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  • ES UNA VERDAD MUNDIALMENTE RECONOCIDA QUE UNA MUJER QUIERE TENER HIJOS

    abril 28th, 2023

    Fijaos si está tan poco validado el discurso o la defensa de las mujeres que no quieren tener hijos que, si entras en cualquier conversación mundana en la que no hay estudios psicológicos, sociológicos, demográficos, políticos o económicos de por medio, saldrá uno de los argumentos más contundentes, simplistas y molestos que podemos encontrar: es lo natural. Una mujer que quiere tener hijos es lo natural, por supuesto, se refieren a lo más aceptado, supongo que en cuanto a porcentajes se refieren. Hace relativamente poco escuché en el podcast de Chris Williamson que un 80% de las mujeres que no han tenido hijos, querían tenerlos, pero no han encontrado una pareja con la que estuvieran de acuerdo o han tenido problemas para llevar adelante su gestación o embarazo. Lo que no sé es, si en ese 80%, subyacen también mujeres de escasos recursos económicos que no pudieron afrontar desde fecundaciones in vitro hasta la manutención standard de un bebé (en Valencia el gasto mensual de un bebé es de 600 euros, y con gasto me refiero a todo lo que implica mantenerle con vida en unas condiciones mínimas).

    Yo detesto los porcentajes, detesto que la humanidad, desde la llegada de la crisis del 2008 se pusiera a hablar en números, además, en números de los que nunca se había hablado, se hablaba de intereses, de cosas que no formaban parte de nuestra realidad y se volvieron parte de la misma. ¿Recordáis como lo natural en 2008 en España era comprarse un piso? ¿Recordáis que, mientras se empezaba a hablar de la crisis del ladrillo, todo el mundo tenía conversaciones sobre hipotecas e intereses que no entendía pero alguien se lo estaba explicando? Ese alguien solía ser un comercial de Tecnocasa. Claro está que a día de hoy todo ha cambiado, y es escuchar crisis, recesión, Tecnocasa, tipo fijo y pandemia y algo se remueve en nuestros cuerpos. Hemos perdido muchas esperanzas. Y aún así, seguimos comprando casas, porque, en algún sitio tendremos que vivir, algún lugar tendremos que dejar a nuestros hijos… Ah… La propiedad como confirmación de una existencia exitosa. Formar parte de ese porcentaje del éxito o quedarte fuera o, incluso peor aún, formar parte de ese porcentaje que no interesa a nadie, que existe, que sufre, pero que no interesa a nadie: la gente sin recursos, sin privilegios y sin propiedades. Como cuando empezó la pandemia, que uno de los dramas sobre los que más leí, fueron las crisis de cuidados, como los padres pasaban más tiempo que nunca con sus hijos porque no podían llevarles al colegio, ni con sus abuelos, ni traer una canguro. Es fácil entender que esa pérdida absoluta de espacios en los que eres madre y eres mujer, y descubrir en tu propia casa que lo que temías era cierto, realmente tu pareja se ocupa de la mitad de los cuidados que tú… (También hay otros espantosos porcentajes al respecto) pero hubo mucho menos sobre el cuidado de los ancianos, la crisis de trabajo, salvo quienes estuvieran en los ERTES. De repente desapareció la información sobre la inmigración, ¿qué hicieron? ¿Realmente se pararon las guerras también con la pandemia? ¿La gente que vivía una situación irregular de papeleo fuera de su país de origen pudo seguir adelante con sus procedimientos? ¿Se pararon los desahucios? ¿Dónde vivió la gente que vivía en la calle?

    Todas esas preguntas no las voy a contestar yo, pero aún menos las parejas que aprovecharon el confinamiento para buscar el embarazo, la gestación, esa esperanza de “saldremos mejores” que se comentaba.

    A lo largo de ese período en el que, en mi casa, se leyó, se comió, se trabajó online mientras otro cobraba un ERTE, se escribió, se grabaron cosas, se estudió y se tuvieron simpáticos vermús de domingo en la terraza a través de un móvil, estar aislado trajo paz al privilegio que ya teníamos: una casa de un tamaño suficiente, con luz, una terraza, una buena relación de pareja… Pero en ningún momento nos planteamos que esto fuera a ir a mejor, que la pandemia traería unas consecuencias propicias para la raza humana. Todo lo contrario. Los primeros días tras ponerse vacunas en Israel, volvieron los asedios en Palestina. En cuando se empezó a abrir la mano, todos mostraron su verdadero ser, y el positivo, el bueno, el que traía ganas de vivir, fue el baby boom pandemmial.

    Tener hijos era la mejor de las posibilidades, incluso algunos lo vieron como un acto casi activista, levantarte contra el sistema y decirle, me da igual lo difícil que me lo pongas a mí y a mis hijos, yo puedo proyectar, materializar y decirte que todo irá bien. Y será cierto, que a algunos les vaya bien, no significa que a la humanidad le vaya bien, además, ¿qué importa la humanidad?

    Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre busca una esposa, y que una esposa tiene una matriz en la que gestar las esperanzas llegadas con un pan bajo el brazo.

    Hace poco, leí que Gloria Steinem dijo que no todas las mujeres tenían por qué tener hijos y que, igualmente las cuerdas vocales no nos convertían a todos en tenores, las matrices no nos convertían en madres. Y es cierto que, con este ejemplo, la verdad trajo una cosa más: el entrenamiento.

    Entendemos perfectamente que los tenores y sopranos entrenan sus cuerdas vocales, su respiración, su musicalidad, día a día, profesionalmente, para su trabajo, del modo que también entendemos el entrenamiento mental que se hace con las mujeres cuando son niñas para prepararlas en la labor de ser madres. ¿O no recordamos los Nenucos que teníamos para practicar con un bebé? ¿O las Nancys que nos preparaban para hacer la comunión? ¿O las Barbies que nos preparaban para ser jóvenes y bonitas forever?

    Ayer sin ir más lejos, en clase de inglés con unos niños de 5 años, vi la situación clara. Un grupo de 7 niñas y 1 niño. En la historia que contamos en clase, el niño de la historia tiene una hermana pequeña. Esta hermana llega a casa y él quiere tenerla en brazos, así que, al contar la historia, hice el gesto circular con los brazos por el cual acunaba un bebé. Por supuesto, las niñas enseguida supieron que hacer y todas acunaron el bebé invisible sin pestañear y sin error. Si hubieran tenido un muñeco en brazos podrían haberle dado un biberón de mentira a la vez sin temor a que se cayera. El niño, sin embargo, pese a que lo hizo muy bien, tardó un poco más en coger el ritmo.

    No estamos exagerando si hablamos de que, dentro de “lo natural”, hay ciertos aprendizajes y entrenamientos instaurados dentro de lo que hemos establecido como “lo natural”.

    Un momento.

    ¿Es por eso por lo que estoy en el 20% de las mujeres que no han tenido hijos por decisión propia, porque me faltó el Nenuco, la Nancy y la Barbie? ¿Por qué tuve un cerdito de juguete y pin y pones? ¿Si hubiera acunado un Nenuco a la edad adecuada habría entrado en las expectativas sociales?

    Es una verdad mundialmente reconocida que no todas las mujeres tienen hijos, sea o no su voluntad, y que queda mucho por contar sobre ellas.

  • HIJOS SIN HIJOS DE VILA-MATAS

    abril 20th, 2023

    Llevo años buscando películas, canciones, libros, obras de teatro, rechazando la maternidad. No porque la odie, sino para ver cómo suenan, cómo resuenan, quiénes las protagonizan, qué cuentan. Nunca se ha estudiado la historia y sus guerras por ser bélico sino como análisis histórico, así que creo que puedo justificar mi curiosidad en ese espejo con otras mujeres en esta situación. Como ya he comentado otras veces, la búsqueda no siempre es fructífera. Casi nunca. Y, cuando lo es, no siempre consigo lo que estaba buscando.

    Hijos sin hijos no es lo que estaba buscando, pero sí. Me explico.

    La primera vez que leí a Enrique Vila-Matas vino recomendado precisamente por una pareja de amigos sin hijos, aunque esa vez el libro que me recomendaron fue París no se acaba nunca. Tanto ese libro como este me dejaron un sabor de boca extraño, del de esas historias que parece que ya han sido contadas pero nunca de esa manera, nunca a través de esos personajes, nunca con esas vivencias. Para mí, aparte del modo de escribir, es lo que hace a un autor, un autor, es lo que hace que Vila-Matas, aunque a veces la lectura de relatos es lo que tiene, y es más fácil desconectarse, sea uno de los autores que más me interesan.

    Por eso mismo, buscando narrativas sobre personas sin hijos (porque cuando puse mujeres ya vi claro que no me salía nada, aunque encontré mucha literatura sobre maternidad, aparte de toda la narrativa con el final feliz de un bebé en brazos) que me saliera únicamente Hijos sin hijos de Enrique Vila-Matas me pareció una señal interesante.

    Buscando en las bibliotecas online de Barcelona, porque siempre intento mirar en bibliotecas, ya que me compro libros por encima de mis posibilidades, solamente había tres ejemplares. Enrique Vila-Matas es un autor importante, publicado en Anagrama y ganador de premios como el Herraldo, nació en el 48, ya es un señor autor… Pero solamente había tres ejemplares del libro disponibles. Por suerte, uno cerca del centro, para no tener que salir de la zona metropolitana.

    Que un libro no sea muy demandado o interesante pero tenga algo muy relevante para un nicho de personas, como es mi caso al ser una mujer que no desea tener hijos, es algo común. Cuando tomas decisiones raras, cuando eres tachado de raro, el ver que no hay cosas para ti llega a ser algo común y habitual y te haces inmune. Y aunque se trate de un autor reconocido, también, pero lo que no dejó de sorprenderme fueron las respuestas en los buscadores.

    Entiendo que funcionan de la siguiente forma: al no haber nada como “no maternidad” eliminan el «no» y buscan todo lo que tenga que ver con maternidad.

    Por ese motivo hice varias búsquedas: dinks, nomos, nulíparas, no madres, no padres, no hijos, y al final con el “sin hijos” di con Vila-Matas. Todo un trabajo de búsqueda, ¿verdad? Con los tiempos que tenemos actualmente habríamos pasado a otra cosa si no nos interesara suficiente, incluso nos daría la sensación de que no existe, igual que pasa con las mujeres que no quieren tener hijos, no hay nada sobre ellos porque no existen.

    No haré una review sobre el libro más allá de decir que los relatos de este autor son increíbles, porque esta entrada es más bien una reflexión sobre la narrativa de la no maternidad.

    El que Vila-Matas escriba relatos sobre hombres que abrazan su no paternidad, parejas que viven en contextos políticos que les hacen huir esta responsabilidad, espacios desestructurados, familias desestructuradas, y todo con un aire kafkiano y europeo, situando cada relato en un espacio diferente, es literariamente hablando, fantástico. Ha escrito sin tapujos, sin dudas, sin justificaciones, poniéndose además en la cabeza de personajes completamente asentados en su lugar extraño en el mundo, en el que son juzgados, en el que nadie les entiende, pero cuyos motivos están tan claros que son ellos, son estos personajes son los que ven este mundo convencional y conservador, extraño.

    Ellos nos llevan de la mano y nos explican cómo el mundo ha creado la idea de los hijos mientras ellos viven una vida y una serie de situaciones en las que ese deseo son las anécdotas de otras personas.

    Eso es la vida de muchas personas sin hijos. Este libro cuenta la visión masculina de esta situación, porque los hombres nos llevan muchos años de ventaja por estar mucho más alejados de la presión social con respecto a la maternidad. Vila-Matas puede escribir sobre un hombre que se alegra a sus 50 años de haberse marchado a su casa y haber sido abandonado por una novia de la juventud, ya que ha podido hacer su vida sin esos compromisos. Y las mujeres, las autoras y las mujeres que no escriben, también somos Vila-Matas, y yo me he sentido invitada por este libro a contar las historias de esas mujeres, a imaginarme a todas esas mujeres que no han tenido hijos y que viven una vida con emociones, tramas y desenlaces tan interesantes como el bebé en brazos que se nos ha impuesto desde la cuna, cuando estábamos indefensas, con un Nenuco. Quedo eternamente agradecida a mis padres desde aquí por haberme dado un cerdito de peluche cuando era pequeña. Ahora apenas como carne de cerdo, ni tengo una conexión que me retrotraiga a la infancia con esos muñecos pelones de ropas extrañas preludio de los Furbiss.

    Sin embargo, olvidando lo literario, que debería ser lo único que atañe a Vila-Matas, las historias de las mujeres siempre tienen el arrepentimiento. Con sus personajes femeninos, salvo los que se abandonan a la bebida y al consumo como Zelda Fitzgerald, todos son madres arrepentidas. Pero, ¿cómo voy a culpar a Vila-Matas cuando no hay relatos ni de mujeres? ¿Cómo le voy a culpar cuando este libro es de 1993 y se publicó bajo el título de “Narrativas compactas”?

    Vila-Matas no eligió este título, que sepamos, estos relatos no son sobre hijos sin hijos… Se ha llegado a través de una decisión editorial a este cambio para acercarnos a esta idea. Me pregunto quién lo decidió, al igual que quién decidió que la portada fueran Kafka y su hermana Ottla.

    Ha habido una crítica sobre el libro, de Sonia Pérez, en la que habla de la realidad inverosímil de esta historia. Habla de muchas cosas y no es una mala crítica hacia el libro, tampoco buena, pero el concepto inverosímil, e indicar cómo no hay un marco fidedigno en los relatos, o como los narradores no son fiables, le dan una idea de cierta falsedad.

    No es la idea de Sonia Pérez criticar a las personas sin hijos, eso lo sé, ni la de Vila-Matas la de crear la idea de que estas personas no son dignas de ser creíbles, pero me resulta curioso como hay gente que se aferra a estas creencias para que no avance la conversación sobre la no maternidad. ¿No nos está permitida la ficción, la narrativa, los sueños?

    Cuando pensamos en autoras mujeres, lo que encuentro en la actualidad, aparte de mucho más contenido del que hubiera pensado, aunque todo en inglés, sobre no maternidad, son ensayos.

    Las mujeres tenemos que explicar nuestras vidas. Las mujeres empezamos a explicar cosas. Desafortunadamente, ahora es el momento de explicar con ensayos nuestras decisiones, de aportar datos, de justificar a través de estudios que llevan toda una vida. No se nos permite aún hacer narrativa, ¿por qué?

    Mis próximas lecturas con respecto a la no maternidad son escritas por mujeres, y son ensayos en ambos casos, y el motivo es porque no hay tanta narrativa, y la que hay, no está disponible, o está en el cajón de una autora que, o bien no se ha atrevido a sacarlo de ahí, o bien se ha cansado de recibir negativas en su publicación, o bien no puede permitirse producirlas, como es mi caso, como es el de muchas.

    Tras tantos años buscando esta conversación, celebro todos los ensayos que están saliendo, y ojalá algún día tenga algo que aportar pero, sobre todo, ya que yo siempre me he movido en la ficción, mi gran sueño es que se produzcan más historias sobre mujeres sin hijos, sobre abandonar esta presión, sobre lo que hacemos con nuestra vida, y la imagen que tienen todas estas vidas que, según la narrativa, no existen.

    El velo de la invisibilidad se va cayendo, quizá no gracias a Vila-Matas, pero gracias a leer este libro, y a todo el contenido que hay a día de hoy, siento la esperanza de que estas historias están a punto de salir, y que estaremos viéndolas en breve.

    Incluso, contándolas.

  • Cuando le das tu habitación propia a otra persona…

    abril 15th, 2023

    Hace poco empezaba a documentarme, aunque no sabía muy bien sobre qué. Puede que ni siquiera ahora, mientras escribo estas palabras, sepa aún si me estoy documentando, ni en qué.

    Tras buscar podcasts, libros, ensayos, conversaciones con amigas, conversaciones con mi madre, conversaciones con mi abuela, lecturas incómodas de Twitter y scrolling incontrolable en Instagram, me di cuenta de que no estaba preparada para hacer entrevistas a nadie sobre el tema de la no maternidad. No podía hacerlo. No quiero hacerlo.

    La idea de poner un post, buscar a amigas de amigas y hacer partícipe al mundo de mis dudas, mi búsqueda y mis preguntas era algo que necesitaba asentar primero conmigo. Y es que es un tema del que no es fácil hablar.

    Pensé que podía ir a los medios Mainstream para encontrar referentes narrativos de ficción, más allá del documental MY SO CALLED SELFISH LIFE.

    Quizá allí estaban las respuestas que andaba buscando. Quizá la respuesta estaba en Netflix, Vogue, Filmin, Amazon o HBO. O quizá quería todo lo contrario, buscar algo completamente opuesto para confirmarme como especial, única en mis pesquisas, como si fuera la única persona en el mundo que estuviera buscando este tema en Internet. Como si fuera un explorador descubriendo un continente. Y debo decir que, por mi propio entorno, a veces cuando toco el tema, siento que podría entender esa sensación de soledad, de búsqueda; como si viviera en ese momento en el que no se encuentra nada, en el que aún no se sabe si ningún tesoro será encontrado, si ni siquiera hay tesoro.

    Me da miedo convertirme en ese aventurero que vuelve a casa con las manos vacías y el corazón roto.

    Al buscar en las últimas tres, hubo grandes vacíos, dibujos animados, una recomendación acerca de un debate sobre personas negras teniendo hijos y alguna referencia a episodios aleatorios de Game of Thrones, entre otras, con la palabra “niño” en el título.

    En la revista al menos encontré un artículo de Violeta Valdés, hablando de la descortersía y confusión con las preguntas relacionadas. Se titulaba “¿Puede todo el mundo dejar de preguntar PARA CUANDO la maternidad?” y pensé que ahí estaba la clave, y ciertamente hay muchos puntos en el artículo muy interesantes, como el hecho de que la elección de la maternidad se haya convertido en un tema social aceptado y amable, como si no fuera un tema quizá demasiado personal y demasiado sensible. Es una pregunta, además, de la que solo se puede esperar una respuesta, el SÍ, dando por sentado que el prisma o punto de vista de las mujeres no fuera tan extenso como el que creo que es, y como si no fuera a haber más posibles respuestas que un sí rotundo.

    Dicho esto, en el artículo, una de las imágenes de enlace a otros artículos relacionados era a Las historias de la maternidad de Rigoberta Bandini, una de las grandes reivindicadoras de la maternidad, creadora de canciones, autora de libros y que ha concedido múltiples entrevistas en las que ha hablado su experiencia como madre y de la vida anterior, demostrando que las mujeres podemos tenerlo todo si nos lo proponemos… Y que lo que queremos es ser madres.

    Pareciéndome muy válida la perspectiva de Rigoberta Bandini como referente y narrativa para todas las madres, pensé en términos más profesionales, realmente era bueno el enlace, y lo era porque, seguramente, en toda la revista, no habría otro artículo más sobre mujeres que no habían tenido hijos. Es así. A no ser que homenajeen a Gloria Steinem, el artículo de Violeta Valdés es toda mi documentación mainstream de Vogue. Muchísimas gracias, de verdad.

    El paso a la plataforma excelsior de películas fue, sin duda, el peor. No sólo no encontré nada relacionado con la narrativa que buscaba, sino todo lo contrario. Como todos los usuarios sabemos, los buscadores de esta plataforma están pensados para que, si no encuentras aquello que buscas, encuentres siempre algo que consumir (de ahí que tanta gente haya visto tantas veces la película de Orgullo y prejuicio en vez de la serie), así que no es de extrañar que me salieran varias películas para que no echara a perder la tarde.

    Quiero mencionar dos, especialmente:

    La vida que queríamos, una película alemana que es, básicamente, un drama sobre una pareja que quiere tener hijos y no puede. Estamos en el tono del drama porque, ya se sabe, cualquier pareja quiere tener hijos, es el motivo intrínseco de todo compromiso humano entre dos seres humanos, tener descendencia y, preferiblemente, rica y aseada, aunque siendo esta película alemana, se permiten no ser tan ideales. Y daré las gracias porque, spoiler, no es una película en la que al final hay un milagro y ella se queda embarazada, o encuentran un bebé, o convencen a su sobrina para que les de sus óvulos, aquí al final comienzan a vivir su vida como dinkies y hasta se les permite sonreír con complicidad, ¿es porque son alemanes y realmente ellos están mejor que en otros sitios con la idea de que haya parejas que no tengan hijos? Puede ser discutible, pero también analizable.

    La segunda fue la bofetada definitiva, Together Together. Con tono de comedia y el actor de Resacón en las Vegas, Netflix me recomienda, en mi búsqueda de contenido de historias sin hijos, la historia de un hombre solitario que se hace amigo de la madre subrogada que gesta a su bebé. No sólo no tiene nada que ver con lo que estoy buscando sino que Netflix aquí, en su algoritmo perfectamente controlado, me lanza publicidad subliminal y mensajes contradictorios, o, más bien, que me confundan. Lo que yo quiero no existe: no tener hijos por decisión propia no es una opción, pero ¿sabes cuál es una opción que sí existe? La subrogación.

    No hay mujeres que no quieran ser madres, pero hay mujeres que son madres para ellas y para otros, y por dinero.

    No importa que sea una opción cuya legalidad dependa mucho del país y sociedad en la que se encuentre, esto tiene una narrativa, y tiene una narrativa aceptable, y además, desde hace ya tiempo, ¿o alguien puso el grito en el cielo cuando Phoebe tuvo los tres bebés de su hermano?

    Los números no me dan la razón. A mí alrededor hay mujeres sin hijos, pero la mayoría no han sido por decisión propia, otro porcentaje nunca ha hablado del tema y el resto tienen hijos, vidas acomodadas y ven mi elección como parte de una personalidad excéntrica que no comprenden y que solo aceptan al ver que tengo una pareja del mismo parecer. De no ser así, tendrían que ponerme junto a las Kariátides para someterme a un careo, supongo.

    No solo en los entornos, en los podcasts, en los libros. La definición de “nulíparas”, mujer que no ha dado a luz, sólo tiene 15800 resultados en 0.36 segundos en Google. Por tanto, podemos empezar a dudar de, hasta qué punto, hay narrativas que nos acompañan a estos seres de nombre mitológico que no nos encontramos.

    Con esto, me propongo hacer esa búsqueda de la que espero encontrar tesoros, testimonios, información, narrativas que compartir y llenar de esperanza este rol que algunas hemos elegido por voluntad propia.

    Y cierro pensando en cuando leí “Una habitación propia” de Virginia Woolf, una autora que, sin ser de mis favoritas, pero cuyo relato hace pensar mucho en el privilegio de tener un espacio para una mujer sola, para crear, para pensar, para ser. Virginia Woolf tampoco tuvo hijos y vivió su vida, entre su soledad, sus problemas de salud mental, su editorial, su círculo de amigos y sus conflictos con su literatura, trabajando en historias como Orlando o Las olas.

    Y estoy segura de que en más de una ocasión, más de uno le preguntaría si no se sentía sola y aburrida en esa habitación propia.

  • ¡Bienvenida!

    abril 3rd, 2023

    Me gustaría comenzar este blog dando las gracias a todos los que entréis aquí porque os interesa el tema.

    Tengáis hijos o no, los hayáis querido o no, hayáis podido tenerlos o no, incluso aquellos que nunca los habéis tenido porque no queríais.

    Este blog surge inspirado en muchas conversaciones, podcasts, libros y películas que en 2023 nos acercan al tema de la No Maternidad por propia elección. Pero sobre todo surge de las ganas que tenía de tener una conversación o algo que contar al respecto.

    Que hayáis entrado y que estéis leyendo esto significa mucho para mí y quiero que sepáis que esto es un lugar, no seguro, pero en el que intentaré hablar desde un respeto que tengo, muy profundo, a los lectores.

    Acostumbrados a narrativa clásica o de Tik Tok, vivimos todos en un mundo polarizado y aterrador y parece que entrar en un espacio en el que se quiera dar visibilidad a la elección de la vida sin hijos va a suponer un lugar de ataque, destinado al insulto y a la desacreditación de una elección personal. No lo es. E intentaré que no lo sea.

    Si he creado este blog ha sido más por necesidad que cualquier otra cosa. Conozco los movimientos ChildFree y me he interesado por ellos en el último año, faltándome aún MUCHÍSIMA INFORMACIÓN que quiero poder aportar, pero, como residente en España, entre Madrid y Barcelona y mujer cercana a los 40, no he encontrado un movimiento tan claro aquí. Igual no he sabido buscarlo o lo he intentado encontrar en mi entorno más cercano sin éxito, pero quiero aportar mi granito de arena y soñar con que, a escasos pasos de mí, hay alguien que tampoco acaba de encontrar una comunidad con la que hablar de su elección de vida sin sentir que: 1. no puede 2. a nadie le interesa.

    Nada de lo que escriba carga contra otras personas, nada debería tomarse de una manera literal o personal, esto es un blog que habla de una manera de ver el mundo, la maternidad y quiere rebatir la idea del instinto natural de la maternidad contado desde mi propio punto de vista porque creo que quiero ver a más gente como yo contando el suyo. Además, solo hablo, por el momento, de mi propio punto de vista porque, como mujer de casi 40 años, apenas he tenido cuatro amigas, y algunas conocidas, que hayan manifestado su intención de no traer hijos al mundo.

    Eso supone un porcentaje del 7,5% de mi vida social si soy sincera, lo que, a mi edad, hace que mi entorno sea profundamente maternal, incluso bastante conservador. Conservador no quiere decir rancio, ni de derechas, ni es insulto, cuando me refiero a conservador solo me refiero a que busca una estabilidad clásica, de valores consolidados y validación social. ¿Y quién no quiere eso de entrada? ¿Quién no intentaría por propia supervivencia encajar o destacar dentro de lo positivo?

    Sin embargo, es cierto que en España, o al menos por lo que he visto en Madrid y Barcelona, las ciudades entre las que me muevo, en las que cabría pensar que hay una mentalidad más diversa, no he visto perspectivas muy diferentes a una maternidad relativamente convencional en lo que a mi edad y entornos laborales y sociales se refiere. Pero, ¿qué quiero decir con convencional? ¿Y es malo? ¿Ya me estoy metiendo con alguien?

    Con convencional me refiero a parejas heterosexuales blancas que tienen uno o más hijos. De hecho, dentro de lo convencional en mi entorno, ya incluyo prácticas como el In Vitro, que han tenido resultados en un 50%, cuando no debería ser convencional en un país con un sueldo mínimo tan bajo y un precio de la vivienda tan alto que una pareja pueda permitirse desde 5000 hasta 9000 euros en solo acceder a la posibilidad de una gestación que, no tiene por qué ir a término.

    Estas parejas, casadas o no, propietarias de un piso o no, acceden en su mayoría a sueldos cercanos a los 30000 al año cada uno y tienen cierto apoyo familiar.

    Todo eso son buenas noticias para la maternidad. ¡No estáis solos! Aunque os sentís profundamente solos también, como me pasa a mí.

    Lo que no es una buena noticia es… Muchas cosas en realidad, pero hoy solo quiero hablar de una, y es de la falta de conversación al respecto de la no maternidad.

    Las mujeres o parejas que eligen no ser madres no están en un baremo normalizado en España. Cuando la gente habla de gente sin hijos, parece que pertenezcamos a un mundo ajeno, nos convertimos en un elemento de folklore que funciona como un rasgo más de su personalidad, ya que les muestra que son personas con una vida social rica y amplia, no solo tienen amigos del AMPA, sino que también tienen amigos sin hijos.

    ¡Y queremos el rol! A lo mejor no hemos tenido hijos pero a lo mejor no estamos todo el día viajando por Tailandia porque vivimos en la misma situación precaria que vosotros y aunque, no gastemos 600 euros al mes en una criatura, a lo mejor tenemos un sueldo más bajo, o a lo mejor tenemos otras cargas… En cualquier caso estamos aquí, listos para un plan de día. Llamadnos.

    Pero sería falso decir que sólo quiero conectar con esos amigos con hijos, no podría estar más lejos del propósito sino que busco lo que no he vivido, como todos los que escribimos: yo quiero encontrarme en una conversación en la que ambas personas compartan el “no quiero tener hijos” y sea algo que dé de sí.

    Es una conversación que no suele aparecer, y es lo que me gustaría traer con este blog. Me gustaría que todas aquellas personas que no han tenido hijos y no se ven capaces de hablar del tema, que lo llevan como una vergüenza, un fracaso o que les ha costado cierto aislamiento social, encuentren un espacio en el que leer, hablar, escuchar, y se sientan menos solos, de modo que puedan vivir esa realidad de la manera tan natural como yo creo que es.

    De hecho, a veces pienso que he empezado a escribir sobre el tema como una llamada a un festival, o un grito de socorro desde una caverna, porque siento que vuelvo a ser una de las nerds del instituto, buscando el grupo de amigas con gafas alejadas de las populares. Me siento muy sola en mi elección, quizá por mi edad, en la que es la gente más joven la que manifiesta más este sentir, o porque yo misma no he sido capaz de establecer esta conversación antes.

    Sólo busco esto. Traer esta conversación.

    Y lo hago porque, hace un año, fue la primera vez que traje la conversación a un espacio. Estaba en un curso de escritura teatral hablando de la obra de teatro que sigo escribiendo “Voidance” que habla de la falta de discurso de las mujeres sin hijos.

    Leí una escena y, justo en aquel momento, hubo una gran respuesta por parte de 5 mujeres en el curso. Mujeres que no habían tenido hijos, que habían acabado siendo madrastras, mujeres que habían fingido querer hijos… Apenas tuvimos 20 minutos de conversación en una cafetería y me animaron a terminar la obra, que la escribiera, que no me detuviera.

    La escribí. No ha pasado de ahí. Pero esa es otra historia.

    Y es que las mujeres sin hijos tenemos muchas historias, nuestra decisión acarrea muchas historias que no conocemos, y que en España, he leído poco. Hay muchos referentes en el resto de Europa y en Estados Unidos, incluso elementos y términos como DINKS y NOMO ya han entrado en un marketing concreto sobre nuestro rol, pero a mí me parece que esto va de otra cosa.

    Desde luego, desde ese momento, para mí, iba de otra cosa.

    Decidí que el 2022 ya tenía que ser el año, que estaba cansada de los prejuicios, del silencio y de sentir que no teníamos nada que contar cuando sí, cuando creo que tenemos tanto que compartir con el mundo, cuando fuera de casos en los que hay discusiones feas con madres, estamos muchas personas que buscamos hablar de otras cosas que nos preocupan, otras maneras de cuidar, otras maneras de amar.

    Y hoy, un año después, tras 39 años de vida sin hijos, meses de lecturas y con mucha investigación por delante, os doy la bienvenida a este espacio.

    Gracias.

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