En una entrevista confesó que quiso acabar con su vida, como tantas personas que han sufrido ciberacoso. Y que, a día de hoy, está, a sus 50 años, saliendo adelante.

    Durante treinta años ha sido un hazmerreír y es ahora cuando salen sus fotografías como modelo, se hace un poco de eco de sus artículos en revistas de moda, de sus estudios, se habla de su «resurrección».

    Es decir, estamos contando en positivo que la prensa, los Clinton y la opinión pública no consiguieran que se suicidara.

    Y que, por fin, después de tantos años, sea una Mónica más normativa, líder contra el acoso en redes, productora, activista, mujer Renacentista.

    Hablamos en positivo porque, no sé, gracias a su familia salió adelante, gracias a su fortaleza salió adelante…

    Pero, ¿era necesario que pasara por todo eso?

    ¿Es necesario que las mujeres jóvenes, trabajadoras, ambiciosas, paguen a nivel social por malas decisiones de alcoba mientras los hombres invaden territorios por dinero y poder?

    Clinton ha seguido siendo Clinton. Ha seguido gustando. No ha vuelto a ser investigado por el Whitewater, su mujer hubiera sido presidente si Estados Unidos hubiera sido capaz de ver más allá del naranja fosforito neoliberal de los republicanos, ha lavado su imagen y ha mantenido buena parte de su status.

    Mientras que Mónica, lo único que ha hecho, es resucitar de un escándalo del que ella era quien menos responsabilidad podía tener, por experiencia, status y relación entre poderes.

    ¿Y a qué viene Mónica Lewinsky en este blog? ¿No estamos hablando de mujeres que no quieren tener hijos?

    Ciertamente, podría decir que leí en un artículo que Mónica siempre había querido tener familia e hijos, y que «no pudo ser».

    Mónica Lewinsky, quizá esté a tiempo de hacerse una fecundación In Vitro, y quizá no. Pero las circunstancias por las que no ha podido ejercer la maternidad esta mujer, han venido por parte del machismo.

    El machismo que insiste en la importancia de las mujeres teniendo hijos, insistiendo en nuestra responsabilidad, también elige qué mujeres deben ser vapuleadas y castigadas. Qué mujeres sobran.

    Celebro hoy, 30 años después, que no acabaran con Mónica Lewinsky, la mujer a la que los medios presentaban como fresca, mala y gorda, la única mujer que veía en las revistas de mi abuela y pensaba que se parecía más a las chicas mayores de mi instituto, a las profesoras, a las mujeres del entorno de mis padres.

    Pero claro, seguramente serían todas frescas, malas y gordas.

    Y por eso hoy lo quiero celebrar.

    Porque nunca podrán con nosotras, por frescas, malas y gordas que nos vean. Porque siempre habrá alguien que no se crea que Helena de Troya fue la causa de una guerra inminente entre Esparta y Troya, o que Mónica Lewinsky hundió la carrera de Clinton.

    Y aunque me queda el resquemor de sentir que tantos como Clinton andan por el mundo cometiendo crímenes contra la humanidad, violando leyes internacionales, y apareciendo en libros de historia como héroes de guerra, me quedo con la historia de la fresca, mala y gorda como si esta fuera una de mis últimas esperanzas.

    Como si su supervivencia pudiera desafiar el discurso de los falsos héroes y tiranos.

    Mucha suerte, Mónica.

  • Reseña de NOTES TO SELF de Emilie Pine

    abril 1st, 2024

    ¿Qué es exactamente Notes to Self?

    ¿Se trata de un diario? ¿De una autoficción? ¿Son relatos? ¿Artículos de opinión?

    Es todo y nada de eso, porque ella ya lo dice en el propio título:

    NOTES TO SELF

    Y es que me parece una auténtica muestra de lo que es nuestro cajón de escritura antes de someternos a la estructuralidad de la narración, todo lo que sale cuando no estamos pensando en líneas narrativas sino en sacar la idea del pecho, de encontrar un canal para empezar a trabajar con ella. Sin embargo aquí Emilie Pine se salta diferentes etapas de lo que consideraríamos la edición, para acabar en un relato espontáneo en el que seguimos su línea, no sólo de pensamiento, sino de recuerdo, para ir con ella a lo largo de su vida y encontrar esta biografía a modo de notas, que, si lo pensamos bien, está en cada ordenador o cuaderno de notas de cualquier escritora.

    Sin embargo, la narración no es ni automática, ni espontánea ni casual. Emilie Pine va decidiendo qué partes de su historia nos va a compartir, de modo que vayamos conociendo al personaje que narra, siempre en primera persona, y nos vayamos sorprendiendo y conectando con el relato. No es una biografía al uso ni mucho menos, Emilie Pine podría haber empezado perfectamente con el divorcio de sus padres y haber terminado con su viaje hacia la no maternidad, pero no ha sido así, precisamente porque ella lo ha decidido.

    Porque, al empezar el libro, ella misma va tanteando al lector, va haciéndole creer que este viaje va a ser audaz, rápido, accidentado, de modo que todo acaba pareciendo un accidente.

    Pero es, aunque seguramente la vida sea un puro accidente, el orden y la decisión de la escritura de estos relatos no lo son.

    Esta sucesión de relatos, que busca retratar a la autora creando un perfil sobre la misma, va desde lo más familiar, pasando por lo más genérico, hasta lo más personal, y una vez terminado, aunque tengo la sensación de que ella se ha abierto el canal, y nos ha dado la verdad sobre sí misma, siento que eso no es lo que hace a este libro importante. De hecho, quedarme en lo básico de si ahora sé más o menos sobre la autora, o quedarme en los conceptos más sobre su moralidad y el buenismo del que se hace gala en algunos capítulos, me parecería no haberme leído el libro.

    Cierto o no, Emilie o no, me gusta pensar lo que yace detrás de este personaje, una profesora y conferenciante universitaria que escribe libros, especializada en literatura, con un padre en Grecia y una madre en Inglaterra, mientras ella vive en Irlanda, una mujer que a día de hoy no deja de descubrirse, y cuestiona su feminismo, sus principios y su verdad.

    Si he tardado tanto en leérmelo ha sido porque no ha llegado en el momento adecuado y lo he tenido que postponer. Culpa de ello es el comienzo del primero de los relatos, NOTES ON INTEMPERANCE, que comienza con su padre abandonado en un hospital de Grecia a donde tienen que acudir tanto ella como su hermana para cuidar de él. No, no era el momento para mí, y no recomiendo leer ningún tipo de relato que pueda reflejar el momento más triste de tu presente, en medio de ese presente. No pasa nada. Hay millones de libros. Literalmente, millones. Y puedes pasar el mes y retomar otro, asentar la situación, hasta que llegues de nuevo al relato y solo sea una ficción.

    Y así es como pude leer Notes of intemperance que, finalmente, tampoco tenía tanto que ver y pasada la primera parte, pude leer como una ficción completamente ajena.

    La autora comienza esta falsa biografía con un viaje, fuera de su casa, alejada de su vida, abandonando todo lo que es ella y la define porque tiene que ocuparse de su padre. En el primer capítulo nos relata la primera norma en la vida de las mujeres: lo que nos define y a lo que estamos destinadas es a los cuidados. No habrá un momento en nuestra vida en lo que no tengamos que dejarlo todo por un padre o madre enfermo. Machista o no, heteropatriarcal o no, Emilie Pine nos lleva de la mano a lo que supuso esta experiencia llevando a su padre de hospitales entre Grecia e Inglaterra, y la reconciliación y tensión que genera tener a un familiar a tu cuidado. Y cómo nunca es fácil. Cómo, aunque sean dos hermanas, no es fácil.

    Seguimos con FROM THE BABY YEARS que es precisamente uno de los relatos por los que Emilie Pine es más conocida en comunidades de no maternidad, ya que cuenta, en primera persona, su experiencia y su frustración al no poder quedarse embarazada y, posteriormente, cuando tiene un aborto, y ve que su cuerpo difícilmente, podrá gestar un embarazo. Lejos de caer en el melodrama (a veces cae, pero a ver, me parece completamente normal teniendo en cuenta lo que relata), Pine habla de la experiencia desde el momento en que ella y su pareja deciden empezar a intentar tener un hijo, hasta el momento en que deciden dejar de intentarlo.

    ¿Qué sucede durante ese proceso? Si alguna vez has querido saber qué pasa, este es un buen relato para averiguarlo, ya que habla de la industria de la fertilidad y los costes que supone, el cambio que supone para una pareja estar pendiente del sexo para concebir, los cambios que experimenta el cuerpo ante un aborto, la falta de comunicación que sucede y, para mí, una de las cosas que marca la diferencia entre la autora como creadora, que es una persona que ve cómo el mundo no se detiene a su alrededor, y mientras ella pasa el proceso, puede también estar presente y ser partícipe de la experiencia de su hermana, en la que ella tiene un bebé que no vive más allá de un día y cómo ven este duelo, cómo lo vive toda la familia y cómo ella es capaz de dolor en ese momento para estar con su familia y su comunidad.

    No es que yo sea una gran fan de los núcleos familiares, pero tener relatos en las que se vea a la familia viviendo las experiencias, aportando sus puntos y reflejar cómo la vida de otros moviliza la tuya, o los cambios que a ello conlleva, me hace pensar en una narrativa menos egotista y en la que se promueve una idea de sociedad más colectiva, en la que todos tienen un papel en la vida de los demás.

    Soy una idealista, lo sé, pero también lo es Emilie.

    Su historia y la de su hermana también aparecerán a lo largo del siguiente capítulo SPEAKING/NOT SPEAKING en el que la autora se traslada a la infancia para hablar de la separación de sus padres. Esta separación, trágica y terrorífica, se muestra, no sólo como un trauma de la infancia para las hermanas, sino que hay hueco para hablar de la política de Irlanda en cuanto a divorcios en los años 80. Estaban prohibidos, ¡sorpresa! Viviendo en España en ocasiones pensamos que todo lo retrógrado viene de nuestra guerra civil y flipamos cuando vemos que aún hay lugares en Irlanda donde está penado el aborto, y en los 80 no se podían divorciar. Esta historia construye un poco la vida de la autora y de su hermana, que ven y sufren esta ruptura y la incapacidad de sus padres para gestionarla sin que afecte a las niñas y que, cuando se soluciona ya de adultas, con padres volviendo a hablar a raiz de la muerte del bebé de la hermana, aunque es alivio, no arregla nada.

    Aunque parece que el tono te lleva a una moral, Emilie Pine no cede: nadie se siente mejor, nada se arregla y llega tarde. Y esa es la historia. ¿Y por qué no va a serlo?

    Tras este capítulo llegamos a algo que, tras haber entrado tanto en la vida de Emilie, nos pone en un espacio más analítico y periodístico, ya que Pine comienza a hablar de la menstruación y de cómo nos condiciona a las mujeres. No solo a ella, sino a otras mujeres. Aunque me ha parecido un artículo muy interesante, no deja de sacarme un poco del tono de la sucesión de relatos, aunque entiendo por qué lo ha hecho Pine.

    Lo ha hecho porque no sólo es una mujer que cuida, y una mujer que ha intentado ser madre sin conseguirlo, o una hermana que sabe cuándo le toca ser abnegada, o una niña cuyos padres casi dejaron abandonada… Estamos en el momento adecuado en el libro para conocer a la Emilie analista, autora, profesora y articulista con NOTES ON BLEEDING.

    Por supuesto, también nos vamos a lo personal, ya que su ciclo menstrual marca momentos importantes en lo que se refiere a su vida, la relación con los hombres y la relación con su cuerpo.

    Me parece muy interesante que hable de su escritura como sangrar y que el hecho de que las mujeres sangren sea, en parte, catalizador de sus historias. ¿Y por qué no?

    Habla de cómo sangrar le ha hecho ver los cuerpos de otras mujeres y el suyo y vivir historias. De cómo depilarse o no lleva a un feminismo u otro, de la edad y de cómo la vemos en las mujeres… Puede que tengamos que ver más ficción al respecto, acompañando el ensayo y el artículo, quizá tengamos que ir mucho más allá de la maternidad, tal como lo cuenta Pine y de mil modos más en los que se han contado nuestras historias, y en los que no.

    Quizá ha habido partes aquí en los que la idea de la unidad entre las mujeres al respecto de la menstruación ha tenido un tono menos crítico y cuyo empoderamiento no me acababa de convencer (no porque no lo crea, de hecho creo que el ciclo menstrual debería regir nuestra vida mucho más que el heteropatriarcado capitalista, pero eso es otra historia) pero porque creo que he salido mucho hacia el final de la historia.

    Emilie Pine me ha llegado más desde su sentido crítico y su oscuridad, qué le vamos a hacer.

    Lo que nos lleva a mi favorito, SOMETHING ABOUT ME.

    Y es que cuando llegué a este capítulo seguido de THIS IS NOT AN EXAM, para mí la estructura del libro cogió la forma a la que me estaba llevando la autora. Aquí fue el momento en el que me comenzó a mover, y empecé a dejarme llevar por una ficción menos autobiográfica.

    Aquí Emilie Pine nos habla de la mujer que fue, y de lo que nunca le contó a nadie, y de cómo esa mujer le ha llevado a lo que es ahora.

    Y rompe con lo que ella querría ser para ir a una especie de diario de la crudeza, en la que habla de una adolescencia pasada de rosca, de fiestas, drogas, abandono, y de cómo no lo ha superado, sino que todo esto la ha convertido en algo.

    Francamente, no soy una fan de la literatura moralista, no me gusta que me digan que “todo pasa por algo”, básicamente porque la vida es aleatoria y tanto Emilie como yo lo sabemos, por eso cuenta lo que cuenta, por eso se abre el canal y nos lleva a una adolescencia que no encaja con el tipo de mujer que es ahora.

    Y lo remata con THIS IS NOT AN EXAM, en el que habla de los juicios constantes que se hacen a las mujeres en base a absolutamente todo, en su caso, a la excelencia académica y al trabajo. Porque Emilie ha contado algo con lo que me siento profundamente identificada, que es cómo cuando no tienes hijos, cuando sientes que hay algo en ti que no encaja con los demás, a veces eres ese tipo de mujer, que quiere hacerlo todo, que quiere coger todos los proyectos, que no quiere relajarse, porque no puede soportar que la vean como un fracaso. ¿Y qué mejor escape contra el fracaso que la excelencia? ¿Y qué posibilidades hay de salir adelante con ello?

    Pocas.

    Ella misma lo dice, muy pocas.

    “Unable to be a mother, I decided that I would define myself through my job instead”

    ¿A quién no le pasa, en la ausencia de la maternidad, o en la disidencia de cualquier tipo, no sentir que hay que compensar de algún modo?

    Yo no siento que tenga que gastar y consumir, pero siento que tengo que trabajar, estudiar, leer, ver películas como si no hubiera mañana, como si el intelecto que se crea en mi cerebro fuera a ser mi legado, como si eso fuera a impresionar a alguien cuando siempre les impresionará mucho más cualquier otra cosa.

    Pero sí, la vida no es un examen.

    Y tal como yo la veo, esta mujer llena de oscuridad y de pasado, se ha marcado una interesantísima autobiografía a modo de relatos, más exitosa en algún que otro punto, pero llena de autenticidad y de verosimiltud.

    Y cuantas quisieran hacer lo mismo.

    Y por cuantas, quiero decir yo.

    Pero intentaré recordar que no estoy pasando un examen y que puedo equivocarme y no ser excelente. Y quedarme en ese Something about me, en esa honestidad oscura y dolorosa que es el pasado de algunas personas, y como no han tenido una catarsis sino, simplemente, han conseguido salir adelante. Porque todo este pasado oscuro a veces causa incomodidad, pero no deja de existir, y es mejor que nosotros no seamos como ese establishment que quiere borrar, disimular o desmitificar cualquier cosa que se aleje de sus normas convencionales.

    Gracias por traer notas, oscuridad y luz.

    No hay una cosa sin la otra.

  • WORMS: O la necesidad de «matar al padre»

    marzo 19th, 2024

    Antes de escribir un blog, escribía teatro.

    Antes de escribir teatro, escribía guiones.

    Antes de escribir guiones, escribía poesías.

    Y antes de todo, tararaeaba canciones.

    Es que soy hija única.

    Pero es verdad que la escritura siempre fue mi modo de conectar con los demás. Algo tan privado, tan personal, y sin embargo, para mí, tan comunitario. Siempre he querido escribir para que otros lean, y alguien escuche.

    Quizá por eso, me encanta escribir teatro aunque la gente no suela ir a ver obras, aunque la propia palabra «teatro» se asocie con «aburrido» e, incluso, y peor, aunque se crea que el teatro tiene el deber de darte la mano y decirte lo que tienes que pensar, sin darte preguntas, sin que puedas sacar conclusiones propias, sin que se genere un debate.

    Por supuesto, si yo pensara eso de la escritura teatral, haría eso con lo que siempre amenazo con cada año de vida: dejaría de escribir.

    Cada año escribo una obra, o la empiezo, al menos. Y si no, escribo algo breve, un diálogo al menos, o algunos monólogos, y siempre SIEMPRE siempre, amenazo con dejarlo.

    Pero es verdad que, año tras año, le sigo encontrando el sentido. Y es que a veces la escritura de teatro es la salvación de tu cordura. Porque gracias a tener el teatro y escribirlo, encuentro respuestas o consuelo a cosas que no entiendo, o a cosas que sufro por entender.

    Por otro lado, hoy es el día del padre.

    Y si gracias a alguien empecé a escribir, fue gracias a mi padre. También gracias a él y a su inalcanzable nivel de crítica he estado a punto de dejarlo varias veces, pero es verdad que me ayudó bastante a sembrar este germen.

    Él mismo considera un regalo que hoy, 19 de Marzo, día del padre, tengamos una muestra del trabajo que estamos haciendo con mi obra WORMS, una obra cuyo espacio es el entierro del padre como catalizador a la pérdida de los personajes.

    Pilla la ironía. No lo harán todos.

    Dos hijas que se buscan a sí mismas mientras despiden a su padre.

    Amelie Nothomb escribió Matar al padre bajo la idea NO LITERAL de eliminar esa figura autoritaria de nuestra mente.

    Solo a través de un enterramiento figurado de la figura paterna conseguimos ser nosotros mismos, o crearnos a nosotros mismos, no sé, tampoco es que hable de ello de manera filosófica, no es Nietzsche (y menos mal, con uno acabando con figuras retóricas autoritarias ya tenemos bastante).

    En cualquier caso, debemos acabar con ese nivel de influencia que nos ha perseguido durante toda la vida. A veces no me acaban de gustar sus libros y, precisamente, este libro no es uno de mis preferidos (si queréis disfrutar de la Nothomb que me gusta, leed Estupor y temblores), pero ese germen me parece de lo más interesante, aunque no certero. No definitivo. Y mucho menos algo que tomarse de manera literal.

    También Ruby Warrington habla mucho de la relación con los padres, sobre todo con la madre, para analizarnos a nosotros mismos, y la necesidad de cortar ese cordón umbilical para terminar de independizarnos. En ese sentido ella hablaba de cómo una conversación con su madre le sirvió para reconciliarse de manera definitiva con la idea de no tener hijos y de quitarse esa visión idealizada de la madre que la había perseguido durante toda su vida.

    Yo no escribí WORMS porque quiera matar la figura del padre.

    Ni la estrenamos hoy porque haya algo simbólico detrás.

    Quizá lo único que quería contar es la sensación absoluta de pérdida y abandono que sentiría en ese momento, al perder a mi padre. O cómo sentiría que he perdido una parte importante de mi vida, de mi memoria, de mí misma. Y quizá de la necesidad que hay de independizarse de esta figura para ser uno mismo.

    O quizá solo quería escribir sobre dos personajes perdidos, dos mujeres, mis dos Estragon y Vladimir esperando a alguien que nunca llega. Mi homenaje imperfecto, femenino y dramático a una de las grandes obras de la literatura dramática.

    Y sin embargo, lo que más conmemoraría este día, no es la figura del padre, sino la figura de la mujer ante la pérdida. Porque la obra habla de cómo la ausencia del padre, une a madre e hijas, cómo las mujeres en equipo sanan, curan y sobreviven una y otra vez.

    Y queman cosas.

    Porque eso es lo que he vivido en el proceso de ensayos con Gemma, Paula y Eva, el equipo de las Clitorianas, tres actrices, con la dirección de Gemma Charines, quien vio mi obra en una lectura dramatizada y me dijo que ella podría dirigirla. Un regalo del verano de 2022 que no podré agradecer lo suficiente.

    Porque he tenido la suerte y el privilegio de haber visto a tres mujeres arder, y hoy tendremos una muestra en la que un público será testigo del proceso. Hoy tenemos invitados para que vean este aquelarre. Perdón, obra.

    Y es que este proceso dura más que la propia escritura de la obra. Hemos ensayado, leído, cambiado cosas, visto evolución, entendido cosas que no habíamos entendido antes y, ahora, y solo ahora, podemos empezar a recolectar frutos de lo que han sido dos años de trabajo, que es empezar a enseñarla.

    Y acabo este artículo a punto de irme al ensayo general con las tres mujeres que han dado vida a una obra que no deberá quedar relegada a la idea de acabar con el padre o ensalzar al mismo, sino a la unión que han sido estas tres mujeres en mi vida para ir mucho más allá que su origen.

    Porque mi padre me pudo dar la semilla, pero gracias a estas mujeres y su apoyo, nos hemos puesto a trabajar y sembrar. Y eso es lo que más celebro hoy, haber sido capaz de crecer, crear y trabajar más allá de mis figuras autoritarias.

    Ah.

    ¿Que pensábais que iba a hablar de los padres y del día del padre?

    ¿Que iba a hablar de cómo el sistema capitalista condena a las mujeres a los cuidados y a los hombres a ser proveedores? ¿Y cómo celebramos un día en el que los padres siguen ejerciendo menos de la mitad de los cuidados pero son ensalzados por abrazar la meritocracia y la cultura del esfuerzo en vez de apuntarse a un comité de empresa para protestar e intentar crear un futuro mejor a sus hijos en vez de condenarles a pasar lo mismo? ¿O de que están todos demasiado cansados…

    No, no.

    Yo he venido a hablar de mi obra.

    Y de mi padre.

    Y de mis compañeras Gemma, Paula y Eva, en el proceso de WORMS.

    Y de Beckett, Ruby Warrington y Amelie Nothomb, ya que os ponéis.

    Pero ya.

  • 7 de Marzo

    marzo 7th, 2024

    El momento antes del momento.

    ¿Qué viene después?

    ¿Qué hubo antes?

    Estas palabras no son mías, son de Isabel Coixet, y las decía Andrew McCarthy en Cosas que nunca te dije, una de mis películas favoritas desde que era pequeña.

    Y eso que la primera vez que la vi no entendí muchas cosas.

    Por ejemplo, una mujer que lloraba junto al congelador de un supermercado porque se había quedado sin su helado favorito. La protagonista de la película, Lili Taylor, le ofrecía de su propio helado y eso dejaba a la mujer más sumergida en las lágrimas aún… En el momento ella no lo entiende, pero, según avanza la película lo acaba entendiendo.

    Yo también lo entiendo ahora.

    Dependemos de cosas muy pequeñas para nuestra felicidad. Pequeñas cosas que compramos, vemos, tenemos cerca. No tienen por qué ser una gran carrera, hijos, familia… Puede ser un helado que tomas los Viernes para no echarte a llorar por la frustración que te ha generado la semana.

    Tengo esa película como uno de esos grandes referentes ya que NI UNO SOLO DE LOS PERSONAJES tiene hijos y no hay una sola conversación acerca de tener hijos.

    En una película de 1996 una mujer dirigía una película en la que la protagonista, una mujer, atravesaba una crisis existencial e intentaba acabar con su vida tras un desengaño amoroso. Pero lo que contaba muy bien era cómo era mucho más que ese desengaño, sino el caso de una mujer que deja a un lado sus sueños y proyectos para estar con su pareja. ¿Os suena?

    A veces no se plantea una cómo las mujeres podemos sentirnos perdidas por encontrarnos en desventaja ante las oportunidades laborales, metas y sueños en la vida. Y como a veces, nos encontramos en un lugar en el que no estamos bien, no podemos seguir adelante con nuestros proyectos (incluso los descartamos y los olvidamos) pero, bueno, TICK, tenemos esa pareja.

    Y cuando la pareja desaparece, todo se tambalea.

    Eso le pasa a este personaje en concreto, pero tenemos muchos más arcos en la película. El de McCarthy enamorándose de la primera mujer que le hace caso al sentirse tremendamente solo, el de un padre que no ha sabido generar vínculos con su hijo y que no puede estar con su mujer y solo busca un abrazo, el de una mujer trans que ve cómo su pareja la repudia tras el cambio que ha hecho en su cuerpo, el de un hombre que stalkea a su vecina, el de un suicida, el de una compañera de trabajo que nos parece estúpida…

    Todos los personajes se mueven alrededor de sus vidas sin mirar hacia el futuro, sino pensando en solucionar su presente. Y el presente se les hace bastante bola. Quizá era algo muy del cine norteamericano de los 90. Quizá es algo de los treintañeros en los 90.

    Pero esa película me acompaña y me conforta en esa idea que tengo de una sociedad plural, entrelazada, común, en la que la gente se responsabiliza de los otros e, incluso, la relación con los otros les salva de sí mismos.

    Además, antes de volver a la frase del principio, diré que es una película visionaria de cara a Youtube y las redes sociales, ya que el consuelo del personaje de Ann (Lili Taylor) es grabarse en video diciendo al novio todas las cosas que nunca le dijo e, incluso, cómo, a través de esta ruptura, ha entendido la falta de conexión que había entre ellos.

    1996. OJO.

    Y volvamos al momento antes del momento. ¿Qué viene después? ¿Qué hubo antes?

    Mañana es el 8 de Marzo.

    Y yo llego con una contradicción en forma de yunque atado a mi cuerpo. Por un lado estoy tan cansada, tan triste, tan vapuleada por ver tanto marketing, y tanta falta de unidad entre nosotras, tanto intento propagandístico por vender que las mujeres no podemos hacer equipo…

    Y por otro lado tengo tantas ganas e ilusión al ver los mensajes de amigas y conocidas que van a quedar para ir a la manifestación. Que sienten que ese espacio puede generar una comunión entre ellas, una unidad, que puede ser una excusa más para crear la comunidad que todos necesitamos.

    Madres y no madres, disidentes… Todos.

    Todos necesitamos el antes del 8, y el después.

    Todos nos necesitamos.

    Ciertamente, llegamos agotadas, o es que quiero pensar que no soy solo yo. Porque creo que nada se trata únicamente de mí, sino de nosotras, que somos un colectivo reprimido y que estamos cada día más cerca de darnos cuenta de que todo lo que no nos une es una falacia, y de que tenemos cierta responsabilidad hacia nosotras, sobre todo a las que tienen mucho por perder, sobre todo hacia las menos privilegiadas.

    Y por eso cada día es bueno reunirse con las amigas y protestar ante lo que es injusto.

    Soy consciente de que la historia ha sido escrita siempre por los ganadores, sobre todo blancos, sobre todo hombres.

    Pero, ¿quién nos dice que este no pueda ser nuestro día?

    O antes.

    O después.

    En cualquier caso, abrazad muy fuerte a vuestras amigas y tened cerca a vuestra comunidad, ya que solo con ellas haremos grandes cosas. O pequeñas.

    Quizá, para empezar nuestra revolución colectiva, solo nos baste con estar juntas, comer helado y ver Cosas que nunca te dije.

    O quizá llegue antes.

    Un abrazo.

  • APEGOS DOMÉSTICOS

    febrero 21st, 2024

    Si considero que las mujeres somos un tipo de mamífero fuerte y resiliente como pocos, el momento en el que nos encontramos con los cuidados, de sopetón, sin esperarlo y sin un plan, saca nuestra parte más salvaje, sencilla, pragmática, pausada e incluso pacífica.

    Porque ante los cuidados, una de las principales prioridades -por no decir la única-, es la de sobrevivir a ejercerlos.

    Ya sé.

    Las mujeres han sido educadas para los cuidados.

    Las mujeres han sido educadas para ejercer y aceptar los cuidados sin rechistar.

    Esto era en la época de la Odisea.

    En la época en la que Vivian Gornick publicó Apegos feroces.

    Esto es hoy.

    Una mujer siempre estará mucho más preparada para ello y, aunque no sea el caso, aunque haya evitado una educación heteropatriarcal, el camino ya se ocupará de llevarla hasta los cuidados. Al mismo tiempo, es perfectamente comprensible que un hombre no lleve en brazos a su madre y la ayude a ducharse cuando ella no pueda, pero no se dudará en que una mujer lo haga con su madre, padre, marido, suegra y suegro.

    De no hacerlo, podremos pensar que somos lo comprensivos y abiertos que queramos, pero siempre pondremos a una mujer que rechaza llevar a cabo los cuidados bajo tela de juicio. Siempre será señalada por el dedo, porque es lo que siempre se ha contado.

    Pero no porque falten hombres que puedan ejercer las mismas tareas. De hecho, los hay. Cada día hay más hombres dedicados a los cuidados de los infantes, es verdad. Quizá la idea de ejercer cuidados más allá de los hijos, sea un ideal poco realista…

    No lo es.

    Cada vez habrá más hombres, que no solo padres, que elijan ser los cuidadores.

    Porque ya existían referentes que no se ponían en primer plano, pero sí en el segundo.

    Y hay hombres que están eligiendo un nuevo tipo de modelo y se alejan del viaje de héroe de Ulises para convertirse en Eneas.

    ¿Y por qué Eneas?

    Hay una autora que ha venido a revolucionar la literatura del ensayo, que es zaragozana y con la que coincido en nombre de pila, que es Irene Vallejo, y que hace meses en un artículo hablaba de como Eneas representaba un modelo heroico diferente al que siempre nos habían traído La Ilíada y La Odisea.

    Siendo un importante secundario en la historia, Eneas eligió ejercer los cuidados y, en vez de librar batallas, se ocupó de recoger, transportar y cuidar de los enfermos.

    Vivian Gornick me descubría la fiera que yace en la hija que cuida, en la mujer que acompaña, la falta de ternura, las conversaciones al límite.

    Y quizá por oposición, al terminar de leer Apegos feroces, se aparece ante mí esa imagen de Eneas relatada por Irene Vallejo.

    Esa imagen, en ese artículo, debería ser la bandera de la nueva masculinidad, un hombre que lleva en brazos a su padre, que se dispone a huir de la guerra en vez de participar activamente en ella, y que lo único que busca es el bienestar de su familia.

    ¿Cómo en un mundo en el que conocemos la figura de los refugiados de guerra en los medios desde hace años, cómo es Irene Vallejo de los primeros en ensalzar la figura de Eneas?

    ¿Es que acaso preferimos la invasión, la guerra?

    ¿Por qué no elegimos al hombre cuidador? ¿Por qué sigue pareciéndonos ficticio?

    Evidentemente, porque no tiene repercusión alguna y es mucho mejor crear la aspiración de convertirse en un nuevo señor tecnofeudal como Elon Musk que ser un superviviente que cuida de su familia…

    Aunque todos los números apunten a que tengamos más posibilidades de ser el segundo.

    Hay gente que no quiere que los hombres puedan ser como Eneas.

    Ni que las mujeres puedan ser como Vivian Gornick.

    Nadie quiere entregar la ferocidad a las mujeres y los cuidados domésticos a los hombres pero, ¿no tiene todo el sentido reconocer estos roles más realistas, menos limitantes, en la vida?

    Que los apegos se muevan entre lo feroz y lo doméstico.

    Quizá no sea nada innovador.

    Quizá el libro de Vivian Gornick no dé una nueva perspectiva de los cuidados, y quizá no sea muy creíble esta aspereza entre madre e hija. Quizá una nueva generación de madres coraje, sus hijas y nietas de las mismas, solo vea la cara agradable de la relación. Quizá consideren que no debería existir un libro así, que solo sirve para sembrar la discordia entre mujeres.

    Pero quizá el amor y el dolor puedan ir juntos, y la soledad, y el cuidado, y la fiereza. Quizá deban ir juntos y, por mucho que se intente simplificar, sea imposible. Quizá los hombres que no quieren ser Eneas, deban serlo, y quizá las mujeres (y hombres) que desprecian a una mujer como Gornick, no debieran hacerlo.

    Ya que igual que Eneas nos trae una masculinidad deconstruida en la época de Homero, Vivian Gornick nos habla de un cuidado más que olvidado: la compañía. La no desaparición de estas dos mujeres por estar en compañía de la otra.

    Eneas estaba en la guerra de Troya. Vivian en Nueva York paseando con su madre. Y a mí, sin embargo, estas dos figuras se me aparecen como un rol que merece la pena que tome el primer puesto.

    Por variar.

    Y quizá así podamos dejar de exigir a las mujeres que cumplan un rol que nos han dado por pura comodidad para los hombres, y que lo ejerzamos todos, ya que, podemos.

    Ya lo demostró Eneas.

    ¿Se nos dará la oportunidad a las mujeres de ser feroces y a los hombres de ser domésticos?

  • POOR THINGS

    febrero 5th, 2024

    No tenía grandes expectativas al ir a ver Poor things.

    Sin embargo, algo ha hecho que me interese hablaros de ella hoy. Y eso es Bella Baxter/Victoria Blessington.

    Ambas, cada una en su historia, reflejan roles opuestos de la mujer en la sociedad. Siendo la misma mujer, el mismo cuerpo, la misma persona… Emm… No, no la misma persona. Bella lo deja claro, su historia y la de Victoria no son la misma, pero es ,que claro, aunque sean el mismo cuerpo, tienen distintas mentes y aprendizajes, lo que hace que todo cambie.

    ¿Eso también cambia la vida de las mujeres fuera de la ficción? Puede ser.

    Por supuesto, aunque estemos en una historia fantástica -que es prácticamente una revisión de Frankenstein que reivindica la figura de la mujer y su libertad- a mí lo que me interesa recalcar es cómo estos personajes rechazan, como mujeres, la maternidad, pero no sólo eso, sino la vivencia y sensación del instinto maternal.

    Hay un artículo de Sarah Gibbens en National Geographic de 2018 pero, si no quieres datos concretos, volvamos a la ficción distópica y fantasiosa.

    Poor things no me parece la película del año, ni siquiera la película feminista definitiva, pero rebosa preguntas, dudas y cuestiones feministas cada vez que Bella abre la boca. Pero no son solo sus palabras las que mueven un discurso libre y sin tapujos, también sus actos.

    Y eso es porque Bella es un experimento. Es una mujer con el cuerpo de un bebé, experimento llevado a cabo por un científico.

    Hecha ya semejante barbaridad en nombre de la ciencia, la «crianza» por así llamarla de Bella, es de interior, limitada a una casa grande, a compañías individuales y muy limitadas, y sin plantearse integrar a Bella en la sociedad sino, simplemente, que ella vaya aprendiendo a su ritmo y que vaya descubriendo el mundo.

    ¿Cómo sería una persona si no tuviera ninguno de sus condicionantes, una persona que ha vuelto de entre los muertos para ser un experimento en activo? ¿Os suena Frankenstein?

    Pues ya tocaba ver qué pasaba con Elsa, la novia de Frankenstein, creada para no ser la novia de nadie, sino para ver qué hace. Y claro, qué puede hacer una mujer que no necesita encajar en unos moldes, que no se compara con otras mujeres, a quien no se enseña a agradar o a complacer y que, simplemente, es.

    Ya sabéis qué le pasa a Frankenstein, pero, ¿y a una mujer?

    Las personas, aquí en la película sobre todo los hombres, son unas pobres criaturas inmovilizadas por el capitalismo, el heteropatriarcado, víctimas y verdugos del mismo, sometidos a su llamado, condiciones, condicionantes y todo lo que hemos aprendido de los mismos… Y por eso me parece tan interesante encontrar un personaje como el de Bella Baxter, quien, sometida a un experimento científico (DE LO MÁS CUESTIONABLE), que la tiene aislada, en cuanto puede, se escapa.

    Obviamente esta Rapunzel moderna, se escapa de su torre a la primera ocasión que tiene que hacerlo, se ve atrapada y es capaz de obrar de manera aguda, maliciosa y carente de escrúpulos.

    Lo primero es su vida, su libertad, su experiencia.

    ¿Y quién es nadie para encerrarla en una torre además?

    Todos los Jose Luises del mundo tiemblan ante una mujer que sale al mundo en posesión de su libre albedrío.

    A partir de aquí, Bella vive todos los despertares típicos de una narrativa femenina, casi como si estuviéramos en los diarios de Anais Nin (quién, por cierto, no tuvo hijos): el sexual, el de conocimiento, el de la injusticia social, política y económica. Y, ya os digo, me dejo cosas seguro.

    Dentro de este cuento de hadas feminista en el que nuestra heroína hace un viaje propio de la Odisea de Homero, ella es Ulises, buscando aventuras.

    Se ha dicho que es radical y enfermiza.

    Sin embargo que en las obras clásicas griegas, los hombres salgan a buscar sangre, conquistar territorios, robar, violar, para luego lloriquear mientras vuelven a casa (y en ese camino de vuelta, se dedican a hacer lo mismo porque boys will be boys) es parte de la naturaleza humana. Normalizamos la guerra y apuntamos con el dedo a la mujer.

    Y el que Bella Baxter no tenga hijos, y que Victoria Blessington prefiriera encontrar la muerte antes que parir al suyo, las convierte en radicales y enfermizas.

    Pero a ver.

    ¿No son ellas también consecuencia de su entorno? ¿No son sus actos un reflejo del mismo?

    Bella Baxter es un experimento que sale mal, porque, como tal, ha resultado en una mujer libre a todos los niveles y esto incomoda y asusta a todos los hombres de la película. Mientras que ella, ni comparte este miedo, ni siente que esté indefensa ante el mundo.

    ¿Os imagináis como seríamos si no nos sintiéramos indefensas en un callejón de noche?

    ¿Os imagináis cómo seríamos si no nos sintiéramos obligadas a caer bien y agradar?

    ¿Os imagináis cómo seríamos si no tuviéramos prejuicios?

    ¿Os imagináis cómo seríamos si nuestra sexualidad no se instrumentalizara, capitalizara y explotara para el sistema?

    Aquí, a mí me ha llamado mucho la atención la no maternidad de Bella, pero no se puede negar la fascinación cinematográfica por mostrar la liberación de la mujer a través del sexo.

    Y no es solo algo de esta película del 2024, sino de antes, con obras de escritoras como Nin o pintoras como Hilary Harkness.

    Esta es, al tiempo, un arma de doble filo, al ser uno de los roles en los que es más fácil culpabilizar a una mujer, el de su libertad sexual.

    Queda claro con Bella y a través del viaje del personaje de Mark Ruffallo, quien deja claro que ni el mayor de los libertinos es capaz de aceptar la libertad sexual de las mujeres. Él no lo permitiría y, en vez de aceptarla, queda clarísimo narrativa y visualmente cuánto la desea, y persigue con intención de encerrarla.

    ¿Os suena? A mí sí.

    Por suerte, esta no es esa historia.

    Aquí Bella elige ser una mujer libre, a través de su sexualidad, su no maternidad, su residencia, incluso elige ser su propio medio de producción y, en caso de vivir precariedad, salir adelante como pueda.

    Un hombre libre, se ha visto en la historia que (aunque NOT ALL MEN), llega a las guerras, las traiciones, la violencia, el asesinato, el robo, el chantaje… Se normalizan todas estas acciones en una sociedad occidental, aun cuando sean ilegales e inmorales. Y sin embargo hay lugares en los que no se juzgan estas acciones pero una mujer puede ver juzgada (y arrebatada) su vida, por el mero hecho de no limitar su sexualidad y no elegir un compañero de vida al que darla.

    Bella Baxter es el compendio de todas las cosas que molestan al patriarcado de las mujeres.

    Victoria Blessington es el antes de Bella Baxter, la historia que acabó con su suicidio en lo que, podría ser, por lo que he leído, un homenaje definitivo a Mary Wollstonecraft.

    La autora de «Vindicación de los derechos de las mujeres» vivió un primer embarazo en el que, su bebé, fue repudiado y no reconocido por el padre y, llevada por la desesperación, se tiró por un puente.

    Aquí sobrevivieron madre e hija.

    Cuando nació Mary Shelley, 11 días después, Mary Wollstonecraft murió. No llegó a ver cómo su hija superó en talento a su marido Percy Shelley y a su amigo Lord Byron, creando al monstruo definitivo de la historia de la literatura.

    E imagino que tanto Allastair Gray como Yorgos Lathimos están de acuerdo conmigo, ya que han decidido traer el monstruo de Mary Shelley a, lo que va a ser, una de las películas con un mensaje feminista más contundente de la década. O no, estoy deseando ver más, que lleguen más, que se llene el cine de Bellas y Victorias.

    No acabaré sin decir que la película hay que verla con pinzas, que hay muchas cosas que no me han convencido y que son muy incómodas, que no deja de haber una mirada masculina anhelando el desnudo femenino, que falta una parte política importantísima de la novela, y que todo el entramado de Mary Shelley y Mary Wollstonecraft (e incluso Godwin, padre de la primera y marido de la segunda) solo llega a través de leer mil artículos como el de Ita María en Volcánicas.

    Y no todas somos Bella.

    Pero, de nuevo,

    ¿quién seríamos si no nos importara cumplir ninguna expectativa?

    ¿Haríamos un mundo peor de lo que ahora es? ¿O mejor?

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