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No Mo

  • Para serte sincero, he estado evitando todo. 

    mayo 12th, 2023

    Cuando era adolescente, no fui de esas chicas que no tenía problema en aislarse del mundo viendo películas y leyendo libros, como Maeve en Sex Education o The Perks of being a Wallflower. Para mí era un problema ser una de esas personas con dificultades para ser popular, tener un grupo de amigas o no meterme en amistades tóxicas en las que siempre salía mal parada y con un profundo sentimiento de fracaso.

    En cualquier caso, me gustaría mucho que alguien me dijera que su adolescencia fue algo realmente maravilloso y que le ayudó a comenzar un camino de felicidad y, a día de hoy, este camino le ha convertido en una persona adulta y funcional y que, dentro de lo que cabe, es feliz. Hay pocos, pero ciertamente me parece que podría llegar a ser un número mayor de personas en este caso que mujeres que hayan dicho en público que no quieren ser madres.

    Yo también he evitado decirlo. Ayer sin ir más lejos, en un entorno que no era hostil, con mujeres, mujeres jóvenes y agradables, al aire libre, caminando, surgió un momento en el que pude salir de la dinámica de hablar de «lo que toca» (por supuesto fue un momento en el que se comentaban las maternidades generalizadas en sus grupos de amigos, de las que no eran parte, pero confirmando que, a ambas, les llegaría un día en el que sería «lo que toca») para plantear más posibilidades en la vida, ver más puntos de vida, quizá incluso hacer la conversación un poco más profunda, no lo hice.

    A veces tengo esta sensación que comenta una amiga, de estar predicando en el desierto. Es una imagen que me viene muy bien para entender cómo me siento, dado que el desierto es un espacio de soledad, de un espacio árido, seco, en el que buscas un oasis para tu supervivencia, y en el que sueles estar cansado, quemado y tratando de protegerte a toda costa. Y es exactamente eso lo que sucede a veces en estas conversaciones, y por eso las evitas, porque te quemas y, mientras te cansas, intentas protegerte de una doctrina que lleva intrínseca en la sociedad desde, no desde que el mundo es mundo, sino desde que alguien decidió que el mundo siempre había fomentado una natalidad desmesurada.

    Creo que, si ese fue el caso, también fue porque se vio posible a nivel social y político. Cuando las sociedades empezaban a sedentarizarse y abandonar el modo de vida nómada, incluso antes, había que poblar esas ciudades, había que crear una industria, realmente había espacios que llenar, se podía dar a entender un motivo… Aunque si eso te parece lógico, la teoría del instinto se cae de bruces en favor de algo utilitarista para el mantenimiento de la sociedad.

    No quiero caer en la simpleza porque cada día en el que intentamos hacer los mensajes más simples y negamos el hecho de que algunos temas tienen cierta complejidad para dejarlos en lo básico, nos va peor. Siempre que alguien espera conseguir algo de los otros, una de las cosas más importantes que había que conseguirse era que, esas personas de las que querías algo, pensaran que fue idea suya.

    No me lo invento yo, lo han dicho muchos, Maquiavelo, Shakespeare, Maggie O’Farrell. Si consigues convencer de que algo sale por puro instinto y lo asocias con unos valores positivos y le das un propósito en el que, inventando datos, supone algo que es bueno para la sociedad, ¿cómo no vas a entrar en ello? ¿Cuánta gente no se ha vuelto vegana como medida medioambiental? ¿Cuántas huelgas de semanas se hacen como medida para proteger los derechos laborales?

    Estas dos medidas me parecen, de hecho, bastante positivas, pero cuando hablamos de lo que se requiere de las mujeres, entran patrones mucho más exigentes y es casi un mujer contra mujer, el sí o el no, el convertirte en salvadora de la sociedad o en la destructora de la misma a ojos de gentuza como Elon Musk.

    A día de hoy, el mejor modo de convencer a los enemigos debe ser el de invisibilizarlos, aislarlos, que sientan que el mensaje no exista, que sean conscientes de que su blog no lo lee nadie y que sus opiniones no interesan. Si fueran interesantes, en las conversaciones laborales, todo el mundo estaría interesado en escuchar lo que tiene que decir esta persona. Si es invisible, es porque se lo merece, ¿no?

    Realmente, evitar todo durante la adolescencia como medida de prevención, me hizo invisible, a muchos ojos, a muchos oidos. Por eso empecé a escribir, supongo, porque una hoja de papel no era invisible, un libro nunca era invisible, el formato físico le protegía, y si alguien lo cogía, no podría ignorarlo.

    No es un mensaje que a día de hoy me consuele, ya que se ha abandonado mucho el formato físico, hay una crisis de papel horrible que encarece cada libro que sale y cada vez la gente joven lee menos.

    Si entonces me creía invisible y pensaba que, por ese motivo, lo mejor era pasar desapercibida, a día de hoy creo todo lo contrario… Pero me da miedo ser invisible y que este mensaje, realmente, no sea compartido por nadie.

    Así que tendremos que trabajar en ello.

  • El día de la madre: Anna Jarvis y los regalos

    mayo 6th, 2023

    Nunca me ha gustado la celebración del día de la madre, ni siquiera cuando era niña.

    Recuerdo cómo, en mi colegio, los días antes del domingo que se celebraría el día de la madre, sabía que llegaría el momento de hacer una manualidad para celebrar el día de la madre. Vivía ese momento con el mayor de los temores. Tendría menos de 2 horas, durante la asignatura de “Labores del hogar”, para hacer una manualidad con pegamento, macarrones, papel, cartulina y rotulador que reflejara el amor y el sentimiento de agradecimiento hacia mi madre. Pegamento, macarrones, papel, cartulina y rotulador para homenajear a una profesora titular universitaria de historia que compraba toda su ropa en Serrano, una de las calles más caras de Madrid. ¿Qué podría salir mal?

    Sí, sé lo que estáis pensando: labores del hogar.

    Lo creáis o no, sí, en los 80 y 90 en mi colegio esta era una asignatura que dábamos por las tardes. ¿Por qué aprendíamos los ríos de España y esto por la tarde después de comer? Por si acaso alguien se escandaliza con este concepto de labores de hogar, diré que era bastante normal en los 80 encontrar colegios concertados con esta asignatura, y que también venían niños a esta clase (Juan Carlos, si es que realmente te llamas así, compañero de mi clase durante años con el que no hablaba, siempre me acordaré de cómo la profesora alucinaba con tu capacidad para coser y para hacer bordados, espero que seas el que cose en tu casa).

    Volviendo al día de la madre ya que estamos en esta semana de homenaje a una de las funciones más precarizadas y más valoradas de puertas para afuera, pero menos sostenidas de puertas para adentro, me gustaría que pensáramos en nuestra madre, y en la persona que cumplió el rol de madre. Porque si has nacido en España en los 80 o 90, igual te pasó lo mismo que a mí, que durante mi infancia, adolescencia y vida adulta, yo tuve dos madres: mi madre y mi yaya, siendo criada por ambas figuras femeninas. Esto creó en mi cabeza dos referentes que no podían tener menos en común y que vivían en un conflicto constante. No podría, ni nadie debería, negar la crianza de ninguna de las dos, ya que sus roles fueron fundamentales siempre para mí. Entonces, ¿por qué no hacía dos manualidades? ¿Por qué mostraba el agradecimiento en forma de objeto deforme manual únicamente a una de las dos?

    Empezábamos mal esta relación con el día de la madre.

    Si algo recuerdo claramente de la celebración del día de la madre era el estrés y la incomprensión. Yo tenía claro de que, al entrar en aquella clase, tendría que salir con algo para mi madre (aunque no para mi abuela), algo que indicara lo mucho que la quería, lo agradecida que estaba por todo lo que me daba y, tal y como decía la profesora que teníamos “para cuando seáis las siguientes”.

    Ahí estaba el kit de la cuestión, con esa pieza deforme y absurda hecha con papel y elementos no biodegradables, había de demostrar las ganas que sentía por el momento en el que yo fuera ella, anhelando ser la siguiente en ocupar ese rol que me correspondía por ser una hija y, por tanto como asistente a una clase de labores de hogar, aprendiz de madre.

    A mí se me dan mal las manualidades. No soy mañosa. He sido un aprendiz mediocre en lo que se refiere a cualquier arte manual, ya fueran música, dibujo, escultura. He estropeado cualquier indicio de belleza en cualquier proceso creativo que tocara en ese aspecto, cualquier labor plástica que haya empezado no se ha finalizado o ha acabado siendo una pérdida de material, tiempo y espacio. Pido disculpas por ello, sobre todo a mis compañeros de universidad. Siento mucho aquella época en la que me dio por pensar que sabía hacer collages y llené vuestras casas con mis creaciones en vez de poner unos euros para comprar algo que os hiciera la más mínima ilusión. Si acaso habéis conservado algo por pura educación, os animo a que lo tiréis, y si habéis aprovechado alguna de vuestras mudanzas para deshaceros de despropósitos semejantes, que sepáis que lo entiendo perfectamente.

    Y cada vez que hacía una creación pensaba lo mismo: A mi madre no le va a gustar. ¿Y sabéis qué? Que tenía razón. Que siempre conservamos los regalos por la ilusión que les hacen pero, en el 2023, con el tamaño de los pisos, la precariedad, el cansancio y el nulo espacio en una casa de 50 metros cuadrados, ¿de verdad no hay una sola madre acumulando dibujos horrendos y cajas pegajosas medio pintadas en las estanterías de las que se acuerde, no para bien, cada vez que tiene que limpiar?

    ¿Sabéis que no fallaba casi nunca en el día de la madre cuando yo era pequeña? Las medias. Los pendientes. Los collares. Los anillos. Los bolsos. Una cartera. No pasaba nada porque yo hiciera algo horrendo y lamentable en el colegio, porque no era lo que se vendía, el regalo, el de verdad, el que viene bien a las empresas venía y viene de fuera: de los maridos. Los maridos. Ellos eran los que, a nivel de consumo, tenían que hacer algo para dar las gracias a esas mujeres que sostenían sus familias mientras ellos daban el 50% de su vida, a cambio del 150% de la de ellas.

    Las campañas del día de la madre, como cualquier campaña relevante en una gran empresa, se preparan con más de 4 meses, y los contenidos también. Hay cosas que hay que vender, hay cosas que hay que vender y pueden encajar, y que les harán ilusión. Además, ahora que el modelo de madre PUEDE HACERLO Y TENERLO TODO, no nos quedemos solamente con el consumo ajeno para celebrar, ahora la madre también tiene derecho a darse un capricho, y lo puedes conseguir con un objeto random al que se ha subido el precio durante un mes para luego bajarlo durante esa semana y que parezca un descuento, una oferta, UN REGALO.

    Un regalo para celebrar, para reconocer, para compensar… ¿Cómo podemos pensar siquiera que lo va a compensar? ¿Cómo va a ser suficiente?

    ¿Cómo llegamos, como sociedad, a considerar válida la compra de regalos que no necesitamos, que en realidad rara vez queremos, y que siguen elaboradas campañas de Marketing, a cambio de vivir una vida precarizada y sometida a cualquier obligación o norma que se ha impuesto de manera aleatoria?

    ¿Acaso nos salva el consumismo?

    Si fuera que no, ¿de qué nos sirve? ¿Y si no sirve, por qué está centrado sobre todo en las mujeres? ¿Por qué estamos deliberadamente más sometidas al sistema?

    Evidentemente no siempre siguió los mismos derroteros, los orígenes de este día tenían un sentido, un significado, un momento de reunión y comunión entre mujeres con hijos para hablar, desahogarse, colaborar… Hasta que alguien decidió que era mejor darnos cosas y que permaneciéramos sola, aisladas y, si era posible, tristes e inseguras con nosotras mismas.

    Parece ser que el origen de las celebraciones del día de la madre viene de los homenajes a Rea, madre de Zeus, Poseidón y Hades. Rea, ¿recordáis esa figura que protegió a todos sus hijos y que se fue hinchando de piedras hasta reventar? Ese era el padre y Rea, la primera madre de la humanidad.

    Luego llegaron los romanos y cambiaron el nombre de Rea por Hilaria, y en vez de una única celebración, comenzó a ser una celebración que duraba tres días. Al ser originaria de Madrid, se me ha hecho curioso el hecho de que se celebrara el 15 de Marzo en el Templo de Cibeles. Claro, la plaza de Cibeles en Madrid es el lugar en el que se celebran todos los eventos deportivos y donde hay una absoluta pasividad frente al desorden público y vandalismo dado que, son cosas de chicos y el fútbol ha de celebrarse. Me gustaría saber qué haría actualmente la policía si un grupo de madres se pusiera a hacer una rave en la Cibeles el 15 de Marzo, ellas no han ganado un partido, pero sí que han gestado a todos los policías que las llevaran detenidas, ¿no tienen acaso más derecho a celebrar su día en Cibeles? Históricamente, dado que se eligió esta escultura para instalar y nombrar esta plaza, tendría todo el sentido. Vale que no es la del Monte Palatino pero entonces cuando policías y futbolistas digan “viva la madre que me parió” que digan también qué le regalaron en el último día de la madre, o incluso, qué hacen diariamente para honrarlas, celebrarlas y compensarlas por todos los años que estuvieron a su lado.

    No os preocupéis que esto sigue siendo un blog NO MO y habrá muchas personas, incluso futbolistas y policías, a las que el día de la madre se les atragante mucho más que a mí. Hay muchas personas que este día no tienen nada que celebrar, nadie a quien darle nada, nada que conmemorar y un porrón de recuerdos dolorosos que les bloquean en su día a día. Y eso en algunos casos viene de su infancia, otros son por su propio proceso de haber sufrido esterilidad o de no llegar a fin de mes y dejar esta fase tan “natural” de la vida sin estrenar.

    ¿Sabéis qué pasaba en la celebración de las Hilarias? Seguro, seguro, no lo sabemos ninguno porque no estamos allí, pero por lo que se cuenta, celebraban nacimientos, o cualquier día escogido por el emperador en el que la alegría ERA OBLIGATORIA.

    Posteriormente llegó el cristianismo para volver a Rea, pero que fuera la Virgen María esta vez. Una iniciativa que surgió en Inglaterra vino de cómo, ese domingo de las madres, se daba el día libre al servicio para ir a visitar a sus madres y llevarles un regalo.

    Y ahora quiero ir hacia lo que me resulta más molesto del tema. A raíz de la Guerra de Secesión, dos activistas, Julia Ward Howe y Ann Jarvis, comenzaron a organizar reuniones de madres para discutir y buscar soluciones a raíz de la guerra. Eran varios días y la idea principal era reconciliar las partes que estuvieran en conflictos. ¿Sabéis cuando dicen que las mujeres acabarían con las guerras si estuvieran en el poder? No me cabe ninguna duda.

    Pero, ¿qué pasó? Llegó el presidente de los Estados Unidos a oficializar el asunto, a crear el Día de la Madre. Un día para celebrar a las madres, para comprarles cosas, dejarse el dinero y evitar discutir las condiciones por las que pudieran pasar las familias, ya fueran económicas o sociales. Esta persona que dio el día y nombre oficiales era Woodrow Wilson, quien, aparte de crear este día para “celebrar a las mujeres” era segregacionista y abierto partidario del Ku Klux Klan.

    Aunque ambas siguieron trabajando en los derechos de las mujeres y se abrieron a colectivos más extensos, el día de la madre tuvo que ser rescatado, ni más ni menos que por Anna Jarvis, hija de la segunda, que se quejaba de cómo se había comenzado a instrumentalizar el día de la madre para una comercialización excesiva y de cómo los intereses del presidente, con quien habían estado trabajando durante 7 años y, tanto ella, como su hermana Ellsinore, se dejaron un dinero para crear manifiestos y organizar eventos protestando contra el espíritu consumista sobre el día de la madre. Podéis hacer click para ver el artículo de 2019 de Kendall Trammell que habla del gasto que supone el día de la madre, solo en Estados Unidos.

    En 2019 era de 23 millones de dólares en todo Estados Unidos.

    Mientras escribo esto, prácticamente acabo de descubrir algo que me ha volado la cabeza y así lo voy a compartir:

    Anna Jarvis, la mujer responsable del día de la madre, la mujer que conmemoró a su madre y a todas las madres, no tuvo hijos.

    Después de pasar un rato leyendo sobre ella, ni me lo he llegado a plantear, pero sí, Anna Jarvis no tuvo hijos pero decidió que el día de la madre era algo que había que celebrar para honrar a las mujeres que habían sido responsables de su vida. Simplemente, creía que lo que las mujeres necesitaban era algo más que diamantes y regalitos, pero es mucho más fácil congregar a la gente hacia el consumo y lo puntual que los cambios estructurales.

    Escribo esto un siglo y 3 años después de que Anna Jarvis dijera los pensamientos que tuvieron mi madre y mi abuela sobre el día de la madre; así a grandes rasgos “todo muy bonito, pero ¿el Lunes qué?”.

    Si nuestras madres y abuelas pasaban el domingo con las lentejas en remojo, descongelando la comida, cuidando del niño, mirando las facturas, tendiendo la colada, cuidando del niño, abriendo los regalos, saliendo en la foto, comiendo una tarta (puede que por una vez no fuera ella quien fuera a comprarla), barriendo el suelo, haciendo las camas, limpiando los zapatos, recogiendo la ropa, doblando la ropa, metiendo la ropa en el armario, abrazando a sus hijos mientras les cuentan su vida y disfrutando cinco minutos de ese regalo para que al día siguiente no signifique ningún cambio estructural, la estructura está rota.

    Anna Jarvis creía que las madres se merecían más que unas flores.

    Y vivió toda su vida reivindicando su rol desde su no maternidad.

    Así que, aquí acabo esta entrada, celebrando el día de las mejores madres, las que tuve: mi madre y mi yaya, que ya nos dejó hace 7 años.

    Y dejo el poema de Julia Ward, que es lo que realmente merecían:

    ¡Levántense, mujeres de hoy! ¡Levántense todas las que tienen corazones, sin importar que su bautismo haya sido de agua o lágrimas! Digan con firmeza: ‘No permitiremos que los asuntos sean decididos por agencias irrelevantes. Nuestros maridos no regresarán a nosotras en busca de caricias y aplausos, apestando a matanzas. No se llevarán a nuestros hijos para que desaprendan todo lo que hemos podido enseñarles acerca de la caridad, la compasión y la paciencia’. Nosotras, mujeres de un país, tendremos demasiada compasión hacia aquellas de otro país, como para permitir que nuestros hijos sean entrenados para herir a los suyos. Desde el seno de una tierra devastada, una voz se alza con la nuestra y dice ‘¡Desarma! ¡Desarma!’ La espada del asesinato no es la balanza de la justicia. La sangre no limpia el deshonor, ni la violencia es señal de posesión. En nombre de la maternidad y la humanidad, les pido solemnemente que sea designado un congreso general de mujeres, sin importar nacionalidad, y que se lleve a cabo en algún lugar que resulte conveniente, a la brevedad posible, para promover la alianza de diferentes nacionalidades, el arreglo amistoso de cuestiones internacionales.

    Rea, Hilarias, Julia, Ana y Anna no querían labores del hogar, figuras de papel, regalos o tarjetas. Nos querían juntas.

    A lo mejor empiezo a tomármelo como el día de Anna Jarvis y empieza a gustarme este día.

  • ES UNA VERDAD MUNDIALMENTE RECONOCIDA QUE UNA MUJER QUIERE TENER HIJOS

    abril 28th, 2023

    Fijaos si está tan poco validado el discurso o la defensa de las mujeres que no quieren tener hijos que, si entras en cualquier conversación mundana en la que no hay estudios psicológicos, sociológicos, demográficos, políticos o económicos de por medio, saldrá uno de los argumentos más contundentes, simplistas y molestos que podemos encontrar: es lo natural. Una mujer que quiere tener hijos es lo natural, por supuesto, se refieren a lo más aceptado, supongo que en cuanto a porcentajes se refieren. Hace relativamente poco escuché en el podcast de Chris Williamson que un 80% de las mujeres que no han tenido hijos, querían tenerlos, pero no han encontrado una pareja con la que estuvieran de acuerdo o han tenido problemas para llevar adelante su gestación o embarazo. Lo que no sé es, si en ese 80%, subyacen también mujeres de escasos recursos económicos que no pudieron afrontar desde fecundaciones in vitro hasta la manutención standard de un bebé (en Valencia el gasto mensual de un bebé es de 600 euros, y con gasto me refiero a todo lo que implica mantenerle con vida en unas condiciones mínimas).

    Yo detesto los porcentajes, detesto que la humanidad, desde la llegada de la crisis del 2008 se pusiera a hablar en números, además, en números de los que nunca se había hablado, se hablaba de intereses, de cosas que no formaban parte de nuestra realidad y se volvieron parte de la misma. ¿Recordáis como lo natural en 2008 en España era comprarse un piso? ¿Recordáis que, mientras se empezaba a hablar de la crisis del ladrillo, todo el mundo tenía conversaciones sobre hipotecas e intereses que no entendía pero alguien se lo estaba explicando? Ese alguien solía ser un comercial de Tecnocasa. Claro está que a día de hoy todo ha cambiado, y es escuchar crisis, recesión, Tecnocasa, tipo fijo y pandemia y algo se remueve en nuestros cuerpos. Hemos perdido muchas esperanzas. Y aún así, seguimos comprando casas, porque, en algún sitio tendremos que vivir, algún lugar tendremos que dejar a nuestros hijos… Ah… La propiedad como confirmación de una existencia exitosa. Formar parte de ese porcentaje del éxito o quedarte fuera o, incluso peor aún, formar parte de ese porcentaje que no interesa a nadie, que existe, que sufre, pero que no interesa a nadie: la gente sin recursos, sin privilegios y sin propiedades. Como cuando empezó la pandemia, que uno de los dramas sobre los que más leí, fueron las crisis de cuidados, como los padres pasaban más tiempo que nunca con sus hijos porque no podían llevarles al colegio, ni con sus abuelos, ni traer una canguro. Es fácil entender que esa pérdida absoluta de espacios en los que eres madre y eres mujer, y descubrir en tu propia casa que lo que temías era cierto, realmente tu pareja se ocupa de la mitad de los cuidados que tú… (También hay otros espantosos porcentajes al respecto) pero hubo mucho menos sobre el cuidado de los ancianos, la crisis de trabajo, salvo quienes estuvieran en los ERTES. De repente desapareció la información sobre la inmigración, ¿qué hicieron? ¿Realmente se pararon las guerras también con la pandemia? ¿La gente que vivía una situación irregular de papeleo fuera de su país de origen pudo seguir adelante con sus procedimientos? ¿Se pararon los desahucios? ¿Dónde vivió la gente que vivía en la calle?

    Todas esas preguntas no las voy a contestar yo, pero aún menos las parejas que aprovecharon el confinamiento para buscar el embarazo, la gestación, esa esperanza de “saldremos mejores” que se comentaba.

    A lo largo de ese período en el que, en mi casa, se leyó, se comió, se trabajó online mientras otro cobraba un ERTE, se escribió, se grabaron cosas, se estudió y se tuvieron simpáticos vermús de domingo en la terraza a través de un móvil, estar aislado trajo paz al privilegio que ya teníamos: una casa de un tamaño suficiente, con luz, una terraza, una buena relación de pareja… Pero en ningún momento nos planteamos que esto fuera a ir a mejor, que la pandemia traería unas consecuencias propicias para la raza humana. Todo lo contrario. Los primeros días tras ponerse vacunas en Israel, volvieron los asedios en Palestina. En cuando se empezó a abrir la mano, todos mostraron su verdadero ser, y el positivo, el bueno, el que traía ganas de vivir, fue el baby boom pandemmial.

    Tener hijos era la mejor de las posibilidades, incluso algunos lo vieron como un acto casi activista, levantarte contra el sistema y decirle, me da igual lo difícil que me lo pongas a mí y a mis hijos, yo puedo proyectar, materializar y decirte que todo irá bien. Y será cierto, que a algunos les vaya bien, no significa que a la humanidad le vaya bien, además, ¿qué importa la humanidad?

    Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre busca una esposa, y que una esposa tiene una matriz en la que gestar las esperanzas llegadas con un pan bajo el brazo.

    Hace poco, leí que Gloria Steinem dijo que no todas las mujeres tenían por qué tener hijos y que, igualmente las cuerdas vocales no nos convertían a todos en tenores, las matrices no nos convertían en madres. Y es cierto que, con este ejemplo, la verdad trajo una cosa más: el entrenamiento.

    Entendemos perfectamente que los tenores y sopranos entrenan sus cuerdas vocales, su respiración, su musicalidad, día a día, profesionalmente, para su trabajo, del modo que también entendemos el entrenamiento mental que se hace con las mujeres cuando son niñas para prepararlas en la labor de ser madres. ¿O no recordamos los Nenucos que teníamos para practicar con un bebé? ¿O las Nancys que nos preparaban para hacer la comunión? ¿O las Barbies que nos preparaban para ser jóvenes y bonitas forever?

    Ayer sin ir más lejos, en clase de inglés con unos niños de 5 años, vi la situación clara. Un grupo de 7 niñas y 1 niño. En la historia que contamos en clase, el niño de la historia tiene una hermana pequeña. Esta hermana llega a casa y él quiere tenerla en brazos, así que, al contar la historia, hice el gesto circular con los brazos por el cual acunaba un bebé. Por supuesto, las niñas enseguida supieron que hacer y todas acunaron el bebé invisible sin pestañear y sin error. Si hubieran tenido un muñeco en brazos podrían haberle dado un biberón de mentira a la vez sin temor a que se cayera. El niño, sin embargo, pese a que lo hizo muy bien, tardó un poco más en coger el ritmo.

    No estamos exagerando si hablamos de que, dentro de “lo natural”, hay ciertos aprendizajes y entrenamientos instaurados dentro de lo que hemos establecido como “lo natural”.

    Un momento.

    ¿Es por eso por lo que estoy en el 20% de las mujeres que no han tenido hijos por decisión propia, porque me faltó el Nenuco, la Nancy y la Barbie? ¿Por qué tuve un cerdito de juguete y pin y pones? ¿Si hubiera acunado un Nenuco a la edad adecuada habría entrado en las expectativas sociales?

    Es una verdad mundialmente reconocida que no todas las mujeres tienen hijos, sea o no su voluntad, y que queda mucho por contar sobre ellas.

  • HIJOS SIN HIJOS DE VILA-MATAS

    abril 20th, 2023

    Llevo años buscando películas, canciones, libros, obras de teatro, rechazando la maternidad. No porque la odie, sino para ver cómo suenan, cómo resuenan, quiénes las protagonizan, qué cuentan. Nunca se ha estudiado la historia y sus guerras por ser bélico sino como análisis histórico, así que creo que puedo justificar mi curiosidad en ese espejo con otras mujeres en esta situación. Como ya he comentado otras veces, la búsqueda no siempre es fructífera. Casi nunca. Y, cuando lo es, no siempre consigo lo que estaba buscando.

    Hijos sin hijos no es lo que estaba buscando, pero sí. Me explico.

    La primera vez que leí a Enrique Vila-Matas vino recomendado precisamente por una pareja de amigos sin hijos, aunque esa vez el libro que me recomendaron fue París no se acaba nunca. Tanto ese libro como este me dejaron un sabor de boca extraño, del de esas historias que parece que ya han sido contadas pero nunca de esa manera, nunca a través de esos personajes, nunca con esas vivencias. Para mí, aparte del modo de escribir, es lo que hace a un autor, un autor, es lo que hace que Vila-Matas, aunque a veces la lectura de relatos es lo que tiene, y es más fácil desconectarse, sea uno de los autores que más me interesan.

    Por eso mismo, buscando narrativas sobre personas sin hijos (porque cuando puse mujeres ya vi claro que no me salía nada, aunque encontré mucha literatura sobre maternidad, aparte de toda la narrativa con el final feliz de un bebé en brazos) que me saliera únicamente Hijos sin hijos de Enrique Vila-Matas me pareció una señal interesante.

    Buscando en las bibliotecas online de Barcelona, porque siempre intento mirar en bibliotecas, ya que me compro libros por encima de mis posibilidades, solamente había tres ejemplares. Enrique Vila-Matas es un autor importante, publicado en Anagrama y ganador de premios como el Herraldo, nació en el 48, ya es un señor autor… Pero solamente había tres ejemplares del libro disponibles. Por suerte, uno cerca del centro, para no tener que salir de la zona metropolitana.

    Que un libro no sea muy demandado o interesante pero tenga algo muy relevante para un nicho de personas, como es mi caso al ser una mujer que no desea tener hijos, es algo común. Cuando tomas decisiones raras, cuando eres tachado de raro, el ver que no hay cosas para ti llega a ser algo común y habitual y te haces inmune. Y aunque se trate de un autor reconocido, también, pero lo que no dejó de sorprenderme fueron las respuestas en los buscadores.

    Entiendo que funcionan de la siguiente forma: al no haber nada como “no maternidad” eliminan el «no» y buscan todo lo que tenga que ver con maternidad.

    Por ese motivo hice varias búsquedas: dinks, nomos, nulíparas, no madres, no padres, no hijos, y al final con el “sin hijos” di con Vila-Matas. Todo un trabajo de búsqueda, ¿verdad? Con los tiempos que tenemos actualmente habríamos pasado a otra cosa si no nos interesara suficiente, incluso nos daría la sensación de que no existe, igual que pasa con las mujeres que no quieren tener hijos, no hay nada sobre ellos porque no existen.

    No haré una review sobre el libro más allá de decir que los relatos de este autor son increíbles, porque esta entrada es más bien una reflexión sobre la narrativa de la no maternidad.

    El que Vila-Matas escriba relatos sobre hombres que abrazan su no paternidad, parejas que viven en contextos políticos que les hacen huir esta responsabilidad, espacios desestructurados, familias desestructuradas, y todo con un aire kafkiano y europeo, situando cada relato en un espacio diferente, es literariamente hablando, fantástico. Ha escrito sin tapujos, sin dudas, sin justificaciones, poniéndose además en la cabeza de personajes completamente asentados en su lugar extraño en el mundo, en el que son juzgados, en el que nadie les entiende, pero cuyos motivos están tan claros que son ellos, son estos personajes son los que ven este mundo convencional y conservador, extraño.

    Ellos nos llevan de la mano y nos explican cómo el mundo ha creado la idea de los hijos mientras ellos viven una vida y una serie de situaciones en las que ese deseo son las anécdotas de otras personas.

    Eso es la vida de muchas personas sin hijos. Este libro cuenta la visión masculina de esta situación, porque los hombres nos llevan muchos años de ventaja por estar mucho más alejados de la presión social con respecto a la maternidad. Vila-Matas puede escribir sobre un hombre que se alegra a sus 50 años de haberse marchado a su casa y haber sido abandonado por una novia de la juventud, ya que ha podido hacer su vida sin esos compromisos. Y las mujeres, las autoras y las mujeres que no escriben, también somos Vila-Matas, y yo me he sentido invitada por este libro a contar las historias de esas mujeres, a imaginarme a todas esas mujeres que no han tenido hijos y que viven una vida con emociones, tramas y desenlaces tan interesantes como el bebé en brazos que se nos ha impuesto desde la cuna, cuando estábamos indefensas, con un Nenuco. Quedo eternamente agradecida a mis padres desde aquí por haberme dado un cerdito de peluche cuando era pequeña. Ahora apenas como carne de cerdo, ni tengo una conexión que me retrotraiga a la infancia con esos muñecos pelones de ropas extrañas preludio de los Furbiss.

    Sin embargo, olvidando lo literario, que debería ser lo único que atañe a Vila-Matas, las historias de las mujeres siempre tienen el arrepentimiento. Con sus personajes femeninos, salvo los que se abandonan a la bebida y al consumo como Zelda Fitzgerald, todos son madres arrepentidas. Pero, ¿cómo voy a culpar a Vila-Matas cuando no hay relatos ni de mujeres? ¿Cómo le voy a culpar cuando este libro es de 1993 y se publicó bajo el título de “Narrativas compactas”?

    Vila-Matas no eligió este título, que sepamos, estos relatos no son sobre hijos sin hijos… Se ha llegado a través de una decisión editorial a este cambio para acercarnos a esta idea. Me pregunto quién lo decidió, al igual que quién decidió que la portada fueran Kafka y su hermana Ottla.

    Ha habido una crítica sobre el libro, de Sonia Pérez, en la que habla de la realidad inverosímil de esta historia. Habla de muchas cosas y no es una mala crítica hacia el libro, tampoco buena, pero el concepto inverosímil, e indicar cómo no hay un marco fidedigno en los relatos, o como los narradores no son fiables, le dan una idea de cierta falsedad.

    No es la idea de Sonia Pérez criticar a las personas sin hijos, eso lo sé, ni la de Vila-Matas la de crear la idea de que estas personas no son dignas de ser creíbles, pero me resulta curioso como hay gente que se aferra a estas creencias para que no avance la conversación sobre la no maternidad. ¿No nos está permitida la ficción, la narrativa, los sueños?

    Cuando pensamos en autoras mujeres, lo que encuentro en la actualidad, aparte de mucho más contenido del que hubiera pensado, aunque todo en inglés, sobre no maternidad, son ensayos.

    Las mujeres tenemos que explicar nuestras vidas. Las mujeres empezamos a explicar cosas. Desafortunadamente, ahora es el momento de explicar con ensayos nuestras decisiones, de aportar datos, de justificar a través de estudios que llevan toda una vida. No se nos permite aún hacer narrativa, ¿por qué?

    Mis próximas lecturas con respecto a la no maternidad son escritas por mujeres, y son ensayos en ambos casos, y el motivo es porque no hay tanta narrativa, y la que hay, no está disponible, o está en el cajón de una autora que, o bien no se ha atrevido a sacarlo de ahí, o bien se ha cansado de recibir negativas en su publicación, o bien no puede permitirse producirlas, como es mi caso, como es el de muchas.

    Tras tantos años buscando esta conversación, celebro todos los ensayos que están saliendo, y ojalá algún día tenga algo que aportar pero, sobre todo, ya que yo siempre me he movido en la ficción, mi gran sueño es que se produzcan más historias sobre mujeres sin hijos, sobre abandonar esta presión, sobre lo que hacemos con nuestra vida, y la imagen que tienen todas estas vidas que, según la narrativa, no existen.

    El velo de la invisibilidad se va cayendo, quizá no gracias a Vila-Matas, pero gracias a leer este libro, y a todo el contenido que hay a día de hoy, siento la esperanza de que estas historias están a punto de salir, y que estaremos viéndolas en breve.

    Incluso, contándolas.

  • Cuando le das tu habitación propia a otra persona…

    abril 15th, 2023

    Hace poco empezaba a documentarme, aunque no sabía muy bien sobre qué. Puede que ni siquiera ahora, mientras escribo estas palabras, sepa aún si me estoy documentando, ni en qué.

    Tras buscar podcasts, libros, ensayos, conversaciones con amigas, conversaciones con mi madre, conversaciones con mi abuela, lecturas incómodas de Twitter y scrolling incontrolable en Instagram, me di cuenta de que no estaba preparada para hacer entrevistas a nadie sobre el tema de la no maternidad. No podía hacerlo. No quiero hacerlo.

    La idea de poner un post, buscar a amigas de amigas y hacer partícipe al mundo de mis dudas, mi búsqueda y mis preguntas era algo que necesitaba asentar primero conmigo. Y es que es un tema del que no es fácil hablar.

    Pensé que podía ir a los medios Mainstream para encontrar referentes narrativos de ficción, más allá del documental MY SO CALLED SELFISH LIFE.

    Quizá allí estaban las respuestas que andaba buscando. Quizá la respuesta estaba en Netflix, Vogue, Filmin, Amazon o HBO. O quizá quería todo lo contrario, buscar algo completamente opuesto para confirmarme como especial, única en mis pesquisas, como si fuera la única persona en el mundo que estuviera buscando este tema en Internet. Como si fuera un explorador descubriendo un continente. Y debo decir que, por mi propio entorno, a veces cuando toco el tema, siento que podría entender esa sensación de soledad, de búsqueda; como si viviera en ese momento en el que no se encuentra nada, en el que aún no se sabe si ningún tesoro será encontrado, si ni siquiera hay tesoro.

    Me da miedo convertirme en ese aventurero que vuelve a casa con las manos vacías y el corazón roto.

    Al buscar en las últimas tres, hubo grandes vacíos, dibujos animados, una recomendación acerca de un debate sobre personas negras teniendo hijos y alguna referencia a episodios aleatorios de Game of Thrones, entre otras, con la palabra “niño” en el título.

    En la revista al menos encontré un artículo de Violeta Valdés, hablando de la descortersía y confusión con las preguntas relacionadas. Se titulaba “¿Puede todo el mundo dejar de preguntar PARA CUANDO la maternidad?” y pensé que ahí estaba la clave, y ciertamente hay muchos puntos en el artículo muy interesantes, como el hecho de que la elección de la maternidad se haya convertido en un tema social aceptado y amable, como si no fuera un tema quizá demasiado personal y demasiado sensible. Es una pregunta, además, de la que solo se puede esperar una respuesta, el SÍ, dando por sentado que el prisma o punto de vista de las mujeres no fuera tan extenso como el que creo que es, y como si no fuera a haber más posibles respuestas que un sí rotundo.

    Dicho esto, en el artículo, una de las imágenes de enlace a otros artículos relacionados era a Las historias de la maternidad de Rigoberta Bandini, una de las grandes reivindicadoras de la maternidad, creadora de canciones, autora de libros y que ha concedido múltiples entrevistas en las que ha hablado su experiencia como madre y de la vida anterior, demostrando que las mujeres podemos tenerlo todo si nos lo proponemos… Y que lo que queremos es ser madres.

    Pareciéndome muy válida la perspectiva de Rigoberta Bandini como referente y narrativa para todas las madres, pensé en términos más profesionales, realmente era bueno el enlace, y lo era porque, seguramente, en toda la revista, no habría otro artículo más sobre mujeres que no habían tenido hijos. Es así. A no ser que homenajeen a Gloria Steinem, el artículo de Violeta Valdés es toda mi documentación mainstream de Vogue. Muchísimas gracias, de verdad.

    El paso a la plataforma excelsior de películas fue, sin duda, el peor. No sólo no encontré nada relacionado con la narrativa que buscaba, sino todo lo contrario. Como todos los usuarios sabemos, los buscadores de esta plataforma están pensados para que, si no encuentras aquello que buscas, encuentres siempre algo que consumir (de ahí que tanta gente haya visto tantas veces la película de Orgullo y prejuicio en vez de la serie), así que no es de extrañar que me salieran varias películas para que no echara a perder la tarde.

    Quiero mencionar dos, especialmente:

    La vida que queríamos, una película alemana que es, básicamente, un drama sobre una pareja que quiere tener hijos y no puede. Estamos en el tono del drama porque, ya se sabe, cualquier pareja quiere tener hijos, es el motivo intrínseco de todo compromiso humano entre dos seres humanos, tener descendencia y, preferiblemente, rica y aseada, aunque siendo esta película alemana, se permiten no ser tan ideales. Y daré las gracias porque, spoiler, no es una película en la que al final hay un milagro y ella se queda embarazada, o encuentran un bebé, o convencen a su sobrina para que les de sus óvulos, aquí al final comienzan a vivir su vida como dinkies y hasta se les permite sonreír con complicidad, ¿es porque son alemanes y realmente ellos están mejor que en otros sitios con la idea de que haya parejas que no tengan hijos? Puede ser discutible, pero también analizable.

    La segunda fue la bofetada definitiva, Together Together. Con tono de comedia y el actor de Resacón en las Vegas, Netflix me recomienda, en mi búsqueda de contenido de historias sin hijos, la historia de un hombre solitario que se hace amigo de la madre subrogada que gesta a su bebé. No sólo no tiene nada que ver con lo que estoy buscando sino que Netflix aquí, en su algoritmo perfectamente controlado, me lanza publicidad subliminal y mensajes contradictorios, o, más bien, que me confundan. Lo que yo quiero no existe: no tener hijos por decisión propia no es una opción, pero ¿sabes cuál es una opción que sí existe? La subrogación.

    No hay mujeres que no quieran ser madres, pero hay mujeres que son madres para ellas y para otros, y por dinero.

    No importa que sea una opción cuya legalidad dependa mucho del país y sociedad en la que se encuentre, esto tiene una narrativa, y tiene una narrativa aceptable, y además, desde hace ya tiempo, ¿o alguien puso el grito en el cielo cuando Phoebe tuvo los tres bebés de su hermano?

    Los números no me dan la razón. A mí alrededor hay mujeres sin hijos, pero la mayoría no han sido por decisión propia, otro porcentaje nunca ha hablado del tema y el resto tienen hijos, vidas acomodadas y ven mi elección como parte de una personalidad excéntrica que no comprenden y que solo aceptan al ver que tengo una pareja del mismo parecer. De no ser así, tendrían que ponerme junto a las Kariátides para someterme a un careo, supongo.

    No solo en los entornos, en los podcasts, en los libros. La definición de “nulíparas”, mujer que no ha dado a luz, sólo tiene 15800 resultados en 0.36 segundos en Google. Por tanto, podemos empezar a dudar de, hasta qué punto, hay narrativas que nos acompañan a estos seres de nombre mitológico que no nos encontramos.

    Con esto, me propongo hacer esa búsqueda de la que espero encontrar tesoros, testimonios, información, narrativas que compartir y llenar de esperanza este rol que algunas hemos elegido por voluntad propia.

    Y cierro pensando en cuando leí “Una habitación propia” de Virginia Woolf, una autora que, sin ser de mis favoritas, pero cuyo relato hace pensar mucho en el privilegio de tener un espacio para una mujer sola, para crear, para pensar, para ser. Virginia Woolf tampoco tuvo hijos y vivió su vida, entre su soledad, sus problemas de salud mental, su editorial, su círculo de amigos y sus conflictos con su literatura, trabajando en historias como Orlando o Las olas.

    Y estoy segura de que en más de una ocasión, más de uno le preguntaría si no se sentía sola y aburrida en esa habitación propia.

  • ¡Bienvenida!

    abril 3rd, 2023

    Me gustaría comenzar este blog dando las gracias a todos los que entréis aquí porque os interesa el tema.

    Tengáis hijos o no, los hayáis querido o no, hayáis podido tenerlos o no, incluso aquellos que nunca los habéis tenido porque no queríais.

    Este blog surge inspirado en muchas conversaciones, podcasts, libros y películas que en 2023 nos acercan al tema de la No Maternidad por propia elección. Pero sobre todo surge de las ganas que tenía de tener una conversación o algo que contar al respecto.

    Que hayáis entrado y que estéis leyendo esto significa mucho para mí y quiero que sepáis que esto es un lugar, no seguro, pero en el que intentaré hablar desde un respeto que tengo, muy profundo, a los lectores.

    Acostumbrados a narrativa clásica o de Tik Tok, vivimos todos en un mundo polarizado y aterrador y parece que entrar en un espacio en el que se quiera dar visibilidad a la elección de la vida sin hijos va a suponer un lugar de ataque, destinado al insulto y a la desacreditación de una elección personal. No lo es. E intentaré que no lo sea.

    Si he creado este blog ha sido más por necesidad que cualquier otra cosa. Conozco los movimientos ChildFree y me he interesado por ellos en el último año, faltándome aún MUCHÍSIMA INFORMACIÓN que quiero poder aportar, pero, como residente en España, entre Madrid y Barcelona y mujer cercana a los 40, no he encontrado un movimiento tan claro aquí. Igual no he sabido buscarlo o lo he intentado encontrar en mi entorno más cercano sin éxito, pero quiero aportar mi granito de arena y soñar con que, a escasos pasos de mí, hay alguien que tampoco acaba de encontrar una comunidad con la que hablar de su elección de vida sin sentir que: 1. no puede 2. a nadie le interesa.

    Nada de lo que escriba carga contra otras personas, nada debería tomarse de una manera literal o personal, esto es un blog que habla de una manera de ver el mundo, la maternidad y quiere rebatir la idea del instinto natural de la maternidad contado desde mi propio punto de vista porque creo que quiero ver a más gente como yo contando el suyo. Además, solo hablo, por el momento, de mi propio punto de vista porque, como mujer de casi 40 años, apenas he tenido cuatro amigas, y algunas conocidas, que hayan manifestado su intención de no traer hijos al mundo.

    Eso supone un porcentaje del 7,5% de mi vida social si soy sincera, lo que, a mi edad, hace que mi entorno sea profundamente maternal, incluso bastante conservador. Conservador no quiere decir rancio, ni de derechas, ni es insulto, cuando me refiero a conservador solo me refiero a que busca una estabilidad clásica, de valores consolidados y validación social. ¿Y quién no quiere eso de entrada? ¿Quién no intentaría por propia supervivencia encajar o destacar dentro de lo positivo?

    Sin embargo, es cierto que en España, o al menos por lo que he visto en Madrid y Barcelona, las ciudades entre las que me muevo, en las que cabría pensar que hay una mentalidad más diversa, no he visto perspectivas muy diferentes a una maternidad relativamente convencional en lo que a mi edad y entornos laborales y sociales se refiere. Pero, ¿qué quiero decir con convencional? ¿Y es malo? ¿Ya me estoy metiendo con alguien?

    Con convencional me refiero a parejas heterosexuales blancas que tienen uno o más hijos. De hecho, dentro de lo convencional en mi entorno, ya incluyo prácticas como el In Vitro, que han tenido resultados en un 50%, cuando no debería ser convencional en un país con un sueldo mínimo tan bajo y un precio de la vivienda tan alto que una pareja pueda permitirse desde 5000 hasta 9000 euros en solo acceder a la posibilidad de una gestación que, no tiene por qué ir a término.

    Estas parejas, casadas o no, propietarias de un piso o no, acceden en su mayoría a sueldos cercanos a los 30000 al año cada uno y tienen cierto apoyo familiar.

    Todo eso son buenas noticias para la maternidad. ¡No estáis solos! Aunque os sentís profundamente solos también, como me pasa a mí.

    Lo que no es una buena noticia es… Muchas cosas en realidad, pero hoy solo quiero hablar de una, y es de la falta de conversación al respecto de la no maternidad.

    Las mujeres o parejas que eligen no ser madres no están en un baremo normalizado en España. Cuando la gente habla de gente sin hijos, parece que pertenezcamos a un mundo ajeno, nos convertimos en un elemento de folklore que funciona como un rasgo más de su personalidad, ya que les muestra que son personas con una vida social rica y amplia, no solo tienen amigos del AMPA, sino que también tienen amigos sin hijos.

    ¡Y queremos el rol! A lo mejor no hemos tenido hijos pero a lo mejor no estamos todo el día viajando por Tailandia porque vivimos en la misma situación precaria que vosotros y aunque, no gastemos 600 euros al mes en una criatura, a lo mejor tenemos un sueldo más bajo, o a lo mejor tenemos otras cargas… En cualquier caso estamos aquí, listos para un plan de día. Llamadnos.

    Pero sería falso decir que sólo quiero conectar con esos amigos con hijos, no podría estar más lejos del propósito sino que busco lo que no he vivido, como todos los que escribimos: yo quiero encontrarme en una conversación en la que ambas personas compartan el “no quiero tener hijos” y sea algo que dé de sí.

    Es una conversación que no suele aparecer, y es lo que me gustaría traer con este blog. Me gustaría que todas aquellas personas que no han tenido hijos y no se ven capaces de hablar del tema, que lo llevan como una vergüenza, un fracaso o que les ha costado cierto aislamiento social, encuentren un espacio en el que leer, hablar, escuchar, y se sientan menos solos, de modo que puedan vivir esa realidad de la manera tan natural como yo creo que es.

    De hecho, a veces pienso que he empezado a escribir sobre el tema como una llamada a un festival, o un grito de socorro desde una caverna, porque siento que vuelvo a ser una de las nerds del instituto, buscando el grupo de amigas con gafas alejadas de las populares. Me siento muy sola en mi elección, quizá por mi edad, en la que es la gente más joven la que manifiesta más este sentir, o porque yo misma no he sido capaz de establecer esta conversación antes.

    Sólo busco esto. Traer esta conversación.

    Y lo hago porque, hace un año, fue la primera vez que traje la conversación a un espacio. Estaba en un curso de escritura teatral hablando de la obra de teatro que sigo escribiendo “Voidance” que habla de la falta de discurso de las mujeres sin hijos.

    Leí una escena y, justo en aquel momento, hubo una gran respuesta por parte de 5 mujeres en el curso. Mujeres que no habían tenido hijos, que habían acabado siendo madrastras, mujeres que habían fingido querer hijos… Apenas tuvimos 20 minutos de conversación en una cafetería y me animaron a terminar la obra, que la escribiera, que no me detuviera.

    La escribí. No ha pasado de ahí. Pero esa es otra historia.

    Y es que las mujeres sin hijos tenemos muchas historias, nuestra decisión acarrea muchas historias que no conocemos, y que en España, he leído poco. Hay muchos referentes en el resto de Europa y en Estados Unidos, incluso elementos y términos como DINKS y NOMO ya han entrado en un marketing concreto sobre nuestro rol, pero a mí me parece que esto va de otra cosa.

    Desde luego, desde ese momento, para mí, iba de otra cosa.

    Decidí que el 2022 ya tenía que ser el año, que estaba cansada de los prejuicios, del silencio y de sentir que no teníamos nada que contar cuando sí, cuando creo que tenemos tanto que compartir con el mundo, cuando fuera de casos en los que hay discusiones feas con madres, estamos muchas personas que buscamos hablar de otras cosas que nos preocupan, otras maneras de cuidar, otras maneras de amar.

    Y hoy, un año después, tras 39 años de vida sin hijos, meses de lecturas y con mucha investigación por delante, os doy la bienvenida a este espacio.

    Gracias.

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