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No Mo

  • La insoportable levedad del Excel

    octubre 2nd, 2026

    Varios días con dolor de estómago.

    Y toca viajar, pero no pasa nada, porque has viajado otras veces con dolor de estómago. Y deberías pasarte por la acampada, pero vives a tomar por culo y no paran los dolores, pero no pasa nada, ya irás, ya podrás participar. Lo que cuenta es la intención, aunque sabes que es una mentira y que no estás donde tendrías que estar, porque mientras la gente pone el cuerpo en cambiar las cosas políticamente, yo estoy escribiendo a mi médico para pedirle medicación, me hago pruebas en las que no tengo nada y relleno un Excel del trabajo.

    Y tengo mucha suerte porque, a cambio de poder trabajar desde casa y dedicar el día a mi prueba médica y a descansar aquello que sea que tengo en el estómago, que lejos está de ser un bebé y más cerca de un virus/bacteria/bicho inmundo de un alimento al que soy intolerante pero no me enteré que estaba comiendo, a cambio de eso, solo tengo que rellenar un Excel.

    Y así paso el día.

    Hay pendiente de un decreto de vivienda que puede empezar a suavizar una situación insostenible en términos capitalistas, la gente ha salido a las calles a protestar contra los rentistas. Y estoy rellenando el Excel.

    Se habla de revolución, de una huelga general. Y sigues rellenando el Excel.

    Te vas a hacer unas pruebas, y no te quitas de la cabeza lo importante que es ahora más que nunca, no dar discursos bonitos, sino poner el cuerpo. Como las palabras están perdiendo significado en valor de los hechos. Como no tiene ninguna importancia lo que digan unos parlamentarios rentistas y ajenos a la realidad en comparación con lo que está llevando a cabo una población que, si es considerada disidente, es porque no se les ha dado ninguna alternativa. Porque la alternativa neoliberal sobre el esfuerzo, se la tendríamos que empezar a meter por algún orificio, porque si tienes esas ventajas, contactos, facilidades, te venían de fábrica. Y si ha sido tu destino, podrías al menos no dedicarte a empeorar la vida de aquellos que han tenido menos gente que tú, aquella gente a la que echas de su casa y aquella que viene de lugares que han sido expoliados y buscan una oportunidad. No hay derecho a estar del lado del que aprovecha sus privilegios para perjudicar a las clases trabajadoras asfixiadas por este mundo.

    Pero no debería pensar en todo eso, porque tengo un Excel que rellenar, y porque el dolor de estómago me va a tener en casa toda la tarde. Porque mi cuerpo no quiere ponerse al servicio de nada. Mi cuerpo está mucho más tranquilo rellenando un Excel. Sobre todo un Excel de esos interminables, de los que parecen no acabar nunca, mientras entran otro montón de tareas pequeñas que tampoco puedes dejar para mañana, pero has de acabar ese Excel.

    A una revolución de la que tu cuerpo te excluye, sumas una convocatoria que también te excluye. Una de esas negativas, uno de esos momentos en los que alguien te recuerda que quizá no eres tan buena escribiendo, que hay miles de personas como tú y que, con o sin Excels que rellenar, se merecían mucho más estar seleccionados.

    Pero sólo quieres acabar el Excel y salir a la calle. O salir a la calle y dejar el Excel. Pero estás en uno de esos momentos de parálisis, en las que todo te abruma tanto que piensas «otro día», como si la revolución te esperara al día que te viniera bien, como si pudieras ubicarlo entre otras actividades.

    Y quizá lo haga, quizá consiga ubicarlo entre otras actividades, como sea. Quizá las medicinas hagan efecto.

    Quizá consiga salir a la calle y sueñe con el Excel que no acabé.

    Y que escriba una obra sobre una mujer que tiene un dolor de estómago tan grande como un bebé, y como teme que se haga humano. Una obra sobre cómo ella no quiere traer bebés a un mundo que sólo consigue explicarse desde el pesimismo más rotundo.

    Es mucho más fácil quedarnos y rellenar un Excel.

    Por favor, no lo hagamos.

  • Tu vida no es online

    septiembre 27th, 2026

    Tu lugar no está aquí, leyendo sobre otras vidas y buscando referentes para enfrentarte a juicios de amigas que no te comprenden o familias que temen tu soledad.

    Tu lugar no está en una red social compartiendo contenidos de otros ni haciendo scroll.

    Tu lugar está en tu día a día, en todo lo que te moviliza, en todo lo que haces, lo que dices, lo que tocas, lo que sientes.

    Tu lugar debe estar fuera de Internet porque aquello que empezó a hacerte daño, ya estaba fuera.

    Escribo esto porque, cuanto empecé a escribir este blog, sentía que tenía algo que demostrar, que encontrar, que buscar. Me sentía dolida ante el juicio y la incomprensión, y sobre todo, me sentía sin recursos para hacerle frente. Gracias a documentarme y a escribir, pude hacerlo. He llegado a mucha gente a decirles lo poco que me importa su opinión acerca de que yo no quiera tener hijos.

    He hablado con amigas que sentían que las juzgaría por querer tener hijos, y eso ha abierto muchas nuevas conversaciones, muchos prejuicios, muchas realidades.

    Mucho empezó con Labour, pero otro tanto empezó con amigas con frases de taza «cuando conoces a la persona adecuada, lo sabes» o «en el fondo todas queremos lo mismo» y, sobre todo, la que no ha dejado nunca de ser mi favorita «yo tampoco quiero, pero es lo que toca», un testamento que, a día de hoy, me está dando más la razón a mí. A nosotras.

    Pero si algo me está animando estos días son las palabras de Lucrecia Martell «tenemos que recuperar la calle» y el 26S que surge con una acampada en Sol.

    Las redes deben ser el lugar en el que contemos lo que sucede en la calle. Pero la calle es el lugar en el que todo comienza, es el lugar donde está el cuerpo y la vida, y una mujer sin hijos siempre va a querer conocer otras mujeres en su situación, siempre va a necesitar alguien en carne y hueso para no sentirse sola.

    Y lo merecéis.

    Porque vuestra vida no es online, no debéis vivirla desde el teléfono y necesitáis algo más claro, algo más tangible.

    Y si yo no colaboro en esto, os estoy haciendo un flaco favor.

    Os pido perdón.

    Y lo voy a arreglar.

  • «Labour» de Paris Paloma: el comienzo de todo

    septiembre 18th, 2026

    Era el 24 de marzo de 2023 cuando mi amiga Laia me mandó un link a una canción con el mensaje de: «creo que este tema te va a flipar». No hay nada que me llame más a que una buena amiga me mande un link sobre algo y me diga que le hizo pensar en mí (soy así de ególatra, qué le vamos a hacer).

    Creo que ella no ha llegado a saber nunca cómo ese momento dio inicio a todo.

    Por lo que estoy viendo, abrí el Instagram del blog el 19 de marzo de 2023. El 28 de marzo escribí un post sobre la canción, cuando ya llevaba cuatro días obsesionada con ella y ya me sabía las letras de comienzo a fin. Aún me la sé. Por suerte, Labour aparece en todas las playlists del trabajo y tiene una presencia más o menos continuada en mi vida, porque creo que no ha habido una canción que explique mejor la condición de la mayoría de las mujeres en la pareja, y como madres y cuidadoras. Pero no solo eso, sino que no ha habido una canción que haya creado más comunidad entre las mujeres que esa.

    No entremos aún en el madres o no madres, porque esta canción tiene para todas.

    Si hay algo que a todas nos acerca a una idea falsa sobre la maternidad, ha sido, previamente, la falsa idea de la pareja. Creo que habrá pocas mujeres que no recuerden de pequeñas esas preguntas a los 5 años sobre sus novios, sobre si sus muñecos eran sus bebés, o sobre si estaban al cuidado de algo. No nos pasa solo a nosotras, incluso pequeñas a mi alrededor ya han asumido desde el propio juego el rol de la madre. Está instaurado en la sociedad y, en ocasiones, aunque no venga desde tu propia casa, viene desde la casa de un amigo, unos vecinos o unos familiares.

    Labour significa «trabajo». Pero Paris Paloma no eligió este título al azar, ya que labour también significa «parto». No eligió «chores» que también tiene esta connotación de las labores domésticas. Y es que la letra de esta canción es pura poesía y merece la pena ir analizándola frase por frase, no solo para que entendamos la canción por completo, sino para que veamos dónde duele, dónde toca, y dónde se convierte en nuestra canción.

    Durante muchos años pensé que el click para empezar a escribir el blog fueron unos amigos diciéndome que «ellos tampoco querían tener hijos pero era lo que tocaba», sin embargo, por suerte, me he dado cuenta de que fue esta canción.

    Esta canción que reflejaba perfectamente el futuro y presente que estaba ahí en la vida de las madres, en la vida de las mujeres. Esa pretensión constante e invariable de que estábamos al servicio de los hombres, de que debíamos sostener, de que debíamos cuidarlo todo para que él no tenga que mover ni un dedo. Estar a todos los niveles, y también para escuchar.

    ¿Nunca os habéis planteado qué rol tenéis en vuestras relaciones? ¿Qué se os exige en la pareja o incluso en relaciones de amistad?

    Terapeuta, madre, criada, ninfa, virgen, enfermera, apéndice, máquina de bebés 24 horas al día.

    ¿Quién puede hacer todo eso?

    Sin duda, una mujer puede hacer todo eso, es capaz. Ha sido entrenada, tiene recursos.

    Eso no significa que quiera hacerlo.

    Ni que tenga por qué hacerlo.

    Y que, si se ve obligada a hacerlo, quizá se arrepienta.

    Quizá quiera escapar.

    Y quizá tenga miedo, no sólo por ella, sino por aquellas que vienen. En concreto, en la canción, por el futuro que le espera a su hija.

    El otro día Jessica Valenti, de Abortion Everyday, hablaba de cómo ella está criando a una hija adolescente en la actualidad en los Estados Unidos que tiene menos derechos que ella en estos momentos de la historia. ¡E incluso menos derechos de los que tenía su abuela!

    En medio de toda esta labor constante e inacabable, las madres son las únicas responsables de intentar que sus hijas no vivan sometidas a la obsesión por el cuerpo y el agradar que vivimos en los 90, o la de vivir sometidas económicamente, como pasaba previamente, aunque sigue pasando ahora. ¿Cómo? ¿Cómo trabajar cuarenta horas semanales, hacer las tareas del hogar sin apenas y división y preparar emocionalmente a una criatura/ adolescente para un mundo en el que apenas ellas pueden aguantar?

    Pero, claro, no sólo vale con hacer una canción increíble, crear conexión entre miles de mujeres y acabar siendo telonera de Florence and the Machine. ¿Es que nadie va a pensar en los niños y aquellas mujeres a los que no les pasa lo que a la mujer de la canción?

    Podría, simplemente, decir que si no han escrito una canción sobre ti, no lo van a hacer porque tú la reclames (o puede que no salga como querías).

    Aquellas mujeres que no se ven superadas por las labores de la maternidad o patriarcado, y vivan ajenas a él, no suele ser porque se lo hayan currado más. En la mayoría de casos, ya sea previamente o por contrato marital, pertenecen a una clase social más acomodada, con cierta libertad e independencia económica, y que han delegado los cuidados y la limpieza a trabajadoras domésticas. No digo que no haya que contratar profesionales, pero no veo que, en las parejas acomodadas, él se plantee los cuidados y ella la carrera profesional en un porcentaje equitativo a la de mujeres que abandonan todo por los cuidados. O que alguien tenga una conversación acerca de subir el sueldo a aquella mujer contratada de asistenta o nanny, de hecho a veces no se las contrata porque «cobran una barbaridad» (esto lo he oído más de una vez).

    Como decía Caryl Churchill en Top Girls, no hay una liberación de las mujeres hasta que todas las mujeres disfruten de la libertad, y estamos más que lejos de ello. Las trabajadoras domésticas que son contratadas para hacer todo eso que no quieren (o no pueden) hacer sus empleadores, suelen estar en situaciones precarias, en muchos casos no son dadas de alta en la seguridad social. Por cierto, ese relato sobre cómo ellas no quieren que se las dé de alta, tampoco es en la mayoría de los casos, y puede que se deba a una realidad en la que dicha gestión va a imposibilitar que consiga una segunda labor (mal suelo, escaso, y sin posibilidad de una jornada que combine otra) que le ayude a llegar a fin de mes o que consiga otra labor precaria para intentar llegar a fin de mes. Por supuesto, sin plantearse la posibilidad de cotizar o de tener jubilación. ¿Quiero que las trabajadoras domésticas tengan mejores condiciones laborales? Evidentemente, y si no, las mujeres seguimos cargando con todo el «labour» como indica precisamente la canción. Y si no es a cambio de nada dentro de una pareja y familia, es a cambio de poco en un trabajo precario para una estructura familiar.

    Pero no es de eso de lo que va la canción.

    Porque la canción rompe esa idea romántica del matrimonio, del compromiso, y ubica a la mujer en un rol de servidumbre cíclico que sólo se puede romper de un modo brusco y desagradable. Y qué feas somos las mujeres cuando nos ponemos bruscas y desagradables, ¿verdad?

    Tres años y medio después, esta canción resuena como un himno, y me alegra que haya habido millones de mujeres escuchando esta canción y quedándose con esta idea, con esta rebelión cada vez menos silenciosa que traemos al mundo.

    Muchas mujeres descubren esta canción cada día, o están a un minuto de descubrirla.

    Muchas mujeres están a un minuto de descubrir que ese happily ever after sólo está reservado a aquellos con el poder social y económico y que, en muchos casos, no quieren soltarlo ni compartirlo.

    Estamos descubriendo que podemos romper ese linaje que no nos han contado, y que, incluso, podemos evitarlo.

    Y Paris Paloma nos lo cuenta de un modo único e incomparable.

    Porque, es así, teniendo en cuenta todo esto: If our love died, would that be a bad thing?

    Pensadlo.

    Escuchad la canción.

    Y pensadlo de nuevo.

    Aún me alegro de haber visto el vídeo en aquel momento y haberme decidido a tener este espacio para contaros cosas y que, de vez en cuando, me las contéis a mí.

  • El legado de Dolly Parton

    agosto 26th, 2026

    Hoy ha sido un día en el que todas hemos hablado de Dolly. La hemos incluido en nuestro imaginario y parece que hemos confirmado que, realmente, hubo un ángel entre nosotros y era ella.

    Escribí una entrada sobre ella que tenía pendiente de publicar hace más de un año. Un año. De cuando cumplió 79 años. Antes de que saliera ese vídeo hace unos meses en los que, con ese candor que sólo ella poseía, comunicaba a sus fans que tendría que anular conciertos y eventos para poner su salud como prioridad. Ella, que se debía a los demás, tenía que parar.

    Ella, que no se hizo millonaria porque reinvertía su dinero continuamente en causas benéficas.

    Hay muchas cosas que se están diciendo en Instagram y que son importantes de Dolly Parton:

    Que su proyecto The Imagination Library hoy mismo ha repartido libros en Estados Unidos. Una iniciativa para que los niños tengan acceso a la lectura y no sean analfabetos. Una iniciativa que financió y mantuvo desde cero y que ahora queda en manos de Miley Cirus, la principal heredera de Dolly. Ojalá pueda seguir con ella ya que los republicanos, en su afán por prohibir libros, llevan tiempo buscando el modo de cerrar The Imagination Library.

    En 2016 apoyó públicamente a la comunidad trans hablando de cómo su identidad era importante para ellos y de cómo merecían nuestro apoyo y respeto.

    Escribió la canción 9 to 5 cuando protagonizó la película del mismo título con Lily Tomlin y Jane Fonda, quienes siempre dijeron que era maravillosa. Si no la habéis escuchado, que sepáis que es el auténtico himno de la clase trabajadora. Una película que habla de la persecución a los sindicatos en los 80 y tres mujeres que se rebelan en el lugar de trabajo.

    Tiene un vídeo cantando Jolene, una de las canciones más bellas de la historia del country, con Rob Halford de Judas Priest.

    Ayudó a financiar la vacuna de Moderna.

    Su imagen es uno de los mejores gags de Derry Girls, mi serie preferida.

    Si pienso en todas las cosas que hizo, casi me parece que escribir sobre ella como mujer que no tuvo hijos es instrumentalizarla, así que no lo haré.

    Pero tiene que ver, por lo de su legado.

    Dolly Parton nos demostró con su vida y legado que se podía ser una persona trabajadora, exitosa, amable y considerada.

    Esta diosa y reina quiso ser también una mujer común, guíandonos como una antorcha en nuestro camino. Y ahora nos toca seguirlo. Sin ella.

    Como diría ella: «OH, BOY».

    Pero siento que ha dejado un camino claro y una vida llena, sin arrepentimientos ni dudas.

    Dejad de manifestar, de consumir, de pensar en la IA y en chorradas. Hay que mirar hacia tu comunidad, tu gente y ayudar y colaborar de manera desinteresada en todo lo que se pueda. Sobre todo por aquellos que están en desventaja.

    Dolly lo hacía con todo el glamour pero, sobre todo, con toda su honestidad (pasó todas sus auditorías, eso también es digno de admirar) y me quedo con eso. Con la idea de hacer todo lo posible y de divertirme haciéndolo.

    Y me quedo con mi cita favorita de Dolly:

    La gente cree que solo soy una rubia tonta pero se equivocan. Ni soy tonta ni soy rubia.

    Dolly, nosotras también te querremos siempre.

  • 6 días sin mirar Instagram

    agosto 17th, 2026

    Cuando empezaron las vacaciones, comenté a mi pareja que iba a intentar pasar la semana que estábamos fuera, sin entrar a mis cuentas personales de Instagram. Que, a lo sumo, guardaría enlaces de sitios que quería visitar pero estaría alejada de la vida digital y, sobre todo, no publicaría fotos de dónde he ido.

    No es que tenga nada en contra de que la gente lo haga pero hay algo en la contemplación de la vida de los otros y la exposición de la tuya propia que han hecho que no haya sido capaz de pasar del blog y algunas historias de Instagram que hago para hablar de cosas que me importan y que veo relevantes para las mujeres sin hijos.

    Y tras unos días sin hacerlo, lo tengo claro.

    No es para mí.

    Me siento liberada al estar ajena al mundo de los demás. (No me entendáis mal, leo las noticias y veo videos en Youtube, no es poco)

    Empecé a pensarlo hace meses, cuando comencé a sentir una morriña indescriptible hacia 2011. Vivía fuera, en una ciudad que me apasionaba, estudiando idiomas, apañando proyectos artísticos, y había blogs.

    Blogs.

    Aún no estaban los smartphones y las redes sociales a las que me haría completamente adicta desde 2014 a 2026.

    Siempre existe el mismo motivo. El de la visibilidad.

    Para el blog, me hice un Instagram. Para los proyectos de teatro, otro. Y en el trabajo, tenía dos.

    Y no me sentía atrapada pero había algo que no funcionaba. Hay algo que no funciona.

    Y con el movimiento childfree más consumista y de clase media alta que llena la red, que genera ideas sobre la idea de vida de persona rica y despreocupada a cualquiera que no tenga hijos, me empecé a incomodar.

    ¿De verdad en una época en la que la desigualdad se ha incrementado hasta extremos inimaginables somos todas las mujeres sin hijos ricas?

    Cuando lo comenté, ¿sabéis quién fue la única persona que me escribió? Solo una mujer con hijos para recordarme que era mucho más caro tener criaturas.

    La conversación no parece que empiece allí… Tras varios años, creo que no.

    Sé que no.

    Además, es muy molesto que aquellas plataformas que odiamos sean las que nos sirvan para la promoción. (Hablo por mí)

    Detestamos Instagram pero allí está el «público», mi chico, músico, con un canal de YouTube, sabe que es muy probable que tenga que subir su disco a Spotify, pese a lo degradante que es el trato económico a los artistas y sus vergonzosas e inhumanas decisiones políticas.

    En cualquier caso, ¿qué hacemos si no es Instagram? ¿Cómo nos informamos?

    Estoy pensando cosas, y vienen de un lugar desde el que me siento cómoda después de mucho tiempo sin haberlo estado.

    Ojalá leas esto.

    Ojalá nos veamos pronto.

  • Texto breve para amigas con criaturas

    agosto 2nd, 2026

    En unos años pasará.

    Lo sabes porque hace unos años te pasó a ti.

    Tendrías unos 15 años y te parecía que ya eras suficientemente mayor para todo.

    No necesitabas supervisión, ni guía, ni a adultos que estuvieran pendientes.

    Y lo hiciste.

    No te voy a recordar el qué. Si fue un cigarrillo o un botellón, o un chupetón, o un suspenso inesperado, pellas, dormir en casa de una amiga y salir por ahí, o una página web que no deberías haber mirado, o unos amigos que no te convenían. Ya dirás tú qué fue pero recuerda cuando mentiste y te pillaron.

    Recuerdas el castigo, los reproches, el enfado.

    Y recuerdas lo que pensaste de tu madre, porque seguro que fue ella quien te castigó mientras tu padre «proveía» y nunca gestionaba cosas de familia.

    Y recuerdas lo que le dijiste.

    Y en unos años… Esa criatura es quien tiene 15 años.

    Y temes que se cambien las tornas.

    Porque lo harán.

    Temes ese momento en el que tu criatura sea mayor, te mire y olvide todos los años previos, todas las noches que le cuidaste, los sacrificios, el miedo, el miedo que sientes cuando sale, y piense que eres lo peor que le ha pasado y solo quieres que sea infeliz.

    Sabes que pasará.

    Y en ese momento, muchas madres pasarán por lo mismo. Y todas os diréis que es lo normal, que a todas os pasa, que es parte de madurar y crecer, que es parte de la formación.

    Y en ese momento, te vendrá muy bien una amiga sin hijos.

    Una amiga que se ponga de tu lado al 100% y te diga que ese bebé monísimo ahora es un engendro endemoniado que no sabe la suerte que tiene.

    Una amiga a la que, cuando le cuentes sacrificios que has hecho, anécdotas vergonzosas que nunca habías contado, no te juzgará, no pensará que es normal, no pensará en su propia maternidad sino que asistirá a la historia con horror y empatizará contigo y solo contigo.

    Y la criatura de 15 años podrá refunfuñar y odiarte todo lo que quiera, que tú no estarás sola.

    Porque si algo tenemos en común es que no merecemos estar solas ante la adversidad.

    Siempre vamos a necesitar a alguien que esté para sobrevivir al mundo.

    Hagamos equipo aquellas que podamos.

  • Nomofobia

    julio 23rd, 2026

    Ha sido así de sencillo: al abrir el navegador online y teclear el nombre del blog, antes de que aparezca el título de mi blog, ha aparecido otra palabra: nomofobia.

    No es extraño que Google sugiera aquello que le da la gana basándose en todos esos estudios que hace sobre ti para fomentar tu consumo y crearte necesidades, pero he dudado unos segundos ante la palabra. Me he planteado por unos segundos si podía tratarse de «una fobia hacia las mujeres sin hijos», hacia las «no moms».

    Este término, que no es un término, se intentó asentar hace unos años para hablar de aquellas mujeres que no querían ejercer la maternidad (distinto de la no maternidad por circunstancias, referido a mujeres que no han tenido hijos por problemas diversos pero que sí tenían la voluntad/deseo de ser madres) pero nunca terminó de cuajar.

    La nomofobia en realidad es la no-mobile phone phobia. Una fobia o estado ansioso que experimenta la gente al quedarse sin móvil o estar con batería. Al parecer el estudio se hizo en 2011 y ya entonces más de un 53% de personas en Reino Unido se sentían así. Y eso fue en la época anterior al smartphone, a día de hoy no creo que sea una opción para nadie salir sin móvil o plantearse espacios sin el móvil. En 15 años se ha convertido en uno de nuestros principales espacios de ocio. Y si no, es porque eres una persona con bastante capital económico que puede permitirse ir de viaje, restaurantes y tendrá experiencias caras que fotografiará con el móvil para demostrarte que las tiene, y que hará pasar por algo descuidado y sin poner atención porque «la vida está ahí fuera».

    Así que no, la nomofobia no tiene que ver con las mujeres sin hijos. Por un lado, está bien que no generemos fobia, sino solo dolores de cabeza a la gente que no es capaz de entender que nadie tome una sola decisión que ellos no tomarían, pero, por otro lado, seguimos sin un término.

    Seguimos siendo una nulípara o una mujer sin hijos. Ya os comenté en una ocasión que el término era el de una mujer que no había parido criaturas y que, por el momento, era el término lingüísticamente más cercano. Sin embargo, en el afán por encontrar una palabra con la que definirlo, buscar entre los sinónimos de nulípara no ha sido una buena idea. Según el diccionario abierto, tengo las siguientes opciones: estéril, infecunda, infértil. 

    En realidad no sé si soy fértil o factible de fecundar, ya que nos ponemos, sólo sé que no quiero hacerlo… De modo que tendría que ver con la acción de querer algo, de desear algo.

    A día de hoy tenemos las siguientes opciones:

    Sin hijos por elección

    Libre de hijos

    No hijos (esto debe ser una traducción directa de… Del inglés no… )

    No procreadoras

    No es muy alentador, sobre todo teniendo en cuenta que los primeros movimientos reconocidos de mujeres que no querían tener hijos tuvieron que ver con la legalización de la píldora anticonceptiva en los años 1960, con organizaciones como The National Organization for Non-Parents (1972-1982) en Estados Unidos y No Kidding International, fundada en 1984 —en Canadá, Estados Unidos y otros países— y Kidding Aside (2000, en Gran Bretaña).

    Lo reconozco. Encontrar el término nunca fue una prioridad para mí.

    Yo quería poder ayudar a las mujeres a que pudieran elegir no tener hijos si eso es lo que querían, acompañar de algún modo, arrojar algo de luz, pero a día de hoy necesitas neones y una visibilidad y exposición difíciles de combinar con cualquier tipo de vida. Y además, tampoco en mi entorno, he conseguido cambiar nada. En mi entorno, la gente sigue viendo como más normal que una mujer que no quiera tener hijos los tenga, que decida ser parte del 19% de mujeres que no quieren tener hijos.

    Hoy leyendo sobre el término de nomofobia, he vuelto a leer sobre el mundo de la no maternidad y, alejados de las redes sociales y de los expositores online de video y foto al que estamos más acostumbrados, hay organizaciones, partidos políticos y unidades progresistas feministas que llevan años, décadas, centradas en este tema. Mujeres que se unen para hablar de ello, que conectan, que crean un colectivo artístico más allá del presumir de status económico.

    Porque, os lo reconozco, las cuentas tremendamente individualistas, clasistas y posh que se crean en torno a las ideas de la mentalidad childfree hacen que participar, se me haga pesado. No me apetece pensar en hacer un video, ni contaros mi vida, la cual no es la vorágine de las millonarias que hay en Instagram. Y me molesta que se asocie la idea de no tener hijos con un estatus económico e intelectual. ¿Qué pasa? ¿Si no tienes un posgrado o un doctorado, no puedes elegir no tener hijos? ¿Es solo para intelectuales que se pasan el día leyendo a Proust o que hacen cinco viajes al año porque «ser childfree es un estilo de vida»?

    Todo esto tiene que cambiar.

    No sé hacia dónde.

    No sé si será aquí.

    Pero la voz de las mujeres que no quieren tener hijos tiene que dejar de ser el ruido blanco de las historias de otras. Tenemos que existir para que todas las mujeres entiendan que hay una elección.

    Y darnos voz.

    Recordad que, si queréis dar voz a vuestra historia sin hijos, aquí estoy, esperando leeros y escribir sobre vosotras.

    Gracias por leerme.

  • El problema de las «verdades absolutas»

    mayo 29th, 2026

    Tengo un par de amigas con hijos que, recientemente, compartieron una reflexión similar en redes sociales sobre su maternidad. Era una reflexión que planteaban como una verdad absoluta pero que, desde mi punto de vista, sólo podía ser una paradoja.

    Os explico, y si queréis y podéis dar más luz al asunto, seguro que a todas nos viene bien.

    La reflexión era cómo, en términos generales, al tener un hijo, ya no podías entender tu vida sin él. Como no podías plantearte la vida sin él. Como, pese a que todo fuera mal, ya era una situación que estaba completamente fuera de tu imaginación y cábalas sobre otras vidas.

    Quizá definirlo como paradoja, como algo contradictorio en sí mismo, no sea suficiente, porque lo que me rechina de esa afirmación categórica y generalista, es que no es cierta.

    Al menos a nivel general.

    Si planteamos que ese imaginario no existe, que ese «Y si…» desaparece automáticamente, dejamos de lado todas las vivencias de las madres que no conectan con sus criaturas, aquellas que viven en la más absoluta precariedad y que van continuamente a escenarios mentales imaginarios en los que viven otra vida, o aquellas que, sí, digámoslo, se han arrepentido. Orna Donath no se inventó su libro «Madres arrepentidas», sino que se basó en relatos de no pocas madres que, aunque no querían hacer desaparecer a sus hijos, eran capaces de imaginarse sin ellos y podían incluso fantasear con otros tipos de vidas. Madres cuyo testimonio, hasta ese libro, había sido silenciado.

    Y hay muchas cosas que me desmontan esa verdad absoluta. Entre ellas, discursos, precisamente, de madres. Mujeres con criaturas que ponderan sobre todo aquello que estás haciendo mal en tu vida sin hijos. ¿Cómo pueden saberlo si ellas no han elegido esa vida y son incapaces de imaginarse sin ellos?

    En muchos casos, la vida childfree tiene que tener ciertas cosas:

    Privilegio de clase: si no me puedo permitir irme de escapadas continuamente a lo largo del año, algo estoy haciendo mal con mi SMI. Por cierto, ¿cómo sigo cobrando un SMI? ¿Por qué no tengo un trabajo mejor? ¿Por qué no soy de una clase social alta? ¿Por qué mi clase media, si es que la puedo llamar así, no llega a los niveles aspiracionales de las influencer childfree?

    FOMO: No tengo hijos así que tengo que hacerlo TODO. No solo tengo que ir a tomar Gildas continuamente y conocer todos los restaurantes de mi zona, sino que tengo que hacer muchísimas actividades, ir a todas las actividades culturales, hacer todos los deportes, hornear mi propio pan, reformar mi casa con mis propias manos, estudiar dos idiomas, escribir un libro, tener un podcast… Y eso son las cosas que se me han ocurrido a mí que soy un pelín antisistema, imaginaos cuando entran las mentalidades de maternidades neoliberales.

    Éxito: Más vale que no tener hijos sea algo que pueda vender en redes sociales y crear envidia entre las madres porque, si no, ¿para qué he hecho el sacrificio?

    Pero, claro, alguien que dice que es imposible imaginar una vida sin hijos pero es capaz de imaginar todas las vidas que viven sus amigas sin hijos, puede que tenga difícil entender que no ha sido ningún sacrificio. Que, para algunas, las más afortunadas, ha sido una elección.

    Que aunque no hayamos podido ir aún a Japón, no gocemos de privilegio de clase ni seamos la envidia de todos nuestros amigos, nuestra vida, para nosotras, sigue mereciendo la pena ser vivida, y que vamos encontrando nuestro camino.

    Con menos referentes y con una narrativa neoliberal en contra de lo que aportamos al mundo. Con muchísimo juicio sobre nuestros hombros. Encontrando la paradoja donde un mensaje de redes sociales te da una verdad absoluta.

    Pensaba, honestamente, que nos iríamos encontrando más, que nos comprenderíamos más, pero a veces en redes sociales pienso que nadie quiere leer y escuchar, que todos necesitamos gritar. Que todas necesitamos gritar. Y que estas amigas con hijos solo quieren hacerse valer, hacerse escuchar, destacar. Ni siquiera son conscientes de lo neoliberales que son, de lo sesgado de esa narrativa, o de que no hace falta solo mirarse a sí misma, de lo importante que es mirar al grupo.

    Las mujeres están cargando con la maternidad en un 90% en la mayoría de los casos, y sufriendo todas las consecuencias, mientras tienen que seguir dando un 100% en el mercado laboral, y aguantar las presiones sociales y familiares. Por favor, no decidáis con qué cosas pueden o no soñar.

    No todo eres tú y tus hijos.

    En el mundo también hay madres que no están en el mismo punto que vosotras.

    Y hay hasta mujeres que no se cambiarían por vosotras pese a vivir esta maternidad neoliberal con privilegio de clase, de economía y de status. Mujeres que prefieren lo que tienen.

    No ponderes ni juzgues.

    Un día puedes ser tú a la que sometan a juicio.

    Y eso sí que es una verdad absoluta. No hay nada que garantice que a ti no te vaya a pasar nunca, que nunca te vayan a juzgar, que nunca te vayas a arrepentir, que nunca vayas a soñar con vidas ajenas. Por mucho que te creas esa falacia como una verdad absoluta. Nada está fijo.

    Vaya paradoja, ¿eh?

  • ahogada(s)

    mayo 11th, 2026

    Esta historia la he leído demasiadas veces.

    Una mujer.

    Una mujer que cuida.

    Una mujer que cuida, que empieza cuidando a su madre.

    Una mujer que cuida, que empieza cuidando a su madre y acaba cuidando a su suegro y a su suegra.

    Una mujer que cuida, que empieza cuidando a su madre y acaba cuidando a su suegro y a suegra a cambio de nada. Porque es verdad, a cambio de los cuidados no viene nada. A lo mejor sientes que eres una de esas personas que se sienten bien cuidando de los demás, que se sienten completas dando cariño, acompañando, dando, dando, siempre dando. Pero, en estos casos, no estamos hablando de una mujer que hace un voluntariado un par de días fuera de su casa. Hablamos de la imposición de una realidad brutal de la que no hay manera de escapar.

    Bueno, sí la hay, pero pensad en esa mujer que cuida, que no para entre una persona mayor que necesita cuidados, entre una, la segunda y la tercera. ¿Cómo escapa? ¿Con qué fortaleza decide que ha sido suficiente y que alguien más es quien debería ocuparse de estas personas? ¿Qué sucede si se marcha, quién se queda al mando?

    Esta mujer que cuida y que se ahoga, y que pese al refrán «Dios aprieta pero no ahoga», sólo existe porque la idea es sobrevivir, aguantar y ser capaz de sacar adelante todo lo que se te impone. La idea es seguir respirando, y no quejarse demasiado por el camino.

    Y en esas suelen estar, en sobrevivir, en aguantar los cuidados, en dejar que tu vida sea la otra persona durante 24/7, para que llegue alguien y te diga que mejor tengas hijos ya, para no arrepentirte, para sentir el amor, para ser feliz. Y estas mujeres, porque empezamos con una perso sabemos que son muchas, aquellas que no quieren maternar (porque otras, seguramente pese a todo, aun quieran) dicen que no, dicen que no quieren, que no pueden, que no quieren seguir cuidando, que solamente esperan llegar un día en el que, en vez de ser cuidadora, puedan cuidar de sí mismas, puedan estar tranquilas, puedan tener independencia y tiempo.

    Y es entonces cuando, tras años de dedicarse a los cuidados, vienen los juicios de valor, en los que es juzgada por no ser una persona cariñosa y generosa (habiendo dejado claro que ha pasado años cuidando de otras personas), viene la condescendencia de un relato infantilizado en el que la maternidad es el único elemento que puede hacer felices a las mujeres y, por si fuera poco, la insistencia. Porque tampoco podemos dejarlo ahí ¿no?

    A veces imagino estas escenas con animales, no sé por qué. Supongo que por ser una mujer sin hijos que se permite tener una imaginación infantil en aquellos momentos en los que el neoliberalismo no me hunde en la miseria… Pero me imagino a esta mujer como un cervatillo herido, y a esas personas que juzgan, critican y, desde luego, no ayudan, como cazadores, solo que ellos no lo saben. Se ven como cuidadores, como alguien que va a salvar al cervatillo, pero… No lo hacen.

    Perdonad una metáfora tan básica pero estoy convencida de que todas esas personas que han sacrificado más de seis años de sus vidas a cuidar de otros a cambio de nada, saben lo que quiero decir.

    Y saben que sus argumentos son desoídos, porque, si no fuera suficiente con la condescendencia, luego viene la culpa: ¿Por qué no lo hiciste de otra manera?

    Y ahí, ahí es cuando no solo se aprieta, sino se ahoga. Cuando culpabilizas a alguien de su propia miseria. Asumimos enseguida que esa mujer que ha dedicado tantos años a los cuidados, tenía capital económico para delegar en otra persona; o que los servicios sociales no están tan ahogados como se nos cuenta en numerosas manifestaciones y comunicados en los que hablan de recortes salariales y de jornadas imposibles (y si ya estás en la comunidad de Madrid ni te cuento); o que al final todo el mundo podría pagar una residencia que suele costar más de 1200 euros al mes en un clima económico en el que las casas no son accesibles y hay una desigualdad salarial acojonante de la que, te dicen, es imposible salir.

    O asumimos que esa persona no tuvo a nadie que le ayudase porque algo malo le tenía que pasar. Si era soltera porque «nadie estaba con ella» y si tenía pareja y esta no se implicó en los cuidados para ayudarla, sería porque «tendría que aportar otras cosas». ¿Por qué las mujeres nunca pueden ser las que aportan otra cosa? Y, aún así, ¿por qué una mujer que cuida no tiene derecho a parar cuando puede hacerlo por fin?

    Mil cosas, juicios, pensamientos y morales de familias nucleares porque el sistema es un fracaso. Porque una mujer que pasa por cuidar a toda su familia recibe más juicio que comprensión, y porque nunca se agradecerá lo suficiente que estuviera cuando tuvo que estar, ni se remunerase tampoco, porque, claro, es algo que haces porque tienes que hacerlo…

    Todas hemos visto a una mujer en nuestra familia cuidando. Y si no lo has visto, es que eras tú.

    Esa mujer no tiene por qué ser una santa y no tiene por qué aguantar hasta el final de su vida. Ni siquiera tiene por qué caerte bien.

    Pero, si no la vas a echar una mano, al menos, déjala en paz.

  • Un pisco sour agridulce

    marzo 25th, 2026

    En realidad me lo pasé muy bien.

    De camino de vuelta a casa me centré en lo bien que me lo pasé.

    Fuimos a un sitio agradable y bonito, de esos a los que vas cuando quieres subir la apuesta en una de esas quedadas que tardan tanto en salir adelante. Vas a un sitio que está un poco por encima de lo que solías pagar por ir a tomarte algo y para el que te arreglas también un poco más de lo que harías normalmente porque, quieras o no, lo que antes era cualquier tarde de vermut, ahora es una ocasión especial.

    Me gustaría culpar al pisco sour. Como no soy una persona acostumbrada a beber alcohol, quizá una bebida tan fuerte pudo tener un efecto algo más contundente del que esperaba. Y es que es una debilidad. Además es una bebida que tiene su gracia, ¿sabes? Se prepara con pisco y zumo de limón. El término sour viene de pertenecer a esa familia de cócteles que emplean el limón como parte de la receta y es un importante refrigerio tanto en Chile como Perú. La gracia es que ambos lo consideran su cóctel nacional, su marca de identidad, como una propiedad exclusiva. El pisco sour es un referente único en dos lugares, y coexiste como bebida tradicional en ellos. Quizá eso me va bien, ya que llevo 10 años en Catalunya y yo misma ya no sé si soy patrimonio de un lugar o del otro, de ambos o de ninguno, o quizá el efecto del pisco sour me hace ponerme existencialista.

    Tiene gracia que ese elemento fuera de los momentos más importantes de un encuentro que llevábamos esperando bastante tiempo. Un encuentro al que llegué y en el que, aunque ya lo sabía, iba a tener bastante poco que aportar.

    Y es normal, la vida estas dos parejas de amigos dista bastante de la mía y, desde hace unos años, decidieron formar sus familias, casi a la vez. Entre cuatro adultos tienen cinco hijos pequeños. Los niños tienen entre seis meses y cinco años. Esta vez no les acompañaron, uno estaba con sus abuelos y otro en la compañía de una niñera. Era una ocasión única. Cuando tus amigos tienen hijos, comienzan a formar parte de tu vida también, y son divertidos, adorables y graciosos, pero hay momentos en los que la comunicación previamente establecida, sus antiguas vidas, sus antiguas conversaciones, buscan un hueco por donde volver. Y ahí estoy yo.

    A lo largo de la comida hablan de cosas importantísimas para los cuatro. La dificultad en la crianza, la imposibilidad de combinarlo con el trabajo (para lo cual tienen niñeras, abuelos, un círculo de amigos con hijos que se apoyan los unos a los otros), a falta de sueño, el estrés, la soledad, la depresión post-parto, el cambio de cuerpo, el gasto, como esta comida es un evento que va presupuestado de manera independiente ya que tampoco se lo pueden permitir cada dos por tres, ¿o sí y estoy proyectando mi propia condición de asalariada de clase trabajadora en la que esta comida y pisco sour se salen por completo de mi presupuesto pero no me importa porque es un día especial?

    Pero en realidad los cuatro llegan a la misma conclusión, todo merece la pena porque ese amor incondicional no es comparable con nada más en el mundo. Creo que ese momento me pilla dando el penúltimo sorbo de mi pisco sour. Miro a mi alrededor y me da la sensación de que los colores se reinvierten, que el cielo es color gris del cemento del suelo, y el espacio bajo nuestros pies es de un azul inmenso. Mis amigos ríen y lloran, están felices y a la vez están tremendamente asustados y tienen una inseguridad al respecto al futuro que les pesa más que las nuevas responsabilidades, pero están felices, se entienden, están solos y a la vez no están solos. Y siento cómo he empezado a descomponer mi propia piel y empiezo a verme fuera de la escena, como si estuviera sentada sola en otra mesa, como si me estuviera tomando el pisco sour yo sola, en otro lugar, como si ni siquiera les conociera pero estuviera prestando atención a una conversación en la que no participio. Pero en realidad estoy, y sí que estoy participando, y sí que voy cogiendo todas esas responsabilidades y voy sumándolas, viendo la montaña delante de mí: el trabajo, la falta de sueño, los gastos, las responsabilidades, el miedo… ¿Dónde colocan el amor y la felicidad? pienso.

    ¿Por qué no encuentro el lugar de la montaña en la que han colocado todo esto?

    Quizá lo estoy imaginando mal y es más bien como una balanza. Y el amor y la felicidad pesan tanto o más de los quintales que está pesando todo lo que me cuesta pero yo… No lo veo. ¿Por qué no lo veo?

    Hace dos años que empecé a intentar visualizar la montaña, la balanza, lo que fuera. La única montaña que veía era la de avalancha de amigas, conocidas, familiares que se quedaban embarazadas y comenzaban una familia. Debí mandar millones de felicitaciones en menos de dos años. Vuelvo allí, a los mensajes, a pensar en si eso ya lo había vivido antes, en si me pasó con 32, 35, ¿cuándo dejaría de pasar?

    Pero vuelvo. Vuelvo al momento presente y estoy en la mesa, y lo entiendo, claro que lo entiendo. Les digo que lo entiendo. Abrazo a mis amigas. Abrazo a mis amigos. Les doy ánimos. Les digo que todo irá bien, aunque no lo sepa porque, entiendo, eso es lo que les tengo que decir.

    Cuando estoy volviendo a casa, me doy cuenta de que sigo en cierto estado de ensoñación y que tengo abiertas varias pestañas abiertas en el móvil en los que busco palabras como «childfree» o «encuentros» o «reuniones de personas sin hijos». No he encontrado mucho, aunque sí de solteros, clubs de lectura, visitas guiadas, senderismo y cerámica. Me apunto a un par de senderismo.

    Pero no me lo he pasado mal. De verdad que no.

    También ha habido espacio para mí. Hemos hablado de mis cosas, de qué tal me va el trabajo, de cómo está mi casa, de qué he hecho últimamente. Y eso ha sido lo peor, porque claro, cuando me han preguntado qué he hecho últimamente no he sabido por dónde empezar. Estaba completamente fuera de mi zona de comfort, y había gastado toda mi energía en entrar en su mundo para entenderlo, hablarlo, comprenderlo… Y ahora de vuelta.

    No sé muy bien qué les cuento pero lo reciben con ilusión. Hablan de su vida de antes, de cómo eran como yo, de cómo me va genial, de cómo tengo que organizar mis vacaciones ya porque van a subir los precios y ellos cuando no tenían hijos lo hubieran tenido todo organizado ya, de a dónde tengo que ir, de cuándo y cómo.

    Entiendo que ellos echan de menos su vida de antes y que proyectan esa vida de antes en mi vida de ahora. Lo que no entienden es que esa es la vida que va a seguir, que no necesito ir hacia ese lugar, que tengo una vida bastante plena y que no necesito establecer comparaciones. Entiendo que ellos quieren que siga formando parte de sus vidas, y todos estamos buscando cómo hacerlo.

    ¿Está mal que busque un lugar más para mí? ¿Está mal que piense que puede haber más gente como yo, más gente en este presente sin hijos que esté construyendo un futuro distinto? No, ¿verdad?

    Apago el móvil. No he encontrado nada ahora.

    Y llegan las fotos y los vídeos de los niños de mis amigos.

    Realmente son muy graciosos. En sus vídeos abrazan a su hermanito, o leen un cuento, nunca vomitan o se hacen pis en el sofá nuevo, o dibujan la pared, o gritan hasta tener la cara morada. Pero sé que eso existe. Y no puedo evitar pensarlo también cuando les vea. Pero pongo caritas sonrientes y me río. Me alegro por ellos. Y por mí.

    Llego a casa y bebo agua mientras me quito los zapatos y miro por la ventana. Todavía entra un poco de luz por la ventana.

    No tengo las mejores vistas pero ese ratito de paz y ese horizonte que puede durar hasta la hora de cenar no es soledad. Puede ser paz.

    Un millón de pensamientos, ideas y planes pasan por mi mente y me siento a dedicarles un espacio. ¿Por qué tengo la sensación de que mis amigos tienen más vida social y conocen más gente que yo? Han hablado de un montón de padres del cole, del parque, danza, fútbol, la academis de inglés…

    ¿Dónde puedo conocer más gente yo?

    El móvil parece una solución, y también una condena. Tiene todas las respuestas y ninguna.

    Quizá me ponga las zapatillas y salga a dar un paseo. O quizá coja un libro y le dedique un rato hasta la hora de cenar.

    Y pienso que es lo mejor para mí mientras el silencio y la calma inundan la habitación.

    Eso sí, es el último pisco sour que me tomo.

  • ¿Qué necesitas?

    marzo 2nd, 2026

    A lo mejor has empezado a leer este blog porque necesitas que alguien te diga que no pasa nada por no tener hijos, porque es así, realmente no pasa nada. Tu familia puede encontrar otras motivaciones en la vida si no tienen nietos ni sobrinos, tus amigos encontrarán nuevas personas con la que llevar a los hijos al parque y tú podrás encontrar un amor incondicional, si es lo que quieres, sin que haya salido necesariamente de tu útero o haber experimentado una cesárea. De verdad, no hace falta.

    De hecho, es importante que llegues aquí porque, una vez que has decidido esto y has pasado ese corte en tu vida, la cosa no se pone fácil. Sigues teniendo que vivir, que trabajar, elegir amistades, pagar facturas, cuidar de tu salud (que puede estar en un estado mejor o peor) o de la de alguien que esté a tu cargo, discutir por cosas importantes para tu vida, trabajar tu sentido crítico, aprender y, un concepto que no me gusta emplear mucho, pero estar presente.

    ¿Por qué si no hay una criatura que depende de ti? ¿Por qué no puedo disociar con el móvil y simplemente dejar que pasen los días?

    Bueno, puedes.

    Yo no.

    Ya no.

    Porque creo que es importante saber lo que necesitas, y el haber abandonado el camino de la maternidad, solo es un paso más en el camino, porque tienes un universo de posibilidades y oportunidades (en base a tus capacidades e intereses, claro está) que no siempre se alinean ni se muestran como en una ensoñación.

    Por supuesto, en cuentas childfree casi siempre te dirán que te dediques a ti misma, que viajes, que sueltes, que vayas con la corriente y gastes el tiempo y dinero en ti.

    En mi opinión, si todo lo que se enseña últimamente como positivo tiene que ver con el dispendio económico, no es una solución. No debería ser un privilegio exclusivo de gente con una renta alta o un capital más que generoso, pero lo parece. Parece que una mujer de clase trabajadora no pueda permitirse no tener hijos porque su sueldo no le da, pero tampoco le da para dejarlo todo e irse a recorrer Europa con una caravana y vivir de su trabajo freelance. O puede que no quiera, que encuentre comodidad en su barrio, sus vecinas, sus amigos, su vida alrededor.

    Parece que la vida solo empieza cuando sales de la rutina y eso es muy traicionero. Hay que saber vivir con ella, y saber qué es mejor para ti en ella. Y lo verás claro cuando vuelvas de ese viaje y, antes de soltar las maletas, ya estés pensando en el siguiente porque no te puedes enfrentar al día a día.

    Y lo entiendo, a veces el día a día no me gusta a mí tampoco, pero soy consciente de que vivo ahí, y de que el universo no tiene un plan para nadie, y en este día a día y la persona que soy, me he dado cuenta de que necesito cosas muy sencillas para seguir adelante con mi camino.

    Para empezar, necesito más tiempo para escribir, de modo que me he cerrado las cuentas de Instagram al menos hasta el 20 de marzo, cuando tengo una convocatoria importante.

    Tengo que salir a caminar más.

    Mis relaciones personales son importantes para mí, pero he pasado muchos años de mi vida intentando adaptarme a todo el mundo, borrando cosas de mí por el mero hecho de agradar, diciendo cosas para encajar, sin compartir quién era realmente por miedo al rechazo. Seguramente no sea la única y ya hayas visto que, te acaban rechazando igual, y que acabas teniendo algunas amistades que te hacen sentir una basura y que no te respetan y, en parte, tú has sido la primera en no respetarte. Llevo unos meses trabajando en eso. Si a ti también te pasa, es difícil y hay que evitar hacer ghosting a toda costa, pero es bueno poner límites y espacio cuando lo necesites. Y esto no solo va por «amigas madre», va por todas esas personas que te hacen sentir mal contigo misma por tener ritmos o aspiraciones distintas.

    Tengo que leer más y de una manera más placentera. No leer los libros que «debería» sino los que quiera.

    Recuperar la escritura de los diarios. (Sí, a veces digo journaling, pero utilizar anglicismos continuamente es algo que intento dejar)

    Volver a estudiar.

    Visitar más a mis amigos.

    ¿Tú qué necesitas?

  • ¿Por qué he vuelto a escribir? ¿Por qué lo dejé?

    febrero 10th, 2026

    Es posible que no te hayas dado cuenta porque, obviamente, no ocupo un lugar en tu vida tan importante como para que te hayas dado cuenta de mi ausencia.

    Cuando un blog no se actualiza, se actualizan más de 100 al día.

    Estamos saturados de contenidos. Si tu bloguera childfree de confianza no ha subido cosas, hay otros muchos intereses que poner en práctica. Hay cosas para vender en wallapop. Hay noticias interminables en las que hacer scroll para, finalmente, no sacar ninguna conclusión. Hay, en el mejor de los casos, amigas. Hay, en otro mejor de los casos si practicas la monogamia y has conocido a alguien, una pareja. Hay planes. Hay libros. Hay películas. Hay series. Hay deportes. Hay que comer todos los días. Hay que limpiar tu lugar de residencia. Tienes muchas más cosas de las que necesitas y, de vez en cuando, debes tirar algunas. Hay que dormir. Hay que pensar.

    De modo que si has llegado a leer alguna vez el blog, te lo agradezco. Hay millones de estímulos previos antes de llegar a este espacio que requiere tanta atención y en el que la pausa es imprescindible.

    Y por eso ha habido un tiempo en el que, te hayas dado cuenta o no, he dejado de escribir.

    Desde fuera no he recibido presión alguna, pero en ciertas ocasiones se me ha «motivado» a hacer más cosas. A llevar grupos. A hacer un podcast. A actualizar más el Instagram para hacer contenidos más atractivos. Ojalá fueran esos mis intereses, o estuvieran dentro de mis posibilidades. Pienso mucho en qué más cosas me gustarían. Pienso en grabar estas entradas por si alguien quiere escucharme de camino al trabajo, o en escribir un libro o un texto de ficción sobre la no maternidad (sobre todo después de leer OK Days y Olive y darme cuenta de que todo busca una tonalidad parecida a la autoayuda con la excusa de una historia) pero no le veo ningún interés a publicar en redes sociales.

    Un motivo para dejar todo fue la llegada del Substack. Como cualquier cosa que se pone de moda, ya no era lo suyo tener un wordpress, sino publicar en Substack, estar en esa red social de blogueros. Siento decepcionaros diciendo que, no solo me creé uno, sino que lo he dejado aún más abandonado que este blog. No tengo ni la más remota idea de qué hacer con él. Y ha habido veces que el clima actual me ha hecho sentir que no sabía qué hacer aquí tampoco.

    La idea de empezar a hablar del derecho de ser una mujer y no asumir el instinto maternal como un imperativo estaba perdiendo fuerza con el fascismo en aumento que se ha vivido a lo largo de 2024-2025 (y eso por no ir atrás con las situaciones que se llevan viviendo en Sudán, Irán y Palestina entre otros lugares y que, a día de hoy, están fuera de control), la caída brutal de la izquierda, la falta de coalición de los disidentes, la desconexión que provoca que perdamos cualquier sentido crítico, entre otras cosas.

    ¿Cómo iba a hablar de la vida de otra mujer blanca que se arriesgó a ser juzgada por no tener hijos? De repente me sentía ridícula. Yo, que había superado los juicios, que ya me reía en la cara de los críticos conservadores, que podía salir airosa de cualquier conversación al respecto, ¿qué tenía por aportar yo?

    Por un lado, el hecho de que el mundo esté lleno de este tipo de noticias y sintamos miedo y frustración, no me animaba a escribir.

    Por otro lado, al mudarme, he perdido el día a día con mis mejores amigos y eso ha sido difícil de sobrellevar y más difícil aún el crear nuevas conexiones. Por suerte, se ha ido haciendo y ya hemos priorizado nuevas amistades y hemos limitado contactos que nos hacían sentir mal.

    Y es que me sentía peor como antifascista o anticapitalista que como mujer sin hijos. Sentía que, al haber superado esta etapa de crítica, entraba en otra nueva, y que tenía que enfrentarme a ella o tomar partido. Pero, en realidad, ni todo estaba ganado ni todo está perdido.

    Lo cierto es que, aunque a veces las cuentas pro-maternidad y de no-maternidad parecen un combate a muerte por ver «quién vive la mejor vida», merece la pena seguir escribiendo al respecto.

    Entrar en el debate y meterme a discutir en redes sociales no me interesa, y es parte del precio que pagar para tener una comunidad. Hay que entrar al trapo en una telaraña de argumentos, preguntas, respuestas y cuestiones que están guiando algoritmos e IAS y carecen, por completo, de sentido crítico. Además solo se establece un debate de manera capitalista y clasista para complacer al algoritmo.

    Sin embargo, entrar aquí y contaros la vida de Debbie Harry, leer vuestros mails, investigar a Eleanor Marx (sigo en ello) o a las pintoras expresionistas, es un gusto y he pensado que no tengo por qué quitármelo.

    Y quién sabe si llegaré a más cosas.

    Sólo necesito a alguien que lea y ganas de escribir.

    Y pondría que también tengo que creer en mí misma, pero la sola idea de entrar en un tono parecido al autoayuda va en contra de mis principios.

    Un día os lo cuento.

    Tenemos tiempo.

  • Deborah Ann o cómo Angela Trimble llegó a ser Debbie Harry

    enero 19th, 2026

    «Cantaba cosas que otras cantantes femeninas no decían entonces. No era sumisa o le suplicaba que volviera. Le estaba pateando el culo, echándole de mi vida, rompiéndome el culo yo misma. Mi personaje de Blondie era como una muñeca hinchable pero con un lado oscuro, provocativo y agresivo. Estaba actuando, y aún así iba muy en serio».

    Esto está sacado del libro Face it de la biografía de Debbie Ann Harry, líder y cantante del grupo Blondie.

    Ella:

    Te diré que la primera vez que vi a esta diosa, fue en 1997 cuando su grupo, Blondie, se reencontraba para sacar el single de «María». Si naciste en los 80, quizá te suene más esto:

    Cuando aquellas que nacimos en los 80 vimos este vídeo, lo que estábamos viendo era la reunión de un grupo que se había disuelto 12 años antes, y que habían sido uno de los grupos más importantes en la escena del punk desde finales de los 70.

    Debbie Ann Harry, nacida y criada en New Jersey, siempre tuvo grandes sueños. Al saber que era una niña adoptada, según cuenta en su biografía, pensaba que igual era hija de Marilyn Monroe. (porque no cuadran las fechas, si no, sería una teoría más que plausible)

    En cuanto pudo, se marchó a vivir a New York y ahí decidió que quería dedicarse al arte, ni siquiera dijo que a la música, de hecho ella misma se define como una persona que se dedicaba al entretenimiento.

    No me quiero extender mucho en la biografía, pero en 1974 entró a formar parte del grupo de música, Blondie, del que eran líderes ella y su pareja, Chris Stein. En muchos casos la pareja de una de nuestras mujeres childfree no es relevante, pero aquí lo es, porque si algo sorprende de la vida de Debbie Harry, tiene mucho que ver con la relación con Chris Stein.

    Y eso que al principio, las cosas no iban demasiado bien… Debbie y Chris estaban muy enamorados, pero Blondie era considerado un grupo de lo más mediocre. Compartiendo escena con los Ramones o Talking Heads, nadie daba un duro por ellos, incluso Patty Smith detestaba a Debbie.

    Y, sin embargo, sería ella quien les llevaría al número uno.

    Chris Stein era fotógrafo y cinematógrafo aficionado, y tomó la decisión de hacer varias sesiones de fotos a Debbie, mientras ella empezaba a encotrar ese estilo único que la haría destacar, y enviarlas a revistas.

    Él sabía que todos verían esto.

    Poco tiempo después, Debbie Harry ya había salido de portada en varias revistas y en posters de la Punk Playmate y la gente empezaba a ir a sus conciertos. ¿Era esto el «beauty privilege»? Sí, hasta que la veían actuar y…

    Iggy Pop la definía como «Barbarella después de tomar speed«.

    Seis de sus canciones fueron números uno y el estrellato que esta diosa alcanzó estaba muy por encima de lo que todos esperaban.

    Aunque ella era consciente de que era la imagen y reclamo de la banda, nunca aceptó ir por libre mientras Blondie estaban en activo, y tampoco le gustaba esa idea de menospreciar a Chris Stein, quien era su pareja. No importaba que fuera el icono definitivo del pop, la moda, el punk y que hubiera sido musa de Andy Warhol.

    Sin embargo, el oro que relucía estaba lleno de dificultades.

    Como ha contado en varias entrevistas posteriormente, Blondie firmó varios contratos de pésimas condiciones con discográficas y tardaron mucho tiempo en acceder a cobrar royalties (algunos ni siquiera se llegaron a solucionar), además de todos los problemas que tuvieron por consumo de drogas y un asalto que sufrieron en los 70.

    Blondie se separó en 1982.

    Uno de los motivos fue que Chris Stein enfermó de pénfigo y estuvo varios años con pocas esperanzas de salir adelante entre la enfermedad y la adicción a las drogas. Seguramente no hubiera salido adelante sin la ayuda de su mejor amiga, socia, compañera y pareja.

    Efectivamente, Debbie.

    El motivo por el que ella había dejado la banda con la que se hizo famosa a nivel global y no estaba negociando nuevos contratos cinematográficos, era el de ejercer los cuidados de su compañero.

    Tras haberse convertido en uno de los ídolos femeninos del punk rock más emblemático de todos los tiempos y estar a punto de revolucionar la carrera de un director nobel llamado David Cronenbergh, Debbie tenía que poner sus energías en el hogar.

    Y es que Debbie Harry es mucho más que una reina del punk a la que poner una alfombra roja.

    No quiero contarlo de ese modo victimista en el que Debbie detesta que relaten su vida, motivo por el que escribió Face it, para demostrar que no sólo hizo punk como creadora, sino que su vida, su perspectiva y desarrollo, siempre tuvo que ver con una vida disidente.

    Cuando se ha hablado de esa época de Harry, se han sacado fotos de cómo ella se «echó a perder» y de cómo no hizo nada de provecho durante esos cuatro años, después de los cuales, rompieron la relación.

    La perspectiva de cómo se ha contado la historia de Debbie Harry demuestra que se ve todo bajo un prisma bastante instrumental. ¿Por qué no aprovechó el ser tan famosa para sacar un proyecto propio? ¿Por qué esperar?

    El hecho de que Debbie Harry parara un tiempo para concentrar energías en la persona que amaba, fue criticado, ridiculizado y simplificado. Y el hecho de que no tuvieran hijos se trajo a la palestra en multitud de ocasiones. Y en todas, a Debbie le dio igual. Nunca, ni siquiera entonces, tenía que demostrarle nada a nadie.

    ¿Sabíais que Debbie Harry siguió componiendo mientras ponía la energía en los cuidados de su mejor amigo? ¿Que salió en una película de John Waters y que compuso canciones para bandas sonoras? ¿Que siguió viviendo al lado de Chris Stein incluso cuando ya no estaban juntos y que se acompañaron en sus periodos de desintoxicación?

    No se entiende que una mujer que ha despertado tanto interés, que es la imagen del glamour, la belleza más endiosada tuviera la capacidad emocional de una adulta funcional y quisiera acompañar a su pareja cuanto más falta le hizo. Que ejerciera los cuidados sin ser madre.

    ¿Es que no lo haríamos?

    ¿Solamente ejercemos los cuidados en la maternidad?

    Es cierto que hay veces que me planteo si Chris Stein, quien después se volvió a casar y tuvo dos hijas (de las que Debbie es la madrina), habría hecho lo mismo por Debbie. Si estaban en una relación igualitaria, si alguna vez él estuvo ahí para ella cuando lo necesitó… Y eso me lleva de nuevo a lo instrumental, al quit-pro-quo, a olvidarme de que si Debbie Harry hizo eso fue porque era lo que quiso hacer con su vida en aquel momento. Y que en el momento que no pudo más, puso límites.

    Un tiempo después de estar de cuidados, perdieron su casa por causa de su contable y, cuando ya pasó la época de los cuidados, y se separaron, Debbie Harry volvió a la música, al cine, al arte, a la moda, a todo aquello que tuvo que dejar cuando fue el momento de hacerlo.

    No porque fuera una mujer, o porque no fuera madre, pero me gusta pensar en la sencillez de los cuidados, del amor, de estar ahí para tu familia elegida, y que hasta una super estrella como Harry sabe poner a los demás por delante cuando es necesario, cuando gente como José Luis no va ni a ver a su madre a la residencia los domingos.

    Esa, para mí, es su alfombra roja definitiva.

    Pero no la única.

    Como John Waters dice de ella, «es difícil seguir siendo una estrella del rock después de los 50 y mantener la dignidad«.

    No tenéis más que volver a 1996 cuando Blondie volvió y comenzó a ser Deborah Harry. Una mujer que cuenta en su propia autobiografía cómo se teñía el pelo mal porque no llegaba a verlo bien en su apartamento, que habla de lo difícil que fue su desintoxicación, que cuenta cómo uno de sus vestidos más icónicos es una funda de almohada, y que ama y atiende los espectáculos drag en los que le rinden homenaje, siendo jurado de RuPaul Drag Race en 2008.

    Espera, espera un momento.

    No he contado nada acerca de Debbie Harry y su relación con la maternidad.

    Ah, es cierto.

    Es que no me ha dado tiempo contando lo que han sido los 81 años de vida de una de las mujeres que pasarán a la historia de la música, la moda y el cine. Es que, claro, cuando le preguntaban, Debbie Harry ha comentado que «no hubiera sido buena madre», «no se lo planteaba» y que su vida con Chris no les llevó a ello juntos… Y ya.

    Y es que yo la veo y pienso que, por supuesto, es que no hay nada mundano que toque a esta mujer… Pero luego recuerdo que fue de las más humanas dejando en pausa el estrellato, la fama y el dinero por los cuidados, y cómo esa persona a la que cuidó, sigue siendo parte de su familia elegida… Y de cómo apoya causas pequeñas, y de cómo combina el haber sido una super estrella con la persona que fue es y será… E imagino que la gente se quedaba tan embobada al estar en la misma habitación con ella que no se acordaban de su propio nombre.

    En la vida de Harry, las cuestiones sobre si tuvo hijos o no, nunca ocuparon lugar.

    ¿Por qué debería ocuparlo en la nuestra?

    Debbie sabe que tuvo mucha suerte, en muchos aspectos. No es un modelo a seguir, no puede serlo, no somos la cantante de Blondie.

    Pero quisiera quedarme con esa idea sobre los cuidados, que no son únicamente propios de la maternidad, y no solo es ahí donde demostramos nuestro amor incondicional, generosidad y humanidad.

    Y os dejo con otra cita de Harry, para despedirnos de ella:

    “Llegados a este punto, probablemente no vaya a ser la mayor estrella en el universo, ni la mejor artista, pero he llegado a vivir una multitud de experiencias interesantes. Y estoy muy feliz por ello.”

  • Mundos paralelos

    enero 14th, 2026

    El otro día leí la reflexión de una mujer que no había tenido hijos, en la que recurría a la multitud de vidas, o al conocido recurso cinematográfico o literario de los mundos paralelos, esa vida que otra tú está teniendo a la vez que está sucediendo tu vida.

    Lo vimos en aquella película Sliding doors en la que Gwyneth Paltrow llevaba uno de mis cortes de pelo favoritos mientras practicaba un perfecto acento reflexivo británico (supongo que ya habría hecho Shakespeare in love y lo tendría bastante fácil): Gwyneth entra en el metro y tiene una vida pero, al mismo tiempo, pierde el metro, y su vida toma un rumbo completamente distinto.

    No perdáis el tiempo con la película, no es buena.

    Y os diría que tampoco perdáis el tiempo con lo de los mundos paralelos. Honestamente me parece un recurso más para que exitosos capitalistas sin mundo interior te digan cómo estás malgastando tu vida y tus oportunidades. Últimamente hay muchísimas cosas que me molestan, como todo lo que está sucediendo en el mundo orquestrado por el hombre naranja y colegas, pero a un nivel más íntimo y cercano, no consigo tolerar la condescendencia y crítica velada de esta epidemia de gente hiperactiva, gente que hace millones de cosas sin ningún criterio o preferencia, solo por hacerlas, y que considera que el resto del mundo es vago, incapaz, inadaptado y son responsables de todas sus propias miserias. Incluso cuando veo en las cuentas childfree esta exaltación de la hiperactividad y el hiperconsumo, me enerva. De verdad que no puedo más con ello y, por ese motivo, lo dejo aquí.

    Porque esta persona a quien leí hacía una interesante reflexión muy propia de mensajes de autoayuda sobre «seguir tu propio destino» y «tu vida también importa», pero realmente se trataba de alguien con un mensaje profundo e interesante, no de una venta en redes sociales a través de una IA. Hablaba de cómo sucesos relacionados con la pérdida y el duelo le llevaron a caminos en su vida, rupturas, problemas financieros, nuevas parejas, retos laborales, y como ellos la habían llevado a una vida que, a mi juicio, es más que buena. Su trabajo, aunque inestable, le apasiona, está en una relación en pareja que le hace feliz, es independiente, lleva una vida sostenible, y vive en una zona que le encanta, además de tener un soporte de amigos muy estable.

    Pese a ello, es capaz de ver esas múltiples opciones, qué hubiera pasado si hubiera continuado esa vida que tenía antes, qué hubiera pasado si no se hubiera marchado de aquel sitio en el que vivió un período de tiempo… Y sus historias llevaban a cómo ahora era una persona sin hijos pero, en un mundo paralelo, seguramente le hubiera encantado, y seguramente su pareja y ella habrían sido la mar de felices en esa situación, pero como también lo son ahora.

    Obviamente, puede que en un mundo paralelo, pienses en un mini yo con peto que te trae una flor o te hace un dibujo por el día de la madre, pero me gustaría decir que no hace falta limitarse a ello. O que, incluso, puede que entre tus mundos paralelos, sea el menos apetecible o que, oh sorpresa, ni siquiera esté entre todas las opciones que se te ocurran.

    En mis mundos paralelos nunca hubo descendencia, más que nada porque en mis mundos paralelos sigo siendo yo, con mi crianza, antecedentes, deseos, sueños y vida. ¿Es posible que hubiera querido tener hijos si hubiera dejado el mundo del cine antes? ¿Es posible que si me hubiera quedado en Berlín y hubiese comenzado a dar clases allí, teniendo en cuenta que el estado allí gestiona la maternidad de un modo mucho más humano, podría habérmelo planteado? (Reconozco que hay una parte práctica de la maternidad allí o en otros países que me parece mucho más viable que en España, o en una ciudad como Madrid)

    ¿Qué más?

    ¿Y si fuera una de esas personas que van en moto? (no lo soy, pero en otro mundo paralelo tendría una vespa)

    ¿Y si hubiese tenido algún mínimo talento para el baile, tal y como deseaba de pequeña? ¿Hubiese podido ser bailarina y profesora de baile?

    ¿Y si me hubiese ido a vivir a Dublín?

    ¿Y si hubiera estudiado japonés?

    ¿Y si hubiese resultado ser una capitalista convencida?

    ¿Y si no hubiera sobrevivido a un aneurisma? ¿Y si no lo hubiese tenido?

    ¿Y si nunca me hubiesen dado trabajo como profesora de inglés?

    ¿Y si nunca hubiese ido a aquellos cursos de la sala Beckett donde conocí a mis mejores amigas?

    ¿Y si nunca hubiese sido profesora de castellano? ¿Habría visitado entonces Bristol y Bath?

    ¿Y si nunca me hubiera enamorado de un vasco con quince años en Howth?

    ¿Y si hubiera dicho a mis amigas que no quería ir de discotecas y que en casa escuchaba Blur, Suede y Tori Amos?

    ¿Y si mi primer concierto hubiese sido otro?

    ¿Y si los padres de aquella amiga no me hubiesen llevado a ver «La venganza de don Mendo»?

    ¿Y si la gente que he querido que murió pronto hubiera podido estar más tiempo conmigo?

    Hay múltiples escenarios.

    Múltiples posibilidades.

    Un FOMO más para frustrarnos, para conectarnos más aún con el fracaso. Y aunque yo tampoco pueda escapar de él, no lo recomiendo. Aconsejaría evitar mucho ese pensamiento de «en otra vida» porque… Porque ¿no hay otra?

    E incluso si te reencarnas o tienes a otra tú viviendo en otra dimensión, no sabes qué es, quién hace ni qué quiere.

    Y no vendré con un carpe diem o seize the day. Hacemos lo que podemos.

    Somos muy complejos, y nuestro deseo no se rige por la lógica en todo momento, o de manera lineal y continua, y puede que deseamos un millar de cosas que se contradigan. Y puede que en un universo paralelo, de repente, te hayas visto con una familia con trillizos, pero si no, no pasa nada.

    Si ni en universo paralelo te visualizas sin hijos, no pasa nada. Y si tienes hijos y en un mundo paralelo te visualizas sin ellos, tengo unas cuantas amigas con las que te puedo poner en contacto.

    Y si en este, no quieres tenerlos, y no quieres estar sometida a las expectativas de todo el mundo que no sabe parar un momento, no te preocupes, y no te sientas mal. Lo estás haciendo lo mejor que puedes y si tan importante es para los demás lo que tú hagas, primero que no es verdad, y segundo que se busquen un hobby que dure más que tachar un ítem de una lista.

    Mira, yo también sé escribir notas positivas después de todo y con todo el panorama que tenemos. Y no he necesitado un mundo paralelo.

  • No tener hijos no es el único modo de decepcionar a tus padres

    enero 7th, 2026

    Puede que tengas unos padres fantásticos que te quieran tal y como eres, acepten tus decisiones de vida y sean tus mayores admiradores, que sepan cuando tienes una entrevista de trabajo, que te hagan tuppers cuando estás mala, que un día quieran ir contigo de viaje, que quieran enseñarte cómo avanzan en el Duolingo o mostrarte su nueva afición… Y puede que no.

    Puede que les hayas comenzado a decepcionar el mismo día de tu nacimiento, que el hecho de que te parecieras más a uno u otro fuera determinante en esas carencias emocionales que han condicionado toda tu vida, aunque todos hayáis intentando disimularlo.

    Puede que llevara más tiempo, y que dejaras de gustarles en la adolescencia, cuando empezaste a escuchar Extremoduro y te dio aquella época por bailar, sin talento, o cuando tuviste aquel grupo de amigos con el que empezabas a beber o fumar o ir a sitios con un DNI falso (como ellos también hicieron), o aquella primera vez en la que quisiste cambiar de carrera y te convencieron para que siguieras porque era lo que querían que hicieras y no te consideraban suficientemente inteligente para saber lo que querías. (Por cierto, igual es cierto que no sabías qué hacer con tu vida pero errar es humano, ¿no?)

    Puede que tu pareja, o todas las parejas que has tenido, les parezca una decepción conforme a ese príncipe de Dinamarca al que pensabas que tendrías acceso desde tu colegio público de Hospitalet. Que no les haga ninguna gracia, cuyo trabajo no entiendan, y cuya ropa critiquen. Puede que hasta le hayan puesto un mote que desconoces, y que, si algún día descubres, sólo quede como un chiste menor sin importancia. Puede que el día que rompas con esa pareja y para ti sea el final de tu vida hasta que te recuperes, no solo no sepan que decirte, sino que a escondidas intercambien veinte euros, ya que uno apostó que no llegaríais juntos a los 40 desde aquella vez que vino con una sudadera a la cena de Navidad.

    Puede que sea por ese corte de pelo que no entienden que te guste, o ese barrio en el que te puedes permitir vivir con ese sueldo precario al que puedes acceder pese a todos los esfuerzos que hicieron por darte un futuro mejor y que, obviamente, has malgastado teniendo este presente de mierda. No hay crisis, no es que haya un futuro poco prometedor, has sido tú y todas esas malas decisiones que ellos no te hubieran permitido tomar, y que, probablemente, hayan minado y criticado durante años, de modo que nunca te hayas sentido segura para emprender nada por ti misma.

    Puede que sea porque tu color favorito no es el que esperaban. O porque ahora solo comes verduras porque te ha dado por esa tontería de salvar a los animales, o porque gastas tu tiempo en apuntarte a un curso de cerámica o aprender inglés cuando nunca se te dio bien. Todo empezó en aquel trabajo, con aquella persona, o viajando a aquel sitio…

    Simplemente, no has sido suficiente.

    Porque los hijos no son suficiente para cubrir frustraciones personales. Por eso los nietos parecen un remedio infalible… Pero eso no te obliga a nada.

    Y es que es verdad que puede que la mayor decepción de todas sea esa, sí, que no hayas tenido hijos, que no les hayas dado nietos.

    Pero, ¿acaso no es su plan el que ha fracasado y no el tuyo? ¿No viene de ahí la decepción?

    Piénsalo así, si la base del plan se basaba en que tú hicieras tu vida bajo su mandato, en cuanto salimos al mundo, ya tambalea, ya es difícil, y quizá… ¿Quizá hagas otra cosa?

    El que su plan falle les indica, muy convenientemente, que has echado por tierra todos los planes que tenían para tu vida y, por tanto, sus vidas, condicionadas por y para ti, han sido en vano. Es una manera de decepción, sí, pero, ¿es tuya o suya?

    ¿Ellos se sienten decepcionados? ¿Y tú no? ¿No nos sentimos todos decepcionados?

    El sistema nos ha decepcionado A TODOS.

    Que nuestros padres vieran con cincuenta años o en su jubilación que eran prescindibles y se sintieran invisibles en el mundo no era algo que tú tuvieras que arreglar.

    Que el que hubiera un ciclo sin fin en el que entraron teniendo un hijo o hija, significase que tú tenías que seguir adelante, cuando tenías la opción de decir que no. Ellos también pudieron, ¿no?

    La cuestión que intento abordar con cierto humor catastrófico no es meterme con los padres de nadie, o sí, pero sobre todo es mirar con perspectiva el hecho de que quizá les prestemos demasiada atención porque se nos ha enseñado a prestarles demasiada atención.

    (algunos) dependemos enfermizamente de su opinión, de su aprobación, y dejad que os diga una cosa, la gente más admirable ha decepcionado enormemente a sus padres. Ha habido trifulcas familiares, artistas que abandonaron toda relación familiar, enfrentamientos, fin de palabra. Y quizá simplemente podríamos dejar un poco de distancia para respirar.

    Quizá lo más importante sea aceptar que no somos lo que ellos querían, que nuestra vida tampoco lo será y que el problema es mayormente suyo. Porque el que te dieran a luz y te criaran no te convierte en una posesión, sino que eres un individuo libre e independiente dentro de una colectividad, y ahí tienes voz, voto y libertad para ser aquello que seas, les parezca bien o no.

    Así que no te sientas mal porque tus padres están decepcionados porque no has tenido criaturas… Probablemente hay otra cosa que no estás pensando en la que también les decepcionarías. Probablemente es nuestro sino, no ser perfectos para ellos, incluso no gustarles, pasar por esa etapa en la que nos miran y dicen «no me puedo creer que sea mía/o (no lo somos)».

    Piensa en cómo está el mundo ahora y en la capacidad de maniobra que tienes, y en todas las cosas que tenemos por hacer. No tenemos tiempo para hablar con nuestros padres acerca de cómo nos hemos decepcionado todos en la vida, y seguramente ellos sean demasiado mayores para la terapia.

    Y otra cosa, por si no lo habías pensado.

    ¿Acaso no te están decepcionando ellos a ti?

  • 20 días para Navidad y por qué se me ocurre ahora un calendario de adviento…

    diciembre 5th, 2025

    Esta semana en el trabajo empezamos a publicar el calendario de adviento. Cada día una publicación con un libro… Ya sabéis cómo va, tenemos calendarios de adviento por encima de nuestras posibilidades, campañas navideñas que han comenzado en Black Friday y ahora las fotos familiares y las estampas navideñas quedan a una semana vista. Pronto llegarán las felicitaciones navideñas de los amigos con hijos, todos con uno de los jerseys más feos del mundo que venden como «ugly Christmas sweater» en cualquier tienda de fast fashion o con unos jerseys beige al lado del árbol, como si ese momento y esa fotografía es el premio de cara a la galería por años de discusiones por la repartición de los cuidados, decisiones sobre los niños, conversaciones con el cole, dudas sobre sus amigos, su adolescencia cuando tú quieres vivir una segunda adolescencia… En fin, todo aquello que dicen que nadie cuenta sobre la maternidad pero, de algún modo, aquellos que no tenemos hijos sí sabíamos y nos ha convertido en un incómodo elemento que forma parte de la sociedad, también en Navidades.

    Y es que si para nosotras las Navidades suponen un rollo a nivel de cumplimentar todos los eventos festivos, ser perfecta en todas las conversaciones, aportar todos los datos estadísticos, narrativos y socioeconómicos en la cena de Navidad como si estuvieras en una entrevista en Carne Cruda, pues quizá os sorprenda, pero nosotras también somos muy molestas.

    Y esto, va a ser nuestro poder.

    Desde luego, este consejo, si eres alguien que querías tener hijos y las circunstancias no te lo han permitido o, incluso, has decidido abandonar ese proyecto, este consejo quizá no sea el mejor para ti. Pero lo daré de todos modos.

    Las personas sin hijos somos un agente del caos en las celebraciones navideñas. Pensadlo bien, aquellas personas con una vida más clásica y viviendo en la muerte del capitalismo sosteniendo una familia nuclear, lo que es francamente difícil rozando el imposible, llegan a estas fiestas saturadas, estresadas, molestas y, a no ser que vengan de una clase social desahogada en la que su crianza es compartida por una canguro o abuelos la mayor parte del tiempo, tienen estas fiestas como una validación a su elección de vida.

    Las reuniones familiares son una celebración con los más pequeños, su ilusión, miramos hacia el futuro de un nuevo año, celebram que han contribuido con tiempo, dinero y genitalia, al futuro de la vida, a nuestras pensiones, al bienestar…

    Imagino que mantener esa fachada de vida familiar ideal es mucho más difícil de mantener en vivo y en directo que en las fotos de Instagram.

    ¿Sabéis la amenaza que supone nuestra presencia en esas cenas familiares?

    Llegamos a desestabilizarlo todo, a sembrar el caos, a hablar de otros modelos distintos de vida, a fardar de todas nuestras horas de sueño, a molestar, o eso es lo que piensan, cuando en realidad lo que la mayoría quieren es que nadie les pregunte por su decisión (porque saben que no son preguntas honestas o que vienen con un dardo preparado justo después) sin ignorarles, y acabar la cena en paz, hablando de cosas vanales, celebrando el tiempo juntos y comiendo una cena que, esperemos, haya merecido la pena.

    Así que, si en teoría, vas a ser un agente del caos: Sé un agente del caos.

    Piensa que, si no quieres tener hijos y has llegado a analizar que la tristeza que puede haber en tu vida, no es por esa decisión, sino por otras, tenlo muy claro cuando llegues a esos lugares.

    Cuando no has tenido hijos, te das cuenta de la de cosas que pueden hacer tambalear tu vida, como cambios de residencia, de amistades, problemas familiares, de salud, del entorno, de pareja, incluso puede que decidas ser más partícipe de temas sociales, económicos y políticos en tu entorno, o que hayas decidido estudiar.

    Pues bien, no es culpa tuya que haya personas que hayan elegido el modelo más común de familia nuclear y que estas no tengan ni idea de las demás opciones que existen. Tú seguramente sabes mucho sobre maternidad por tu entorno y, aún así, has probado otra cosa, y te felicito, y ese es el mood que tenemos que llevar. Quizá tu vida no sea un camino de rosas, pero recuérdate que el no haber tenido niños no es tu problema. Si lo traen a la mesa te animo a poner esta cara:

    En serio, si piensan que vas a incomodar, te animo a que lo hagas.

    Si es una pregunta ridícula, no tengas problema en demostrar lo ridícula que es. Si van a juzgarte, que lo hagan.

    El problema es de ellos, si no han aprendido más temas de conversación.

    Probablemente no te pregunten porque ni se planteen la posibilidad de que con más 40 años y un útero prístino en lo que se refiere a parir criaturas pienses en otras cosas, como en apuntarte a clases de pintura, un club de lectura, mejorar el inglés, hacer un master sobre algo que siempre quisiste estudiar, aprender a tocar un instrumento o que, te plantees hacer todo eso sin tener una criatura que lo haga todo mucho más difícil, complejo e incómodo.

    De hecho, este ha sido el año en el que más amigas con hijos me han hablado de las ganas de recuperar su vida anterior, de tener hobbies, de hacer otras cosas, tener otras conversaciones, y afirman que esa supuesta validación navideña no significa absolutamente nada y que, pese al amor incondicional, echan de menos dedicarse a sí mismas.

    Eso significa que no se nos está escuchando a las mujeres, en general, cuando hablamos de nuestros anhelos y deseos fuera del núcleo. ¿¡Qué sorpresa, verdad!?

    Te animo a que llegues con la respuesta preparada, con bromas, con la mejor actitud y analices toda la banalidad, superficialidad y ridiculez patriarcal que suponen esas preguntas en ese contexto.

    Come hasta que te canses y, si puedes, date un capricho también a la hora de beber.

    Y, ya que estamos, si sobra comida, insiste en que no se tire y que se reparta en tuppers o se lleve a algún centro social. Mientras vivimos situaciones incómodas y ridículas en nuestras casas, hay gente que pasa hambre a menos de 500 metros de distancia.

    Y si quieres llevar el jersey navideño o un traje de chaqueta beige e, incluso, te quieres hacer una foto junto al árbol para enviarla como felicitación, hazlo. La cosa es que no te quedes fuera de todo lo que, simbólicamente, puede hacerte feliz en la época navideña.

    Nolite Te Bastardes Carborundorum

    ¿Por qué he dicho lo del calendario de adviento?

    Porque he pensado, tarde como siempre, que hubiera estado bien haber hecho un calendario de: 24 respuestas a las preguntas incómodas navideñas sobre la maternidad.

    Pero más vale tarde que nunca y dejo una hoy:

    Puedes dejar qué dirías tú.

    Y qué piensas hacer.

    Por cierto, si no quieres ir, si prefieres no ir y si prefieres estar a tu rollo en fechas señaladas, recuerda que en realidad es una celebración potenciada por calendarios de compras y fechas contradictorias de la Biblia y una celebración por el nacimiento de un refugiado, cuando ninguno de los gobiernos del planeta está salvando a los refugiados de ninguno de los genocidios y guerras que están pasando en la actualidad.

    Nosotras, a una cena de Navidad, no le debemos nada.

  • Día internacional de la tolerancia

    noviembre 16th, 2025

    Parece un chiste pero no lo es, como cuando lees antiguas portadas del ABC que comentan cómo figuras como Hitler y Mussollinni iban a traer la paz a Europa en 1938… Quizá exagero, pero tal y como me siento ahora ante las noticias, intereses y ciertas conversaciones que se encuentran en el centro de esta película distópica llamada «presente», ver que hoy era el día internacional de la tolerancia me ha parecido una broma pesada.

    No diré que cualquier tiempo pasado fue mejor pero deberíamos reconocer que esta época, salvo para gente con muchos privilegios, no está siendo la más fácil de llevar.

    La clase obrera quiere alejarse de la mano de obra migrante para favorecer a los milmillonarios, por los que sienten más respeto que por los que podrían ser sus compañeros en la pelea por sus derechos laborales y, por qué no decirlo, fundamentales.

    Todos los trabajadores están haciendo formaciones en IA y ninguno habla o se cuestiona el hecho de que estas inteligencias vengan de empresas de estos mismos milmillonarios, en un mercado no regulado por los Gobiernos, que dice que se puede regular a sí mismo aunque rara vez lo hace (os recuerdo los más de 7000 millones de euros que se dieron a los bancos en la crisis de 2008 para que ahora tengan casas cerradas al «mercado» para así ayudar a que la vivienda suba), y creamos que nos estamos adaptando en vez de cuestionar estas decisiones mercantiles y que nos vuelven, si cabe, aún más individualistas.

    Las tradwives como modelo de la mujer emancipada cuando, es evidente, que si una mujer tiene un canal de negocio y accede a sus propios medios de producción, ni es una mujer sometida a su marido (ni social ni económicamente) ni tampoco está gestionando su casa ni a sus hijos, sino que, mientras está grabando esos videos perfectos, retocados y estéticos, hay otras mujeres gestionando su casa. ¿Quieren las tradwives que otras mujeres las imiten porque eso las ayudará a liberarse o promueven un discurso rancio y casposo que viene, nuevamente, del interés de que las mujeres se queden en casa en vez de tener un rol en la sociedad, la economía y la política?

    Gaza, Sudán… Y ahora se descubre, a través del trabajo de un escritor, que el argumento de la purga no es tan ficticio como se pensaba.

    ¿Y se supone que hoy celebramos el día de la tolerancia? ¿Es hoy el día en el que todo el mundo se vuelve más tolerante y empieza a entender más a sus semejantes, o es, otro día más del calendario para crear una sensación de seguridad o de control para que, realmente, no salgamos a la calle a intentar cambiar las cosas?

    Escribo esto desde el absoluto cinismo y desencanto, porque no creo que salir a la calle cambie ya nada. Menos aún las redes sociales. Sin duda, menos aún cualquier medida o producto que venga de un super rico cuya inversión luego se hace materia en drones para atacar a civiles en Gaza.

    Cualquier tiempo pasado no fue mejor, pero también dicen que a partir del 2011, de la llegada de los smartphones, los índices en depresión han subido, se habla mucho más de la salud mental porque está por los suelos, y con los smartphones llegó mucho más el mensaje de la psicología positiva que nos hace pensar en el esfuerzo individual, el ascensor social y en no responsabilizar de nada a un mercado sin regular, políticos que abrazan ideologías neonazis, millonarios avariciosos, pero ¿qué tendrán ellos de importancia, cuando lo único que importa para tu bienestar es que hagas 50 burpees a las 5:00 de la mañana antes de una ducha fría? O después, la verdad es que no lo sé.

    ¿Y qué decir de nosotras? Las mujeres con hijos y las mujeres sin hijos se toleran. Sí, pero las mujeres con hijos han descubierto el amor de verdad… Ya, pero las mujeres sin hijos pueden abandonarse al consumo extremo y hacer 8 viajes en avión al año o más… Ya, pero las mujeres con hijos tendrán a alguien que esté para ellas cuando sean viejas… Ya, pero las mujeres sin hijos pueden ir a un festival en el último momento sin tener que pensar en canguros… Ya, pero las mujeres con criaturas verán crecer a sus pequeños y convertirse en adultos… Ya, pero las mujeres sin criaturas no tendrán una depresión post-parto y podrán seguir yendo a trabajar…

    Estamos en una dicotomía en este aspecto todas las mujeres con cuál es el factor que nos manipula.

    A las mujeres con hijos es el amor verdadero, la estabilidad, la familia, la validación, el apoyo institucional DE BOQUILLA, la seguridad, ¿hemos dicho ya el amor verdadero? Las cuentas de mamis influencers en Instagram utilizan términos absolutos e incontestables para aquellos idealistas de las películas románticas de los 90 (como si las mujeres sin hijos no hubiesen visto Dirty Dancing o Cuando Harry encontró a Sally). ¿Qué más hay? Evidentemente digo que el apoyo institucional es de boquilla porque hay muchas campañas que animan a tener hijos pero luego las ayudas que se gestionan en las comunidades autónomas son de puta risa. Y viviendo en una Comunidad Autónoma como Madrid ya es para reírse a carcajadas con la tolerancia, cuando es una comunidad responsable de muertes en la pandemia y, a día de hoy, de que no se puedan interrumpir embarazos de riesgo y no den los registros de los médicos que son objetores de conciencia bajo el lema de «que se vayan a abortar a otra parte». Un tiempo pasado no fue mejor, pero una mujer que no puede continuar con su embarazo por el motivo que sea no debería sufrir este tipo de negligencias, y como me ponga con lo de los cribados de cáncer, esto no acabaría nunca…

    A las mujeres sin hijos nos atraviesan con otra terminología en las redes sociales. No hablamos tanto de lo que dice Simone de Beauvoir acerca de la libertad de que se pueda elegir y las circunstancias que se dan, sino que nos venden una libertad basada también en conceptos capitalistas. El algoritmo, si no vas a tener criaturas, te propondrá que compres cosas, te hablará de las cosas que te mereces, y te premiará cuanto más activa seas y hagas (y pagues) más cosas. Si no, que vivas una vida en los márgenes, que no te asientes en un ciudad, que seas libre, que viajes a todas partes, que llegues a todos los lugares, que te enorgullezcas de tu decisión, que no molestes en los espacios comunes donde hay familias y vayas a darles ideas raras…

    Aunque hay una parte que comparto, creo que es una manera también de idealizar y vender un estilo de vida que no siempre es sostenible. Pero claro, no todos los childfree tienen interés en la sostenibilidad. No todos se plantean lo horrible que es el mundo para las criaturas, o que no tengan apoyos. Con o sin hijos, los seres humanos y nuestros deseos son bastante únicos, contradictorios, positivos, vergonzosos y, en definitiva, inevitables.

    Pongámoslo de un modo simple: hay personas que quieren y que no quieren, y yo soy de las que no.

    Y quizá el hecho de traer criaturas o no a este mundo debería ser algo en lo que trabajar en este día de la tolerancia (y ya si la gente fuera más tolerante con los migrantes, las mujeres maltratadas, los países en vías en desarrollo que nuestros gobiernos han expoliado, los millones de personas que no tienen hogar por un genocidio, las víctimas de una DANA o de una pandemia en residencias, sería ya mucho, pero oye…).

    Volviendo a nuestro tema, y perdonad que me vaya por otros derroteros, (es el día de la tolerancia, toleradme):

    Yo entenderé que quieras tener hijos y los tengas tú entenderás que yo ni los tenga ni los quiera. Y tú no pensarás que estoy muerta por dentro y yo no pensaré que tú estás teniendo hijos en el apocalipsis…

    Hay que entenderse, hay que buscarse, y apoyarse, y hacer equipo.

    Tenemos cosas en contra que tenemos que regular, y en las que deberíamos poner mayor esfuerzo que en moralizar nuestras decisiones de cara a otras mujeres.

    Creo.

    Creo que los problemas realmente son otros y habría que encararlos como sociedad pero, qué voy a saber yo, solo soy una mujer que no quiere tener hijos y que seguramente esté muerta por dentro…

    Así que, feliz día de la tolerancia.

    A ver si hoy nadie os pregunta por qué no tenéis hijos o no os dice qué estáis haciendo mal con los vuestros.

  • ¿Por qué un día la tomé con el tataki?

    septiembre 29th, 2025

    Hace más o menos un año, estaba en un conflicto personal enorme porque, una de las cosas que me puedo permitir gracias a no tener hijos, y que tú puedes permitirte también es la de darle demasiadas vueltas a las cosas.

    Y, la verdad, no lo recomiendo. Te recomiendo mucho más que hagas ese viaje increíble que recomiendan muchas publicaciones childfree en las que el mayor mérito de nuestra elección de vida es la capacidad de gastar más dinero que otros. Si puedes permitirte ese viaje para dar en las narices a todos esos fantasmas del colegio e instituto que te dijeron que no llegarías a nada, adelante. Si las sesiones de terapia a 60 euros la hora no han funcionado, seguramente sacar 1000 euros de tu cuenta corriente sean la solución.

    Si estás pensando que le doy demasiadas vueltas a las cosas es debido a que tengo mucho tiempo libre, no te equivoques, no lo tengo. Aunque critique mucho el FOMO, ya que me parece un modo de justificar el capitalismo más cuqui y benevolente como si no estuviera arruinando el mundo, lo confieso: yo también lo tengo.

    Hago o intento hacer mil cosas a la vez.

    Me interesa aprender prácticamente todo, sin filtros, no sé si para saber de todo, para mantenerme ocupada o si tengo una curiosidad infinita. No sabría decirlo claro porque, al darle demasiadas vueltas a todo, he sacado diferentes variantes y todas tienen a día de hoy el mismo nivel de plausibilidad.

    El caso es que no me detengo.

    Lleno la agenda de actividades, me apunto a nuevas iniciativas, miro información de clases de idiomas (en plural, varios, a la vez), miro cursos, de todo, información de convocatorias teatrales, de clases, laboratorios, encuentros, eventos a los que no puedo acudir, tengo ideas que esbozo, anoto y desarrollo sin tiempo para sentarme a desarrollarlas, organizo conversaciones de proyectos a las que llego al borde de la improvisación.

    ¿Y por qué haces eso?

    ¿Por qué hacemos eso?

    ¿Y por qué lo rechazo?

    Y, sobre todo, ¿por qué me enfadé con los tatakis?

    Contestando las primeras preguntas, lo tengo bastante claro. Durante años estuve persiguiendo un tipo de industria y trabajo que me deterioró bastante la cabeza. Tuve amigas cuyos estilos de vida no encajaban con el mío así que hice por encajar yo, llevando a tener ciertas crisis de identidad bastante importantes que me hicieron escribir cosas como la obra de teatro de worms.

    Pero… Le voy a dar un tiempo a todo esto.

    Y celebro que, en este momento, estas gestiones emocionales y estos cambios puedan llegar sin tener a nadie que dependa de mí, nadie que me necesite y para quien deba estar a toda costa. Hay gente que lo tacha de egoísta, pero saber que mis problemas no van a afectar a nadie más, me da mucha paz.

    Actualmente no estamos en un buen momento para ningún tipo de disidencia y es más importante que nunca ser consciente de que no estamos solos. Que, en realidad, no pasa nada si no quieres seguir haciendo eso que has hecho siempre, que no tienes por qué ir a ese lugar al que no quieres ir, y no tienes que darte prisa por convertirte en otra persona, que no pasa nada si vas perdiendo ciertos contactos por la maternidad, o por otros motivos. Lo cierto es que hay una profundidad mucho mayor que lo que se cuenta en las redes. Yo creo que he acabado desconectando más de amistades conservadoras que por el mero hecho de ser madres, simplemente, nuestras dinámicas ahora son muy distintas, pero en la rueda del mundo digital todo acaba en un lugar muy plano, en el que básicamente eres una persona que comes tataki o no, no que desarrolle acerca de su relación con la clase en base a gustos culinarios, o que se cuestione pagar un precio desorbitado por una hamburguesa cruda aplastada con un huevo por encima (sé que eso es un tartar).

    Sin embargo un día la tomé con un tataki, y me disculpo con el tataki.

    No eres responsable de que yo tenga que tomar decisiones con mi vida. No eres responsable de que las redes busquen enfrentamientos, ni de que algunas personas se vayan de tu vida. Gracias a eso, otras llegan.

    Celebro que pronto llegue Octubre. Que pronto sea una época en la que replantear cosas y buscar nuevas ideas, y en la que trabajar con el pensar demasiado y, quizá, perdonar al pobre tataki.

    Así que, desde aquí, me doy y os doy ánimos para estas nuevas etapas, hago un llamamiento para saber qué os gustaría que abordase por aquí, si veis necesidad de cambios en el formato o si hay algún tema que os interesaría que investigara.

    Siempre os leo.

    Gracias por leerme.

  • Mariana Enríquez

    septiembre 22nd, 2025

    Cuando vi que Mariana Enríquez firmaba en Madrid ya era tarde. Tenía planes y no me daba tiempo a ir al evento editorial en el Matadero de Madrid.

    Cuando vi que firmaba en Barcelona, ya no quedaban  entradas para ir a la firma de la reedición de su libro «Cómo desaparecer completamente» en Finestres, Barcelona.

    Mentiría si dijera que Mariana Enríquez es mi autora preferida. No soy una gran lectora de historias oscuras, personajes límite o historias de terror, en el sentido de que no es mi género favorito, pero, más allá de su escritura, eléctrica y directa, hay algo solo en su personalidad, en aquella que podemos ver en la persona virtual que resulta tremendamente encantador. A diferencia de esta generación narcisista de síndrome del protagonista constante, me encanta que Mariana, quizá por venir de un mundo más analógico, quizá por no sentirse conectada con el narcisismo, dedica su Instagram a hablar de todo lo que le gusta: Nick Cave, Lana del Rey, amigos, editores, películas que le gustan, discos que le encantan, todavía recuerdo todas las publicaciones que hizo sobre Nosferatu el año pasado. Mantiene el espíritu de los fotologs, MySpace, la idea de emplear Internet para compartir gustos sin mayor pretensión que ensalzar aquello que ama y que le motiva.

    Pero, ojo, que ni es ajena a su persona, ni a su trabajo, y mucho menos a sus admiradores. Es solo que, como dice ella, para algunas cosas, ya se hizo grande. Entre ellas, para tener hijos, pero quizá, entre otras muchas, para atender todo aquello que es innecesario.

    No sé mucho más sobre Mariana Enríquez, y a la vez sí, porque el miércoles pasado, en un momento de scroll, lo vi: se habían liberado entradas para ir a la firma en Barcelona.

    Una imagen vale más que mil palabras.

    Eso no quita que deje unas cuantas palabras más.

    Mi amiga Gema fue la primera persona a la que avisé de que había entradas y que podíamos conseguirlo e ir juntas a la firma.

    Y así llegamos a Finestres a las seis y media el sábado 20. Bueno, Gema a las 17:45 y yo a las 18:30 por esta incapacidad que tengo de estar en un sitio e ir a otro lugar. Cuando llegué, la cola era larga pero no imposible y me animé, compré el libro y me puse a esperar.

    Las chicas que estaban delante de mí, fan y amiga, hablaban. Una pensaba en todas las cosas que quería decirle a Mariana, en lo mucho que la admiraba, lo mucho que sus libros la inspiraban… Y le contaba a su amiga que sería incapaz de decirle nada, lo que fue cierto. Su amiga les hizo unas cuantas fotos, decepcionada tras una hora animándola a hablar con su autora favorita, y se marcharon. Os entiendo a ambas.

    Gema consiguió su firma, segunda firma, y constató que Mariana la recordaba, lo que animó aún más su sábado por la tarde y, como buena amiga, me acompañó hasta que conseguí mi firma.

    Hablamos de migrañas, remedios, bodas, consejos editoriales, problemas con autores, vestidos, podcasts, librerías a las que no hemos ido aún, cosas que no volveríamos a hacer, recibimos a su amiga Lara, la tercera en nuestra tarde de fila en una librería, un tipo de plan que nos encajaba bastante a las tres… Hasta que llegué frente a Mariana Enríquez.

    Y en aquel momento, pasaron dos cosas a la vez, aparte de dos fotos, una de Lara, otra de Gema, al mismo tiempo que no sabía qué decir a esta mujer rock star increíble, le di las gracias por unas declaraciones que hizo hace años sobre cómo era una persona sin hijos. Le comenté que tenía un blog y que debía haber compartido esa entrevista diez veces.

    Poco esperaba que me mirara y me dijera: «¿La gente aún se molesta porque no tengas hijos?».

    A lo que añadió que, como ella ya era grande para eso, no le pasaba. Pude decirle que sí, que aún había algo, y que a veces pensaba que la gente buscaba huecos en los que atacar, que no estaban bien y que, simplemente no querían que estuvieran bien.

    Es curioso cuando una persona a la que admiras te escucha, te sonríe y forma parte de un pensamiento en voz alta. Por una vez no leía sobre una autora de hace siglos, de una figura etérea, de una estatua en la plaza de una ciudad.

    Mariana, con esa juventud que la acompaña, su oscuridad y luz, sus preciosos zapatos y gafas de sol, comentó que aquello que escribía, quizá no era lo mejor para animarse.

    Pero yo creo que sí.

    Y espero que ella sepa que, en tiempos inciertos, la oscuridad de su relato hace mejor la vida de todas sus lectoras. Y que le da carne, voz y honestidad a la disidencia.

    Por eso la queremos y por eso volvemos a esa cola dos veces, por eso Gema vuelve siempre, porque necesitamos verla y saber que es real.

    Si no estuviste el sábado, te lo aseguro: es real.

    Esta mujer que es una de las grandes autoras de la literatura actual también es una mujer tranquila y divertida que porta una hoguera casi sin darse cuenta.

    Y todo lo que fuera aquello que viviera por no tener hijos quedó muy atrás, como algún día nos quedará a las demás.

    Ánimo.

    No es tarde para que todo quede atrás.

    Y muchas gracias, Mariana.

  • Volvamos

    septiembre 1st, 2025

    ¿Cómo ha sido tu verano?

    ¿Has cumplido con todo el listado de las cosas Childfree que se indican en los blogs y los perfiles de los influencers?

    ¿Ya tienes perros o gatos a los que has puesto nombres y dices que son como tus hijos?

    ¿Ya has organizado tus cuatro o cinco viajes por el mundo o has abandonado tu vida aburrida para convertirte en un nómada digital?

    ¿Has puesto traveler en tu bio?

    ¿Tienes una red de apoyo de un montón de amigas y amigos que estarán para ti y habéis empezado a ahorrar para un co-housing?

    ¿Ya buscas autoras sin hijos como Vivian Gornick, Mariana Enríquez, Orna Donath o Lina Meruane para tener referentes y enseñar su libro a modo de «ellas también hicieron algo»?

    O bien…

    ¿Has tenido otra conversación incómoda con miembros de tu familia a los que no reconocerías por la calle en la que te han vuelto a insistir en la importancia de la familia nuclear?

    ¿Has pasado un verano sin un duro sintiéndote mal porque no cumples ni con las expectativas tradicionales ni con las del mundo digital de la gente sin hijos?

    La clase, amigas, la clase.

    Ayer vi un video de una mujer llamada Anna Bocca que os recomiendo mucho si os interesa ver el capitalismo de una manera más crítica, o si os interesa ver cómo hemos llegado hasta aquí en términos de políticas económicas. (esta es una de esas cosas que hago como mujer sin hijos y es mi blog, chica, si quieres que te hablen de los jerseys Merino que puedes comprar en lo que te ahorras por no tener hijos, no es de lo que yo hablo)

    Ayer habló de una campaña que hubo en Estados Unidos para fomentar el consumo de tabaco entre las mujeres. Se llamó Antorchas de la libertad y empleaban las figuras de las flappers y actrices importantes de la época con imágenes llenas de glamour bajo la idea de la igualdad, el empoderamiento y la «revolución».

    Un señor llamado Edward Bernays fue el creador de esta campaña.

    El 31 de marzo de 1929 contrató a varias mujeres para que aparecieran fumando en el desfile del domingo de Pascua del 31 de marzo de 1929. Lo que se vio como una idea de empoderamiento, ya que las mujeres que fumaban eran consideradas prostitutas o mujeres de mala vida. Fue un gran paso para la liberación de las mujeres, ¿no?

    ¿Creéis realmente que Edward Bernays era un aliade sufragista o una persona interesada en que las mujeres fueran consumidoras de tabaco? El consumo pasó en poco tiempo del 5% al 33%. Es una persona que a día de hoy se ha hecho muy reconocida por su labor en propaganda con casos como el de Chiquita, desacreditando gobiernos y uniones de trabajadores como socialistas o comunistas, una palabra que ya sabéis que da mucho miedo en ciertos Gobiernos.

    ¿Qué tiene que ver esto?

    Para mí, el hecho de no tener hijos, no debería venir asociado a los privilegios de clase, al hecho de «todo aquello que ahora puedes pagar», e igual que las Antorchas de la libertad, fomentó que las mujeres incrementaran su consumo en el tabaco y no hicieran otras cosas que les podrían haber venido mejor a largo plazo, como formar una unión de trabajadoras, analizar su situación, ver dónde hay problemas. Las antorchas de la libertad se disfrazó de publicidad empoderadora pero SORPRESA, no hay tal.

    A las empresas de turismo que te animan a cumplir tus sueños les da exactamente igual que lleves desde los cinco años queriendo ir a Japón, solo te van a ofrecer precios hinchados para ganar dinero y financiar cosas que preferirías no saber.

    Que tengas muchas mascotas tampoco es obligatorio. Igual eres alérgico, igual no te gustan, no eres menos childfree por ello.

    Igual no tienes una red de apoyo enorme y eres una persona más bien solitaria, y te cuesta, y el mundo online no lo pone fácil. No es culpa tuya, no caigas tampoco en que la culpa es de los demás y no creas a chamanes online que, DE NUEVO, sólo quieren venderte cosas.

    Me planteo mucho mi lugar en Internet porque me molesta que desde el espectro childfree haya tanto marketing, tanta venta aspiracional, tantas perspectivas que igual no te puedes permitir, no te interesan o no estás en un buen momento para nada de eso.

    Las campañas de venta son solo eso.

    Los hashtags y definiciones de las redes son solo eso.

    Lo que quiero decir es que, como disidente, entiendo muy bien no encajar del todo con todas las etiquetas que te imponen desde fuera y dentro de Internet. Y cuesta, porque queremos encajar y que nos quieran, pero, en realidad, no se lo debemos a nadie.

    Si no eres traveler, ni tienes mascotas con nombres, ni conoces a autoras o autores childfree, ni tienes dinero para tener las vidas lujosas que se anuncian desde algunas cuentas, no eres menos. Nadie es menos.

    (bueno, sí, los oligarcas, dictadores, machistas, racistas, bullies, gente hijaputa, mala y aprovechada… esos sí son MUY menos, pero eso es otra historia)

    Tú también vales.

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